El parto más feliz con el final más triste

El parto más feliz con el final más triste

Faro tormentaHay cosas que no deberían pasar.
Pero cuando pasan sólo nos queda llorar, aceptarlas e incorporarlas a nuestra vida.
Sentir la muerte de un hijo en el vientre es algo desgarrador, brutalmente desgarrador, devastador, desolador…
Hoy, otra vez, como tantas demasiadas veces, he sabido de otra preciosa criatura que no pudo seguir viviendo.
Hoy la vida me ha regalado la oportunidad de escuchar a una madre contar cómo fue. Y digo regalado porque pocas cosas hay más generosas que una madre compartiendo su dolor con tanto amor.
Viví un duelo en primera persona y todos los duelos que he conocido después en cierto modo reabren mi herida. Hoy he llorado por M. y por M. y por mí y por Altair.
He llorado de tristeza y de pena, y también de regocijo al escucharla relatar su parto. Sólo cuando alguien te cuenta los efectos de un parto natural incluso en esas circunstancias entiendes lo que de verdad tiene ese proceso de mágico, de fuerte, de poderoso, de sublime.
Odio que algunas mujeres tengamos nuestro parto más feliz con el final más triste. Pero me alegro, al menos, cuando nos quedamos solas con nuestro vacío, nuestro dolor, nuestra pena y nuestra impotencia y nuestra rabia, podamos recordar que fuimos poderosas, que nos sentimos eufóricas incluso mientras recibíamos esos cuerpos cálidos a pesar de estar sin vida.
Sentir su calor mientras se va disipando, del mismo modo que habríamos querido alargar la despedida su primer y último aliento.
Sentir que ese momento fue íntimo, privado, respetado y precioso.
Sentir que nuestro cuerpo proveía el camino para ese viaje sin retorno, de la forma en que siempre han de empezarse los caminos.
Sentir que por muy pequeño que sea ese cuerpo, a pesar de su fragilidad y blandura… era el de un ser que nos dejará una huella eterna.
Sentir que hay personas que como faros en la tormenta arrojan luz hasta en la noche más oscura.
Escribo llorando.
Porque hay dolores que nos duelen a todos.
Porque hay dolores que nos son viejos conocidos.
Porque hay dolores que nunca se lloran del todo.

Dedicado a M. M. JI.V. y a su familia

Nombrar lo innombrable

Nombrar lo innombrable

Hoy, 15 de octubre  es el Día Mundial de la Muerte Gestacional y Perinatal.

Además por estas fechas Altair cumpliría  4 años.

4 años de continuo aprendizaje por y gracias a ella y a muchas familias que me han permitido acompañarles en este proceso.

Este año, año de duelos, mi hija me hará más sabia.

En su honor y en el de todos esos hijos, os comparto este artículo que escribí para la revista Ob Stare, el monográfico de Muerte gestacional y perinatal que publicaron en  el invierno de 2012.

Define la Rae la palabra “eufemismo”: eufemismo.

(Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός que significa “favorable/bueno/habla afortunada” y que se deriva a su vez de las raíces griegas eu (εὗ), “bueno/bien” + pheme (φήμί) “habla(r)”.

1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

 

Otra obra de consulta aporta un detalle más interesante

eufemismo

  1. m. Palabra o expresión con que se sustituye a otra más grosera, impertinente, violenta o que se considera tabú.

No hay nada más tabú en nuestra sociedad que la muerte.  Y es curioso porque es lo único certero que tenemos.

La muerte nos rodea. Vemos muerte en las noticias, en las películas, en los juegos, en los nuevos, muy sofisticados  y en los de siempre ( ¿qué niño no ha jugado con un “pum, te maté!”?).

Esa cotidianidad no hace que este enemigo del ser humano sea menos temido. Por eso, la muerte ajena, lejana, sí es nombrada, incluso cuantificada. Y cuanto mayor es la cifra de muertos en un suceso más parece diluirse lo que en realidad significa. Los muertos nombrados, cuando son muchos, parecen repartirse la pena entre todos y no tocar a mucha cada uno. Así, a fuerza de oír de desastres, de hambrunas, de guerras y de sus cientos de miles de muertos… acabamos acostumbrándonos  y seguimos con nuestra comida, con nuestra rutina, con nuestra vida.

Pero cuando la muerte nos habla en singular, cuando se nos presenta como lo que es de verdad, cuando esa persona “única” desaparece y nos es arrebatada entonces de verdad percibimos el vacío que cada ser humano es capaz de dejar cuando no está.

Ese vacío es tan grande, tan irreparable, que la palabra “muerte” y todos sus derivados nos duele en el alma. Entonces buscamos eufemismos. Y decimos, o nos dicen,: “se fue”, “partió”, “nos dejó”.

Como si la muerte fuera un viaje, como si la despedida no fuera definitiva, como consolándonos con la idea de que “algún día habrá un reencuentro”. Cuando lo cierto es, que incluso para quienes de verdad creen que eso será así en un futuro, esas palabras no consuelan. Porque la ausencia (que etimológicamente significa “estar lejos”) del que muere es total. NO es que estén lejos. Es que NO ESTÁN.

