Dominancia Estrogénica

 

En los últimos 40 años, hemos visto un aumento dramático en las enfermedades relacionadas con la mujer, nunca antes vistas en la historia. Actualmente, vemos que la edad de la pubertad (menarca) ha disminuido de manera importante (hasta 10 años), la endometriosis afectando un 15% de la población, el síndrome premenstrual (SPM) afectando hasta 50%, fibromas uterinos hasta un 25% de mujeres entre 35-50 y cáncer de mama afectando un 10% de las mujeres. Al ver estos datos generales, ciertamente hace pensar que ser una mujer en el siglo 21 es ciertamente una “profesión” de alto riesgo.

Imagínense teniendo endometriosis, SPM y enfermedad fibroquística de mama de joven, progresando a fibromas uterinos, histerectomía, terapia de reemplazo hormonal inadecuada y ultimadamente cáncer de mama conforme avanza en la edad hasta la menopausia. El hecho de emprender este “viaje” pone la piel chinita a cualquier mujer. La pregunta radica en saber los factores o factor que pudieran estar provocando este incremento tan importante en estas enfermedades relacionadas con la mujer.

Existe mucha evidencia científica que apunta hacia un desbalance en diferentes hormonas de la mujer como causa de base de estas patologías, que parecen diferentes pero están relacionadas entre sí, en la mayoría de los casos. Desde luego que la genética y otras condiciones ambientales y circunstanciales pueden influir en la aparición de cualquiera de estas condiciones.

Desde hace mucho tiempo a la fecha, le hemos restado importancia al balance hormonal en la mujer. Comúnmente se nos venden ideas o creencias que los desbalances hormonales se corrigen dando hormonas. Esto no siempre es el caso, aunque las compañías farmacéuticas quieran convencernos de lo contrario. Muchas veces es cuestión de detenernos a examinar diferentes desbalances hormonales que pudieran estar ocurriendo en el cuerpo de cada quién.

Ahora cada vez más se conoce acerca de una condición denominada dominancia estrogénica, responsable de la gran mayoría de estas anormalidades antes mencionadas. Las 2 principales hormonas del ciclo de la mujer son los estrógenos y las progesterona. Una hormona se contrapone a la otra (son antagonistas). Mientras los estrógenos favorecen proliferación celular, la progesterona la controla, etc. Se necesitan estas dos hormonas en perfecto balance para tener una integridad en los tejidos, principalmente los dependientes de estas hormonas o los que tienen receptores para ellas. Cuando ocurre un desbalance entre estas dos hormonas es cuando ocurren los problemas. Si existe un predominio de estrógenos sobre la progesterona, habrá mayor estimulación de los tejidos con receptores para estrógenos y por lo tanto, mayor crecimiento o proliferación celular. Tal es el caso en el cáncer de mama, endometriosis, cáncer de endometrio, enfermedad fibroquística de mama, fibromas uterinos, por nombrar algunos. Todas estas condiciones crecen bajo estímulo de estrógenos; si no hay suficiente progesterona para contraregular al estrógeno, ocurre crecimiento anormal.

En resumidas cuentas, si existe un exceso relativo de estrógenos (uso de anticonceptivos, terapia de reemplazo hormonal con estrógenos, exposición a estrógenos ambientales, etc) o una disminución relativa de los niveles de progesterona (trastornos anovulatorios, hipotiroidismo, dieta deficiente, estrés crónico, etc), ocurre la dominancia estrogénica.

Se estima que la incidencia de esta condición en el occidente es cerca del 50% en mujeres mayores de 35 años.

Algunos de los comentarios comunes escuchados en las mujeres en relación con esta condición se muestran a continuación:

Mis pechos están inflamados y están creciendo
No me caben mis anillos en mis dedos
Estoy más impaciente que nunca
La gente me dice que estoy bien “mandona”
Tengo cólicos como si fuera jovencita
A veces no tolero mi regla o me llega de manera irregular
Me asusta cuando veo coágulos grandes en mi menstruación
Tengo síndrome premenstrual
Cuando me abrazan me duele el pecho
Tengo fibromas o miomas
Tengo endometriosis
No quepo en mis zapatos
Tengo quistes en mis pechos
Me siento cansada todo el tiempo

Si se siente familiarizada con algunos de estos enunciados pudiera estar teniendo esta condición.

