Partos programados

Partos programados

Vas a llevar a tu hijo al colegio, con tu pequeño en brazos, a la teta y no puedes evitar oír la conversación que tienen otras madres cerca de ti.

“Esto de los partos programados es una maravilla. Vas ahí ya el día que te dicen. ¡Es el futuro!”

Son madres, como tú. Viven en tu barrio. Tienen más o menos tu mismo nivel socioeconómico. Probablemente el mismo nivel educativo. Son mujeres de tu misma edad. Han vivido en la misma época que tú. Se han enfrentado a prácticamente las mismas experiencias. Nacieron y se criaron más o menos en el mismo entorno social y cultural.
Son como tú.

Pero tú oyes esa frase y algo se te revuelve por dentro.
Miras a tu bebé y lo abrazas. Recuerda quizás, la cicatriz de tu primera cesárea y lloras. Quizás lloras sólo por dentro, sólo para ti, pero lloras.

EN ese momento lloras por ti, por tu parto que no fue, por tu cicatriz que es algo más que una línea marcada en tu cuerpo. Lloras por todo lo que lloraste después. Lloras porque te sentiste culpable mucho tiempo. Y tonta. Te sentiste tonta por creerlo todo. Por no preguntar más. Por no investigar más. Por no buscar más.  Lloras porque recuerdas el dolor y la impotencia  de tener que  atender a un bebé con un cuerpo dolorido y convaleciente. Porque en vez de sentirte fuerte, poderosa y protectora, te sentías vulnerable y débil.

Lloras con miedo recordando lo que has oído tantas veces :  “como fue cesárea, no te va a subir la leche”. Lloras porque un día, decidiste mirar tu herida y saber la verdad. Lloras porque recuerdas la rabia e ira que sentiste cuando ibas desentrañando la gran madeja de mentiras que nos han contado sobre nosotros, sobre nuestros cuerpos, sobre si podemos o no parir, sobre las ventajas de no sufrir el parto. Lloras porque te sentiste estafada. Lloras porque lo que te robaron nunca lo recuperarás.

LLoras todo eso otra vez y respiras hondo mientras piensas en aquel bebé,  en tu primer hijo. Ahora un niño alegre, risueño, cariñoso y feliz. Piensas en todo aquello que no te pudieron quitar. Piensas en que todo ese llanto fue el combustible que alimentó  tu fuerza para no dejar que te robaran más, para no ceder ni claudicar en el resto de decisiones sobre tu hijo y cómo criarlo.

Te quitaron tu parto sí, te rajaron sí, os separaron sí, pero una vez que lo abrazaste se quedó en el lugar de donde no debieron llevárselo nunca. Recuerdas esas horas interminables de teta y abrazos. Recuerdas  que el tiempo pasaba mirándole dormir en tu pecho, acariciándole, cantándole y contándole…


Recuerdas a la gente que te decía: “¿otra vez?”, “¿Es que siempre lo tienes que llevar en brazos?” “¿por qué no lo dejas dormir en su cuna?” Y recuerdas que tú les mirabas con pena:
Pobre gente… no saben, no entienden. No se dan cuenta del placer que sentís, de la paz que te da saber que está ahí, contigo, en tus brazos, calmándose y colmándose  con tu cuerpo.


Curaste esa herida  a base de amor y cariño. A veces aún duele, como hoy. Pero ya no duele igual. Ya no te duele tanto la tuya. Te duelen, a veces, las otras. Te duele que se siga haciendo ese daño que tú viviste a personas que ni siquiera son conscientes de ello.

Cuántas veces has contado cómo tú te despediste del hospital regalando bombones: “Qué atentos fueron conmigo, y qué amables”, decías.

Y ahora escuchas a esas mujeres y te duele su ignorancia. Te duele su inocencia. Te duele su credulidad. Te duele su desconexión. Te duele su dolor. Ese que quizás ella nunca sientan ni lloren. Porque sabes que un dolor que no se siente ni se llora nunca se cura.

© nohemi hervadaY miras sus ojos y ellas te miran y saludan con la mirada, sonríen mirando a tu bebé. Y tú  abrazas a tu bebé y les sonríes. Y deseas que tu sonrisa les hable. Y besas la cabecita de tu bebé, este que te regaló con su llegada una de las vivencias más increíbles de tu vida. Ese ser que te devolvió la fe en ti misma. Ese que te dijo sin hablar: “mamá tú puedes, nosotros podemos”.  Y vuelves a mirar a esa madre, a punto de tener a su bebé, que aún no sabe lo que de verdad necesita saber y le devuelves otro tipo de mirada.

La miras con complicidad y con cariño. Esa madre eras tú. La miras intentando que en ti vea otro tipo de reflejo. Que grabe en su memoria la imagen de una madre feliz abrazando a su bebé. La miras y confías en algo que está más allá de lo que nos cuentan y de lo que creemos. Confías en la fuerza que tendrá el momento en que esa madre mire a su bebé a los ojos y se abracen. Confías en que, como tú, sea como sea ese momento, sea en el primer minuto, en la primera hora, o en el primer día… que sepa, en ese momento, que ese bebé ya está, por fin, en casa.

PD: Dedicado a mi hijo mayor y a todo lo que pasó después de ese 21 de febrero

Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

Mi respuesta a Ana Rosa Quintana sobre su opinión de las doulas

Mi respuesta a Ana Rosa Quintana sobre su opinión de las doulas

Hoy tras unos 3 años he puesto la Tv porque entrevistaban a una amiga doula, Macarena Díaz. Enterarme que salía en el programa de Ana Rosa Quintana ya auguraba que íbamos a ver cualquier cosa menos periodismo con rigor.