Y al que sobrevive al fallecimiento ( otra palabra que preferimos usar en lugar de muerte) solo le queda el consuelo del recuerdo, de buscar en el pasado momentos, vivencias, historias que recordar. Casi siempre con ayuda de objetos, de lugares, de fotos, de vídeos, de cartas… de cualquier cosa material que nos recuerde con los sentidos que fue real. Que esa persona que ya no es, sí fue, sí nos acompañó, sí nos amó y sí fue querida por nosotros.

Por lo general, el entorno reconoce ese dolor, y lo siente en parte suyo, y de ahí las “condolencias” ( compartir la dolencia) y el “pésame”  (sentir propio el pesar ajeno) y el “te acompaño en el sentimiento” (esta no necesita explicación). Expresiones todas de acompañamiento a nuestro dolor, de muestra de empatía por la falta del ser querido.

Y hacemos ritos funerarios más o menos elaborados, pero ritos al fin y al cabo, que no son otra cosa que ceremonias que se acostumbran a hacer para dar reverencia y honor (RAE) al homenajeado.

Ya no levantamos pirámides ni contratamos plañideras , pero algo queda en nuestra cultura de esos ritos ancestrales: las lápidas en los nichos y  una ligera satisfación si en el funeral nos acompaña mucha gente triste, que dan fe  de que el ser que no está fue querido por muchos.

Todo eso son partes de un duelo que como sociedad elaboramos sin ser demasiado conscientes, casi de forma automática. Duelo colectivo que contribuye a elaborar el duelo individual. Reconociendo, acompañando, sosteniendo  y reconfortando a los que quedan y recordando y honrando a los que ya no están. Usando términos nuevos que dejan marca indeleble en los vivos de su relación ya eterna con el muerto, aunque este ya no esté. Palabras que nombran, sin nombrarles, a los muertos. Así los hijos que pierden padres ahora son “huérfanos”  y los cónyuges que pierden a su pareja ahora son “viud@s”.

 

De este modo este gran tabú va siendo interiorizado y asimilado para poder seguir viviendo a pesar de la pena y la tristeza.

Aunque no es así siempre.

Hay otras muertes que aparte de dejar el inmenso vacío que dejan todas, van acompañadas precisamente de la falta de reconocimiento al ser que ya no está, de la falta de reconocimiento al dolor de quienes lo añoran, de la falta de reconocimiento de una sociedad que no acepta como válidas, visibles y reales las huellas que dejaron de su existencia. ¿Cómo vamos a elaborar un duelo sano sin eso?

Así nos sentimos los padres que sufrimos la muerte de un hijo, sobre todo si esta muerte se produce durante la gestación o poco después del parto.

Es como si hubiera una especie de dogma no escrito que hace creer a la gente que el dolor ante la muerte es directamente proporcional al tiempo de vida del ser. Y que, por supuesto, el tiempo empieza a contar desde el nacimiento, nunca antes. ¡Qué gran mentira!

Puedo entender que en una época pasada de innumerables embarazos, de vidas realmente trágicas, con la certeza de que uno o varios hijos iban a morir antes de llegar a la edad adulta, la sociedad se negara a dar cabida a estos duelos. De hecho esa es la realidad aún hoy en muchos lugares del mundo. No es que esos padres no lo sufran, de hecho, estoy convencida de que esos padres sufrían, sufren, tanto o más que nosotros, solo que no se pueden permitir el lujo de llorar por un hijo, cuando no saben si podrán asegurar la supervivencia del resto.

Pero esa no es la realidad de nuestro entorno. Estaría bien pararse a pensar por qué nuestro “primer mundo”, con todo su conocimiento científico, biológico, y neurobiológico de la vida intraútero, le da tan poco reconocimiento al dolor por la muerte de un ser por muy pequeño que sea.

 

Imagino, sin entrar en debates éticos, que cuando alguien decide establecer un punto a partir del cual un ser puede ser considerado persona o no, o tener derechos o no, se empieza a cruzar una línea peligrosa. Debe ser difícil dar entidad a un ser y a la vez decidir que se puede interrumpir su vida. Así que con el mismo derecho que se decide qué es o qué no es, al parecer, se establece si ha de llorársele o no. O quizás ni siquiera es eso y es algo más profundo.

LA cuestión es que los padres nos vemos, en la mayoría de los casos, con que la primera persona que nos da la noticia de la muerte  (o inminente muerte)  de nuestro hijo, normalmente un profesional sanitario, lo hace de una forma tan aséptica, como el guante que usan para tocarnos. Recurriendo a expresiones tales como “no hay latido”, “el feto es inviable” y similares.

Eufemismos que en ese momento no logran el efecto deseado porque, de hecho, nada atenúa esa sensación de caída en picado tras darnos cuenta, pasado el shock inicial, de lo que realmente quieren decir.

Cuando yo oí que me decían “ no hay latido”, mi primera reacción fue pensar que no se oía por algún problema técnico. Tardé unos segundos en darme cuenta de la realidad.

