¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

Cada vez es más conocido que el contacto piel con piel es fundamental para el desarrollo de los bebés, especialmente cuando nacen antes de término  (prematuros) o tienen alguna patología y/o necesidad especial.
Hoy sabemos que además del cocktail hormonal que se segrega piel con piel, la sensación de seguridad y contención que le da a los bebés estar pegados al cuerpo de su madre (principalmente), su padre u otra figura de apego, es beneficiosa para casi todo aspecto de su vida.
Como asesora de maternidad recomiendo el piel con piel a todos los padres en casi cualquier circunstancia. Es muy satisfactorio cómo luego los padres refieren que notan mejoría en sus bebés tras practicarlo, bien sea a nivel físico y/o emocional.

Problemas de lactancia, molestias digestivas, dermatitis, febrícula,  hipo, problemas respiratorios, irritabilidad y un largo etcétera de situaciones en los que esta sencilla práctica funciona casi milagrosamente o ayuda a regular el estrés del bebé lo que sin duda, contribuye a minimizar las consecuencias de la dolencia.

Beneficioso ¿hasta cuándo?

Es frecuente que los padres me pregunten que hasta cuándo pueden practicar el piel con piel con sus hijos. Mi respuesta:  mientras ambas partes quieran.

No hay una edad límite para beneficiarse del contacto piel con piel.

Como ocurre con el masaje, puede cambiar la forma de aplicarlo,
pero no hay fecha de caducidad para disfrutar de todos los beneficios que implica el piel con piel.

Si nuestro hijo o hija es ya más mayorcito y no nos es cómodo (o él/ella no quiere) ponerse sobre nuestro pecho, podemos acostarnos juntos abrazados  solo con ropa interior mientras, por ejemplo, leemos un cuento o disfrutamos juntos de una película.

 

¿Y en la edad adulta?

¿Funcionará también el piel con piel en adultos igual que con los bebés y niños?

El oro día en una consulta a unos padres recientes les explicaba la termoregulación que se consigue con el piel con piel y me preguntaron si funcionaría también con adultos. Mi respuesta: ¿por qué no?
Es evidente que los adultos a veces ponemos otra carga de consciencia y conciencia cuando tocamos a otra persona o nos tocan. Pero dejando a un lado eso, siempre que un cuerpo toca a otro cuerpo se genera una reacción.

Creo firmemente que a no ser que la persona nos genere un rechazo por algún motivo,  tener contacto piel con piel en las condiciones adecuadas, seguirá generando hormonas placenteras que nos ayuden a controlar el estrés y a proporcionarnos placer. Y controlar el estrés al final es la meta del equilibrio en biología. La mayoría de nuestros desórdenes son dieta o indirectamente relacionados con el estrés, con lo que cualquier cosa que contribuya a reducirlo y mantenerlo en los niveles adecuados será beneficiosa.
Vuelvo a usar el masaje como ejemplo porque quizás es la única práctica relacionada con el contacto cuerpo a cuerpo que nuestra sociedad mantiene como “habitual” fuera de las relaciones sexuales.
Yo soy masajista y aunque conozco formas de masaje que implican utensilios, nada es equiparable al tacto de la piel humana. EL quiromasaje (masaje con las manos) es una técnica que no solo aporta beneficios al cuerpo y la mente, sino placer.

¿Quién no ha disfrutado alguna vez de un masaje relajante y se ha sentido como transportado a otro lugar?
¿Hay acaso algún medio más efectivo para entrar en calor cuando hay frío?

Escena de "El Santo" en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

ola Escena de “El Santo” en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

 

Así que mi conclusión en este post es que disfrutemos de todos los beneficios y del placer que nos da el contacto. Todo el tiempo que queramos, con aquéllos que queremos.
Siempre hablamos de los beneficios que obtienen nuestros hijos del contacto, pero seguro que vosotros, como yo, sabéis, que el beneficio es mutuo al estar en contacto estrecho con ellos…
Y si no, os animo a ver la película La Belle Verte  sobre todo a partir del minuto 28.

 

los Humanos somos Mamiferos

los Humanos somos Mamiferos

Todos los mamíferos dan a luz gracias a una repentina emisión de hormonas. Una de ellas, concretamente la oxitocina, juega un papel trascendental, ya que es necesaria para la contracción del útero, lo que facilita el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta. También se la conoce por inducir amor maternal. Igualmente, todos los mamíferos pueden segregar una hormona de emergencia, la adrenalina, cuyo efecto es frenar la oxitocina.
La adrenalina se segrega ante una situación de peligro. El hecho de que la oxitocina y la adrenalina sean antagonistas explica que la necesidad básica de todos los mamíferos a la hora de parir es sentirse seguros.

En la jungla, la hembra no podrá dar a luz mientras exista un peligro, como por ejemplo la presencia de un depredador. En este caso, la segregación de adrenalina es una ventaja, pues los músculos que sostienen el esqueleto recibirán más sangre, y la hembra dispondrá de energía suficiente para luchar o huir; en este caso, es una ventaja poder frenar la producción de oxitocina y posponer el parto.
Existen multitud de situaciones asociadas con la producción de adrenalina. Los mamíferos la segregan cuando se sienten observados. Cabe destacar que los mamíferos cuentan con estrategias específicas para no sentirse observados cuando están de parto; la privacidad es, obviamente, otra necesidad básica. La hormona de emergencia está también implicada en la termorregulación. En un entorno frío, observamos otra de las conocidas funciones de la adrenalina:  inducir el proceso de vasoconstricción.

Así podemos explicar que, cuando una hembra está pariendo, y de acuerdo a la adaptabilidad de las especies, tiene que estar en un entorno lo suficientemente cálido.

Dado que los humanos somos mamíferos, tales consideraciones fisiológicas vienen a sugerir que, a la hora de parir, las mujeres deben sentirse seguras, pero sin sentirse observadas y con una temperatura ambiente adecuada.

 

 

Las Desventajas de los Humanos

Mientras que la perspectiva fisiológica identifica fácilmente cuáles son las necesidades primarias de las mujeres a la hora de parir, también podemos entender las desventajas específicamente humanas de este período, las cuales están relacionadas con el descomunal desarrollo de esa parte del cerebro denominada neocórtex.

Es gracias a nuestro altamente desarrollado neocórtex que podemos hablar, contar y ser lógicos, así como capaces de razonar. En su origen, el neocórtex es una herramienta que sirve a las viejas estructuras del cerebro, ayudando a nuestro instinto de supervivencia. El problema es que su actividad tiende a controlar estructuras primitivas del cerebro y, así, inhibir el proceso de nacimiento (y cualquier otro tipo de experiencia sexual).

Al respecto, la naturaleza encontró una solución para superar esta desventaja específicamente humana a la hora de dar a luz. Se entiende que el neocórtex debería de encontrarse en estado de reposo para que las estructuras primitivas del cerebro puedan fácilmente segregar las hormonas necesarias.

Esto explica el hecho de que cuando las mujeres están de parto tienden a aislarse del resto del mundo, a olvidar lo que leyeron o se aventuran a hacer lo que nunca habrían hecho en su vida diaria, como gritar, insultar, adoptar posturas inesperadas, etc.

Muchas veces he escuchado a mujeres decir, después de haber parido, “estaba como en otro planeta”. Cuando una mujer de parto “está en otro planeta”, significa que la actividad de su neocórtex es reducida. Esta reducción de la actividad del neocórtex es un aspecto esencial de la fisiología del nacimiento en los humanos, de lo cual se deduce que una de las necesidades básicas de las mujeres durante el parto es la de ser protegidas de cualquier tipo de actividad neocortical.

Desde un punto de vista práctico, es útil explicar lo que esto significa y repasar todos los factores bien conocidos que pueden estimular el neocórtex humano:

  • Lenguaje

En particular, el lenguaje racional. Cuándo nos comunicamos por medio del lenguaje, procesamos lo que recibimos con el neocórtex. Esto implica que si hay una comadrona, una de sus principales cualidades debería ser mantenerse al margen, en silencio y, sobre todo, evitar preguntar algo en concreto.

Imaginemos a una mujer en pleno parto y “ya en otro mundo”. Una mujer que grita, que se comporta de una manera que nunca se atrevería en su vida cotidiana. Se ha olvidado de todo lo que ha aprendido o leído sobre el nacimiento, ha perdido el sentido del tiempo y de pronto se le obliga a contestar a la pregunta “¿A qué hora hizo pipí por última vez?”. A pesar de que parezca sencillo, pasará mucho tiempo antes de que los que atienden partos comprendan el significado y la importancia de la palabra silencio.

  • Luz

Es otro factor que estimula el neocórtex de los seres humanos. Está sobradamente comprobado que la estimulación visual influye en el resultado de los encefalogramas. Cuando queremos dormir, apagamos la luz y corremos las cortinas, para así reducir la actividad de nuestro neocórtex, lo que implica que, desde una perspectiva fisiológica, una luz atenuada en general facilita el nacimiento.
Llevará tiempo convencer a los profesionales de la salud de la importancia de este asunto. Es interesante observar que cuando una mujer está de parto, espontáneamente adopta posturas que la protegen de los estímulos visuales, como por ejemplo, cuando está a cuatro patas, como rezando. Esta postura, tan común en las mujeres de parto, no sólo reduce el dolor en la espalda, sino que tiene también otros efectos positivos, como eliminar la causa principal de estrés fetal (se descomprime así la vena cava), al tiempo que facilita la rotación del cuerpo del bebé.

  • Sentirse observada

También puede ser otra manera de estimular el neocórtex. Cuando una persona se siente observada, existe una respuesta fisiológica que ha sido científicamente estudiada.

Por otro lado, es de sentido común que todos nos sentimos diferentes cuando sabemos que estamos siendo observados.
En otras palabras, la intimidad es un factor que facilita la reducción del control ejercido por el neocórtex. Resulta irónico que todos los mamíferos no humanos, que tienen un neocórtex no tan desarrollado como el nuestro, tengan una estrategia para dar a luz en la intimidad: los que están activos durante la noche, como las ratas, tienden a parir de día, y los que están activos durante el día, como los caballos, tienden a dar a luz durante la noche. Las cabras salvajes alumbran en zonas inaccesibles, y los chimpancés se alejan de su grupo, se aíslan.

La importancia de la intimidad nos enseña que existe una gran diferencia entre la actitud de una comadrona que se sitúa frente a la mujer de parto y la observa, y la de otra comadrona que se sienta discretamente en un rincón. También nos muestra que deberíamos de evitar introducir cualquier tipo de dispositivo que pueda ser percibido como un agente observador, del tipo de cámara fotográfica, de vídeo o monitor fetal electrónico. De hecho, toda situación que pueda desencadenar una liberación de adrenalina puede ser catalogada como un factor estimulante de la actividad neocortical.

Dificultades Mecánicas del Nacimiento del Homo Sapiens

Están también relacionadas con el desarrollo del cerebro. Cuando una mujer encinta llega a término, el diámetro menor de la cabeza del bebé (que no es exactamente como una esfera) casi coincide con el diámetro mayor de la pelvis de la madre (que tampoco es exactamente como un cono). El proceso evolutivo adoptó una continuidad de soluciones para así alcanzar los límites de lo que es posible.

La primera solución fue hacer el embarazo lo más corto posible; de alguna manera, el bebé humano nace prematuramente. Además, se ha probado recientemente que la mujer embarazada puede, hasta cierto punto, adaptar el tamaño del feto a su tamaño modulando el fluido sanguíneo y la disponibilidad de nutrientes hacia el feto. Es por esta razón que las madres receptoras de embriones de donantes con tallas genéticamente superiores llegan a término habiendo engendrado bebés más pequeños de lo previsto.

Desde un punto de vista mecánico, la cabeza del bebé tiene que estar lo más flexionada posible, de manera que presente el menor diámetro antes de emprender la espiral que lo llevará fuera de la pelvis materna. El nacimiento de los humanos es un complejo fenómeno asimétrico, con la pelvis materna abierta transversalmente al máximo de sus posibilidades a la entrada, y también lo más ancho posible longitudinalmente a la salida. Un proceso de “amoldamiento” puede cambiar ligeramente la forma del cráneo del bebé si fuera necesario.

Cuando se habla de las particularidades mecánicas del nacimiento humano no podemos dejar de referirnos y compararnos con lo que sucede con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés.
Con el embarazo a término, la cabeza de un bebé chimpancé ocupa un espacio significativamente menor en la pelvis materna, con la vulva de la madre perfectamente centralizada, con lo que el descenso de la cabeza del bebé se presenta de una manera lo más directa y simétrica posibles juzgar por los hechos, parece que desde que nos separamos de los otros chimpancés y a través de la evolución de las especies de homínidos, ha venido originándose un conflicto entre moverse rectos sobre los dos pies y la tendencia hacia un cerebro cada vez mayor.
El cerebro del Homo moderno es cuatro veces mayor que el de nuestro famoso ancestro conocido como Lucy. Tal conflicto en nuestras especies viene dado porque esa pelvis adaptada a un cuerpo verticalizado debe estrecharse, para así permitir que las piernas permanezcan juntas bajo nuestra columna vertebral, lo cual facilita la transferencia de fuerzas desde las piernas hasta la espina cuando corremos. Esta postura erguida se convierte en un requisito previo para nuestro desarrollo cerebral. Por otra parte, los mamíferos, que ejecutan sus movimientos con las cuatro extremidades a un tiempo, son incapaces de llevar cargas pesadas sobre la cabeza, como nosotros cuando andamos derechos.
Quizá es por este motivo por el que durante el proceso evolutivo se han encontrado soluciones como una pelvis ensanchable útil para el nacimiento del “mono con el cerebro grande”, teniendo en cuenta que cuanto más corrieran nuestros ancestros, mayores probabilidades de supervivencia.

Medio Cultural

Otra diferencia entre los humanos y los otros mamíferos es que, cuando un nacimiento ha sufrido cualquier clase de intervención, ya sea con drogas o simplemente por demasiada gente alrededor, el efecto es mucho más evidente a nivel individual entre los mamíferos no humanos.

Para explicar lo que acabo de decir existen incontables experimentos confirmando que el comportamiento maternal de los mamíferos no humanos puede cambiar espectacularmente si se pone al animal anestesia general.