Reconozco que tengo prejuicios contra la Sra. Quintana a pesar de que nunca me he tomado un cafe con ella, pero no he podido evitar formarme una opinión sobre ella, y más en asuntos de maternidad,  por lo que le he oído a lo largo de los años.
Aún recuerdo cómo hablaba de una madre que sufrió un aborto espontáneo.

 

Que digo yo que si no sabe qué decir, que se calle, o dado que tiene un programa de Tv, pues que se informe ¿no?. Creía que el periodismo se basaba en contrastar la información.

Pero no, esta mujer quiere ir de periodista cuando en realidad es opinóloga.
A ver, señora Quintana, que tiene usted todo el derecho del mundo a tener su opinión sobre las doulas, sobre parir, sobre la epidural, sobre  la placenta, y sobre el peinado de Macarena si quiere, pero entenderá usted que a la mayoría de los mortales sus  opiniones nos  la traen al pairo.
Que tiene usted derecho a no escuchar lo que le explican 30 veces y a mantenerse en sus 13. Que le han dicho por activa y por pasiva que las doulas NO ASISTEN PARTOS.  Tiene usted derecho incluso a dejarse en evidencia diciendo que usted no pare como una mamífera. A usted le aterra ese concepto y a algunas lo que nos aterra es pensar que  igual usted es el eslabón perdido entre anfibio y reptil o algo similar, porque las mujeres de este planeta, todas, somos mamíferas, y cuando parimos, parimos como mamíferos que somos, del mismo modo que gestamos en el útero y tenemos mamas que producen leche.  Igual si coge usted un libro de biología de sus hijos, le asombra ver que seguimos, por mucho adelanto en la medicina, en esa clasificación.
Aunque para usted en la Rúber con 5 ginecólogos y una bata de Loewe, o aunque le hagan una cesárea programada y no dé teta es usted mamífera.
La cuestión es que si usted es así de ignorante es cosa suya evidenciarlo en Tv, pero si se hace una entrevista sobre una noticia, lo que espera la audiencia es obtener información sobre la misma. Porque si de lo que se trataba es de decir lo que a usted se le antoja sobre el tema, pues se hubieran ahorrado invitar a nadie.

Aparte su “perlita” sobre parir como mamíferas, ha soltado usted por la boca barbaridades como si fueran verdades absolutas, cosa que por otro lado no es nuevo en su profesión, y más en su cadena y en ese tipo de programas. No saben ustedes distinguir evidencia de creencia, noticia de opinión, pantallazos de informes, y lo peor no saben distinguir  vida privada de prácticas profesionales de un colectivo.

-Hacer una pregunta directa y personal a la invitada cuando han quedado de antemano que no se haría es, como poco, de mal gusto, y como mucho una encerrona sucia y burda. Porque además, si Macarena ha ingerido o no placenta eso sólo le importa a ella.   Lo que se trataba era de saber si ella ha obligado a alguna de las mujeres que ha acompañado a hacerlo. Si no saben ustedes distinguir esas dos cosas, quizás deberían volver a la facultad de periodismo. Si llego a estar yo allí le habría preguntado si usted dio de mamar a sus mellizos.
Y no me diga que eso es su vida privada. Si Macarena ingirió o no placenta también y según su compañero preguntar no es ofender, así que repito: ¿Amamantó usted a sus mellizos como recomienda la OMS hasta mínimo los 2 años?  ¿No? Porque a mi igual me aterra que usted al no hacerlo puso en riesgo su salud. Igual no sabe que está demostrado que alimentar artificialmente a un bebé incrementa los riesgos de padecer muchas enfermedades.

¿No le gusta a usted que le pregunten cosas directas y personales? Recuerde: ” preguntar no es ofender”. Y dado que su argumento hoy ha sido “que no puede ser decisión de la madre cómo pare o lo que hace durante el parto ya que es una mujer que está dando a luz a un ser, que según usted  es una persona y tiene entidad jurídica… ” pues yo esgrimo el mismo argumento.  Dejando a un lado que con la Ley actual para tener entidad jurídica hay que estar vivo 24 horas tras el parto*, vamos a suponer que eso es así y que el bebé tiene derechos a los que la madre tiene que atender. Yo le pregunto, ¿eso aplica a “todos los derechos del bebé” o sólo a los que a usted le da la gana? Porque el bebé entonces tiene derecho a ser parido, y a no ser extraído por la fuerza en una operación quirúrgica no fisiológica como es una cesárea, a no ser que esta sea realmente necesaria. ¿Qué hacemos con las cesáreas programadas? ¿En ese caso opina usted igual? ¿y con la lactancia, repito? Porque el bebé tiene derecho a recibir alimento diseñado para él. ¿Reconoce usted entonces el derecho de las mujeres de decidir no amamantar?  ¿o en ese caso la mujer sí tiene potestad para hacer lo que a ella le venga en gana saltándose las recomendaciones unánimes de todas las autoridades sanitarias mundiales? La verdad es que me hubiera gustado estar hoy en ese plató, hacerle esa pregunta, ver su cara y sobre todo oír su respuesta. Que demagogia sabemos hacer todas. Y algunas además, como este tema nos pone de muy mala leche, nos sale la vena que ríase usted de la Patiño.
Por otro lado, nos vende usted que la panacea del parto es la epidural. Una vez más, ¿le ha preguntado al bebé? ¿Sabe usted lo que implica para el bebé la anestesia? ¿le interesa ? ¿tiene derecho la mujer a decidir anestesiarse no sólo ella sino también a su hijo? ¿Y la oxitocina sintética? ¿le pregunta la madre a su bebé si quiere recibir esa droga con  los efectos secundarios que conlleva?
Señora Quintana es usted la reina de la demagogia. Si realmente le preocupa la salud de los bebés, hasta el punto según usted, de restringir los derechos de la madre, aplíquelo a todas las prácticas que rodean el embarazo, el parto y el posparto.
O todos moros, o todos cristianos.
-Cuando dice usted que el papel de la doula lo tiene que hacer el padre, una vez más es que sube el pan cuando usted habla.  ¿Cree usted que todas las mujeres  que van a parir cuentan con un “padre de la criatura”? ¿Cree que todos los padres quieren acompañar ese proceso? ¿Cree usted que todos los padres que quieren pueden sostener a su esposa en ese trance? Porque le recuerdo que la mayoría son tan nuevos en esas lides como las mujeres, con el agravante que no tienen idea de qué está pasando. Un hombre nunca va a entender lo que es un parto como una mujer que ha parido. No creo que necesite explicarle eso.
Además que habrá mujeres que no quieran a su pareja  en el parto. ¿O cree usted que todas las realidades familiares son como en La casa de la Pradera?
Si una mujer quiere una doula con ella, o a su prima, o a la vecina del quinto mientras pare, tiene derecho a tenerla. Esté o no, además,  su pareja, que puede ser el padre o no. Esté o no su madre, o la estampa de la Virgen de los desamparados.

