Una bonita canción…

Cuídame

Cuida de mis labios,
Cuida de mi risa.
Llévame en tus brazos,
Llévame sin prisas.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Pisaré la tierra que tú pisas.

Cuida de mis manos,
Cuida de mis dedos.
Dame la caricia,
Que descansa en ellos.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Yo seré la imagen de tu espejo.

Cuida de mis sueños,
Cuida de mi vida.
Cuida a quien te quiere,
Cuida a quien te cuida.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Yo seré el abrazo que te alivia.

Cuida de mis ojos,
Cuida de mi cara.
Abre los caminos,
Dame las palabras.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Soy la fortaleza de mañana.

Jorge Drexler-Pedro Guerra

Cuidame – Pedro Guerra y Jorge Drexler

Gracias a Luisina por quien la descrubrí

Los niños pequeños también sienten dolor. ¡Evítelo!-Juan Casado-Elmundo.es.Salud

Stringer | Reuters)

Un niño chino es atendido en un hospital en Hefei. (Foto: Stringer | Reuters)

Desde que nacen los niños están expuestos al dolor, algunos incluso a enfermedades crónicas o procedimientos repetidos necesarios para diagnosticar o para curar enfermedades diversas, procedimientos o técnicas que en sí mismas son dolorosas.

En las primeras horas o días de vida los recién nacidos sufren pinchazos en el talón, en los músculos o en las venas para realizar análisis o descartar enfermedades metabólicas y otras. En las primeras cuatro semanas de la vida algunos son incluso circuncidados y a las niñas se les perfora el pulpejo de la oreja, sin anestesia ni sedación. Todos los lactantes reciben múltiples inyecciones intramusculares, a veces varias simultáneamente, a lo largo de los primeros meses de la vida, única forma de administrar las vacunas, imprescindibles para evitar enfermedades. Todos estos procedimientos causan dolor porque las vías nerviosas que perciben, transmiten y sienten dolor en el cerebro están ya maduras desde antes de nacer. Por eso los niños, incluso los más pequeños, lloran intensamente cuando los adultos les proporcionan dolor, aunque estos generalmente consideran que es poco llanto, poco dolor o que pronto olvidan esta experiencia. [Leer más...]

Portabebés y Embarazo- Artículo de Red Canguro

Copio este artículo publicado en Red Canguro.  Podéis verlo aquí

Hemos comentado muchas veces lo útil que son los portabebés cuando se tiene más de un hijo. Llevar al pequeño cargado nos permite libertad para atender a los hijos mayores, lo que contribuye a evitar el sentimiento de “príncipe destronado” del que hasta ese momento era el centro de atención de la casa.

Pero hasta que el bebé nazca y lo podamos llevar confortablemente en un portabebé surge la pregunta: ¿Puedo seguir llevando al otro niño en un portabebé si estoy embarazada?

Aquí tenéis unos consejos para ayudaros a evaluar vuestro caso personal y disipar algunas dudas si queréis usar portabebés durante el embarazo. Estos consejos están pensados para el fular, por ser el portabebé más versátil y el que mejor reparte el peso; si usas otro portabebé puedes adaptar estos consejos siempre y cuando tu portabebé te lo permita. [Leer más...]

Aúpa-Por María Paula Cavana

“EN BRAZOS: la importancia del contacto físico y del apego

Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
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Semana Internacional de la Crianza en Brazos

Semana Internacional de la Crianza en Brazos

Del 12 al 18 de noviembre de 2008

No existe nada más dulce para una madre que el tener a un hijo en brazos, sentir su calor, su olor y estar en estrecho contacto. Tal vez por esa razón, y desde hace siglos, mujeres de todo el mundo han llevado a su hijos en los más variados tejidos, incorporando esta tradición a su propio legado cultural y transmitiendo por generaciones tan bella práctica.

Por esta razón, la Red Canguro, y junto a ella varias organizaciones sin fines lucrativos de todo el mundo, dedicadas al mismo objetivo, festejarán del 12 al 18 de noviembre la Semana Internacional de la Crianza en Brazos 2008 bajo el lema: Celebrando llevar a nuestros hijos.