Hace casi un siglo, en Sudáfrica, Eugene Marais estuvo realizando experimentos con la finalidad de confirmar su intuición de poeta de que existe una conexión entre el dolor del nacimiento y el amor materno (1).
Marais estudió un grupo de 60 antílopes cafres salvajes sabiendo que no había habido un solo caso de madre de este rebaño que hubiera rechazado a un retoño en los últimos 15 años. Procedió entonces a dar a las madres que iban a parir unas chupadas de cloroformo y éter; el resultado fue el rechazo posterior de éstas hacia sus crías. El comportamiento materno también puede ser alterado por la acción de la anestesia local.
En los años 80, Krehbiel y Poindron estudiaron los efectos de la anestesia epidural en ovejas con resultados fáciles de resumir (2): cuando las ovejas paren con anestesia epidural no cuidan de sus crías.

En Veterinaria, existe hoy en día la práctica de cesárea entre ciertas razas de perros. Esto es posible porque los seres humanos compensan esta práctica, que acarrea inadecuados comportamientos maternales entre los perros, con preparados lácteos que reemplazan la leche canina.
Referente a los efectos de la cesárea en la conducta de los primates contamos con extensa documentación, ya que diferentes especies de monos son utilizados como animales de laboratorio.
Por ejemplo, en el caso de dos tipos de macacos (los rhesus y los conocidos como “comedores de cangrejos”) (3),las madres no cuidan de sus crías tras una cesárea. En estos casos, el personal de laboratorio debe recubrir el cuerpo de la cría con secreciones vaginales con la finalidad de estimular el interés de la madre por el recién nacido. No es necesario presentar muchos más ejemplos de experimentos con animales para convencer a cualquier persona de que la cesárea, o simplemente la anestesia necesaria para la operación, pueden alterar fatalmente la actitud maternal de los mamíferos en general.

Con respecto a este asunto, los humanos son especiales.
Millones de mujeres en todo el mundo han cuidado a sus bebés tras una cesárea, una epidural o un parto en el que están “ligeramente colocadas”. Sabemos por qué el comportamiento de los seres humanos es más complejo y más difícil de interpretar que la conducta de otros mamíferos, incluyendo los primates (4). Los seres humanos han desarrollado sofisticados medios de comunicación: son capaces de hablar, han creado culturas y su comportamiento está menos influenciado por su regulación hormonal y más directamente por el medio cultural en el que habitan. Una mujer puede anticipar un comportamiento maternal cuando sabe que está embarazada. Esto no significa que no tengamos nada que aprender de los mamíferos no humanos.
Lo aprendido de los experimentos con animales nos indica el tipo de preguntas que debemos hacer cuando nos referimos a la especie humana, las cuales deben incluir tanto el término “civilización” como el término “cultura”.
Por ejemplo, si otros mamíferos no cuidan de sus crías tras un parto por cesárea, lo primero que nos tendríamos que plantear es:“¿Cuál es el futuro de una civilización nacida por cesárea?”.

Por un lado, el medio cultural atenúa los efectos del desequilibrio hormonal, pero por otro perturba el proceso del nacimiento. En otras palabras, todas las sociedades que conocemos han perturbado la fisiología del parto y nacimiento. La sociedad interfiere en el proceso fisiológico a través de comadronas o doctores que son a menudo demasiado activos, por no decir invasivos.

Al principio, las mujeres tenían la tendencia a dar a luz cerca de sus madres o cerca de una madre de la familia o la comunidad. Aquí se encuentra el origen de la Partería. La comadrona representa la figura de la madre. En un mundo ideal, nuestra madre es el prototipo de persona con quien nos sentimos seguras, sin ser observadas o juzgadas.

En muchas sociedades, la persona que atiende el parto representa el papel de guía o asistente.La transmisión de creencias y rituales es la forma más poderosa de controlar el proceso del nacimiento, y en particular, la fase del parto entre el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta. Por ejemplo, la creencia de que el calostro es nocivo y se debe evitar dar al bebé ha estado presente en los cinco continentes, y la consiguiente acción es que la criatura, inmediatamente después de nacer, debe estar en los brazos de otra persona distinta a la madre. De ello deriva, a su vez, la tan enraizada costumbre de precipitarse a cortar el cordón.

Éstos son sólo dos ejemplos de una larga lista de creencias y rituales que interfieren negativamente en el proceso fisiológico del nacimiento. También hay creencias que refuerzan ciertos rituales; por mencionar una, digamos que todavía en ciertos grupos étnicos de África Occidental la madre no debe ver los ojos de su bebé en las primeras 24 horas “para evitar que los malos espíritus invadan el cuerpo del recién nacido”.

Es importante darse cuenta de que la cultura del siglo XXI transmite sus propias creencias, especialmente entre los grupos que se autodenominan de “nacimiento natural” y que van en contra de lo que hemos aprendido de la perspectiva fisiológica y del comportamiento de los otros mamíferos (no humanos).

Por ejemplo, es común comparar a las mujeres de parto con atletas, a quienes se les aconseja consumir carbohidratos, proteínas y líquidos antes de empezar una actividad física extrema (5).

Mucha gente que trabaja adentro del “nacimiento natural” con madres embarazadas están influenciadas por tales comparaciones y les explican que cuando comience el parto deben comer, por ejemplo, pasta, y durante el trabajo de parto deben beber bebidas dulces, como jugos o agua y miel. Pero la realidad es otra: cuando la primera fase de un parto progresa bien, esto significa que el nivel de adrenalina de la parturienta es bajo. Esta mujer tenderá a permanecer inmóvil (quizás recostada hacia delante o sobre el costado, o como su cuerpo se lo pida). Cuando los músculos del esqueleto están descansando, es muy poca la energía que se gasta. Además, cuando un parto progresa bien, esto es una señal de que el neocórtex está descansando. Y recordemos que el neocórtex es otro órgano del cuerpo humano que necesita buena cantidad de glucosa para funcionar.

Comparar a una mujer de parto con una “atleta de maratón” nos puede llevar a otros errores, como el de sobreestimar la necesidad de agua. Es importante recordar que la parturienta no pierde mucha agua porque presenta altos niveles de vasopresina (la hormona que retiene agua) y porque los músculos del esqueleto no están activos. Esta analogía tan errónea (parturienta = atleta) hace que muchas mujeres de pronto terminen con una vejiga demasiado llena. Al mismo tiempo, a muchas mujeres de parto se les aconseja caminar. ¡Pero cuando la embarazada no tiene ganas de hacer nada es un señal muy buena!, pues significa que su nivel de adrenalina es bajo (6). Por regla general, cuando la primera fase del parto marcha bien, las mujeres tienden a estar pasivas, reclinadas o a cuatro patas, y sugerirles una actividad muscular no sólo es contraproducente, sino hasta cruel.

Los Momentos Cruciales

¿Cuáles son las ventajas evolutivas de esta multitud de creencias y rituales que tienden a enfrentarse al instinto protector materno durante ese período de tiempo considerado tan crítico para el desarrollo de la capacidad de amar?

En el contexto científico actual podemos hacernos tales preguntas porque las respuestas vienen solas. Desde los tiempos en los que la estrategia básica de supervivencia de la mayoría de los grupos humanos era dominar la Naturaleza y dominar a otros grupos humanos, era ventajoso hacer a los seres humanos agresivos y capaces de destruir la vida. En otras palabras, era una ventaja moderar la capacidad de amar, incluyendo el amor por la Naturaleza y el respeto por la Madre Tierra. Era una ventaja perturbar los procesos fisiológicos en el período perinatal, particularmente la fase que va desde el nacimiento del bebé hasta la expulsión de la placenta, y que ahora sabemos que es crítica en el desarrollo de la capacidad de amar.

A través de miles de años se han ido seleccionando los grupos humanos según su potencial de agresividad, y todos nosotros somos, hoy día, el fruto de tal selección. Estas consideraciones pertenecen al contexto de lo que yo llamo ‘Criterio del siglo XXI’ (7).

Nos encontramos en un momento crucial donde la Humanidad debe inventar nuevas estrategias de supervivencia. Actualmente estamos llegando al límite de las viejas tradiciones. Tenemos que hacernos nuevas preguntas del tipo “¿Cómo se desarrolla el amor y el respeto por la Madre Tierra?”. Para no seguir destruyendo nuestro planeta necesitamos más que nunca la energía del Amor.

Todas las creencias y costumbres que ignoran el instinto protector materno ya no ofrecen ventaja evolutiva alguna. Tenemos nuevas razones para dejar de una vez de interferir en los procesos fisiológicos. Tenemos nuevas razones para redescubrir las necesidades básicas de las mujeres que dan a luz y las necesidades de sus recién nacidos. Este punto crucial en la Historia de la Humanidad coincide con el momento mismo en el que la Historia del Nacimiento atraviesa una etapa totalmente nueva.
Aunque todas las sociedades humanas han querido controlar el nacimiento, la situación es radicalmente nueva al comienzo del siglo XXI (8). Hasta hace muy poco, una mujer no podía ser madre sin emitir un flujo de hormonas, que son en realidad un complejo cóctel de hormonas del amor. Pero actualmente, con la industrialización de los nacimientos, la mayoría de las mujeres dan a luz sin producir estas hormonas. Muchas tienen cesáreas programadas, a otras se les bloquea su flujo natural de hormonas al utilizar la oxitocina sintética combinada con la anestesia epidural. Y aquéllas que dan a luz sin intervención muy a menudo reciben un agente farmacológico para la expulsión de la placenta en un momento tan crítico para la relación madre-hijo. Quiero subrayar que la inyección de oxitocina sintética no conlleva un efecto sobre la conducta porque no alcanza el cerebro. De seguir con tales prácticas, debemos preguntarnos cómo será la civilización futura.

Una Guía Simple y Lógica

Ya que es urgente mejorar nuestra comprensión de lo fisiológico, una simple guía nos parece apropiada para redescubrir las necesidades de las mujeres durante el parto.

Éstas pueden ser resumidas en una frase: en lo que concierne al parto y al nacimiento, todo lo que es específicamente humano debe ser eliminado, al tiempo que las necesidades mamíferas deben ser satisfechas.

Suprimir lo que es específicamente humano implica primero liberarse de todas las creencias y costumbres que han interferido la fisiología de este proceso durante milenios. También significa que el neocórtex, esa parte del cerebro tan desarrollada en el ser humano, necesita reducir su actividad, y que el lenguaje, específicamente humano, debería ser utilizado con extrema precaución.

Para satisfacer nuestras necesidades de mamíferos humanos necesitamos otorgar gran importancia a la intimidad, ya que todos los mamíferos tienen una estrategia para no sentirse observados cuando paren.

También tenemos la necesidad de sentirnos seguros. Es significativo que cuando una mujer disfruta de completa intimidad y se siente segura, a menudo adopta posturas típicas de los mamíferos, como por ejemplo, a cuatro patas. Es común oír decir que el nacimiento debe “humanizarse”. Pero en realidad la prioridad es “mamiferar” el nacimiento. El nacimiento debe, en cierta manera, deshumanizarse.

MichelOdent.com
www.wombecology.com
(www.birthworks.org/primalhealth)

(Las imágenes del artículo se han cogido del un buscador de imágenes, si alguno de lo autores desea que se elimine, sólo ha de hacérmelo saber)

Parir sin dolor

Ilustración de Arthur Robins para el libro "Where did I come from?" de Peter Mayle

Ilustración de Arthur Robins para el libro “Where did I come from?” de Peter Mayle

 

Desde que somos niñas las únicas imágenes de partos que vemos es a través de las películas y siempre se repite lo mismo: mujeres gritando, con cara de dolor y desesperación, mujeres tumbadas boca arriba implorando porque eso termine o porque venga el “salvador” que les anestesie para poderlo aguantar.

Si además nuestras madres también parieron de esa forma pues no tenemos mucho más con lo que comparar esa información.

Desde muy pequeña supe cómo se tenían los bebés.
Recuerdo estar en la cama con mi madre y ella explicármelo con un libro muy bonito que se titulaba “¿De dónde venimos”.

Es curioso cómo reaccionan los niños a las verdades… con normalidad absoluta.

Pero poco a poco esa verdad completamente asumida y aceptada con normalidad empieza a inundarse con otra idea que envuelve el resto del proceso: PARIR DUELE MUCHO.

 

Sólo sabemos del parto que duele mucho, eso pensamos, eso esperamos…y eso es lo que ocurre, del mismo modo que generaciones anteriores de mujeres con un total desconocimeinto de la sexualidad femenina se enfrentaban a su primer coito con la certitud de que iba a doler… y dolía. Así es nuestro cuerpo: obediente, siempre (o casi siempre)  al servicio de nuestra mente.

De este modo no es que parir con dolor sea un castigo divino, del mismo modo que el maltrato y dominación masculina a la mujer lo sea… somos dueños de nuestros actos y es el propio ser humano quien ha despojado a las mujeres de la capacidad de parir sin dolor a base de convencernos de que parir duele y mucho…

Cuántas de nuestras abuelas habrán vivido sin tener una relación sexual placentera… ¿porque no eran capaces? ¿porque eran frígidas? No, sencillamente porque les enseñaron que el sexo era una obligación marital, de servicio al hombre y que había que “aguantar”.  Sumado a eso la idea de que el placer era pecaminoso ( al parecer no conocían el libro bíblico de “El Cantar de Los Cantares”) ya teníamos el cocktail completo. Nadie les explicó cómo funcionaban sus cuerpos, su sexualidad, y por eso vivieron el sexo como una condena.

La mayoría de nosotras hemos superado esa etapa, pero nos queda otra pendiente. El parto es un proceso más de nuestra sexualidad, pero nos sigue siendo desconocido, seguimos viviéndolo como algo ajeno a nosotras, hemos dejado de ser protagonistas para ser pasivas… y en ese sentido igual que esas relaciones sexuales que mencionábamos antes podrían califiacrse de violaciones, nuestros partos medicalizados también lo son en muchos casos. O al menos muchas los sentimos así: el mismo miedo e incertidumbre, la misma postura humillante y de sumisión, la misma sensación de no controlar nada, tocadas y manipuladas en nuestra zona genital por personas desconocidas sin pedirnos permiso.

¿Qué hizo que el sexo dejara de ser un castigo para recuperar su lugar?

La información y el conocimiento de nuestro cuerpo y su sexualidad.

Pues esa es la clave para que podamos parir de otro modo, conocer nuestro cuerpo y saber cómo actúa en cada etapa fisiológica (no patológica) de la vida.

Saber cómo ayudar a nuestro cuerpo a cumplir su función, no obstaculizar los procesos normales con prácticas rutinarias, innecearias y agresivas.

Dejar a las drogas naturales (endorfinas) que actúen , tener la libertad de movimientos que nos pida nuestro cuerpo, sentirnos con la intimidad necesaria para que nuestro cuerpo se “abra”, igual que se abre durante un orgasmo. Al fin y al cabo la hormona implicada en ambos procesos es la misma: la oxitocina.

