El parto medicalizado-Isabel Fdez del Castillo

La ciencia médica tecnifica lo más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto. Esta medicalización es una forma de violencia que aleja a las mujeres de la naturaleza y de su prole y las somete al control de lo que Vandana Shiva denomina el patriarcado occidental. Así lo afirma Isabel Fernández del Castillo, autora de La revolución del nacimiento.

(Mujeres hoy)

Isabel Fernández del Castillo, autora de La revolución del nacimiento (Editorial Edaf, España) plantea en un artículo resumen de su libro de qué forma una tecnología mal empleada y basada en mitos obstétricos obsoletos, sustituye los recursos que toda mujer tiene para parir, tecnificando el momento más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto, el nacimiento.

La autora está de acuerdo, además con la afirmación del reconocido obstetra europeo Michel Odent, quien ha señalado que “La obstetricia, disciplina dominada por el hombre médico, nunca ha comprendido la fisiología del parto”. Para nuestras lectoras y lectores de Mujereshoy, he aquí el artículo de Isabel Fernández del Castillo.

La medicalización del nacimiento. Partos tecnointervenidos

La medicina, y la obstetricia en particular, comparten con el resto de las ciencias su propósito de control sobre la naturaleza y sus procesos. Las prácticas de rutina en el paritorio (sala de partos), en sí mismas neutras si se aplican cuando son oportunas, adquieren una cualidad negativa/violenta cuando se imponen de forma sistemática para someter a la totalidad de las mujeres a una concepción del parto puramente mecanicista y medicalizada.

Es una realidad que la actual atención al parto no busca tanto facilitar el proceso natural sino sustituirlo, esterilizando de paso la dimensión emocional y espiritual del nacimiento, que no tiene ocasión de producirse. Una vivencia que constituye la base de nuestra capacidad de experimentar esos ámbitos de la vida, el troquel de todos los vínculos posteriores, incluido nuestro vínculo con Gaia (1).

Varias circunstancias mantienen desde hace décadas este estado de cosas:

Un uso inapropiado y abusivo de la técnica, puesto que las prácticas rutinarias no tienen justificación cuando se hacen por sistema a quien no lo precisa (2)…

Posibilitado por el ejercicio de la autoridad que ilegítimamente ejercen las estructuras médicas, y que les permite tomar todo tipo de decisiones ignorando la opinión, los deseos y necesidades de las familias, el sentido común, e incluso las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se basan en evidencias científicas.

Decisiones que a menudo producen beneficios económicos…

Y el mantenimiento del estado de cosas en base a una información circulante basada en una concepción del parto entorpecido y manipulado (2).

El parto hospitalario
La obstetricia, tal y como se concibe hoy, es uno de los ámbitos donde con menos pudor lo absurdo ha quedado elevado a la categoría de científico. La concepción que del parto tiene la obstetricia convencional se refiere al parto por ella interferido.

Como consecuencia, toda su práctica se basa en una errónea concepción del parto. Por ese motivo, la OMS afirma sin ambages: “Medicalizando el nacimiento… el estado de la mente y el cuerpo de la mujer se alteran tanto que la forma de realizar este acto íntimo también debe quedar alterada, al igual que el estado del recién nacido. El resultado es que ya no es posible saber cómo hubieran sido los nacimientos antes de estas manipulaciones… Por lo tanto, los proveedores de los servicios de natalidad no tienen un verdadero criterio para calibrar su asistencia” (2).

Michel Odent dice que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es: ¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?

Esta pregunta, aparentemente inocente, encierra en sí misma un concepto desconocido en obstetricia, y es que el parto es un proceso fisiológico natural, dirigido en su totalidad por el cerebro mamífero primitivo, con sistemas de autorregulación propios no controlables, y que culmina en el reflejo de expulsión del feto, un acontecimiento que no ocurre en los hospitales, donde el bebé prácticamente se extrae.

No es posible atender dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el orgasmo, la risa, el sueño o la defecación, sólo que más complejo. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente, no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe: esto es lo que ocurre con el parto hospitalario.

Una vez inhibido, se hacen “científicamente” justificables todo tipo de procedimientos para sustituir la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no funciona: estimulación con oxitocina, episiotomía (incisión en el perineo y en la pared vaginal para facilitar el parto), anestesia, fórceps, cesáreas… Se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a “salvar” a la madre y al bebé del lance en que la atención recibida la ha colocado (3). Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que conviene a unos profesionales en general poco conscientes de lo sagrado de su trabajo.