-Del tema de la placentofagia paso de comentar nada. No tiene sentido. Si son ustedes periodistas deberían haberse informado ustedes del estudio que está llevando a cabo un médico en un hospital español, y no que lo tenga que citar la doula, que como ella misma ha dicho, no es sanitaria.
-Les ha causado también estupor a su equipo que haya quien quiera cortar el cordón umbilical con una vela. Que digo yo, que por qué algunos ritos les causan tanto “desagrado”. Si alguien en base a sus creencias quiere cortar el cordón con una vela o con los dientes,  ¿a ustedes qué más les da?
Que yo sepa usted ha hecho pasar a sus hijos menores de edad por un ritual que es beber un vino que se ha transmutado en sangre de Cristo. Eso es un ritual en toda regla. Pero claro, ese está tan instaurado que ese sí es válido. Pues le vuelvo a informar que según la Ley española hay libertad de culto, e igual que usted bautiza a sus hijos y estos hacen la comunión en un ritual con sangre de por medio,  pues hay mujeres que deciden hacer otro tipo de rituales si les da la gana. Mientras no atenten a una Ley establecida en nuestro código, pueden hacerlo. Le guste a usted o no Sra. Quintana, que eso a día de hoy no es delito.
Quiere usted ir de fina y resulta de lo más cateta señora mía.
En fin, que vuelvo a reafirmarme en mi decisión de no ver TV, porque a mí lo que me aterra es que mis hijos oigan a personajes como usted soltando opiniones absurdas y trasnochadas como verdades. Eso sí es un riesgo para la salud.
Lea usted un poquito e infórmese sobre índices de mortalidad y morbilidad perinatal en países donde los partos normales se atienden en casas,  no en hospitales. Y luego, me invita a su programa y charlamos un ratito. Eso sí, recuerde: “preguntar no es ofender” así que recuerde que donde las dan las toman.

Y como a mí me gusta citar mis fuentes… aquí pongo el vídeo . Aviso que puede perjudicar seriamente la salud de las personas pensantes, sobre todo si son mamíferas.

*Edito para añadir que los artículos 29 y 30 del Código Civil han sido modificados recientemente y la entidad jurídica ya existe desde el nacimiento sin la espera de 24 horas.

9 años después

9 años después

Hoy hace 9 años empezó un viaje que aún continúa.
Hoy hace 9 años debió ser el día más feliz de mi vida y aunque ver y abrazar a mi hijo fue algo indescriptible, no fue el día más feliz de mi vida ni de lejos.
Tardé varios años en recordar  mi parto sin llorar de pena, de rabia, de frustración, de dolor, de impotencia.
Este aniversario de mi maternidad llega en medio de una polémica absurda. Con seres despreciables que se empeñan en negar lo que algunas hemos vivido y sufrido. Y lo hemos sufrido como el peor de los sufrimientos: el evitable.

Yo tenía derecho a que me informaran, tenía derecho a que me atendieran profesionales libres de prejuicios y de intereses personales. Incluso libres de sus propios miedos.
Yo tenía derecho a parir a mi hijo. Tenía derecho a acoger su cuerpo, a ser la primera en recibirle y darle un abrazo. Tenía derecho a que sus ojos miraran los míos y a asegurarle que todo iba a ir bien. Tenía derecho a disfrutar de ese momento y a darle a mi bebé el Continuum que merece y que ambos necesitábamos.
Tenía derecho a ser respetada, a no ser mutilada, a que me hablaran como a una adulta y no como a un cuerpo sobre una camilla fría con el que se hace lo que se quiere. Tenía derecho a gritar que me entregaran a mi hijo y no lo tuvieran en esa maldita cuna. Tenía derecho a todo eso. Ambos lo teníamos. Y nos lo robaron.

Nos lo robaron con la peor arma: el miedo.
Miedo que algunos afirman que somos otras quienes infundimos en las madres.
No señores y señores caza brujas, que no son sino caza libertades, el miedo lo dan ustedes. Dan miedo porque nos recuerdan prácticas siniestras, y no hablo de ingerir o no placenta, sino que hablo de asustar, amedrentar, coartar, abusar e imponer sus ideas. Esas prácticas más propias de la Edad Media. Usan ustedes argumentos que parecen sacados de una novela de Ken Follet más que de la evidencia científica.
Se empeñan en restringir y en controlar, cuando ese “control” lo único que ha hecho es perpetuar el mal trato y el maltrato. Se empeñan en decir que la violencia obstétrica no existe, y eso a pesar de los miles de testimonios de mujeres que referimos las  vejaciones sufridas y las secuelas con las que tuvimos que aprender a convivir.

