Cuidemos a quien cuida

Hoy es el día mundial del sueño infantil.

Y pensaba hacer una entrada “típica” apelando a lo que ya sabemos que necesitan nuestros bebés.

Pero no.

Hoy no voy a hablar de lo que necesitan nuestros bebés de nosotras, sino de lo que necesitamos nosotras para cuidarles a ellos.

Creo que los métodos para adiestrar a los niños de noche y que se duerman ( o no) sin reclamarnos, es como la punta del iceberg. Es lo que vemos, lo que nos llega, pero hay mucho más debajo.  Del mismo modo que la superficie que vemos tapa lo profundo que puede ser ese iceberg, estoy convencida que nuestro modo de vivir colectivo nos hace ver solo esa punta del problema y que para hablar con propiedad de por qué triunfan esos métodos de “enseñar” a dormir, a comer a estarse quieto, a obedecer, etc, hay primero que hablar de algo muchísimo más profundo y complejo.

Esos métodos nacieron no de la necesidad del niño, de ser así lo habrían hecho todas las culturas, porque dormir es una necesidad primaria y si nuestros antepasados no hubieran sabido o podido dormir, sencillamente no estaríamos aquí. Nacieron como respuesta a una necesidad del adulto que cuida a ese bebé. Y nacieron hace relativamente poco en el contexto de la historia de la humanidad.

Y ese es el quid.

CUIDADO  : ¿Quién cuida al que cuida?

No es un problema que una madre (o quien sea) cuide a un bebé. Como digo se ha hecho siempre. El problema es qué le exigimos además de.

Vivimos en una sociedad avanzada que nos garantiza ciertos derechos,una cierta seguridad social que vela ( o debería hacerlo) para que todos los individuos tengan acceso a los cuidados que necesiten, sobre todo en los momentos de más indefensión: enfermedad, ancianidad…

Pero a la vez hemos instaurado un sistema de privación del cuidado óptimo de los que más lo necesitan. No permitimos a los bebés ser cuidados por sus madres el tiempo necesario, el tiempo requerido. Hemos supeditado ese tiempo mínimo a la ley de un sistema productivo y comercial. No valoramos el trabajo de cuidar a nuestros bebés, a nuestros niños,  y ahí entramos todos: NO LO VALORAMOS SUFICIENTEMENTE.

A la madre que quiere cuidar a su bebé ella misma la obligamos a renunciar a derechos fundamentales: un salario digno, reconocimiento social y profesional de su labor,  acompañamiento en lugar de ostracismo…

A la madre que no puede renunciar a su medio de vida y se ve obligada a dejar a su bebé en otras manos que no son la suyas le llegan los mensajes a veces distorsionados. Se siente atacada, cuestionada y/o frustrada.

Sea como fuere, todas nos sentimos solas y sobrecargadas.

Trinidad Martín escribía esto esta semana que os copio con su permiso:

“Los cuidados. Los cuidados como parte esencial de la vida humana, porque somos seres sociales y aquí ni el más pintado es independiente, somos seres interdependientes, los cuidados deben de ser VALORADOS y REMUNERADOS. 

Mientras que pretendamos pagar una miseria o que trabajen gratis los que cuidan, los que acompañan a nuestros peques o a nuestros mayores, o a los que están enfermos, queremos que nos acompañen profesionales para parir en casa pero baratito, que la asesora de lactancia trabaje gratis, que la experta en porteo nos atienda por la cara, que la doula nos acompañe por amor al arte…. los cuidados nunca tendrán el lugar que se merecen.

Las mujeres son las principales encargadas de los cuidados en el mundo, y como los cuidados no están valorados ni remunerados, acabamos deprimidas porque parece que no hacemos nada cuando maternamos, cuando ayudamos a otras familias, cuando cuidamos de enfermos y ancianos, y además no se remunera o se remunera miserablemente, y caemos en la PRECARIEDAD Y LA POBREZA. 

