¿Es bueno para nuestros bebés ser porteados?

Os copio el excelente artículo de mi amiga Elena de Monitos y Risas

Desde que soy mamá me he conectado con mi parte más “animal”, en el “buen” sentido de la palabra. Me parece importante no perder de vista lo que somos, mamíferos, y tenerlo en cuenta a la hora de tomar decisiones respecto a nuestra forma de vida y, cómo no, de Crianza.
Entonces, ¿es realmente bueno para nuestros bebés ser portados, desde este punto de vista? En estos tiempos que corren, el instinto lo solemos tener enterrado entre un montón de información, costumbres, prejuicios, opiniones… Y muchos de nosotros necesitamos tener algo “tangible” a lo que agarrarnos, algo “científico” que argumentar si nos preguntan…o nos preguntamos (que no siempre vienen las dudas de fuera). Yo soy de las que necesitan que la cabeza respalde al corazón. Y por eso, en su momento busqué la respuesta a esa pregunta, ¿es realmente bueno para nuestros bebés ser portados? Este artículo es una recopilación y elaboración de lo que encontré.


Los mamíferos, hasta los años 70, se clasificaban en nidícolas (especies “de madrigura” o “de escondite”) y nidífugos (especies “de manada” ). Esta clasificación zoológica, si bien se aplica a todos los animales, se usó originalmente para clasificar aves según la clase de nidificación. Las nidíf ugas, o precociales, son las que, de polluelos, tras romper el cascarón, abandonan enseguida el nido: se les seca el plumón rápidamente, se desplazan por sí mismos y picotean alimento por sus propios medios. La madre se limita a ser guía, protección y modelo de conducta. Un ejemplo que tenemos bastante presente son las gallinas. Las nidícolas, o altriciales, se mantienen dentro del nido bastante tiempo después de haber roto el huevo. Nacen ciegos, desnudos e inmóviles. Lo único capaces de hacer es piar mientras abren el pico, en el que los progenitores, madre y/o padre, depositan la comida, pre-digerida por ellos mismos. Además, sus padres también tienen que proporcionarles calor. Poco a poco, estos polluelos van creciendo y evolucionando hasta que llega un día en que, enseñados y provocados por los adultos, finalmente abandonan el nido. Esta necesidad tan intensa de cuidados implica una redu cción en el número de crías, así como un mayor contacto entre generaciones que lleva implícito una mayor organización social. También tiene como consecuencia y/o causa un mayor desarrollo del sistema nervioso central y periférico. Ejemplo de este tipo de aves son los buitres, que suelen tener un único polluelo al que crían y cuidan constantemente durante dos meses, y que hasta los 3 meses y medio no abandonará el nido.
Como decíamos, esta clasificación es similar para los mamíferos, aunque la mayoría no tenga nido propiamente dicho. La gran diferencia entre los mamíferos y las aves es la gestación intrauterina (en la mayoría de los casos) y la alimentación inicial de los nacidos mediante la leche materna. Entre los mamíferos, aquellos con un sistema nervioso de desarrollo relativamente simple y rápido nacen indefensos, son los nidícolas (o especies “de madriguera”). Los recién nacidos son totalmente dependientes de un cuidado materno constante y en todos los ámbitos. Muy dependientes, pero por poco tiempo. Sus gestaciones, la lactancia, la maduración hasta la capacidad reproductiva y, con ello, la repetición del ciclo, son aceleradas. Además, cada camada suele ser numerosa. Los bebés permanecen en el nido, su entorno seguro, ya que no son capaces de desplazarse por sus medios; son prácticamente ciegos y sordos (tienen los ojos y el interior de los oídos cerrados), además de incapaces de mantener su temperatura corporal de un modo constante (en esto ayuda mucho tener hermanos que te den calor). Están tranquilos en ausencia de la madre y en compañía de los hermanos; su seguridad depende del silencio, ya que cualquier depredador podría hacer presa fácil, ya que no son capaces de huir por sus propios medios, ni de percibir claramente la amenaza. La leche materna sacia mucho, pueden estar sin ser alimentados mucho tiempo, permitiendo a la madre abandonar el nido en busca de comida. Incluso, estos bebés no evacuan por sí mismos, ya que el olor de las heces y orines podrían delatarles. Cuando llega su madre, les estimula mediante un masaje realizado a lametones, y entoces defecan. Los roedores pertenecen a este grupo. (más…)

Bebés: la imaginación al poder -Entrevista de Punset en "Redes" a Alison Gopnik

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Redes 47: “Bebés: la imaginación al poder” se emitió el domingo 29/11/09.

