"El papel del padre durante la lactancia podemos definirlo y moldearlo"-Carlos González

Esta es una entrevista de Arturo Meoño*al pediatra Carlos González, él es autor de exitosos libros como Mi niño no me come, Bésame mucho, Un regalo para toda la vida. Además del tema de la crianza de la niñez es un experto y reconocido conferencista sobre lactancia materna.

Arturo -Según su experiencia, ¿dentro del núcleo familiar, cuáles mitos, prejuicios o “resistencias” a la lactancia son más comunes entre los hombres?

Carlos -No me da la impresión de que haya unas resistencias especiales. Más bien diría que la mayor parte de los padres están muy contentos con la lactancia. El mito es el que tiene toda la sociedad (incluyendo a la propia madre): que a lo mejor no hay suficiente leche, que a lo mejor la leche no es buena… A veces se oye decir que hay maridos que no quieren que su esposa dé el pecho porque se le va a “caer” y “estropear”, o porque creen que el pecho es un órgano erótico y por tanto pertenece al marido, y no al niño. Pero el caso es que nunca he oído a ningún padre decir estas cosas, siempre son rumores, alguien que ha oído que otro ha dicho que otro piensa… a lo mejor esas supuestas resistencias son en sí mismas un mito.

Arturo -Las masculinidades predominantes ¿nos generan obstáculos a los hombres para poder tener una adecuada participación en la lactancia de nuestros hijos e hijas? ¿O lo que tenemos son vacíos en cuanto a información, formación o educación?

Carlos -Ahí me pierdo, ¿qué son las “masculinidades predominantes”?

Arturo -Las variaciones del machismo.

Carlos -¡Ah, el machismo, y la participación en la lactancia!

Ante todo, el machismo no dificulta la lactancia. Durante siglos, probablemente milenios, las mujeres han dado el pecho a pesar del machismo. Ha sido justo en el siglo en que el machismo ha disminuido un poco, y en los países en que ha disminuido, en donde la lactancia se ha visto en peligro. Supongo que es pura coincidencia.

Los padres no podemos participar en la lactancia (salvo que usemos “participar” en un sentido tan amplio que ya no tiene sentido). Podemos participar en la crianza de nuestros hijos, podemos llevarlos en brazos, cantarles, dormirles, acariciarles, lavarles, vestirles, cambiarles los pañales, jugar y hablar con ellos, llevarlos a pasear, ayudarles con los deberes, leerles libros… pero no podemos darles el pecho. Más vale acostumbrarse a ese hecho, y admitir que no es ninguna deshonra. Porque la absurda noción de que padre y madre deben hacerlo todo por igual ha llevado a algunas familias a dar biberones, “para que el padre también pueda participar”.

Es fácil caer en la tentación de pensar: “mi abuelo era un machista medio salvaje, pero yo soy un hombre moderno e igualitario”. Pero cada época ha tenido sus ideas y su forma de vida, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Tal vez estamos haciendo mejor algunas cosas, pero peor otras. No, nuestro abuelo nunca cambió un pañal, pero tampoco se le hubiera ocurrido divorciarse de su esposa para irse con otra más joven, y mucho menos “olvidarse” de pagarle la pensión, o pelear ante los tribunales para poder separar a un niño de un año de su madre fines de semana alternos y dos semanas en vacaciones.

Arturo -Asumido el hecho que no podemos darles el pecho, podrías ahondar en ¿cuales serían los principales roles de nosotros los padres durante el período de lactancia?

Carlos -El papel del padre durante la lactancia no es biológico, y por tanto podemos definirlo y moldearlo a nuestro gusto. No creo que nadie pueda definir e imponer un papel como mejor que los demás. Cada familia se organiza según sus tradiciones, preferencias, expectativas y posibilidades.

Los padres pueden ganar dinero para que la madre pueda dedicarse durante un tiempo al cuidado de su hijo, pueden hacer las tareas domésticas, pueden bañar al bebé y cambiarle el pañal y consolarlo cuando llora y no se calma ni con el pecho o cuando se despierta a media noche y nadie sabe qué le pasa. Pueden apoyar a su esposa, asegurarle que lo está haciendo muy bien, que están orgullosos de ver qué buena madre es, que aunque no tenga tiempo de arreglarse está más guapa que nunca. Pueden hacerla reír. Pueden protegerla frente a las críticas de familiares y otras personas que no estén de acuerdo con la lactancia. Pueden sacar al bebé a pasear un par de horitas para que la madre pueda dormir la siesta. Pueden intentar apartarse del paso y no molestar.

Supongo que todos los padres hacen algunas o varias de estas cosas, en proporción variable.

Arturo -Ya que mencionaste el aspecto emocional, ¿qué necesidades puede tener nuestra pareja mientras está dando pecho, y cómo podríamos ayudarla a satisfacer estas necesidades?

Carlos -Seguro que cada madre tiene sus propias necesidades, así que siempre es buena idea empezar por preguntarle.

También puede ser, por supuesto, que no sea consciente de sus propias necesidades, o que no sepa expresarlas, o que le parezcan una tontería y no se atreva a nombrarlas. O que intente amoldarse a lo que la sociedad espera(o a lo que ella cree que la sociedad espera) de ella, y dé la respuesta “correcta” en vez de la real.

Parece todo muy complicado; pero al fin y al cabo no somos psicólogos, sólo maridos. Hacemos lo que podemos, y lo importante es la buena voluntad.

En esa buena voluntad se incluye el suponer que también ella tiene buena voluntad, que también hace lo que puede aunque no siempre acierte. La felicidad requiere cierto esfuerzo por ambas partes.

Arturo -¿Qué diferencias y qué constancias encuentras entre los hombres que vivimos en la “cultura occidental” en comparación con las familias en la prehistoria?

Carlos -¡Anda! Cada vez me haces preguntas más difíciles. En la anterior casi no se me ocurría nada, y ahora menos.

Para empezar, los hombres (varones) actuales de la “cultura occidental” son muy distintos unos de otros. Hay grandes diferencias por países, por clases sociales, por edad, por carácter… y diferencias puramente individuales. Probablemente si algo nos distingue, en general, de nuestros antepasados, es el mucho tiempo que dedicamos a trabajar, y el poco tiempo que por tanto tenemos para la familia, los amigos y para nosotros mismos. Los grandes primates en la naturaleza suelen dedicar sólo dos o tres horas al día a buscar comida y comérsela. Nosotros dedicamos ya ese tiempo a ir de compras, cocinar, comer y lavar los platos. Sólo que nosotros, antes de ir de compras, necesitamos trabajar ocho horas diarias para que nos den unos papelitos de colores con los que ir de compras.

Otras diferencias importantes es que nos parece normal vivir más de 70 años, cuando nuestros antepasados debían considerar una gran suerte el pasar de 35, y que nos parece que la muerte de un niño es una catástrofe, una desgracia, una mala suerte excepcional, cuando nuestros antepasados debían contar con que al menos la mitad de sus hijos morirían en la primera infancia.

¿Y todo eso qué importa? Pues no lo sé. Por eso digo que no se me ocurre qué responder a esta pregunta…

Arturo -Nada, a mí me encanta cuando podemos ver las cosas en perspectiva histórica.

Bueno, la última, a mis amigos cuando me entero que van a ser papás les digo “duerman muy bien ahora” y después cuando ya son papás y los veo con ojeras les dijo “intenten hacer pequeñas siestas a cualquier hora” y tú como doctor y como padre ¿qué sugerencias tendrías para los padres que tienen bebés lactantes?

Carlos -Aquí en España (y supongo que en otros sitios) a los jóvenes les encanta “ir de marcha”. Se van a una discoteca, y luego a otra discoteca, y cuando cierran todas se van a un “after hours”, y luego desayunan… Si les sugieres que estén en casa a las 11, o al menos a la 1 de la madrugada, te miran como si fueras extraterrestre. ¿Serán esos mismos los que, unos años después, vienen a quejarse de que el bebé no les deja dormir? Pues qué pena que me dan (risa malévola).

Bueno, ahora en serio. Tener hijos es cansado, y exige muchas horas de trabajo. Desgraciadamente, nuestro sistema económico no lo reconoce. Pretende que hagamos lo mismo que hacíamos antes, y además cuidemos a los niños, como si fuera cuestión de media horita al día.

Como padre, lo primero que diría a mis “colegas” es que prueben a dormir con sus hijos. Todos en la cama grande es mucho más descansado. Que no se duerme igual que sin hijos, desde luego que no, pero es mucho más cómodo tener al bebé al lado y consolarle en seguida que recorrer cada noche el pasillo varias veces para encontrarse con un bebé totalmente desvelado, porque hemos tardado cinco minutos en acudir. Además de cómodo, dormir con los hijos es agradable, una de las cosas más divertidas que tiene la paternidad.