Durante estos días, se celebrarán, promoverán y explicarán los beneficios de llevar a los hijos en portabebés; se realizarán charlas, presentaciones locales de la Red, desfiles y exposiciones sobre la crianza en brazos con el objetivo de hacer partícipes a padres y madres interesados en el tema y promover entre el público general el uso de portabebés.

En España, el 15 de noviembre se realizará un encuentro de ámbito nacional en Madrid para reunir a “papás y mamás por el uso de portabebés”, en el que podrán participar todas las familias que se identifiquen con los objetivos de la Red Canguro.  Así mismo, en diferentes zonas geográficas donde la Red Canguro tiene representación, se celebrará esta Semana Internacional de la Crianza en Brazos con otros encuentros a nivel local y provincial.

Para mayor información se puede contactar con la Red Canguro a través de su página web: www.redcanguro.org , en el email de contacto: redcanguro@gmail.com o en el teléfono 606 420 529 (Nohemí)

La Red Canguro está compuesta por mamás y papás de toda España

con el objetivo de promover el uso de portabebés

y compartir experiencias con otros padres que apoyen la crianza en brazos.

Cólicos del Lactante

¿Qué es el cólico del lactante?

El cólico del lactante es un problema común que puede afectar a los bebés en sus primeras semanas de vida y uede durar entre 3 y 4 meses. El niño con cólico llora de manera intensa e inconsolable alrededor de 2-3 horas al día más de 3 días a la semana y que suelen aparecer por la tarde-noche. El bebé estira y encoge las piernas, muestra una expresión de dolor, ventosea (lo que, a veces, le alivia)… El niño con cólico es un niño sano cuyo llanto es percibido como excesivo por los padres que no encuentran la manera de evitarlo.

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"El cerebro del bebé"-Entrevista a Sue Gerhardt en "Redes"-TVE2

El programa completo se puede ver  aquí

Eduard Punset:

Tu mensaje principal es que la mejor manera de abordar las enfermedades mentales, incluso la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los niños, algo que no hemos hecho adecuadamente.

Sue Gerhardt:

Bueno, mi mensaje principal es que hay que ocuparse de los bebés, y ahí estriba la verdadera dificultad, porque de alguna manera no logramos dar suficiente importancia a los bebés; hablamos de los niños, y muchos hablan de los niños pequeños, pero casi nunca se habla de los bebés. Y creo que la primera infancia es en realidad la base de la salud mental. Por eso debemos atender mucho más a lo que sucede en ese período.

Eduard Punset:

Porque dices que los primeros años tienen una importancia enorme.

Sue Gerhardt:

Crucial, sí.

Eduard Punset:

¿Por qué? ¿Por qué los primeros dos años?

Sue Gerhardt:

Los primeros dos años, y también el período en el útero, del cual yo no hablo en mi libro, pero que según los últimos descubrimientos desempeña un papel fundamental. Pero, ciertamente, desde el momento del nacimientohasta los dos o tres años, se desarrollan muchos sistemas importantísimos en el cerebro, especialmente los que utilizamos para gestionar nuestra vida emocional: la respuesta al estrés, por ejemplo. Los diferentes circuitos bioquímicos cerebrales en el cerebro superior, concretamente en la región orbitaria frontal, se empiezan a desarrollar en ese. [Leer más...]

¿Reciben los niños suficientes abrazos?-Natalia Suárez Acero

Los estudios demuestran que toda cría mamífera necesita un contacto físico constante.  La cría humana, por nacer más inmadura, aún más.  ¿Reciben los bebés todo el contacto que necesitan?

¿Reciben los bebés suficientes abrazos?

Los científicos saben bien que todas las crías de mamíferos necesitan un mínimo de contacto para lograr un desarrollo normal. Los cachorros necesitan ser lamidos, o tocados en el caso de los primates, para alcanzar una madurez adecuada. Se han hecho experimentos con roedores y con monos a los que se les privaba de contacto físico, únicamente recibían alimento, y al crecer se convertían invariablemente en adultos anómalos, incapaces de socializarse de manera adecuada ni de cuidar de forma eficiente a sus propias crías. (De hecho, en francés existe la expresión `un oso mal lamido´ para referirse a alguien insociable o de trato difícil.)

