¿Con ese Baby Boom cómo quieren Baby Boom?

O GRACIAS POR HACERNOS EL TRABAJO SUCIO

Hasta ayer, Baby Boom era  un término inglés  que aludía a una caracterísitica demográfica caracterizada por un notable aumento de la natalidad.

Y digo “hasta ayer” porque anoche se emitió un programa por Tv con ese título que hará que cuando oigamos “Baby Boom” pensemos justo en lo contrario.

Hace unos 3 meses que decidí apagar la Tv y solo la he encendido desde entonces para ver un programa de lactancia ( eso da para otro post). Supe de ese nuevo programa por Facebook y voluntariamente decidí no verlo.
Estuve siguiendo los comentarios de mis amistades allí en directo, casi a la par de la emisión del programa y hoy he leído muchas reacciones.

ME negué a verlo por la misma razón que desde hace años no veo cierto tipo de películas, sobre todo si reflejan una realidad. Me hacen demasiado daño.

Por lo que me cuentan fue una sucesión de partos en los que se maltrata sistemáticamente a la mujer, en los que se desoyen una por una todas las recomendaciones para la atención al parto normal.

Se me ocurren 2 cosas:

  •  O realmente este mundo es un Matrix total donde todos salvo unos pocos ven este tipo de escenas con total normalidad, y hasta las aplauden.
  •  O, como lo ha emitido  una cadena de Tv que hasta ahora tenía fama de contestataria, lo que buscaba era mostrar la realidad del parto en la mayoría de centros hospitalarios de nuestro país. Demostrando que una vez más, la fachada es una y la realidad es otra. Que se elaboran guías y planes estratégicos que quedan muy bien en papel y para presentarlos a organismos internacionales y en congresos, pero que no se ha trabajado el fondo que es formar a TODO el PERSONAl que rodea a la atención al embarazo y parto y que haya un verdadero cambio de aptitud y lo que es más importante, de ACTITUD.

Es como si activistas del parto normal hubiéramos colocado cámaras ocultas en los paritorios para demostrar cómo se incumplen las recomendaciones más básicas que se suponen deberían estar implantadas  ya en todos los centros donde se atienden partos, sobre todo en los del Sistema Santiario público. Si no, no se explica.

Y en ese sentido igual tenemos que darles las gracias proque ahora cuando nos quejemos de prácticas de violencia obstétrica ya no podrán llamarnos locas, exageradas o fanáticas:

No mire usted Sr. Ginesaurio de turno, no exagero… está grabadito ¿¿¿¿¿¿Quiere el enlace???????

ME alucina que haya “profesionales” tratando así a una mujer ( o a cualquiera, solo que en este caso hablamos de parto  y por tanto de mujeres) sabiendo que le están grabando… ¿Como será, me pregunto, cuando no hay testigos???????

Y ahora pienso en otra cosa: en todas las mujeres que vieron el programa antes de ser madres… o que están embarazadas…  ¿qué imagen se llevan de ese proceso? ?cómo reaccionarán? ¿les animará a buscar una alternativa a lo que ahí se presenta como “normal”? o por el contrario contribuirán esas imágenes a que sigan creyendo que el parto es un proceso más parecido a  un impuesto/violación revolucionario  que hay que pagar para tener un hijo?

ESTO NO ES UN PARTO NORMAL

No sé cuál fue la motivación de la cadena al emitirlo, ni de quienes lo grabaron*, ni de quienes actuaron así en esos momentos con esas mujeres. Ni siquiera sé si ellas fueron conscientes de lo que les robaron, o de si son conscientes de que han sido víctimas de un trato vejatorio, encima grabado y difundido.

Ojalá cuando se den cuenta de ello, porque sí es un trauma pero creo que es mejor ser consciente y sufrir y hacer un duelo que perpetuar ese sistema  negando la evidencia, ojalá en ese momento digo, cuenten  con apoyo y sepan transformar esa rabia que van a sentir en algo positivo.

Porque la otra alternativa me parece mucho más cruel y más dura de asumir.

Señores directivos de La Sexta: ojalá alguno de uds, me leyera y me respondiera:

¿Querían ustedes contribuir a perpetuar ese mal trato, ese maltrato y esa mala praxis o por el contrario querían contribuir a denunciarlo y hacerlo público para obligarles a cambiar?

Por favor si alguien conoce  a alguno de ellos que les pase mi pregunta… a ver si con suerte obtengo, obtenemos, respuesta.
Ayúdame a difundir este post, ante ciertas actitudes, ya sabemos, la indiferencia nos hace cómplices.

*Sobre la motivación al grabarlo… sin comentarios, juzgad vosotros mismos

“Queremos ser testigos del momento más importante del ser humano” 

Enlace al primer programa

Comparen :

"Hacia lo salvaje"… relato de un parto soñado

Hace unos días descubrí este vídeo:

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Y automáticamente me vi en cierto modo reflejada en esa canción… en una letra que hice mía:

Ella fue la primera
de sus hermanas en huir
de la casa que la vió nacer
hacia lo salvaje.
Cada día era un regalo
libre de sol a sol.
La montaña fue su salvación
y entre las fieras se crió.

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

”No teneis ni idea
de lo alto que puedo volar”
sentenció con un portazo.
No la vieron nunca más.
Cada golpe que le dieron
era una cuenta atrás.
Y ahora corre hacia el bosque
su fortaleza,su nuevo hogar

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

HA ELEGIDO CAMINAR
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE

HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE

“¿Por qué?” diréis…

Pues no… no me he ido de casa a vivir al bosque… aunque a veces no faltan ganas… En esa letra encontré cierto paralelismo en el proceso que hemos vivido algunas mujeres para romper con una forma establecida de hacer las cosas… sobre todo en lo relacionado con nuestra maternidad.

Seguramente es el puerperio que te hace vivir en una especie de nube hormonal especial de oxitocina y prolactina… pero oigo esa canción y pienso en mi parto…  en cómo he llegado a él… en la fuerza que te puede dar, como mujer, vivir algo tan salvaje, sobre todo si lo haces por ti misma… Como la tortuga del vídeo…

Si sois seguidores del blog ya conocéis mi vida maternal… mis angustias, mis penas y alegrías… mis luchas, mis deseos, mis esperanzas… mis obsesiones incluso…

Y sabéis cuánto deseaba recibir a nuestra hija como se merece, como se merecen todos los hijos del mundo… no solo con amor, también con respeto, con intimidad, en penumbra… Sin prisas, sin forzar, sin miedos… o con miedos controlados…

Tenía tanto deseo de vivir un parto así, que en cierto modo, temía que cualquier complicación frustrara mis deseos, así que también trabajé mis expectativas. Confiaba por completo en que íbamos a poder hacerlo, Mencía y yo… pero a la vez no me cerraba a la posibilidad de que no todo fuera como queríamos… desgraciadametne no somos perfectos y las complicaciones, aunque rara vez, pueden surgir incluso en medio de las mejores condiciones… así que me “preparé” ( si es que es la expresión correcta) para parir como quería, pero tomando medidas por si no fuera posible. Por eso preparé mi plan de parto que presenté en el Hospital Materno Infantil, diciéndome a mi misma que no lo iba a necesitar… pero sabiendo que incluso así, cumpliría su función… si no servirme a mí… servir para las mujeres que vendrían detrás…

Y me disponía a esperar el momento con tanta ilusión y expectación como con mi primer hijo… o quizás más… Porque en cierto modo era primeriza… porque nunca me puse de parto, ni rompí bolsa , ni tuve contracciones espontáneamente… todo eso me robaron… esos momentos mezcla de emoción, temor y alegría… Ese no saber qué viene a continuación con exactitud…

Así estaba… una primeriza con 2 malas experiencias a cuestas… jugándoselo todo a una carta… porque esta era mi última partida en este juego… Una primeriza con años de leer, de compartir, de aprender y enseñar… con miles de lágrimas derramadas por mí y por amigas y por desconocidas… Lágrimas de pena a veces y de rabia y de dolor… y también de emoción y alegría ( y por qué no decirlo, de cierta envidia sana) cuando relataban un parto feliz, respetado.