A algunas su “profesionalidad” nos costó la salud mental, la salud física, nuestra capacidad reproductora… incluso nuestro matrimonio.

  • ¿Saben ustedes cuántas mujeres han sufrido en su vida personal las repercusiones de su trato?
  • ¿Y se atreven a negar que existe violencia obstétrica sistematizada?
  • ¿Ustedes son los “responsables de la salud de la mujer” y ni siquiera nos escuchan?
  • ¿Nos toman por idiotas?
  • ¿En un país donde la propia SEGO se jacta con viñetas del maltrato y de la falta de respeto a las mujeres y a nuestra sexualidad?
  • ¿Han ustedes, por casualidad, escuchado a las mujeres contar sus vivencias durante el embarazo, parto y puerperio?
  • ¿Quieren que les cuente yo lo que me dijo mi tocólogo cuando le dije que tras el parto, por la episiotomía, sentía dolor con el coito?
  • ¿Quieren que les cuente el papel de la matrona en mi parto?
  • ¿Y en mi posparto inmediato?
  • ¿Quien ustedes oírlo?
  •  ¿Saben ustedes lo que es un shock por estrés post traumático derivado de maltrato durante el parto?
  • ¿Se han molestado acaso en entender por qué las mujeres estamos decidiendo que queremos a otras personas cerca de nosotras en estos procesos?

    Me temo que no.
    Son ustedes tan soberbios y tan arrogantes que prefieren tildarnos a todas de estúpidas.
    Y siguen creyendo que el problema está fuera, donde sea, pero fuera. Sean las doulas, las asesoras de maternidad, las madres de los grupos de apoyo o las sacerdotisas de la luna.

A mí me da igual  si tienen ustedes un ego débil. Eso se lo deberían trabajar ustedes como crean, en terapia  de grupo o individual, lo que no pueden ustedes es echarnos su mierda al resto. No a las madres.

Porque ¿saben?, si un fontanero me hace una chapuza, tiene arreglo. Me costará dinero y tiempo, pero tiene arreglo. Siempre se puede poner otra cañería y pintar las paredes, pero si ustedes la cagan en un parto, si la cagan al tratar a una madre embarazada con poco respeto o metiéndole miedo, si la cagan arruinando una lactancia con sus nulos o erróneos consejos, si la cagan ustedes en esos momentos, no hay arreglo posible.

Si ustedes contribuyen a añadir miedo y estrés a una mujer embarazada que tiene  que sentir confianza para que su cuerpo se abra, no son ustedes la mejor opción para esa mujer. Si no entienden lo que implica el estrés para una mujer y su bebé me importa un bledo sus 6 o 7 años de carrera, no se han enterado de nada.

Y esa actitud de “qué me van a enseñar a mi” es más  propia de aquellos que les han robado el trabajo que de una profesional que asiste un parto.
Están ustedes  olvidando la etimología de la palabra “comadrona”, que viene de “comadre”, con la madre. Están ustedes luchando contra nosotras. Y créanme, lo van a pagar.

Yo hoy debería estar celebrando que hace 9 años que nació mi hijo, y lo que tengo cada 22 de febrero es el recuerdo de un pánico atroz y una sensación de fracaso y de impotencia horrible. Una sensación de haberle fallado a mi hijo que a pesar de todo el trabajo que he hecho con ello, sigue ahí.
Eso no se lo voy a perdonar a ustedes como colectivo hasta que no vea que su actitud es realmente de autocrítica, y de cambio de actitud.
Y no sólo como colectivo no lo están haciendo, sino que encima se empeñan en enarbolar una bandera que no es suya.

Mi cuerpo no es suyo, mi parto no era suyo, mi responsabilidad no es suya.

Si les molesta que las mujeres acudan a otros lugares a por información pregúntense por qué lo hacen. Si quieren ustedes denunciar mala praxis, vayan al juzgado y  pongan un nombre y un apellido, no pueden hacer demagogia demonizando a todo un colectivo. Si lo que quieren ustedes es tener el status que creen merecen y no tienen, creo que se han equivocado de enemigo.
Aprovecho para reiterar mi cariño a las y los profesionales  que dentro de su colectivo sienten como sentimos las madres y sienten la misma vergüenza que nosotras al leer su penoso Informe Doulas. Profesionales que sienten vergüenza al ser representados por “personajes siniestros” propios de otros tiempos.
Yo hoy voy a intentar recordar  que un 22 de febrero de hace 9 años empecé un camino.
Que Mimos y Teta y Asesoras Continuum fueron mi forma de devolverle al mundo la ayuda que necesité para sobreponerme a la violencia que sufrimos mi hijo y yo. Que me siento orgullosa de haber creado y dirigir un programa de formación de asesoras de maternidad por el que han pasado mujeres de todos los perfiles, incluidas médicos,  matronas y enfermeras. Que me aseguro que mis alumnas entiendan que nuestro trabajo es hacer que las familias estén mejor que antes de contactar con nosotras. Y eso sin asistir partos ni hacer terapia que no es cosa nuestra.

Hoy le agradezco a mi hijo que empezara este camino conmigo, que a pesar de no haberle dado el mejor comienzo, me ayudó a entender lo que supone el contacto, el porteo y la lactancia.
Que me dejara compensar de algún modo ese mal comienzo.

Y le agradezco haber entrado en un mundo lleno de mujeres sabias, que me ayudaron a sanar y de las que aprendí sobre todo el respeto. Respeto a mí misma, a mi cuerpo, a mi maternidad,  a mi sexualidad y respeto a los demás.
Gracias Iker. Mi hijo y mi maestro.

