Últimamente hablo mucho del miedo. En los talleres «Empodérate» es imprescindible primero identificar a qué y por qué tememos… para poder trabajar sobre ello.
Hay miedos reales, miedos imaginarios, miedos autoimpuestos, miedos inconscientes, miedos personales, miedos colectivos…

Pero hoy no voy a escribir sobre eso…
Hoy no quiero hablar de miedos a vencer o a superar

HOy he leído esta entrada del  blog de mi querida Eloísa, querida de verdad, no de lo que se dice para quedar bien. O de esas «queridas» que se usan como fórmula al escribir… no… a Eloísa le tengo un cariño enorme… la he abrazado de verdad y es de esas personas que las recuerdo siempre con una sonrisa. Una sonrisa de verdad. Cuesta abarcarla con un abrazo, no por lo alta que es (que lo es) sino por lo grande que es como persona, como mujer, como madre, como compañera, como amiga, como empresaria, como escritora, como periodista, como bloguera… y podría seguir…

Hoy la he leído y me ha removido muchas cosas.
No quiero citar aquí todo su artículo porque es mejor leer el original en su propia casa, así que si no lo habéis hecho aún, dejad de leer mi blog, pinchad aquípara leerlo y luego volved :-).

Elo habla del miedo, del suyo, de que tiene y confiesa. Y yo quería responderle con una simple frase, porque sé que ella no necesita más. De hecho no necesita nada de lo que le aporten todos nuestros comentarios. Quien sufre una experiencia así con un hijo, sabe que no hay palabra en el mundo que consuele. De hecho, la primera reacción es que no te hablen, que no te digan, que no te animen… porque en el fondo sabes que ese dolor hay que vivirlo, y pasarlo. A pelo.

Pero las palabras y el ánimo sí cumplen su papel… quizás no hoy, pero ahí quedan, para otros momentos de dolor con menos rabia. Porque en un punto, el dolor es egoísta y no sabe  ni le interesan los dolores ajenos. «¿Mal de muchos???» Nos molesta incluso que los demás nos cuenten sus propias experiencias similares, porque este dolor de hoy es nuestro y es tan grande y tan real que no cabe nadie más. Y podemos ver como un insulto que lo comparen a cualquier otro. Porque a nadie le duele tanto un hijo como a su madre… y para cada una, el del suyo es el mayor.

Y leo los comentarios llenos de amor de sus comadres, de sus amigas, incluso de alguna que aprovecha para enarbolar una bandera que hoy no tocaba levantar.. (siempre leyendo entre las líneas de las demás nuestras propias sombras). Hoy es el día de ella, de su FLor, de su familia, de su dolor y de su miedo.

Y hoy quería decirle a ELo que ese miedo que siente… es de los que no hay que trabajar para eliminar…
Porque ese miedo querida Elo,

ese miedo es AMOR

Y así lo percibe vuestra Flor, no lo dudes

y quienes te quieren…

tu marido que sufre como tú…

y tus hijos, sus hermanos, que aprenderán con su hermanita una de las mayores lecciones de su vida. Y puedo decirte por la experiencia con mi hijo mayor, que los niños aceptan las cosas con mucho más naturalidad y amor que nosotros…están mucho menos condicionados.

Confía en ellos.

Confía en él ( el papá) .

Confía en ti

Y confía en tu pequeña criatura… dándote y recibiendo amor en cada latido de su dañado  pero hermoso corazón.