Cada historia que leía u oía era un empujoncito en la dirección correcta, un impulso a mi convicción de que podía, de que YO PODÍA, como podíamos todas. Y en ese caminar entre fieras, entre otras madres-lobas como me gusta llamarlas, fui adquiriendo la seguridad que el sistema nos ha quitado.

Como dice la canción: “No sabéis lo alto que puedo volar”. La mayoría de los profesionales médicos relacionados con el embarazo yparto nos tratan como si no pudiéramos, como sino supiéramos qué hacer… y al final, para lograr recuperar lo que era nuestro, lo único que de verdad siempre ha sido nuestro, hay que escapar. Escapar de quienes nos tratan como enfermas, escapar de quienes tienen como forma de trabajo el miedo, escapar de quienes nos esconden mucha parte de información, escapar de aquéllos que en el fondo nos tmeen… porque les podemos demostrar lo fuertes y valientes y autónomas que somos. Porque al final se trata de eso, como casi siempre en toda forma de abuso, se esconde el miedo.

Y con esa dosis de confianza preparamos lo necesario… poca cosa la verdad… el columpio y  la piscina… porque yo, en el fondo sabía que daba igual si el cuarto tenía velas o no, si ponía cojines cómodos aquí o allá, porque no sabía dónde iba a parir. Recordaba relatos de amigas que parieron contra todo pronóstico en el baño… de alguna que leí había parido escondida tras una puerta. Así que yo lo único que sabía era que pariría en mi casa, pero no en donde.

Lo que sí hicimos fue volvernos locos mi marido y yo para ver cómo podríamos tapar el gran tragaluz de mi salón. Creo que probamos un montón de cosas… hasta compramos tela de esa de cortinas anti-luz… pero no funcionaba, y había que conseguir taparlo porque de ponerme de parto de día, sabía que necesitaba un lugar oscuro o eso o no podría usar el columpio y la piscina…

Mientras tanto la mañana del jueves 25 inflamos la piscina para ver que estuviera bien y el espacio que ocupaba.  Y estuve trasteando en casa, limpiando y recogiendo. Por la tarde fui a la peluquería porque al día siguiente había quedado con mi amiga Maica para hacerme un reportaje de fotos como recuerdo de mi embarazo.  Recuerdo que el lunes me preguntó si llegaría al viernes y le respondí:  “¡¡claro, aún me falta!!”

Y eso hice, ir a taparme mis canas y a cortarme un poco el pelo para salir en las fotos tan guapa como yo me sentía.  Al  volver a casa estaba tan hinchada que aunque tenía que salir decidí quedarme en casa acostada con las piernas en alto.

A eso de las 10 y pico de la noche al llegar C, noto aún acostada en la cama algo extraño… una pequeña cantidad de líquido que salía de mí… Se me pasó por la cabeza si no era que  había roto aguas, pero pensé que era pronto, y me dije si no me estaría orinando sin darme cuenta, pero no, no era esa sensación, era algo diferente. Llame a C y le dije: “Creo que he roto aguas” y tendría que haber grabado su cara porque fue una mezcla de “no puede ser” y de “ahora qué hago yo”.

Me levanté, fui al baño y comprobé que el líquido era claro. Salía en muy poquita cantidad así que supuse que era una fisura. Llamé a O, una de las matronas,  quien me dijo que la llamara si durante la noche empezaba con contracciones seguidas. Hasta el momento mis contracciones eran imperceptibles. De hecho hasta la última visita de las matronas pensaba que eran solo estiramientos de Mencía en mi barriga.  Ahora estaba expectante  por ver cómo iba a desencadenarse todo.

Le dije a mi marido que acabara de hinchar la piscina no fuera a ponerme de parto a las 4 de la mañana y nos pusiéramos a hacer ruido conla bomba eléctrica. Llamé a Maica para avisarla de que la sesión de fotos iba a ser que no, a no ser que quisiera fotografiar un parto entre los árboles 🙂
Avisamos a una vecina amiga nuestra para decirle que estuviera al tanto por si de madrugada la llamábamos para dejarle a Iker.

Sobre la asistencia de Iker al parto, por un lado me hacía mucha ilusión que lo viera, pero por otro lado sabía que a no ser que pariera de noche y él estuviera dormido durante la dilatación, iba a ser difícil que se mantuviera tranquilo, esperando en silencio… Y con su actividad normal puede que no me dejase concentrarme en el parto, así que, una vez más, no me creé expectativas al respecto, y me dije que sobre la marcha veríamos si estaría presente o no. Lo que sí era seguro era que él iba a cortar el cordón umbilical, que llevaba todo el embarazo esperando ese momento. Ese era SU TRABAJO, su aportación al nacimiento de su hermana.

Y me acosté, Iker mamó y pensé si sería la última vez que mamaba estando embarazada.

Mientras tanto oía a C trastear por la parte de abajo de la casa, nervioso. Le llamé y le dije que se acostara para descansar que igual la noche se presentaba larga y necesitábamos coger fuerzas. Tardó un rato en hacerlo, y varias horas más en dormirse… He de decir que esa noche era su noche libre ( él  trabaja de noche, así que cayó al final rendido), y hasta en ese detalle esta niña vino en un momento especial, cuando su padre estaba en casa.

Estaba tranquila, con una tranquilidad sorprendente  y a la vez con cierta excitación por ver cómo iría todo. Recuerdo que puse un mensaje en Facebook con el móvil desde la cama diciendo que había roto aguas y que la cosa había empezado.  En ese momento no sabía hasta qué punto ese lugar frívolo iba a convertirse en una especie de doula virtual, donde tanta gente iba a mandarme apoyo, ánimo, cariño y buenos deseos. Aprovecho para dar las gracias por cada comentario recibido, en este momento y tras el nacimiento de Mencía… lloré mucho viendo tanto cariño en forma de mensajes y me sentí una vez más, afortunada.

Empecé a tener contracciones, pero muy esporádicas e indoloras… A eso de las 4 y pico de la mañana dejé de mirar el reloj al ver que las contracciones más seguidas eran cada 15 minutos y me dormí. Y si no fuera porque me levanté a orinar como 10 veces habría dormido bastantes horas seguidas.

Por la mañana nos despertamos con una sensación extraña de que todo estaba igual. Le mandé un sms a O (para no despertarla) y le dije que todo seguía sin novedad… que me llamara al despertarse.

Por la noche antes de dormirme, pensando aún en cómo tapar el tragaluz, pensé en usar unos cojines grandes.. mi sorpresa cuando al bajar vi que C había tenido la misma idea y ya estaban tapados.  ¡¡¡Un mes buscando la solución y al final nos vino la inspiración a la vez!!!

Me puse a desayunar como cada día, mientras revisaba el correo. Me sorprendí al ver la cantidad de mensajes que tenía en FB :-).

Contesté emails, hice algún pedido y hasta preparé algún paquete de la tienda para que C lo llevara a Correos. Entre eso y los viajes a la ferretería para  buscar la forma de adaptar la manguera al grifo de la bañera, se le fue la mañana entretenido.

A eso de las 12 llegaron O y A .Oímos a Mencía con el doppler, todo iba bien. Me dijeron que no me preocupara, me explicaron que la pérdida de líquido era pequeña, que era solo una fisura. Que de todos modos la placenta sigue generando líquido y que sería cuestión de horas. Me aconsejaron que estuviera relajada, que muy posiblemente el parto empezaría cuando fuera bajando la luz y sobre todo el nivel  de actividad. Dejaron ya sus cosas en casa y se fueron a comer, para dejarme tranquila.

Tenía sueño porque por la noche el ir al baño no me dejó dormir mucho así que me acosté.

