“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

Aunque la mayor parte de mi trabajo lo efectúo con mujeres, son muchos hombres los que acuden a mis talleres.
Cuanto mejor se conocen los dos miembros de la pareja:  sus roles, sus necesidades, sus cambios, sus motivaciones, sus miedos y preocupaciones, lo que  se siente y no se llega a expresar…más fácil es que la pareja transite junta, unida,  por el puerperio femenino, en vez de alejarse el uno del otro.

Los hijos no unen parejas “per sé”. Los cambios que se producen en nosotras son tan grandes que suponen una revolución o una re-evolución que necesita de parte de la pareja,  del conocimiento primero y de la aceptación después.

¿Dónde está mi mujer?

Algunos hombres ven en estos cambios una amenaza a lo que tenían. “Su mujer” ya no es la misma y en vez de pararse a analizar por qué pasa esto y a comprender la gran marabunta emocional que  supone el puerperio, muchos se quejan y añaden más presión a la mujer. Presión que no solo no contribuye a recomponer el puzzle desmoronado con el que nos encontramos muchas en esta etapa, sino que, además,  añade una carga de dolor, incomprensión y soledad que puede ser letal si no se toma conciencia para no seguir en ese camino de  desencuentro continuo.

Cuanto más inmadura sea la pareja, cuanto menos maternado haya sido él mismo, cuanto menos dispuesto esté a  zambullirse también en su propia  sombra, cuanto más se empeñe en reencontrar a la mujer que conoció y no en descubrir a la nueva que está surgiendo de esta experiencia vital…  más difícil le resultará aceptar los cambios.

Dice Carlos González que cuando los solteros se casan hacen una “despedida de soltero” precisamente para eso, para despedirse de un papel y asumir otro. Y que por tanto, las parejas sin hijos, al ser padres, deberían también comprender que se despiden de ese status: “pareja” para asumir uno nuevo: “familia”.

Quizás tengamos que empezar a establecer algún rito que vaya grabando en la conciencia individual y colectiva este hecho. Hacer fiestas de “despedida de la pareja”. Donde las parejas sin hijos estén con otras que ya tienen hijos y puedan escuchar, de verdad, lo que supone este cambio.

(más…)

Cólicos del Lactante

¿Qué es el cólico del lactante?

El cólico del lactante es un problema común que puede afectar a los bebés en sus primeras semanas de vida y uede durar entre 3 y 4 meses. El niño con cólico llora de manera intensa e inconsolable alrededor de 2-3 horas al día más de 3 días a la semana y que suelen aparecer por la tarde-noche. El bebé estira y encoge las piernas, muestra una expresión de dolor, ventosea (lo que, a veces, le alivia)… El niño con cólico es un niño sano cuyo llanto es percibido como excesivo por los padres que no encuentran la manera de evitarlo.

 

Causas

No se conoce todavía su causa exacta. Se suele decir que son dolores abdominales pero no se sabe a ciencia cierta y se han intentado relacionar con alergias, gases, hipermotilidad intestinal, temperamento, sobrecarga de estímulos… Puede que tenga importancia el temperamento del bebé o de sus padres.

Siempre hay que descartar alguna enfermedad y comprobar que la técnica de lactancia es correcta ya que esto puede ser causa de llanto. Si todo está bien, los medicamentos no suelen ser eficaces, tampoco las infusiones.

Recomendaciones

  • Ante todo procure tranquilizarse y conservar la calma.
  • Recuerde que el llanto es una manera de comunicación del lactante que indica una necesidad pero no siempre significa hambre.

Además de hambre el niño puede tener sueño, cansancio o, simplemente, necesidad de contacto o de estar en brazos. Responder precozmente al llanto y tomarlos en brazos mejora los cólicos más que el tipo de alimentación o cualquier otra intervención y no malcría al niño. Es más fácil prevenir el llanto llevando al bebé cargado a menudo que intentar consolarle una vez ha empezado a llorar. Quizás le sorprenda saber que en las culturas en los que los bebés van siempre cargados, desconocen los cólicos.

 

 

  • Si lo toma la madre, lo pone al pecho y se calma, ya está solucionado. Tomar el pecho no produce obesidad y ofrece algo más que alimento.
  • Intente encontrar las medidas que más calmen a su bebé en particular:
    • balancearlo y acunarlo con suavidad
    • pasearlo
    • cargarlo en un fular o bandolera portabebés
    • buscar una posición que le alivie, sobre todo en la que su barriguita está apoyada sobre el cuerpo de la madre o el padre
    • hacerle escuchar sonidos rítmicos  relevantes como las canciones de cuna
    • darle un baño
    • Un exceso de movimiento puede ser contraproducente, por lo que siempre debe hacerse de forma tranquila y pausada. Nunca hay que sacudir al bebé, él no intenta “manipular” ni “llora por llorar”

 

  • MASAJE INFANTIL
    • Se le pueden hacer masajes en posición vertical o tumbado.
    • El masaje ha de ser suave en el sentido de las agujas del reloj y realizando movimientos de flexión de las piernas sobre el abdomen.
    • Un ligero masaje en la espalda también puede aliviar. Se puede realizar mientras se le carga sobre el antebrazo, con una mano en su barriguita y la otra sobre la espalda.

 

  • Si continúa llorando puede intentar calmarle otra persona (el padre, por ejemplo).
    • Si usted está nervios@ el bebé lo percibirá y será más difícil que se calme.
    • Si el llanto del bebé pone muy nervioso a uno de los padres es preferible que intente calmarlo aquél que esté más relajado.
    • Antes de caer en la desesperación, busque el apoyo de otros familiares, para que puedan relevarle y así descansar.

“Por supuesto que sé qué es lo que quiere cuando llora…Te quiere a ti”

  • En algunos casos el llanto puede ser consecuencia de alergia a las proteínas de la leche de vaca (u otro alimento que toma la madre). En este caso, la madre puede suspender la ingesta de lácteos durante al menos una semana a 10 días. Si el problema persiste, puede volver a comer igual que antes.

Texto basado en información de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) http://www.aeped.es/lactanciamaterna/index.htm

Más información en
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/002397.htm
(en inglés)

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002397.htm (en castellano con un grave error de traducción que copio y corrijo a continuación)

You cannot spoil a baby by holding him or her during infancy.
Traducido sería: tú no puedes malcriar al bebé por llevarle durante la infancia.