Hace 100 años, la mujer promedio comenzaba a menstruar a los 16 años, se embarazaba a más temprana edad y más veces y lactaba más. En total, la mujer experimentaba su ciclo menstrual entre 100 y 200 veces en su vida. La mujer moderna empieza su pubertad a los 12, casi no lacta, tiene menos hijos y tiene de 350-400 veces su ciclo menstrual durante su vida. Esto implica mayor exposición a niveles de estrógenos a lo largo de la vida. Por algo se han relacionado a la lactancia, a los embarazos, a la edad tardía de la primera menstruación, con una disminución de la incidencia de algunos cánceres estrógeno-dependientes, como el de mama y endometrio. La menstruación incesante ha sido relacionada con un aumento en la incidencia de varias condiciones patológicas incluyendo infertilidad, cáncer, fibromas, anemia, migrañas, cambios de estado de ánimo, dolor abdominal, retención de líquidos, endometriosis, enfermedad fibroquística, etc. !Qué diferencias hace un siglo!

CAUSAS DE DOMINANCIA ESTROGENICA
Nuestro cuerpo debe de funcionar en perfecto balance. Con el advenimiento de la sociedad moderna industrializada, hemos estado expuestos a una gran variedad sustancias que actúan como estrógenos en el cuerpo, denominadas xenoestrógenos. No es el objetivo de este escrito detallar las funciones hormonales, pero si numerar las causas más comunes de dominancia estrogénica, por si se sienten familiarizadas con alguna de ellas. A continuación se enumeran las 12 causas más frecuentes:

1. Animales criados y alimentados comercialmente.
Se les administra hormonas tipo estrógenos y de crecimiento
Se lleva 60 libras de grano o pastura para producir 1 libra de res comestible
Solo se lleva 1 libra de alimento para producir 1 libra de pescado comestible
Ahora se lleva 6 semanas para que una gallina crezca en su totalidad vs 4 meses en 1940
La mitad de todo el consumo de antibióticos es utilizado para el ganado

2. Frutas y verduras cosechadas comercialmente
Aproximadamente 5 billones de libras de pesticidas, herbicidas, fungicidas y otros biocidas son agregados a los alimentos cada año, y estos actúan como estrógenos dentro del cuerpo
Pesticidas prohibidos en USA como el DDT, son utilizados en otros países libremente

3. Exposición a xenoestrógenos
Cuando un embrión femenino se desarrolla dentro del vientre, se producen de 500,000 a 800,000 folículos
Estos folículos son extremadamente sensibles a los tóxicos ambientales
La mujer pudiera no tener signos o síntomas hasta la pubertad
Otros petroquímicos encontrados en cremas, lociones, shampoos, perfumes, sprays para pelo, etc., pueden tener xenoestrógenos

4. Solventes industriales
Metanol, acetaldehidos, etilen-glicol, acetona (encontrados en cosméticos, productos de limpieza y del hogar
Entran a la cuerpo a través de la piel y se almacenan en la grasa o la mielina (tejido que recubre los nervios)

5. Terapia de reemplazo hormonal (TRH)
No se recomienda recibir estrógenos sin su contraparte de progesterona
El medicamento más utilizado en las últimas décadas en USA es el Premarin
El riesgo de enfermedades estrógeno-dependientes aumenta con el uso de este medicamento

6. Sobreproducción de estrógenos
Tumores o quistes de ovario

7. Estrés
Es estrés causa fatiga de la glándula suprarrenal y disminución de progesterona
El sustrato para producir las hormonas de respuesta al estrés (adrenalina y noradrenalina) es la progesterona
El estrés también favorece el desarrollo de otras condiciones y de resistencia a la insulina (causa importante de múltiples enfermedades como la diabetes y la cardiopatía)
Después de varios años con este ciclo, la fatiga suprarrenal conlleva a desbalances en los carbohidratos, desbalances hormonales y fatiga crónica

8. Obesidad
La grasa tiene una enzima para convertir las hormonas suprarrenales a estrógenos
Entre más grasa se consuma, mayor conversión a estrógenos
En la población occidental, el consumo es mucho mayor y el grado de síntomas menopáusicos es mayor
Las plantas tienen arriba de 5000 esteroles que tienen efectos progestágenos (favorables)

9. Enfermedades hepáticas
La patología hepática dificulta el rompimiento y metabolismo de los estrógenos, por lo que se acumulan en el cuerpo

10. Deficiencia de vitamina B6 y magnesio
Son necesarios para la neutralización de los estrógenos en el hígado

11. Aumento del consumo de azúcares, comida rápida y procesada
A su vez conlleva a la disminución de magnesio
Favorece la resistencia a la insulina
Alto consumo de estos en la sociedad actual (occidental)

