"Hacia lo salvaje"… relato de un parto soñado

Hace unos días descubrí este vídeo:

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Y automáticamente me vi en cierto modo reflejada en esa canción… en una letra que hice mía:

Ella fue la primera
de sus hermanas en huir
de la casa que la vió nacer
hacia lo salvaje.
Cada día era un regalo
libre de sol a sol.
La montaña fue su salvación
y entre las fieras se crió.

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

”No teneis ni idea
de lo alto que puedo volar”
sentenció con un portazo.
No la vieron nunca más.
Cada golpe que le dieron
era una cuenta atrás.
Y ahora corre hacia el bosque
su fortaleza,su nuevo hogar

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

HA ELEGIDO CAMINAR
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE

HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE

“¿Por qué?” diréis…

Pues no… no me he ido de casa a vivir al bosque… aunque a veces no faltan ganas… En esa letra encontré cierto paralelismo en el proceso que hemos vivido algunas mujeres para romper con una forma establecida de hacer las cosas… sobre todo en lo relacionado con nuestra maternidad.

Seguramente es el puerperio que te hace vivir en una especie de nube hormonal especial de oxitocina y prolactina… pero oigo esa canción y pienso en mi parto…  en cómo he llegado a él… en la fuerza que te puede dar, como mujer, vivir algo tan salvaje, sobre todo si lo haces por ti misma… Como la tortuga del vídeo…

Si sois seguidores del blog ya conocéis mi vida maternal… mis angustias, mis penas y alegrías… mis luchas, mis deseos, mis esperanzas… mis obsesiones incluso…

Y sabéis cuánto deseaba recibir a nuestra hija como se merece, como se merecen todos los hijos del mundo… no solo con amor, también con respeto, con intimidad, en penumbra… Sin prisas, sin forzar, sin miedos… o con miedos controlados…

Tenía tanto deseo de vivir un parto así, que en cierto modo, temía que cualquier complicación frustrara mis deseos, así que también trabajé mis expectativas. Confiaba por completo en que íbamos a poder hacerlo, Mencía y yo… pero a la vez no me cerraba a la posibilidad de que no todo fuera como queríamos… desgraciadametne no somos perfectos y las complicaciones, aunque rara vez, pueden surgir incluso en medio de las mejores condiciones… así que me “preparé” ( si es que es la expresión correcta) para parir como quería, pero tomando medidas por si no fuera posible. Por eso preparé mi plan de parto que presenté en el Hospital Materno Infantil, diciéndome a mi misma que no lo iba a necesitar… pero sabiendo que incluso así, cumpliría su función… si no servirme a mí… servir para las mujeres que vendrían detrás…

Y me disponía a esperar el momento con tanta ilusión y expectación como con mi primer hijo… o quizás más… Porque en cierto modo era primeriza… porque nunca me puse de parto, ni rompí bolsa , ni tuve contracciones espontáneamente… todo eso me robaron… esos momentos mezcla de emoción, temor y alegría… Ese no saber qué viene a continuación con exactitud…

Así estaba… una primeriza con 2 malas experiencias a cuestas… jugándoselo todo a una carta… porque esta era mi última partida en este juego… Una primeriza con años de leer, de compartir, de aprender y enseñar… con miles de lágrimas derramadas por mí y por amigas y por desconocidas… Lágrimas de pena a veces y de rabia y de dolor… y también de emoción y alegría ( y por qué no decirlo, de cierta envidia sana) cuando relataban un parto feliz, respetado.

Cada historia que leía u oía era un empujoncito en la dirección correcta, un impulso a mi convicción de que podía, de que YO PODÍA, como podíamos todas. Y en ese caminar entre fieras, entre otras madres-lobas como me gusta llamarlas, fui adquiriendo la seguridad que el sistema nos ha quitado.

Como dice la canción: “No sabéis lo alto que puedo volar”. La mayoría de los profesionales médicos relacionados con el embarazo yparto nos tratan como si no pudiéramos, como sino supiéramos qué hacer… y al final, para lograr recuperar lo que era nuestro, lo único que de verdad siempre ha sido nuestro, hay que escapar. Escapar de quienes nos tratan como enfermas, escapar de quienes tienen como forma de trabajo el miedo, escapar de quienes nos esconden mucha parte de información, escapar de aquéllos que en el fondo nos tmeen… porque les podemos demostrar lo fuertes y valientes y autónomas que somos. Porque al final se trata de eso, como casi siempre en toda forma de abuso, se esconde el miedo.

Y con esa dosis de confianza preparamos lo necesario… poca cosa la verdad… el columpio y  la piscina… porque yo, en el fondo sabía que daba igual si el cuarto tenía velas o no, si ponía cojines cómodos aquí o allá, porque no sabía dónde iba a parir. Recordaba relatos de amigas que parieron contra todo pronóstico en el baño… de alguna que leí había parido escondida tras una puerta. Así que yo lo único que sabía era que pariría en mi casa, pero no en donde.

Lo que sí hicimos fue volvernos locos mi marido y yo para ver cómo podríamos tapar el gran tragaluz de mi salón. Creo que probamos un montón de cosas… hasta compramos tela de esa de cortinas anti-luz… pero no funcionaba, y había que conseguir taparlo porque de ponerme de parto de día, sabía que necesitaba un lugar oscuro o eso o no podría usar el columpio y la piscina…

Mientras tanto la mañana del jueves 25 inflamos la piscina para ver que estuviera bien y el espacio que ocupaba.  Y estuve trasteando en casa, limpiando y recogiendo. Por la tarde fui a la peluquería porque al día siguiente había quedado con mi amiga Maica para hacerme un reportaje de fotos como recuerdo de mi embarazo.  Recuerdo que el lunes me preguntó si llegaría al viernes y le respondí:  “¡¡claro, aún me falta!!”