Por desgracia este experimento se hizo también con humanos: el emperador Federico II ordenó que varios bebés fuesen aislados y recibiesen tan sólo alimento y cobijo de sus cuidadoras, prohibiendo que les dirigiesen la palabra o cualquier muestra afectiva, con el fin de averiguar en qué idioma hablarían primero. Todos murieron.

También a comienzos del siglo veinte, el pediatra americano Fritz Talbot, alarmado por la elevada mortalidad de los menores de 2 años en clínicas y orfanatos, donde teóricamente los bebés disponían de cobijo y alimento, viajó a una clínica alemana donde los niños diagnosticados con marasmo ( enfermedad de origen desconocido que se caracterizaba por pérdida de peso, abatimiento y desgana entre otros síntomas, y que acababa con la vida de un alto porcentaje de ellos) lograban sobrevivir. Allí halló a una mujer, Anna, corpulenta y ya mayor, que acarreaba permanentemente unos cuantos pequeñuelos. Cuando los niños perdían las ganas de vivir y comenzaba este proceso, Anna los llevaba en contacto con ella a todas horas, contraviniendo las normas que imperaban en la época que decían que a los niños debían cogerles lo mínimo necesario para su higiene y alimentación para que no se echaran a perder.

Los niños de Anna sobrevivían siempre, y Fritz talbot quedó tan impactado que a partir de entonces se dedicó a difundir la idea de `atención amorosa´.

Más recientemente, el New York Times ha publicado un artículo sobre el papel crítico del contacto en el desarrollo infantil en el que se menciona `el estancamiento psicológico y físico de niños privados de contacto físico aunque por lo demás bien alimentados y cuidados´ (Goleman, 1988).

La cuestión es ¿reciben los niños occidentales el suficiente contacto físico para completar su desarrollo de forma satisfactoria? ¿Cuánto contacto exactamente se necesita para crecer sano emocional y afectivamente?. No lo sabemos, lo que sí sabemos es que en nuestra civilización desde hace unos cien años se hacen las cosas de manera muy diferente con los bebés a como se ha hecho siempre. Pertenecemos a una de las pocas culturas del mundo donde en la actualidad lo general es que los niños duerman solos, incluso en habitaciones separadas desde la más temprana edad. Donde muchos bebés van de la cuna al carrito y del carrito a la hamaca durante meses con el fin de que no se acostumbren a ser cogidos. Cuando damos un paseo de tres horas llevando al bebé en un carro, aunque nos parezca que hemos pasado la tarde con él, podemos tener por seguro que la sensación del bebé ha sido de no-mamá durante todo ese tiempo. Algunos además, pasan más de ocho horas al día en guarderías donde existe una cuidadora por cada ocho niños.

En España, los índices de lactancia, un modo de alimentación que asegura un saludable contacto `piel a piel´, son todavía muy inferiores a los de otros países, y algunos `expertos´ de gran difusión aseguran que lo mejor es ignorar sus llantos cuando los bebés, como inteligentes mamíferos cuyo instinto les dice lo que necesitan, luchan para cambiar eso. Parece que se está haciendo con los niños un gran experimento de resultados inciertos.

Cuando una mamá humana tiene un hijo, montones de expertos, familiares bienintencionados, y fabricantes de artilugios para bebés tratan de influir sobre ella utilizando todo tipo de argumentos. La mamá humana quiere a su pequeño con locura y quiere darle lo mejor, pero duda entre tanta información contradictoria, así que puede que se decida por una determinada tendencia o puede que varíe su forma de hacer las cosas en su búsqueda de la crianza óptima, y sufre mucho pensando si lo estará haciendo bien o no. Un día se fija en los animales: las gallinas, las vacas, las musarañas y las leonas, que siguen su instinto ancestral y son madres perfectas. Jamás dudan, jamás actúan de manera arbitraria o incoherente y desde luego, nunca malcrían a sus hijos consintiéndoles demasiado o alejándolos antes de que estén preparados. Su aportación de contacto físico es continua, tal y como les dicta su instinto. También del mismo modo siguen su instinto otras madres humanas en algunos sitios del planeta, donde los bebés son llevados a la espalda, duermen siempre en compañía hasta que son los suficientemente mayores para arreglárselas solos, las lactancias son prolongadas y sus llantos siempre son atendidos, tal es el caso de los ¡kung en África o de algunas tribus inuits del Norte de Canadá. En estas tribus, por cierto, los casos de cólicos son casi inexistentes y la salud emocional de sus individuos es notablemente superior a la de la media occidental.