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La Química del Apego

LA QUÍMICA DEL APEGO

Por Linda F. Palmer, autora de Baby Matters.

Los bebés humanos nacen desamparados, necesitan ser totalmente protegidos y cuidados. Afortunadamente, nacen con todas las herramientas e instrucciones necesarias para lograr ese cuidado y para llegar a ser una parte amada y amante de su familia y de su sociedad. Las interacciones neurales y hormonales que se establecen entre los padres y el bebé para asistirles en este proceso son de las más poderosas de la naturaleza. Las señales hormonales son claras y contundentes y nuestros instintos nos proveen de las respuestas apropiadas. Si no se esfuerzan en evitar e ignorar tales impulsos, los padres seguirán de forma natural el consejo de sus neuronas y hormonas, nutriendo a sus bebés y manteniéndose en contacto físico con ellos.

Una vez nacido, los sistemas de control hormonal del bebé y la sinapsis cerebral comienzan a organizarse permanentemente según sus experiencias con las interacciones humanas. Las sendas y los receptores cerebrales innecesarios son eliminados, mientras que los más apropiados al ambiente dado son priorizados.

Oxitocina: una hormona para la vinculación.

La oxitocina es un mensajero químico liberado en el cerebro principalmente en respuesta al contacto social, pero su liberación es especialmente acusada en el contacto piel con piel. Además de proveer beneficios para la salud, esta sustancia, semejante a una hormona promueve el modelo de vinculación y crea el deseo de un ulterior contacto con los individuos que incitan su liberación. Cuando el proceso es ininterrrumpido, la oxitocina es una de las principales herramientas de la naturaleza para “crear” a una madre. El número de receptores de oxitocina, elevados por los altos niveles de estrógeno (“hormona femenina”) durante el embarazo, se multiplica radicalmente cerca del final del mismo. Esto hace a la nueva madre muy sensible a la presencia de oxitocina. Estos receptores se incrementan en la parte de su cerebro que promueve la conducta maternal.

La primera aparición importante de la oxitocina se da durante el trabajo de parto. Si es necesaria una cesárea, consentir que igualmente se desarrolle el trabajo de parto, permite la segregación de cierta cantidad de esta hormona vinculante (y ayuda a asegurar una explosión final de anticuerpos para el bebé por la placenta). El paso ulterior a través del canal de parto, eleva los niveles de oxitocina tanto en la madre como en le bebé. Los niveles altos de oxitocina provocan que la madre se familiarice con el olor único de su recién nacido, y a la vez se sienta atraída por dicho olor, prefiriéndolo al de cualquier otro. El bebé a su vez, tiene la impronta de la madre, adquiriendo de ella el sosiego y la reducción del dolor. Cuando el bebé nace, está impregnado del olor del líquido amniótico. Esto le ayuda a encontrar el pezón materno, que tiene un olor similar aunque ligeramente diferente. En los días posteriores al nacimiento, el bebé se siente confortado por el olor del líquido amniótico del que está impregnado. Gradualmente a lo largo de los días siguientes, el bebé comienza a preferir el olor del pecho de su madre, y este hecho no está relacionado con la comida. De hecho, los bebés alimentados con fórmula se sienten más atraídos ( en tests de laboratorio) por el olor del pecho de su madre que por el de la fórmula, incluso dos semanas después del nacimiento. La oxitocina ayuda a la instauración de la lactancia materna a través de su influencia en la conducta maternal y de la estimulación de la subida de la leche. Poner al bebé al pecho durante la primera hora tras el nacimiento, hace que la oxitocina se eleve a niveles excepcionales tanto en la madre como en el bebé. Las madres que posponen este encuentro pierden parte de esa alta aportación hormonal segregada inmediatamente después del nacimiento. La poderosa impronta inicial en madre y bebé se da principalmente para que sean capaces de encontrarse y reconocerse en las horas y días posteriores al nacimiento.

Aún perdiendo esa ocasión inicial, todavía queda una oportunidad vital para el establecimiento del apego y el amor materno filial. Tras el alumbramiento, y como consecuencia de lactar y tener en brazos al bebé. La madre continua produciendo niveles elevados de oxitocina y esos niveles están basados en la cantidad de contacto físico. Esta condición hormonal proporciona una sensación de calma y bienestar. Los niveles de oxitocina son más altos en las madres que dan lactancia materna exclusiva que en aquellas que dan lactancia mixta.

Bajo la influencia de la oxitocina, las uniones nerviosas de ciertas áreas del cerebro materno sufren una reorganización a consecuencia de la cual los comportamientos maternales se refuerzan. La oxitocina segregada gracias al contacto continuado con el bebé provoca en la madre un mayor sentido maternal, que se muestre más dispuesta a complacer a los demás, más sensible a los sentimientos de otros y que sepa reconocer señales no verbales más fácilmente. La lactancia continuada realza este efecto. Con la oxitocina alta, las prioridades de la madre se alteran y su cerebro no le envía señales para cuidar su aspecto físico al objeto de emparejarse y procrear. Ahora que el bebé ha sido creado, su prioridad es él. También se ha demostrado que la oxitocina alta en las mujeres promueve su preferencia por cualquier varón que se encuentre alrededor durante su segregación (una buena razón para el padre para mantenerse cerca durante y después del parto). Los niveles altos de oxitocina en la madre, padre o el bebé también promueven una reducción de la tensión arterial, de las pulsaciones cardiacas y ciertas clases de reparaciones arteriales, reduciendo el riesgo de enfermedades cardíacas.

Aunque el bebé segrega si propia oxitocina en respuesta a la lactancia, la madre también se la transfiere a través de su leche. Esta provisión sirve para promover la cercanía y relajación continua en madre y bebé. En los bebés alimentados con leche artificial, la liberación de oxitocina es más variable pero definitivamente más alta en un bebé al que se le da el biberón en brazos que en el que toma el biberón apoyado en algún sitio, sin brazos.