No sé si decir: “la criatura ha muerto” sería mejor, la verdad, dudo que haya nada que pueda calificarse de “mejor” en estos casos.
Lo que me planteo es cómo las palabras que usamos enmascaran la realidad. Dando una falsa apariencia de normalidad a un hecho que debería ser totalmente anormal, aunque sea habitual. Ningún padre debería vivir la muerte de un hijo. De hecho, ni siquiera tenemos un término que defina a los padres que sobreviven a sus hijos. Como si esa posibilidad no estuviera contemplada en las reglas originales del juego.  NO la había y no se ha inventado. Como si por no nombrarlo, no existiera.

Recuerdo haber leído que ante la tarea de traducir los Evangelios a un idioma esquimal no pudieron traducir la expresión “El Cordero de Dios “ pues esas personas no sabían lo que era un cordero. Tuvieron que dar un gran rodeo y compararlo a  algún animal conocido para ellos como el reno.

Igual por eso, por lo “desconocido” de esta sensación, no por poco frecuente, sino por poco “aireado”, por poco hablado, por poco nombrado, lo que hacemos es intentar compararlo a algo que sí nos resulte más conocido. Por eso es frecuente que todo el mundo acabe refiriéndose a estas muertes como  “pérdidas”, porque ¿quién no ha perdido algo alguna vez?.

“Pérdida” : curioso término. Desgraciado eufemismo que además acrecienta la culpa, que ya de por sí llega a toda madre que ha experimentado un aborto involuntario. Perder supone en muchos casos la negligencia del que poseía lo perdido.  Y esta idea que va a llegarle a la madre ( sobre todo a ella, aunque el padre vive igualmente su duelo) más tarde o más temprano y que es parte del proceso normal de duelo, se ve reforzada cuando una se oye decir:  “tuve una (  o más) pérdidas”. Como si una hubiera hecho algo mal, como si no fuéramos capaces de mantener esa vida con nosotros.

Lo “torpe” de usar esta expresión (me refiero en las primeras etapas del duelo. Después, un duelo realizado y vivido de forma sana entiende estas expresiones, las acepta e incluso las incorpora con normalidad) se ve claramente cuando hay que explicarles a los niños estas muertes.

En el libro “La Cuna Vacía” Rosa Jové explica muy bien y en detalle cómo abordar esta situación con los niños dependiendo de su edad, no me extenderé. Solo recordar que si un niño oye que su hermanito “se ha perdido”  lo primero que va a plantear es por qué no se le busca, del mismo modo que se buscan las llaves cuando no aparecen. Un niño que cree que los bebés se pueden perder para siempre, crece con un sentimiento de inseguridad constante. POr eso los expertos en duelo aconsejan explicar la verdad. En términos comprensibles y adecuados a la edad, pero nunca mentir.

Pues yo soy de la opinión de que ante la noticia de que tu bebé no está vivo todos nos convertimos en seres emocionalmente vulnerables, así que habría que hablarnos con las misma franqueza, empatía y cuidado con que hablamos a los más pequeños. Vigilando qué y cómo decimos las cosas.

Evitando esas expresiones que tan desafortunadas son y que tanto daño hace escucharlas: “no era nada”, “ya tendrás más”, “mejor ahora que después”. “seguro que tenía algún defecto grave” “aún no te habías encariñado” y otras que seguro os vienen a la mente al leer estas palabras.

Muchas personas me preguntan qué decir a unos padres que pasan por este amargo trance y yo les respondo: “ lo mismo que le dirías a quien sufre la muerte de un cónyuge, de un padre, de una hermana”. El dolor no entiende de fechas ni tamaños. Una novia llorará a su novio aunque muera éste antes de la boda. Una madre llorará a un hijo aunque muera antes de nacer.

La diferencia es que la novia estará acompañada, llorarán con ella sus amigas, abrazará una foto de su amado… tendrá un duelo acompañado, un dolor conocido y reconocido. Muchas de las madres ( y padres y hermanos y abuelos, etc…) que lloramos a nuestros hijos lo hicimos solas, sin amigas, sin recuerdos tangibles de nuestras criaturas, viendo como para la sociedad no fueron nunca personas.

A menudo me presento como la mamá de Iker y Mencía ( que suelen estar conmigo cuando doy una charla y un taller) y de Altair ( que no llegó a nacer). Noto extrañeza, a veces incomodidad ante esa forma de presentarme, sobre todo porque suelo hablar a padres embarazados o con bebés en brazos. Y parece de mal gusto mencionar la muerte, aun con eufemismos, en según qué momentos. Lo entiendo y respeto. Pero creo que es momento de que empecemos a llamar a las cosas por su nombre,  que empecemos a nombrar lo innombrable.

No hay mayor muerte que morir eternamente, que es como mueren aquéllos a los que nadie recuerda.

 

Dedicado a Altair, nuestra estrella que estuvo con nosotros solo 13 semanas.

Nohemí, mamá de Iker, Altair y Mencía

Los otros retratos

Los otros retratos

los otrosLa primera vez que me enteré de esta práctica de hacer fotos de cuerpos muertos (incluídos bebés y niños) fue en la película de Alejandro Amenábar “Los Otros”.

Lo que en principio podía parecer una práctica “macabra” me parecio con el tiempo una forma lógica de tener un recuerdo de los seres queridos que nos dejan.