Y lo segundo, que no le echen a sus hijos la culpa de nuestra forma de vida. No es un bebé exigente y manipulador, que nos tiene toda la noche despiertos sin comprender que hemos de madrugar para ir al trabajo. En todo caso, echémosle la culpa a un empresario exigente y manipulador, que nos obliga a llegar temprano al trabajo sin comprender que por la noche hemos estado atendiendo a nuestro hijo. A lo mejor el empresario tampoco tiene culpa, pero al menos no es hijo nuestro.

*(Arturo Meoño el productor y director artístico de la Unidad de Radio Nederland en AL)

http://depaapa.blogspot.com/

ROL DEL PADRE EN LA LACTANCIA-La Liga de la Leche

Para que exista la lactancia materna en la especie humana, en principio hacen falta por lo menos dos cosas, una madre dispuesta a ofrecer su “oro” blanco y un bebé. Bien, lo anterior es el mínimo indispensable, pero aún teniéndolo, puede que surjan dificultades que podrían impedir que la lactancia materna salga adelante con éxito, y que no transcurra todo lo bien que sería deseable. Estas dificultades las pueden vencer madre e hijo con empeño, información y un deseo firme de seguir adelante, pero todo es mucho más fácil y las probabilidades de éxito aumentan cuando existe la figura del “soporte”. Esta figura puede ser desempeñada por un familiar, una amistad o cualquier persona, e incluso no existir. Pero quien puede ejercer ese papel de una manera decisiva es el padre. El padre que ejerce como soporte es una figura principal junto con la madre y el hijo/a. Para que un padre sea el soporte ha de implicarse tanto en aspectos emocionales como dedicando el tiempo necesario que esta situación precisa. Si contamos con una madre, un hijo y un padre-soporte tenemos lo que se conoce como triángulo de la lactancia, que hará que las probabilidades de éxito de la lactancia aumenten considerablemente. El ser padre-soporte y formar un triángulo de la lactancia es algo que los padres no deberían dejar pasar y es una experiencia muy enriquecedora y placentera tanto a nivel individual, para todos sus miembros, como a nivel familiar.

Este documento está dirigido a todos aquellos padres o futuros padres cuyos hijos son o serán amamantados. Y por supuesto también está dirigido a sus parejas. Pretende dar una pincelada sobre el importante papel del padre en la lactancia materna, alejando los caducos estereotipos que lo sitúan fuera de todo lo relacionado con ella. Muestra el muy importante espacio que debe ocupar el padre junto a la madre y el lactante, en un papel principal y no secundario.

¿QUÉ PUEDE HACER EL PADRE-SOPORTE?

Antes de ver acciones concretas y más definidas, es importante señalar que cada caso es diferente, depende de cada bebé / niño, de cada familia y su entorno, etc. no hay dos iguales, unos son más demandantes y otros más relajados y además también depende del momento, ya que las necesidades son cambiantes, lo del mes pasado ya no vale para hoy. Por eso se ha dicho “puede hacer” en lugar de “tiene que”. Lo que se va a exponer a continuación es una orientación, y en cada caso, cada familia ha de encontrar su propia forma de hacer las cosas en cada momento. Una vez hecha esta aclaración, a continuación algunas sugerencias prácticas

. Labores domésticas: Es conveniente descargar a las madres de la mayoría de estas labores. Un ejemplo claro es con un recién nacido, la madre necesitará mucho tiempo, ya que la demanda es continua y es necesario que pasen mucho tiempo tranquilos y en intimidad para que la lactancia se establezca satisfactoriamente. En este caso, el padre se puede ocupar de lavar la ropa, de las comidas, de la limpieza doméstica, etc. Para estas tareas si es posible contar con ayuda externa, suele ser muy agradecida por todos.

Hijos mayores: El padre puede ocuparse de los hijos mayores para dejar tiempo y tranquilidad a la madre para dar el pecho, no se debe olvidar a estos hijos, que siguen necesitando atención y tiempo.

Tareas con respecto al bebé / niño: El padre no está excluido con respecto al cuidado del bebé. En la mayoría de los casos la madre estará casi todo el tiempo con el, pero poco a poco se irá abriendo más paso al padre. En la mayoría de los casos, el padre puede asumir desde el principio tareas como:

• El baño.

• Cargar al bebé / niño (en brazos o con ayuda de un porta- bebés como pueden ser: bandoleras, mochilas, un trozo de tela, etc.) Tanto de noche como de día, hay ocasiones en las que el bebé solo se calma si es sostenido en brazos, debido a que precisan un contacto constante. (ver consejos al respecto en el epígrafe final.)

• Cambios de pañal.

Es muy importante en todo lo anterior respetar el ritmo del bebé / niño, no forzar, si el bebé no acepta al padre en alguna de las tareas anteriores y reclama a la madre, se deben respetar sus necesidades, que la madre haga esas tareas no quita que el padre pueda colaborar, él podrá hacer otras cosas no relacionadas con el bebé o puede acompañar a la madre realizando estas tareas, así el nuevo hijo se va a acostumbrando al padre y poco a poco irá aceptándolo cada vez más.

Apoyo emocional a la madre: Cuando surgen obstáculos, es importante que el padre brinde mucho apoyo a su pareja, le será de gran ayuda. La madre puede enfrentar obstáculos en forma de presiones para dejar de amamantar, dudas sobre su capacidad para amamantar, agotamiento por noches (o días) de muchas tomas, demanda continua, etc. El apoyo y la comprensión brindado por el padre ha de ser firme y sin fisuras, esto será de gran ayuda para que juntos superen el problema. Recordemos que un problema en la lactancia es problema de los tres, no sólo de la madre.

INFORMACIONES Y ACLARACIONES ÚTILES PARA EL PADRE SOBRE LACTANCIA MATERNA Y OTROS ASPECTOS

A demanda

La lactancia es a demanda (existe mucha literatura al respecto), y hay momentos en que la demanda puede ser prácticamente continua. En estos momentos, no se trata de que el bebé / niño esté intentando separar al padre de su pareja ni nada por el estilo, simplemente lo necesita (enfermedad, necesidad de aumento de producción de leche, etc.). El papel del padre como soporte es permitir que la madre pueda dar esa atención y dedicación a las necesidades del hijo. Es importante mencionar que estas rachas pueden durar días o semanas, cada caso es diferente.

¿Hasta cuándo dura el periodo de lactancia?

Hasta que la madre y el bebé / niño lo deseen. La OMS (Organización Mundial de la Salud) y UNICEF recomiendan lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y junto con otros alimentos hasta más allá de los dos años.

Mi pareja no tiene leche

Los casos reales de este tipo son muy pocos. La mayoría de casos diagnosticados como tales, suelen ser en realidad casos de “posición incorrecta al mamar (lo cual suele provocar grietas en el pezón)”, o “bebé que demanda mucho pecho y/o contacto físico”, “crisis de lactancia”, u “otros problemas o dolencias que causan malestar en el bebé y este se consuela al pecho”, entre otros.

Si lo dice el doctor/a….

Hay personal sanitario que por desgracia no dispone de la formación adecuada sobre la lactancia. Buscar profesionales bien informados al respecto para tratar problemas o dudas sobre lactancia, es primordial para asegurar el éxito de la lactancia.

Mi madre, la vecina, otras personas lo hicieron así, y aquí estamos, así está bien

Nuestros padres pertenecen a generaciones que criaron a sus hijos con formula, la cultura y los conocimientos de la lactancia materna se han perdido y sus consejos, aunque bienintencionados, pueden llegar a arruinarla.

¡Quiero una solución ya!

El cuerpo humano no es una máquina. En lactancia las cosas por lo general no son inmediatas. Si se precisa, por ejemplo un aumento de producción de leche por parte del bebé, se sufrirá un crisis de lactancia, el bebé estará molesto unos días y demandando mucho pecho. Esto es así porque tiene hambre, pero eso no es malo y hay que darle su tiempo, en pocos días tanta estimulación, al estar mucho tiempo al pecho provocará un reajuste hormonal en la madre y la producción se adecuará a la nueva demanda, volviendo todo a la normalidad. Si hay un problema no se resolverá por lo general inmediatamente, poner remedio llevará tiempo e insistencia. No suele haber soluciones “mágicas”.

No tengo tiempo para ejercer como apoyo

El gran obstáculo que muchos padres encuentran es el trabajo, si es posible este se debería de minimizar al máximo en el número de horas extras, etc. (intentando ser lo más eficientes posibles en las horas obligatorias, por ejemplo). Las aficiones, hobbies, etc. pueden esperar y dejarse momentáneamente de lado. Con esto, normalmente, se logra un tiempo nada despreciable que dedicar a nuestra familia. Muchos hombres ven esto como un sacrificio o un castigo, pero no se trata de eso, se trata de una nueva etapa que se abre ante el padre, una etapa diferente que hace que se posterguen muchas cosas que les gusta, pero a su vez aparecen muchas otras maravillosas, simplemente es una etapa distinta. A muchos padres esta etapa les ha supuesto un cambio extraordinario y una gran evolución personal.