Revolucionan la vida de sus padres cuando llegan, transforman la visión que tenemos del mundo y son una valiosísima fuente de nuevos descubrimientos para la neurociencia: son los bebés. Eduardo Punset habla con la psicóloga Alison Gopnik sobre todo lo que estamos aprendiendo del maravilloso cerebro de nuestros bebés.

Para ampliar:

 

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El Cerebro del bebé- Sue Gerhardt

LA Química del Apego- Linda Palmer

 

Neuropsicología y Lactancia

La lactancia materna y el comportamiento maternal existen desde que el ser humano está en la Tierra. No tenemos que justificar sus beneficios y ventajas como si fueran el lujo que debemos alcanzar, pero sí que debido a la moda de hace unas décadas de sucedáneos de la leche materna, ha ido creciendo últimamente el número de investigaciones al respecto. Por otro lado, el profundizar en las raíces de los trastornos mentales y la salud nos ha llevado a mayor conocimiento de las funciones fisiológicas relacionadas con el maternaje.

Partimos de la base que una mujer se siente madre desde el momento de saberse embarazada. Esto ha podido encontrar su reflejo en la biología: según unos estudios llevados a cabo con ratas por investigadores en Singapur, China y Japón, las células del bebé durante el embarazo emigran al cerebro de la madre, sin saber aún cómo, atraviesan la barrera hematoencefálica y se agrupan en aquellas zonas cerebrales con daño. Parece ser que estas células fetales son precursoras de otras células (neuronas, astrocitos, oligodendrocitos, macrófagos) y pueden permanecer en el cuerpo de la madre hasta 27 años después del nacimiento (Xiao-Wei Tan et al, 2005). En nuestro país, el equipo de Natalia López Moratalla ha llegado a los mismos descubrimientos. Por lo tanto, podemos afirmar que el bebé siempre estará presente en la madre, cambiando la neurobiología cerebral y que el vínculo madre-bebé está ya programado.
Por otro lado, se ha comprobado que la conducta materna se transmite a lo largo de 3 generaciones. Cuanto más cuide una madre a su criatura, mejor cuidará ella de sus nietos.

A lo largo del embarazo, el cerebro de la mujer está inundado de neurohormonas manufacturadas por el bebé en formación y por la placenta. El tamaño del cerebro de la mujer embarazada cambia. No es que pierda células, se encoge por efecto de los cambios metabólicos, para reestructurar los circuitos del cerebro: para convertir carreteras en autopistas, en aquellas áreas que desarrollarán el cerebro maternal.

El cerebro de la madre se prepara para el momento del parto. Cuando se inicia, se inunda de oxitocina, la hormona del amor. El comportamiento maternal se establece en el nacimiento como respuesta de la estimulación de la vagina y el cérvix hacia el cerebro durante el parto. Cuando la cabeza del bebé pasa por el canal del parto, se disparan más aportaciones de oxitocina al cerebro, activando nuevos receptores y creando centenares de nuevas conexiones entre las neuronas. El resultado del parto puede ser la euforia inducida por la oxitocina y la dopamina, así como los sentidos incrementados del oído, tacto, vista y olfato que tanto tendrán que ver con el vínculo con la criatura. Así pues, son pruebas de que el cuerpo y el corazón de la madre están biológicamente programados para acoger al recién nacido. El olor de la cabeza, la piel, el culito de su recién nacido, quedarán químicamente implantados en su cerebro de manera que será capaz de distinguir el olor de su bebé entre otros en un 90% de los casos, según algunos estudios.