En un mundo en el que las cámaras de fotos y vídeo son algo corriente igual no entendemos la sensación de vacío  que quedaba tras la muerte en una época en la que un retrato era un lujo. Por eso muchas familias invertían en esa última foto que les ayudase a tener un recuerdo material del ser querido.

 

retratos muertosPodría parecer que hoy en día esta práctica no tiene cabida, ya que como he comentado, todos tenemos posibilidad de hacer fotos y vídeos en cualquier momento. Cuando muere un familiar de seguro tenemos muchos recuerdos en forma de imagen o vídeo de esa persona… pero eso no es así siempre… no en el caso de las muertes de bebés durante la gestación, parto o postparto inmediato.

Si esto nos sucede de seguro a nadie se nos ocurriría “de motu-propio” tomar una foto del cuerpecito de nuestro bebé para recuerdo…

Estamos acostumbrados a “tapar” estos sucesos como si no hubieran ocurrido, y esa idea choca frontalmente con la necesidad tiempo después de un recuerdo de ese ser para nuestro proceso de duelo.

Yo tuve la suerte de que mi querida matrona me mencionara con mucho tacto y delicadeza  esa posibilidad,  la de tomar una foto de mi bebé si quería.

No sabéis cuánto he agradecido esa conversación y que me mostrara un camino (que podía tomar sólo si quería) que de otro modo hubiera sido imposible tomar después. Y no sabéis cuántas madres me han expresado la pena de no haber visto siquiera a su bebé, unas veces porque ellas pensaban que era mejor así y otras porque todo su  entorno les hizo creer eso mismo.

La muerte en esas circunstancias sigue siendo un tema tabú. Afortunadamente cada vez más especialistas en duelo nos aconsejan lo contrario. Para despedir al ser que no está antes hay que haberlo visto y reconocido.

Al hilo de esto buscando enlaces sobre el tema de la “Pérdida del bebé” para el blog encontré la ONG “Now I Lay Me Down to Sleep” (Ahora me acuesto a dormir) y he encontrado tanto respeto y cariño en esta labor totalmente altruísta que he querido compartirlo con vosotros.

Os copio un artículo que he encontrado publicado en español sobre su trabajo y os copio el enlace a otro artículo relacionado de El País: “Retratos para la Eternidad”

Artículo publicado originalmente en MinutoUno.com

Un duelo muy particular: parejas se fotografían con bebés muertos

Se sabe, hay algo que el lenguaje no puede nombrar. Quien pierde un padre es huérfano y quien ya no tiene a su pareja es viuda o viudo. Pero no existe palabra para referirse a los padres a los que se les muere un hijo. Y quienes sufren la muerte de un bebé o se transforman en padres de un nacido muerto no sólo deben atravesar esa experiencia, también deben enfrentar la escasez de recuerdos producto de la poca vida de ese hijo que no fue.

Algunos vuelven del hospital a sus hogares con un mechón de pelo o una imagen tomada de apuro por una enfermera. La iniciativa de “Ahora me acuesto a dormir” (Now I Lay Me Down to Sleep), una ONG de Estados Unidos, les permite contar con fotografías hechas en tener por profesionales para ayudarlos a sobrellevar el duelo.

La organización toma su nombre de un rezo infantil del siglo XVIII y fue fundada en el estado de Colorado en abril de 2005 por dos mujeres. Cheryl Haggard, la madre de un bebé muerto, y Sandy Puc’, una fotógrafa a la que Haggard y su esposo le pidieron que le tomara unas fotos a su hijo luego de que le quitaran el respirador artificial.

Cerca de ellos en el mismo hospital, otro bebé falleció y sus padres se fueron sin imágenes de su hijo. Por eso Haggard comenzó a trabajar para formar un grupo de fotógrafos que pudiera darles a todas las familias lo mismo que ella había tenido.

Ya en julio, “Ahora me acuesto a dormir” tenía unos 350 voluntarios. Dos años después, el número llegaba a los 2500. Y luego de una aparición en la televisión los fotógrafos llegaron a 5000. Ahora la organización se extendió hasta tener presencia en más de 25 países, entre ellos Israel y Sudáfrica.

Sus organizadores buscan amentar permanentemente la cantidad de voluntarios. No quieren que ninguna familia que recurra a ellos se quede sin el recuerdo de su hijo. Hasta ahora, sólo una vez no pudieron cumplir con una solicitud porque no había ningún fotógrafo disponible en la zona del hospital.

 

El requisito exigido a los voluntarios es que sean profesionales y que estén disponibles para concurrir al hospital enseguida después de recibir el pedido.

La tarea que les toca no es fácil. Las escenas de las que son testigos y deben ayudar a conservar en la memoria están cargadas con el peor de los dolores. Julia MacInnis es una de las voluntarias veteranas de la ONG y una de sus funciones es intentar preparar a los nuevos. La mayoría de los colaboradores son mujeres.

“No vamos a poder ver el color de sus ojos o su sonrisa ni vamos a volver a sentirla tomándonos un dedo. Nuestras fotos son una de las pocas conexiones que tenemos con nuestra hija. No puedo imaginar que haríamos sin ellas”, escribió a una de las voluntarias una madre semanas después de recibir las fotos.