Si Semmelweis resucitara…

Si Semmelweis resucitara…

He sido una niña educada para cuestionar las verdades absolutas. En el colegio e instituto debatí con profesores por no creerme “porque sí” teorías propugnadas como leyes.
Me he pasado la vida de estudiante observando cómo se usa el miedo para convencer más que la razón. Si no crees lo que la mayoría “culta” te dice que creas eres un estúpido y te arriesgas a ser tratado como tal. Así se consigue un pensamiento único, ridiculizando al que se sale del redil.
Hace falta mucha seguridad en ti mismo para levantarte con 13 años y discutirle al catedrático de ética del instituto.
Y si eres catedrático necesitas algo más que tu palabra para convencer que tienes la verdad más allá de tu rol de autoridad.

El catedrático de mi instituto falló. Lo único que hizo fue intentar ridiculizarme en mitad de la clase. Y digo “intentar” porque con su respuesta burlona lo que consiguió fue retratarse a los ojos de todos mis compañeros.

Ignaz Philip SemmelweissEsto no es nuevo. En algunos sectores los cambios no son bien venidos. Ni siquiera en el ámbito que debería estar más abierto a la innovación y experimentación, como sería la medicina. Que se lo digan a Semmelweis.


Ignaz Semmelweis
, fue un obstetra húngaro que a mediados del siglo XIX, precediendo los hallazgos de Pasteur y Lister, logró descubrir la naturaleza infecciosa de la fiebre puerperal, logrando controlar su aparición con una simple medida de antisepsia. Debió luchar con la reticencia de sus colegas que no aceptaron sus observaciones que, por primera vez en la historia, fueron apoyadas con datos estadístico


Os animo a leer toda la historia aquí antes de proseguir, os aseguro que no lo vais a lamentar.

 

 

 

Semmelweis es un extraordinario ejemplo de observación metódica, raciocinio y reflexión, es el resultado de uno de los más auténticos casos de compromiso personal con la vocación de médico. Lo que hoy nos parece tan evidente u obvio, representó en su momento un cambio de visión asimilado por pocos. Luvo que avanzar en medio de incomprensiones y de dificultades.

La importancia del aporte de Semmelweis a la obstetricia y medicina en general no ha sido aún superado siquiera por los avances de las nuevas tecnologías genéticas de los últimos años del siglo XX. La historia ha valorado a este médico húngaro de modo justo después de su muerte. Su vida fue la de un hombre que luchó con entereza y sin vacilación por sus ideales y convicciones.

Hoy he leído el Informe Doulas del Consejo General de Enfermería y me ha parecido volver, ya no a la Viena del S XIX,  con los contemporáneos del Dr. Semmelweis, más preocupados en no perder su status y en  tener razón que en la salud de las mujeres, sino a Salem (Massachussets), donde la histeria colectiva vivió su máximo apogeo.

O si me apuras a la Edad Media, donde todo el que era sospechoso de “salirse” de la norma era tildado de hereje sin necesidad de aportar pruebas en su contra.
La Historia de la humanidad ha visto cómo la ignorancia y el odio, sobre todo cuando van de la mano del poder ha anulado, el raciocinio, la verdad y por supuesto la libertad.

Deberíamos avergonzarnos de lo que como sociedad hicimos con Galileo Galilei, con Miguel Servet  con William Tyndale y con el propio Semmelweis.
Pero no, del mismo modo que los poderes de ese tiempo fueron testigos y ejecutores de la verdad, la razón y  la libertad, nuestro primer mundo, parece que en vez de avanzar y estar por mérito propio en el S XXI, va hacia atrás.

Y observamos cómo un sector que debería ser el más sensible de la medicina porque es el que rodea el principio de la vida, se convierte en el más violento. Y observamos cómo aquéllas personas en quienes confiamos para aportarnos seguridad y tranquilidad en este proceso, son quienes peor nos tratan.

Violencia obstétrica

Algunos hemos huido de un sistema de violencia obstétrica institucionalizada ( y no lo digo yo, lo reconoce la OMS), con cicatrices en el cuerpo y en el alma.
Con un dolor profundo por haber sido violadas, robadas, ninguneadas y maltratadas con la connivencia de quienes juraron cuidar, proteger y no dañar a sus pacientes.
Y todo ese dolor, todo ese sufrimiento hoy ha sido pisoteado por un puñado de impresentables que en vez de hacer autocrítica de su trabajo, han decidido ir a por la libertad de las mujeres.
Porque no nos engañemos, esto no va de doulas, esto va, una vez más, de violencia contra la mujer.

Informe doulas

Hoy leo un informe que me quieren hacer creer que les ha llevado 3 años hacer y es una recopilación de pantallazos  que cualquier   alumnos de bachillerato se avergonzaría de presentar como trabajo de investigación.

Recortes de frases de vete a saber quién, un texto plagado de errores ortográficos y de sintaxis, (ni siquiera han escrito bien su propia página web) con un contenido tan surrealista que no sé si merece la pena comentar.
Y lo que me avergüenza es que se organiza una rueda de prensa y se llenan los medios de titulares amarillos, sin verificar ni contrastar la información.

Crecí creyendo que la información era un arma poderosa, que la libertad de expresión garantizaba la pluralidad y la posibilidad de oír todas las versiones de la historia. Y en estas últimas semanas lo que observo es que la prensa se ha idiotizado como el resto del sistema.
Periodistas que  son más portavoces que periodistas, noticias que buscan el morbo, no la verdad. TV que no quiere informar sino desinformar y buscar el titular más impactante para lograr el minuto de oro. Da igual si por el camino mezclamos churras con merinas, y somos cómplices de cazas de brujas sin sentido.