Se ha comprobado también que la exposición a otros olores reduce la sensibilidad olfativa, incidiendo, pues, en el reconocimiento de y en la conducta maternal en mamíferos. En estudios con ratas se ha visto que alterar el olor de las crías al nacer se interfiere en la búsqueda del pezón y en la primera succión, pudiendo dificultar la lactancia.
Aunque se ha estudiado en animales, se sabe que las primeras experiencias de relación con su criatura de una madre son responsables de su conducta maternal más allá del periodo postparto. Hay una memoria maternal relacionada con cambios a largo plazo en el cerebro, se ha demostrado una generación de neuronas en las áreas del cerebro responsables.
Existen una serie de hormonas implicadas en el parto y la lactancia: oxitocina, prolactina, adrenalina, endorfinas, dopamina que funcionan también como neurotransmisores. Las estructuras cerebrales implicadas pertenecen al llamado cerebro primitivo.

Se ha podido saber que el cerebro maternal es plástico: se ha demostrado que la experiencia materna altera la neuroquímica, la sinaptogénesis, la gliogénesis y la neurogénesis

Hay una relación muy clara entre lactancia y estrés. Los estudios sugieren un incremento de la modulación cardiaca parasimpática y una disminución de la respuesta cardiaca simpática ante estresores cortos durante la lactancia materna exclusiva. Unos investigadores canadienses dirigidos por Michael Meaney en el 2004 descubrieron que los estímulos corporales vinculados con los cuidados maternales en ratas (lamer y mamar) activan en el cerebro la reproducción de un gen antiestrés (CRH), con el que todos nacemos pero que se haya inactivo. Los autores sugieren que los gobiernos tendrían que promocionar la lactancia materna para salvaguardar la salud mental de sus ciudadanos.

La lactancia materna y los cuidados maternales también influyen en el cerebro del bebé. Las situaciones de estrés hacen segregar cortisol. Un exceso de cortisol influye negativamente en otras áreas del cerebro, en concreto, en el córtex prefrontal. Los bebés nacen con la expectativa de que alguien gestione su estrés: si se les acuna, da caricias, alimento (lactancia!!) se mantienen bajos los niveles de cortisol. Las personas que han sido acariciadas y cogidas en brazos, químicamente han aprendido a “gestionar” su cortisol. Se ha visto que el contacto del bebé con otras personas activa el sistema motivacional del cerebro.

Por otro lado, la relación entre seres humanos puede equipararse con una enfermedad adictiva: la presencia materna, tranquilizadora del recién nacido origina una descarga de opiáceos que suprimen los sentimientos de angustia y producen una sensación de euforia. Por eso, ante la ausencia de la madre, los bebés protestan.

Las primeras experiencias estimulantes, atenciones amorosas y sensibles del primer año de vida pondrán en marcha el sistema oxitocínico del cerebro, responsable de las manifestaciones de ternura, amistad hacia otras personas a lo largo de la vida.

Más cosas sobre el cerebro en desarrollo: el córtex orbitofrontal está relacionado con la “inteligencia emocional”. Se desarrolla en la etapa postnatal y depende de las experiencias del bebé con su entorno. Se desarrolla cogiéndolo en brazos y disfrutando del bebé.

La vista, el olfato, el tacto son fuentes de placer para el bebé, o lo que es lo mismo, son beta-endorfinas y dopamina que estimulan crecimiento de neuronas en esta zona y de tejido cerebral. Así que, un gran número de experiencias positivas da lugar a más conexiones cerebrales, por lo tanto, más rendimiento y más habilidad para usar áreas específicas del cerebro.
Y aún hay más. La dependencia del bebé con su madre facilita un fuerte vínculo social que genera la actividad bioquímica que ayuda al desarrollo de las conexiones neuronales y al crecimiento del cerebro. Los vínculos sociales protegen de las reacciones de miedo y ansiedad, ya que el vínculo desarrolla el contacto entre el córtex prefrontal y la amígdala, relacionada con el miedo.