 


Antes de entrega las fotos a las familias, se las edita digitalmente y por lo general son imágenes en blanco y negro, algo que les da mayor calidad y que ayuda a ocultar la decoloración de la piel de los bebés prematuros. Además, la mayoría de los fotógrafos no toma imágenes de niños con menos de 25 semanas de gestación, aunque algunos hacen excepciones.

Maureen Porto, una voluntaria que realizó nueve sesiones de fotos, contó al Washington Post que algunas de las familias esperan varios días e incluso semanas hasta ver la imágenes. Y recuerda el caso de una que meses después le escribió: “Estaba apenada ese día. ¿Te agradecí lo suficiente?”.

Más relacionado:

En este enlace podéis ver en vídeo historias con fotografías de una inmensa belleza (aviso que son tristes, bellas y tristes).

 

 

Diario para ti.

Diario para ti.

Quiero compartir un relato que me ha enviado una amiga. Es el diario de una ilusión, de cómo se recibe a un ser esperado y cómo se sufre al despedirlo tan pronto.

Muchas personas me siguen diciendo si hablar de nuestros niños perdidos no nos hace daño, si no es mejor olvidarlos  y como ya he comentado otras veces no es así.
Todos honramos en cierto sentido o forma a nuestros seres queridos muertos,  quizás no construímos pirámides funerarias como los faraones  o quizás no lo hacemos porque no tenemos los medios,  pero todos queremos recordar a los que una vez pasaron por nuestra vida y fueron importantes.

Nada hay más importante para unos padres que sus hijos  ¿por qué vamos a dedicarles menos atención y menos recuerdos? ¿Sólo porque fueron muy pequeños e invisibles a los demás??’

Madres que deciden como mi amiga poner palabras a su dolor y elaborar un ritual de duelo sobrellevan de forma más serena la pérdida.

Si alguna de vosotras (perdonad que hable en femenino,  por supuesto los padres también viven el proceso) en estos momentos se da cuenta que no le dedicó en su día el tiempo necesario a su bebé, a despedirlo como era debido y a elaborar su propio ritual de duelo,  sabed que nunca es tarde. Sé por experiencia que situaciones traumáticas “guardadas” o ignoradas no se curan. Y la muerte de un hijo, ocurra cuando ocurra es la situación más dramática que unos padres pueden sufrir.

Os animo a leer “La Cuna Vacía” seguro que os va a servir de ayuda en este proceso.

Gracias a Maica por su generosidad al compartir algo tan íntimo.

Diario de ti

25 de Enero 2009

 

Hola cariño, soy mamá, por fin me he decidido a escribirte para irte contando como me siento: Feliz, inmensamente Feliz de saber que estás creciendo dentro de mí.

Pero déjame que empiece por el principio:

5 de Enero 2009

 

Hoy compramos el predictor, pues desde hace unos días me tenía que haber bajado el periodo y no termina de venir, así que como estamos esperando para sacar un perrito de la perrera como regalo de Reyes, para descartar un posible embarazo, pues eso ayer lo compramos.

6 de Enero 2009

 

Me levanto temprano – como siempre – y voy al baño, hago todo el ritual y vuelvo a la cama con tu padre. Dejo el predictor en la mesa de noche y hago como que sigo durmiendo, pero, nada de nada, estoy más pendiente de la mesa de noche y en despertar a tu padre que otra cosa, al final nos decidimos y ahí estaba el resultado, POSITIVO; Tu padre emocionado me besa, me vuelve a besar, yo estoy un poco parada como en shock,  lo deseaba con todas mis fuerzas, pero ya me había hecho a la idea que no vendrías que casi no me lo puedo creer. Miro y miro el cachivache, una y otra vez, para asegurarme, tu padre se ríe de mí, y me dice que SI, que no se va a borrar.

Ese mismo día lo comunicamos a toda la familia, a tus abuelas y a tus tías, tíos, primos. Eres el mejor REGALO DE REYES que nunca he tenido !!

 

7 de Enero 2009

 

Empiezo el día buscando en Internet la calculadora del embarazo, intentando averiguar cuando fuiste concebida, y cuando podría ser el día de tu llegada. Todo indica que fue al rededor del 18 de Diciembre y que la fecha posible de parto es el 10 de Sept’09.

Sigo incrédula, feliz y emocionada, pero muy cautelosa. Papá está exultante, feliz, emocionado y muy optimista. Yo sigo parándole los píes un poco pues estoy un poco asustada. Te contaré que hace una año y medio un hermanito tuyo decidió no quedarse con nosotros, y aunque tengo el presentimiento que tu te quieres quedar, hay algo muy dentro de mí que me mantiene prudente.

 

Así pasan, los días y las semanas. Se lo hemos contado a amigos y está todo el mundo muy contento con la noticia. Nosotros nos miramos y nos sonreímos. Tu padre me acaricia la tripa cada dos por tres, aunque le digo que todavía eres como una lenteja. El pone su mano encima y te manda su amor y su energía para que te agarres fuerte a mí. Yo lo beso y me enternece. Aunque en el fondo muy en el fondo sigo asustada.