Después del mediodía le dije a C que se llevara un rato a Iker al parque para yo intentar descansar en silencio y así me quedé sola. Empecé a tener contracciones más seguidas , pero no sentía dolor ninguno, solo excitación por si eran las que de verdad anticipaban el momento. Recuerdo que pensé que al final igual sí iba a parir sin dolor…

Sobre las 6 llamé de nuevo a O y le dije que tenía contracciones algo más seguidas pero que esperara porque sobre las 4 de la tarde había empezado así y al final pararon. Comí un gran plato de sopa riquísima que me trajo mi querida vecina y al ver que seguían las contracciones empecé a usar el columpio. Ahí estuve un rato balanceándome apoyada a ratos en la pelota a ratos solo en la tela . Tuve ganas de ir al baño y pensé que el cuerpo sabe lo que hace y que para qué poner un enema…A las 6:37 llamé a C y le dije que fuera viniendo a casa que  ya tenía las contracciones bastante seguidas. Dejó a Iker en casa de nuestra vecina (iban a hacer masa para preparar pizza) y llegó enseguida, Imagino que muy nervioso aunque no lo aparentaba.  Le dije que fuera llenando la piscina y que llamara a las matronas que ahora sí había empezado.

Entonces ya me dediqué a esperar cada contracción y a dejarme llevar por ellas… Casi enseguida fue aumentando el ritmo y la intensidad de esa sensación de una corriente que me llevaba.  Iba sintiendo esas contracciones fuertes, como olas que van y vienen.  El columpio me ayudaba a descargar mi peso y a moverme al ritmo de la contracción. Intentaba ir a favor de ella, como tantas veces había leído :  “déjate llevar por la contracción, no luches contra ella”. Y así el fular servía para aliviar esas sensaciones. A veces me columpiaba, a veces me colgaba literalmente, unas veces sentada en la pelota con todo el tronco y brazos en la tela, otras veces enrollaba los brazos en él y me erguía… Nada planeado, ni pensado… solo moviéndome como me lo pedía el cuerpo. Era casi un cuerpo sin mente. Sin razón, solo sensaciones.

En un momento dado pensé en que O y A no habian llegado y me dije: “Al final tanta broma y va  a ser verdad que pares sola”.

C  ni me hablaba… seguía ocupado con la piscina. Me imagino que porque el columpio estaba justo al lado del baño y no quería molestarme. Entonces oí el timbre y ya casi en total oscuridad noté entrar a O y A.  Yo estaba casi todo el rato con los ojos cerrados. O se acercó, me besó en la mejilla y me dijo: “todo va bien”. Y seguí en mi mundo con la total convicción de que sí, que todo iba a ir bien.

Cuando las contracciones iban siendo más dolorosas empecé a vocalizar intentando relajar boca y mandíbula: “AAAAAAAHHHHHH”. Y mientras gemía con suavidad esas vocales abiertas pensaba en cómo mi cuerpo se iba abriendo igual que mi boca y mi garganta. Ese ejercicio me hacía no cerrar mi cuerpo o contraerlo  por la sensación del dolor (gracias Gabriella). Recuerdo pensar que al final iba a ser que no… que no iba a parir sin dolor… Que igual no bastaba solo con estar segura del propio cuerpo y confiada en que era algo normal.  De todos modos, como me dijo una amiga: “Es dolor, no sufrimiento”. 

En algún momento pedí agua porque tenía mucho calor… era finales de agosto y se notaba. Me dieron agua y A se acercó a limpiarme la cara con un paño mojado. Eso y una ocasión en la que sentada en la pelota una de las 2 matronas, creo que fue O , me hizo una ligera presión en forma de masaje en las lumabres fueron las únicas veces que noté que estaban allí.  Recuerdo vagamente sus pasos amortiguados por los calcetines a mi alrededor alguna vez… luego supe que para decirle a C que parara con el agua que ya estaba muy llena la piscina.  Pero como debía ser… estaban sin estar.

Una vez me apoye en el borde de la piscina y recuerdo mirarla y pensar… “ya me avisaran cuando pueda entrar”... porque sabía que meterse al principio del trabajo de parto no era lo mejor… y no quería anticiparme… pero tampoco quería hablar… me daba igual…

Otro flash que me llega es no ver a C, al que sabía todo el rato cerca ,y llamarle. Estaba en la cocina y le dije que viniera, que se quedara conmigo.  Se sentó al pie de la escalera, le dí la mano, la apreté, la solté y volví a cerrar los ojos.Y en esas pedí un cojín porque estaba cansada y quería irme al suelo. El cuerpo me pedía tocar suelo, apoyarme, recibir fuerza del suelo, sentirme estable, como anclada a algo firme tras el balanceo.

Me trajeron el cojín y a 4 patas apoyaba a veces los brazos y la cabeza en él, en una posición parecida a la de la foto:

Y de pronto, sentí una necesidad brutal de empujar. Es una sensación que no puedo asemejar a nada que hubiera sentido antes. Es como si mi cuerpo no fuera yo, como si no estuviera controlado por mí, como si el empujón me guiara a mí y no al revés. Exclamé: “quiere salir” y O me respondió tranquila con su voz serena: “pues déjala salir”.

Me sorprendí porque aunque intenso , el trabajo de parto me pareció corto, y pensé para mí: “¿y cómo sé que estoy dilatada al completo, si no me han mirado siquiera?. Y me di cuenta que no hace falta… que así deben ser las cosas, que las matronas con experiencia no necesitan tocar. Ellas estuvieron todo el rato detrás de mí, en silencio y a oscuras.

Y entonces experimenté la sensación más brutal y salvaje de mi vida. Era mi hija queriendo salir, o más bien,  la VIDA empujando con ella. Es indescriptible la sensación pero me imagino que es el momento en que la confianza y el miedo se confunden, porque al final la vida y la muerte van juntas y ese miedo ancestral  aflora.

En esos momentos en que mi cuerpo pujaba y yo creía romperme en 2, grité.  Con un grito sordo y desgarrado, nada calmado como antes en las contracciones en que apenas se me habría oído desde la habitación de al lado. Ahora gritaba , o como diría mi comadre Trini, aullaba, no muy alto pero sí profundo, gutural, con la parte animal… lo dicho… como una loba.

Escultura de Daniel Edwards

Tampoco recuerdo exactamente en qué punto  pero ya en el suelo rompí la bolsa. ¡¡¡Qué sensación tan agradable!!

Y en un momento pensé : “no puedo”, “no voy a poder”, porque sentía que no podía abrirme más y me daba la sensación que de un momento a otro iba a oír el crujido de mis huesos. Pero  inmediatamente me dije: “sí, voy a poder, como han podido otras antes que yo” y empecé a repetir en voz alta como un mantra: “vamos a poder”, “lo vamos a hacer las 2 cariño”, “tú y yo vamos a poder”, “tú y yo vamos a poder”... lo repetía una y otra vez, hablándole a mi hija y hablándome a mí misma, moviendo la cabeza y a 4 patas como en trance.

Y en otro empujón noté  una sensación de calor  intensa que reconocí por haberla leído tantas veces en  los relatos de partos de muchas de vosotras: el aro de fuego. Y exclamé: “quema, quema, quema”  y  O me dijo: “sí, quema y todo va bien” ( o algo parecido).

Entre pujos recuerdo que intentaron usar el Doppler para escuchar los latidos pero me moví y se retiraron para no molestarme. No sé lo que duró pero no creo que fueran más de 10 pujos. En un momento me puse en cuclillas y toqué y noté la cabeza de mi hija. No sabría describir lo que  supuso tocar esa cabecita húmeda, peluda, resbaladiza… fue una inyección de fuerza, como diciendo… “estoy aquí ya mamá,  y sí lo estamos haciendo tú y yo, solas, porque sabemos y podemos… un poco más mamá, un poco más solo”.

Y por fin en otro pujo intensamente salvaje salió Mencía por completo. Yo esperaba que saliera la cabeza y luego cogerla con mis manos. Pero esta niña fuerte y decidida quiso salir sola del mismo modo que su madre quiso parirla sola. Eran las 8:47 PM

Así, asombrada por la rapidez me giré y la vi aún unida a mí, en el suelo, sobre toallas  y empapadores que habían colocado mis matronas. O me dijo: “cógela”, y de ese modo, mis manos fueron las primeras en tocarla. Húmeda, pequeña, resbaladiza, llorando ya y enseñándome sin tener que preguntar que todo estaba bien, que lo habíamos hecho, nosotras solas y la abracé y la coloqué apretada sobre mi y no sé si lloré o reí.