Grupos de apoyo

Los grupos de apoyo son de vital ayuda, para disfrutar de la lactancia materna con otras personas, para aprender mucho, para cuando hay problemas detectarlos a tiempo, ver posibles complicaciones que necesiten de personal más cualificado y si son problemas “normales”, para ver que no solo les pasa a ellos y es algo que ocurre a menudo (hay pequeñas cosas que se pueden hacer enormes cuando no se conocen las posibles soluciones) y también para devolver a la madre la confianza en si misma y en su instinto. Normalmente solo asisten las madres, eso no debería de ser así, si los padres pueden ir deberían ir, la lactancia también es cosa de ellos.

Cargar al bebé con ayuda de un porta bebé – Babywearing

Cargar un bebé / niño durante largos periodos de tiempo, puede ser algo muy fácil y cómodo si aparte de los brazos se utilizan elementos como bandoleras, mochilas, mei-tais, etc. Hay muchos elementos a disposición para facilitar la labor de cargar, y los padres, gracias a su mayor fuerza física, son candidatos ideales para cargar a los bebés / niños, haciendo una labor de soporte importante y disfrutando enormemente, pues esta actividad les permite un muy estrecho contacto con sus hijos en todos los aspectos.

Colecho (compartir el lecho con el bebé/s y/o niño/s)

Es una opción perfectamente válida, sólo hay que respetar normas básicas de seguridad (hay multitud de información al especto). Ayuda enormemente a que la madre pueda descansar mejor por las noches, posibilitando que las tomas nocturnas sean mucho más fáciles y cómodas. En definitiva, facilita la lactancia. No supone “malcriar”, ni es perjudicial. Tampoco ha de suponer un ataque a la intimidad de la pareja, los encuentros, por ejemplo, se pueden llevar a cabo en cualquier otro lugar de la casa mientras el bebé/s y/o niño/s duermen.

“Un biberón de leche artificial no es nada”

Muchas veces podemos oír que por un biberón de fórmula no pasa nada. Un biberón de fórmula puede ser el comienzo del final de una lactancia materna. Pero aparte de poder acabar con la lactancia materna, puede ser causa potencial de problemas. Su calidad es muy inferior a la leche materna y el sistema digestivo de un bebé es muy delicado e inmaduro, pudiendo producir en el futuro problemas de tipo alergénico (con un solo biberón puede ser suficiente), estreñimiento, obesidad u otros.

Igualdad de sexos

Esto se ha rozado anteriormente, pero una pequeña explicación o aclaración es conveniente. Igualdad en lactancia no supone hacer los dos lo mismo al 50%. Es evidente que la naturaleza hizo diferentes al hombre y a la mujer, no se puede luchar contra natura. La igualdad no se mide en clase de tareas sino en tiempo. Ejemplo: las noches, las tomas nocturnas están ahí, como el padre duerme “mejor” y sin interrupciones (si todo va bien) pues madrugará para llevarse al bebé/niño y dejar a la madre un rato más en la cama para compensar. Se trata de ser un equipo y de funcionar como tal (todos los miembros están igualmente implicados).

Intento ser soporte y parte del triángulo de la lactancia, pero mi pareja no lo acepta

Hay casos así, en los que son las propias mujeres las que asumen los estereotipos sexistas y machistas y no permiten a sus parejas ser parte del triángulo de la lactancia. Quizás deba intentar que lea este folleto y se de cuenta de lo mucho que pierden todos. En la mayoría de estos casos los padres acaban desentendiéndose del proceso lactancia-crianza, con lo cual se abre una gran brecha entre madre-hijo y padre.

Ayudas

Cuanto más demandante sea un lactante más útiles pueden ser. Por ejemplo, si es posible contratar o contar con ayuda para las tareas domésticas, puede ser muy útil y una gran inversión, ya que permitirán al padre y a la madre volcarse al bebé/niño.

Vacaciones

Es importante que el padre reserve vacaciones (tantas como pueda) para cuando nazca su hijo, casi con toda seguridad serán momentos muy demandantes por parte del bebé y todo el soporte del padre será necesario.

La Liga de la Leche

Tabúes y Temores acerca del Destete Tardío-Justin P. Call

Conocer a los hijos es conocerse a sí misma.

Nuestros sentimientos iniciales como padres son el asombro, el orgullo, la aceptación y la plenitud. Al criar los hijos tenemos la segunda oportunidad de crecer, de transmitir nuestras experiencias pasadas y de preparar el camino a generaciones venideras. Estar atento y seguir las pautas que el bebé nos indica, no solo en relación con el destete, sino también sobre todos los aspectos de la crianza, es quizás la mejor forma de ver la paternidad.

De esta manera, no sólo estamos atentos a las necesidades del niño y a lo que lo puede afectar, sino que nosotros como padres estamos también aprendiendo a serlo, y el niño puede enseñarnos muchas cosas.

Hay muchos temores y miedos acerca del amamantamiento prolongado, sobre dejar que el bebé tome la iniciativa para destetarse, sobre compartir con el niño la cama familiar. Quiero comentar sobre muchas teorías “profesionales” que hoy en día son refutadas, gracias a las vivencias de muchas madres que amamantan por períodos largos. Gracias a ellas.

Considero que el término infancia es muy útil porque define no solo la edad del niño sino que se refiere a una condición en la madre. El estado infancia que significa “no hablar”, impone al observador o a la persona que cuida al niño la capacidad de emocionarse con los sentimientos del bebé y de tomar parte en la infancia misma.

Durante el período prenatal la madre siente una gran preocupación sobre su propio cuerpo. Es el inicio de la preocupación que más tarde sentirá por el cuerpo de su bebé , un aspecto fundamental para el proceso de apego. Esto significa algo extremadamente importante: la capacidad de la madre de atender no solo el cuerpo de su bebé sino todas sus necesidades.

Todos los estudios sobre el comportamiento de los niños que hemos realizado en los últimos veinte años no significarían nada si no estuvieran relacionados con los sentimientos de las madres hacia sus bebés . Después del nacimiento la madre atraviesa por un período de gran sensibilidad durante el cual es supremamente vulnerable y puede seguir uno de dos caminos; el de la preocupación y apego por su bebé o el del desconocimiento y distanciamiento. El amamantamiento juega un papel muy importante en este período de aprendizaje.

Lo interesante es que el bebé está en capacidad de activar la respuesta en el estilo de crianza de su madre. El no es parte pasiva de este proceso, de hecho, se convierte en el arquitecto que construye los lazos que se convertirán en elementos tan importantes en su desarrollo.

La lactancia facilita el apego.

El intercambio entre la madre y el bebé es recíproco. La reciprocidad se vuelve entonces un distintivo de la relación madre-hijo, precisamente a raíz de la preocupación de la primera por el segundo. No es algo que existe solo en su imaginación. Esto, por supuesto, es especialmente válido para los niños amamantados; hay que recordar que la succión del bebé afecta el cuerpo de la madre. Investigaciones sugieren que polipétidos (incluyendo endorfinas) son producidas por la madre que amamanta, lo cual cambia su genio y receptividad y le produce un sosiego que facilita el amamantamiento. Estas son nuevas áreas para investigar en el campo de la biología y la psiquiatría. Ahora estamos comprendiendo los cambios hormonales que se presentan con la experiencia de la lactancia que facilitan el apego madre-hijo.

Es casi como si todo en la fase pre-lenguaje estuviera sentando las bases para el mutuo compartir. Y es que compartir tiene sus bases biológicas, el bebé nace para compartir su experiencia con su madre y ella a la vez, se dedica durante toda la vida a compartir sus experiencias con un nuevo ser. Por supuesto, con el amamantamiento hay una base fisiológica para las circunstancias psicológicas de la infancia.

Se ha visto cómo los bebés amamantados no utilizan lenguaje expresivo o señales tan pronto como los bebés alimentados con biberón, pero sus habilidades de comprensión están a menudo mucho más avanzadas. Además que los niños alimentados con biberón, ellos aún miran a sus madres como parte de sí mismos.

También por este motivo tienden a despertarse más en la noche, lo cual no es necesariamente malo. Los bebés que comparten la cama con sus padres tienden a despertarse más a menudo pero por períodos más cortos y con menos traumatismos para la familia. En nuestra sociedad realmente no sabemos cómo son los patrones de sueño normales de la infancia.

Al crecer tendrán menos ansiedad y más dominio de sí mismos.

La idea generalizada de que debemos lograr la independencia del niño en los primeros dos o tres años, pensando incluso que deben ser ya independientes aún a los seis meses, sencillamente no es válida. Mary Ainstworth, una excelente investigadora de la infancia, ha reunido abundante literatura que muestra esto. Los bebés muy apegados y sociológicamente dependientes de sus madres al año o a los dos años de edad, no serán inútiles enredados en la relación madre-hijo cuando mayores. Ellos tienen menos ansiedad al entrar al colegio y más dominio de sí mismos a los cinco años.

Esta es una de las grandes incomprensiones y una de las grandes discusiones de nuestra sociedad actual. La tendencia de nuestra sociedad de intentar hacer independientes a los bebés demasiado pronto, probablemente propicia un numero significativo de los problemas que sufre la sociedad actual. La pseudo-independencia lleva al falso yo y se presenta en los niños que no han tenido suficientes experiencias enriquecedoras y recíprocas con otros seres humanos para definir el propio yo.