Y eso hice, ir a taparme mis canas y a cortarme un poco el pelo para salir en las fotos tan guapa como yo me sentía.  Al  volver a casa estaba tan hinchada que aunque tenía que salir decidí quedarme en casa acostada con las piernas en alto.

A eso de las 10 y pico de la noche al llegar C, noto aún acostada en la cama algo extraño… una pequeña cantidad de líquido que salía de mí… Se me pasó por la cabeza si no era que  había roto aguas, pero pensé que era pronto, y me dije si no me estaría orinando sin darme cuenta, pero no, no era esa sensación, era algo diferente. Llame a C y le dije: “Creo que he roto aguas” y tendría que haber grabado su cara porque fue una mezcla de “no puede ser” y de “ahora qué hago yo”.

Me levanté, fui al baño y comprobé que el líquido era claro. Salía en muy poquita cantidad así que supuse que era una fisura. Llamé a O, una de las matronas,  quien me dijo que la llamara si durante la noche empezaba con contracciones seguidas. Hasta el momento mis contracciones eran imperceptibles. De hecho hasta la última visita de las matronas pensaba que eran solo estiramientos de Mencía en mi barriga.  Ahora estaba expectante  por ver cómo iba a desencadenarse todo.

Le dije a mi marido que acabara de hinchar la piscina no fuera a ponerme de parto a las 4 de la mañana y nos pusiéramos a hacer ruido conla bomba eléctrica. Llamé a Maica para avisarla de que la sesión de fotos iba a ser que no, a no ser que quisiera fotografiar un parto entre los árboles :-)
Avisamos a una vecina amiga nuestra para decirle que estuviera al tanto por si de madrugada la llamábamos para dejarle a Iker.

Sobre la asistencia de Iker al parto, por un lado me hacía mucha ilusión que lo viera, pero por otro lado sabía que a no ser que pariera de noche y él estuviera dormido durante la dilatación, iba a ser difícil que se mantuviera tranquilo, esperando en silencio… Y con su actividad normal puede que no me dejase concentrarme en el parto, así que, una vez más, no me creé expectativas al respecto, y me dije que sobre la marcha veríamos si estaría presente o no. Lo que sí era seguro era que él iba a cortar el cordón umbilical, que llevaba todo el embarazo esperando ese momento. Ese era SU TRABAJO, su aportación al nacimiento de su hermana.

Y me acosté, Iker mamó y pensé si sería la última vez que mamaba estando embarazada.

Mientras tanto oía a C trastear por la parte de abajo de la casa, nervioso. Le llamé y le dije que se acostara para descansar que igual la noche se presentaba larga y necesitábamos coger fuerzas. Tardó un rato en hacerlo, y varias horas más en dormirse… He de decir que esa noche era su noche libre ( él  trabaja de noche, así que cayó al final rendido), y hasta en ese detalle esta niña vino en un momento especial, cuando su padre estaba en casa.

Estaba tranquila, con una tranquilidad sorprendente  y a la vez con cierta excitación por ver cómo iría todo. Recuerdo que puse un mensaje en Facebook con el móvil desde la cama diciendo que había roto aguas y que la cosa había empezado.  En ese momento no sabía hasta qué punto ese lugar frívolo iba a convertirse en una especie de doula virtual, donde tanta gente iba a mandarme apoyo, ánimo, cariño y buenos deseos. Aprovecho para dar las gracias por cada comentario recibido, en este momento y tras el nacimiento de Mencía… lloré mucho viendo tanto cariño en forma de mensajes y me sentí una vez más, afortunada.

Empecé a tener contracciones, pero muy esporádicas e indoloras… A eso de las 4 y pico de la mañana dejé de mirar el reloj al ver que las contracciones más seguidas eran cada 15 minutos y me dormí. Y si no fuera porque me levanté a orinar como 10 veces habría dormido bastantes horas seguidas.

Por la mañana nos despertamos con una sensación extraña de que todo estaba igual. Le mandé un sms a O (para no despertarla) y le dije que todo seguía sin novedad… que me llamara al despertarse.

Por la noche antes de dormirme, pensando aún en cómo tapar el tragaluz, pensé en usar unos cojines grandes.. mi sorpresa cuando al bajar vi que C había tenido la misma idea y ya estaban tapados.  ¡¡¡Un mes buscando la solución y al final nos vino la inspiración a la vez!!!

Me puse a desayunar como cada día, mientras revisaba el correo. Me sorprendí al ver la cantidad de mensajes que tenía en FB :-) .

Contesté emails, hice algún pedido y hasta preparé algún paquete de la tienda para que C lo llevara a Correos. Entre eso y los viajes a la ferretería para  buscar la forma de adaptar la manguera al grifo de la bañera, se le fue la mañana entretenido.

A eso de las 12 llegaron O y A .Oímos a Mencía con el doppler, todo iba bien. Me dijeron que no me preocupara, me explicaron que la pérdida de líquido era pequeña, que era solo una fisura. Que de todos modos la placenta sigue generando líquido y que sería cuestión de horas. Me aconsejaron que estuviera relajada, que muy posiblemente el parto empezaría cuando fuera bajando la luz y sobre todo el nivel  de actividad. Dejaron ya sus cosas en casa y se fueron a comer, para dejarme tranquila.