Cuando fui investigando más sobre el tema y supe que había mujeres que paren sin dolor, incluso con placer, pensé que era lógico. Si todo el proceso puede ser placentero: la concepción, la gestación, ¿por qué no el parto?

Evidentemente requerirá preparación, más mental que física, ya que el mayor bloqueo está en nosotras mismas y en nuestro bagaje histórico y cultural. Pero no es imposible. Podemos trabajar desde dentro y ayudarnos desde fuera. Ayudarnos conociendo nuestro cuerpo y conociendo nuestros propios miedos para poder vencerlos.

En ese sentido el canto ha resultado ser una ayuda para controlar la respiración y el dolor. Eso es algo que muchas culturas antiguas conocen y que llegó a nosotros de la mano del Dr. Fredrick Leboyer.

Al cantar controlamos la garganta, el diafragma y la musculatura abdominal, pero  el efecto llega más lejos aún, hasta el periné.  Si la garganta está distendida se distiende también el canal vaginal. Por eso cantar durante el trabajo de parto puede ayudar a equilibrar nuestra respiración y a relajarnos.

En este documento de Gabriella Bianco (MïmameMamá)tenéis una explicación muy clara sobre el canto carnático

El primer vídeo que vi de un parto “cantado” fue el de Magali Dieux titulado “Naître Enchantée”. En  esta entrevista ella misma relata su experiencia y explica cómo el canto ayuda en este proceso.

Y en estos otros vídeos podéis ver otros ejemplos de mujeres que cantan durante su trabajo de parto:

Si queréis saber más sobre este tema os dejo una entrevista en 2 partes con el Dr. Leboyer (en inglés) y algunos enlaces relacionados.

Entrevista al Dr. Frederick Leboyer

“El parto puede afrontarse con serenidad con el parto carnático”

Bonding prenatal

ANEP

El Nacimiento y los Orígenes de la Violencia

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar.

Cuando acudimos a la biografía de grandes figuras de la humanidad que comúnmente asociamos con el amor, como pueden ser Venus, Buda y Jesús, se nos presenta la manera en que tuvo lugar su nacimiento como una fase muy importante, como un momento crítico en el desarrollo de sus historias vitales. Por contra, la biografía de personajes famosos, políticos, escritores, artistas, científicos, gente del mundo de los negocios y sacerdotes suele comenzar describiendo detalles de la infancia y educación. ¿Podría indicar esta notable diferencia entre ellos que el nacimiento es un momento crucial en el desarrollo de nuestra capacidad de amar?

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar. Durante el proceso del nacimiento, segregamos una serie de hormonas que permanecen en los sistemas corporales tanto de la madre como del bebé justo después del nacimiento. Ambos, la madre y el bebé, se encuentran entonces en un equilibrio hormonal cuya duración tiene una naturaleza vital corta y que, además, no volverá a presentarse en el futuro. Si consideramos las funciones de estas hormonas y el tiempo que tardan en ser eliminadas por parte de nuestro organismo, entenderemos entonces que cada una de estas diferentes hormonas cumple exclusivamente un papel igualmente diferenciado en la interacción madre-bebé.

Son estas mismas hormonas las que funcionan en cualquiera de los aspectos relacionados con lo que conocemos como amor. Datos recientes que van aportando diferentes ramas de la literatura científica vienen a presentar, en esta línea, una nueva visión de la sexualidad. Existe una hormona del amor al igual que también contamos con un sistema de recompensa que opera cada vez que, como animales sexuales que somos, hacemos algo que es necesario para la supervivencia de la especie.

“La primera hora que sigue al nacimiento conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar.”

La oxitocina se encuentra en medio de cualquier aspecto relacionado con el amor. Primeramente es secretada por una primitiva estructura de nuestro cerebro llamada hipotálamo; posteriormente pasa a la glándula pituitaria posterior desde donde, bajo circunstancias específicas, es liberada repentinamente en el torrente sanguíneo. Hasta hace bien poco, venía sosteniéndose que la oxitocina era un tipo de hormona característica del sexo femenino cuyo único papel consistía en estimular las contracciones uterinas durante el trabajo de parto y el parto, así como las contracciones del pecho durante la lactancia. Hoy se sabe que la oxitocina es una hormona tanto femenina como masculina y que se encuentra presente en diferentes aspectos de la vida sexual.

Función de la oxitocina en la excitación sexual

Hace muy poco que ha salido a la luz la función de la oxitocina durante la excitación sexual y el orgasmo. Esto, tras innumerables experimentos con oxitocina en ratas y otros animales de laboratorio. Por ejemplo, cuando se inyecta la oxitócica a aves domésticas de corral y palomas, la mayoría, un minuto después de la inyección, empieza a moverse a ritmo de vals, a agarrarse unos a otros por las crestas y a montarse. Hace ya décadas que viene utilizándose la oxitocina con animales en cautividad con fines relacionales. Es ahora cuando contamos con estudios científicos que muestras los niveles de oxitócica durante el orgasmo en los humanos. El equipo [de investigación] de Mary Carmichael de la Universidad de Standord en California ha publicado un estudio en el que se tomaron medidas de los niveles de oxitocina entre hombres y mujeres durante la masturbación y orgasmo. Estas mediciones se realizaron por medio de muestras de sangre recogidas continuamente a través de un catéter fijo en la vena (1). Los niveles obtenidos antes del orgasmo, durante la estimulación, resultaron ser superiores entre las mujeres que entre los hombres. Ciertamente, ya eran superiores durante la segunda fase del ciclo menstrual en comparación con la primera fase. También las mujeres presentaban niveles significativamente superiores que los hombres durante el orgasmo; de la misma forma, las mujeres multiorgásmicas obtenían un pico más elevado durante el segundo orgasmo. En el orgasmo masculino, la oxitocina ayuda a inducir las contracciones de la próstata y las bolsas seminales. El efecto inmediato que conlleva la liberación de oxitocina durante el orgasmo femenino es el de inducir el tipo de contracciones uterinas que ayudan a trasportar el esperma hacia el óvulo. Existen datos de estos hechos datados ya en 1961 aportados por dos médicos americanos y obtenidos durante una operación ginecológica. Ocurrió cuando antes de realizar la incisión abdominal, fueron introducidas partículas de carbono en la vagina de la mujer, cerca del corvino, a la vez que le era administrada una inyección de oxitocina. Luego, encontraron partículas de carbono en las trompas de Falopio (2).

“La oxitocina es una hormona tanto femenina como masculina y se encuentra presente en diferentes aspectos de la vida sexual.”

Margaret Mead, tal y como han hecho muchos antropólogos, se percató de que, en muchas sociedades, el papel del orgasmo femenino había sido totalmente ignorado, considerando que no cumplía función biológica alguna (3). En el mismo estadio de desarrollo de las ciencias biológicas, Wilhelm Reich fue incapaz de relatar cuál era exactamente el papel del orgasmo femenino (4). Hoy en día, con los datos de los que disponemos, podemos mostrar una visión completamente nueva del orgasmo femenino.

La hormona del amor altruista

Sabemos que cierto nivel de oxitocina es necesario durane el proceso del nacimiento, y los obstetras han venido siendo conscientes de ello desde hace bastante tiempo. Sin embargo, no es hasta la actualidad cuando nos interesamos por la cantidad de oxitocina que es liberada justo después de que el bebé ha nacido. La importancia de este pico es especialmente relevante cuando lo ligamos a nuestro reciente conocimiento de que la oxitocina puede inducir a la conducta maternal. Cuando la inyectamos en el cerebro de una rata virgen o una rata macho, se vuelve maternal y comienza a cuidar a los cachorros. En el aso opuesto, si inyectamos un antagonista de la oxitocina directamente en le cerebro de las madres ratas justo después del parto, no prodigan una gran atención a sus crías. Puede decirse que uno de los mayores picos de secreción de la hormona del amor que acontece en la vida de una mujer se da justamente tras el nacimiento, siempre y cuando éste transcurra sin que medien hormonas de sustitución administradas a la madre durante el parto. Parece que el feto también libera oxitocina, lo cual contribuye al comienzo del trabajo de parto a la vez que puede configurar la propia capacidad del bebé para liberar la hormona del amor.

“La oxitocina está presente en la leche humana; es decir, el bebé que es amamantado absorbe cierta cantidad de la hormona del amor a través del tracto digestivo”

En este mismo sentido, estamos en estos momentos conociendo más acerca del papel de la oxitocina en la lactancia. Se ha comprobado el hecho de que cuando una madre oye una señal de su bebé con hambre, se produce un aumento en los niveles de oxitocina, por lo que podemos establecer un paralelismo entre la excitación sexual que comienza antes de que exista cualquier tipo de contacto físico. Tenemos entonces niveles igualmente elevados de oxitocina liberados por una madre en el momento en el que el bebé mama que durante un orgasmo, lo que constituye otro paralelismo entre estas dos situaciones en la vida sexual. Aún más, la oxitocina se encuentra presente en la leche humana. Dicho de otro modo, el bebé que es amamantado absorbe cierta cantidad de la hormona del amor a través del tracto digestivo. Y cuando nos encontramos compartiendo una comida con más personas, también incrementamos nuestros niveles de oxitocina. La única conclusión posible es que la oxitocina es una hormona altruista, una hormona del amor.

Así, cualquier episodio de la vida sexual se caracteriza por la liberación de una hormona altruista, y esto también se refiere a la liberación de sustancias morfina-like. Este tipo de endomorfinas actúan como hormonas de placer como analgésicos naturales. Durante al acto sexual se liberan niveles altos de endormorfinas, por lo que para personas que padecen de migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor de cabeza. Existe al respecto mucha documentación acerca del uso por parte del organismo de estas sustancias en diferentes tipos de animales.

“En las sociedades en las que la sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor probabilidad de tener partos más fáciles, y a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento probablemente influye en otros aspectos de nuestra vida sexual”

Pongamos como ejemplo el caso de los hámster y las betaendorfinas, cuyos niveles en sangre aumentaron en 86 veces en ejemplares machos después de la quinta eyaculación en comparación con los animales del grupo de control. En esta misma línea se han realizado estudios en humanos que profundizan en el papel de la liberación en sangre de endorfinas durante el trabajo de parto y el parto. Como consecuencia de estos nuevos estudios, ha salido a la luz el tema del dolor y si éste es psicológico o resultado de condicionamientos culturales, asunto que ha formado parte del debate con argumentos que podemos situar en hace 40 años. Hoy por hoy damos por aceptado el concepto del dolor psicológico, aunque también existe un sistema de compensación cuya finalidad es regular el uso de sustancias opiáceas naturales por parte del organismo humano. Ése es sólo el comienzo de una larga serie de reacciones.

Por ejemplo, las betaendorfinas liberan prolactina, una hormona que le da el toque final a la maduración de los pulmones del bebé y que es igualmente necesaria para la secreción de la leche materna. También la oxitocina ayuda en este caso a la subida de la leche.

Este aparentemente simple hecho de liberación de endorfinas durante el proceso del nacimiento nos dice que en los 90 no podemos ya separar el estudio del dolor del estudio del placer, dado que el sistema que nos protege del dolor es el mismo que nos produce el placer. Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos. Es entonces cuando se establece esa relación de apego o vínculo, ya que los opiáceos crean un estado de dependencia. De igual manera, cuando los individuos de la pareja sexual se encuentran uno junto al otro e impregnados de opiáceos, se crea otro tipo de dependencia muy similar a la relación de apego entre una madre y su bebé.

Teniendo en cuenta que la lactancia es necesaria para la supervivencia de los mamíferos, no sorprende advertir que existe un sistema interno de recompensa que anima a la madre a dar el pecho. Cuando una madre amamanta, en veinte minutos alcanza el nivel máximo de endorfinas; así, al bebé le ha recompensado la crianza desde que la leche humana contiene endorfinas. Éste es el motivo por el que algunos bebés se muestran como “elevados” después de mamar.

“Durante el acto sexual se liberan niveles altos de endomorfinas, por lo que para las persona que padecen de migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor de cabeza.”

Nuestros conocimientos acerca de las endorfinas es aún muy reciente. Hace sólo 20 años,Pert y Snyder publicaron un artículo histórico en la revista Science donde revelaban la existencia de células sensibles a la recepción de opiáceos en el tejido nervioso de los mamíferos. Entonces, si el sistema nervioso humano contiene células sensibles a los opiáceos, podríamos pensar que el cuerpo humano es capaz de producir alguna sustancia o sustancias muy similares a las que segrega el opio (5). En cuando se entiendan por completo estos datos científicos publicados, dispondremos de una nueva base de la que partir a la hora de afrontar temas como la relación entre el placer y el dolor, el comportamento masoquista y sádico, la filosofía del sufrimiento, el éxtasis religioso y los sustitutos de la satisfacción sexual, por citar sólo unos pocos temas a modo de ejemplo.

“Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados en opiáceos”

Tanto la oxitocina, hormona del amor, como las endorfinas, hormona del placer, forman parte de un complejo equilibrio hormonal. Pongamos como ejemplo un caso de liberación de oxitocina de modo repentino. De acuerdo a un equilibrio hormonal, podemos dirigir la necesidad de amar en direcciones diferentes. En el caso de una madre con niveles altos de prolactina, ésta, en su trato con el bebé, tiende a concentrar su capacidad de amar hacia su bebé. Cuando los niveles de prolactina son bajos, como ocurre normalmente en los casos de madres que no dan el pecho, el amor es dirigido entonces hacia una pareja sexual, y es que la hormona necesaria para la secreción de la leche materna, la prolactina, disminuye el deseo sexual. Cuando un hombre tiene un tumor por el que segrega prolactina, el primer síntoma es la impotencia sexual. Los fármacos “antiprolactina” pueden ser inductores de sueños eróticos.

Adrenalina y contacto visual

Existen hormonas que inhiben ciertos episodios de la vida sexual, hormonas de la familia de la adrenalina que son liberadas cuando los mamíferos tienen miedo o sienten frío. Este tipo de hormonas, denominadas “de emergencia”, son las que nos proveen de la energía necesaria para protegernos en caso de lucha o de huida. En el caso de una hembra mamífero amenazada por un depredador potencial cuando ésta se encuentra pariendo, este tipo de adrenalina permite a la madre posponer el proceso del nacimiento, parándolo y retrasando ese momento con el fin de impulsar a la madre a luchar o huir del peligro. Es bien sabido por los ganaderos que el imposible ordeñar a una vaca asustada.