Lo que pasa con el bebé a quien no se le permite ser dependiente y tener un largo período de crianza es que desarrolla un sentimiento de ser madre de sí mismo o ser padre de su padre. Impide que el niño desarrolle un verdadero yo, un sentimiento de ser “él mismo”, de ser una verdadera persona. Este verdadero yo se define mediante la respuesta del mundo exterior, la capacidad de lograr que algo suceda en ese mundo, de ser hasta cierto punto omnipotente, la ilusión de ser dueño del mundo y quien manda en él. De esta forma, obtener respuesta de la madre es un aspecto muy importante de ese sentimiento de ser persona.

Amamantar es interactuar con el bebé.

Por otra parte, la actitud de pseudo-independencia da a la persona la sensación de estar separada de su verdadero yo. Muchas de las personas que crecen con esta independencia defensiva son, en lo profundo de sus mentes, según se ha podido descubrir por el psicoanálisis, exactamente lo opuesto de lo que demuestran: muy dependientes, inútiles, ansiosos, descontentos con lo que son y no se conocen a sí mismos.

El amamantamiento prolongado tiene aplicaciones muy interesantes en la búsqueda de la seguridad interior. En el transcurso de la lactancia el significado del seno para el bebé experimenta cambios. En la primera instancia, es un sitio donde prenderse satisfaciendo así el reflejo de afianzarse succionar; es algo que hace que la boca se mueva. Después, es algo que permite saciar el hambre del bebé . Posteriormente es la mamá tras el seno, su cara, su voz y la interacción recíproca con su bebé , todo ello consolidado alrededor del amamantamiento.

Cualquier pediatra puede decir que el destete después de los ocho meses es “más difícil” que el destete antes de esta edad. La razón esto es que después de esa edad el pecho empieza a tener una importancia más significativa para el niño como un objeto que sosiega y calma, lo cual no es malo. De hecho, es muy conveniente porque el amamantamiento continúa enriqueciendo el procesa de apego y hace la experiencia de la dependencia más significativa. Y de esta dependencia el niño va emergiendo gradualmente con un sentido de independencia más grande.

De manera que lo que sucede con el amamantamiento prolongado es que se convierte en un objetivo transicional como puede ser el muñeco de felpa, la almohadita o el trapito. Muchas mamás pueden desconcertarse con esta situación, pero lo cierto es que muchas otras se sienten a gusto y de hecho participan activamente de esta situación. En cierto modo, ellas saben intuitivamente que hay algo importante ahí que necesita ser desarrollado y preservado antes que rápidamente terminado.

La lactancia es una experiencia que crece y cambia.

Creo que la razón por la que la Liga de la Leche ha adoptado el concepto de permitir al bebé poner la pauta para el destete es un conocimiento intuitivo del hecho de que esta experiencia tiene que crecer y cambiar, y no terminar en destrucción. Su evolución involucra un proceso de mutuo crecimiento, de pertenencia, de creación, de concesiones, de dejar ir y de innumerables cambios antes que la transición final del destete ocurra. Ambos, madre y bebé , como resultado de la experiencia de la lactancia, tiene un potencial creativo que puede aflorar de muchas maneras en situaciones remotamente similares.

El destete gradual y lento es el ideal.

Otra idea común en nuestra sociedad acerca de la lactancia prolongada es que los niños pueden volverse afeminados, volverse “el niño de mamá” y que tendrán problemas con su identidad sexual. Por supuesto que algunos niños pueden presentar estos problemas, pero no son los que han tenido una crianza adecuada y además la oportunidad de crear esa experiencia psicológica tan especial de la que he venido hablando. Los niños que presentan estos problemas son los que han sido limitados en forma inusual y severa por los padres. No es algo que esté relacionado con el amamantamiento; está relacionado con todas las otras cosas que están involucradas en la interacción madre-hijo. Puede haber problemas cuando el hijo hombre es visto por la madre como “una extensión de ella” más que como un pequeño que está aprendiendo a ser hombre y descubriendo cómo ser hombre.

Otra idea generalizada en la actualidad es que el niño no será capaz de destetarse solo, sino que por el contrario querrá seguir prendido al seno de la madre para siempre. Este es un planteamiento cierto y falso a la vez. Por supuesto que los niños siguen prendidos al seno de la madre, en forma imaginaria; pero antes de que el niño pueda establecer el sentimiento de constancia de su propio pensamiento, su mente tiene que madurar para que pueda representar esa experiencia por fuera de la experiencia actual.

Es por eso que el destete gradual y lento, usando la intuición como guía antes que las instrucciones de otras madres, ya que no hay dos madres iguales ni dos bebés iguales, es preferible al destete artificialmente impuesto. Un destete arbitrariamente organizado puede interferir con el sentimiento del niño de ser una persona y de ser capaz de usar su propio discernimiento separadamente y en forma diferente a los demás.

Este articulo apareció en “New Beginnings” Enero – Febrero 1988 y en “Nuevo Comienzo” Noviembre – Diciembre 1990.

El autor es miembro del Consejo Médico de La Leche League, profesor y Jefe de la División de Psiquiatría del Adolescente y del Niño en el Colegio de Medicina de la Universidad de California, Irvine. Es especializado en pediatría, patología pediátrica e investigación, en neuro-psiquiatría infantil y sicoanálisis infantil. Es fundador de la Asociación Mundial de Psiquiatría Infantil y Disciplinas Afines y ha sido consultor del Instituto Nacional para la Salud Mental en Estados Unidos. [Leer más...]

¿Cómo llegué a ser mamá canguro?

Cuando estaba embarazada no me planteé algunas cosa por considerarlas totalmente “naturales”. Así que cuando me decían: “¿Vas a darle el pecho?” Contestaba: “¡Claro!”… no me planteaba otra opción… De la misma forma pensaba que cuando mi bebé naciera, querría llevarle muy cerca, cogerle mucho, olerlo, sentirlo… disfrutarlo. No pensé que hiciera falta nada más…

Recordé que mi madre había usado una especie de “bolsa de tela” que se colgaba como un bolso para llevar a alguno de mis hermanos…y me dije: “voy a comprarme una mochila portabebés”.

Como la mayoría de los que no tenemos información completa acabé comprando una tipo “Baby Björn”, y la guardé ilusionada pensando que ya pronto podría usarla con mi hijo.

Y mi hijo nació… y me di cuenta de que aquélla mochila no me servía para un recién nacido… Así que busqué en internet y descubrí los fulares portabebés. Yo que siempre he sido de colgarme muchos trapos me fascinó la idea… un trozo de tela iba a permitirme seguir unida a mi bebé… sólo mucho tiempo después comprendí cuánto me iba a servir aquél trozo de tela…

Ahora sé que mi primer “fular” no era muy ortodoxo… la tela no era la idónea para llevar de forma óptima a mi bebé… pero yo estaba feliz y mi bebé también… Aprendí sólo un par de nudos viendo fotos en una web… y practicando.

A Iker le ayudó a curarse del reflujo en muy poco tiempo ya que lo llevaba siempre erguido sobre mi pecho… y a mí me ayudó a “curarme” de un parto que me dejó graves secuelas emocionales. Me separaron de mi bebé por unos minutos que para mí fueron eternos y angustiosos… para mí mi “fular casero” fue mi “segundo cordón umbilical”… el que me permitió resarcirme yo y resarcir a mi hijo por una separación innecesaria y traumática …

Siempre leemos de los beneficios emocionales de los portabebés para los bebés. Yo soy testigo de cómo me ayudaron a mí a sentirme mejor.

Con el tiempo compramos una bandolera, la Baby Bag, sobre todo para el papá… un verdadero papá canguro que siempre ha llevado a su hijo cargado: a pasear, a comprar, para dormirle si mamá no podía… Estoy convencida de que ese “trozo de tela” contribuye a que tengan una relación especial.

Después vinieron los Mei-Tais, un verdadero descubrimiento para mí. Me hice también con fulares “buenos”, que mi espalda agradeció porque mi hijo ya iba pesando lo suyo… y con algún pouch que uso esporádicamente…

Y con todo ese muestrario de portabebés, esos años de práctica y muchas horas dedicadas a buscar y leer información sobre la forma correcta de llevar cargados a los bebés me ví casi sin darme cuenta enseñando a otras madres qué eran y cómo se usaban… primero en el grupo de apoyo a la Lactancia Materna, y luego a grupos de embarazadas.

Sé que ya me queda cada vez menos tiempo de disfrutar de la sensación de llevar a mi hijo cerca: cada vez es más grande… y quiere más “independencia”… por eso disfruto cada ocasión que tengo de llevarle conmigo. A veces más que por placer ha sido por necesidad: he limpiado, planchado, cocinado, regado, hecho bricolaje, depilado a alguna clienta, bailado, comprado, hablado en público y no sé cuántas cosas más con él a mi espalda…

¿Creéis que hay una forma mejor de socialización?

