De qué manera la Globalización está afectando el parto-Ina May Gaskins

Ina May Gaskin

Probablemente la mayoría de vosotros sabéis que Estados Unidos ha sido el primer país en la historia que ha eliminado la profesión de comadrona. Siguiendo el liderazgo de Estados Unidos, Canadá fue el segundo país, haciendo de la mayor parte del continente de América del Norte un territorio ilegal para el ejercicio de la profesión de comadrona. Sólo la barrera lingüística y las profundas diferencias culturales entre Estados Unidos y México protegió a las «parteras» mejicanas de este fenómeno. La aniquilación de la matronería fue un experimento social de carácter masivo que, durante un largo período, causó para las mujeres la pérdida de una fuente de conocimiento sobre las capacidades de sus propios cuerpos. Generaciones sucesivas de mujeres norteamericanas no creían que podían dar a luz sin fórceps, analgésicos, hospitales, doctores y episiotomías. Por otra parte, ya nadie creía que la leche materna fuera buena, ya que muy pocos médicos sabían algo sobre la lactancia materna. Siguiendo los consejos de sus médicos, las mujeres muy obedientes, alimentaron a sus hijos con leche de vaca, creyendo que esta alimentación produciría niños más sanos que los niños alimentados con su propia leche.

Todos estos cambios radicales sucedieron en el mismo período en que las mujeres norteamericanas obtenían por primera vez el derecho de voto. De hecho la matronería había sido ya destruida en EU y Canadá antes de que las feministas se dieran cuenta de cuán importante era una matronería fuerte y autónoma para proteger el conocimiento y la sabiduría de las mujeres en cuánto a su capacidad de parir y amamantar. Las feministas tenían en esa época muchas otras prioridades, por lo cual los temas ligados al nacimiento no emergieron durante un largo período. […]

Dar a luz, ese misterio esencial

Del libro  “Perspectivas antropológicas del  parto y el nacimiento humano”

Durante los últimos 40 años, las intervenciones  que se introdujeron en las salas de parto durante la industrialización se han ido multiplicando, cuando sociedades como las de Estados Unidos adoptaron solu­ciones invasivas de alta tecnología. En consecuencia, hemos perdido mu­chos de nuestros conocimientos sobre partos sin asistencia médica. Los médicos han perdido habilidad y a me­nudo no saben cómo atender pacien­temente partos normales. Después de todo, ¿para qué aprender a atender un parto en presentación pelviana cuando una cesárea es mucho más fácil (para el médico) y con frecuencia más lucrativa? A medida que en el mundo el parto se “medicalizó” en muchos lugares las parteras perdie­ron su prestigio como las guardianas y guías en partos normales, que­dando subordinadas a los médicos al tiempo que descuidaban las prác­ticas tradicionales ante planteos más industriales y tecnológicos.

” Hay un renacer de la tarea de las parteras, ya que cada vez más y más se dan cuenta de lo perdido; las parteras están trabajando para recuperar su posición como las cuidadoras e investigadoras del co­nocimiento sobre el parto psi­cológico, hablando y practicando fuera del paradigma dominante, manteniendo abierto un espacio conceptual donde se pueda desafiar el parto tecnológico…
Así plantea un tema tan importante Robbie Davis-Floyd, en su libro edita­do en Argentina
Las prácticas obstetricias rutinarias son altamente simbólicas. Por ejem­plo, hacer que se sienten en una si­lla de ruedas al ingresar en el hos­pital, como lo hacen con muchas mu­jeres que están de parto, equivale a recibir a través de sus cuerpos el mensaje simbólico de que están incapacitadas, afirma la autora. […]