Ahora bien, los efectos de la adrenalina durante el proceso del nacimiento prueban ser más complejos en este caso. Ambos, la madre y el bebé, experimentan picos de adrenalina durante las últimísimas contracciones que preceden al nacimiento. Con ello se permite y facilita a la madre estar alerta cuando nace el bebé; además, para los mamíferos supone una ventaja añadida, ya que liberan energía suficiente para proteger al recién nacido. Otro de los efectos derivados de tal cantidad de adrenalina disponible en el organismo del feto es que, igualmente, éste entra en el nacimiento en estado de alerta, con los ojos bien abiertos y las pupilas dilatadas de ahí la fascinación de las madres por la mirada de sus criaturas recién nacidas. Aparentemente, este contacto visual representa para los humanos una piedra de toque fundamental en el comienzo de la relación madre-bebé. Hemos de destacar en este punto que las hormonas de la familia de la adrenalina, tan generalmente relacionas con la agresión, cumple un rol muy específico en la interacción madre-bebé durante la hora siguiente al nacimiento.

El cerebro primitivo

En los seres humanos, el principal órgano en funcionamiento durante cualquier actividad sexual es el cerebro. Las ciencias biológicas modernas ven el cerebro como una glándula primitiva que secreta hormonas, pero sólo las primitivas estructuras del cerebro y las que rodean al hipotálamo -aquéllas que compartimos hasta con los mamíferos más primitivos- están activas durante la relación, el nacimiento y la lactancia. Los humanos tenemos un neocórtex -estructura cerebral recientemente descubierta- que alberga al intelecto sobre y alrededor de la estructura cerebral primitiva. Cuando este cerebro racional es sobre estimulado, tiende a inhibir la acción del cerebro primitivo. Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que la mujer de parto le da la sensación de estar en otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia reduciendo la actividad del neocórtex. Y contrario, durante el proceso del nacimiento y cualquier experiencia sexual, una estimulación del neocórtex tiene un efecto inhibitorio: una conversación lógica, sentirse observada, luces fuertes, etc. Hay pocas parejas que puedan hacer el amor si se sienten observadas o si sus neocórtex se encuentran estimulados por luces fuertes o pensamientos lógicos.

Resulta irónico que los mamíferos no humanos, cuyo neocórtex no está tan desarrollado como el nuestro, cuenten con una estrategia para dar a luz en privado. La sensación de seguridad es un requisito previo para mantener el estado de privacidad. Para uno sentirse seguro, antes debe de sentirse protegido. Recordemos que las primeras comadronas eran normalmente las madres de las mujeres que estaban dando a luz. Otras comadronas que sustituían a la figura materna debían ser, sobre todo, personas protectoras.

“Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que a la mujer de parto le da la sensación de estar en otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia reduciendo la actividad del neocórtex”

Tratar la sexualidad como un todo supone tener en cuenta muchas implicaciones. En las sociedades en las que la sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor probabilidad de tener partos más fáciles, y a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento probablemente influye en otros aspectos de nuestra vida sexual.

Es necesario un completo trabajo para estudiar estas correlaciones, las cuales están basadas en muchos textos antropológicos de la muy reciente y moderna etnología, como el trabajo de Malinowski The Sexual life of Savages (7) y los estudios de Margaret Mead. Nos encontramos con las mismas correlaciones cuando comparamos las últimas estadísticas relacionadas con el nacimiento del s. XX en los países de Europa: los nacimientos son más fáciles en Suecia que en Italia.

Por supuesto, amor y sexualidad no son sinónimos. Nadie puede definir el amor, ni nadie puede analizar con precisión los distintos tipos de amor. La última forma de amor entre los humanos debería de ser el amor a la Naturaleza, un gran respeto hacia la Madre Tierra. Durante la primera hora que sigue al nacimiento, el primer contacto del bebé con su madre es un período crítico en el desarrollo de la capacidad de respeto a la Naturaleza. Debe de existir algo en común entre la relación con la madre y la relación con la Madre Tierra. Debe de haber algunas, muy pocas, culturas en la que exista excusa alguna para interferir en el primer contacto entre madre y el bebé. En estas culturas, la necesidad de dar a luz en la intimidad siempre se ha respetado, culturas que se han desarrollado en sitios donde los humanos tenían que vivir sus vidas en armonía con el ecosistema, donde resultaba una ventaja desarrollar y mantener el respeto hacia la Madre Tierra.

Cuando el proceso del nacimiento se vea como un período de suma importancia en el desarrollo de la capacidad de amar, ocurrirá la revolución en nuestra visión de la violencia.

Michel Odent

Publicado en la Revista Obstare nº 7,  2002 

Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer. M. Odent

La Química del Amor

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. En cambio, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social.

 

science parentingLa capacidad para amar es uno de los dones que la naturaleza nos ha concedido. El amor propicia que en nuestro cerebro se precipiten armoniosas cantidades de sustancias químicas, gracias a las cuales nos sentimos bien, abiertos, creativos, fuertes y muy contentos. Cuando amamos intensamente, vivimos con la misma intensidad. Si nuestro amor no es pleno, nuestra vida tampoco lo será.

Cuando permites a tu hijo que te ame en paz, se ponen en marcha en su cerebro una serie de maravillosas sustancias químicas. A pesar de que el amor sea un concepto difícil de explicar en términos neurocientíficos, los investigadores piensan que genera una gran cantidad de sustancias estimulantes positivas: ciertos opioides, oxitocina y prolactina, a las que llamaremos sustancias clave de la vinculación afectiva.

Al parecer, las relaciones cálidas nacen de ciertos procesos protagonizados por los opioides que tienen lugar en el cerebro. Se sabe que los mamíferos prefieren pasar más tiempo en compañía de aquellos en cuya presencia han experimentado secreciones cerebrales de oxitocina y opioides. Los opioides, en combinación con la oxitocina y otras sustancias producidas de manera natural por el cuerpo, son posiblemente los productos clave en los estados de bienestar o de satisfacción intensa. Su acumulación, cuando se activan en el cerebro, afecta a la percepción, de manera que te hacen sentir que todo va bien en el mundo.

Amar en paz también conlleva que tu flujo de conciencia, pensamientos y sentimientos te transporten a un mundo interior agradable, como consecuencia de la actuación de los opioides en el cerebro.

Asimismo, es también posible que las mejores cualidades humanas -generosidad, compasión y apertura hacia los demás- estén generadas por la acción de los opioides. Incluso, hay personas ennuestra vida que activan los opioides en nuestro cerebro o, por decirlo con una metáfora, provocan que salga el sol. La mera presencia o recuerdo de estas personas nos ayuda a recuperarnos en momentos de lucha y sufrimiento. El caudal de opioides y oxitocina liberado por el amor pacífico también contribuye a reducir en gran medida nuestros sentimientos negativos y, en especial, la soledad, el aislamiento, la negatividad y el enfado.

Fuerza psicológica

Cuando más cálidas, incondicionales, constantes y físicamente afectivas sean tus relaciones con tu hijo,´más abundantes serán las secreciones de opioides, oxitocina y prolactina en su cerebro. Y cuando recuerde tu cálida presencia se sentirá a salvo. Al poco tiempo, vuestro vínculo permitirá a tu hijo desarrollar fuerza psicológica. Los investigadores han descubierto que la fuerza psicológica está relacionada con la presencia de opioides en el cerebro.

Esto significará que tu hijo crecerá con la capacidad de:

  • Pensar en situaciones de tensión y tranquilizarse-
  • Tener confianza en sus capacidaes sociales, así como calidez y gentileza.
  • Transformar la adversidad en oportunidad.
  • Responder a los estímulos de los demás pensando en lo que se dice en lugar de enfadarse o marcharse.
  • Tender a la resolución de los conflictos y no a la culpabilidad.

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. Cuando los investigadores dedicados al cerebro dieron a un grupo de animales pequeños pequeñas dosis de opioides y a otro una determinada sustancia inhibidora de opioides, resultó que los del primer grupo salieron victoriosos al competir con los del segundo.

En el mundo

La ciencia de las relaciones materno o paterno-filiales firmes y amables nos enseña mucho acerca de las atrocidades que tienen lugar en el mundo. A partir de diversas investigaciones con mamíferos, sabemos que los opioides y la oxitocina son sustancias que tienen mucho poder a la hora de anular la agresividad. “No tener deseos de luchar”, ya sea en el entorno físico o en el del lenguaje, reviste una importancia capital no sólo en la esfera familiar, tiene también implicaciones en el modo en que nuestros hijos se comportarán cuando sean adultos y en los efectos que su conducta tendrá en el mundo que habiten.

En el mundo, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social. Si el niño no se siente querido o no confía en la constancia del amor que sus padres sienten por él, su salud psicológica se tornará vulnerable. El miedo a la pérdida del amor materno o paterno llegá a ser tan terrible que, a veces, dispara las reacciones de huida o lucha en el cerebro reptil del niño.

La investigación demuestra que la activación escasa del lóbulo frontal izquierdo del niño es consecuencia de haber tenido un padre irresponsable. El niño cuyos padres sean irresponsables en lo emocional y que, en consecuencia, posea un lóbulo frontal izquierdo que apenas se pone en marcha, tiene más posibilidades de albergar sentimientos negativos hacia sí mismos y hacia los demás, y, en ese caso, no querrá acercarse a sus padres para darles cariño ni tampoco a sus compañeros en busca de amistad, pues tendrá demasiado miedo al rechazo. Una actitud ante el mundo como ésta puede continuar durante la madurez.

El futuro

Si tu hijo aprende a amar en paz, en su madurez será capaz de:

  • Elegir a sus parejas con fortuna, pues se acercará a las personas que le traten bien y se alejará de las que no.
  • Desarrollar y mantener relaciones íntimas satisfactorias a largo plazo.
  • Disponer de recursos para ser tierno, gentil, compasivo y apasionado.
  • Escuchar, calmar, confortar y ayudar a los demás en lo relativo a las emociones.
  • Ser espontáneo a la hora de darse a la persona que ama
  • Ser amoroso y sexual al mismo tiempo.
  • Alimentar sus relaciones íntimas con cumplidos, aprecio y sorpresas agradables, y compartir con generosidad sus pensaientos y sentimientos íntimos aún cuando le parezca dificil hacerlo.

 

margot sunderland

Margot Sutherland
Autora de La ciencia de ser padres
Fuente: www.holisitika.net

 

Carta de Carmen Pascual (Comadrona)

Carta de Carmen Pascual (Comadrona)

 

Mi nombre es Carmen Pascual Calle, y soy matrona.
Después de la especialidad trabajé 4 años en un hospital de Zaragoza. Allí me dí cuenta de que la mayor causa de complicaciones en el parto provenían del miedo que sentía la mujer por el desconocimiento del proceso y el desamparo al encontrarse en un medio desconocido para ella.

Cuando tomaba el relevo con las compañeras y me daban el parte, siempre había alguna mujer en situación apurada: nerviosa, con fuerte sensación dolorosa y sin progreso en la dilatación, con muchas horas de trabajo de parto. En la mayoría de los casos bastaba con sentarte a su lado, comprender su situación y hacerle ver que ibas a estar con ella para ayudarla. Esto le tranquilizaba, y junto con algunas indicaciones sencillas de cómo utilizar la respiración para relajarse era suficiente para que cambiase completamente su situación: menos sensación dolorosa, progresión en la dilatación, etc…

Viendo claro por qué les resultaba tan difícil parir a algunas mujeres, decidí después de 4 años en el hospital dedicar un esfuerzo a formar a las mujeres para que no tuvieran miedo al parto y que colaboraran con su instinto para parir y también que consideraran a los ginecólogos y matronas sus aliados, sobre todo si se complicaba el proceso.

Los años que estuve trabajando formando a los padres para que tuvieran un parto normal fueron muy fructíferos. Entonces no se aplicaba la epidural y las mujeres aprendían técnicas de relajación, posturas y otras técnicas como el masaje lumbar y sacro o la aplicación de calor para aliviar la sensación dolorosa. Tengo que decir que un porcentaje alto de mujeres tenía un parto normal, con poca sensación dolorosa, debido al grado de relajación que alcanzaban.

Un buen día, apareció por mi centro de preparación al parto una mujer gestante de su segundo hijo. Se la veía sana y fuerte y me contó su experiencia del parto del primer hijo: muchas horas de dilatación, contracciones muy dolorosas e inmovilizada en la cama con gotero de oxitocina y monitor. Ahora no quería exponerse a pasar otra vez por la misma experiencia y me expresaba su deseo de parir a este hijo en su casa.

Nunca hubiera pensado que en pleno s.XX hubiera mujeres que quisieran parir en casa ( luego me enteré que en otros países era una práctica habitual). Me llamó la atención su firmeza (su marido la apoyaba). Así comenzó mi andadura de la asistencia al parto normal en los hogares de los padres.

Éste, mi primer parto en casa (año 1985) lo dirigió totalmente la mujer. Cuando me llamaron ya estaba con 4 cm. de dilatación; expresó su deseo de meterse en la bañera (la bolsa estaba íntegra). En la bañera terminó de dilatar, saliendo para el expulsivo. Espontáneamente se colocó en cuclillas y hacía los pujos cuando tenía contracciones, progresando el niño en el canal del parto con facilidad: yo estaba muy sorprendida de ver que no ” me necesitaba”, ella estaba concentrada en su trabajo y sabía en cada momento lo que tenía que hacer. Entonces tuve en ese instante la certeza de que la mujer sabe parir y el bebé sabe nacer. Yo le escuchaba el bebé para comprobar que estaba bien y nada más, el resto lo hacía ella sola, sabedora de su capacidad natural para traer a su hijo al mundo. Cuando la cabeza empezó a ser visible en la vulva yo le sugerí que se recostara para yo poder proteger su periné y que no se rasgara ( pues me había pedido, si era posible, no cortar), y así vino al mundo Ángel. Nunca se me olvidará este parto, ni los 300 y pico que siguieron después. Gracias a todo lo que me han enseñado las mujeres y no por mérito propio puedo decir que me considero una experta en la atención del parto normal. Han sido experiencias extraordinarias .”Las mujeres y los niños enseñan cosas que no vienen en los libros” El arte de atender el parto normal lo debo a las mujeres, es como un tesoro que no me pertenece ya que lo considero como un patrimonio que ellas deben heredar.

Cuando hace un par de años nos convocaron a las matronas de Atención Primaria a un centro hospitalario de Zaragoza para comunicarnos que el departamento de partos estaba abierto y a favor del parto normal, ( Sanidad ya había publicado su comunicado de Estrategias para la asistencia al parto normal), lo primero que me sorprendió fue que no había ninguna matrona del hospital en la reunión, así que mi alegría se vuelve recelosa, pues no entiendo cómo no están presentes ellas que son las protagonistas del parto normal… Me hubiera sorprendido lo mismo si nos hubieran reunido para hablarnos de cómo aplicar un forceps, una ventosa o practicar una cesárea…técnicas que como todo el mundo sabe, son exclusivas del ginecólogo y que ellos aplican con maestría.