Tenía sueño porque por la noche el ir al baño no me dejó dormir mucho así que me acosté.

Después del mediodía le dije a C que se llevara un rato a Iker al parque para yo intentar descansar en silencio y así me quedé sola. Empecé a tener contracciones más seguidas , pero no sentía dolor ninguno, solo excitación por si eran las que de verdad anticipaban el momento. Recuerdo que pensé que al final igual sí iba a parir sin dolor…

Sobre las 6 llamé de nuevo a O y le dije que tenía contracciones algo más seguidas pero que esperara porque sobre las 4 de la tarde había empezado así y al final pararon. Comí un gran plato de sopa riquísima que me trajo mi querida vecina y al ver que seguían las contracciones empecé a usar el columpio. Ahí estuve un rato balanceándome apoyada a ratos en la pelota a ratos solo en la tela . Tuve ganas de ir al baño y pensé que el cuerpo sabe lo que hace y que para qué poner un enema…A las 6:37 llamé a C y le dije que fuera viniendo a casa que  ya tenía las contracciones bastante seguidas. Dejó a Iker en casa de nuestra vecina (iban a hacer masa para preparar pizza) y llegó enseguida, Imagino que muy nervioso aunque no lo aparentaba.  Le dije que fuera llenando la piscina y que llamara a las matronas que ahora sí había empezado.

Entonces ya me dediqué a esperar cada contracción y a dejarme llevar por ellas… Casi enseguida fue aumentando el ritmo y la intensidad de esa sensación de una corriente que me llevaba.  Iba sintiendo esas contracciones fuertes, como olas que van y vienen.  El columpio me ayudaba a descargar mi peso y a moverme al ritmo de la contracción. Intentaba ir a favor de ella, como tantas veces había leído :  “déjate llevar por la contracción, no luches contra ella”. Y así el fular servía para aliviar esas sensaciones. A veces me columpiaba, a veces me colgaba literalmente, unas veces sentada en la pelota con todo el tronco y brazos en la tela, otras veces enrollaba los brazos en él y me erguía… Nada planeado, ni pensado… solo moviéndome como me lo pedía el cuerpo. Era casi un cuerpo sin mente. Sin razón, solo sensaciones.

En un momento dado pensé en que O y A no habian llegado y me dije: “Al final tanta broma y va  a ser verdad que pares sola”.

C  ni me hablaba… seguía ocupado con la piscina. Me imagino que porque el columpio estaba justo al lado del baño y no quería molestarme. Entonces oí el timbre y ya casi en total oscuridad noté entrar a O y A.  Yo estaba casi todo el rato con los ojos cerrados. O se acercó, me besó en la mejilla y me dijo: “todo va bien”. Y seguí en mi mundo con la total convicción de que sí, que todo iba a ir bien.

Cuando las contracciones iban siendo más dolorosas empecé a vocalizar intentando relajar boca y mandíbula: “AAAAAAAHHHHHH”. Y mientras gemía con suavidad esas vocales abiertas pensaba en cómo mi cuerpo se iba abriendo igual que mi boca y mi garganta. Ese ejercicio me hacía no cerrar mi cuerpo o contraerlo  por la sensación del dolor (gracias Gabriella). Recuerdo pensar que al final iba a ser que no… que no iba a parir sin dolor… Que igual no bastaba solo con estar segura del propio cuerpo y confiada en que era algo normal.  De todos modos, como me dijo una amiga: “Es dolor, no sufrimiento”. 

En algún momento pedí agua porque tenía mucho calor… era finales de agosto y se notaba. Me dieron agua y A se acercó a limpiarme la cara con un paño mojado. Eso y una ocasión en la que sentada en la pelota una de las 2 matronas, creo que fue O , me hizo una ligera presión en forma de masaje en las lumabres fueron las únicas veces que noté que estaban allí.  Recuerdo vagamente sus pasos amortiguados por los calcetines a mi alrededor alguna vez… luego supe que para decirle a C que parara con el agua que ya estaba muy llena la piscina.  Pero como debía ser… estaban sin estar.

Una vez me apoye en el borde de la piscina y recuerdo mirarla y pensar… “ya me avisaran cuando pueda entrar”... porque sabía que meterse al principio del trabajo de parto no era lo mejor… y no quería anticiparme… pero tampoco quería hablar… me daba igual…

Otro flash que me llega es no ver a C, al que sabía todo el rato cerca ,y llamarle. Estaba en la cocina y le dije que viniera, que se quedara conmigo.  Se sentó al pie de la escalera, le dí la mano, la apreté, la solté y volví a cerrar los ojos.Y en esas pedí un cojín porque estaba cansada y quería irme al suelo. El cuerpo me pedía tocar suelo, apoyarme, recibir fuerza del suelo, sentirme estable, como anclada a algo firme tras el balanceo.

Me trajeron el cojín y a 4 patas apoyaba a veces los brazos y la cabeza en él, en una posición parecida a la de la foto:

Y de pronto, sentí una necesidad brutal de empujar. Es una sensación que no puedo asemejar a nada que hubiera sentido antes. Es como si mi cuerpo no fuera yo, como si no estuviera controlado por mí, como si el empujón me guiara a mí y no al revés. Exclamé: “quiere salir” y O me respondió tranquila con su voz serena: “pues déjala salir”.

Me sorprendí porque aunque intenso , el trabajo de parto me pareció corto, y pensé para mí: “¿y cómo sé que estoy dilatada al completo, si no me han mirado siquiera?. Y me di cuenta que no hace falta… que así deben ser las cosas, que las matronas con experiencia no necesitan tocar. Ellas estuvieron todo el rato detrás de mí, en silencio y a oscuras.