El trasfondo de esta caza de brujas

Creo que todo esto tiene un sentido.
Lo estamos haciendo bien.
Las mujeres estamos decidiendo. Estamos demostrando que El Parto es Nuestro. No es de los gines, ni de las matronas,ni de las doulas, ni de nadie más: es nuestro. y desde el momento en que hemos empezado a decir “NO” hemos generado una corriente. Una corriente de rechazo, una corriente de relaciones reaccionarias, una corriente de miedo.

Miedo

Tienen miedo de perder el poder. Tienen miedo de que nos demos cuenta que el parto en nuestro mundo no es más arriesgado que ir a comprar el pan. Que en realidad  en un parto sólo hay 2 personas imprescindibles, y no son ninguno de ellos.
En el parto los importantes, los protagonistas, los necesarios, los imprescindibles son el bebé y su madre.

Y cuando las mujeres nos estamos dando cuenta de forma masiva, cuando las mujeres hemos empezado a contarnos nuestras historias de parto y hemos reconocido nuestro poder, y ejercemos nuestro derecho a estar con quienes queramos, hay todo un sistema viejo, podrido, nauseabundo, basado en el miedo y la dominación, que se rebela.
Se rebela atacando y atacan intentando meter más miedo:

  • Que si canibalismo
  • que si dejamos al padre fuera
  • que si nuestros hijos pueden morir….
  • que si quienes elegimos para acompañarnos son intrusas

Queridos señores y señoras del Consejo de Enfermería:

Captura de pantalla 2015-02-16 19.46.16Ustedes solitos van a lograr que en este país, a la hora de parir las mujeres empiecen a plantearse ya o contar con una matrona respetuosa, sino parir solas.

No sé si han pensado ustedes que su sistema de amenazar y seguir metiendo miedo no les va a funcionar como ustedes piensan.

Yo veo la cara de las mujeres de estas imágenes, y os juro por dios que si tuviera que parir otra vez, antes que ponerme en esas manos elegiría parir sin asistencia. Esto es lo que van a conseguir.

Están ustedes haciendo que perdamos la poca fe que nos queda en el sistema de salud. Están ustedes consiguiendo que una profesión que nos inspiraba respeto ahora nos inspire vergüenza y asco.

Y no hablo sólo por mi. Pienso en mis queridas amigas colegas suyas de profesión. Pienso en las lágrimas que les he visto derramar durante su residencia contando cómo han tenido que ver esa sistematización de la violencia a la mujer y al recién nacido.  Y pienso en su vergüenza hoy al ver cómo un órgano que dice representarles nos ha despertado con un trabajo tan chapucero y denigrante.

Y pienso en la violencia que destila este “trabajo”.Reflejo de la otra, la real que hemos sufrido a mayoría de mujeres de nuestro país en sus manos.
Violencia que vimos todos los españoles cuando las cámaras de un programa de tv entraron en los paritarios de España.

Se retratan

Su campaña de difamación contra las doulas al final es una campaña de desprestigio hacia ustedes mismos.
Como dice el dicho:

“Lo que dice Pablito de Juanito, dice más de Pablito que de Juanito”
“Lo que dicen las matronas de las acompañantes de las mujeres,
dice más de las matronas que de las  acompañantes de las mujeres”

Su actuación me dice que son ustedes unos impresentables, que no son profesionales, ni serios, ni exhaustivos, que no merecen el cargo que llevan, que insultan ustedes nuestra inteligencia, que atacan nuestra libertad nuestro honor y nuestro pundonor. Que se ríen de nuestro maltrato, de nuestro dolor, de nuestra experiencia personal y colectiva. No merecen ustedes trabajar con mujeres, no merecen trabajar con personas, no merecen trabajar con embarazadas ni con bebés.
Cojan un diccionario, lean algo de antropología y sepan qué es el canibalismo. Porque parece mentira que sean de un colectivo que transfunde sangre de unas personas a otras como práctica habitual y se asusten tanto porque algunas mujeres decidan ingerir parte de su placenta. Aparte de todos quedan ustedes como pacatos e ignorantes.

Y sí, me da igual si las mujeres que ahora están al lado de otras mujeres en este proceso antes eran monitoras de esquí o scorts de lujo. DA IGUAL.
Si les molesta que las escojan para acompañarlas, háganselo mirar. ¿Qé tipo de complejo tienen ustedes? ¿Quieren atendernos el parto o quieren que las adoptemos como “muy mejores amigas”? Destila un problema psicológico esa necesidad de estar en todos lados. Deberían hacérselo mirar.
Métanse ustedes en sus asuntos.

Estudien neurobiología del embarazo y del parto, aprendan que a las embarazadas les afectan más cosas que el  coger kilos o tener la tensión alta. Aprendan RESPETO. Quizás tendrían que meterse en alguna de las sectas que critican a ver si así aprenden  al menos a escuchar.
Porque al parcer para ustedes secta es sinónimo de escucha y respeto. ¡Me autodenomino sectaria desde ya!

