Ilustración de Arthur Robins para el libro "Where did I come from?" de Peter Mayle

Ilustración de Arthur Robins para el libro “Where did I come from?” de Peter Mayle

 

Desde que somos niñas las únicas imágenes de partos que vemos es a través de las películas y siempre se repite lo mismo: mujeres gritando, con cara de dolor y desesperación, mujeres tumbadas boca arriba implorando porque eso termine o porque venga el “salvador” que les anestesie para poderlo aguantar.

Si además nuestras madres también parieron de esa forma pues no tenemos mucho más con lo que comparar esa información.

Desde muy pequeña supe cómo se tenían los bebés.
Recuerdo estar en la cama con mi madre y ella explicármelo con un libro muy bonito que se titulaba “¿De dónde venimos”.

Es curioso cómo reaccionan los niños a las verdades… con normalidad absoluta.

Pero poco a poco esa verdad completamente asumida y aceptada con normalidad empieza a inundarse con otra idea que envuelve el resto del proceso: PARIR DUELE MUCHO.

 

Sólo sabemos del parto que duele mucho, eso pensamos, eso esperamos…y eso es lo que ocurre, del mismo modo que generaciones anteriores de mujeres con un total desconocimeinto de la sexualidad femenina se enfrentaban a su primer coito con la certitud de que iba a doler… y dolía. Así es nuestro cuerpo: obediente, siempre (o casi siempre)  al servicio de nuestra mente.

De este modo no es que parir con dolor sea un castigo divino, del mismo modo que el maltrato y dominación masculina a la mujer lo sea… somos dueños de nuestros actos y es el propio ser humano quien ha despojado a las mujeres de la capacidad de parir sin dolor a base de convencernos de que parir duele y mucho…

Cuántas de nuestras abuelas habrán vivido sin tener una relación sexual placentera… ¿porque no eran capaces? ¿porque eran frígidas? No, sencillamente porque les enseñaron que el sexo era una obligación marital, de servicio al hombre y que había que “aguantar”.  Sumado a eso la idea de que el placer era pecaminoso ( al parecer no conocían el libro bíblico de “El Cantar de Los Cantares”) ya teníamos el cocktail completo. Nadie les explicó cómo funcionaban sus cuerpos, su sexualidad, y por eso vivieron el sexo como una condena.

La mayoría de nosotras hemos superado esa etapa, pero nos queda otra pendiente. El parto es un proceso más de nuestra sexualidad, pero nos sigue siendo desconocido, seguimos viviéndolo como algo ajeno a nosotras, hemos dejado de ser protagonistas para ser pasivas… y en ese sentido igual que esas relaciones sexuales que mencionábamos antes podrían califiacrse de violaciones, nuestros partos medicalizados también lo son en muchos casos. O al menos muchas los sentimos así: el mismo miedo e incertidumbre, la misma postura humillante y de sumisión, la misma sensación de no controlar nada, tocadas y manipuladas en nuestra zona genital por personas desconocidas sin pedirnos permiso.

¿Qué hizo que el sexo dejara de ser un castigo para recuperar su lugar?

La información y el conocimiento de nuestro cuerpo y su sexualidad.

Pues esa es la clave para que podamos parir de otro modo, conocer nuestro cuerpo y saber cómo actúa en cada etapa fisiológica (no patológica) de la vida.

Saber cómo ayudar a nuestro cuerpo a cumplir su función, no obstaculizar los procesos normales con prácticas rutinarias, innecearias y agresivas.

Dejar a las drogas naturales (endorfinas) que actúen , tener la libertad de movimientos que nos pida nuestro cuerpo, sentirnos con la intimidad necesaria para que nuestro cuerpo se “abra”, igual que se abre durante un orgasmo. Al fin y al cabo la hormona implicada en ambos procesos es la misma: la oxitocina.

Cuando fui investigando más sobre el tema y supe que había mujeres que paren sin dolor, incluso con placer, pensé que era lógico. Si todo el proceso puede ser placentero: la concepción, la gestación, ¿por qué no el parto?

Evidentemente requerirá preparación, más mental que física, ya que el mayor bloqueo está en nosotras mismas y en nuestro bagaje histórico y cultural. Pero no es imposible. Podemos trabajar desde dentro y ayudarnos desde fuera. Ayudarnos conociendo nuestro cuerpo y conociendo nuestros propios miedos para poder vencerlos.

En ese sentido el canto ha resultado ser una ayuda para controlar la respiración y el dolor. Eso es algo que muchas culturas antiguas conocen y que llegó a nosotros de la mano del Dr. Fredrick Leboyer.

Al cantar controlamos la garganta, el diafragma y la musculatura abdominal, pero  el efecto llega más lejos aún, hasta el periné.  Si la garganta está distendida se distiende también el canal vaginal. Por eso cantar durante el trabajo de parto puede ayudar a equilibrar nuestra respiración y a relajarnos.

En este documento de Gabriella Bianco (MïmameMamá)tenéis una explicación muy clara sobre el canto carnático

El primer vídeo que vi de un parto “cantado” fue el de Magali Dieux titulado “Naître Enchantée”. En  esta entrevista ella misma relata su experiencia y explica cómo el canto ayuda en este proceso.

Y en estos otros vídeos podéis ver otros ejemplos de mujeres que cantan durante su trabajo de parto:

Si queréis saber más sobre este tema os dejo una entrevista en 2 partes con el Dr. Leboyer (en inglés) y algunos enlaces relacionados.

Entrevista al Dr. Frederick Leboyer

“El parto puede afrontarse con serenidad con el parto carnático”

Bonding prenatal

ANEP