Llega la semana del 19 de enero que en teoría estarías entre  la 6ª y 7ª semana de gestación, amanezco con un malestar tremendo, muchos estornudos y escalofríos. Le digo a tu padre que no me encuentro bíen y el sigue optimista, supongo que para no asustarme. Para mal mayor, voy al baño y he manchado las bragas, me asusto muchísimo, pero al rato recapacito que podría ser de una pupa que tengo. Cada vez que vuelvo al baño, no hay señal de mancha. Me tranquilizo, pero sigo estornudando.

Al día siguiente, estoy igual o peor, me siento febril y pienso que esto te pueda estar afectando, Llamo a Olga, ya la conocerás, es matrona, y me dice que viene para casa. Está con nosotros un buen rato. Me tranquiliza, me dice que no te afecta el que yo esté resfriada, me habla de Pino (que tb la conocerás), es una señora que trabaja una técnica china, el método Yuen, y que me podría ayudar a liberar un poco el miedo inconsciente. Piensa que el resfriado es un mero síntoma del susto que tengo.

Yo creo que puede tener razón, también pienso que es una reacción natural de mi cuerpo, después de unos meses bastante intensos de trabajo (ya te contaré) y ahora llevo unas semanas bastante mas relajado y mi cuerpo ha reaccionado y sacado todo lo que tenía dentro.

En fin lo que quiera que sea, llamo a Pino y me da hora para el viernes. En la cita está papá presente, y hablo con franqueza, y SI, le digo que tengo miedo, y que mi mayor miedo es ir al médico y que me digan que no hay latido (fueron la palabras que me dijeron cuando lo de tu hermano). Era la primera vez que lo verbalizaba, que lo oía tu padre, y me quedé muy tranquila. De hecho he de decirte que ella siguió su método y salí bastante mejor, tanto anímica como físicamente. El resfriado para entonces ya había remitido bastante, así que fue una sensación muy muy buena y muy tranquilizadora.

Quiero explicarte que no te tengo miedo a ti, a ti te adoro, te amo por estar dentro de mí, te quiero con todas mis fuerzas. Tengo miedo a que tú decidas, igual que tu hermano, no quedarte.

 

Desde ayer sábado estoy manchando un poquito, en realidad es casi nada, y creo que es normal y natural. Papá dice que puede ser reacción a la técnica china. Y sí también puede ser. También coincide con las fechas en donde me tendría que venir el segundo periodo. Hoy me he levando un poco pachucha, y he estado todo el día tumbada, leyendo y viendo la tele y te hablo. Aunque eso lo hago todos los días, al acostarme te doy las buenas noches y las gracias por estar, y al despertarme igualmente te doy los buenos días y las gracias por seguir estando.

Ya hoy me he decidido por fin a escribirte y contarte mis sentimientos y quiero que sepas, que eres un ser muy especial y que desde que supimos que estas dentro de mí eres muy querida y serás muy bien recibida en casa y sobre todo en nuestros corazones.

Papá ya te llama garbancito, y yo me muero de ganas por verte  en la ecografía latiendo y latiendo con fuerzas y con ganar de vivir!! Te quiero mi vida.

Mañana sigo, ahora tu padre está colocando un helecho y yo voy a recoger.


27 de Enero 2009

 

Buenos días mi vida, soy mamá, quiero darte los buenos días y decirte que he pasado una noche rara. A eso de las 5 me he despertado y ya casi no he vuelto a dormir. Estoy un poco asustada, pues estoy manchando, poquito, pero manchando. Quiero pensar que es normal y que puedan ser restos de mi periodo, por esta época me debería estar bajando la segunda falta. Por otro lado, me duele la tripa como si fuera regla, a veces más y a veces menos.

Solo quiero decirte buenos días cariño, te queremos y queremos que te quedes con nosotros y aunque me notes asustada, te repito que no es por ti. Son todos estos síntomas que me tienen un poco destartalada.

Hoy papá va a ir a Bartolo y Rosalía, unos amigos y naturópatas, voy acompañarlo para que nos vea y quedarme tranquila, pues la verdad es que me siento un poco extraña.

Quiero disfrutar de ti mientras creces dentro de mí, tengo que aprender a conseguirlo y lo vamos a conseguir. Por favor cariño, se fuerte, y únete mucho a mí para que mis miedos y mis sustos se pasen y poder disfrutar del embarazo! Te quiero mucho, mi vida. Luego te cuento más.

Bien, todo va bien. Me recomiendan reposo durante dos semanas. Así que estaré muy tranquilita para que así te agarres mejor. También nos han recriminado, el haberlo dicho,  a la familia y a amigos. Yo no estoy del todo de acuerdo, pero según ellos, cuanta más gente esté preocupada – que lo están – esa energía de preocupación te llega a ti. En fin yo creo que también te llega la energía del amor que todos ellos sienten por nosotros y por su puesto por ti.

Ahhh otra cosa, yo te estoy tratando en femenino, porque así me nace. Sé que aún eres un ser especial e igual no debería definirte tanto, pero hay algo muy dentro que me dice que te trate en femenino. No sé espero que no te confunda.