Publicado originalmente en http://redcanguro.wordpress.com/

"El cerebro del bebé"-Entrevista a Sue Gerhardt en "Redes"-TVE2

El programa completo se puede ver  aquí

Eduard Punset:

Tu mensaje principal es que la mejor manera de abordar las enfermedades mentales, incluso la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los niños, algo que no hemos hecho adecuadamente.

Sue Gerhardt:

Bueno, mi mensaje principal es que hay que ocuparse de los bebés, y ahí estriba la verdadera dificultad, porque de alguna manera no logramos dar suficiente importancia a los bebés; hablamos de los niños, y muchos hablan de los niños pequeños, pero casi nunca se habla de los bebés. Y creo que la primera infancia es en realidad la base de la salud mental. Por eso debemos atender mucho más a lo que sucede en ese período.

Eduard Punset:

Porque dices que los primeros años tienen una importancia enorme.

Sue Gerhardt:

Crucial, sí.

Eduard Punset:

¿Por qué? ¿Por qué los primeros dos años?

Sue Gerhardt:

Los primeros dos años, y también el período en el útero, del cual yo no hablo en mi libro, pero que según los últimos descubrimientos desempeña un papel fundamental. Pero, ciertamente, desde el momento del nacimientohasta los dos o tres años, se desarrollan muchos sistemas importantísimos en el cerebro, especialmente los que utilizamos para gestionar nuestra vida emocional: la respuesta al estrés, por ejemplo. Los diferentes circuitos bioquímicos cerebrales en el cerebro superior, concretamente en la región orbitaria frontal, se empiezan a desarrollar en ese. [Leer más...]

¿Reciben los niños suficientes abrazos?-Natalia Suárez Acero

Los estudios demuestran que toda cría mamífera necesita un contacto físico constante.  La cría humana, por nacer más inmadura, aún más.  ¿Reciben los bebés todo el contacto que necesitan?

¿Reciben los bebés suficientes abrazos?

Los científicos saben bien que todas las crías de mamíferos necesitan un mínimo de contacto para lograr un desarrollo normal. Los cachorros necesitan ser lamidos, o tocados en el caso de los primates, para alcanzar una madurez adecuada. Se han hecho experimentos con roedores y con monos a los que se les privaba de contacto físico, únicamente recibían alimento, y al crecer se convertían invariablemente en adultos anómalos, incapaces de socializarse de manera adecuada ni de cuidar de forma eficiente a sus propias crías. (De hecho, en francés existe la expresión `un oso mal lamido´ para referirse a alguien insociable o de trato difícil.)

Por desgracia este experimento se hizo también con humanos: el emperador Federico II ordenó que varios bebés fuesen aislados y recibiesen tan sólo alimento y cobijo de sus cuidadoras, prohibiendo que les dirigiesen la palabra o cualquier muestra afectiva, con el fin de averiguar en qué idioma hablarían primero. Todos murieron.

También a comienzos del siglo veinte, el pediatra americano Fritz Talbot, alarmado por la elevada mortalidad de los menores de 2 años en clínicas y orfanatos, donde teóricamente los bebés disponían de cobijo y alimento, viajó a una clínica alemana donde los niños diagnosticados con marasmo ( enfermedad de origen desconocido que se caracterizaba por pérdida de peso, abatimiento y desgana entre otros síntomas, y que acababa con la vida de un alto porcentaje de ellos) lograban sobrevivir. Allí halló a una mujer, Anna, corpulenta y ya mayor, que acarreaba permanentemente unos cuantos pequeñuelos. Cuando los niños perdían las ganas de vivir y comenzaba este proceso, Anna los llevaba en contacto con ella a todas horas, contraviniendo las normas que imperaban en la época que decían que a los niños debían cogerles lo mínimo necesario para su higiene y alimentación para que no se echaran a perder.

Los niños de Anna sobrevivían siempre, y Fritz talbot quedó tan impactado que a partir de entonces se dedicó a difundir la idea de `atención amorosa´.

Más recientemente, el New York Times ha publicado un artículo sobre el papel crítico del contacto en el desarrollo infantil en el que se menciona `el estancamiento psicológico y físico de niños privados de contacto físico aunque por lo demás bien alimentados y cuidados´ (Goleman, 1988).

La cuestión es ¿reciben los niños occidentales el suficiente contacto físico para completar su desarrollo de forma satisfactoria? ¿Cuánto contacto exactamente se necesita para crecer sano emocional y afectivamente?. No lo sabemos, lo que sí sabemos es que en nuestra civilización desde hace unos cien años se hacen las cosas de manera muy diferente con los bebés a como se ha hecho siempre. Pertenecemos a una de las pocas culturas del mundo donde en la actualidad lo general es que los niños duerman solos, incluso en habitaciones separadas desde la más temprana edad. Donde muchos bebés van de la cuna al carrito y del carrito a la hamaca durante meses con el fin de que no se acostumbren a ser cogidos. Cuando damos un paseo de tres horas llevando al bebé en un carro, aunque nos parezca que hemos pasado la tarde con él, podemos tener por seguro que la sensación del bebé ha sido de no-mamá durante todo ese tiempo. Algunos además, pasan más de ocho horas al día en guarderías donde existe una cuidadora por cada ocho niños.

En España, los índices de lactancia, un modo de alimentación que asegura un saludable contacto `piel a piel´, son todavía muy inferiores a los de otros países, y algunos `expertos´ de gran difusión aseguran que lo mejor es ignorar sus llantos cuando los bebés, como inteligentes mamíferos cuyo instinto les dice lo que necesitan, luchan para cambiar eso. Parece que se está haciendo con los niños un gran experimento de resultados inciertos.

Cuando una mamá humana tiene un hijo, montones de expertos, familiares bienintencionados, y fabricantes de artilugios para bebés tratan de influir sobre ella utilizando todo tipo de argumentos. La mamá humana quiere a su pequeño con locura y quiere darle lo mejor, pero duda entre tanta información contradictoria, así que puede que se decida por una determinada tendencia o puede que varíe su forma de hacer las cosas en su búsqueda de la crianza óptima, y sufre mucho pensando si lo estará haciendo bien o no. Un día se fija en los animales: las gallinas, las vacas, las musarañas y las leonas, que siguen su instinto ancestral y son madres perfectas. Jamás dudan, jamás actúan de manera arbitraria o incoherente y desde luego, nunca malcrían a sus hijos consintiéndoles demasiado o alejándolos antes de que estén preparados. Su aportación de contacto físico es continua, tal y como les dicta su instinto. También del mismo modo siguen su instinto otras madres humanas en algunos sitios del planeta, donde los bebés son llevados a la espalda, duermen siempre en compañía hasta que son los suficientemente mayores para arreglárselas solos, las lactancias son prolongadas y sus llantos siempre son atendidos, tal es el caso de los ¡kung en África o de algunas tribus inuits del Norte de Canadá. En estas tribus, por cierto, los casos de cólicos son casi inexistentes y la salud emocional de sus individuos es notablemente superior a la de la media occidental.

Como conclusión parece ser que tocar, coger y abrazar a los bebés es una de las mejores cosas que se pueden hacer para garantizar su correcto desarrollo emocional y afectivo y toda una inversión para el futuro: está escrito en el instinto de cualquier mamífero saludable. Así que, como alguien decía una vez `cree en el llanto de tu hijo, abrázalo, consuélalo, tenlo cerca de ti y no le niegues ni un solo abrazo, ni una sola vez le escatimes tu contacto, porque para un bebé pequeñito el ansia de ser cogido puede ser tan acuciante como la necesidad de comer ´.

Natalia Suárez Acedo.

Farmaceútica Especialista en Nutrición Infantil

Instructora de Masaje Infantil de la Asociación Española de Masaje Infantil

www.centrotea.com

Suplementos a las madres lactantes.

Yodo

El contenido en yodo de la leche materna varía en función de la ingesta materna.

La OMS ha recomendado la yodación universal de la sal como una medida eficaz para conseguir la erradicación de los trastornos

por déficit de yodo, que en la actualidad tienen una alta prevalencia en numerosos países del mundo, incluido el nuestro.

Se debe promover el consumo de sal yodada durante el embarazo y lactancia y administrar a la madre un suplemento de 200mg/día de yodo, para de esta manera asegurar que el lactante recibe un aporte adecuado a través de la leche materna y

evitar el daño cerebral por déficit de hormonas tiroideas.

Situaciones especiales en las que puede ser necesario administrar otros suplementos a las madres lactantes

En las madres vegetarianas estrictas existe un riesgo elevado de déficit en vitaminaB12,  ya que esta vitamina se encuentra unida a las proteínas animales y está prácticamente ausente en las proteínas vegetales. También se han publicado casos de déficit de vitamina B12 en lactantes de madres sometidas a intervenciones quirúrgicas de derivación gástrica.

El déficit de vitamina B12 en etapas tempranas de la vida puede causar una atrofia cerebral, con daño neurológico permanente.