Y entonces experimenté la sensación más brutal y salvaje de mi vida. Era mi hija queriendo salir, o más bien,  la VIDA empujando con ella. Es indescriptible la sensación pero me imagino que es el momento en que la confianza y el miedo se confunden, porque al final la vida y la muerte van juntas y ese miedo ancestral  aflora.

En esos momentos en que mi cuerpo pujaba y yo creía romperme en 2, grité.  Con un grito sordo y desgarrado, nada calmado como antes en las contracciones en que apenas se me habría oído desde la habitación de al lado. Ahora gritaba , o como diría mi comadre Trini, aullaba, no muy alto pero sí profundo, gutural, con la parte animal… lo dicho… como una loba.

Escultura de Daniel Edwards

Tampoco recuerdo exactamente en qué punto  pero ya en el suelo rompí la bolsa. ¡¡¡Qué sensación tan agradable!!

Y en un momento pensé : “no puedo”, “no voy a poder”, porque sentía que no podía abrirme más y me daba la sensación que de un momento a otro iba a oír el crujido de mis huesos. Pero  inmediatamente me dije: “sí, voy a poder, como han podido otras antes que yo” y empecé a repetir en voz alta como un mantra: “vamos a poder”, “lo vamos a hacer las 2 cariño”, “tú y yo vamos a poder”, “tú y yo vamos a poder”... lo repetía una y otra vez, hablándole a mi hija y hablándome a mí misma, moviendo la cabeza y a 4 patas como en trance.

Y en otro empujón noté  una sensación de calor  intensa que reconocí por haberla leído tantas veces en  los relatos de partos de muchas de vosotras: el aro de fuego. Y exclamé: “quema, quema, quema”  y  O me dijo: “sí, quema y todo va bien” ( o algo parecido).

Entre pujos recuerdo que intentaron usar el Doppler para escuchar los latidos pero me moví y se retiraron para no molestarme. No sé lo que duró pero no creo que fueran más de 10 pujos. En un momento me puse en cuclillas y toqué y noté la cabeza de mi hija. No sabría describir lo que  supuso tocar esa cabecita húmeda, peluda, resbaladiza… fue una inyección de fuerza, como diciendo… “estoy aquí ya mamá,  y sí lo estamos haciendo tú y yo, solas, porque sabemos y podemos… un poco más mamá, un poco más solo”.

Y por fin en otro pujo intensamente salvaje salió Mencía por completo. Yo esperaba que saliera la cabeza y luego cogerla con mis manos. Pero esta niña fuerte y decidida quiso salir sola del mismo modo que su madre quiso parirla sola. Eran las 8:47 PM

Así, asombrada por la rapidez me giré y la vi aún unida a mí, en el suelo, sobre toallas  y empapadores que habían colocado mis matronas. O me dijo: “cógela”, y de ese modo, mis manos fueron las primeras en tocarla. Húmeda, pequeña, resbaladiza, llorando ya y enseñándome sin tener que preguntar que todo estaba bien, que lo habíamos hecho, nosotras solas y la abracé y la coloqué apretada sobre mi y no sé si lloré o reí.

Sé que me pareció todo como increíble pero natural , lógico, como si ahora todo cobrara sentido. Como si todo lo anterior hubiera tenido por fin sentido, dentro de lo absurdo, para conseguir este momento. A la arropó sobre mí con una toalla caliente y mientras yo seguía tumbada en el suelo, bajo el columpio donde todo empezó, ella buscó mi pecho. Y lo cogió y mamó con fuerza, con la misma fuerza con la que llegó a este mundo.

Enseguida le dije a C que fuera a buscar a Iker para que viera a su hermana… Y al llegar su cara era todo excitación. Me dijo: “mamá es verdad que  hoy nacía Mencía” y la miraba con una mezcla de curiosidad y excitación. Salió corriendo a contárselo a las vecinas y a terminar las pizzas que me estaba preparando para cenar ( Le llamamos después para que por fin cortara el cordón como había estado esperando tanto tiempo).

Entonces y solo entonces A y O tomaron parte algo más activa. Esperaron a que saliera la placenta (cosa que pasó a los pocos minutos sin dificultad) y me limpiaron y suturaron el pequeño desgarro que tuve en la cicatriz de la episiotomía anterior. Y ese punto  de sutura era como una metáfora. Con ese punto cerraban no solo una herida física, sino la herida emocional que supuso aquél parto robado y que este parto esperado, soñado, cerraba por fin.

Esta niña ha venido  a traer, como todos, alegría, pero sobre todo paz. No es justo que nadie venga a este mundo para arreglar  historias ajenas. Mencía nació así no PARA hacerme feliz a mi, sino PORQUE  así deben ser todos los nacimientos: íntimos y respetados.  Y cuando respetamos así a nuestros hijos y a nuestros propios cuerpos, ellos, ambos, en cambio, nos regalan esta sensación: PAZ y la posibilidad de cerrar heridas. Al menos así ha sido en nuestro caso. Fue un fin, no un medio.

En algún momento durante y  sobre todo tras el parto, pensé mucho en mi otro bebé, Altair, aquél que no llegó a nacer, en mi madre que no llegó a saber que esperábamos una niña, y en Amanda… la niña especial que estuvo tan poquito tiempo con su familia.

Para estas 3 mujeres va dedicado este relato con la confianza de que las volveré a ver a las 3.