El contacto corporal continuado padres-bebé durante la alimentación del bebé y en cualquier otra ocasión, eleva el nivel de oxitocina en el niño y reduce la respuesta de las hormonas de estrés. Múltiples estudios psicológicos han demostrado que dependiendo de las prácticas de los padres, el resultado (un nivel alto o bajo de oxitocina) controlará la organización permanente del centro neurálgico de regulación del estrés en el cerebro del bebé, causante de las características de personalidad segura (para altos niveles de oxitocina) o insegura (para bajos niveles de oxitocina) en la adolescencia y la edad adulta. Las características de una personalidad insegura pueden incluir un comportamiento anti social, agresividad, dificultad en formar lazos duraderos con una pareja, enfermedades mentales y un pobre manejo del estrés. Cuando un bebé no recibe cuidados sensibles y en consecuencia no segrega una producción de oxitocina regular, el estrés resultante deriva en elevados niveles de la hormona de estrés llamada cortisol. Las elevaciones crónicas de cortisol en los niños y los ajustes hormonales y funcionales que las acompañan, se muestran en los estudios bioquímicos asociadas con cambios cerebrales permanentes que conducen a una sensibilidad elevada al estrés a durante toda la vida, así como a una tensión arterial alta y elevadas pulsaciones cardiacas. Las madres también se benefician de la reducción de los efectos del estrés que proporciona la oxitocina y las mujeres que amamantan producen significativamente menos hormona de estrés que las que alimentan con leche artificial.

Tampoco los padres son excluidos de la ecuación de la oxitocina. Se ha demostrado que los niveles de oxitocina del padre se elevan hacia el final del embarazo de su pareja. Cuando el padre pasa bastante tiempo con el bebé, la oxitocina le anima a involucrarse en el cuidado continuado del mismo, en un ciclo perpetuo. La oxitocina en el padre también aumenta su interés en el contacto físico (no necesariamente sexual) con la madre. Así la naturaleza proporciona una vía al padre para mostrarse más interesado en ser una parte dedicada y satisfecha del cuadro familiar a través de su implicación con el bebé. Con todos estos poderes, la oxitocina sólo una más de la lista de muchas sustancias químicas que la naturaleza utiliza para asegurar que el bebé encuentre el amor y cuidados que necesita.

Vasopresina y protección

Aunque está presente y activa en el proceso de vinculación de madre e hijo, la vasopresina juega un papel mucho mayor en el padre. Esta hormona promueve la reorganización cerebral hacia conductas paternales cuando el varón está cohabitando con la mujer embarazada. El padre se vuelca más en su pareja y muestra conductas de protección. Liberada en respuesta a la proximidad y el tacto, la vasopresina promueve la vinculación entre padre y madre, ayuda al padre a reconocer y enlazarse con su bebé y le hace desear más ser parte de la familia, que estar solo. Se ha ganado la reputación de la “hormona de la monogamia”. La Dra. Theresa Crenshaw, autora de “La alquimia del amor y la lujuria”, dice: “La testosterona quiere irse de ronda, la vasopresina quiere quedarse en casa”. También describe la vasopresina como la atenuadora del deseo sexual del hombre. La vasopresina refuerza la inclinación protectora del padre hacia su pareja y el bebé promovida por la testosterona, pero atempera su agresividad, tornándole más razonable y menos extremista. Al promover el pensamiento más racional y menos caprichoso, esta hormona induce un papel sensible paternal, proporcionando estabilidad así como actitud de vigilancia.

Prolactina y Comportamiento

La prolactina se segrega en toda la gente sana durante el sueño, ayudando a mantener los órganos reproductivos y la función inmunológica. En la madre, la prolactina se libera en respuesta a la succión, promoviendo la producción láctea y las conductas maternales. La prolactina relaja a la madre y, en los primeros meses, crea una cierta fatiga durante las sesiones de lactancia, de manera que la madre no siente deseos de levantarse y hacer otras cosas. La prolactina promueve los comportamientos de cuidado del bebé y, con el tiempo, dirige la reorganización cerebral que favorece dichos comportamientos. El nivel de prolactina del padre se comienza a elevar durante el embarazo de la madre, pero la mayor parte del aumento en el varón se da después de varios días de cohabitación con el bebé. Como consecuencia de la reorganización cerebral hormonalmente orquestada durante la maternidad y paternidad, los patrones de liberación de prolactina se alteran. Se ha demostrado que los padres segregan prolactina en respuesta a las amenazas de un intruso mientras que los varones sin hijos no lo hacen. Por otro lado, las madres lactantes no liberan prolactina en respuesta a un ruido fuerte, mientras que las mujeres sin hijos sí que lo hacen. En niños y adultos sin hijos, la liberación de prolactina se relaciona con niveles de estrés, por lo que generalmente se la considera la hormona del estrés. En padres y madres se convierte en la hormona de la crianza.

Los niveles elevados de prolactina tanto en la madre lactante como en el padre comprometido provocan cierta reducción en sus niveles de testosterona, que a su vez reduce sus líbidos (pero no su función sexual). Su fertilidad también puede verse reducida durante un tiempo. Esta reducción en la actividad sexual y en la fertilidad está diseñada totalmente para el beneficio del hijo reservando para él la atención y energía de sus padres. Cuando el padre se involucra estrechamente con el bebé junto con la madre, debe darse un equilibrio entre los deseos de ambos, y la presencia de oxitocina y otras sustancias químicas proporcionan una alta vinculación e interés no sexual del uno para con el otro, lo cual sirve para retener al padre como dedicado cuidador para el niño.

Opioides y Recompensas

Los opioides (hormonas del placer) son sustancias químicas semejantes a la morfina creadas por nuestros cuerpos. Reducen la sensación de dolor y crean sentimientos de alegría. El contacto social, particularmente el contacto físico y especialmente entre los padres y el hijo, induce la segregación de opioides, creando unos sentimientos buenos y propicios al aumento de la vinculación. Pueden desarrollarse preferencias respecto al olor, el gusto, la actividad, lugares determinados, etc. a consecuencia de la segregación de opioides durante contactos placenteros, incluso eventualmente la visión de una cara amada estimula la segregación. La liberación de opioides en el cerebro infantil como una respuesta condicionada a los cálidos abrazos y besos de los padres, puede resultar efectiva para ayudar a reducir el dolor de una caída o de una decepción. Los padres “aprenden” a disfrutar de actividades beneficiosas como dar de mamar y coger en brazos a sus hijos, y los niños “aprenden” a disfrutar del contacto como ser tomado en brazos o arrullado, todo ello como respuesta a la segregación de opioides. Los bebés necesitan leche, y los opioides son la recompensa natural para ellos cuando la obtienen, especialmente en los primeros intentos. Los primeros episodios de succión organizan las conexiones nerviosas en el cerebro del recién nacido condicionándole a continuar con esa actividad. Esta es la razón por la que los bebés amamantados a veces tienen problemas si se les da el biberón en la “nursery” (una exposición temprana a los biberones crea confusión y asociación de placer tanto a las tetinas del biberón como al pecho materno). De hecho, cualquier sensación secundaria experimentada durante el arrullo, el contacto físico o la alimentación que no sea nociva, puede formar parte del apego del bebé y reconfortarle. Puede ser el calor del cuerpo de la madre, el pecho hirsuto del padre, el apacible arrullo de la abuela o el protector de la cuna.