Para evitarlo es importante que en las circunstancias señaladas, la madre tome suplementos de vitamina B12 durante todo el embarazo y la lactancia (2,6 mg /día).

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

Tener un hijo supone toda una revolución para el cerebro de la mujer. Entre otros aspectos, las madres ganan en inteligencia emocional, resisten mejor el estrés y actúan de forma más eficiente.

Cuando mi hijo tenía ocho años, un día llamó a la policía porque yo le había quitado la Gameboy. En aquella época, yo estudiaba el cerebro y podía imaginar perfectamente lo que estaba sucediendo en el mío.

Mis lóbulos prefrontales, donde se sitúa el juicio, sin duda estaban reprimiendo mis deseos de estrangular a mi brioso hijo. Mis amígdalas, el centro del miedo del cerebro, es probable que también estuvieran en pleno funcionamiento, mientras oía llamar a la puerta a la policía y reflexionaba sobre mis posibilidades de acabar en la cárcel. Pero, sobre todo, estaba segura que mi nucleus acumbens estaba trabajando a todo trapo. Los estudios de los escáneres cerebrales han demostrado que este punto, importante para la motivación y las sensaciones de gratificación, se llena de energía cuando las madres oyen llorar a sus bebes y se sienten obligadas a acudir en su ayuda. Por eso se le ha considerado el centro del afecto maternal, y la razón principal por la que estaba segura de que estaba implicado es que, a pesar de lo humillante del asunto, seguía deseando que mi hijo creciera y prosperara.

De una forma que los científicos apenas empiezan a comprender, ser madre te cambia el cerebro –y a menudo lo mejora-, en parte debido a experiencias como ésta; aunque, gracias a Dios, raramente tan graves.

Desde el momento en que se concibe un bebe, las hormonas reproductoras empapan y alteran nuestra conciencia. Durante el embarazo y en le puerperio, una cascada de situaciones nuevas nos estimula y nos mantiene ocupadas. Y a medida que el niño crece, lanzándonos desafíos siempre diferentes, las más dedicadas de nosotras vamos mejorando nuestras habilidades para resolver problemas y nos convertimos no sólo en mejores madres sino en mejores amigas, esposas, hijas y empleadas.

“Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo es un revolución para el cerebro”, dice Michael Merzenich, un especialista pionero en el desarrollo del cerebro, de la Universidad de California. “Tener un hijo te cambia la vida en el sentido de que se presentan retos físicos, mentales y mecánicos: cuarenta y nueve desastres que resolver al mismo tiempo. Es una época de aprendizaje y cambios inducidos en el cerebro porque todo es muy importante… No creo que haya nada mejor que pueda hacer por su cerebro que tener un hijo.”

Esta idea del cerebro mejorado por la maternidad ha surgido a partir de una tendencia nueva y estimulante en investigación neurocientífica, tanto con humanos como con animales de laboratorio. Precisamente contrarresta la imagen dominante en los países industrializados, que evoca una madre que no puede pensar en nada más complejo que una lista de la compra o un calendario de partidos de fútbol.

En cambio, aunque muchas madres creen que han perdido células cerebrales con la placenta, esto no encaja en absoluto con la pura lógica de la evolución. En ningún momento de la vida, una mujer debería estar tan alerta y consciente como cuando está protegiendo y alimentando a un recién nacido.

Esta perspectiva empezó a interesarme poco después de tener a mi segundo hijo, en 1998, cuando leí acerca de los estudios pioneros realizados por dos neurocientíficos que trabajaban en Virginia. Craig Kinsley y Kelly Lambert, padres ambos, comparaban la función mental de las ratas hembras que nunca habían dado a luz con la de ratas que habían tenido más de un par de camadas. Enseguida se vio muy claro que las ratas madres aprendían más deprisa y recordaban con más eficacia el camino en un laberinto. Es más, la repetición de las pruebas demostró que la mejora de las madres en destreza mental les duraba toda la vida, mucho después de terminar de cuidar a sus últimas crías. Para explicar esas mejoras, que ellos mantienen que se producen tanto en humanos como en animales, Kinsley y Lambert se centraron en dos mecanismos de la maternidad que podían ser potenciadores del cerebro: las hormonas y la estimulación.

Sin lugar a dudas, la investigación de otros científicos ha confirmado el poder de las hormonas reproductoras para cambiar físicamente el cerebro, y los resultados que han obtenido deberían animar a las madres primerizas. Científicos japoneses, por ejemplo, han descubierto que la oxitocina –una hormona anteriormente asociada al parto, a la lactancia y al vínculo materno- puede ayudar también a fomentar el aprendizaje y la memoria. De forma bastante similar, la prolactina, que se ha denominado hormona paternal porque es elevada tanto en padres como en madres, parece ser la clave en la disminución de la ansiedad.

Volviendo al factor de la novedad, muchos estudios recientes han demostrado que aprender cosas nuevas estimula el cerebro: por eso los científicos instan a las personas mayores a jugar al bridge, a resolver crucigramas y a viajar. De modo que, aunque a veces nuestros hijos nos arrastren a situaciones nuevas que preferiríamos evitar –como mi encuentro con la policía-, también sirven para mantenernos alerta mentalmente, como una serie interminable de oportunidades para resolver problemas y álgebra.

Además de las hormonas y la novedad, existe una tercera vía de cambio del cerebro femenino después de que la mujer es madre, que tiene que ver con el fenómeno de la plasticidad cerebral, que hasta hace muy poco los científicos no habían detectado. Se refiere a la forma en la que nuestro cerebro se reorganiza durante toda nuestra vida, adaptándose a nuestras experiencias. Por ejemplo, a los violinistas les cambia físicamente el cerebro a medida que refinan su habilidad. Lo mismo que los taxistas londinenses, cuyo sustento depende de la agudeza de su memoria. Parece bastante claro que las madres también utilizan repetidamente circuitos específicos de sus cerebros, al motivar, controlar, alimentar, empatizar, proteger, negociar y manipular.

Así que las hormonas, la estimulación y la experiencia son tres mecanismos poderosos que concretamente cambian el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos. Pero la forma en la que se manifiestan esos cambios varía mucho en cada mujer, lo que es normal, porque las vidas de las mujeres son mucho más variables que las de las ratas hembras.

Una madre soltera que esté pluriempleada, no duerma lo suficiente y se angustie demasiado, por ejemplo, no se beneficiará tanto de su experiencia de la maternidad como una mujer con suficiente ayuda para aprovechar al máximo. Sin embargo, por lo que hemos aprendido de los estudios de ratas y monos, que comparten nuestra estructura cerebral básica y nuestras hormonas, parece claro que todas las mujeres sufren cambios y que todas tienen el potencial de cambiar para mejor. Tras revisar cientos de estudios científicos y entrevistar a decenas de neurocientíficos prominentes, científicos sociales y padres, he detectado cinco formas principales de aprovechar este potencial, apoyando la conclusión de que la maternidad puede, sin lugar a dudas, volver más lista a una mujer, definiendo “lista” como la capacidad mental que ayuda a la madre y a sus hijos a sobrevivir.

Las cinco categorías son: percepción, eficiencia, motivación, resistencia al estrés e inteligencia emocional. En cada uno de los grupos, hay evidencia claras de que la maternidad aporta a las mujeres más que venas varicosas y trabajo doméstico extra.

En el caso de la percepción, Craig Kinsley, uno de los neurocientíficos que abrían camino en Virginia, me hizo una demostración de percepción alterada por la maternidad. Soltó un grillo vivo en una jaula de ratas que acaba de dar a luz. Ella detectó inmediatamente la presencia del insecto y, en menos que canta un gallo, lo cazó y se lo zampó. Esa actuación contrastaba con la de una rata no madre, que no vio el grillo hasta que este se le subió a la cabeza.

Algo en el cerebro de esta rata madre había cambiado, y científicos canadienses aportaron luz al misterio. En experimentos con ratones, neurocientíficos de la Universidad de Calgary descubrieron que, ya desde la concepción, se forman nuevas neuronas en el bulbo olfativo de la madre, que rige su sentido del olfato.

Otras investigaciones sugieren que tanto madres como padres también experimentan cambios en la audición después de que nazca su hijo. Ambos, en cuestión de horas, se vuelven expertos en distinguir el llanto de su propio hijo del de los demás. Incluso la visión parece cambiar. En un estudio de prueba de la percepción visual, los sujetos embarazados lo hicieron mucho mejor que los grupos de control. Todo esto tiene sentido cuando piensas en lo extravigilante que necesita ser una madre para proteger al recién nacido de los peligros, que las que no son madres ni siquiera advierten.

La eficiencia es la segunda forma en que las madres se vuelven más listas, básicamente porque a menudo no tienen más remedio. Casi todas las mujeres con hijos deben hacer muchas más cosas en un tiempo limitado. Eso supone a menudo aprender y memorizar cosas nuevas más rápidamente –como las ratas-, pero los humanos también necesitamos dominar nuevas habilidades, como priorizar, inventar formas de perder menos tiempo charlando con los compañeros o sortear el tráfico con más habilidad para conseguir llegar a la guardería antes de que cierre.

