El abrazo materno no es un método

en la piel del padre

El pasado 2 de junio salió en El Pais un artículo  que está circulando por nuestras redes.   Las personas no informadas pensarán, que qué bien, que la criatura esté con su padre y no en manos de un personal sanitario que le aplica un protocolo de inspección clínica.

 Y yo creo desde luego que es un mal menor para la criatura.

La pregunta es ¿por qué no se hace el tipo de cesárea con anestesia epidural que se ha comprobado permite estar consciente y recibir ella misma a su bebe?

Piel con piel

Nils Bergman (2002) dice que para la criatura al nacer sólo hay dos situaciones posibles, que resume con un juego de palabras:  ‘mother’  y  ‘other’ (‘madre’ y ‘otros’);  y lo hace para trazar una  línea divisoria que deja claramente definido el único hábitat que la criatura reconoce como adecuado y tranquilizador, el cuerpo de su madre;  y que el estar sobre cualquier cosa o persona que no sea su madre no lo reconoce y le produce stress.   Bergman insiste en ello aunque es obvio que los grados de stress pueden ser muy diferentes,  y la gravedad de los impactos correspondientes también; y que es mejor que escuche voces familiares, aunque su principal fuente sensorial, el olfato, esté recibiendo señales irreconocibles.

Creo que si Bergman centra su explicación en la dicotomía mother/other (madre/otros), es porque si dedicamos nuestro esfuerzo y nuestro trabajo a reducir el mal menor del  ‘other’,  podremos incluso sin quererlo,  estar de hecho participando en el mantenimiento del mal esencial,  la eliminación de la madre, por utilizar una expresión de Odent.

Lo peor de la dominación y del sistema represivo no es la conducta que impone sino la que impide que se desarrolle.  (Lo segundo peor es que la devastación se produzca de manera invisible, porque entonces no se puede actuar conscientemente para evitarla).

Y lo que se impide con la eliminación de la madre es el normal desarrollo del sistema neuro-endocrino-muscular del que depende todo el metabolismo basal  de la criatura recién nacida,  convirtiendo un proceso natural en un proceso patológico (Bergman 2005).  Además, al bloquear el sistema de la criatura, también se bloquea el de la madre con lo que también se bloquean los sistemas de retroalimentación y autorregulación  mutuos.  En cambio la introducción de la patología sirve para retroalimentar la intervención de la medicina.  Así se produce el sabotaje de la función femenino-materna y de la vida humana en su etapa primal.

Por ello, dice también Bergman (2005), cualesquiera que sean  las circunstancias, lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer es no ser recibido por su madre,  y permanecer separado de ella.   Y también sabemos que la cesárea no tiene por qué ser un motivo que impida que la madre abrace a su criatura desde el momento en que es extraída del útero.

Seguimos  pues con todo tipo de excusas en nombre de la ciencia para la eliminación de la madre (Odent), aunque la ciencia ya haya probado que dicha eliminación es una violación del cuerpo de la criatura (Bergman 2005)).

Así es como llegamos a esta propuesta del método madre canguro, aliado de un tipo de cesárea que físicamente elimina a la madre.  Césarea y método madre canguro se convierten en otra fórmula para ejecutar el matricidio moderno.

La conversión en España del Kangaroo Mother Care en el Método Madre Canguro no es inocente.   El Método Madre Canguro, a diferencia del abrazo materno,  lo puede practicar cualquiera, como nos explican en el artículo de referencia.

El abrazo materno brota del interior del cuerpo materno,  y es el único cuerpo que puede producirlo; no tiene nada que ver con método alguno,  funciona por el propio impulso del deseo y tiene su propia sabiduría.

La diferencia entre el abrazo definido por el método y el abrazo que brota del impulso interior la hemos experimentado todo el mundo y es facil de reconocer;es la diferencia entre un abrazo o un beso que se da porque nos sale de dentro, y un abrazo o un beso que se da en cumplimiento de una formalidad convencional, socialmente establecida.

El  beso y del abrazo que recibimos nos alcanza de modo diferente según el deseo de quien nos besa y nos abraza.  No hacen falta palabras para saber si un beso es un protocolo formal o si hay algo de lo otro;  nadie nos tiene que decir la intensidad del deseo de quien nos abraza y nos besa, ni tampoco medir la cantidad de oxitocina en la sangre para saberlo.  Aunque en el caso de la maternidad, sí se han medido las descargas de oxitocina en la madre inmediatamente después del parto y sabemos todo lo de la impronta, etc…   A pesar de lo cual parece que da igual que sea un cuerpo que otro, puesto que no se trata de que actúe el sistema sexual del continuum materno, sino de seguir un método;  un método que puede seguir cualquiera, incluso el  cuerpo más disciplinado y aséptico.

Y así nace una nueva función patriarcal del hombre y una nueva legitimación de la eliminación de la madre:  practicar el método madre canguro.  Como dice Victoria Sau, ¡la madre ha muerto! ¡viva el Padre!  (Y como diría Agustín García Calvo:   ¡Pobres hombres!).

Casilda Rodrigáñez
casilda@casildarodriganez.org
www.casildarodriganez.org