Los niveles elevados de prolactina en los padres simulan el sistema opioide, sintiéndose altamente recompensados emocionalmente durante la vivencia de relaciones familiares íntimas y amorosas, posiblemente por encima de todo lo demás. Tal como sucede con la codeína y la morfina, puede darse cierta tolerancia a los opioides naturales, lo cual reducirá el nivel de satisfacción emocional derivada de determinadas actividades a lo largo del tiempo. Pero esto no es un problema para los padres e hijos apegados, porque los niveles elevados de oxitocina, especialmente cuando se han creado a través del contacto corporal frecuente o prolongado, de hecho inhiben la tolerancia a los opioides, protegiendo las recompensas emocionales derivadas de mantener unas relaciones familiares íntimas y amorosas. Por otro lado, el consumo de drogas opioides artificiales, reemplaza la necesidad cerebral de mantener dichas relaciones.

Una vez se ha dado este fuerte efecto opioide sobre la vinculación, una separación puede alterar emocionalmente al individuo, y al niño incluso físicamente: cuando los niveles de opioide decrecen en su cerebro puede sufrir algo parecido al síndrome de abstinencia de cocaína o heroína. Cuando los niveles de opioide bajan, uno puede sentir ganas de volver a casa para abrazar al bebé o llorar reclamando el cálido abrazo de los padres, dependiendo del punto de vista. Algunas veces las conductas alternas son útiles. Por ejemplo, chuparse el pulgar puede aliviar total o parcialmente la retirada del chupete o del pezón, incluso puede proporcionar reminiscencias opioides durante algún tiempo.

Norepinefrina y aprendizaje

El amamantamiento también produce dopamina y su subproducto: la norepinefrina (adrenalina), cuya ayuda mantiene algunos de los efectos de la vinculación temprana. Aumentan la energía y el estado de alerta así como la sensación de placer derivada del apego. La norepinefrina ayuda a organizar el sistema de control de estrés del niño, así como otros controles hormonales importantes de acuerdo con la naturaleza de las experiencias iniciales de crianza. Promueve el aprendizaje acerca del entorno, especialmente el aprendizaje a través de la memorización, que es efectuada por la oxitocina, opioides y otras influencias químicas.

Feromonas e instintos básicos

¿Cómo sabe el cuerpo del varón que debe iniciar los cambios hormonales cuando está viviendo con una mujer embarazada?. ¿Cómo puede un niño interpretar con exactitud olores de su madre que los adultos a menudo apenas detectan?. La respuesta está en las feromonas. Entre otras cosas, las feromonas son hormonas esteroides que se fabrican en nuestra piel. Nuestros cuerpos están programados instintivamente para reaccionar en consecuencia cuando detectamos dichas feromonas a nuestro alrededor. Los recién nacidos son mucho más sensibles a las feromonas que los adultos. Incapaces de responder a señales verbales o de otro tipo, aparentemente dependen de este sentido primitivo que controla gran parte del comportamiento de animales inferiores. La impronta inicial del bebé hacia los olores y feromonas no se trata tan solo de una predilección por los olores de sus padres, sino que es una forma en que la naturaleza controla la organización cerebral y las segregaciones hormonales para conseguir una adaptación óptima del bebé a su entorno. Las primeras experiencias del bebé están ligadas a capacidades superiores como el reconocimiento facial y emocional. A través de ellas el bebé probablemente aprende a percibir el nivel de estrés en sus cuidadores, así como si su madre está contenta o asustada. Parte de la angustia por separación que sufre el bebé puede estar causada por la pérdida de las señales paternas / maternas acerca de la seguridad de su entorno. Otra sensación básica a la que el bebé responde muy bien es el contacto físico y, casualmente, los olores corporales y las feromonas sólo se pueden sentir cuando las personas están físicamente muy cerca unas de otras.

Lo que el mundo necesita ahora…

Los bebés universalmente lloran cuando se les deja acostados y solos. Si nos escuchamos a nosotros mismos, nuestras neuronas y hormonas nos impulsan a una respuesta apropiada. Los bebés están diseñados para ser alimentados con frecuencia y en contacto piel con piel, para ser tomados en brazos y atender a señales faciales. Estas acciones derivan en cambios permanentes en el cerebro, resultados beneficiosos, tanto para padres como para hijos. La conducta maternal se da de forma satisfactoria para la madre cuando se siguen las señales naturales y también se consigue un papel reforzado del padre. La participación activa del padre en la crianza le anima a una ulterior involucración y crea un acuerdo entre padre y madre. La proximidad y contacto frecuente entre el bebé y sus padres puede crear una vinculación familiar poderosa con muchos beneficios a largo plazo.

Tristemente, los últimos siglos los padres han sido animados por “expertos” (educados industrialmente) a no responder a las poderosas lecciones de crianza del bebé que les otorga su instinto.

Psicólogos, neurólogos y bioquímicos han confirmado ahora lo que instintivamente sospechábamos: Muchas de las recompensas de la paternidad se han perdido por el camino y generaciones de niños pueden haber perdido ventajas importantes para toda su vida.

Endnotes
1. T.R. Insel, “Oxytocin – a neuropeptide for affiliation: evidence from behavioral, receptor autoradiographic, and comparative studies,” Psychoneuroendocrinology 17, no. 1 (1992): 3-35.

2. H. Varendi et al., “Soothing effect of amniotic fluid smell in newborn infants,” Early Hum Dev (Estonia) 51, no. 1 (Apr 1998): 47-55.


3. R.H. Porter et al., “An assessment of the salient olfactory environment of formula-fed infants,” Physiol Behav 50, no. 5 (Nov 1991): 907-11.

4. S.S. Knox and K. Uvnas-Moberg, “Social isolation and cardiovascular disease: an atherosclerotic pathway?” Psychoneuroendocrinology 23, no. 8 (Nov 1998): 877-90.