Para todas las mujeres que han contribuído a darme fuerza y confianza para llegar aquí, las que conozco ( mis comadres) y las que no.

A mis matronas, poque no hicieron nada cuando no hizo falta, pero su presencia callada y segura contribuyó a saberme protegida.

Y sobre todo va dedicado:

A mi marido, porque a pesar de sus miedos confió en mi y en que esto era lo mejor para toda la familia: Gracias amor por el mejor regalo de mi vida.

A mi hijo Iker, porque algún día le hablaré de todo esto sabiendo que lo entenderá y le repetiré lo que ya le he dicho y susurrado muchas veces en estos años: que siento no haber podido o sabido darle el nacimiento que merecía… pero que no fue en vano.

A Mencía por demostrarme que sí podíamos.

Feliz y empoderada

Vídeo de parto de Naolí Vinaver

Los seguidores del blog conoceréis a Naolí Vinaver por los vídeos publicados sobre el uso del rebozo ante, durante y después del parto.

Naolí es comadrona profesional y partera tradicional, pero en este vídeo la vemos en su mejor labor: madre dando a luz a su tercer hijo.

Disfrutadlo como lo he disfrutado yo.

Más info:

Naolí Vinaver

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"Marea Lunática"-(Relato del parto de I. por Mely)

En el día que celebro el  nacimiento a la luz de la Luna  de la hija de unos amigos…os pongo este relato de otro parto de Luna llena.

Relato de mi segundo parto en casa, por Mely, mamá de Dafne e Indira

La noche del 17 de abril de 2011, diez minutos antes de que acabara el día, llegaste a nuestros brazos… Naciste, acunada por la luna llena y arrullada por las olas, al borde de la medianoche, al filo de la pleamar, a punto del plenilunio… Gracias Vida, gracias Madre Naturaleza, gracias Universo, por regalarme por segunda vez el tesoro más preciado que he podido acariciar…Todo parecía dispuesto a proporcionarte el tránsito mágico a este mundo exterior que de hecho tuviste.

Esta es la historia de un parto… pero también de una sorpresa, de un embarazo, de una espera, de noches en vela estudiando, de algunos temores y de muchas esperanzas… y sobre todo es la historia del triunfo de la vida, sorteando los obstáculos.

Te fraguaste en mis entrañas ya de un modo mágico: yo no tenía la regla desde que me quedé embarazada de tu hermana Dafne, y aún así, pensamos que quizá era el momento de “empezar a buscar” un hermanit@… Pero, como siempre, hay cosas que son más fuertes que los planes o el raciocinio y la magia surgió su efecto para que “empezar” y “acabar” fuera todo uno…

De repente, empecé a sentirme cansada, cansadísima, algo no habitual en mi energético carácter, y era un cansancio que me resultaba conocido… Sólo podían pasarme dos cosas: o estaba anémica perdida o estaba embarazadísima. Eso, junto con mi excesiva sensibilidad a los olores, me hizo hacerme un teste de embarazo para confirmar lo que ya sabía. Helí, mi compañero y tu papá, se reía, pensando que era imposible, que aún no tenía la regla. Cuando el test de embarazo se tiñó, ni siquiera me extrañó, porque yo ya te sabía, ya te sentía. Papá quedó en estado un estado que yo llamaría de “shockpresa”.

Fuimos a verte al materno gracias a Olga, una de nuestras matronas, para saber de cuánto tiempo estábamos (ni siquiera eso sabíamos). Me hicieron una eco vaginal y la ginecóloga me dijo: “Sí, es verdad, hay embarazo, de unas 5 semanas. Pero esta mancha de aquí no es buen pronóstico. En principio es síntoma de malignidad”. Mi cara debía ser un poema, pero me saqué de la manga mi buen humor y dije: “¿Y no será que son dos?”. “No, es sólo uno, pero no tiene buen pronóstico”. Todo esto con mi pequeña Dafne de 16 meses y Helí, delante.

Menos mal que Olga estaba a mi lado y que soy de naturaleza optimista, si no, no sé qué habría pasado. Al salir, Olga me cogió de la mano y me dijo, mirándome a los ojos: “No te preocupes, ¿tú sientes que el bebé está bien?”. “Sí, lo siento fuerte, aferrado a mí”, contesté. “Pues sigue mandándole todo tu amor”.

Yo confiaba pero… el miedo es la enfermedad más contagiosa, y la semilla de la duda, la que más arraiga. Así que no pudimos esperarnos a las 12 semanas y cuando estábamos de 9, para evitar otra eco vaginal, fuimos a un ginecólogo privado que nos confirmó que él veía nada más y nada menos que lo que se tiene que ver en un embarazo de 9 semanas.

La maternidad de Dafne me había calado tanto tanto, que hasta había decidido darle un cambio de rumbo a mi vida y estudiar partería. Pero antes, claro, tenía que pasar por enfermería. Y parece que por alguna razón, Helí y yo tenemos que vivir nuestros embarazos separados, porque siguiendo el impulso de mi recién descubierta vocación, yo había hecho la preinscripción en la universidad de Las Palmas (donde vivo) y en la de Algeciras (de donde soy) y me admitieron sólo en ésta última… Tras mucho dudar allá fui, con el apoyo incondicional de mi pareja, mis padres y mi incombustible abuela, con 4 meses de embarazo, las hormonas susceptibles de todo menos de memorizar y una niña de año y medio.