Sé que me pareció todo como increíble pero natural , lógico, como si ahora todo cobrara sentido. Como si todo lo anterior hubiera tenido por fin sentido, dentro de lo absurdo, para conseguir este momento. A la arropó sobre mí con una toalla caliente y mientras yo seguía tumbada en el suelo, bajo el columpio donde todo empezó, ella buscó mi pecho. Y lo cogió y mamó con fuerza, con la misma fuerza con la que llegó a este mundo.

Enseguida le dije a C que fuera a buscar a Iker para que viera a su hermana… Y al llegar su cara era todo excitación. Me dijo: “mamá es verdad que  hoy nacía Mencía” y la miraba con una mezcla de curiosidad y excitación. Salió corriendo a contárselo a las vecinas y a terminar las pizzas que me estaba preparando para cenar ( Le llamamos después para que por fin cortara el cordón como había estado esperando tanto tiempo).

Entonces y solo entonces A y O tomaron parte algo más activa. Esperaron a que saliera la placenta (cosa que pasó a los pocos minutos sin dificultad) y me limpiaron y suturaron el pequeño desgarro que tuve en la cicatriz de la episiotomía anterior. Y ese punto  de sutura era como una metáfora. Con ese punto cerraban no solo una herida física, sino la herida emocional que supuso aquél parto robado y que este parto esperado, soñado, cerraba por fin.

Esta niña ha venido  a traer, como todos, alegría, pero sobre todo paz. No es justo que nadie venga a este mundo para arreglar  historias ajenas. Mencía nació así no PARA hacerme feliz a mi, sino PORQUE  así deben ser todos los nacimientos: íntimos y respetados.  Y cuando respetamos así a nuestros hijos y a nuestros propios cuerpos, ellos, ambos, en cambio, nos regalan esta sensación: PAZ y la posibilidad de cerrar heridas. Al menos así ha sido en nuestro caso. Fue un fin, no un medio.

En algún momento durante y  sobre todo tras el parto, pensé mucho en mi otro bebé, Altair, aquél que no llegó a nacer, en mi madre que no llegó a saber que esperábamos una niña, y en Amanda… la niña especial que estuvo tan poquito tiempo con su familia.

Para estas 3 mujeres va dedicado este relato con la confianza de que las volveré a ver a las 3.

Para todas las mujeres que han contribuído a darme fuerza y confianza para llegar aquí, las que conozco ( mis comadres) y las que no.

A mis matronas, poque no hicieron nada cuando no hizo falta, pero su presencia callada y segura contribuyó a saberme protegida.

Y sobre todo va dedicado:

A mi marido, porque a pesar de sus miedos confió en mi y en que esto era lo mejor para toda la familia: Gracias amor por el mejor regalo de mi vida.

A mi hijo Iker, porque algún día le hablaré de todo esto sabiendo que lo entenderá y le repetiré lo que ya le he dicho y susurrado muchas veces en estos años: que siento no haber podido o sabido darle el nacimiento que merecía… pero que no fue en vano.

A Mencía por demostrarme que sí podíamos.

Feliz y empoderada

"Marea Lunática"-(Relato del parto de I. por Mely)

En el día que celebro el  nacimiento a la luz de la Luna  de la hija de unos amigos…os pongo este relato de otro parto de Luna llena.

Relato de mi segundo parto en casa, por Mely, mamá de Dafne e Indira

La noche del 17 de abril de 2011, diez minutos antes de que acabara el día, llegaste a nuestros brazos… Naciste, acunada por la luna llena y arrullada por las olas, al borde de la medianoche, al filo de la pleamar, a punto del plenilunio… Gracias Vida, gracias Madre Naturaleza, gracias Universo, por regalarme por segunda vez el tesoro más preciado que he podido acariciar…Todo parecía dispuesto a proporcionarte el tránsito mágico a este mundo exterior que de hecho tuviste.

Esta es la historia de un parto… pero también de una sorpresa, de un embarazo, de una espera, de noches en vela estudiando, de algunos temores y de muchas esperanzas… y sobre todo es la historia del triunfo de la vida, sorteando los obstáculos.

Te fraguaste en mis entrañas ya de un modo mágico: yo no tenía la regla desde que me quedé embarazada de tu hermana Dafne, y aún así, pensamos que quizá era el momento de “empezar a buscar” un hermanit@… Pero, como siempre, hay cosas que son más fuertes que los planes o el raciocinio y la magia surgió su efecto para que “empezar” y “acabar” fuera todo uno…

De repente, empecé a sentirme cansada, cansadísima, algo no habitual en mi energético carácter, y era un cansancio que me resultaba conocido… Sólo podían pasarme dos cosas: o estaba anémica perdida o estaba embarazadísima. Eso, junto con mi excesiva sensibilidad a los olores, me hizo hacerme un teste de embarazo para confirmar lo que ya sabía. Helí, mi compañero y tu papá, se reía, pensando que era imposible, que aún no tenía la regla. Cuando el test de embarazo se tiñó, ni siquiera me extrañó, porque yo ya te sabía, ya te sentía. Papá quedó en estado un estado que yo llamaría de “shockpresa”.

Fuimos a verte al materno gracias a Olga, una de nuestras matronas, para saber de cuánto tiempo estábamos (ni siquiera eso sabíamos). Me hicieron una eco vaginal y la ginecóloga me dijo: “Sí, es verdad, hay embarazo, de unas 5 semanas. Pero esta mancha de aquí no es buen pronóstico. En principio es síntoma de malignidad”. Mi cara debía ser un poema, pero me saqué de la manga mi buen humor y dije: “¿Y no será que son dos?”. “No, es sólo uno, pero no tiene buen pronóstico”. Todo esto con mi pequeña Dafne de 16 meses y Helí, delante.

Menos mal que Olga estaba a mi lado y que soy de naturaleza optimista, si no, no sé qué habría pasado. Al salir, Olga me cogió de la mano y me dijo, mirándome a los ojos: “No te preocupes, ¿tú sientes que el bebé está bien?”. “Sí, lo siento fuerte, aferrado a mí”, contesté. “Pues sigue mandándole todo tu amor”.

Yo confiaba pero… el miedo es la enfermedad más contagiosa, y la semilla de la duda, la que más arraiga. Así que no pudimos esperarnos a las 12 semanas y cuando estábamos de 9, para evitar otra eco vaginal, fuimos a un ginecólogo privado que nos confirmó que él veía nada más y nada menos que lo que se tiene que ver en un embarazo de 9 semanas.

La maternidad de Dafne me había calado tanto tanto, que hasta había decidido darle un cambio de rumbo a mi vida y estudiar partería. Pero antes, claro, tenía que pasar por enfermería. Y parece que por alguna razón, Helí y yo tenemos que vivir nuestros embarazos separados, porque siguiendo el impulso de mi recién descubierta vocación, yo había hecho la preinscripción en la universidad de Las Palmas (donde vivo) y en la de Algeciras (de donde soy) y me admitieron sólo en ésta última… Tras mucho dudar allá fui, con el apoyo incondicional de mi pareja, mis padres y mi incombustible abuela, con 4 meses de embarazo, las hormonas susceptibles de todo menos de memorizar y una niña de año y medio.

Pues me saqué el primer cuatrimestre limpio con algunos sacrificios y sé que en gran parte fuiste tú, Indira, que habitando mi cuerpo, me diste esa suerte, esa fuerza, esa voluntad, y tú Dafne, con tu sonrisa me compensabas los sacrificios… porque yo quería y quiero que todas las madres sepan que se puede parir de una manera fluida y pacífica, si se quiere, sólo que sepan que existe la posibilidad, que la elijan si lo desean, y poder yo acompañar un día partos desde el silencio y el respeto desde los que fueron acompañados los míos…

Tras este primer cuatrimestre en el que no te hice todo el caso que te merecías, me volví a la isla a dedicarte todo el tiempo que pudiera y a preparar el parto, que, por supuesto, iba a empezar (y deseablemente a terminar) en casa y en compañía, de nuevo, de Olga y Laura. Esta vez también queríamos contra con Adelina, nuestra acupuntora amiga que en el parto de Dafne no pudo estar presente…

El embarazo seguía plácidamente, aún con la sombra de la diabetes gestacional sobre mí y la amenaza de los médicos de ponerme a dieta o a mandarme caminar después de comer. Pero, una vez más, el cuerpo es sabio, si una se conecta con su interior, parece saber lo que le pasa, lo que le conviene y lo que no, y yo sabía, bebita mía, que tú eras pequeña y que eso no te iba a hacer bien. Pensando en eso, te escribí estas palabras.