12. Aumento del consumo de café (cafeína)
El consumo de cafeína de cualquier fuente ha sido relacionada con niveles elevados de estrógenos
Las mujeres que consumen 4-5 tazas al día tienen 70% más estrógenos durante la fase folicular temprana que las que consumen 1 taza

TRATAMIENTO DE REDUCCIÓN DE ESTRÓGENOS
1. Progesterona Natural
El cuerpo produce normalmente alrededor de 20 mgs de progesterona al día
Las dosis varían ampliamente en cada individuo
Se recomienda realizar pruebas hormonales antes de iniciar tratamiento

2. Ajustes en la dieta
Evitar glotonería y falta de ejercicio
Evitar exceso de grasas animales en la dieta
Procurar dieta orgánica, de granos enteros, no procesados
Aumento de fibra, disminuir alcohol, cafeína y tabaco

3. Café y Té
Tomar más de 2 tazas al día de café aumenta el estradiol (estrógeno potente), sobretodo durante la fase folicular temprana
Tomar de 4 a 5 tazas al día, produce 70% más de estrógeno que las que toman 1 al día
Asociada a fatiga suprarrenal y disminución de progesterona
Café + azúcar = acidez interna – extracción de calcio y magnesio del hueso = Osteoporosis

4. Desintoxicación
El hígado es el principal órgano encargado de “limpiar” los estrógenos
Flavoniodes, antioxidantes (Vit. E y C), silymarina (milk thistle)
Cafeína, alcohol y medicamentos interfieren con los procesos de desintoxicación

5. Mantener el peso ideal
El exceso de grasa favorece la conversión de androstenodiona a estrona por medio de la enzima aromatasa
Por retroalimentación negativa, la estrona ordena a la pituitaria a no liberar gonadotropinas, por ende, la progesterona disminuye
Mayor grasa – mayor testosterona
Exceso de calorías = radicales libres (daño celular)

6. Ejercicio
Por cada hora empleada en ejercicio, se aumentan 2 horas la espectativa de vida
Disminuye significativamente el riesgo de cáncer de mama y otras patologías

7. Suplementos nutricionales
Vitaminas A, C, E, Selenio, Magnesio, B12, ácido fólico
Cromo, calcio
Bioflavonoides
Acidos grasos omega-3
Aceite boraja, primavera
Di-indolylmetano (DIM)
Isoflavonas y extractos

8. Reducir la carga de xenoestrógenos
Herbicidas, pesticidas, fungicidas
Cosméticos tóxicos y otros químicos del hogar
Polish para uñas
Suavizantes, perfúmenes petroquímicos
Agua filtrada
Recipientes de plástico tienen muchas dioxinas (xenoestrógeno potente)
Optar por comida orgánica al máximo posible
No calentar en microondas recipientes de plástico
Radiación

9. Reducción del estrés
Es la principal causa de disminución de la progesterona y dominancia estrogénica consecuente
10. Suplementar con pregnenolona y DHEA
Son precursores de progesterona, estrógenos y andrógenos
Se fortifica la función suprarrenal

CONCLUSION

La dominancia estrogénica es una condición común en el occidente y es causa de una gran variedad de patologías y condiciones femeninas muy frecuentes. Existen condiciones de vida y ambientales que están a nuestro alcance el poder controlarlas o minimizarlas. Lo importante es tener la conciencia de salud preventiva más que terapéutica.

Dr. Luis Carlos Páez Lobeira
Publicado originalmente en www.nacerycrecer.com.mx

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

 

Tener un hijo supone toda una revolución para el cerebro de la mujer.
Entre otros aspectos, las madres ganan en inteligencia emocional, resisten mejor el estrés y actúan de forma más eficiente.

Katherine EllisonCuando mi hijo tenía ocho años, un día llamó a la policía porque yo le había quitado la Gameboy. En aquella época, yo estudiaba el cerebro y podía imaginar perfectamente lo que estaba sucediendo en el mío.