5. M. Altemus et al., “Suppression of hypothalamic-pituitary-adrenal axis responses to stress in lactating women,” J Clin Endocrinol Metab 80, no. 10 (Oct 1995): 2965-9

6. R.S. Bridges, “The role of lactogenic hormones in maternal behavior in female rats,” Acta Paediatr Suppl 397 (Jun 1994): 33-9.

7. G.L. Kovacs et al., “Oxytocin and addiction: a review,” Psychoneuroendocrinology (Hungary) 23, no. 8 (Nov 1998): 945-62.

8. G.W. Kraemer et al., “A longitudinal study of the effect of different social rearing conditions on cerebrospinal fluid norepinephrine and biogenic amine metabolites in rhesus monkeys,” Neuropsychopharmacology 2, no. 3 (Sep 1989): 175-89

Un punto de vista femenino respecto a la paternidad

No son tiempos fáciles para varones ni mujeres. Nosotras hemos conquistado el mundo masculino y los varones han perdido sus identidades históricas. Necesitaremos algunas generaciones para volver a situarnos en un mundo sin reglas fijas.

La paternidad también ha dejado desubicados a los varones. Hay un aparente consenso respecto a los papás modernos que cambian pañales, que juegan con los niños o ayudan en las tareas domésticas. Y no mucho más.

Sin embargo, devenir madre o padre es por sobre todo, dejar de lado las prioridades personales y poner toda nuestra capacidad altruista al servicio del otro. La madre sostiene al niño. Y el padre sostiene a la madre. Al menos es lo que hay dentro del sistema de familia nuclear, que está lejos de ser el ideal para la crianza de los niños.

Pero las mujeres solemos confundir “sostén emocional” hacia nosotras con “ayuda concreta en la crianza del hijo”. Son dos situaciones bien distintas. Una madre sostenida puede sostener al niño. Una madre desamparada se “ahogará en un vaso de agua”, y reclamará desde la soledad cualquier cosa, en cualquier momento, sin lograr nunca quedar satisfecha, aunque el varón intente bañar al niño, lo lleve de paseo o se despierte de noche para calmarlo. Esto provocará el desconcierto del varón que no sabrá más qué hacer para tranquilizarla.

Si un papá cambia un pañal, está muy bien. Pero la condición excluyente para un funcionamiento familiar equilibrado, es la de operar como sostenedor emocional de la madre. No es necesario que el padre esté dentro del torbellino emocional, porque no es su función. Al contrario, se necesita alguien que mantenga su estructura emocional intacta sosteniendo el mundo material para que la madre no se vea obligada a abandonar el mundo emocional en el que está sumergida. El padre no tiene que maternar, tiene que sostener a la madre en su rol de maternaje.

Tengo dos sugerencias para los varones emocionalmente maduros: Antes de salir a trabajar cada mañana, pregúntenle a su mujer:

1) “¿Cómo estás?” y 2) “¿qué necesitas de mí, hoy?”.

Es sencillo.

La mayoría de los varones retoma su quehacer laboral, se baña y afeita cada mañana, desayuna y se va exactamente a la misma hora de siempre “como si nada hubiera sucedido”. Asimismo supone que nada de lo que acontezca en su ausencia le incumbe, y que su mujer, eficaz como siempre lo fue, podrá arreglarse sola con el bebé. Es falso. ¿Acaso tiene que modificar su rutina? No. Tiene que preguntarle a su mujer qué necesita de él, hoy, aquí, ahora.

Laura Gutman

El papel del padre durante la lactancia

Esta es una entrevista de Arturo Meoño*al pediatra Carlos González, él es autor de exitosos libros como Mi niño no me come, Bésame mucho, Un regalo para toda la vida. Además del tema de la crianza de la niñez es un experto y reconocido conferencista sobre lactancia materna.

Arturo -Según su experiencia, ¿dentro del núcleo familiar, cuáles mitos, prejuicios o “resistencias” a la lactancia son más comunes entre los hombres?

Carlos -No me da la impresión de que haya unas resistencias especiales. Más bien diría que la mayor parte de los padres están muy contentos con la lactancia. El mito es el que tiene toda la sociedad (incluyendo a la propia madre): que a lo mejor no hay suficiente leche, que a lo mejor la leche no es buena… A veces se oye decir que hay maridos que no quieren que su esposa dé el pecho porque se le va a “caer” y “estropear”, o porque creen que el pecho es un órgano erótico y por tanto pertenece al marido, y no al niño. Pero el caso es que nunca he oído a ningún padre decir estas cosas, siempre son rumores, alguien que ha oído que otro ha dicho que otro piensa… a lo mejor esas supuestas resistencias son en sí mismas un mito.

Arturo -Las masculinidades predominantes ¿nos generan obstáculos a los hombres para poder tener una adecuada participación en la lactancia de nuestros hijos e hijas? ¿O lo que tenemos son vacíos en cuanto a información, formación o educación?

Carlos -Ahí me pierdo, ¿qué son las “masculinidades predominantes”?

Arturo -Las variaciones del machismo.

Carlos -¡Ah, el machismo, y la participación en la lactancia!

Ante todo, el machismo no dificulta la lactancia. Durante siglos, probablemente milenios, las mujeres han dado el pecho a pesar del machismo. Ha sido justo en el siglo en que el machismo ha disminuido un poco, y en los países en que ha disminuido, en donde la lactancia se ha visto en peligro. Supongo que es pura coincidencia.

Los padres no podemos participar en la lactancia (salvo que usemos “participar” en un sentido tan amplio que ya no tiene sentido). Podemos participar en la crianza de nuestros hijos, podemos llevarlos en brazos, cantarles, dormirles, acariciarles, lavarles, vestirles, cambiarles los pañales, jugar y hablar con ellos, llevarlos a pasear, ayudarles con los deberes, leerles libros… pero no podemos darles el pecho. Más vale acostumbrarse a ese hecho, y admitir que no es ninguna deshonra. Porque la absurda noción de que padre y madre deben hacerlo todo por igual ha llevado a algunas familias a dar biberones, “para que el padre también pueda participar”.

Es fácil caer en la tentación de pensar: “mi abuelo era un machista medio salvaje, pero yo soy un hombre moderno e igualitario”. Pero cada época ha tenido sus ideas y su forma de vida, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Tal vez estamos haciendo mejor algunas cosas, pero peor otras. No, nuestro abuelo nunca cambió un pañal, pero tampoco se le hubiera ocurrido divorciarse de su esposa para irse con otra más joven, y mucho menos “olvidarse” de pagarle la pensión, o pelear ante los tribunales para poder separar a un niño de un año de su madre fines de semana alternos y dos semanas en vacaciones.