Cuando leo o escucho los cambios “estructurales” que algunos piensan que hay que hacer en los hospitales para llevar a cabo el plan de asistencia al parto normal, veo lo lejos que están de comprender lo que verdaderamente se necesita: lo más esencial para que se pueda dar el cambio es que primero haya un cambio en sus mentes. Que vean a la mujer capacitada para parir bien sin complicaciones y que ellos “colaboren” , respetando lo que las mujeres demanden: las que se vean capaces y quieran parir sin goteros de oxitocina, ni epidural, que les proporcionen el ambiente adecuado: libertad de movimento y la dejen ser a ella protagonista.

Las que quieran parir con epidural, etc… el mismo respeto, siendo ellos-as los que en estos casos apliquen los protocolos pertinentes.

Así que pienso que lo más importante y decisivo para que se den cambios es cambiar primero la mente ( esto es difícil para algunas personas que no quieren soltar los riendas).

Cuando uno cambia la manera de pensar respecto de algo, se ven las cosas claras y se pasa a la acción, así es fácil, fluye la creatividad y entonces se pasa a hacer cambios estructurales que no son grandes, ni complicados; lo puedo asegurar.

En las Sagradas escrituras se nos dice que “no se echa vino nuevo en odres viejos, pues de otro modo los odres revientan, el vino se derrama y los odres se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en odres nuevos, así, ambos se conservan ” (MT 9, 17). Ya pueden hacer cambios estructurales costosos y aparatosos (que no son necesarios) , que si ellos no han cambiado sus mentes, fracasarán, pues querrán meter a la mujer en una hermosa bañera con los viejos prejuicios…porque …¿quién realmente dirige el parto?: la mujer, si la dejan desplegar su potencial, junto con su bebé, ( que por cierto sabe nacer) …o los que estamos al otro lado?

Pienso en el dineral que se ahorraría en las maternidades si todos los profesionales aunáramos esfuerzos para proporcionar a las mujeres un ambiente adecuado para permitirles que su sistema hormonal trabajase bien, no se necesitarían goteros de oxitocina porque el cerebro segrega su propia oxitocina, ni se necesitaría analgesia o anestesia, porque el cerebro segrega endorfinas (su propia analgesia)

La epidural, indudablemente, es un adelanto cuando se aplica en momentos puntuales, y por supuesto, a las mujeres que la soliciten, pero tendríamos que respetar a aquellas mujeres que deseen traer al mundo a sus hijos de manera natural.

El parto dura unas horas, pero cuando la madre se va a casa con su bebé y ya se le ha pasado el efecto de la epidural, se encuentra con todos los efectos secundarios: perinés inflamados, puntos a veces infectados, sobre todo cuando se han aplicado forceps o ventosas (desde que se está aplicando la epidural de forma sistemática han aumentado considerablemente los partos instrumentales), pechos ingurgitados porque los niños están muy adormilados y no los vacían, con lo cual se abandonan muchas lactancias. Sé que hay pediatras que cuando ven a un niño muy adormilado que tiene dificultad para mamar, van al historial de la mujer para ver cómo ha sido el parto.

Y siguiendo con lo del ahorro sanitario quiero decir que en la mayoría de los casos a un parto normal, sigue un postparto normal y una lactancia satisfactoria y casi siempre prolongada: lactancia exclusiva hasta el 6º mes y siguen con lactancia algunos meses más completando con otros alimentos. Dicen los pediatras: “Da gusto con los bebés de lactancia materna, pues sólo los traen para las revisiones del niño sano.

Por todo esto me hago las siguientes preguntas:
1-¿Por qué , a diferencia de otros países donde la matrona tiene la competencia exclusiva del parto normal, en España no es competencia exclusiva de la matrona?

2-¿Por qué en vez de complementarnos y aprender unos de otros en un clima de confianza y respeto , a veces se rivaliza como si fuéramos enemigos? (hacemos bandos)

Siempre habrá mujeres que quieran parir con toda la tecnología a su servicio, y es muy respetable, pero con el mismo respeto debería tratarse a la mujer que lleva un plan de parto, pues no tendría que llevar un plan de parto por escrito, si se diera por sentado que ” es un derecho que ella tiene, si se ve capaz y quiere parir con sus propios medios”. No se le debería mirar como a un bicho raro ni mucho menos “castigarla ” por atreverse a decir ella cómo quiere parir.

Aquí , quiero hacer un inciso para aclarar que nunca se debería enfrentar a las mujeres con el hospital, o si son ellas las que muestran hostilidad hacerles ver que en el hospital están ( deberían estar) a su servicio, y si surge alguna complicación, es el sitio más seguro donde están todos los medios para hacerles frente.

La radicalidad y el fanatismo no son buenos en ningún campo, ni por parte de la mujer ni por parte del que atiende el parto, pues entonces la asistencia al parto se convierte en un campo de batalla donde cada uno ataca y se defiende como si el otro fuera su enemigo.

Creo que unos y otros deberemos aprender a ser un poco humildes y a tratarnos con respeto. El sanitario, que sepa ver el potencial de la mujer para llevar a cabo un proceso fisiológico sin complicaciones, y, la mujer, que vea en el ginecólogo y la matrona personas preparadas para darles apoyo y ayudarles en caso de complicaciones.

Así se daría un mejor servicio, pues cada mujer y cada ser humano que viene al mundo son únicos y ellos se merecen lo mejor. Por último decir que soy mujer de fé. Mi modelo es Cristo, que siendo el hijo de Dios, fue el más humilde y nos dijo: “El que quiera ser el mayor entre vosotros, el que quiera ostentar el mejor puesto, que sea el servidor de todos.” (Mt.20,26) Sólo el más humilde puede ser servicial (que no es lo mismo que servil).

El conocimiento sin humildad se convierte en despotismo. Me gusta soñar con un servicio de obstetricia en nuestros hospitales donde cada vez se atiendan más partos normales con el consiguiente ahorro de energía del personal, reparto de responsabilidades, ahorro económico y mayor bienestar y contento para todos.

¡Ojalá que no tengan que pasar muchos años para que este sueño se convierta en realidad!

 Carmen Pascual
(Comadrona)

Enlaces relaccionados:
La matrona Autentica
¿Cambios en el Servet?
El Servet, las cesareas y el parto natural.
El parto en casa es normal en el Reino Unido
Parto Orgasmico

El parto medicalizado

La ciencia médica tecnifica lo más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto. Esta medicalización es una forma de violencia que aleja a las mujeres de la naturaleza y de su prole y las somete al control de lo que Vandana Shiva denomina el patriarcado occidental. Así lo afirma Isabel Fernández del Castillo, autora de La revolución del nacimiento.

(Mujeres hoy)

Isabel Fernández del Castilloisabel fernandez del castillo.
Autora de La revolución del nacimiento (Editorial Edaf, España) plantea en un artículo resumen de su libro de qué forma una tecnología mal empleada y basada en mitos obstétricos obsoletos, sustituye los recursos que toda mujer tiene para parir, tecnificando el momento más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto, el nacimiento.

La autora está de acuerdo, además con la afirmación del reconocido obstetra europeo Michel Odent, quien ha señalado que “La obstetricia, disciplina dominada por el hombre médico, nunca ha comprendido la fisiología del parto”. Para nuestras lectoras y lectores de Mujereshoy, he aquí el artículo de Isabel Fernández del Castillo.

 

La medicalización del nacimiento. Partos tecnointervenidos

La medicina, y la obstetricia en particular, comparten con el resto de las ciencias su propósito de control sobre la naturaleza y sus procesos. Las prácticas de rutina en el paritorio (sala de partos), en sí mismas neutras si se aplican cuando son oportunas, adquieren una cualidad negativa/violenta cuando se imponen de forma sistemática para someter a la totalidad de las mujeres a una concepción del parto puramente mecanicista y medicalizada.

Es una realidad que la actual atención al parto no busca tanto facilitar el proceso natural sino sustituirlo, esterilizando de paso la dimensión emocional y espiritual del nacimiento, que no tiene ocasión de producirse. Una vivencia que constituye la base de nuestra capacidad de experimentar esos ámbitos de la vida, el troquel de todos los vínculos posteriores, incluido nuestro vínculo con Gaia (1).

Varias circunstancias mantienen desde hace décadas este estado de cosas:

Un uso inapropiado y abusivo de la técnica, puesto que las prácticas rutinarias no tienen justificación cuando se hacen por sistema a quien no lo precisa (2)…

Posibilitado por el ejercicio de la autoridad que ilegítimamente ejercen las estructuras médicas, y que les permite tomar todo tipo de decisiones ignorando la opinión, los deseos y necesidades de las familias, el sentido común, e incluso las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se basan en evidencias científicas.

Decisiones que a menudo producen beneficios económicos…

Y el mantenimiento del estado de cosas en base a una información circulante basada en una concepción del parto entorpecido y manipulado (2).

 

El parto hospitalario

La obstetricia, tal y como se concibe hoy, es uno de los ámbitos donde con menos pudor lo absurdo ha quedado elevado a la categoría de científico. La concepción que del parto tiene la obstetricia convencional se refiere al parto por ella interferido.

Como consecuencia, toda su práctica se basa en una errónea concepción del parto. Por ese motivo, la OMS afirma sin ambages: “Medicalizando el nacimiento… el estado de la mente y el cuerpo de la mujer se alteran tanto que la forma de realizar este acto íntimo también debe quedar alterada, al igual que el estado del recién nacido. El resultado es que ya no es posible saber cómo hubieran sido los nacimientos antes de estas manipulaciones… Por lo tanto, los proveedores de los servicios de natalidad no tienen un verdadero criterio para calibrar su asistencia” (2).

Michel Odent dice que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es: ¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?

Esta pregunta, aparentemente inocente, encierra en sí misma un concepto desconocido en obstetricia, y es que el parto es un proceso fisiológico natural, dirigido en su totalidad por el cerebro mamífero primitivo, con sistemas de autorregulación propios no controlables, y que culmina en el reflejo de expulsión del feto, un acontecimiento que no ocurre en los hospitales, donde el bebé prácticamente se extrae.

No es posible atender dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el orgasmo, la risa, el sueño o la defecación, sólo que más complejo. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente, no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe: esto es lo que ocurre con el parto hospitalario.

Una vez inhibido, se hacen “científicamente” justificables todo tipo de procedimientos para sustituir la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no funciona: estimulación con oxitocina, episiotomía (incisión en el perineo y en la pared vaginal para facilitar el parto), anestesia, fórceps, cesáreas… Se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a “salvar” a la madre y al bebé del lance en que la atención recibida la ha colocado (3). Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que conviene a unos profesionales en general poco conscientes de lo sagrado de su trabajo.

 

Somos mamíferos

Puede resultar paradójico que la única forma de humanizar el parto sea recapitulando la realidad insoslayable de que somos una especie mamífera. El hecho de ser la especie más inteligente sólo pone de manifiesto la importancia de este hecho. El parto es dirigido por nuestro cerebro mamífero primitivo, que es también el que rige nuestras emociones. El parto, por tanto, es ante todo un acontecimiento emocional e instintivo, y no tenerlo en cuenta hace que la recibida sea inhibitoria y contraproducente.

En todas las especies mamíferas la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de conciencia especial propio del parto. La atmósfera hospitalaria es cualquier cosa menos propicia, porque a la mujer se le impone -a veces de muy malos modos- desde la postura y la forma de respirar hasta el ritmo en que debe de dilatar. Allí donde hay autoridad, no hay intimidad.

En ese momento confluyen dos circunstancias que, unidas, forman un cóctel explosivo: es un momento de máxima vulnerabilidad, pero al mismo tiempo de total indefensión, y el trato que se recibe es invasivo.

Puesto que el parto es un acontecimiento con una fuerte implicación de las emociones, el trato que recibe la madre condiciona totalmente el progreso del nacimiento de su bebé. Y las hormonas del estrés son incompatibles con el estado hormonal/emocional propio del parto. Cuando una hembra mamífera se siente amenazada, el parto se detiene. En la mujer, también.

 

La postura “tumbada” o la sumisión

Mucha gente piensa que la atención al parto deshumaniza el nacimiento, pero que, a cambio, se recibe una asistencia técnicamente superior a la tradicional. Un simple análisis demuestra que no es así. Actualmente, la obstetricia convencional dirige más su energía a resolver los problemas que ella misma produce que a facilitar los nacimientos. Según admite la OMS, no más de un 10 por ciento de las prácticas de rutina en la sala de parto están científicamente justificadas (2).

Quizá el ejemplo más paradigmático de la actual asistencia al parto es la postura de parto (tumbada sobre la espalda, los pies de los estribos), una postura desconocida en la Historia hasta que la medicina empezó a controlar los partos. Comprender la irracionalidad, las consecuencias y el alcance de esta práctica obligatoria hace que se caiga como un castillo de naipes todo el esquema técnico de la atención al parto actual.

 

Efectos de la postura tumbada: (4)

 

  • En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba.
  • En vertical, la presión de la cabeza del feto sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la dilatación. En posición horizontal esa estimulación disminuye, por lo que el tiempo de dilatación se alarga. Las hormonas naturales se sustituyen con la oxitocina sintética, que produce contracciones más seguidas y dolorosas, más penosas para la madre, y más traumáticas para el bebé. La lista de contraindicaciones y efectos secundarios de la oxitocina obliga a preguntarse por qué se utiliza tan alegremente (5).
  • En lugar de rotar sobre su cabeza en posición vertical, con una mínima superficie de frotación y ayudado por la fuerza de la gravedad y los movimientos de su madre, el bebé debe arrastrarse contra una superficie de gran frotación (6).
  • En posición horizontal, el peso del útero presiona los vasos sanguíneos que suministran sangre a la placenta y al feto, disminuyendo el aporte de sangre al útero, que el monitor reflejará indicando sufrimiento fetal. Por ese motivo, el uso indiscriminado y sistemático de la monitorización fetal siempre aumenta las tasas de cesáreas, sin que por ello mejoren los índices de salud (7).
  • A esto se añade una dolorosa realidad, y es que la mujer tumbada, en esa humillante y vulnerable posición, deja de ser protagonista de un acontecimiento hermoso y sagrado, para convertirse en “objeto” de la actividad de otras personas… que deciden todo por ella, incluso cortar su órgano sexual, innecesariamente expuesto y vulnerable.
  • El estado de alienación de una mujer en esta situación es indescriptible, y poco compatible con el estado emocional y físico de “dejarse fluir”, imprescindible para un parto espontáneo (4). El Dr. Wagner señala que la episiotomía no justificada (por sobre el 10-20 por ciento son injustificadas) son una auténtica mutilación sexual (7).
  • Los efectos de esta antifisiológica postura, junto al trato represivo que recibe la mujer, son el pasaporte que justifica toda la batería de procedimientos que posteriormente se aplican. Difícilmente pueden reducirse al mínimo las tasas de cesáreas o de episiotomías sin que se revisen de una forma global la totalidad de las prácticas que las favorecen, empezando por la postura.