Mis lóbulos prefrontales, donde se sitúa el juicio, sin duda estaban reprimiendo mis deseos de estrangular a mi brioso hijo. Mis amígdalas, el centro del miedo del cerebro, es probable que también estuvieran en pleno funcionamiento, mientras oía llamar a la puerta a la policía y reflexionaba sobre mis posibilidades de acabar en la cárcel. Pero, sobre todo, estaba segura que mi nucleus acumbens estaba trabajando a todo trapo. Los estudios de los escáneres cerebrales han demostrado que este punto, importante para la motivación y las sensaciones de gratificación, se llena de energía cuando las madres oyen llorar a sus bebes y se sienten obligadas a acudir en su ayuda. Por eso se le ha considerado el centro del afecto maternal, y la razón principal por la que estaba segura de que estaba implicado es que, a pesar de lo humillante del asunto, seguía deseando que mi hijo creciera y prosperara.

De una forma que los científicos apenas empiezan a comprender, ser madre te cambia el cerebro –y a menudo lo mejora-, en parte debido a experiencias como ésta; aunque, gracias a Dios, raramente tan graves.

Desde el momento en que se concibe un bebe, las hormonas reproductoras empapan y alteran nuestra conciencia. Durante el embarazo y en le puerperio, una cascada de situaciones nuevas nos estimula y nos mantiene ocupadas. Y a medida que el niño crece, lanzándonos desafíos siempre diferentes, las más dedicadas de nosotras vamos mejorando nuestras habilidades para resolver problemas y nos convertimos no sólo en mejores madres sino en mejores amigas, esposas, hijas y empleadas.

“Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo es un revolución para el cerebro”, dice Michael Merzenich, un especialista pionero en el desarrollo del cerebro, de la Universidad de California. “Tener un hijo te cambia la vida en el sentido de que se presentan retos físicos, mentales y mecánicos: cuarenta y nueve desastres que resolver al mismo tiempo. Es una época de aprendizaje y cambios inducidos en el cerebro porque todo es muy importante… No creo que haya nada mejor que pueda hacer por su cerebro que tener un hijo.”

Esta idea del cerebro mejorado por la maternidad ha surgido a partir de una tendencia nueva y estimulante en investigación neurocientífica, tanto con humanos como con animales de laboratorio. Precisamente contrarresta la imagen dominante en los países industrializados, que evoca una madre que no puede pensar en nada más complejo que una lista de la compra o un calendario de partidos de fútbol.

En cambio, aunque muchas madres creen que han perdido células cerebrales con la placenta, esto no encaja en absoluto con la pura lógica de la evolución. En ningún momento de la vida, una mujer debería estar tan alerta y consciente como cuando está protegiendo y alimentando a un recién nacido.

Esta perspectiva empezó a interesarme poco después de tener a mi segundo hijo, en 1998, cuando leí acerca de los estudios pioneros realizados por dos neurocientíficos que trabajaban en Virginia. Craig Kinsley y Kelly Lambert, padres ambos, comparaban la función mental de las ratas hembras que nunca habían dado a luz con la de ratas que habían tenido más de un par de camadas. Enseguida se vio muy claro que las ratas madres aprendían más deprisa y recordaban con más eficacia el camino en un laberinto. Es más, la repetición de las pruebas demostró que la mejora de las madres en destreza mental les duraba toda la vida, mucho después de terminar de cuidar a sus últimas crías. Para explicar esas mejoras, que ellos mantienen que se producen tanto en humanos como en animales, Kinsley y Lambert se centraron en dos mecanismos de la maternidad que podían ser potenciadores del cerebro: las hormonas y la estimulación.

Sin lugar a dudas, la investigación de otros científicos ha confirmado el poder de las hormonas reproductoras para cambiar físicamente el cerebro, y los resultados que han obtenido deberían animar a las madres primerizas. Científicos japoneses, por ejemplo, han descubierto que la oxitocina –una hormona anteriormente asociada al parto, a la lactancia y al vínculo materno- puede ayudar también a fomentar el aprendizaje y la memoria. De forma bastante similar, la prolactina, que se ha denominado hormona paternal porque es elevada tanto en padres como en madres, parece ser la clave en la disminución de la ansiedad.

Volviendo al factor de la novedad, muchos estudios recientes han demostrado que aprender cosas nuevas estimula el cerebro: por eso los científicos instan a las personas mayores a jugar al bridge, a resolver crucigramas y a viajar. De modo que, aunque a veces nuestros hijos nos arrastren a situaciones nuevas que preferiríamos evitar –como mi encuentro con la policía-, también sirven para mantenernos alerta mentalmente, como una serie interminable de oportunidades para resolver problemas y álgebra.