Somos mamíferos
Puede resultar paradójico que la única forma de humanizar el parto sea recapitulando la realidad insoslayable de que somos una especie mamífera. El hecho de ser la especie más inteligente sólo pone de manifiesto la importancia de este hecho. El parto es dirigido por nuestro cerebro mamífero primitivo, que es también el que rige nuestras emociones. El parto, por tanto, es ante todo un acontecimiento emocional e instintivo, y no tenerlo en cuenta hace que la recibida sea inhibitoria y contraproducente.

En todas las especies mamíferas la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de conciencia especial propio del parto. La atmósfera hospitalaria es cualquier cosa menos propicia, porque a la mujer se le impone -a veces de muy malos modos- desde la postura y la forma de respirar hasta el ritmo en que debe de dilatar. Allí donde hay autoridad, no hay intimidad.

En ese momento confluyen dos circunstancias que, unidas, forman un cóctel explosivo: es un momento de máxima vulnerabilidad, pero al mismo tiempo de total indefensión, y el trato que se recibe es invasivo.

Puesto que el parto es un acontecimiento con una fuerte implicación de las emociones, el trato que recibe la madre condiciona totalmente el progreso del nacimiento de su bebé. Y las hormonas del estrés son incompatibles con el estado hormonal/emocional propio del parto. Cuando una hembra mamífera se siente amenazada, el parto se detiene. En la mujer, también.

La postura “tumbada” o la sumisión
Mucha gente piensa que la atención al parto deshumaniza el nacimiento, pero que, a cambio, se recibe una asistencia técnicamente superior a la tradicional. Un simple análisis demuestra que no es así. Actualmente, la obstetricia convencional dirige más su energía a resolver los problemas que ella misma produce que a facilitar los nacimientos. Según admite la OMS, no más de un 10 por ciento de las prácticas de rutina en la sala de parto están científicamente justificadas (2).

Quizá el ejemplo más paradigmático de la actual asistencia al parto es la postura de parto (tumbada sobre la espalda, los pies de los estribos), una postura desconocida en la Historia hasta que la medicina empezó a controlar los partos. Comprender la irracionalidad, las consecuencias y el alcance de esta práctica obligatoria hace que se caiga como un castillo de naipes todo el esquema técnico de la atención al parto actual.

Efectos de la postura tumbada: (4)
En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba.

En vertical, la presión de la cabeza del feto sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la dilatación. En posición horizontal esa estimulación disminuye, por lo que el tiempo de dilatación se alarga. Las hormonas naturales se sustituyen con la oxitocina sintética, que produce contracciones más seguidas y dolorosas, más penosas para la madre, y más traumáticas para el bebé. La lista de contraindicaciones y efectos secundarios de la oxitocina obliga a preguntarse por qué se utiliza tan alegremente (5).

En lugar de rotar sobre su cabeza en posición vertical, con una mínima superficie de frotación y ayudado por la fuerza de la gravedad y los movimientos de su madre, el bebé debe arrastrarse contra una superficie de gran frotación (6).

En posición horizontal, el peso del útero presiona los vasos sanguíneos que suministran sangre a la placenta y al feto, disminuyendo el aporte de sangre al útero, que el monitor reflejará indicando sufrimiento fetal. Por ese motivo, el uso indiscriminado y sistemático de la monitorización fetal siempre aumenta las tasas de cesáreas, sin que por ello mejoren los índices de salud (7).

A esto se añade una dolorosa realidad, y es que la mujer tumbada, en esa humillante y vulnerable posición, deja de ser protagonista de un acontecimiento hermoso y sagrado, para convertirse en “objeto” de la actividad de otras personas… que deciden todo por ella, incluso cortar su órgano sexual, innecesariamente expuesto y vulnerable.

El estado de alienación de una mujer en esta situación es indescriptible, y poco compatible con el estado emocional y físico de “dejarse fluir”, imprescindible para un parto espontáneo (4). El Dr. Wagner señala que la episiotomía no justificada (por sobre el 10-20 por ciento son injustificadas) son una auténtica mutilación sexual (7).

Los efectos de esta antifisiológica postura, junto al trato represivo que recibe la mujer, son el pasaporte que justifica toda la batería de procedimientos que posteriormente se aplican. Difícilmente pueden reducirse al mínimo las tasas de cesáreas o de episiotomías sin que se revisen de una forma global la totalidad de las prácticas que las favorecen, empezando por la postura.