Como conclusión parece ser que tocar, coger y abrazar a los bebés es una de las mejores cosas que se pueden hacer para garantizar su correcto desarrollo emocional y afectivo y toda una inversión para el futuro: está escrito en el instinto de cualquier mamífero saludable. Así que, como alguien decía una vez `cree en el llanto de tu hijo, abrázalo, consuélalo, tenlo cerca de ti y no le niegues ni un solo abrazo, ni una sola vez le escatimes tu contacto, porque para un bebé pequeñito el ansia de ser cogido puede ser tan acuciante como la necesidad de comer ´.

Natalia Suárez Acedo.

Farmaceútica Especialista en Nutrición Infantil

Instructora de Masaje Infantil de la Asociación Española de Masaje Infantil

www.centrotea.com

Estrés en la infancia. Por Linda Folden Palmer, D.C.

¿Qué causa estrés durante la infancia?. Las investigaciones psicológicas y de laboratorio en animales y bebés humanos nos dan varias pistas. Ciertamente, el dolor que proviene de condiciones médicas desafortunadas puede crear estrés. También lo puede crear el dolor proveniente de reacciones sensibles a la leche de fórmula o a los alimentos que “pasan” a la leche materna. El abuso físico y el descuido extremo provocan un elevado grado de estrés, pero los efectos de esos casos severos no son el objeto de este texto.

Incluso una separación de la madre por un corto espacio de tiempo conduce a un elevado nivel de cortisol en los niños, indicativo de estrés(1,2). De hecho, después de un día completo de separación, los cachorros de rata muestran una alteración cerebral de la organización de los receptores(3) químicos. Un estudio similar sobre ratas reveló que un día sin la madre doblaba el número normal de muerte de células cerebrales(4). Los hallazgos en animales demuestran que el aislamiento de la madre, la reducción de la estimulación por contacto físico y la retención de la lactancia materna tienen consecuencias bioquímicas permanentes en el cerebro. Correlacionando estos hallazgos con las investigaciones sobre comportamiento humano, encontramos qué acontecimientos conllevan a un estrés crónico y a sus consecuencias permanentes:

-Dejar llorar al niño sin atención ni afecto de los padres.

-No alimentar al bebé cuando está hambriento

-No reconfortar al bebé cuando está perturbado o acongojado

-Limitar el contacto físico durante la alimentación , a lo largo del día y durante las partes más estresantes de la noche.

-Bajos niveles de atención humana, estimulación, “conversación” y juego.

Cuando esto ocurre con regularidad, puede desembocar en liberaciones crónicas de altos niveles de hormonas de estés, así como bajos niveles de hormonas favorables. Todas estas prácticas vienen siendo promovidas durante el último siglo en forma de horarios planificados de comidas, “no malcríes al bebé”, alimentación con biberón y separación física de día y de noche.

Mientras que es evidente que la carga genética y las experiencias vitales influyen en el comportamiento, se ha demostrado que las experiencias durante la infancia tienen el más fuerte y persistente efecto en la regulación hormonal respuesta al estrés, y comportamiento adultos(5). Las investigaciones han demostrado que altos niveles de contacto físico temprano y grado de reacción maternal pueden mitigar la predisposición genética a reacciones extremas de estrés.(6)

La investigadora en biología psicología Megan Gunnar y sus colegas hicieron estudios en niños que confirmaron los hallazgos en las investigaciones sobre animales. En su trabajo, niños de tres meses que recibieron cuidados con alto grado de reacción produjeron menos cortisol. Asimismo, niños de dieciocho meses clasificados como poco apegados ( que recibieron un cuidado con menor grado de reacción) revelaron elevados niveles de hormona de estrés(7). Los mismos niños a los dos años de edad continuaron mostrando elevado niveles de cortisol y se mostraban más temerosos e inhibidos: de nuevo, los niños que habían recibido un menor nivel de sensibilidad maternal(8). Otras investigaciones han confirmado esos hallazgos(9). La Dra. Gunnar informa que el nivel de estrés experimentado en la infancia condiciona permanentemente la respuesta al estrés en el cerebro, lo cual afecta a la memoria, la atención y las emociones(10).

