Hace tiempo que quería dedicarle un articulo a mis tetas. Sí, a las mías, no a la teta en general (para eso ya está el nombre del blog), ni a las tetas de todas las mujeres, lactantes o no, sino a las mías.

Es curiosa la relación que tengo con ellas y cómo ha ido esta cambiando con el tiempo.  Nunca hice top less ni he sido de esas mujeres que lucen grandes escotes.  Creo que mis tetas antes de ser madre, las había visto  el médico, mis compañeras de piso antes de casarme y mi marido…

Recuerdo las primeras tomas de teta de mi hijo mayor intentando «ser discreta» (¿podéis creerlo???). Pero mi hijo nunca soportó taparse y yo me fui dando cuenta que a mí no me incomodaba para nada amamantarle de forma espontánea en cualquier lugar. Si acaso,a veces notaba que mi  entorno, por la falta de costumbre, no sabía qué hacer cuando yo amantaba a Iker. Igual me ofrecían ponerme en algún lugar más apartado o apartarse ellos. Pero poco a poco, con la mayor naturalidad yo fui viendo mis pechos como lo que eran, y creo que el entorno también.

Llegué a tal punto de normalidad en ver mi teta lactante como algo no erótico, que en los talleres de lactancia, muchas veces para enseñar por ejemplo la diferencia entre un buen o mal agarre, me he sacado mi propia teta y he  hecho una demostración «en vivo». Reconozco que en ocasiones los padres me han mirado extrañados  o sorprendidos, pero creo que más por la naturalidad que por el hecho en sí.

En general casi nunca he recibido miradas «raras» al amamantar a mis hijos, más bien al contrario. Casi siempre sonrisas amables y comentarios cómplices del tipo: «¡qué bueno!». Alguna que otra confesión de una madre o abuela sobre sus lactancias demasiado cortas o demasiado largas (según ellas ) y por qué no decirlo, alguna mirada furtiva de otra madre en la que se adivina cierta tristeza por aquéllo no logrado. De las otras miradas, de las «lascivas», pues la verdad es que muy, muy pocas. Algún abuelito  de la  plaza al que le alegramos el día cuando hacemos la reunión del grupo de Crianza en el parque si no hay local… y poco más.

Cuántas veces no habremos comentado  el hecho de que ver los pechos como algo erótico es característico de nuestra sociedad, pero no de todas las sociedades. En otras culturas los pechos no cumplen esa función y siempre me he preguntado qué influiría en la nuestra para que fuera así. Por qué unos hombres se excitan con el cuello de las mujeres, o con sus pies, y otros se excitan con los pechos. Igual es el hecho de taparlos, o que en general todos mamamos poco, no sé, imagino que son un sinfín de aspectos que influyen.
Sea como fuere, esa connotación la llevamos con nosotras. Y cuesta no dejar que nuestra autoestima se vea influenciada por su tamaño, su forma, su inclinación… cuesta y mucho.

Por muy contenta y reconciliada que una esté con su cuerpo, y por muy a gusto que una se encuentre en su piel,  cuando ves que tus tetas se parecen más a las de las mujeres que ves en los documentales del National Geographic, que a las de las mujeres que ves en todos los medios que te rodean… pues hay que hacer un ejercicio mental de autoconvencimiento de las ventajas de tener unas tetas flácidas.

Porque las hay.

Sería lo que yo llamo la «Ley de la Compensación Universal».

Si tienes unas tetas firmes y amamantas por ejemplo en portabebés, te tocará desatar o reajustar para que la boca del bebé llegue a la altura del pezón. Si tienes unas tetas más «flexibles » (qué bonito eufemismo 🙂 ), no hará falta, porque la teta llega donde se necesite:


Y no solo en portabebés…  fijáos lo prácticas que son cuando vas en coche…

Miss Tetas Firmes jamás podría hacer esto sin desatarse el cinturón de seguridad 😛

Por no hablar de que los pechos más flexibles, en general tienen menos problemas con la lactancia los primeros días. Es mucho más fácil abarcar un buen trozo de areola con un pecho flexible que con uno que no lo es. Igual por eso casi ninguna mujer no occidental usa sujetadores ;-). E igual por eso tenemos tanto problema nosotras con grietas e ingurgitaciones… igual además de más información sobre lactancia necesitaríamos menos sujetadores…

El caso es que yo que siempre había llamado a mis tetas cariñosamente:  churritetas

Lo de «tetas» es obvio, lo de «churri»  es por «churro», o por «chuchurrías«, que es  como comúnmente usamos este adjetivo (que sí existe aunque parezca mentira) y que la  RAE define así:

chuchurrido, da.

1. adj. coloq. Marchito, ajado, agostado.

Ahora leo esa definición y veo qué injusta he sido y soy con ellas.

Mis tetas puede que estén algo marchitas y ajadas  por haber perdido su lozanía ( por cierto, hago un inciso para aclarar que no ha sido por la lactancia, de  hecho creo que con 28 ya las tenía caídas, más bien lo que no soporta un pecho es engordar 30 kilos y perder 40 y engordar 20 y perder 30, que es lo que me pasa a mí cuando tengo hijos :-P) , pero a pesar de eso, son PERFECTAS.

Y mis tetas chuchurrías se merecen no 1, sino 2 post exclusivos  por lo perfectas que son.

Así que  en la Segunda Parte  de este artículo os contaré por qué son tan perfectas para mí mis anteriormente llamadas «churritetas». No os lo perdáis porque trataré algún tema aún considerado tabú.

Pero mientras lo publico decidme:

Y vosotras… ¿estáis contentas con vuestras tetas?