Anidas en mi cuerpo.

Acuno el tuyo.

Te doy, me das.

Nos equilibramos.

Cada célula, cada tejido, cada parte

está sana.

Confío en ti.

Confías en mí.

Nos confiamos

de nuestro poder de salud

dado por la naturaleza.

Tus medidas son las adecuadas para mí.

Mis medidas son las adecuadas para ti.

Nos acoplamos

para luego desacoplarnos

con amor, dulzura, suavidad

en un trance sutil, alegre, ágil,

lo suficientemente corto para sostenerlo,

lo suficientemente largo para disfrutarlo,

porque, como decía Shakespeare,

“para aquellos que aman,

el tiempo es eternidad”…

Tenemos la confianza

el poder

la fuerza

el amor

para concebirnos,

embarazarnos

y parirnos.

Todo me pareció más veloz que con Dafne, familiar (la amenaza de bajo peso) y diferente (más fluido, más encajado en mi cuerpo). Es maravillosa la memoria del cuerpo, cómo sabe lo que tiene que hacer. Es maravilloso ser mujer y abrirse y cerrarse como una flor.

De repente, el día estaba muy cercano. Yo estaba de 37 semanas y había tenido algunas noches “divertidas”, contracción va, contracción viene, pero que luego se marchaban. Laura me dijo que eso era bastante normal en los segundos embarazos, el cérvix ya está más blandito, ya reacciona más ante menor estímulo. Me maravillaba sentir mi cérvix abriéndose poco a poco y tuve la convicción, yo diría que certera, de que me pasé gran parte del embarazo y sobre todo estas 3 últimas semanas con 1 ó 2 centímetros de dilatación. Yo lo sabía, no hacía falta ningún tacto invasivo para confirmármelo.

Probando la resistencia del fular de parto. Debajo, el armazón del colecho casero de 2 metros

(más…)

El Parto de Zoe, Una Cura para mi Alma

El Parto de Zoe, Una Cura para mi Alma

Zoe nació con la luna llena, el mismo día de las 40 semanas, mágica y preciosa.
Un parto y un nacimiento en absoluta intimidad, tranquilos, confiados, respetados, unidos, emocionados…una cura para mi alma que aún guardaba cicatrices de mi primer parto.

Viví un embarazo maravilloso, igual que el primero, me encanta sentirme embarazada…pero esta vez tuve la suerte de estar rodeada, no de una doula, sino de 37.
Un grupo de mujeres sabias, conscientes y deseosas de vivir y acompañar la maternidad de una manera cercana y especial. Hacíamos juntas la formación de doula en Barcelona. Empecé el mismo mes que concebimos a Zoe, sin aún saberlo  y todo lo que aprendí, viví y compartí  en cada viaje, me ayudó a creer más en mi, a recuperar la confianza en mi cuerpo, en mi bebé, en la vida…

Y así mes a mes, llegamos a la noche mágica que nos regaló a Zoe…llevaba semanas con contracciones suaves, las disfrutaba, me encantaba sentir que mi cuerpo se ponía en marcha, que algo se estaba preparando sin necesidad de que nadie indujera o manipulara.

Ese día volví a sentir contracciones, no salimos, comimos en familia y  en un momento de la tarde, por primera vez, miré el reloj. Eran regulares, cada 15 minutos…la tarde siguió como si nada, sin prestar demasiada atención.
Por la noche, volví a mirar el reloj, seguían siendo contracciones muy suaves, pero ahora cada siete, cada cinco minutos.
Sergio acostó a Noah, me duché y me tumbé en mi sillón, pensaba que igual sería el inicio de una larga noche o igual se pararían en un rato, eran tan suaves…

Empecé a sentirlas un poco más intensas, las respiraba, gemía…

Sergio se sentó a mi lado, tranquilo, en silencio, me regaló mis caricias preferidas en los pies y apuntó unas cuantas contracciones en un papel…eran más de las doce y media

A  la una llamamos a las matronas, el parto estaba preparado en casa y queríamos que supieran lo que estaba pasando. Quedamos en avisar cuando fueran más seguidas y regulares.

Me levanté al baño y al ponerme en pie, se aceleraron…cada dos, cada cinco, cada dos…respiraba, respiraba, pero entre contracciones estaba bien, el recuerdo de mi primer parto era tan diferente, tan dolorosas las contracciones de un parto provocado, que me costaba creer que estuviera realmente de parto.

Me serví un vaso de agua fresquita y volví al salón…llamaron las  matronas, una y veinte… ya venían para casa…me tumbé en el sillón de nuevo, pensando…pero para qué vienen tan pronto, aún queda mucho…
La siguiente contracción me obligó a ponerme a 4 patas en el suelo, sobre la alfombra y a partir de ese momento, no pude moverme más…ni beberme el vaso de agua fresquita que me acababa de servir.

Una fuerza imponente se apoderó de mi cuerpo, como un barquito de papel en medio de la tempestad, sacudida por las olas, sin tregua, una y otra y otra, de rodillas en el suelo, apoyada en mi sillón, gimiendo, aullando…oí ladrar a los perros, ya están aquí pensé.

Eran las dos menos diez cuando llegaron las matronas, entraron en silencio, mi cuerpo poseído por la fuerza de la vida abriéndose camino, empujaba, se rompió la bolsa y a las dos y diez nacía Zoe.

No me había quitado ni las bragas que aún seguían en mis rodillas, ni me había podido beber el vaso de agua, ni encender la cámara, ni llenar la bañera de partos, nada…de todo lo que preparé no me dio tiempo de usar nada…sólo buscar la postura que mi cuerpo me indicó y dejarme llevar, parir.

Me la dió Sergio, emocionado, alucinado, había sido tan rápido, tan fácil, tan bien…sin desgarros, puntos, prisas ajenas, ni nervios. Ahí estaba Zoe, preciosa, sana, rosadita, por fin en nuestros brazos.

Qué maravilla, qué privilegio…estar en casa, ducharme, acostarnos en nuestra cama juntitos los cuatro…me siento agradecida a la vida por permitirme vivir esta experiencia, a Sergio por apoyarme sin miedo y por creer en mi, a Zoe por elegirnos, a Noah, porque con él descubrí la maravillosa maternidad, por ser tan encantador y especial, a mi familia por respetarnos y apoyarnos y a nuestras matronas, Olga y Antonia, no pudimos elegir mejor, tenían que ser ellas y estarán para siempre en nuestros corazones.

GRACIAAAAAAS!

Relato publicado originalmente en  el blog de Carol:  Instinto Materno: Doula Las Palmas

los Humanos somos Mamiferos

los Humanos somos Mamiferos

Todos los mamíferos dan a luz gracias a una repentina emisión de hormonas. Una de ellas, concretamente la oxitocina, juega un papel trascendental, ya que es necesaria para la contracción del útero, lo que facilita el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta. También se la conoce por inducir amor maternal. Igualmente, todos los mamíferos pueden segregar una hormona de emergencia, la adrenalina, cuyo efecto es frenar la oxitocina.
La adrenalina se segrega ante una situación de peligro. El hecho de que la oxitocina y la adrenalina sean antagonistas explica que la necesidad básica de todos los mamíferos a la hora de parir es sentirse seguros.