Cortisol y estrés

El eje HPA (hipotálamo – pituitaria – adrenocortical), una relación entre órganos específicos del cerebro y las glándulas adrenales, es el centro regulador de las reacciones de estrés. Mientras que varias hormonas dirigen las reacciones de estrés, a menudo en relación unas con otras y con algunas de ellas jugando más de un papel, el cortisol es probablemente la más típica de las hormonas de estrés. Esto es objeto de varios estudios recientes. Durante el estrés, las hormonas de estrés se liberan bajo el control del eje HPA. El cortisol puede elevar la presión sanguínea y las pulsaciones, incrementar el azúcar en sangre e interrumpir las funciones digestivas y renales. Las respuestas de norepinefrina y de cortisol están conectadas. Ambas se liberan en reacción a la excitación, el ejercicio y el estrés. Ambas incrementan las pulsaciones, el azúcar en sangre y la actividad cerebral. Se ha cuestionado cómo la segregación en oleadas de norepinefrina durante momentos de afecto, y de juego pueden promover el aprendizaje en los niños ( algunas personas pueden recordar cómo ocasionalmente memorizaron mejor bajo el estrés y la excitación del último minuto de estudio), así como la vinculación (puesto que se da vinculación entre niños y adultos cuando comparten actividades excitantes).

Sin embargo, la exposición crónica a estrés negativo causa niveles elevados crónicos de cortisol, en lugar de oleadas, que tienen un efecto positivo. Niveles elevados crónicos de cortisol en niños y los ajustes hormonales y funcionales que les acompañan, se muestran asociados con cambios permanentes en el cerebro que conducen a reacciones elevadas al estrés a lo largo de la vida, así como a presión sanguínea y pulsaciones elevadas(11). Esta respuesta elevada comienza muy temprano. Los niños expuestos regularmente al estrés ya muestran elevadas y más sostenidas liberaciones de cortisol en respuesta a las situaciones de estrés(12). Las liberaciones ocasionales de cortisol a lo largo del día pueden ser beneficiosas pero los niveles continuamente elevados de hormona de estrés en la infancia derivados de un ambiente estresante están asociadas con efectos negativos permanentes en el desarrollo cerebral. Algunas teorías de la evolución van más lejos y sugieren que las reacciones elevadas de estrés que aparentemente llevan a una conducta agresiva y a una pubertad temprana, sirven a un propósito, ayudando a la supervivencia de la especie durante las sequías, guerras y otras penalidades.

Los estudios demuestran que los niños que reciben afecto físico frecuente tienen menores niveles de cortisol(13), mientras que los estudios psicológicos sobre el apego revelan altos niveles de cortisol en los niños poco apegados(14,15). Las mujeres que dan de mamar producen niveles significativamente menores de hormona de estrés que aquellas que alimentan al niño con biberón(16).

Consecuencias del estrés infantil

Sin un contacto cercano regular con su cuidador, el niño no sólo sufre de unos niveles altos de hormonas de estrés, sino que además se beneficia en menor medida de las liberaciones de oxitocina y de otras influencias bioquímicas positivas. El entorno bioquímico impuesto en el cerebro infantil durante las fases críticas de su desarrollo, afecta de forma permanente(17) a la anatomía y al funcionamiento del cerebro. Un entorno bioquímico pobre en el niño, desemboca en una disminución de sus habilidades intelectuales, emocionales y de conducta para el resto de su vida.

Tal como se ha descrito, un cerebro desarrollado en un entorno estresante, sobre-reacciona ante las situaciones estresantes y controla de forma peor las hormonas de estrés a lo largo de su vida. Los niveles de cortisol y otras hormonas de estrés son habitualmente elevados en estos individuos. Cuando son adultos, pueden mostrar una conducta “tipo-A”, que está asociada con un alto riesgo de enfermedades cardiacas y diabetes. Un psiquiatra demostró que las consecuencias sobre la salud de los adultos que tuvieron una crianza emocionalmente restrictiva (alta presión sanguínea y elevados niveles de cortisol) se asemejan mucho a aquellos adultos que perdieron a sus padres en la infancia(18). Los efectos, sin embargo, van más allá de la presión sanguínea y de su manejo del estrés.