Es, desde el punto de vista técnico, la armazón de un sistema basado en el absurdo,
que pone de manifiesto que el espíritu que anima la obstetricia es más el de doblegar a la naturaleza que el de facilitar el proceso.

Amor de madre, ¿sólo química?

Las hormonas mandan en el cariño que las parturientas tienen por sus hijos,
pero factores sociales como la pobreza extrema pueden alterar ese proceso biológico.

Las madres quieren a sus hijos. Pero ¿por qué a veces resulta que ese absoluto no lo es tanto, como demuestra el fenómeno, universal y atemporal, de los abandonos? ¿De qué está hecho el vínculo madre-hijo? Los científicos le prestan cada vez más atención. Están averiguando cómo se establece, qué papel juega en el desarrollo y si deja huellas en el futuro adulto. Y ¿qué pasa con los padres? De fondo está el debate eterno de cuánto en nuestro comportamiento es biológico y cuánto cultural. La respuesta es: mucho más de lo que creemos -y esto vale para lo biológico y para lo cultural-.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. Hace tres años el grupo de Paul Zak, director del Centro para Estudios Neuroeconómicos, en California (EE UU), vio que si rociaba con oxitocina a varios voluntarios, éstos se volvían mucho más dispuestos a confiar su dinero a un extraño. Y funcionaba sólo entre personas, no cuando se trataba de invertir por ordenador. También es reciente el hallazgo de que el distinto comportamiento familiar de dos especies de roedores, por lo demás muy similares, se debe a la oxitocina y a otra hormona similar, la vasopresina. La especie que vive en llano crea relaciones monógamas largas para cuidar a las crías, mientras que en la de montaña hay mucha promiscuidad y los machos pasan de la prole. Las primeras tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina que las de montaña.

Es decir, que “la oxitocina es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo”, ha declarado Zek, cuyo trabajo ha publicado Nature. Los opiáceos, por su parte, son los encargados de mantener la conducta y de hacernos en cierto modo adictos al afecto. Varios trabajos han demostrado que los ratones sin receptores de opiáceos no muestran preferencia por sus madres. Y al contrario, cuando a crías de rata sanas se las separa de sus madres son los opiáceos y la oxitocina lo que calma su ansiedad.

Pero, volviendo al vínculo materno-filial, ¿en qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. Así que el amor materno empieza a fraguarse muy pronto, a base de hormonas. No en vano la Organización Mundial de la Salud recomienda hoy que el recién nacido sano y su madre estén juntos -la observación del bebé “no justifica la separación”, dice la OMS-, y que la lactancia sea “inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de partos”.

La mayoría admite hoy que hay un periodo sensible inmediatamente después del parto, en el que el recién nacido está tan receptivo al olfato y al tacto que, colocado sobre el cuerpo de su madre, puede llegar él solo al pezón y empezar a chupar. En cuanto a la madre, para ella el bebé es una máquina de producir sonidos, caricias y olores que disparan su neuroquímica del amor. Basta que el bebé chupe los pezones para que ella produzca oxitocina y prolactina. Y el pequeño no sólo busca comida. Harry Harlow -para muchos un torturador de animales- demostró en los sesenta que los bebés de mono prefieren madres falsas de cálido paño incapaces de alimentarlos a otras con biberón hechas de alambre.

“El recién nacido es un mamífero que necesita el contacto con la madre que lo acaba de parir. Tiene que sentir su olor, su tacto, escuchar su voz”, dice Gema Magdaleno, matrona del hospital La Paz, en Madrid. “Lo antinatural es separarles. La madre y el hijo son dos desconocidos que necesitan reconocerse, es algo muy animal. En ese primer momento comienza la impronta”. En La Paz están empezando a implantar el método piel con piel cuando el niño nace sin problemas: tras una inspección rápida el bebé sano es colocado desnudo junto a su madre y suben juntos a la habitación en la misma cama. “Las madres están mucho más satisfechas. Y en los recién nacidos hay síntomas físicos clarísimos: no lloran, respiran más tranquilos, buscan la mirada de su madre, tienen movimientos más armónicos y comienzan antes a mamar. Lo raro es que a estas alturas haya que explicar algo obvio”, dice Magdaleno.

No siempre fue tan obvio. Con la medicalización de los partos -que trajo un gran descenso en la mortalidad infantil- también se impuso el uso de nidos, y pareció olvidarse un comportamiento madre-hijo que millones de años de evolución han seleccionado para promover la supervivencia de una cría que nace muy inmadura. Ha habido que redescubrir la importancia del contacto para que métodos como el piel con piel se vayan imponiendo con mayor o menor rapidez.

En España parece que con menor. “En muchos hospitales españoles aún se tarda mucho en poner a los hijos con sus madres”, dice Ibone Olza, psiquiatra infantil del hospital Puerta de Hierro y miembro de la campaña Que no os separen (www.quenoosseparen.info) que promueve el piel con piel, también en prematuros.

El problema es más grave con los niños que no nacen sanos, y que quedan ingresados cuando “no han llegado aún a hilvanar los sentimientos padre-madre-hijo”, explica Carmen Pallás, jefa del Servicio de Neonatología del hospital 12 de Octubre. Sólo 8 de 83 unidades neonatales españolas dejan entrar libremente a los padres, dice Pallás: “La mayoría restringen las visitas de forma drástica, en algunos casos impidiendo cualquier tipo de contacto a lo largo de todo el ingreso. La relación padres-niño puede verse seriamente distorsionada en estos casos”. En el 12 de Octubre hay voluntarios, a menudo personal del propio hospital, que practican el piel con piel con bebés que, por distintos motivos, no pueden ser visitados por sus padres. Los beneficios de esta práctica se consideran probados.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el vínculo no puede establecerse en el nacimiento? ¿Qué pasa en las cesáreas? ¿En los niños adoptados? “El momento en torno al parto es una oportunidad muy buena, pero lo bonito es que hay muchas más. Los padres de niños adoptados establecen vínculos muy intensos con sus hijos”, responde Olza. “Los niños tienen una plasticidad enorme. Incluso si traen secuelas, su capacidad de superación cuando tienen unos padres que los quieren es maravillosa”.

Eso que muchos niños con secuelas deben superar es la muesca cerebral de la indiferencia. Un estudio hace tres años descubrió que niños que habían pasado sus primeros años en orfanatos de la Rumania de Ceausescu respondían con menos oxitocina de lo normal a sus madres adoptivas. También se ha visto que los niños que no han podido establecer vínculo alguno con un cuidador tienen a menudo síntomas propios del autismo. Y es que hoy se sabe que la explosión bioquímica del apego moldea el cerebro y deja su firma en la vida adulta.

“En la última década el estudio del desarrollo del cerebro ha dado evidencias incuestionables sobre la importancia de los afectos y la formación del vínculo del recién nacido”, explicó la neurobióloga chilena Eugenia Moneta en una reciente charla en el hospital del Niño Jesús, en Madrid. “El desarrollo del cerebro depende de interacciones externas, en particular las relaciones de afecto con los cuidadores. Estos aspectos afectivos moldean las redes neuronales”. Pero esta experta recuerda también que, al margen de cuándo empiece, el apego se construye toda la vida.

Hasta aquí, el inmenso poder de la biología. Pero entonces, ¿por qué a veces falla? En la Comunidad de Madrid (CAM), cada año entre 30 y 40 madres dan sus bebés en adopción tras parirlos en hospitales -se llaman renuncias hospitalarias-. Y anualmente se dan unos tres abandonos en la calle, que se sepa. En la Comunidad Autónoma de Madrid dicen que estos datos no han variado en los últimos años. En Cataluña hubo 54 renuncias hospitalarias en 2007, 57 en 2006 y 43 en 2005; un bebé fue encontrado en la calle en ese periodo. Cada comunidad tiene sus datos. Y no parece que el fenómeno aumente sino más bien al contrario.

En cualquier caso el abandono no es algo nuevo, a pesar de que varias ciudades europeas han instalado buzones-bebé. La antropóloga estadounidense Sarah Blaffer Hrdy habla en El pasado, presente y futuro de la familia humana de miles de niños abandonados en instituciones de París en torno a 1780. Investigadores del Instituto de Economía y Geografía (IEG) del CSIC dicen que Madrid no era muy distinto. En 1812 entraron en la inclusa madrileña 1.800 niños abandonados, y murieron todos. “A lo largo del primer tercio del siglo XX esa cifra se mantuvo entre 1.300 y 1.500 niños cada año, de los que morían el 62%”, explica la doctoranda del Instituto de Economía y Geografía Bárbara Revuelta.

¿Qué pasó en esa época con el instinto maternal? Datos como los anteriores han hecho que muchos nieguen su existencia, y devuelvan el peso a la sociedad. “La maternidad entraña una decisión, no es exclusivamente biológica. Empieza con una aceptación, un deseo, de cuidar un niño”, ha dicho otra antropóloga, Nancy Scheper-Hughes, que estudió una localidad brasileña muy pobre donde las madres dejaban morir a algunos de sus hijos.

Antropólogos, trabajadores sociales e historiadores identifican elementos comunes en los abandonos: falta de recursos y, sobre todo, de apoyo del entorno social o familiar. ¿Va a resultar al final que el entorno social gana la partida a la biología? Blaffer Hrdy no se resigna a ello, y compara a los humanos con los tamarinos. En estos primates los machos son indispensables para cuidar la prole, hasta el punto de que cuando no están disponibles la madre puede abandonar las crías. Lo social, entonces, se integra en la biología: la madre sabe que si trata de cuidar sola a las crías ella misma morirá, algo fatal para la evolución, que no selecciona esa conducta.

MÓNICA SALOMONE

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Amor/madre/solo/quimica/elpepusoc/20080713elpepisoc_1/Tes

La Química del Apego

LA QUÍMICA DEL APEGO

Por Linda F. Palmer, autora de Baby Matters.

Los bebés humanos nacen desamparados, necesitan ser totalmente protegidos y cuidados. Afortunadamente, nacen con todas las herramientas e instrucciones necesarias para lograr ese cuidado y para llegar a ser una parte amada y amante de su familia y de su sociedad. Las interacciones neurales y hormonales que se establecen entre los padres y el bebé para asistirles en este proceso son de las más poderosas de la naturaleza. Las señales hormonales son claras y contundentes y nuestros instintos nos proveen de las respuestas apropiadas. Si no se esfuerzan en evitar e ignorar tales impulsos, los padres seguirán de forma natural el consejo de sus neuronas y hormonas, nutriendo a sus bebés y manteniéndose en contacto físico con ellos.

Una vez nacido, los sistemas de control hormonal del bebé y la sinapsis cerebral comienzan a organizarse permanentemente según sus experiencias con las interacciones humanas. Las sendas y los receptores cerebrales innecesarios son eliminados, mientras que los más apropiados al ambiente dado son priorizados.

Oxitocina: una hormona para la vinculación.

La oxitocina es un mensajero químico liberado en el cerebro principalmente en respuesta al contacto social, pero su liberación es especialmente acusada en el contacto piel con piel. Además de proveer beneficios para la salud, esta sustancia, semejante a una hormona promueve el modelo de vinculación y crea el deseo de un ulterior contacto con los individuos que incitan su liberación. Cuando el proceso es ininterrrumpido, la oxitocina es una de las principales herramientas de la naturaleza para “crear” a una madre. El número de receptores de oxitocina, elevados por los altos niveles de estrógeno (“hormona femenina”) durante el embarazo, se multiplica radicalmente cerca del final del mismo. Esto hace a la nueva madre muy sensible a la presencia de oxitocina. Estos receptores se incrementan en la parte de su cerebro que promueve la conducta maternal.

La primera aparición importante de la oxitocina se da durante el trabajo de parto. Si es necesaria una cesárea, consentir que igualmente se desarrolle el trabajo de parto, permite la segregación de cierta cantidad de esta hormona vinculante (y ayuda a asegurar una explosión final de anticuerpos para el bebé por la placenta). El paso ulterior a través del canal de parto, eleva los niveles de oxitocina tanto en la madre como en le bebé. Los niveles altos de oxitocina provocan que la madre se familiarice con el olor único de su recién nacido, y a la vez se sienta atraída por dicho olor, prefiriéndolo al de cualquier otro. El bebé a su vez, tiene la impronta de la madre, adquiriendo de ella el sosiego y la reducción del dolor. Cuando el bebé nace, está impregnado del olor del líquido amniótico. Esto le ayuda a encontrar el pezón materno, que tiene un olor similar aunque ligeramente diferente. En los días posteriores al nacimiento, el bebé se siente confortado por el olor del líquido amniótico del que está impregnado. Gradualmente a lo largo de los días siguientes, el bebé comienza a preferir el olor del pecho de su madre, y este hecho no está relacionado con la comida. De hecho, los bebés alimentados con fórmula se sienten más atraídos ( en tests de laboratorio) por el olor del pecho de su madre que por el de la fórmula, incluso dos semanas después del nacimiento. La oxitocina ayuda a la instauración de la lactancia materna a través de su influencia en la conducta maternal y de la estimulación de la subida de la leche. Poner al bebé al pecho durante la primera hora tras el nacimiento, hace que la oxitocina se eleve a niveles excepcionales tanto en la madre como en el bebé. Las madres que posponen este encuentro pierden parte de esa alta aportación hormonal segregada inmediatamente después del nacimiento. La poderosa impronta inicial en madre y bebé se da principalmente para que sean capaces de encontrarse y reconocerse en las horas y días posteriores al nacimiento.

Aún perdiendo esa ocasión inicial, todavía queda una oportunidad vital para el establecimiento del apego y el amor materno filial. Tras el alumbramiento, y como consecuencia de lactar y tener en brazos al bebé. La madre continua produciendo niveles elevados de oxitocina y esos niveles están basados en la cantidad de contacto físico. Esta condición hormonal proporciona una sensación de calma y bienestar. Los niveles de oxitocina son más altos en las madres que dan lactancia materna exclusiva que en aquellas que dan lactancia mixta.