 

28 de Enero de 2009

 

Hola mi vida, he hablado con Olga y mañana vamos a hacernos una eco, es decir, por fin vamos a conocernos un poco más. Digo vamos porque espero que dejen entrar a papá. Cuando tu hermano, la eco me la hicieron estando sola, y fue cuando escuche la terribles palabras de: aquí no hay latido, no hay nada… Hasta que entró tu padre a aquella habitación para mí fui un tormento, e incluso hice que me repitieran la eco otra médico, pues yo insistía que igual estaba escondido.

Sé que me asusta enfrentarme a ese momento, por eso quiero pasarlo. Quiero escucharte fuerte y segura, saber que estás bien y poder relajarme tranquila a disfrutar de ti. Hoy me estaré todo el día de reposo, a ver si así dejo de manchar, aunque no es nada alarmante y estoy relativamente tranquila, sigo manchando. Mañana es un gran día y quiero estar totalmente reposada y serena. Te quiero mi amor. Mañana te cuento.

 


29 de enero 2009

 

Hola mi vida, hoy te hemos visto, pero no te hemos oído. Papá pudo entrar conmigo y eso me hizo sentirme más tranquila.

Según la doctora que nos atendió- Sara – debes de estar de menos tiempo del que yo pensaba. Vamos que en vez de estar de 8 semanas hoy, debes estar sobre la 5ª. Evidentemente los cálculos nunca son exactos, ya que no sabemos que día en concreto fuiste concebida. Tendremos que repetir la eco en unos 10 días.

Por lo que nos dijo, está todo bien colocado y en su sitio. Yo me he quedado un poco tocada, pensaba que iba a poder ver tu corazón latiendo y escucharlo. Así que me vuelvo a quedar con dudas. Duda de si lo que vimos hoy está parado desde hace dos tres semanas y por eso tiene ese tamaño, o que efectivamente los cálculos estaban mal.

Me habrás oído llorar, llorar desconsoladamente, al salir del hospital y ya en el coche, he llorado mucho, como hacía mucho tiempo que no lloraba, un llanto casi como cuando tu hermano. Creo que ha sido el cúmulo de situaciones y sensaciones, lo de pasar por la ecografía, una tensión contenida, lo de verte tan pequeña, cuando yo te hacía ya mucho mas desarrollada, en fin, no he podido evitarlo.

Luego le he pedido a papá que me llevara al mar, hemos ido a dar un paseo por la Avenida de San Cristóbal, y le he dicho lo que sentía; y ha sido muy relajante, el mar tiene para mí un poder enorme, me calma inmediatamente, su color, su olor… estaba la marea baja y se oía muy suave, el romper de las olas contras las rocas y callaos, me ha sentado muy muy bien.

De todos modos me llenaré de paciencia, y aceptaré tu decisión. Solo decirte que si decides quedarte, nos harás inmensamente feliz y te esperaremos con todo nuestro cariño y amor para ti.

Ahora La doctora me ha mandado reposo y tranquilidad, y espero poder transmitirte eso.

Te quiero mucho.

30 de Enero 2009

 

Creo que te has ido definitivamente. Esta mañana de madrugada sobre las cinco y media, he ido al baño y ahí estabas. Acepto tu decisión y aprovecho para despedirme. Te imagino con tu hermano y te imagino de algodón, suave, blanco y flotando por los cielos…como una nube que cambia de forma, a veces es redonda y esponjosa y otras es alargada y muy fina.

Adiós mi amor, gracias por el tiempo que hemos compartido y cuídanos desde donde quiera que estés. Si hay algo que he hecho que haya provocado tu marcha, me disculpo, sinceramente no ha sido mi intención. Y si he sido un vehículo para ti pasar de un estado a otro, pues ha sido un honor.

Espero algún día nos reunamos todos. Te querré siempre y siempre estarás conmigo.

Adiós mi amor.

 


2 de Febrero 2009

 

Ayer lloré mucho, por ti, por Juan, por mi familia y amigos y por mí, triste muy triste. Me encontraba como adormilada todo el rato, Juan muy pendiente de mí y yo intentando no asustarlo, pero muy muy triste.

Hablé con familiares y amigos, y hablé con Magdalena y con Olga; Me dijeron que no hacía falta legrado, pues que lo estaba expulsando yo sola. Y pensé que mejor no tener que volver a pasar por el trámite de un hospital y poder despedirme en mi casa y con los míos, en mi intimidad y dándome todo el tiempo que mi cuerpo necesitara.

Hoy he amanecido mejor, fuerte y con ganas de respirar aire fresco. Me apetecía subir a la cumbre y conectar con la naturaleza, abrazarme a un árbol y llorar más cerca del cielo.