El hipocampo, una estructura importante en el aprendizaje y la memorización, es la zona del cerebro donde el desarrollo se ve afectado por los niveles de hormonas de estrés y de vinculación. El nivel de las hormonas de estrés que circulan en un niño afecta al número y tipo de receptores de dicha zona(19). También se ha demostrado que las células nerviosas del hipocampo se destruyen como consecuencia del estrés crónico y de niveles elevados de hormona de estrés, produciendo como consecuencia déficits intelectuales(20). Han podido demostrarse déficits de memoria y de aprendizaje espacial en ratas que sufrieron estrés prolongado durante la infancia(21). De forma similar, los niños con la puntuación más baja en los tests mentales o de habilidad motriz son aquellos con niveles más elevados de cortisol en su sangre(22).

El desarrollo prematuro de la pubertad también ha sido asociado a niveles significativamente altos de cortisol y de otros indicadores de estrés(23). Este estudio adicionalmente informa de que estos niños padecen más depresión, más problemas de comportamiento y puntuaciones de inteligencia más bajas. De nuevo, los estudios de laboratorio confirman plenamente los estudios psicológicos sobre el apego. Además, la pubertad prematura incrementa el riesgo de desarrollar cáncer.

En individuos que sufren desórdenes ansiosos, anorexia nerviosa y depresión, el exceso de producción de cortisol es un hallazgo importante(24). La sobre-secreción de hormonas de estrés también se ha visto implicada recientemente con la obesidad, la enfermedad de Alzheimer(25) y los síntomas de envejecimiento acelerado(26). Los estudios en animales han demostrado una debilitación del sistema inmunológico en las crías sujetas al estrés causado por la separación prolongada de la madre(27,28), lo cual coincide con el incremento de la incidencia de enfermedades demostrado en los niños criados con menos apego.

Los comienzos

Se ha escrito mucho acerca de los primeros momentos tras el nacimiento de un bebé. El niño ( si no está enteramente intoxicado por los medicamentos utilizados en el parto) tiene la carga necesaria de hormonas segregadas durante el parto para nacer bien despierto y alerta durante un corto espacio de tiempo. Durante este tiempo, tienen lugar la impronta inicial. Ya familiarizado con las voces de los padres, el bebé, quien puede distinguir los rostros de objetos y de otras partes del cuerpo, mantiene la mirada fija en los ojos de sus padres, como para grabar sus imágenes para toda la vida. Reconoce el olor del líquido amniótico, que es tanto un olor propio como de su madre. Su temprana programación guía su boca a buscar y encontrar un nuevo método físico de nutrición materna, y es inmediatamente atraído por el olor específico de los pechos de su madre, que ahora sustituyen al cordón umbilical. El recién nacido, que apenas es capaz de mantener la temperatura de su cuerpo, encuentra una ideal y confortable regulación de la temperatura en el contacto con el cuerpo cálido de mamá. Habiendo conocido tan sólo el confinamiento seguro en el útero, se siente cómodo en contacto con un cuerpo cálido o en la seguridad de los brazos, y llorará con fuerza, incómodo y ansioso si se le deja en una superficie dura y fría. Con el primer sorbo del alimento concentrado proveedor de anticuerpos y escuchando el familiar latido y los sonidos del cuerpo de su madre, el bebé pronto cae en un apacible sueño e incluso los ritmos de su latido y respiración se regulan por los ritmos maternos. Mientras duerme, sus primeros sorbos de calostro y su respiración establecen la flora saludable en el tracto digestivo, proporcionando defensas contra los microbios que le rodean.

Aunque no está todo perdido si la vida de un niño no comienza de esta manera, esta es la primera oportunidad de apego y la primera elección que hacemos respecto a la salud del bebé. Hay una larga vida por delante para los padres y el niño, y varias direcciones que puede tomar la familia. Mientras que el niño nace dotado por la naturaleza con la semilla de cierto potencial, el estilo de crianza de los padres, influirá en gran medida en la probabilidad de realización de dicho potencial en beneficio o detrimento del niño, su familia y la sociedad.