Arturo -Asumido el hecho que no podemos darles el pecho, podrías ahondar en ¿cuales serían los principales roles de nosotros los padres durante el período de lactancia?

Carlos -El papel del padre durante la lactancia no es biológico, y por tanto podemos definirlo y moldearlo a nuestro gusto. No creo que nadie pueda definir e imponer un papel como mejor que los demás. Cada familia se organiza según sus tradiciones, preferencias, expectativas y posibilidades.

Los padres pueden ganar dinero para que la madre pueda dedicarse durante un tiempo al cuidado de su hijo, pueden hacer las tareas domésticas, pueden bañar al bebé y cambiarle el pañal y consolarlo cuando llora y no se calma ni con el pecho o cuando se despierta a media noche y nadie sabe qué le pasa. Pueden apoyar a su esposa, asegurarle que lo está haciendo muy bien, que están orgullosos de ver qué buena madre es, que aunque no tenga tiempo de arreglarse está más guapa que nunca. Pueden hacerla reír. Pueden protegerla frente a las críticas de familiares y otras personas que no estén de acuerdo con la lactancia. Pueden sacar al bebé a pasear un par de horitas para que la madre pueda dormir la siesta. Pueden intentar apartarse del paso y no molestar.

Supongo que todos los padres hacen algunas o varias de estas cosas, en proporción variable.

Arturo -Ya que mencionaste el aspecto emocional, ¿qué necesidades puede tener nuestra pareja mientras está dando pecho, y cómo podríamos ayudarla a satisfacer estas necesidades?

Carlos -Seguro que cada madre tiene sus propias necesidades, así que siempre es buena idea empezar por preguntarle.

También puede ser, por supuesto, que no sea consciente de sus propias necesidades, o que no sepa expresarlas, o que le parezcan una tontería y no se atreva a nombrarlas. O que intente amoldarse a lo que la sociedad espera(o a lo que ella cree que la sociedad espera) de ella, y dé la respuesta “correcta” en vez de la real.

Parece todo muy complicado; pero al fin y al cabo no somos psicólogos, sólo maridos. Hacemos lo que podemos, y lo importante es la buena voluntad.

En esa buena voluntad se incluye el suponer que también ella tiene buena voluntad, que también hace lo que puede aunque no siempre acierte. La felicidad requiere cierto esfuerzo por ambas partes.

Arturo -¿Qué diferencias y qué constancias encuentras entre los hombres que vivimos en la “cultura occidental” en comparación con las familias en la prehistoria?

Carlos -¡Anda! Cada vez me haces preguntas más difíciles. En la anterior casi no se me ocurría nada, y ahora menos.

Para empezar, los hombres (varones) actuales de la “cultura occidental” son muy distintos unos de otros. Hay grandes diferencias por países, por clases sociales, por edad, por carácter… y diferencias puramente individuales. Probablemente si algo nos distingue, en general, de nuestros antepasados, es el mucho tiempo que dedicamos a trabajar, y el poco tiempo que por tanto tenemos para la familia, los amigos y para nosotros mismos. Los grandes primates en la naturaleza suelen dedicar sólo dos o tres horas al día a buscar comida y comérsela. Nosotros dedicamos ya ese tiempo a ir de compras, cocinar, comer y lavar los platos. Sólo que nosotros, antes de ir de compras, necesitamos trabajar ocho horas diarias para que nos den unos papelitos de colores con los que ir de compras.

Otras diferencias importantes es que nos parece normal vivir más de 70 años, cuando nuestros antepasados debían considerar una gran suerte el pasar de 35, y que nos parece que la muerte de un niño es una catástrofe, una desgracia, una mala suerte excepcional, cuando nuestros antepasados debían contar con que al menos la mitad de sus hijos morirían en la primera infancia.

¿Y todo eso qué importa? Pues no lo sé. Por eso digo que no se me ocurre qué responder a esta pregunta…

Arturo -Nada, a mí me encanta cuando podemos ver las cosas en perspectiva histórica.

Bueno, la última, a mis amigos cuando me entero que van a ser papás les digo “duerman muy bien ahora” y después cuando ya son papás y los veo con ojeras les dijo “intenten hacer pequeñas siestas a cualquier hora” y tú como doctor y como padre ¿qué sugerencias tendrías para los padres que tienen bebés lactantes?

Carlos -Aquí en España (y supongo que en otros sitios) a los jóvenes les encanta “ir de marcha”. Se van a una discoteca, y luego a otra discoteca, y cuando cierran todas se van a un “after hours”, y luego desayunan… Si les sugieres que estén en casa a las 11, o al menos a la 1 de la madrugada, te miran como si fueras extraterrestre. ¿Serán esos mismos los que, unos años después, vienen a quejarse de que el bebé no les deja dormir? Pues qué pena que me dan (risa malévola).

Bueno, ahora en serio. Tener hijos es cansado, y exige muchas horas de trabajo. Desgraciadamente, nuestro sistema económico no lo reconoce. Pretende que hagamos lo mismo que hacíamos antes, y además cuidemos a los niños, como si fuera cuestión de media horita al día.

Como padre, lo primero que diría a mis “colegas” es que prueben a dormir con sus hijos. Todos en la cama grande es mucho más descansado. Que no se duerme igual que sin hijos, desde luego que no, pero es mucho más cómodo tener al bebé al lado y consolarle en seguida que recorrer cada noche el pasillo varias veces para encontrarse con un bebé totalmente desvelado, porque hemos tardado cinco minutos en acudir. Además de cómodo, dormir con los hijos es agradable, una de las cosas más divertidas que tiene la paternidad.

Y lo segundo, que no le echen a sus hijos la culpa de nuestra forma de vida. No es un bebé exigente y manipulador, que nos tiene toda la noche despiertos sin comprender que hemos de madrugar para ir al trabajo. En todo caso, echémosle la culpa a un empresario exigente y manipulador, que nos obliga a llegar temprano al trabajo sin comprender que por la noche hemos estado atendiendo a nuestro hijo. A lo mejor el empresario tampoco tiene culpa, pero al menos no es hijo nuestro.