Pues me saqué el primer cuatrimestre limpio con algunos sacrificios y sé que en gran parte fuiste tú, Indira, que habitando mi cuerpo, me diste esa suerte, esa fuerza, esa voluntad, y tú Dafne, con tu sonrisa me compensabas los sacrificios… porque yo quería y quiero que todas las madres sepan que se puede parir de una manera fluida y pacífica, si se quiere, sólo que sepan que existe la posibilidad, que la elijan si lo desean, y poder yo acompañar un día partos desde el silencio y el respeto desde los que fueron acompañados los míos…

Tras este primer cuatrimestre en el que no te hice todo el caso que te merecías, me volví a la isla a dedicarte todo el tiempo que pudiera y a preparar el parto, que, por supuesto, iba a empezar (y deseablemente a terminar) en casa y en compañía, de nuevo, de Olga y Laura. Esta vez también queríamos contra con Adelina, nuestra acupuntora amiga que en el parto de Dafne no pudo estar presente…

El embarazo seguía plácidamente, aún con la sombra de la diabetes gestacional sobre mí y la amenaza de los médicos de ponerme a dieta o a mandarme caminar después de comer. Pero, una vez más, el cuerpo es sabio, si una se conecta con su interior, parece saber lo que le pasa, lo que le conviene y lo que no, y yo sabía, bebita mía, que tú eras pequeña y que eso no te iba a hacer bien. Pensando en eso, te escribí estas palabras.

Anidas en mi cuerpo.

Acuno el tuyo.

Te doy, me das.

Nos equilibramos.

Cada célula, cada tejido, cada parte

está sana.

Confío en ti.

Confías en mí.

Nos confiamos

de nuestro poder de salud

dado por la naturaleza.

Tus medidas son las adecuadas para mí.

Mis medidas son las adecuadas para ti.

Nos acoplamos

para luego desacoplarnos

con amor, dulzura, suavidad

en un trance sutil, alegre, ágil,

lo suficientemente corto para sostenerlo,

lo suficientemente largo para disfrutarlo,

porque, como decía Shakespeare,

“para aquellos que aman,

el tiempo es eternidad”…

Tenemos la confianza

el poder

la fuerza

el amor

para concebirnos,

embarazarnos

y parirnos.

Todo me pareció más veloz que con Dafne, familiar (la amenaza de bajo peso) y diferente (más fluido, más encajado en mi cuerpo). Es maravillosa la memoria del cuerpo, cómo sabe lo que tiene que hacer. Es maravilloso ser mujer y abrirse y cerrarse como una flor.

De repente, el día estaba muy cercano. Yo estaba de 37 semanas y había tenido algunas noches “divertidas”, contracción va, contracción viene, pero que luego se marchaban. Laura me dijo que eso era bastante normal en los segundos embarazos, el cérvix ya está más blandito, ya reacciona más ante menor estímulo. Me maravillaba sentir mi cérvix abriéndose poco a poco y tuve la convicción, yo diría que certera, de que me pasé gran parte del embarazo y sobre todo estas 3 últimas semanas con 1 ó 2 centímetros de dilatación. Yo lo sabía, no hacía falta ningún tacto invasivo para confirmármelo.

Probando la resistencia del fular de parto. Debajo, el armazón del colecho casero de 2 metros

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Guía de atención al parto en casa del Colegio de Enfermería de Barcelona

Esperando a que se edite en castellano,aquí tenéis el documento en PDF para descargarlo en catalán:

GUÍA D´ASSISTÈNCIA DEL PART A CASA

De qué manera la Globalización está afectando el parto-Ina May Gaskins

Ina May Gaskin

Probablemente la mayoría de vosotros sabéis que Estados Unidos ha sido el primer país en la historia que ha eliminado la profesión de comadrona. Siguiendo el liderazgo de Estados Unidos, Canadá fue el segundo país, haciendo de la mayor parte del continente de América del Norte un territorio ilegal para el ejercicio de la profesión de comadrona. Sólo la barrera lingüística y las profundas diferencias culturales entre Estados Unidos y México protegió a las «parteras» mejicanas de este fenómeno. La aniquilación de la matronería fue un experimento social de carácter masivo que, durante un largo período, causó para las mujeres la pérdida de una fuente de conocimiento sobre las capacidades de sus propios cuerpos. Generaciones sucesivas de mujeres norteamericanas no creían que podían dar a luz sin fórceps, analgésicos, hospitales, doctores y episiotomías. Por otra parte, ya nadie creía que la leche materna fuera buena, ya que muy pocos médicos sabían algo sobre la lactancia materna. Siguiendo los consejos de sus médicos, las mujeres muy obedientes, alimentaron a sus hijos con leche de vaca, creyendo que esta alimentación produciría niños más sanos que los niños alimentados con su propia leche.

Todos estos cambios radicales sucedieron en el mismo período en que las mujeres norteamericanas obtenían por primera vez el derecho de voto. De hecho la matronería había sido ya destruida en EU y Canadá antes de que las feministas se dieran cuenta de cuán importante era una matronería fuerte y autónoma para proteger el conocimiento y la sabiduría de las mujeres en cuánto a su capacidad de parir y amamantar. Las feministas tenían en esa época muchas otras prioridades, por lo cual los temas ligados al nacimiento no emergieron durante un largo período. [Leer más...]

Noche Magnética- Relato del Parto de Mely

Desde el 6 de mayo del 2009 te disfrutamos entre nosotr@s…

Gracias Universo, gracias Madre Naturaleza, gracias Milagro de la Vida…

Desde hace unos años, contrastando experiencias que me contaban madres que habían parido en casa y madres que habían parido en hospitales, había decidido que quería parir en casa.