Bajo la influencia de la oxitocina, las uniones nerviosas de ciertas áreas del cerebro materno sufren una reorganización a consecuencia de la cual los comportamientos maternales se refuerzan. La oxitocina segregada gracias al contacto continuado con el bebé provoca en la madre un mayor sentido maternal, que se muestre más dispuesta a complacer a los demás, más sensible a los sentimientos de otros y que sepa reconocer señales no verbales más fácilmente. La lactancia continuada realza este efecto. Con la oxitocina alta, las prioridades de la madre se alteran y su cerebro no le envía señales para cuidar su aspecto físico al objeto de emparejarse y procrear. Ahora que el bebé ha sido creado, su prioridad es él. También se ha demostrado que la oxitocina alta en las mujeres promueve su preferencia por cualquier varón que se encuentre alrededor durante su segregación (una buena razón para el padre para mantenerse cerca durante y después del parto). Los niveles altos de oxitocina en la madre, padre o el bebé también promueven una reducción de la tensión arterial, de las pulsaciones cardiacas y ciertas clases de reparaciones arteriales, reduciendo el riesgo de enfermedades cardíacas.

Aunque el bebé segrega si propia oxitocina en respuesta a la lactancia, la madre también se la transfiere a través de su leche. Esta provisión sirve para promover la cercanía y relajación continua en madre y bebé. En los bebés alimentados con leche artificial, la liberación de oxitocina es más variable pero definitivamente más alta en un bebé al que se le da el biberón en brazos que en el que toma el biberón apoyado en algún sitio, sin brazos.

El contacto corporal continuado padres-bebé durante la alimentación del bebé y en cualquier otra ocasión, eleva el nivel de oxitocina en el niño y reduce la respuesta de las hormonas de estrés. Múltiples estudios psicológicos han demostrado que dependiendo de las prácticas de los padres, el resultado (un nivel alto o bajo de oxitocina) controlará la organización permanente del centro neurálgico de regulación del estrés en el cerebro del bebé, causante de las características de personalidad segura (para altos niveles de oxitocina) o insegura (para bajos niveles de oxitocina) en la adolescencia y la edad adulta. Las características de una personalidad insegura pueden incluir un comportamiento anti social, agresividad, dificultad en formar lazos duraderos con una pareja, enfermedades mentales y un pobre manejo del estrés. Cuando un bebé no recibe cuidados sensibles y en consecuencia no segrega una producción de oxitocina regular, el estrés resultante deriva en elevados niveles de la hormona de estrés llamada cortisol. Las elevaciones crónicas de cortisol en los niños y los ajustes hormonales y funcionales que las acompañan, se muestran en los estudios bioquímicos asociadas con cambios cerebrales permanentes que conducen a una sensibilidad elevada al estrés a durante toda la vida, así como a una tensión arterial alta y elevadas pulsaciones cardiacas. Las madres también se benefician de la reducción de los efectos del estrés que proporciona la oxitocina y las mujeres que amamantan producen significativamente menos hormona de estrés que las que alimentan con leche artificial.

Tampoco los padres son excluidos de la ecuación de la oxitocina. Se ha demostrado que los niveles de oxitocina del padre se elevan hacia el final del embarazo de su pareja. Cuando el padre pasa bastante tiempo con el bebé, la oxitocina le anima a involucrarse en el cuidado continuado del mismo, en un ciclo perpetuo. La oxitocina en el padre también aumenta su interés en el contacto físico (no necesariamente sexual) con la madre. Así la naturaleza proporciona una vía al padre para mostrarse más interesado en ser una parte dedicada y satisfecha del cuadro familiar a través de su implicación con el bebé. Con todos estos poderes, la oxitocina sólo una más de la lista de muchas sustancias químicas que la naturaleza utiliza para asegurar que el bebé encuentre el amor y cuidados que necesita.

Vasopresina y protección

Aunque está presente y activa en el proceso de vinculación de madre e hijo, la vasopresina juega un papel mucho mayor en el padre. Esta hormona promueve la reorganización cerebral hacia conductas paternales cuando el varón está cohabitando con la mujer embarazada. El padre se vuelca más en su pareja y muestra conductas de protección. Liberada en respuesta a la proximidad y el tacto, la vasopresina promueve la vinculación entre padre y madre, ayuda al padre a reconocer y enlazarse con su bebé y le hace desear más ser parte de la familia, que estar solo. Se ha ganado la reputación de la “hormona de la monogamia”. La Dra. Theresa Crenshaw, autora de “La alquimia del amor y la lujuria”, dice: “La testosterona quiere irse de ronda, la vasopresina quiere quedarse en casa”. También describe la vasopresina como la atenuadora del deseo sexual del hombre. La vasopresina refuerza la inclinación protectora del padre hacia su pareja y el bebé promovida por la testosterona, pero atempera su agresividad, tornándole más razonable y menos extremista. Al promover el pensamiento más racional y menos caprichoso, esta hormona induce un papel sensible paternal, proporcionando estabilidad así como actitud de vigilancia.

Prolactina y Comportamiento

La prolactina se segrega en toda la gente sana durante el sueño, ayudando a mantener los órganos reproductivos y la función inmunológica. En la madre, la prolactina se libera en respuesta a la succión, promoviendo la producción láctea y las conductas maternales. La prolactina relaja a la madre y, en los primeros meses, crea una cierta fatiga durante las sesiones de lactancia, de manera que la madre no siente deseos de levantarse y hacer otras cosas. La prolactina promueve los comportamientos de cuidado del bebé y, con el tiempo, dirige la reorganización cerebral que favorece dichos comportamientos. El nivel de prolactina del padre se comienza a elevar durante el embarazo de la madre, pero la mayor parte del aumento en el varón se da después de varios días de cohabitación con el bebé. Como consecuencia de la reorganización cerebral hormonalmente orquestada durante la maternidad y paternidad, los patrones de liberación de prolactina se alteran. Se ha demostrado que los padres segregan prolactina en respuesta a las amenazas de un intruso mientras que los varones sin hijos no lo hacen. Por otro lado, las madres lactantes no liberan prolactina en respuesta a un ruido fuerte, mientras que las mujeres sin hijos sí que lo hacen. En niños y adultos sin hijos, la liberación de prolactina se relaciona con niveles de estrés, por lo que generalmente se la considera la hormona del estrés. En padres y madres se convierte en la hormona de la crianza.

Los niveles elevados de prolactina tanto en la madre lactante como en el padre comprometido provocan cierta reducción en sus niveles de testosterona, que a su vez reduce sus líbidos (pero no su función sexual). Su fertilidad también puede verse reducida durante un tiempo. Esta reducción en la actividad sexual y en la fertilidad está diseñada totalmente para el beneficio del hijo reservando para él la atención y energía de sus padres. Cuando el padre se involucra estrechamente con el bebé junto con la madre, debe darse un equilibrio entre los deseos de ambos, y la presencia de oxitocina y otras sustancias químicas proporcionan una alta vinculación e interés no sexual del uno para con el otro, lo cual sirve para retener al padre como dedicado cuidador para el niño.

Opioides y Recompensas

Los opioides (hormonas del placer) son sustancias químicas semejantes a la morfina creadas por nuestros cuerpos. Reducen la sensación de dolor y crean sentimientos de alegría. El contacto social, particularmente el contacto físico y especialmente entre los padres y el hijo, induce la segregación de opioides, creando unos sentimientos buenos y propicios al aumento de la vinculación. Pueden desarrollarse preferencias respecto al olor, el gusto, la actividad, lugares determinados, etc. a consecuencia de la segregación de opioides durante contactos placenteros, incluso eventualmente la visión de una cara amada estimula la segregación. La liberación de opioides en el cerebro infantil como una respuesta condicionada a los cálidos abrazos y besos de los padres, puede resultar efectiva para ayudar a reducir el dolor de una caída o de una decepción. Los padres “aprenden” a disfrutar de actividades beneficiosas como dar de mamar y coger en brazos a sus hijos, y los niños “aprenden” a disfrutar del contacto como ser tomado en brazos o arrullado, todo ello como respuesta a la segregación de opioides. Los bebés necesitan leche, y los opioides son la recompensa natural para ellos cuando la obtienen, especialmente en los primeros intentos. Los primeros episodios de succión organizan las conexiones nerviosas en el cerebro del recién nacido condicionándole a continuar con esa actividad. Esta es la razón por la que los bebés amamantados a veces tienen problemas si se les da el biberón en la “nursery” (una exposición temprana a los biberones crea confusión y asociación de placer tanto a las tetinas del biberón como al pecho materno). De hecho, cualquier sensación secundaria experimentada durante el arrullo, el contacto físico o la alimentación que no sea nociva, puede formar parte del apego del bebé y reconfortarle. Puede ser el calor del cuerpo de la madre, el pecho hirsuto del padre, el apacible arrullo de la abuela o el protector de la cuna.

Los niveles elevados de prolactina en los padres simulan el sistema opioide, sintiéndose altamente recompensados emocionalmente durante la vivencia de relaciones familiares íntimas y amorosas, posiblemente por encima de todo lo demás. Tal como sucede con la codeína y la morfina, puede darse cierta tolerancia a los opioides naturales, lo cual reducirá el nivel de satisfacción emocional derivada de determinadas actividades a lo largo del tiempo. Pero esto no es un problema para los padres e hijos apegados, porque los niveles elevados de oxitocina, especialmente cuando se han creado a través del contacto corporal frecuente o prolongado, de hecho inhiben la tolerancia a los opioides, protegiendo las recompensas emocionales derivadas de mantener unas relaciones familiares íntimas y amorosas. Por otro lado, el consumo de drogas opioides artificiales, reemplaza la necesidad cerebral de mantener dichas relaciones.

Una vez se ha dado este fuerte efecto opioide sobre la vinculación, una separación puede alterar emocionalmente al individuo, y al niño incluso físicamente: cuando los niveles de opioide decrecen en su cerebro puede sufrir algo parecido al síndrome de abstinencia de cocaína o heroína. Cuando los niveles de opioide bajan, uno puede sentir ganas de volver a casa para abrazar al bebé o llorar reclamando el cálido abrazo de los padres, dependiendo del punto de vista. Algunas veces las conductas alternas son útiles. Por ejemplo, chuparse el pulgar puede aliviar total o parcialmente la retirada del chupete o del pezón, incluso puede proporcionar reminiscencias opioides durante algún tiempo.

Norepinefrina y aprendizaje

El amamantamiento también produce dopamina y su subproducto: la norepinefrina (adrenalina), cuya ayuda mantiene algunos de los efectos de la vinculación temprana. Aumentan la energía y el estado de alerta así como la sensación de placer derivada del apego. La norepinefrina ayuda a organizar el sistema de control de estrés del niño, así como otros controles hormonales importantes de acuerdo con la naturaleza de las experiencias iniciales de crianza. Promueve el aprendizaje acerca del entorno, especialmente el aprendizaje a través de la memorización, que es efectuada por la oxitocina, opioides y otras influencias químicas.

Feromonas e instintos básicos

¿Cómo sabe el cuerpo del varón que debe iniciar los cambios hormonales cuando está viviendo con una mujer embarazada?. ¿Cómo puede un niño interpretar con exactitud olores de su madre que los adultos a menudo apenas detectan?. La respuesta está en las feromonas. Entre otras cosas, las feromonas son hormonas esteroides que se fabrican en nuestra piel. Nuestros cuerpos están programados instintivamente para reaccionar en consecuencia cuando detectamos dichas feromonas a nuestro alrededor. Los recién nacidos son mucho más sensibles a las feromonas que los adultos. Incapaces de responder a señales verbales o de otro tipo, aparentemente dependen de este sentido primitivo que controla gran parte del comportamiento de animales inferiores. La impronta inicial del bebé hacia los olores y feromonas no se trata tan solo de una predilección por los olores de sus padres, sino que es una forma en que la naturaleza controla la organización cerebral y las segregaciones hormonales para conseguir una adaptación óptima del bebé a su entorno. Las primeras experiencias del bebé están ligadas a capacidades superiores como el reconocimiento facial y emocional. A través de ellas el bebé probablemente aprende a percibir el nivel de estrés en sus cuidadores, así como si su madre está contenta o asustada. Parte de la angustia por separación que sufre el bebé puede estar causada por la pérdida de las señales paternas / maternas acerca de la seguridad de su entorno. Otra sensación básica a la que el bebé responde muy bien es el contacto físico y, casualmente, los olores corporales y las feromonas sólo se pueden sentir cuando las personas están físicamente muy cerca unas de otras.

Lo que el mundo necesita ahora…

Los bebés universalmente lloran cuando se les deja acostados y solos. Si nos escuchamos a nosotros mismos, nuestras neuronas y hormonas nos impulsan a una respuesta apropiada. Los bebés están diseñados para ser alimentados con frecuencia y en contacto piel con piel, para ser tomados en brazos y atender a señales faciales. Estas acciones derivan en cambios permanentes en el cerebro, resultados beneficiosos, tanto para padres como para hijos. La conducta maternal se da de forma satisfactoria para la madre cuando se siguen las señales naturales y también se consigue un papel reforzado del padre. La participación activa del padre en la crianza le anima a una ulterior involucración y crea un acuerdo entre padre y madre. La proximidad y contacto frecuente entre el bebé y sus padres puede crear una vinculación familiar poderosa con muchos beneficios a largo plazo.

Tristemente, los últimos siglos los padres han sido animados por “expertos” (educados industrialmente) a no responder a las poderosas lecciones de crianza del bebé que les otorga su instinto.

Psicólogos, neurólogos y bioquímicos han confirmado ahora lo que instintivamente sospechábamos: Muchas de las recompensas de la paternidad se han perdido por el camino y generaciones de niños pueden haber perdido ventajas importantes para toda su vida.

Endnotes
1. T.R. Insel, “Oxytocin – a neuropeptide for affiliation: evidence from behavioral, receptor autoradiographic, and comparative studies,” Psychoneuroendocrinology 17, no. 1 (1992): 3-35.

2. H. Varendi et al., “Soothing effect of amniotic fluid smell in newborn infants,” Early Hum Dev (Estonia) 51, no. 1 (Apr 1998): 47-55.


3. R.H. Porter et al., “An assessment of the salient olfactory environment of formula-fed infants,” Physiol Behav 50, no. 5 (Nov 1991): 907-11.

4. S.S. Knox and K. Uvnas-Moberg, “Social isolation and cardiovascular disease: an atherosclerotic pathway?” Psychoneuroendocrinology 23, no. 8 (Nov 1998): 877-90.