En lo que Juan se duchaba, bajé al parque a hablar con los de Taichí y enterarme de los horarios de las clases los domingos. Hablando con ellos me dio un tirón enorme que casi me quedo sentada en el césped. Respiré y volví a casa. Me tumbé en el sofá y le dije a Juan que esperara un ratito a que se me pasara, pues me dolía como una regla fuerte. Media hora después no remitía, iba a más, dolores y retortijones como si se me escapara el alma. A la hora, empecé a asustarme y llamamos a Olga, estaba en el Sur y casi no podía hablar, me dijo que era normal y que si quería que fuera al materno y me inyectarían algo para el dolor. Mi respuesta a Juan fue un NO rotundo. No iba a ir a un hospital a que me tratasen como un número en una camilla… prefería pasarlo en casa. Gritaba como si me estuvieran rajando de adentro a afuera y de arriba abajo. Solo podía estar de pié y caminando, de la cocina a la sala y parada en el pasillo agarrada a la pared cuando me venía el tirón. Así una y otra vez y pidiendo que se acabe ya, que se acabe ya. Así otra hora mas o menos hasta que descubrí que sentada en el water me calmaba, quería empujar y a cada contracción gritaba…

Poco a poco fue a menos y por fin me pude tumbar en la cama en posición fetal.

No sé lo que dormí, pero me desperté bien sin sentir dolor físico. Mas tranquila.

A la tarde me llamó Olga y me dijo que lo que había tenido era dolores de parto y contracciones, pero mucho mas dolorosas y tristes pues no tendría al bebé como recompensa.

Mi niña, mi dolor físico que sentí por ti no es nada comparable al dolor que queda dentro de mi corazón. Siempre estarás con nosotros.

Un paso atrás en el duelo

Un paso atrás en el duelo

Dibujo de Leonardo da Vinci Ya ha pasado más de un mes y de repente estos días he vuelto a sentir mucha angustia, tristeza, sentimiento de culpa. Y algo nuevo, dolor por el olvido temprano.

Sé que es una percepción mía, que la gente no me saca el tema para no hacerme daño, porque no saben qué más (o qué menos) decir, pero que se evite el tema me duele.

Prefiero llorar por hablar de mi niña a que se ignore. Es como si le fallara, como si no hubiera sido lo bastante importante o lo bastante grande para que se la recuerde más de 1 mes.
Nadie la vio, nadie la conoció, no saben cómo era,  no tienen nada que recordar.

Repito que no es una crítica a nadie, es como lo siento.

Es cierto que vuelvo a llorar dependiendo en qué circusntancias si hablo de ella, pero esas lágrimas son sanadoras, son necesarias.

Dice un refrán: “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, ¡cuánta razón lleva!

En estas semanas he leído mucho sobre abortos espontáneos. Me imagino que buscando una razón que me ayudara a quitarme el sentimiento de culpa por si algo de lo que hubiera hecho o dejado de hacer hubiera sido la causa de la muerte de mi nenita.  Y me consuela saber que estos sentimientos son normales. No son generales, porque cada persona vive este proceso de distinta forma, pero no soy la única.

Es normal que te hieran por dentro algunas palabras expresadas con todo el cariño del mundo.

Es normal que te sientas mal, incluso culpable, de cuando en cuando por seguir con tu vida a pesar de todo.

Es normal que te duela que la gente no te mencione el tema.

Es normal que vuelvan los sentimientos de culpa una vez desechados.

Es normal incluso llegar a pensar si no se equivocaron al decirte que su corazón no latía.

Es normal que te invadan sentimientos de ira y rabia.

Es normal… nadie te habla de ello pero es normal.

Al final sólo te queda, como me dijo estos días una buena amiga que  pasó por lo mismo, no una, sino 3 veces, que estamos solas con nuestro dolor. Solas aunque estemos acompañadas, solas aunque tengamos gente que nos quiere, solas aunque tengamos otros motivos para seguir, solas aunque nuestros otros hijos nos ayuden a reír, solas porque nadie siente lo que sentimos nosotras.

 

Estamos solas con nuestro dolor.
Solas aunque estemos acompañadas
solas aunque tengamos gente que nos quiere
solas aunque tengamos otros motivos para seguir
solas aunque nuestros otros hijos nos ayuden a reír
solas porque nadie siente lo que sentimos nosotras.

Pero la realidad es que no estamos solas del todo. Seguro que más cerca de lo que creemos hay alguna madre con tus mismos sentimientos. Yo he tenido la suerte de econtrar ese mismo apego a la criatura no nacida en una buena amiga.  Compartimos sentimientos muy parecidos y aunque me duele haberle “removido” sus historias pasadas, me ayuda enormemente cuando hablamos de ello. Ambas sentimos a esas criaturitas que para el mundo sólo eran “fetos de x semanas” como nuestros hijos. Seguro que cuando llegue la que sería mi fecha probable de parto pensaré en que un día de esos nacería y el año que viene en que tendría un año.

El otro día me preguntaron si tenía sólo 1 hijo y de repente contesté: “Sí”, y al segundo dije:  “Sï, uno vivo y otra que murió antes de nacer”. Siento si a las personas que me rodean les molesta o entristece hablar del tema,  habrá quien piense que es macabro,  pero es como lo siento.

Escribo esto para que si por causalidad llega a leerlo otra madre en esta situación  no se sienta rara, ni loca, ni obsesionada. Esos sentimientos son parte del proceso de duelo.

Si quien lo lee es alguien que conoce a unos padres en este trance, quizás le ayude a entender cómo se vive este proceso.

He encontrado una web con Consejos para familiares y amigos de quienes han sufrido un aborto espontáneo.
Este es el texto original en inglés. El texto traducido está aquí.

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