Recuerden a Semmelweis: y ahora posiciónense. Porque en este tema, como en casi todos los importantes de verdad no valen las medias tintas:

O TRABAJAN POR EL RESPETO A LA MUJER O CONTRA ÉL

Semana Mundial del Parto Respetado- Las Palmas 2014

Semana Mundial del Parto Respetado- Las Palmas 2014

Yo también fui Sara Carbonero

Yo también fui Sara Carbonero

La gran portada será el día que una famosa dé a luz en la Ruber sin que la rajen…
Su estadística es alucinante — me siento decepcionada.
Ese fue mi comentario ayer en mi muro de Facebook.
A raíz del mismo surgió un debate, sobre juicios, derechos, libertades, decisiones, miedos, elecciones, intereses, mentiras, estadísticas, duelos, riesgos, leyes,… en fin, todo lo que conlleva este tipo de discusiones  hablando de cosas que nos marcan tanto.
Hubo quien leyó en mis palabras un juicio a Sara Carbonero, como en su día lo hubo a Shakira por su también cesarea.
El lenguaje escrito es muy limitado y  nuestro mensaje siempre está condicionado por nuestros propios prejuicios o pre-juicios, sobre quien lo envía y  sobre el tema en cuestión y cómo nos afecta. Los mensajes nunca son asépticos. El mío evidentemente tampoco.
Eso no quiere decir que mi mensaje fuera una crítica hacia la mujer que tiene un hijo por cesarea. Primero porque no conozco el caso particular y las circunstancias , y segundo porque aunque fuera el caso no soy yo juez sobre las decisiones personales de cada cual.
La semana pasada precisamente escribí sobre los abortos, tema sobre el cual tengo una opinión muy definida y muy clara pero que no expresé porque de hecho mi opinión no importa. Es mía y es válida para mí y mis circunstancias. Más aún, para mis circunstancias de ahora… porque si algo sé hoy,  es cuánto puede cambiar una persona sus principios más arraigados.
El caso es que yo hablaba precisamente de no juzgar, porque qué sabemos nosotros la carga de la mochila de cada cual.

Mi trabajo como asesora de maternidad es contribuir a dar herramientas para gestionar lo que se está viviendo, o dar información para decidir con mayor libertad, porque sin información veraz y completa ninguna decisión es ni será libre nunca. Mi trabajo nunca es juzgar ni decidir.

 

Así que leer en  mis palabras un juicio es sacar de contexto lo que realmente quería expresar.
Mi decepción no me la causa Sara Carbonero, entre otras cosas porque no tengo ninguna relación con ella como para que me afecte su vida, más allá de entender que como personaje seguido por los medios sus acciones tienen repercusión y contribuyen, lo quiera ella o no, lo desee ella o no, lo busque ella o no, a elaborar una conciencia colectiva y unas creencias. En este caso la de que parir no es tan fácil, cuando una mujer joven, sana, culta y con  medios no lo consigue. Pero como digo, si Sara no quiere enarbolar ninguna bandera ni ser ejemplo de nada, no se la voy a colocar yo.
Las creencias colectivas las construimos entre todos, pero la responsabilidad última debería ser individual. Reitero que, además, esta debería asumirse por una decisión propia y no influenciada por terceros con intereses ajenos al tema u ocultos al protagonista.
En ese sentido me sentí decepcionada. No con Sara Carbonero, sino con una institución, o con todas las que abusan de su rol de autoridad para ejercer una autoridad que se extralimita.
Yo de un obstetra (y de cualquier otro profesional) quiero que deje sus propios prejuicios, miedos e intereses a un lado, que me dé toda la información, y todas las opciones y me deje decidir. Porque es mi derecho. Porque es mi responsabilidad y porque tendré que vivir con ella toda mi vida. Con las consecuencias, con las heridas, con las cicatrices, con todo lo que conlleve.
Precisamente la remoción que causa este tema entre las propias mujeres es prueba de que no nos deja indiferentes. Leemos a otras y nos duele lo que entendemos, sea lo expresado o no, porque hay una herida. Si la herida fue inevitable duele, y si no lo fue, si fue totalmente arbitraria e injustificada duele más, porque añadimos culpa al proceso. Culpa por no saber, por dejarnos hacer, por no pedir, por callar, por asentir, por lo que sea…
Culpa porque hay un duelo y todos los duelos traen un momento de culparnos a nosotros mismos. Y de ahí mi comentario.
Dejemos de culparnos a nosotras y a otras. Empecemos a culpar a quienes no cumplieron su primer papel. A los que usan el miedo como herramienta, la omisión de informacion como as en la manga para que acabemos implorándoles que hagan lo que ellos quieren como si fuera lo necesario para salvarnos, a nosotras y a nuestros bebés. A esos que frivolizan una intervención de cirugía mayor innecesaria sin advertir de todos los riesgos que conlleva, para la madre, para el bebé, para la lactancia, para la familia, para la sociedad.
no a la violencia obstétrica
Y puedo hablar así porque yo también fui Sara Carbonero. Yo también fui primeriza que fue a una clínica privada y salí rajada. Confié en que “ellos sabían lo que era mejor”, confié y me engañaron. Y me robaron algo que nunca pude recuperar: mi parto y más aún, mi derecho a decidir.
Fijáos que en mi comentario no mencioné la palabra “cesarea”, ni mencioné “nombres”. Porque aunque iba por la Ruber y por este caso  concreto, lo cierto es que lo raro en esas clínicas es encontrar una mujer que sale sin rajar.   Las episiotomías que en muchas clínicas siguen siendo rutinarias también las incluyo. Por eso mi comentario fue que el titular sería que se diera a luz sin rajar. No  sé si las famosas que se me nombraron  y que no fueron cesarea tuvieron o no episiotomía… pero me la juego a que más de la mitad. Y aunque en esos casos puntuales no fuera así, las estadisticas no nos las inventamos las “locas del parto”.
Solo deseo que esta madre reciente, rajada y dolorida, como lo fui yo, tome conciencia de qué le ha pasado, que se pregunte por qué, a ella y al equipo médico que la ha atendido, que obtenga respuestas. Y que a partir de ahí haga lo que necesite para ser feliz. Ojalá las respuestas sean que sí, que era lo mejor. Yo no lo sé, y a mi no me importa, pero a ella sí debería. Porque eso va a condicionarle muchísimo en su vida.  A ella y a su bebé, queramos verlo o no.  Porque eso daría para otro tema.
Para algunas esa raja (fuera en el abdòmen o en el periné) es una herida que nos causó mucho dolor y sufrimiento. Por eso nos permitimos sentirnos mal cada vez que se comete otro abuso de poder sobre nuestros cuerpos. Por eso criticamos a los ginesaurios y sus sistema de violencia obstétrica. Por eso todas soñamos con el día en que todas las Saras Carbonero de nuestro país salgan en el Hola presumiendo de ser las protagonistas del nacimiento de sus hijos.
sara carbonero

Y a todas las Saras Carbonero, famosas o anónimas que sufran por no tener lo que ellas y sus bebés merecían les deseo la fuerza y sabiduría de transformar ese dolor en otra cosa. Ojalá ninguna por dolernos nuestra herida la neguemos, o acabemos nunca justificándola.