En la jungla, la hembra no podrá dar a luz mientras exista un peligro, como por ejemplo la presencia de un depredador. En este caso, la segregación de adrenalina es una ventaja, pues los músculos que sostienen el esqueleto recibirán más sangre, y la hembra dispondrá de energía suficiente para luchar o huir; en este caso, es una ventaja poder frenar la producción de oxitocina y posponer el parto.
Existen multitud de situaciones asociadas con la producción de adrenalina. Los mamíferos la segregan cuando se sienten observados. Cabe destacar que los mamíferos cuentan con estrategias específicas para no sentirse observados cuando están de parto; la privacidad es, obviamente, otra necesidad básica. La hormona de emergencia está también implicada en la termorregulación. En un entorno frío, observamos otra de las conocidas funciones de la adrenalina:  inducir el proceso de vasoconstricción.

Así podemos explicar que, cuando una hembra está pariendo, y de acuerdo a la adaptabilidad de las especies, tiene que estar en un entorno lo suficientemente cálido.

Dado que los humanos somos mamíferos, tales consideraciones fisiológicas vienen a sugerir que, a la hora de parir, las mujeres deben sentirse seguras, pero sin sentirse observadas y con una temperatura ambiente adecuada.

 

 

Las Desventajas de los Humanos

Mientras que la perspectiva fisiológica identifica fácilmente cuáles son las necesidades primarias de las mujeres a la hora de parir, también podemos entender las desventajas específicamente humanas de este período, las cuales están relacionadas con el descomunal desarrollo de esa parte del cerebro denominada neocórtex.

Es gracias a nuestro altamente desarrollado neocórtex que podemos hablar, contar y ser lógicos, así como capaces de razonar. En su origen, el neocórtex es una herramienta que sirve a las viejas estructuras del cerebro, ayudando a nuestro instinto de supervivencia. El problema es que su actividad tiende a controlar estructuras primitivas del cerebro y, así, inhibir el proceso de nacimiento (y cualquier otro tipo de experiencia sexual).

Al respecto, la naturaleza encontró una solución para superar esta desventaja específicamente humana a la hora de dar a luz. Se entiende que el neocórtex debería de encontrarse en estado de reposo para que las estructuras primitivas del cerebro puedan fácilmente segregar las hormonas necesarias.

Esto explica el hecho de que cuando las mujeres están de parto tienden a aislarse del resto del mundo, a olvidar lo que leyeron o se aventuran a hacer lo que nunca habrían hecho en su vida diaria, como gritar, insultar, adoptar posturas inesperadas, etc.

Muchas veces he escuchado a mujeres decir, después de haber parido, “estaba como en otro planeta”. Cuando una mujer de parto “está en otro planeta”, significa que la actividad de su neocórtex es reducida. Esta reducción de la actividad del neocórtex es un aspecto esencial de la fisiología del nacimiento en los humanos, de lo cual se deduce que una de las necesidades básicas de las mujeres durante el parto es la de ser protegidas de cualquier tipo de actividad neocortical.

Desde un punto de vista práctico, es útil explicar lo que esto significa y repasar todos los factores bien conocidos que pueden estimular el neocórtex humano:

  • Lenguaje

En particular, el lenguaje racional. Cuándo nos comunicamos por medio del lenguaje, procesamos lo que recibimos con el neocórtex. Esto implica que si hay una comadrona, una de sus principales cualidades debería ser mantenerse al margen, en silencio y, sobre todo, evitar preguntar algo en concreto.

Imaginemos a una mujer en pleno parto y “ya en otro mundo”. Una mujer que grita, que se comporta de una manera que nunca se atrevería en su vida cotidiana. Se ha olvidado de todo lo que ha aprendido o leído sobre el nacimiento, ha perdido el sentido del tiempo y de pronto se le obliga a contestar a la pregunta “¿A qué hora hizo pipí por última vez?”. A pesar de que parezca sencillo, pasará mucho tiempo antes de que los que atienden partos comprendan el significado y la importancia de la palabra silencio.

  • Luz

Es otro factor que estimula el neocórtex de los seres humanos. Está sobradamente comprobado que la estimulación visual influye en el resultado de los encefalogramas. Cuando queremos dormir, apagamos la luz y corremos las cortinas, para así reducir la actividad de nuestro neocórtex, lo que implica que, desde una perspectiva fisiológica, una luz atenuada en general facilita el nacimiento.
Llevará tiempo convencer a los profesionales de la salud de la importancia de este asunto. Es interesante observar que cuando una mujer está de parto, espontáneamente adopta posturas que la protegen de los estímulos visuales, como por ejemplo, cuando está a cuatro patas, como rezando. Esta postura, tan común en las mujeres de parto, no sólo reduce el dolor en la espalda, sino que tiene también otros efectos positivos, como eliminar la causa principal de estrés fetal (se descomprime así la vena cava), al tiempo que facilita la rotación del cuerpo del bebé.

  • Sentirse observada

También puede ser otra manera de estimular el neocórtex. Cuando una persona se siente observada, existe una respuesta fisiológica que ha sido científicamente estudiada.

Por otro lado, es de sentido común que todos nos sentimos diferentes cuando sabemos que estamos siendo observados.
En otras palabras, la intimidad es un factor que facilita la reducción del control ejercido por el neocórtex. Resulta irónico que todos los mamíferos no humanos, que tienen un neocórtex no tan desarrollado como el nuestro, tengan una estrategia para dar a luz en la intimidad: los que están activos durante la noche, como las ratas, tienden a parir de día, y los que están activos durante el día, como los caballos, tienden a dar a luz durante la noche. Las cabras salvajes alumbran en zonas inaccesibles, y los chimpancés se alejan de su grupo, se aíslan.

La importancia de la intimidad nos enseña que existe una gran diferencia entre la actitud de una comadrona que se sitúa frente a la mujer de parto y la observa, y la de otra comadrona que se sienta discretamente en un rincón. También nos muestra que deberíamos de evitar introducir cualquier tipo de dispositivo que pueda ser percibido como un agente observador, del tipo de cámara fotográfica, de vídeo o monitor fetal electrónico. De hecho, toda situación que pueda desencadenar una liberación de adrenalina puede ser catalogada como un factor estimulante de la actividad neocortical.

Dificultades Mecánicas del Nacimiento del Homo Sapiens

Están también relacionadas con el desarrollo del cerebro. Cuando una mujer encinta llega a término, el diámetro menor de la cabeza del bebé (que no es exactamente como una esfera) casi coincide con el diámetro mayor de la pelvis de la madre (que tampoco es exactamente como un cono). El proceso evolutivo adoptó una continuidad de soluciones para así alcanzar los límites de lo que es posible.

La primera solución fue hacer el embarazo lo más corto posible; de alguna manera, el bebé humano nace prematuramente. Además, se ha probado recientemente que la mujer embarazada puede, hasta cierto punto, adaptar el tamaño del feto a su tamaño modulando el fluido sanguíneo y la disponibilidad de nutrientes hacia el feto. Es por esta razón que las madres receptoras de embriones de donantes con tallas genéticamente superiores llegan a término habiendo engendrado bebés más pequeños de lo previsto.

Desde un punto de vista mecánico, la cabeza del bebé tiene que estar lo más flexionada posible, de manera que presente el menor diámetro antes de emprender la espiral que lo llevará fuera de la pelvis materna. El nacimiento de los humanos es un complejo fenómeno asimétrico, con la pelvis materna abierta transversalmente al máximo de sus posibilidades a la entrada, y también lo más ancho posible longitudinalmente a la salida. Un proceso de “amoldamiento” puede cambiar ligeramente la forma del cráneo del bebé si fuera necesario.