La pobreza en el mundo es eminentemente femenina, porque las mujeres hacen esos trabajos de cuidado que ni cuentan ni se pagan.
Cuando alguna de las que se dedica a los cuidados intenta buscar maneras dignas de ganarse la vida, monta una comunidad, un curso, encima suele encontrarse con que otras la critican, “oh! osada piensa que puede hacer un trabajo relacionado con cuidados y vivir dignamente, A LA HOGUERA CON ELLA!

Y luego, ¿qué calidad de cuidados se puede dar desde la precariedad?¿cuánto se puede aguantar viviendo del aire? Al final las que tienen más formación y experiencia van abandonando el campo de los cuidados aunque les apasione para buscar algún otro trabajo que les permita vivir dignamente. Entonces las matronas no se pueden dedicar en exclusiva al parto en casa, y claro no sabes quién te atenderá tu parto, porque puede estar trabajando ese día, para la lactancia contaremos con asesoras voluntarias que te atienden cuando pueden como pueden, y así difícilmente tendremos profesionales en los ámbitos del cuidado excelentes, experimentadas y disponibles.”

Da para pensar.
Pagamos más a veces a quien nos limpia la casa que a quien nos cuida a los niños.

En nuestro sistema universitario se pide una nota mínima para algunas carreras, curiosamente para  los que van a encargarse de “educar” a nuestros hijos no se es tan exigente.

Esto es lo que quería escribir ayer.

Pero ayer pasó algo.

Un caso más para la mayoría, una desgracia inmensa para quienes la conocían.

Mireia Long escribe en Bebés y Más este post:

“Las madres que no pueden más”

Dedicado a una mujer real, no a una estadística. A una mujer que se iba tragando todo pensando que eso es lo que hay que hacer. Que ser buena madre es aguantar, sacrificarse, desvanecerse…

Y siento la pena de quienes hoy lloran  por esa madre que no pudo más.

Siento su pena un poco mía… por todos los tipos de violencia que contribuyen a las muertes… no solo la física, a veces el desprecio, o la anulación consiguen lo mismo…
Hay tanta violencia enmascarada y tan arraigada e interiorizada que cuesta verlo.

Si una madre que necesita desesperadamente dormir porque madruga para ir a trabajar y no soporta el reclamo constante de su bebé de noche y  ve en el método Estivill la “solución” a su problema, el primer problema no lo tiene el bebé. La violencia la está viviendo primero esa madre, y ella solo hará que intentar esquivarla, en algunos casos, lanzándola sin ser consciente de ello  hacia el que va detrás: el bebé.

Si yo me siento ahogada por tener que ocuparme 24 horas al día, 7 días a la semana de unos niños y no puedo más, esa violencia invisible de no tener un espacio propio la arrojaré sobre esos mismos hijos que estoy intentando cuidar con todo mi amor.

No podemos criar hijos solas, no podemos hacerlo sin ayuda, sin acompañamiento.

Y no podemos criticar a las madres que han encontrado una vía alternativa para trabajar mientras cuidan a sus hijos.

No podemos satanizar a las madres que cobran por su tiempo para darle a otras lo que piden. Eso es violencia.

Valoremos los cuidados,  valoremos en su justa medida el trabajo de todo el que dedica su tiempo y sus energías a cuidar a los demás. Cuidémonos nosotras, por ellos, por nuestros hijos sí, pero antes que nada por nosotras mismas.

Si al final no estamos, si sobrepasamos nuestro límite, nuestros hijos no tendrán una madre perfecta no, en algunos casos sencillamente no tendrán madre.

No tenemos que “aguantar”, no podemos perdernos al servicio de los otros, ni de los hijos, ni de la pareja, ni de un trabajo, una carrera o un ideal… Empoderarse es algo más que un slogan, es un trabajo de reconocimiento de una misma, de aceptación de la responsabilidad individual, para luego contribuir a la colectiva. Hacerlo pasa factura: a nosotras, a nuestros hijos, a la pareja… a la sociedad.

La próxima vez que te enfrentes a una solución mágica para que tu maternidad sea más llevadera… pregúntate si estás tratando  la causa o el efecto.

Las goteras no se arreglan secando el agua que gotea…