 

Esta carta es para ti PROFESIONAL sanitario

Hace un par de días alguien me hizo un regalo muy especial.
Un regalo en forma de palabras.

Palabras de agradecimiento, de admiración y de reconocimiento hacia mi trabajo, en particular hacia este blog.

Unos días después del evento de la madresfera, donde leo que hay más de 1000 blogs de madres, en una etapa en la que casi no escribo… esas palabras fueron un soplo.
Me cuentan que en unas jornadas de formación en lactancia materna para profesionales de un Hospital importante de la capital, se nombran como webs de referencia para los propios profesionales y para que recomienden a los padres, entre otras, la mía: mi blog.

Y pienso en cómo están cambiando las cosas  (aunque hay mucho trabajo aún, es cierto) y en que yo lo estoy viendo.
Me reafirma en el poder que tenemos cuando sabemos que hablamos desde la verdad, desde el sentido común y desde la evidencia actualizada.
Me alegra además por todos esos profesionales que conozco y admiro, much@s de los cuales son amig@s muy querid@s.
y pensé que hoy debía escribirles una carta.
*A esos pediatras que sin ser mediáticos, ni escribir libros ni dar conferencias, día a día en su consulta trabajan fomentando la lactancia de verdad, no de boquilla o con un poster en su consulta.

*A esos ginecólogos que creen de verdad que el embarazo no es una enfermedad, y que quien decide TODO, ha de ser la madre.  Que respetan el parto y todo lo que implica. Que saben que ellos están solo como comodín, no como As de la baraja.
*A esas matronas que nos escuchan, a las madres, para darnos lo que de verdad necesitamos. Que invitan a estas simples mamás a sus grupos de Educación Maternal para que los futuros padres vean, en vivo, lo que es de verdad importante y útil en su camino.

Y sobre todo,

Dibujo cortesía de PizcOcio

*A  esas enfermeras de pediatría y/o neonatología, de maternidad…, que me consta que muchas veces luchan de nuestro lado en bando enemigo. (más…)

Empieza la Formación Asesoras Continuum: GRACIAS

Estas últimas semanas he estado bastante ausente del blog ( espero que lo hayáis notado 😉 ).
El motivo lo merecía.  He estado, junto a mis compañeras, inmersa en ultimar los detalles para el nuevo proyecto que ya es una realidad: la formación de Asesoras Continuum.

Cuando escribí el post “Simple mamá”  este proyecto empezó a tomar forma. Grabé un video  para poder expresar mejor lo que pensaba, hablé con las personas que quería me acompañaran, respondieron con entusiasmo. Aún recuerdo a Elena cuando le dije que la quería para ofrecer alguna charla en el curso y me dijo:
-“No, yo no quiero dar una charla, yo quiero formar parte”.

Y luego Merce  que la quería sí o sí conmigo.

Carol, con la que habíamos hablado de organizar formación de doulas varias veces.

Eloísa, que aunque por motivos personales al final no está, sabe que pensé en ella…

Y Vega… mi Vega, que en su caso me buscó ella a mí. Que me dijo:
-“tengo algo que aportar a tu proyecto”
Y no tardé ni 3 segundos en decirle que estaba dentro 🙂

Y estas mujeres profesionales a las que admiro, pero sobre todo a las que quiero, han dado forma a un proyecto increíble… Porque como en una cadena, el total es mucho más que la suma de la fuerza de cada eslabón, todas juntas han conseguido que esta formación sea algo especial.

Quiero darles las gracias por creer en esto, por apostar conmigo, por acompañarme, por dejarme seguir aprendiendo con ellas, por tener el honor de poner en mi curriculum que trabajo con ellas y sobre todo por ser mis comadres, mis amigas… mis hermanas.
Por la risas juntas, por demostrar que las mujeres sabemos trabajar unidas, en equipo, con diferencias, con sinceridad, con respeto, con franqueza, sin celos estúpidos.
Por demostrar que podemos tener una conversación hablando de plataformas virtuales, de planes de estudios y de diarreas de bebés y de sexo… hasta cantar por Rocío Dúrcal si se tercia.

Un día leí sobre el experimento de Masaru Emoto con el agua y cómo le afectan  a este las palabras.
Que sepáis entonces que este proyecto está “afectado” con millones de moléculas de energía femenina, energía creadora, energía nutridora, buen rollo, risas…bueno, risas no… CARCAJADAS de esas que hacen llorar… y cómo no entre mujeres que comparten emociones y sentimientos…. de lágrimas. Lágrimas de desahogos, de descarga de tensión, y sobre todo lágrimas sanadoras.
Gracias a mis comadres… a las que están y a aquéllas que no lo están pero podrían haberlo estado (verdad Patri :-* ? )
Gracias a esas mujeres que han apostado por formarse en este círculo.

Y Gracias a tod@s los que me habéis acompañado hasta aquí. Sin vosotr@s esto no sería igual. ♥♥♥