El dar de mamar inactiva la respuesta de estrés de la madre; su amígdala segrega menos hormona liberadora de corticotropina; la prolactina también da tranquilidad. El estado de la mente mientras da de mamar le proporciona más capacidades para calmar al bebé y mantener su estrés bajo control.
Por otro lado, dar el pecho proporciona ácidos grasos esenciales. Estos intervienen en la producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. Se ha relacionado bajo nivel de estos ácidos grasos con la depresión.
Estos son sólo algunos datos que nos demuestran una vez más que la maquinaria humana está perfectamente diseñada y que lo que tendríamos que hacer es permitir, crear el espacio, para que ella misma siga su fisiología. Pero también se sabe que una infancia desgraciada no determina la felicidad en la vida, que los humanos, el cerebro, siempre tiene capacidad para resistir cualquier acontecimiento por duro que sea.

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Cristina Silvente
Psicóloga perinatal

Sueño Infantil

Sueño Infantil

Uno de los temas que más preocupa a los padres junto a la alimentación del bebé es el tema del sueño. Tanto es así  que uno de los best sellers de nuestro país es el tristemente famoso  libre “Duérmete niño” de Estivill , que promete conseguir que lo bebés duerman “toda la noche”.

¿Es esto posible?

¿Tienen nuestros hijos un problema real del sueño?

¿ O más bien tenemos nosotros un problema al pretender que ellos se amolden a lo que más nos conviene a nosotros???

El tiempo nos ha dado la razón cuando decimos que intentar poner horarios y controlar la lactancia suele resultar en fracaso. Pues algo parecido sucede con el tema del sueño infantil. Podemos comprender cómo duermen los bebés o cerrar los ojos a sus necesidades e intentar por todos los medios que “no molesten” mientras nosotros descansamos.

Por otro lado, es curioso como a los padres que optamos por el colecho (compartir la cama el bebé con uno o ambos padres) todo el mundo se ve en la libertad de criticarnos.  Oímos comentarios como:

  • -“Nunca lo vas a sacar de ahí”
  • “Es malo para su desarrollo”
  • -“Va a arruinar vuestra vida de pareja”
  • -“No es sano”

…  y uno que me hace mucha gracia

  • -“¿Qué te dice el pediatra de que duerma con vosotros?”

Como si al pediatra le importara cómo dormimos en mi casa, del mismo modo que a mi doctora de familia no le importa si mi marido yo dormimos en cama de matrimonio,  en camas separadas o en casas distintas.

Pero esto es otra prueba más de que estamos dejando la crianza de nuestros hijos en manos de profesionales de la enfermedad, porque algunos no se merecen ser llamados profesionales de la salud.

Si te apetece dormir junto a  tu hijo: ¡adelante!, si te resulta más cómodo tenerlo en una cama o cuna separada de tu cama y levantarte a atenderlo: ¡adelante!

Cada familia ha de encontrar cuál es la solución más adecuada en su caso, eso sí,  teniendo en cuenta las necesidades de todos, sobre todo del  más indefenso.

A continuación tenéis una recopilación de textos sobre este tema que espero os sirvan. Por mucho que intente el señor Estivill hacernos ver otra cosa.

Declaración sobre el llanto infantil

Colecho

Margot Sunderland-Colecho hasta los 5 años

Colecho-Recopilación de El Club de la TEta

Cuando el bebé llora de noche-Varios expertos

CUATRO VERDADES ACERCA DEL SUEÑO DE LOS BEBÉS

El llanto infantil y el cerebro.

La Cama Familiar-LLL (Aguascalientes-México)

¿Existe el Insomnio infantil? Meredih Small

Estrés en la Infancia-Linda Folden Palmer


Los bebés llevan escritos en los genes dormir en presencia de los padres

El Método Estivill: el último eslabón de una larga cadena de doctrinas psicológicas y médicas hostiles a la infancia

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La satisfacción del vínculo afectivo en la primera infancia

 

©Nohemi HervadaLa especie humana, cuenta con una característica biológica que lo distingue básicamente de otros mamíferos: la condición de prematuridad.

Esta prematuridad en el momento del nacimiento se ve prolongada durante el primer año de vida aproximadamente (descrita por numerosos autores), y es la condición necesaria para el desarrollo de nuestro neo-cortex (estructura cerebral que permite el desarrollo de funciones intelectuales). Dicha característica inherente a nuestra especie, se traduce en una profunda vulnerabilidad física y emocional que nos convierte en seres absolutamente dependientes de otros humanos adultos. La madre biológica, es habitualmente la que desarrolla el cuidado y atención a la nueva expresión de vida energética, pulsante, viva y sedienta de contención y empatía, que es el bebé humano.