*(Arturo Meoño el productor y director artístico de la Unidad de Radio Nederland en AL)

http://depaapa.blogspot.com/

El rol del padre en la lactancia-LLL

Para que exista la lactancia materna en la especie humana, en principio hacen falta por lo menos dos cosas, una madre dispuesta a ofrecer su “oro” blanco y un bebé. Bien, lo anterior es el mínimo indispensable, pero aún teniéndolo, puede que surjan dificultades que podrían impedir que la lactancia materna salga adelante con éxito, y que no transcurra todo lo bien que sería deseable. Estas dificultades las pueden vencer madre e hijo con empeño, información y un deseo firme de seguir adelante, pero todo es mucho más fácil y las probabilidades de éxito aumentan cuando existe la figura del “soporte”. Esta figura puede ser desempeñada por un familiar, una amistad o cualquier persona, e incluso no existir. Pero quien puede ejercer ese papel de una manera decisiva es el padre. El padre que ejerce como soporte es una figura principal junto con la madre y el hijo/a. Para que un padre sea el soporte ha de implicarse tanto en aspectos emocionales como dedicando el tiempo necesario que esta situación precisa. Si contamos con una madre, un hijo y un padre-soporte tenemos lo que se conoce como triángulo de la lactancia, que hará que las probabilidades de éxito de la lactancia aumenten considerablemente. El ser padre-soporte y formar un triángulo de la lactancia es algo que los padres no deberían dejar pasar y es una experiencia muy enriquecedora y placentera tanto a nivel individual, para todos sus miembros, como a nivel familiar.

 

Este documento está dirigido a todos aquellos padres o futuros padres cuyos hijos son o serán amamantados. Y por supuesto también está dirigido a sus parejas. Pretende dar una pincelada sobre el importante papel del padre en la lactancia materna, alejando los caducos estereotipos que lo sitúan fuera de todo lo relacionado con ella. Muestra el muy importante espacio que debe ocupar el padre junto a la madre y el lactante, en un papel principal y no secundario.

¿QUÉ PUEDE HACER EL PADRE-SOPORTE?

Antes de ver acciones concretas y más definidas, es importante señalar que cada caso es diferente, depende de cada bebé / niño, de cada familia y su entorno, etc. no hay dos iguales, unos son más demandantes y otros más relajados y además también depende del momento, ya que las necesidades son cambiantes, lo del mes pasado ya no vale para hoy. Por eso se ha dicho “puede hacer” en lugar de “tiene que”. Lo que se va a exponer a continuación es una orientación, y en cada caso, cada familia ha de encontrar su propia forma de hacer las cosas en cada momento. Una vez hecha esta aclaración, a continuación algunas sugerencias prácticas

 

  • Labores domésticas: Es conveniente descargar a las madres de la mayoría de estas labores. Un ejemplo claro es con un recién nacido, la madre necesitará mucho tiempo, ya que la demanda es continua y es necesario que pasen mucho tiempo tranquilos y en intimidad para que la lactancia se establezca satisfactoriamente. En este caso, el padre se puede ocupar de lavar la ropa, de las comidas, de la limpieza doméstica, etc. Para estas tareas si es posible contar con ayuda externa, suele ser muy agradecida por todos.
  • Hijos mayores: El padre puede ocuparse de los hijos mayores para dejar tiempo y tranquilidad a la madre para dar el pecho, no se debe olvidar a estos hijos, que siguen necesitando atención y tiempo.
  • Tareas con respecto al bebé / niño: El padre no está excluido con respecto al cuidado del bebé. En la mayoría de los casos la madre estará casi todo el tiempo con el, pero poco a poco se irá abriendo más paso al padre. En la mayoría de los casos, el padre puede asumir desde el principio tareas como:
    • El baño.
    • Cargar al bebé / niño (en brazos o con ayuda de un porta- bebés como pueden ser: bandoleras, mochilas, un trozo de tela, etc.) Tanto de noche como de día, hay ocasiones en las que el bebé solo se calma si es sostenido en brazos, debido a que precisan un contacto constante. (ver consejos al respecto en el epígrafe final.)
    • Cambios de pañal.

 

Es muy importante en todo lo anterior respetar el ritmo del bebé / niño, no forzar, si el bebé no acepta al padre en alguna de las tareas anteriores y reclama a la madre, se deben respetar sus necesidades, que la madre haga esas tareas no quita que el padre pueda colaborar, él podrá hacer otras cosas no relacionadas con el bebé o puede acompañar a la madre realizando estas tareas, así el nuevo hijo se va a acostumbrando al padre y poco a poco irá aceptándolo cada vez más.

 

  • Apoyo emocional a la madre: Cuando surgen obstáculos, es importante que el padre brinde mucho apoyo a su pareja, le será de gran ayuda. La madre puede enfrentar obstáculos en forma de presiones para dejar de amamantar, dudas sobre su capacidad para amamantar, agotamiento por noches (o días) de muchas tomas, demanda continua, etc. El apoyo y la comprensión brindado por el padre ha de ser firme y sin fisuras, esto será de gran ayuda para que juntos superen el problema. Recordemos que un problema en la lactancia es problema de los tres, no sólo de la madre.

 

INFORMACIONES Y ACLARACIONES ÚTILES PARA EL PADRE SOBRE LACTANCIA MATERNA Y OTROS ASPECTOS

A demanda

La lactancia es a demanda (existe mucha literatura al respecto), y hay momentos en que la demanda puede ser prácticamente continua. En estos momentos, no se trata de que el bebé / niño esté intentando separar al padre de su pareja ni nada por el estilo, simplemente lo necesita (enfermedad, necesidad de aumento de producción de leche, etc.). El papel del padre como soporte es permitir que la madre pueda dar esa atención y dedicación a las necesidades del hijo. Es importante mencionar que estas rachas pueden durar días o semanas, cada caso es diferente.

 

¿Hasta cuándo dura el periodo de lactancia?

Hasta que la madre y el bebé / niño lo deseen. La OMS (Organización Mundial de la Salud) y UNICEF recomiendan lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y junto con otros alimentos hasta más allá de los dos años.

 

Mi pareja no tiene leche

Los casos reales de este tipo son muy pocos. La mayoría de casos diagnosticados como tales, suelen ser en realidad casos de “posición incorrecta al mamar (lo cual suele provocar grietas en el pezón)”, o “bebé que demanda mucho pecho y/o contacto físico”, “crisis de lactancia”, u “otros problemas o dolencias que causan malestar en el bebé y este se consuela al pecho”, entre otros.