5. M. Altemus et al., “Suppression of hypothalamic-pituitary-adrenal axis responses to stress in lactating women,” J Clin Endocrinol Metab 80, no. 10 (Oct 1995): 2965-9

6. R.S. Bridges, “The role of lactogenic hormones in maternal behavior in female rats,” Acta Paediatr Suppl 397 (Jun 1994): 33-9.

7. G.L. Kovacs et al., “Oxytocin and addiction: a review,” Psychoneuroendocrinology (Hungary) 23, no. 8 (Nov 1998): 945-62.

8. G.W. Kraemer et al., “A longitudinal study of the effect of different social rearing conditions on cerebrospinal fluid norepinephrine and biogenic amine metabolites in rhesus monkeys,” Neuropsychopharmacology 2, no. 3 (Sep 1989): 175-89

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

 

Tener un hijo supone toda una revolución para el cerebro de la mujer.
Entre otros aspectos, las madres ganan en inteligencia emocional, resisten mejor el estrés y actúan de forma más eficiente.

Katherine EllisonCuando mi hijo tenía ocho años, un día llamó a la policía porque yo le había quitado la Gameboy. En aquella época, yo estudiaba el cerebro y podía imaginar perfectamente lo que estaba sucediendo en el mío.

Mis lóbulos prefrontales, donde se sitúa el juicio, sin duda estaban reprimiendo mis deseos de estrangular a mi brioso hijo. Mis amígdalas, el centro del miedo del cerebro, es probable que también estuvieran en pleno funcionamiento, mientras oía llamar a la puerta a la policía y reflexionaba sobre mis posibilidades de acabar en la cárcel. Pero, sobre todo, estaba segura que mi nucleus acumbens estaba trabajando a todo trapo. Los estudios de los escáneres cerebrales han demostrado que este punto, importante para la motivación y las sensaciones de gratificación, se llena de energía cuando las madres oyen llorar a sus bebes y se sienten obligadas a acudir en su ayuda. Por eso se le ha considerado el centro del afecto maternal, y la razón principal por la que estaba segura de que estaba implicado es que, a pesar de lo humillante del asunto, seguía deseando que mi hijo creciera y prosperara.

De una forma que los científicos apenas empiezan a comprender, ser madre te cambia el cerebro –y a menudo lo mejora-, en parte debido a experiencias como ésta; aunque, gracias a Dios, raramente tan graves.

Desde el momento en que se concibe un bebe, las hormonas reproductoras empapan y alteran nuestra conciencia. Durante el embarazo y en le puerperio, una cascada de situaciones nuevas nos estimula y nos mantiene ocupadas. Y a medida que el niño crece, lanzándonos desafíos siempre diferentes, las más dedicadas de nosotras vamos mejorando nuestras habilidades para resolver problemas y nos convertimos no sólo en mejores madres sino en mejores amigas, esposas, hijas y empleadas.

“Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo es un revolución para el cerebro”, dice Michael Merzenich, un especialista pionero en el desarrollo del cerebro, de la Universidad de California. “Tener un hijo te cambia la vida en el sentido de que se presentan retos físicos, mentales y mecánicos: cuarenta y nueve desastres que resolver al mismo tiempo. Es una época de aprendizaje y cambios inducidos en el cerebro porque todo es muy importante… No creo que haya nada mejor que pueda hacer por su cerebro que tener un hijo.”

Esta idea del cerebro mejorado por la maternidad ha surgido a partir de una tendencia nueva y estimulante en investigación neurocientífica, tanto con humanos como con animales de laboratorio. Precisamente contrarresta la imagen dominante en los países industrializados, que evoca una madre que no puede pensar en nada más complejo que una lista de la compra o un calendario de partidos de fútbol.

En cambio, aunque muchas madres creen que han perdido células cerebrales con la placenta, esto no encaja en absoluto con la pura lógica de la evolución. En ningún momento de la vida, una mujer debería estar tan alerta y consciente como cuando está protegiendo y alimentando a un recién nacido.

Esta perspectiva empezó a interesarme poco después de tener a mi segundo hijo, en 1998, cuando leí acerca de los estudios pioneros realizados por dos neurocientíficos que trabajaban en Virginia. Craig Kinsley y Kelly Lambert, padres ambos, comparaban la función mental de las ratas hembras que nunca habían dado a luz con la de ratas que habían tenido más de un par de camadas. Enseguida se vio muy claro que las ratas madres aprendían más deprisa y recordaban con más eficacia el camino en un laberinto. Es más, la repetición de las pruebas demostró que la mejora de las madres en destreza mental les duraba toda la vida, mucho después de terminar de cuidar a sus últimas crías. Para explicar esas mejoras, que ellos mantienen que se producen tanto en humanos como en animales, Kinsley y Lambert se centraron en dos mecanismos de la maternidad que podían ser potenciadores del cerebro: las hormonas y la estimulación.

Sin lugar a dudas, la investigación de otros científicos ha confirmado el poder de las hormonas reproductoras para cambiar físicamente el cerebro, y los resultados que han obtenido deberían animar a las madres primerizas. Científicos japoneses, por ejemplo, han descubierto que la oxitocina –una hormona anteriormente asociada al parto, a la lactancia y al vínculo materno- puede ayudar también a fomentar el aprendizaje y la memoria. De forma bastante similar, la prolactina, que se ha denominado hormona paternal porque es elevada tanto en padres como en madres, parece ser la clave en la disminución de la ansiedad.

Volviendo al factor de la novedad, muchos estudios recientes han demostrado que aprender cosas nuevas estimula el cerebro: por eso los científicos instan a las personas mayores a jugar al bridge, a resolver crucigramas y a viajar. De modo que, aunque a veces nuestros hijos nos arrastren a situaciones nuevas que preferiríamos evitar –como mi encuentro con la policía-, también sirven para mantenernos alerta mentalmente, como una serie interminable de oportunidades para resolver problemas y álgebra.

Además de las hormonas y la novedad, existe una tercera vía de cambio del cerebro femenino después de que la mujer es madre, que tiene que ver con el fenómeno de la plasticidad cerebral, que hasta hace muy poco los científicos no habían detectado. Se refiere a la forma en la que nuestro cerebro se reorganiza durante toda nuestra vida, adaptándose a nuestras experiencias. Por ejemplo, a los violinistas les cambia físicamente el cerebro a medida que refinan su habilidad. Lo mismo que los taxistas londinenses, cuyo sustento depende de la agudeza de su memoria. Parece bastante claro que las madres también utilizan repetidamente circuitos específicos de sus cerebros, al motivar, controlar, alimentar, empatizar, proteger, negociar y manipular.

 Así que las hormonas, la estimulación y la experiencia son tres mecanismos poderosos que concretamente cambian el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos.

Pero la forma en la que se manifiestan esos cambios varía mucho en cada mujer, lo que es normal, porque las vidas de las mujeres son mucho más variables que las de las ratas hembras.

Una madre soltera que esté pluriempleada, no duerma lo suficiente y se angustie demasiado, por ejemplo, no se beneficiará tanto de su experiencia de la maternidad como una mujer con suficiente ayuda para aprovechar al máximo. Sin embargo, por lo que hemos aprendido de los estudios de ratas y monos, que comparten nuestra estructura cerebral básica y nuestras hormonas, parece claro que todas las mujeres sufren cambios y que todas tienen el potencial de cambiar para mejor. Tras revisar cientos de estudios científicos y entrevistar a decenas de neurocientíficos prominentes, científicos sociales y padres, he detectado cinco formas principales de aprovechar este potencial, apoyando la conclusión de que la maternidad puede, sin lugar a dudas, volver más lista a una mujer, definiendo “lista” como la capacidad mental que ayuda a la madre y a sus hijos a sobrevivir.

El cerebro de las madres

Las cinco categorías son: percepción, eficiencia, motivación, resistencia al estrés e inteligencia emocional. En cada uno de los grupos, hay evidencia claras de que la maternidad aporta a las mujeres más que venas varicosas y trabajo doméstico extra.

  1. En el caso de la percepción, Craig Kinsley, uno de los neurocientíficos que abrían camino en Virginia, me hizo una demostración de percepción alterada por la maternidad. Soltó un grillo vivo en una jaula de ratas que acaba de dar a luz. Ella detectó inmediatamente la presencia del insecto y, en menos que canta un gallo, lo cazó y se lo zampó. Esa actuación contrastaba con la de una rata no madre, que no vio el grillo hasta que este se le subió a la cabeza.Algo en el cerebro de esta rata madre había cambiado, y científicos canadienses aportaron luz al misterio. En experimentos con ratones, neurocientíficos de la Universidad de Calgary descubrieron que, ya desde la concepción, se forman nuevas neuronas en el bulbo olfativo de la madre, que rige su sentido del olfato.

    Otras investigaciones sugieren que tanto madres como padres también experimentan cambios en la audición después de que nazca su hijo. Ambos, en cuestión de horas, se vuelven expertos en distinguir el llanto de su propio hijo del de los demás. Incluso la visión parece cambiar. En un estudio de prueba de la percepción visual, los sujetos embarazados lo hicieron mucho mejor que los grupos de control. Todo esto tiene sentido cuando piensas en lo extravigilante que necesita ser una madre para proteger al recién nacido de los peligros, que las que no son madres ni siquiera advierten.

  2. La eficiencia es la segunda forma en que las madres se vuelven más listas, básicamente porque a menudo no tienen más remedio. Casi todas las mujeres con hijos deben hacer muchas más cosas en un tiempo limitado. Eso supone a menudo aprender y memorizar cosas nuevas más rápidamente –como las ratas-, pero los humanos también necesitamos dominar nuevas habilidades, como priorizar, inventar formas de perder menos tiempo charlando con los compañeros o sortear el tráfico con más habilidad para conseguir llegar a la guardería antes de que cierre.En todas esas tareas, la calidad de la atención es clave. Y en el caso de las madres, en general, la calidad parece aumentar, según el psiquiatra de Harvard John Ratey. Especula que los niveles del neurotransmisor dopamina, que mejora la atención y ayuda a un uso más eficaz del cerebro en situaciones moderadamente estresantes, puede ser crónicamente alto en las madres recientes. Y por una buena razón: “Cuando una madre da a luz, tiene que ser muy lista, lo más lista que pueda” dice Ratey. “Debe conocer bien el territorio y recordar cosas de sus hijos, y funcionar siempre al máximo. Tiene que desarrollar la capacidad de prestar más atención al mundo exterior.

    A menudo, las madres tienen que soportar un estrés extraordinario; pero, de nuevo, la naturaleza les echa una mano.

  3. La tercera muestra de que las mujeres se vuelven más listas cuando tienen hijos es que aumenta su resistencia natural a la presión. La forma como esto sucede parece tener algo que ver con la oxitocina, esa hormona tan maternal. Desde que los científicos dedican más atención a lo que se ha denominado “el cerebro maternal”, se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la oxitocina. Como neurotransmisor, parece fomentar la calma, la confianza y el vínculo social; y hay indicios de que las madres, sobre todo las que tienen partos vaginales y amamantan a sus bebes, están especialmente influidas por ella.Eso no significa que las madres estén constantemente sosegadas, ni mucho menos. En el mundo animal, las madres pueden ser los seres más feroces, sobre todo cuando se trata de defender a sus crías. Y en los humanos, la motivación –una cualidad que engloba atrevimiento y ambición- es precisamente la cuarta forma en que las mujeres se vuelven más listas cuando son madres.

    En el mundo animal, los científicos han demostrado que la prolactina, que contribuye a la lactancia y sube de nivel tanto en madres como en padres, parece reducir el miedo y la ansiedad, permitiendo la asunción de más riesgos. Así, los pájaros que descienden en picado para alejar a los depredadores del nido donde crían sus pollos tienen altos niveles de prolactina.

  4. Mientras que los neurocientíficos sólo ahora comienzan a medir cómo cambia esta hormona el comportamiento humano, los científicos sociales ya han aportado varios estudios que demuestran formas en que la maternidad parece incrementar la motivación de las mujeres. La socióloga Sharon Hays, por ejemplo, ha recogido impresionantes testimonios de mujeres con ingresos bajos que han sido motivadas por la maternidad a dejar las drogas y a conseguir trabajo.Los psiquiatras dicen que la maternidad también puede incrementar la autoestima de la mujer y su asertividad, porque sencillamente la madre ha adquirido cierta práctica en ser la jefa. Sabe que, si no está a la altura del liderazgo doméstico, las consecuencias pueden ser tan graves como que un niño sea atropellado por un coche al cruzar la calle corriendo. Por eso la madre aprende –casi siempre- a asumir el control de las situaciones.

     

  5. La quinta forma en que las madres se vuelven más listas procede de la experiencia pura y simple: es la práctica diaria, a veces inmediata, que conseguimos reprimiendo nuestros peores impulsos con el fin de ayudar al hijo. Esta mezcla de conciencia de una misma, de autocontrol y empatía puede resumirse en la expresión tan de moda “inteligencia emocional”. Sus componentes que antes solían definirse como “buen carácter”, pueden contribuir a amistades y matrimonios más sólidos e incluso una mejor salud física, lo que todo ello conduce a una vida más feliz. También hay pruebas de que puede aportar un toque competitivo en el mundo laboral, especialmente en empleos con mucho contacto personal, como dirección de empresas, enseñanza, medicina y ventas. En los últimos años las empresas han pagado fortunas para la educación en inteligencia emocional. Pero las madres se someten a una formación rigurosa y gratuita.

el cerebro de las madresUna demostración gráfica de las fuerzas cerebrales que hay detrás del sentimiento maternal se vio en un estudio reciente de escáneres cerebrales dirigido por el neurocientífico Jeffrey Lorberbaum. Utilizando una tecnología que mide el flujo de la sangre como marcador de actividad en el cerebro, puso a prueba a padres que escuchaban el llanto de sus hijos. Las madres respondían con una fuerte activación del circuito emocional del cerebro más primitivo, la misma clase de respuesta de “gratificación” que resulta de los pensamientos sobre comida o sexo satisfactorio. En los padres, había poca actividad. “Un agujero negro”, como lo describió Loberbatum.

El estudio explica por qué tan a menudo las madres son la primeras en despertarse para consolar a sus bebes y por qué, incluso en un incidente como el de la Gameboy, fui capaz de recordar cuánto quiero a mi hijo. Por mucho que paguemos en servidumbre, sueño, frustración y trabajo mental intenso, estamos bien preparadas para extraer satisfacción de ello, y eso hace que la mayoría siempre intentemos mejorar. Y éste es el ingrediente principal de la inteligencia.

KATHERINE ELLISON-
Periodista de Investigación, galardonada con el premio Pulitzer.
Autora de
Inteligencia Maternal (Ed. Destino)
Extraído de la revista MENTE SANA; Noviembre 2006