Es, desde el punto de vista técnico, la armazón de un sistema basado en el absurdo, que pone de manifiesto que el espíritu que anima la obstetricia es más el de doblegar a la naturaleza que el de facilitar el proceso.

http://www.mujereshoy.com/secciones/1756.shtml

Comentarios

  1. Bufff… que cierto es todo esto. Soy enfermero, trabajo en un quirófano y colaboro en la realización de cesáreas. También voy a ser papá y me enfrento “a los toros desde el ruedo”. La mayoría de cesáreas que realizamos son bajo los diagnósticos de “sufrimiento fetal” o “desproporción cefalo-pélvica”. Siempre intento estar al lado de la mamá le acaricio la frente, le hablo, le cuento cuando sacan a su bebé, agarro su mano…, es decir, intento humanizar lo más posible ese acto tan inhumano de separar de su papel de actriz principal a la mamá. La primera vez que vi una cesárea se me saltaron las lágrimas, de eso hace ya unos 12 años, pero ahora, cada vez que me toca una, siento esas cosquillitas en el estómago que me hacen que nunca olvide lo importante que es ese momento para la mamá y para el recien llegado. La satisfación que me queda, es saber que hago todo lo que está en mi mano para aliviar el sufrimiento de la mamá, aunque, a veces no es suficiente.

    1. Hola Enfermero:
      Gracias por comentar en mi Blog :-)
      Primero enhorabuena por tu paternidad y por estar desde ya concienzado con este tema…
      Ojalá todos los que de algún modo tienen relación con los padres en esta etapa fueran así de conscientes que un acto rutinario para unos, es algo crucial en la vida de otros… Es una pena que una intervención creada para salvar vidas se haya convertido en algunos casos en una rutina hsospitalaria carente de sentido… al menos me alegra saber que en algunos casos, hay alguien como tú que intenta hacer ese trance algo más llevadero para la madre… aunque no dejo de pensar que ese papel de acompañamiento debería hacerlo la persona que la mujer elija… aunque sea una operación quirúrgica.. no deja de ser el nacimiento de una criatura… y no dejar estar presente al padre no tiene sentido…
      De todos modos siempre digo que es tarea de las propias mujeres concienciarnos de lo que implica el parto y empezar a tomar la iniciativa para ser protagonistas, no espectadoras… por supuesto acompañadas de nuestras parejas cuando así se desea.
      Entre todos trabajaremos para que tengas que colaborar en muy pocas cesáreas… y que no haya ninguna “innecesárea” entre ellas…
      Gracias en nombre de todas aquéllas madres y bebés a los que has intentado acompañar en ese momento … y personalmente espero que tú y tu mujer tengáis el parto que deseáis…
      Un abrazo :-)

  2. Pues si, mihmita. Puede que sea tarea de las propias mujeres, y eso es una de las cosas que más me duele. El equipo de matronas del hospital dónde trabajo es todo femenino. Dentro del equipo de quirófano, de unas 40 enfermeras, somos sólo 2 varones. Cuando, hara un año, hablé de proponer la entrada del padre al quirófano en cesáreas, se me echaron encima. Quizás vaya siendo hora de volver a recordarlo….
    Muchas gracias por tus palabras, y por tus deseos. Por el bien de tod@s, manten vivo este blog.

    1. NO te extrañe “Enfermero”… somos las mujeres, en muchos casos, quienes criamos hijos que no respetan a las mujeres… ni nosotras mismas nos respetamos… Hemos pensado que la igualdad de derechos pasa por la igualdad de roles abusadores… y desgraciadamente a veces el peor enemigo de la mujer… es otra mujer…
      Pero pensemos en positivo… entre todos, hombres y mujeres con sentido común y respeto por nosotros mismos y nuestros propios hijos podemos conseguir que al menos una madre y un bebé más… tengan un feliz comienzo… con el apoyo del padre y el respeto de todos los que les rodean…
      Si todo este tiempo invertido sirve para que al menos una mujer tenga un parto respetado y consciente… me doy por satisfecha… a mí todo este proceso de casi 3 años… me ha servido para curar la gran herida que me supuso el parto de mi primer hijo… y para tener ganas de vivir el próximo… como protagonista… no como espectadora o sufridora…
      Espero que llegado el momento tu familia disfrute de la intimidad, respeto y cariño necesarios… vosotros estáis a tiempo de lograrlo a la primera!!!
      Un fuerte abrazo :-)