En todas esas tareas, la calidad de la atención es clave. Y en el caso de las madres, en general, la calidad parece aumentar, según el psiquiatra de Harvard John Ratey. Especula que los niveles del neurotransmisor dopamina, que mejora la atención y ayuda a un uso más eficaz del cerebro en situaciones moderadamente estresantes, puede ser crónicamente alto en las madres recientes. Y por una buena razón: “Cuando una madre da a luz, tiene que ser muy lista, lo más lista que pueda” dice Ratey. “Debe conocer bien el territorio y recordar cosas de sus hijos, y funcionar siempre al máximo. Tiene que desarrollar la capacidad de prestar más atención al mundo exterior.

A menudo, las madres tienen que soportar un estrés extraordinario; pero, de nuevo, la naturaleza les echa una mano.

La tercera muestra de que las mujeres se vuelven más listas cuando tienen hijos es que aumenta su resistencia natural a la presión. La forma como esto sucede parece tener algo que ver con la oxitocina, esa hormona tan maternal. Desde que los científicos dedican más atención a lo que se ha denominado “el cerebro maternal”, se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la oxitocina. Como neurotransmisor, parece fomentar la calma, la confianza y el vínculo social; y hay indicios de que las madres, sobre todo las que tienen partos vaginales y amamantan a sus bebes, están especialmente influidas por ella.

Eso no significa que las madres estén constantemente sosegadas, ni mucho menos. En el mundo animal, las madres pueden ser los seres más feroces, sobre todo cuando se trata de defender a sus crías. Y en los humanos, la motivación –una cualidad que engloba atrevimiento y ambición- es precisamente la cuarta forma en que las mujeres se vuelven más listas cuando son madres.

En el mundo animal, los científicos han demostrado que la prolactina, que contribuye a la lactancia y sube de nivel tanto en madres como en padres, parece reducir el miedo y la ansiedad, permitiendo la asunción de más riesgos. Así, los pájaros que descienden en picado para alejar a los depredadores del nido donde crían sus pollos tienen altos niveles de prolactina.

Mientras que los neurocientíficos sólo ahora comienzan a medir cómo cambia esta hormona el comportamiento humano, los científicos sociales ya han aportado varios estudios que demuestran formas en que la maternidad parece incrementar la motivación de las mujeres. La socióloga Sharon Hays, por ejemplo, ha recogido impresionantes testimonios de mujeres con ingresos bajos que han sido motivadas por la maternidad a dejar las drogas y a conseguir trabajo.

Los psiquiatras dicen que la maternidad también puede incrementar la autoestima de la mujer y su asertividad, porque sencillamente la madre ha adquirido cierta práctica en ser la jefa. Sabe que, si no está a la altura del liderazgo doméstico, las consecuencias pueden ser tan graves como que un niño sea atropellado por un coche al cruzar la calle corriendo. Por eso la madre aprende –casi siempre- a asumir el control de las situaciones.

La quinta forma en que las madres se vuelven más listas procede de la experiencia pura y simple: es la práctica diaria, a veces inmediata, que conseguimos reprimiendo nuestros peores impulsos con el fin de ayudar al hijo. Esta mezcla de conciencia de una misma, de autocontrol y empatía puede resumirse en la expresión tan de moda “inteligencia emocional”. Sus componentes que antes solían definirse como “buen carácter”, pueden contribuir a amistades y matrimonios más sólidos e incluso una mejor salud física, lo que todo ello conduce a una vida más feliz. También hay pruebas de que puede aportar un toque competitivo en el mundo laboral, especialmente en empleos con mucho contacto personal, como dirección de empresas, enseñanza, medicina y ventas. En los últimos años las empresas han pagado fortunas para la educación en inteligencia emocional. Pero las madres se someten a una formación rigurosa y gratuita.

Una demostración gráfica de las fuerzas cerebrales que hay detrás del sentimiento maternal se vio en un estudio reciente de escáneres cerebrales dirigido por el neurocientífico Jeffrey Lorberbaum. Utilizando una tecnología que mide el flujo de la sangre como marcador de actividad en el cerebro, puso a prueba a padres que escuchaban el llanto de sus hijos. Las madres respondían con una fuerte activación del circuito emocional del cerebro más primitivo, la misma clase de respuesta de “gratificación” que resulta de los pensamientos sobre comida o sexo satisfactorio. En los padres, había poca actividad. “Un agujero negro”, como lo describió Loberbatum.

El estudio explica por qué tan a menudo las madres son la primeras en despertarse para consolar a sus bebes y por qué, incluso en un incidente como el de la Gameboy, fui capaz de recordar cuánto quiero a mi hijo. Por mucho que paguemos en servidumbre, sueño, frustración y trabajo mental intenso, estamos bien preparadas para extraer satisfacción de ello, y eso hace que la mayoría siempre intentemos mejorar. Y éste es el ingrediente principal de la inteligencia.

KATHERINE ELLISON-Periodista de Investigación, galardonada con el premio Pulitzer. Autora de Inteligencia Maternal (Ed. Destino)

Extraído de la revista MENTE SANA; Noviembre 2006

"La leche materna es antibiótico y vacuna"-Entrevista a Gro Nylander.

GRO NYLANDER, MÉDICO, PROMUEVE LA LACTANCIA MATERNA

“La leche materna es antibiótico y vacuna”

Dejemos lo de mi edad… Soy madre de cuatro hijos treintañeros y abuela de cuatro nietos. Estoy casada. Soy
noruega y vivo en Oslo. Soy médico y obstetra en el hospital de la Universidad de Oslo. Soy directora del Centro Nacional de Lactancia Materna, el primero del mundo. Fomento la lactancia materna: ¡reporta beneficios sin fin!

-¿Qué tiene la leche materna que no tengan otras leches?
-El envase más bello del mundo…
-¡Totalmente de acuerdo!
-… y varios miles de beneficios para la salud del bebé que la mama.
-¿Miles?
-Son los ya confirmados por estudios científicos…, pero ¡cada día descubrimos alguna nueva ventaja de la lactancia materna! Y tanto para el bebé como para la madre.
-Cíteme el beneficio más relevante.
-¡Es una vacuna natural! Los anticuerpos que la madre posee pasan con su leche al bebé lactante: así, el bebé ¡queda inmunizado ante los gérmenes del entorno de la madre!
-¿Y el bebé enferma menos?
-Sí: padece menos infecciones. Mire, hace poco hubo en Oslo una epidemia de diarrea entre niños de cuatro años: descubrimos que lo causaba un raro virus, frecuente en Pakistán, y no respondían a ningún tratamiento…
-Los niños no tenían defensas, deduzco.
-Entonces se nos ocurrió darles leche materna de una mujer pakistaní: ¡se curaron!
-¡Bravo! ¿Hay alguna leche maternizada que pueda competir con eso?
-Esas leches artificiales -está vetado llamarlas maternizadas:¡es publicidad engañosa!- son cada día mejores, ¡pero están a años luz de los beneficios de la leche materna!
-Siga enumerándolos, por favor.
-La mortalidad infantil en el primer año es inferior entre los bebés con lactancia natural. Y hay menos casos de muerte súbita.

-¿Por qué?
-Probablemente porque están más blindados ante infecciones respiratorias.
-Más sanos.
-Tienen también menos anemias: el hierro de la leche materna se absorbe todo, pero el de las leches artificiales se absorbe mal.
-¿Cómo afecta eso al crecimiento del niño?
-Hemos constatado que los adolescentes que de bebés mamaron leche materna son menos proclives a la obesidad que los otros.
-Curioso…
-Muy importante: ¡la obesidad mata hoy a más gente en el mundo que el hambre!
-¿Y afecta de algún modo la lactancia al desarrollo intelectual del bebé?
-Sí. La gran riqueza en ácidos grasos de cadena larga (omega-3) que contiene la leche materna favorece el desarrollo del cerebro. El CI (coeficiente intelectual) de esos niños superará de 5 a 10 puntos al de los otros.
-¡Todo son beneficios!
-El desarrollo psicomotor también mejora algo gracias a la leche materna. Y el emocional, gracias al contacto físico, piel conpiel…
-¿Y cuánto tiempo conviene dar de mamar para gozar de todos estos beneficios?
-Durante los primeros seis meses conviene dar sólo pecho. Y durante los siguientes seis meses, pecho más otros alimentos.
-Y ya tenemos al bebé con un añito.
-La OMS aconseja seguir dándole pecho hasta los dos años. Los bosquimanos y otros pueblos primitivos alargan la lactancia hasta los tres o cuatro años. ¡Eso sería lo natural!
-¿Tanto?
-Ya me han advertido que decir esto en España es casi tabú… Esos niños casi no enferman, no necesitan antibióticos: ¡la leche materna es su antibiótico natural! Sin hablar de la riquísima absorción de sus proteínas.
-Pero… ¿no morderá el niño ese pecho?
-Si lo hiciese, hay que apretárselo contra el pecho: ¡es imposible morder con la boca llena..! Pero el niño está feliz y no muerde.
-¿Qué consejo daría a una madre primeriza para que dé correctamente el pecho?
-En seguida que nazca el bebé, que se lo pongan entre los pechos y lo dejen con ella. Ese bebé olisquea, busca, se acerca al pecho y, antes de una hora, ¡ya está mamando!
-¿Así de fácil?
-¡Claro! Es un instinto derivado de millones de años de selección natural… Y hemos comprobado que cuantas más horas tardemos en ofrecerle pecho al bebé…, peor: más reflejos habrá perdido, más lento y abotargado estará y más le costará empezar a mamar.
-Lo que desesperará a la madre lactante…
-No hay que atosigarla, ni ella a su bebé. Calma. ¡Y que ni ella -ni nadie- frote o apriete con los dedos los pezones para prepararlos! Es un error: sólo la boca del bebé debe tocar esos pezones. La madre debe quedar sola con el bebé, y dejar al bebé que busque…
-Tranquilamente.
-Sí. Ah: y que nadie le dé biberón al bebé.
-¿Por qué no?
-Succionar una tetina de biberón es como succionar un espagueti, y succionar un pecho es como meterse una hamburguesa en la boca. Si acostumbras al bebé al biberón, luego le costará más succionar bien el pecho.