Además de las hormonas y la novedad, existe una tercera vía de cambio del cerebro femenino después de que la mujer es madre, que tiene que ver con el fenómeno de la plasticidad cerebral, que hasta hace muy poco los científicos no habían detectado. Se refiere a la forma en la que nuestro cerebro se reorganiza durante toda nuestra vida, adaptándose a nuestras experiencias. Por ejemplo, a los violinistas les cambia físicamente el cerebro a medida que refinan su habilidad. Lo mismo que los taxistas londinenses, cuyo sustento depende de la agudeza de su memoria. Parece bastante claro que las madres también utilizan repetidamente circuitos específicos de sus cerebros, al motivar, controlar, alimentar, empatizar, proteger, negociar y manipular.

 Así que las hormonas, la estimulación y la experiencia son tres mecanismos poderosos que concretamente cambian el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos.

Pero la forma en la que se manifiestan esos cambios varía mucho en cada mujer, lo que es normal, porque las vidas de las mujeres son mucho más variables que las de las ratas hembras.

Una madre soltera que esté pluriempleada, no duerma lo suficiente y se angustie demasiado, por ejemplo, no se beneficiará tanto de su experiencia de la maternidad como una mujer con suficiente ayuda para aprovechar al máximo. Sin embargo, por lo que hemos aprendido de los estudios de ratas y monos, que comparten nuestra estructura cerebral básica y nuestras hormonas, parece claro que todas las mujeres sufren cambios y que todas tienen el potencial de cambiar para mejor. Tras revisar cientos de estudios científicos y entrevistar a decenas de neurocientíficos prominentes, científicos sociales y padres, he detectado cinco formas principales de aprovechar este potencial, apoyando la conclusión de que la maternidad puede, sin lugar a dudas, volver más lista a una mujer, definiendo “lista” como la capacidad mental que ayuda a la madre y a sus hijos a sobrevivir.

El cerebro de las madres

Las cinco categorías son: percepción, eficiencia, motivación, resistencia al estrés e inteligencia emocional. En cada uno de los grupos, hay evidencia claras de que la maternidad aporta a las mujeres más que venas varicosas y trabajo doméstico extra.

  1. En el caso de la percepción, Craig Kinsley, uno de los neurocientíficos que abrían camino en Virginia, me hizo una demostración de percepción alterada por la maternidad. Soltó un grillo vivo en una jaula de ratas que acaba de dar a luz. Ella detectó inmediatamente la presencia del insecto y, en menos que canta un gallo, lo cazó y se lo zampó. Esa actuación contrastaba con la de una rata no madre, que no vio el grillo hasta que este se le subió a la cabeza.Algo en el cerebro de esta rata madre había cambiado, y científicos canadienses aportaron luz al misterio. En experimentos con ratones, neurocientíficos de la Universidad de Calgary descubrieron que, ya desde la concepción, se forman nuevas neuronas en el bulbo olfativo de la madre, que rige su sentido del olfato.

    Otras investigaciones sugieren que tanto madres como padres también experimentan cambios en la audición después de que nazca su hijo. Ambos, en cuestión de horas, se vuelven expertos en distinguir el llanto de su propio hijo del de los demás. Incluso la visión parece cambiar. En un estudio de prueba de la percepción visual, los sujetos embarazados lo hicieron mucho mejor que los grupos de control. Todo esto tiene sentido cuando piensas en lo extravigilante que necesita ser una madre para proteger al recién nacido de los peligros, que las que no son madres ni siquiera advierten.

  2. La eficiencia es la segunda forma en que las madres se vuelven más listas, básicamente porque a menudo no tienen más remedio. Casi todas las mujeres con hijos deben hacer muchas más cosas en un tiempo limitado. Eso supone a menudo aprender y memorizar cosas nuevas más rápidamente –como las ratas-, pero los humanos también necesitamos dominar nuevas habilidades, como priorizar, inventar formas de perder menos tiempo charlando con los compañeros o sortear el tráfico con más habilidad para conseguir llegar a la guardería antes de que cierre.En todas esas tareas, la calidad de la atención es clave. Y en el caso de las madres, en general, la calidad parece aumentar, según el psiquiatra de Harvard John Ratey. Especula que los niveles del neurotransmisor dopamina, que mejora la atención y ayuda a un uso más eficaz del cerebro en situaciones moderadamente estresantes, puede ser crónicamente alto en las madres recientes. Y por una buena razón: “Cuando una madre da a luz, tiene que ser muy lista, lo más lista que pueda” dice Ratey. “Debe conocer bien el territorio y recordar cosas de sus hijos, y funcionar siempre al máximo. Tiene que desarrollar la capacidad de prestar más atención al mundo exterior.