 

Si lo dice el doctor/a….

Hay personal sanitario que por desgracia no dispone de la formación adecuada sobre la lactancia. Buscar profesionales bien informados al respecto para tratar problemas o dudas sobre lactancia, es primordial para asegurar el éxito de la lactancia.

 

Mi madre, la vecina, otras personas lo hicieron así, y aquí estamos, así está bien

Nuestros padres pertenecen a generaciones que criaron a sus hijos con formula, la cultura y los conocimientos de la lactancia materna se han perdido y sus consejos, aunque bienintencionados, pueden llegar a arruinarla.

 

¡Quiero una solución ya!

El cuerpo humano no es una máquina. En lactancia las cosas por lo general no son inmediatas. Si se precisa, por ejemplo un aumento de producción de leche por parte del bebé, se sufrirá un crisis de lactancia, el bebé estará molesto unos días y demandando mucho pecho. Esto es así porque tiene hambre, pero eso no es malo y hay que darle su tiempo, en pocos días tanta estimulación, al estar mucho tiempo al pecho provocará un reajuste hormonal en la madre y la producción se adecuará a la nueva demanda, volviendo todo a la normalidad. Si hay un problema no se resolverá por lo general inmediatamente, poner remedio llevará tiempo e insistencia. No suele haber soluciones “mágicas”.

 

No tengo tiempo para ejercer como apoyo

El gran obstáculo que muchos padres encuentran es el trabajo, si es posible este se debería de minimizar al máximo en el número de horas extras, etc. (intentando ser lo más eficientes posibles en las horas obligatorias, por ejemplo). Las aficiones, hobbies, etc. pueden esperar y dejarse momentáneamente de lado. Con esto, normalmente, se logra un tiempo nada despreciable que dedicar a nuestra familia. Muchos hombres ven esto como un sacrificio o un castigo, pero no se trata de eso, se trata de una nueva etapa que se abre ante el padre, una etapa diferente que hace que se posterguen muchas cosas que les gusta, pero a su vez aparecen muchas otras maravillosas, simplemente es una etapa distinta. A muchos padres esta etapa les ha supuesto un cambio extraordinario y una gran evolución personal.

 

Grupos de apoyo

Los grupos de apoyo son de vital ayuda, para disfrutar de la lactancia materna con otras personas, para aprender mucho, para cuando hay problemas detectarlos a tiempo, ver posibles complicaciones que necesiten de personal más cualificado y si son problemas “normales”, para ver que no solo les pasa a ellos y es algo que ocurre a menudo (hay pequeñas cosas que se pueden hacer enormes cuando no se conocen las posibles soluciones) y también para devolver a la madre la confianza en si misma y en su instinto. Normalmente solo asisten las madres, eso no debería de ser así, si los padres pueden ir deberían ir, la lactancia también es cosa de ellos.

 

Cargar al bebé con ayuda de un porta bebé – Porteo

Cargar un bebé / niño durante largos periodos de tiempo, puede ser algo muy fácil y cómodo si aparte de los brazos se utilizan elementos como bandoleras, mochilas, mei-tais, etc. Hay muchos elementos a disposición para facilitar la labor de cargar, y los padres, gracias a su mayor fuerza física, son candidatos ideales para cargar a los bebés / niños, haciendo una labor de soporte importante y disfrutando enormemente, pues esta actividad les permite un muy estrecho contacto con sus hijos en todos los aspectos.

 

Colecho (compartir el lecho con el bebé/s y/o niño/s)

Es una opción perfectamente válida, sólo hay que respetar normas básicas de seguridad (hay multitud de información al especto). Ayuda enormemente a que la madre pueda descansar mejor por las noches, posibilitando que las tomas nocturnas sean mucho más fáciles y cómodas. En definitiva, facilita la lactancia. No supone “malcriar”, ni es perjudicial. Tampoco ha de suponer un ataque a la intimidad de la pareja, los encuentros, por ejemplo, se pueden llevar a cabo en cualquier otro lugar de la casa mientras el bebé/s y/o niño/s duermen.

 

“Un biberón de leche artificial no es nada”

Muchas veces podemos oír que por un biberón de fórmula no pasa nada. Un biberón de fórmula puede ser el comienzo del final de una lactancia materna. Pero aparte de poder acabar con la lactancia materna, puede ser causa potencial de problemas. Su calidad es muy inferior a la leche materna y el sistema digestivo de un bebé es muy delicado e inmaduro, pudiendo producir en el futuro problemas de tipo alergénico (con un solo biberón puede ser suficiente), estreñimiento, obesidad u otros.

 

Igualdad de sexos

Esto se ha rozado anteriormente, pero una pequeña explicación o aclaración es conveniente. Igualdad en lactancia no supone hacer los dos lo mismo al 50%. Es evidente que la naturaleza hizo diferentes al hombre y a la mujer, no se puede luchar contra natura. La igualdad no se mide en clase de tareas sino en tiempo. Ejemplo: las noches, las tomas nocturnas están ahí, como el padre duerme “mejor” y sin interrupciones (si todo va bien) pues madrugará para llevarse al bebé/niño y dejar a la madre un rato más en la cama para compensar. Se trata de ser un equipo y de funcionar como tal (todos los miembros están igualmente implicados).

 

Intento ser soporte y parte del triángulo de la lactancia, pero mi pareja no lo acepta

Hay casos así, en los que son las propias mujeres las que asumen los estereotipos sexistas y machistas y no permiten a sus parejas ser parte del triángulo de la lactancia. Quizás deba intentar que lea este folleto y se de cuenta de lo mucho que pierden todos. En la mayoría de estos casos los padres acaban desentendiéndose del proceso lactancia-crianza, con lo cual se abre una gran brecha entre madre-hijo y padre.

 

Ayudas

Cuanto más demandante sea un lactante más útiles pueden ser. Por ejemplo, si es posible contratar o contar con ayuda para las tareas domésticas, puede ser muy útil y una gran inversión, ya que permitirán al padre y a la madre volcarse al bebé/niño.

 

Vacaciones

Es importante que el padre reserve vacaciones (tantas como pueda) para cuando nazca su hijo, casi con toda seguridad serán momentos muy demandantes por parte del bebé y todo el soporte del padre será necesario.

La Liga de la Leche