Cuando se habla de las particularidades mecánicas del nacimiento humano no podemos dejar de referirnos y compararnos con lo que sucede con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés.
Con el embarazo a término, la cabeza de un bebé chimpancé ocupa un espacio significativamente menor en la pelvis materna, con la vulva de la madre perfectamente centralizada, con lo que el descenso de la cabeza del bebé se presenta de una manera lo más directa y simétrica posibles juzgar por los hechos, parece que desde que nos separamos de los otros chimpancés y a través de la evolución de las especies de homínidos, ha venido originándose un conflicto entre moverse rectos sobre los dos pies y la tendencia hacia un cerebro cada vez mayor.
El cerebro del Homo moderno es cuatro veces mayor que el de nuestro famoso ancestro conocido como Lucy. Tal conflicto en nuestras especies viene dado porque esa pelvis adaptada a un cuerpo verticalizado debe estrecharse, para así permitir que las piernas permanezcan juntas bajo nuestra columna vertebral, lo cual facilita la transferencia de fuerzas desde las piernas hasta la espina cuando corremos. Esta postura erguida se convierte en un requisito previo para nuestro desarrollo cerebral. Por otra parte, los mamíferos, que ejecutan sus movimientos con las cuatro extremidades a un tiempo, son incapaces de llevar cargas pesadas sobre la cabeza, como nosotros cuando andamos derechos.
Quizá es por este motivo por el que durante el proceso evolutivo se han encontrado soluciones como una pelvis ensanchable útil para el nacimiento del “mono con el cerebro grande”, teniendo en cuenta que cuanto más corrieran nuestros ancestros, mayores probabilidades de supervivencia.

Medio Cultural

Otra diferencia entre los humanos y los otros mamíferos es que, cuando un nacimiento ha sufrido cualquier clase de intervención, ya sea con drogas o simplemente por demasiada gente alrededor, el efecto es mucho más evidente a nivel individual entre los mamíferos no humanos.

Para explicar lo que acabo de decir existen incontables experimentos confirmando que el comportamiento maternal de los mamíferos no humanos puede cambiar espectacularmente si se pone al animal anestesia general.

Hace casi un siglo, en Sudáfrica, Eugene Marais estuvo realizando experimentos con la finalidad de confirmar su intuición de poeta de que existe una conexión entre el dolor del nacimiento y el amor materno (1).
Marais estudió un grupo de 60 antílopes cafres salvajes sabiendo que no había habido un solo caso de madre de este rebaño que hubiera rechazado a un retoño en los últimos 15 años. Procedió entonces a dar a las madres que iban a parir unas chupadas de cloroformo y éter; el resultado fue el rechazo posterior de éstas hacia sus crías. El comportamiento materno también puede ser alterado por la acción de la anestesia local.
En los años 80, Krehbiel y Poindron estudiaron los efectos de la anestesia epidural en ovejas con resultados fáciles de resumir (2): cuando las ovejas paren con anestesia epidural no cuidan de sus crías.

En Veterinaria, existe hoy en día la práctica de cesárea entre ciertas razas de perros. Esto es posible porque los seres humanos compensan esta práctica, que acarrea inadecuados comportamientos maternales entre los perros, con preparados lácteos que reemplazan la leche canina.
Referente a los efectos de la cesárea en la conducta de los primates contamos con extensa documentación, ya que diferentes especies de monos son utilizados como animales de laboratorio.
Por ejemplo, en el caso de dos tipos de macacos (los rhesus y los conocidos como “comedores de cangrejos”) (3),las madres no cuidan de sus crías tras una cesárea. En estos casos, el personal de laboratorio debe recubrir el cuerpo de la cría con secreciones vaginales con la finalidad de estimular el interés de la madre por el recién nacido. No es necesario presentar muchos más ejemplos de experimentos con animales para convencer a cualquier persona de que la cesárea, o simplemente la anestesia necesaria para la operación, pueden alterar fatalmente la actitud maternal de los mamíferos en general.

Con respecto a este asunto, los humanos son especiales.
Millones de mujeres en todo el mundo han cuidado a sus bebés tras una cesárea, una epidural o un parto en el que están “ligeramente colocadas”. Sabemos por qué el comportamiento de los seres humanos es más complejo y más difícil de interpretar que la conducta de otros mamíferos, incluyendo los primates (4). Los seres humanos han desarrollado sofisticados medios de comunicación: son capaces de hablar, han creado culturas y su comportamiento está menos influenciado por su regulación hormonal y más directamente por el medio cultural en el que habitan. Una mujer puede anticipar un comportamiento maternal cuando sabe que está embarazada. Esto no significa que no tengamos nada que aprender de los mamíferos no humanos.
Lo aprendido de los experimentos con animales nos indica el tipo de preguntas que debemos hacer cuando nos referimos a la especie humana, las cuales deben incluir tanto el término “civilización” como el término “cultura”.
Por ejemplo, si otros mamíferos no cuidan de sus crías tras un parto por cesárea, lo primero que nos tendríamos que plantear es:“¿Cuál es el futuro de una civilización nacida por cesárea?”.

Por un lado, el medio cultural atenúa los efectos del desequilibrio hormonal, pero por otro perturba el proceso del nacimiento. En otras palabras, todas las sociedades que conocemos han perturbado la fisiología del parto y nacimiento. La sociedad interfiere en el proceso fisiológico a través de comadronas o doctores que son a menudo demasiado activos, por no decir invasivos.

Al principio, las mujeres tenían la tendencia a dar a luz cerca de sus madres o cerca de una madre de la familia o la comunidad. Aquí se encuentra el origen de la Partería. La comadrona representa la figura de la madre. En un mundo ideal, nuestra madre es el prototipo de persona con quien nos sentimos seguras, sin ser observadas o juzgadas.

En muchas sociedades, la persona que atiende el parto representa el papel de guía o asistente.La transmisión de creencias y rituales es la forma más poderosa de controlar el proceso del nacimiento, y en particular, la fase del parto entre el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta. Por ejemplo, la creencia de que el calostro es nocivo y se debe evitar dar al bebé ha estado presente en los cinco continentes, y la consiguiente acción es que la criatura, inmediatamente después de nacer, debe estar en los brazos de otra persona distinta a la madre. De ello deriva, a su vez, la tan enraizada costumbre de precipitarse a cortar el cordón.

Éstos son sólo dos ejemplos de una larga lista de creencias y rituales que interfieren negativamente en el proceso fisiológico del nacimiento. También hay creencias que refuerzan ciertos rituales; por mencionar una, digamos que todavía en ciertos grupos étnicos de África Occidental la madre no debe ver los ojos de su bebé en las primeras 24 horas “para evitar que los malos espíritus invadan el cuerpo del recién nacido”.

Es importante darse cuenta de que la cultura del siglo XXI transmite sus propias creencias, especialmente entre los grupos que se autodenominan de “nacimiento natural” y que van en contra de lo que hemos aprendido de la perspectiva fisiológica y del comportamiento de los otros mamíferos (no humanos).

Por ejemplo, es común comparar a las mujeres de parto con atletas, a quienes se les aconseja consumir carbohidratos, proteínas y líquidos antes de empezar una actividad física extrema (5).

Mucha gente que trabaja adentro del “nacimiento natural” con madres embarazadas están influenciadas por tales comparaciones y les explican que cuando comience el parto deben comer, por ejemplo, pasta, y durante el trabajo de parto deben beber bebidas dulces, como jugos o agua y miel. Pero la realidad es otra: cuando la primera fase de un parto progresa bien, esto significa que el nivel de adrenalina de la parturienta es bajo. Esta mujer tenderá a permanecer inmóvil (quizás recostada hacia delante o sobre el costado, o como su cuerpo se lo pida). Cuando los músculos del esqueleto están descansando, es muy poca la energía que se gasta. Además, cuando un parto progresa bien, esto es una señal de que el neocórtex está descansando. Y recordemos que el neocórtex es otro órgano del cuerpo humano que necesita buena cantidad de glucosa para funcionar.

Comparar a una mujer de parto con una “atleta de maratón” nos puede llevar a otros errores, como el de sobreestimar la necesidad de agua. Es importante recordar que la parturienta no pierde mucha agua porque presenta altos niveles de vasopresina (la hormona que retiene agua) y porque los músculos del esqueleto no están activos. Esta analogía tan errónea (parturienta = atleta) hace que muchas mujeres de pronto terminen con una vejiga demasiado llena. Al mismo tiempo, a muchas mujeres de parto se les aconseja caminar. ¡Pero cuando la embarazada no tiene ganas de hacer nada es un señal muy buena!, pues significa que su nivel de adrenalina es bajo (6). Por regla general, cuando la primera fase del parto marcha bien, las mujeres tienden a estar pasivas, reclinadas o a cuatro patas, y sugerirles una actividad muscular no sólo es contraproducente, sino hasta cruel.