Cuando nos quedamos embarazad@s y supimos que, por cuestiones laborales, te daríamos a luz en Gran Canaria, comenzó nuestra búsqueda. En Granada (donde antes vivía) conocía a un grupo de matronas muy apañadas llamadas las Ocean Matronas, pero aquí no conocíamos a nadie que atendiera un parto domiciliario.

Por una de esas fortunas y “causalidades” de la vida, nuestra acupuntora, Adelina, que sería nuestra doula, nos dio una revista llamada +Q9meses y ahí contactamos con Laura y Olga: nuestras matronas o el arte de la invisibilidad… las lié en cierto modo y nos vieron tantas ganas y tan desamparad@s y al mismo tiempo decidid@s a parir en casa sin miedos, que accedieron a acompañarnos en nuestro parto.

Yo había leído tanto sobre el parto. Parecía que estaba estudiando para parir. Sabía (y he comprobado) que mi cuerpo tenía la sabiduría milenaria para parir de forma natural, pero vivimos en una civilización que nos enseña a tener un cuerpo, y sobre todo, un útero, tan rígidos, que quería que mi parto fuera una mezcla de información e intuición. Y así fue.

Así que empecemos el relato… [Leer más...]

El Nacimiento en la Tierra de la Utopía- Michel Odent

Enero 2031
Como todo el mundo sabe, nuestro país, Utopía, es un territorio independiente.

A pesar de nuestro elevado nivel científico y tecnológico, nos hemos mantenido, e incluso desarrollado, más allá de nuestras características culturales básicas. En concreto, hemos desarrollado nuestra capacidad para plantear proyectos irrealizables y trascender los límites de lo políticamente correcto.

Presentamos los detalles de la Utopía según la historia del nacimiento.

En 2010, dos celebridades locales habían elegido dar a luz por cesárea. Así es como el nacimiento, de repente, se convirtió en uno de los principales asuntos de discusión en los medios de comunicación. Todo el mundo se dio cuenta de que cada año el índice de cesáreas era mayor que el año anterior. La opinión dominante estaba a favor de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Utopía (OMU). Para hacer frente a esta situación sin precedentes, el Presidente de la OMU decidió organizar un encuentro multidisciplinar.
El primero en hablar fue un estadista. Presentó unos gráficos impresionantes que comenzaban en 1950, cuando la operación de segmento bajo sustituyó a la clásica. Según sus conclusiones, era altamente probable que, después de 2020, la cesárea se convirtiera en la forma más común de dar a luz.

Un conocido obstetra se vio obligado a comentar de inmediato este dato, reivindicando que tendríamos que tener en cuenta el aspecto positivo de este nuevo  fenómeno; explicó cómo la cesárea se había convertido en una operación fácil, rápida y segura, y estaba convencido  de que muy pronto, la mayoría de las mujeres preferirían evitar los riesgos asociados al parto vaginal. Para justificar su punto de vista, presentó estudios publicados en Canadá en el año 2007 de más de 46.000 cesáreas electivas de  presentación de nalgas a las 39 semanas de gestación con ninguna muerte materna, y otros de EE.UU. publicados  en 2009 de 24.000 cesáreas de  repetición con una muerte neonatal. Explicó que, en muchos casos, una cesárea  electiva previa al trabajo de parto era, con diferencia, la manera más segura de tener un bebé. Mientras concluía
diciendo «no podemos parar el progreso», el lenguaje corporal de una comadrona insinuaba que había algo que  este médico no había entendido.
Una mujer muy expresiva, la Presidenta de la ANCA (Asociación para el Nacimiento Con Amor), reaccionó  de inmediato a la exposición del médico. Primero le preguntó por los criterios en los que se estaba basando para  evaluar la seguridad de la cesárea; por supuesto, él sólo mencionó los índices de morbimortalidad perinatal y los  índices de morbimortalidad materna. Luego, la Presidenta de la ANCA explicó que esta reducida lista de criterios  se había establecido hacía mucho tiempo, antes del s.XXI, y que actualmente una gran variedad de disciplinas científicas sugerían una nueva relación de criterios en la evaluación de las prácticas de obstetras y  comadronas. Éste fue  el punto de inflexión de este histórico encuentro multidisciplinar. [Leer más...]

¿Es seguro parir en casa?

Artículo publicado originalmente en www.elmundo.es

  • Los riesgos de esta práctica son comparables a los alumbramientos en clínicas
  • La opinión de los especialistas sobre este proceder no es unánime

CRISTINA G. LUCIO

MADRID.- El pasado 19 de junio, cuando apenas había amanecido, Celia decidió que quería venir al mundo. Al notar las primeras contracciones, su madre, Diana, no corrió al hospital, sino que se preparó para dar a luz en casa, tal como había planeado desde hacía meses con su matrona.

“Personas cercanas vivieron experiencias traumáticas en el parto en centros sanitarios, así que cuando me quedé embarazada empecé a buscar información. Me di cuenta de que las cosas se pueden hacer de otra forma, que no es obligatorio ir al hospital, porque el cuerpo de la mujer está preparado naturalmente para parir”, comenta esta extremeña que, después de comprobar que todo estaba bien y no había riesgos previos, decidió seguir adelante.

Aunque la matrona tardó en llegar, porque se encontraba a 200 kilómetros, Diana asegura que estuvo tranquila durante el proceso de dilatación. “Se respetó el tiempo que yo necesitaba, podía moverme por casa, cambiar la postura, buscar la posición más cómoda, sin imposiciones”, explica. A las 13:45, tras “un parto rodado” en el que no necesitó “ni un punto de sutura”, por fin pudo conocer a Celia.