    A menudo, las madres tienen que soportar un estrés extraordinario; pero, de nuevo, la naturaleza les echa una mano.

  3. La tercera muestra de que las mujeres se vuelven más listas cuando tienen hijos es que aumenta su resistencia natural a la presión. La forma como esto sucede parece tener algo que ver con la oxitocina, esa hormona tan maternal. Desde que los científicos dedican más atención a lo que se ha denominado “el cerebro maternal”, se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la oxitocina. Como neurotransmisor, parece fomentar la calma, la confianza y el vínculo social; y hay indicios de que las madres, sobre todo las que tienen partos vaginales y amamantan a sus bebes, están especialmente influidas por ella.Eso no significa que las madres estén constantemente sosegadas, ni mucho menos. En el mundo animal, las madres pueden ser los seres más feroces, sobre todo cuando se trata de defender a sus crías. Y en los humanos, la motivación –una cualidad que engloba atrevimiento y ambición- es precisamente la cuarta forma en que las mujeres se vuelven más listas cuando son madres.

    En el mundo animal, los científicos han demostrado que la prolactina, que contribuye a la lactancia y sube de nivel tanto en madres como en padres, parece reducir el miedo y la ansiedad, permitiendo la asunción de más riesgos. Así, los pájaros que descienden en picado para alejar a los depredadores del nido donde crían sus pollos tienen altos niveles de prolactina.

  4. Mientras que los neurocientíficos sólo ahora comienzan a medir cómo cambia esta hormona el comportamiento humano, los científicos sociales ya han aportado varios estudios que demuestran formas en que la maternidad parece incrementar la motivación de las mujeres. La socióloga Sharon Hays, por ejemplo, ha recogido impresionantes testimonios de mujeres con ingresos bajos que han sido motivadas por la maternidad a dejar las drogas y a conseguir trabajo.Los psiquiatras dicen que la maternidad también puede incrementar la autoestima de la mujer y su asertividad, porque sencillamente la madre ha adquirido cierta práctica en ser la jefa. Sabe que, si no está a la altura del liderazgo doméstico, las consecuencias pueden ser tan graves como que un niño sea atropellado por un coche al cruzar la calle corriendo. Por eso la madre aprende –casi siempre- a asumir el control de las situaciones.

     

  5. La quinta forma en que las madres se vuelven más listas procede de la experiencia pura y simple: es la práctica diaria, a veces inmediata, que conseguimos reprimiendo nuestros peores impulsos con el fin de ayudar al hijo. Esta mezcla de conciencia de una misma, de autocontrol y empatía puede resumirse en la expresión tan de moda “inteligencia emocional”. Sus componentes que antes solían definirse como “buen carácter”, pueden contribuir a amistades y matrimonios más sólidos e incluso una mejor salud física, lo que todo ello conduce a una vida más feliz. También hay pruebas de que puede aportar un toque competitivo en el mundo laboral, especialmente en empleos con mucho contacto personal, como dirección de empresas, enseñanza, medicina y ventas. En los últimos años las empresas han pagado fortunas para la educación en inteligencia emocional. Pero las madres se someten a una formación rigurosa y gratuita.

el cerebro de las madresUna demostración gráfica de las fuerzas cerebrales que hay detrás del sentimiento maternal se vio en un estudio reciente de escáneres cerebrales dirigido por el neurocientífico Jeffrey Lorberbaum. Utilizando una tecnología que mide el flujo de la sangre como marcador de actividad en el cerebro, puso a prueba a padres que escuchaban el llanto de sus hijos. Las madres respondían con una fuerte activación del circuito emocional del cerebro más primitivo, la misma clase de respuesta de “gratificación” que resulta de los pensamientos sobre comida o sexo satisfactorio. En los padres, había poca actividad. “Un agujero negro”, como lo describió Loberbatum.

El estudio explica por qué tan a menudo las madres son la primeras en despertarse para consolar a sus bebes y por qué, incluso en un incidente como el de la Gameboy, fui capaz de recordar cuánto quiero a mi hijo. Por mucho que paguemos en servidumbre, sueño, frustración y trabajo mental intenso, estamos bien preparadas para extraer satisfacción de ello, y eso hace que la mayoría siempre intentemos mejorar. Y éste es el ingrediente principal de la inteligencia.

KATHERINE ELLISON-
Periodista de Investigación, galardonada con el premio Pulitzer.
Autora de
Inteligencia Maternal (Ed. Destino)
Extraído de la revista MENTE SANA; Noviembre 2006