-Que es la hamburguesa, ñam.
-Lo es: para que la succión sea correcta, la boca del bebé debe abarcar no solamente el pezón, sino también parte del pecho.
-¿Y no estropea los pechos dar de mamar?
-¡No! La caída del pecho deriva de que se hinchan durante el embarazo y luego se deshinchan: ¡nada que ver con la lactancia!
-Aun así, hay madres que prefieren evitarse la dependencia personal de la lactancia…
-Pues les daré otro dato: por cada año que una mujer da de mamar, ¡reduce en un 4,6% su riesgo de padecer cáncer de mama! Que es el cáncer que más mujeres mata en España…
-Si yo fuese mujer y madre, no dudaría…

-Pues así, además, alejaría la osteoporosis en su vejez: hoy sabemos que dar de mamar renueva el calcio del esqueleto y lo refuerza.
-¿Y cuántas veces al día debería darle?
-Las que demande el bebé. Es lo ideal: los pechos adecuan su producción de leche a esa demanda. Y la sirven a la temperatura ideal.

VÍCTOR-M. AMELA – 06/06/2005

http://www.lavanguardia.es/web/20050606/51186525511.html

Mitos sobre Lactancia Materna

Mito: Amamantar con bastante frecuencia quiere decir que la mamá casi no tiene leche y su bebé se está quedando con hambre ¡Falso!

La realidad es que la producción de leche aumenta cuando al bebé saludable se le deja lactar al pecho todo el tiempo que él tenga la necesidad y cada vez que él dé las señales de hambre (no hay que esperar a que llore; una prueba es tocarle la comisura de la boca con un dedo y ver si gira la cara y abre la boca)

Mito: Una madre sólo necesita amamantar de 4 a 6 veces al día para mantener su producción de leche ¡Falso!

La realidad es que estudios demuestran que cuando una madre lacta pronto (en la primera media hora u hora tras el parto) y con frecuencia, aproximadamente entre 8 y 12 veces al día, en las primeras 2 semanas, su producción de leche es mayor, su bebé gana más peso y ella continúa lactando por mas tiempo. El aumento de la producción de leche se ha demostrado que depende de la frecuencia de las tomas y ésta disminuye cuando las tomas se hacen no frecuentes o se restringe el tiempo al pecho. No contéis el número de veces ni miréis el reloj.

Mito: En los primeros 5 a 10 minutos los bebés toman toda la leche que necesitan ¡Falso!

Mientras que los bebes mayores en poco tiempo pueden extraer la mayoría de la leche, esto no es así para los bebes recién nacidos y menores que están aprendiendo a mamar y no son todavía muy eficientes sacando leche. Lo mejor es dejar al bebe mamar hasta que dé señales de que ya está satisfecho: como que se despegue solo del pecho y relaje sus brazos y sus manos. Además el consumo de calorías aumenta al final de la toma, cuando el bebé llega a tomar la leche con mayor contenido graso. Por eso poner un tiempo rígido y estricto en el pecho al bebé, puede traer como consecuencia un consumo inadecuado de calorías.

Mito: Una madre debe espaciar sus tomas para que le dé tiempo a sus pechos a llenarse de nuevo ¡Falso!

El cuerpo de la mujer lactante siempre está produciendo leche y mientras más frecuentemente se vacíen, mas rápido se produce la leche y en mayor cantidad. Por el contrario, mientras más llenos se dejen los pechos, la producción de leche irá disminuyendo. El cuerpo recibe el mensaje de que está produciendo demasiada leche para el bebé y que hay que disminuirla rápidamente bajando la producción. Los bebés lactados pueden vaciar su estómago en 1/2 hora, pues la leche materna se digiere fácilmente (de ahí la necesidad de amamantar con frecuencia).

Mito: El bebé necesita que se le enseñe a organizarse y requiere que se le imponga un horario. ¡Falso!

Los patrones de alimentación, de dormir y despertar en el bebé obedecen a sus necesidades básicas y naturales. Cada bebé es único y diferente, con el tiempo, gradualmente, se adaptarán a otros patrones de vida en su nuevo ambiente. Nunca debemos comparar a nuestro bebé con otro.

Mito: Si el bebe lactado no gana buen peso, es debido a que la calidad de la leche de su madre es pobre y mala. ¡Falso!

Estudios han comprobado que hasta mujeres desnutridas y mal alimentadas producen leche con la misma calidad y la misma cantidad para nutrir a sus bebes que la mujeres bien alimentadas. La desnutrición ha de ser severa o prolongada para que se vea afectadas la calidad de la leche. La mayoría de los casos de bebés de bajo peso amamantados se deben a una mala técnica de amamantamiento o a problemas de salud en el bebe.

Mito: La madre necesita tomar leche de vaca para producir leche materna ¡Falso!

Una dieta saludable de vegetales, frutas, granos y proteínas es todo lo que necesita la madre. El calcio se puede obtener de vegetales verde-oscuro, de semillas, nueces y pescado con huesos (sardinas en lata). Ningún otro mamífero toma leche de otra especie para producir su leche propia.

Mito: Mamar como “chupete” al pecho no tiene ninguna base científica ¡Falso!

Hasta los dentistas encontraron en sus estudios de bebés lactados prolongadamente, que la succión al pecho ayuda a desarrollar sus mandíbulas, músculos faciales, arcos dentales a su máxima capacidad y sus dientes tienden a salir derechitos con menor probabilidad de tenerle que poner alambres de ortodoncia en su futuro. Las madres con mucha experiencia amamantando a sus bebes saben que los patrones de succión y las necesidades de sus bebes varían. Algunos bebes pueden necesitar succión adicional al pecho por causa de soledad, miedo, sustos, aburrimiento, dolor, golpes, etc. Confortar y satisfacer las necesidades del bebe al pecho es una característica de nuestra especie de mamíferos. “No es que los bebes cojan el pecho como si fuera un “chupete”,… más bien, los bebés que usan “chupete” lo hacen como sustituto del pecho materno…su instinto les lleva a succionarlo”

Mito: Lactar al bebe debe doler ¡Falso!

El dolor es un mecanismo de aviso del cuerpo de que algo se está haciendo mal. La mayoría de las veces el dolor indica que el bebé no está abarcando la areola, sino sólo el pezón. Una vez se corrige la posición, desaparece la molestia.

Mito: No hace falta despertar al bebé para amamantarlo. ¡Falso!

Aunque muchos bebes dejarán saber cuándo necesitan ser lactados, otros recién nacidos, por causa de las anestesias durante el parto, por medicamentos en la madre, por Ictericia, por traumas, por “chupetes” y por no contestarles cuando ellos dan señales de hambre, puede que no se despierten y bajen de peso o no aumenten. En estos casos la madre debe despertar a su recién nacido para lactarlo y estimularlo a mamar al pecho si es necesario, por lo menos de 8 a 12 veces en 24 horas.

Mito: La pobre producción de leche en la madre es causada por el “stress”, fatiga, pobre alimentación y pocos líquidos que toma la madre ¡Falso!

La causa más común de poca producción de leche es la falta de lactancia frecuente y/o mala posición del bebé al pecho. Las dos suceden por falta de información correcta que no recibe la madre lactante. El cuerpo humano cuenta con un mecanismo de alto nivel de supervivencia para proteger a la lactante cuando hay tiempos en que escasea la comida.

Mito: Mamá de pechos pequeños no produce suficiente leche ¡Falso!

Todo tamaño de pecho da leche suficiente y de calidad si se lacta frecuentemente al bebe, cada 2 horas o menos, 8 a 12 veces como mínimo en 24 horas y a demanda, cada vez que el bebé quiera. El pecho funciona igual independientemente de su tamaño.