Algunos de sus allegados se enteraron de que había decidido dar a luz en casa después del alumbramiento. “Sabía que mucha gente intentaría disuadirme o me diría que no era una buena idea, así que opté por no decir nada”, afirma.

El polémico debate sobre la seguridad de los partos en casa es, precisamente, uno de los temas centrales del último número de la revista que edita la Asociación Médica Canadiense.

Mismos resultados que en un hospital

Tras comparar los resultados de los partos realizados en una región del país norteamericano entre 2000 y 2004 (2.894 fueron alumbramientos en casa realizados por matronas, 4.752 fueron atendidos en centros hospitalarios por la misma muestra de matronas y 5.331 se llevaron a cabo por ginecólogos en hospitales), un estudio concluye que la seguridad de los partos en casa era comparable a la de los alumbramientos realizados en centros sanitarios, ya fuera por comadronas o médicos. [Leer más...]

La nueva cultura del nacimiento

Diferentes estudios científicos lo demuestran

Nacer en casa es una opción segura

  • Nacer en casa es menos estresante y más acogedor para el bebé y su madre, y es tan seguro como nacer en un centro hospitalario.

  • Las investigaciones hechas hasta ahora así lo demuestran.

  • Los/as profesionales que atienden nacimientos en casa están igual de preparados y tienen una gran experiencia y más confianza en el desarrollo del proceso fisiológico.

  • La necesidad de intimidad y recogimiento imprescindibles para la mujer que está dando a luz, queda anulada en los centros sanitarios.

  • El argumento que durante años se ha utilizado sobre la seguridad del hospital y el peligro que se corre al dar a luz en casa no es real y en los últimos tiempos está quedando patente con los estudios realizados.

  • La necesidad de intimidad y recogimiento imprescindibles para la mujer que está dando a luz, queda anulada en los centros santarios.

  • El argumento que duratne años se ha utilizado sobre la seguridad del hospital y elpeliro que se corre al dar a luz en casa no es real y en los últimos tiempos está quedando patente es estudios realizados.

Parir en casa una opción segura [Leer más...]

Carta de respuesta a la SEGO por su denuncia del anuncio de flex y parto en casa.-Dra. María Fuentes Caballero

NACIMIENTO EN CASA….UNA LOCURA COLECTIVA?, UNA VUELTA ATRAS?..UN RETO? UNA OPCION CONSCIENTE?,…. UN DERECHO JUSTIFICADO Y SEGURO. UNA REALIDAD QUE DURA MILES DE AÑOS…Y AVANZA…

Dra. María Fuentes Caballero. Col. 6974. Mayo.09

Directora del Centro de Salud Artemisa. Arcos (Cádiz).

Directora de la Escuela Salud Holística Consuelo Ruiz. España

Fundadora, y miembro de la Asociación Profesional española Nacer en Casa.

Fundadora del equipo Titania, dones per la salud. Barcelona

Miembro de la red de mujeres sanitarias española Red Caps.

Miembro del equipo asesor de la revista especializada: Mujer y salud.

Miles- no sabemos si millones- de años, demuestran que nacer es un hecho natural fisiológico. Y que las humanas podemos. Con ayuda, mejor. Con apoyo, mejor. Con higiene, mejor. Con compañía, mejor. Con respeto, mejor. Con información y entrenamiento, mejor. Con conciencia, mejor.Según el momento histórico, según el lugar geográfico, según la cultura imperante, según las personas…ese modelo ha ido sencillamente cambiando, avanzando…a veces en línea recta, a veces a trompicones, a veces bendecido por el sistema imperante y la ortodoxia científica, a veces a pesar de ella….Pero avanzando.Y no es cuestión de desgarrarse las vestiduras cada vez que aparece un nuevo paso,Un nuevo modelo, un nuevo paradigma. Es cuestión –como profesionales, y cientific@s- de escuchar, observar, acompañar, reflexionar, com-probar, hacer la experiencia, contrastar, estudiar, difundir la experiencia y los conocimientos…..y seguir dispuest@s a sguir modificando, avanzando, transformando..y esperando que l@s que nos sucedan, nos cuestionen, nos superen….Por eso, no deja de extrañar la virulencia con que –la que debería ser un bastión de referencia a seguir , la Sociedad Médica de Obstetricia y Ginecología-[1], ve, y califica una experiencia que a día de hoy, está vivida, estudiada, investigada, comprobada, aceptada, y bendecida, por los representantes de la medicina y la ciencia internacionales. El hecho de nacer y/o parir en casa…..en el nido,…en el hogar….allí donde fuimos engendrados, donde nos aman, nos cuidan., donde vamos a vivir el resto de nuestra vida de humanos, y con suerte, donde moriremos.A estas alturas hay demasiados libros publicados en todos los idiomas, demasiados artículos científicos que lo avalan, demasiados organismos sanitarios internacionales que han dado sus “bendiciones”, e incluso han recomendado el parto en casa como deseable, seguro, barato. , como para volver a aburrir con innumerables citas. Como parece que la memoria – o la ignorancia, o el miedo, no sé, se resisten- insistiré una vez más. Sencillamente, por responsabilidad. Aunque me limitaré a recordar las referencias y estadísticas e investigaciones más recientes, y/o, las más reconocidas. Sin dejar de indicar que yo misma, y la mayoría de mis colegas y amig@s, somos “sobrevivientes” del parto en la casa y en la cama de nuestras respectivas madres. [Leer más...]