La vinculación

Las investigaciones acerca de la influencia de los métodos de crianza en los factores bioquímicos, demuestran que con una crianza sensible, el cuerpo produce sustancias que ayudan a que los padres se muestren cada vez más afectivos, cariñosos y vinculados a sus hijos y que los hijos estén estrechamente vinculados a sus padres. A lo largo del tiempo, esta vinculación deviene amor y respeto. Sin duda alguna, estas sustancias químicas se predisponen de forma permanente en el cerebro del niño hacia comportamientos positivos más adelante hacia el desarrollo de un fuerte y duradero apego. En cualquier caso, la mayor lección que extraemos de estos estudios es que mientras que la naturaleza tiene un plan muy bueno, fallar en su seguimiento puede derivar en resultados indeseables. En otras palabras, cuando los padres acatan su instintivo deseo de disfrutar de un contacto cercano con sus niños, alimentándoles de forma natural y respondiendo rápidamente a sus necesidades y deseos (que en el bebé son exactamente lo mismo) están desarrollando a futuros adultos responsables y sensibles. Desatender a un niño hace que los mensajeros químicos disminuyan rápidamente y, como resultado se cree un vínculo endeble y la crianza se torna algo arduo y poco exitoso. A su vez, el niño manifiesta los efectos del estrés. Además, las reacciones de estrés y otros comportamientos en el niño y el adulto que será, se ven permanentemente alterados. Otros aspectos del intelecto y de la salud también se pueden ver afectados.

El increíble, extenso e innato sistema humano de recompensas hormonales al contacto físico y emocional cercano, amoroso y consecuente entre padres e hijos y sus increíbles consecuencias, combinadas con los hallazgos de las investigaciones psicológicas acerca del apego, proveen de una abrumadora evidencia para reflexionar sobre la clase de crianza que planificamos para un niño, al menos para mí. Una vez oí a un anciano pediatra decir a una madre, con fuerte desaprobación porque su hijo le pedía, aferrado a ella, que le cogiera en brazos: “Todo comienza el primer día que le coges en brazos cuando llora”. Mi única respuesta a esto es: “En efecto, así es”

LA IMPORTANCIA DE LA FASE EN BRAZOS Jean Liedloff


Durante los dos años y medio en los que estuve viviendo con los indios de la edad de piedra en la jungla de Sudamérica (no todos seguidos, sino en cinco expediciones separadas con mucho tiempo entre ellas para reflexionar), pude darme cuenta de que la naturaleza humana no es lo que se nos ha hecho creer que somos.

yekuanaLos bebés de la tribu de los Yecuana, más que necesitar paz y sosiego para dormir, dormitaban embelesadamente cuando se sentían cansados, mientras que los hombres, mujeres o niños que los acarreaban, bailaban, corrían, andaban, gritaban o impulsaban las canoas. Los niños jugaban juntos sin pelearse o discutir, y obedecían a los mayores instantánea y diligentemente.

La idea de castigar a un niño aparentemente nunca se les ocurrió a esa gente, ni su comportamiento mostró nada que pudiera llamarse verdaderamente permisividad. Ningún niño habría soñado en interrumpir, incomodar o ser mimado por un adulto. Y, sobre los cuatro años, los niños contribuían más en las tareas de la familia que lo que precisaban de ella.

yekuanaLos bebés en brazos casi nunca lloraban y, de una manera fascinante, no movían sus brazos, protestaban, arqueaban su espalda ni flexionaban sus brazos o piernas. Se sentaban tranquilamente en sus bandoleras o dormían en la cadera de alguien, desmintiendo el mito que los niños deben “hacer ejercicio”. Además, nunca sufrían de vómitos, excepto si estaban muy enfermos, y no tenían cólicos. Cuando se asustaban durante los primeros meses de gatear o andar, no esperaban que nadie fuera hacia ellos, sino que iban por sí mismos hacia su madre u otros cuidadores para confirmar la necesidad de sentirse seguros antes de continuar sus exploraciones. Sin supervisión, incluso los más chiquitines casi nunca se hirieron. [Leer más...]