Junto a la vulnerabilidad descrita y vinculada a ella, surge en la pequeña criatura el anhelo de amor incondicional, única garantía que asegura el desarrollo de su integridad física, emocional y más tarde intelectual y social.

Todo un proyecto de vida se presenta por delante: el desarrollo potencial de un ser humano. Pero este sugerente proyecto, está condicionado a la experiencia esencial de los primeros años de vida, en los que se podrá observar un amplio abanico de posibilidades: desde el despliegue progresivo de su capacidad madurativa en un marco saludable de existencia, hasta una serie de obstáculos innecesarios que trunquen su potencialidad y generen sufrimiento. Son muchos los avatares internos y externos de la vida, pero la continuidad de una relación vincular, que tenga capacidad de contacto con su vulnerabilidad y también su enorme potencialidad, suponen un requisito indispensable para su equilibrio emocional estable.

De ahí la importancia de preservar el vínculo madre (o sustituta-o) con el bebé luego niño-a.

En nuestra sociedad se valora la buena atención a la pequeña infancia. Pero se cuida de forma insuficiente la forma de realizarlo. Partiendo de premisas de exigencia socio-laborales se descuida la vivencia emocional de los más pequeños, forzándoles a situaciones estresantes que su biosistema sólo puede tolerar realizando un sobre-esfuerzo adaptativo a los requerimientos del medio y, cuyas consecuencias son poco deseables para el fomento de su salud bio-psico-social.

En concreto hago referencia a las múltiples y variadas “separaciones forzadas” que se ven obligados a soportar antes, de que su organismo en su totalidad, pueda estar maduro para integrarlo. Hasta hace poco, las separaciones se iniciaban en el mismo momento del nacimiento y durante seis largas horas, las primeras de su experiencia post-natal. Hoy en día se continúan realizando en los casos en que quedan ingresados en observación tras el nacimiento, privados de la presencia materna. Y más adelante, continúan viéndose separados y privados del ejercicio necesario de la dependencia, cuando la madre debe reincorporararse al trabajo. Las separaciones forzadas, continúan en la escolarización temprana, cuando todavía su necesidad de socialización no está madura.

Llegado a este punto, conviene reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿ cuál es su vivencia ante tanto sobre-esfuerzo? ¿Cuál su reacción ante las separaciones prematuras y no elegidas?. Los más enérgicos luchan con todas sus fuerzas con el único medio del que disponen: el llanto. Otros han callado al sentir la indiferencia o el silencio a sus demandas. El resultado, es que la necesidad de satisfacer la relación vincular en el bebé y niño-a con respecto al adulto queda, cuando no eliminada, marcada por una profunda insatisfacción y discontinuidad.

Partiendo de la evidente importancia de los primeros años de vida, es esencial que progresivamente vayamos tomando consciencia del sentido funcional que cumple potenciar un adecuado vínculo madre-bebé-niño-a, con capacidad de contacto y empatía con las necesidades de los más pequeños. Este vínculo inicial y satisfactorio con una figura, se irá progresivamente ampliando al padre y otros miembros familiares y sociales, en base a la maduración natural del pequeño.

Si deseamos una sociedad más saludable que la actual, reflexionemos sobre cuáles son los aspectos infraestructurales a reconsiderar susceptibles de cambio, para ir paulatinamente modificando las condiciones sociales y personales que impiden un desarrollo saludable de los más pequeños.

No se trata de adaptar la pequeña infancia a la sociedad.
Sino de adecuar ésta a la difícil escucha de sus necesidades legítimas

en base al respeto por el proceso de desarrollo de su propio ritmo natural.

Yolanda González
Psicóloga clínica
Autora del libro “Amar  sin miedo a Malcriar”
Especialista y formadora en Prevención Infantil.
Presidenta de A.P.I.R.
yolanda.glezv@gmail.com