Los Momentos Cruciales

¿Cuáles son las ventajas evolutivas de esta multitud de creencias y rituales que tienden a enfrentarse al instinto protector materno durante ese período de tiempo considerado tan crítico para el desarrollo de la capacidad de amar?

En el contexto científico actual podemos hacernos tales preguntas porque las respuestas vienen solas. Desde los tiempos en los que la estrategia básica de supervivencia de la mayoría de los grupos humanos era dominar la Naturaleza y dominar a otros grupos humanos, era ventajoso hacer a los seres humanos agresivos y capaces de destruir la vida. En otras palabras, era una ventaja moderar la capacidad de amar, incluyendo el amor por la Naturaleza y el respeto por la Madre Tierra. Era una ventaja perturbar los procesos fisiológicos en el período perinatal, particularmente la fase que va desde el nacimiento del bebé hasta la expulsión de la placenta, y que ahora sabemos que es crítica en el desarrollo de la capacidad de amar.

A través de miles de años se han ido seleccionando los grupos humanos según su potencial de agresividad, y todos nosotros somos, hoy día, el fruto de tal selección. Estas consideraciones pertenecen al contexto de lo que yo llamo ‘Criterio del siglo XXI’ (7).

Nos encontramos en un momento crucial donde la Humanidad debe inventar nuevas estrategias de supervivencia. Actualmente estamos llegando al límite de las viejas tradiciones. Tenemos que hacernos nuevas preguntas del tipo “¿Cómo se desarrolla el amor y el respeto por la Madre Tierra?”. Para no seguir destruyendo nuestro planeta necesitamos más que nunca la energía del Amor.

Todas las creencias y costumbres que ignoran el instinto protector materno ya no ofrecen ventaja evolutiva alguna. Tenemos nuevas razones para dejar de una vez de interferir en los procesos fisiológicos. Tenemos nuevas razones para redescubrir las necesidades básicas de las mujeres que dan a luz y las necesidades de sus recién nacidos. Este punto crucial en la Historia de la Humanidad coincide con el momento mismo en el que la Historia del Nacimiento atraviesa una etapa totalmente nueva.
Aunque todas las sociedades humanas han querido controlar el nacimiento, la situación es radicalmente nueva al comienzo del siglo XXI (8). Hasta hace muy poco, una mujer no podía ser madre sin emitir un flujo de hormonas, que son en realidad un complejo cóctel de hormonas del amor. Pero actualmente, con la industrialización de los nacimientos, la mayoría de las mujeres dan a luz sin producir estas hormonas. Muchas tienen cesáreas programadas, a otras se les bloquea su flujo natural de hormonas al utilizar la oxitocina sintética combinada con la anestesia epidural. Y aquéllas que dan a luz sin intervención muy a menudo reciben un agente farmacológico para la expulsión de la placenta en un momento tan crítico para la relación madre-hijo. Quiero subrayar que la inyección de oxitocina sintética no conlleva un efecto sobre la conducta porque no alcanza el cerebro. De seguir con tales prácticas, debemos preguntarnos cómo será la civilización futura.

Una Guía Simple y Lógica

Ya que es urgente mejorar nuestra comprensión de lo fisiológico, una simple guía nos parece apropiada para redescubrir las necesidades de las mujeres durante el parto.

Éstas pueden ser resumidas en una frase: en lo que concierne al parto y al nacimiento, todo lo que es específicamente humano debe ser eliminado, al tiempo que las necesidades mamíferas deben ser satisfechas.

Suprimir lo que es específicamente humano implica primero liberarse de todas las creencias y costumbres que han interferido la fisiología de este proceso durante milenios. También significa que el neocórtex, esa parte del cerebro tan desarrollada en el ser humano, necesita reducir su actividad, y que el lenguaje, específicamente humano, debería ser utilizado con extrema precaución.

Para satisfacer nuestras necesidades de mamíferos humanos necesitamos otorgar gran importancia a la intimidad, ya que todos los mamíferos tienen una estrategia para no sentirse observados cuando paren.

También tenemos la necesidad de sentirnos seguros. Es significativo que cuando una mujer disfruta de completa intimidad y se siente segura, a menudo adopta posturas típicas de los mamíferos, como por ejemplo, a cuatro patas. Es común oír decir que el nacimiento debe “humanizarse”. Pero en realidad la prioridad es “mamiferar” el nacimiento. El nacimiento debe, en cierta manera, deshumanizarse.

MichelOdent.com
www.wombecology.com
(www.birthworks.org/primalhealth)

(Las imágenes del artículo se han cogido del un buscador de imágenes, si alguno de lo autores desea que se elimine, sólo ha de hacérmelo saber)

De qué manera la Globalización está afectando el parto

Ina May Gaskin

Probablemente la mayoría de vosotros sabéis que Estados Unidos ha sido el primer país en la historia que ha eliminado la profesión de comadrona. Siguiendo el liderazgo de Estados Unidos, Canadá fue el segundo país, haciendo de la mayor parte del continente de América del Norte un territorio ilegal para el ejercicio de la profesión de comadrona. Sólo la barrera lingüística y las profundas diferencias culturales entre Estados Unidos y México protegió a las «parteras» mejicanas de este fenómeno. La aniquilación de la matronería fue un experimento social de carácter masivo que, durante un largo período, causó para las mujeres la pérdida de una fuente de conocimiento sobre las capacidades de sus propios cuerpos. Generaciones sucesivas de mujeres norteamericanas no creían que podían dar a luz sin fórceps, analgésicos, hospitales, doctores y episiotomías. Por otra parte, ya nadie creía que la leche materna fuera buena, ya que muy pocos médicos sabían algo sobre la lactancia materna. Siguiendo los consejos de sus médicos, las mujeres muy obedientes, alimentaron a sus hijos con leche de vaca, creyendo que esta alimentación produciría niños más sanos que los niños alimentados con su propia leche.

Todos estos cambios radicales sucedieron en el mismo período en que las mujeres norteamericanas obtenían por primera vez el derecho de voto. De hecho la matronería había sido ya destruida en EU y Canadá antes de que las feministas se dieran cuenta de cuán importante era una matronería fuerte y autónoma para proteger el conocimiento y la sabiduría de las mujeres en cuánto a su capacidad de parir y amamantar. Las feministas tenían en esa época muchas otras prioridades, por lo cual los temas ligados al nacimiento no emergieron durante un largo período.

Durante la primera parte del siglo XX, fue difícil para las mujeres darse cuenta de que no eran los hospitales y los médicos los que hacían que un nacimiento fuera más seguro que 100 años antes. No tenían consciencia de que eran las mejores condiciones sanitarias, el agua potable, las mejores vías de comunicación y de accesibilidad, junto con la técnica de transfusión sanguínea las que contribuyeron a reducir constantemente las tasas de mortalidad materna entre 1936 y los años 1970 y no el hecho de que 99% de los nacimientos fueran hospitalarios.

Cuando las mujeres comenzaron a entender esto, reaccionaron en contra de la deshumanización de los partos hospitalarios, quedándose en sus domicilios para dar a luz con amigas que escogían para oficiar de comadronas. Este fenómeno cogió por sorpresa al cuerpo médico. El movimiento de parto natural que comenzó en los años 60 demostró que las mujeres podían, mediante la organización y la acción directa resucitar una profesión que había sido despreciada y rechazada. Cuando mujeres norteamericanas -como fue mi caso-, descubrimos formas de aprender a ser comadronas, supimos que Europa y el resto del mundo no habían seguido el ejemplo de EU y que por el contrario, habían mantenido la profesión, y en el caso de los países más avanzados, habían formalizado la formación de comadronas. Quizás no puedan imaginar cuán excitante fue para nosotras, en EU, saber y darnos cuenta que la matronería había sobrevivido en todas partes. Comencé a entender que las comadronas en Europa no habían sobrevivido en todos los casos con su profesión intacta. Por «intacta» entiendo con el tipo de autonomía que nosotras por lo menos en nuestro pueblo, consideramos necesaria. Pero con una profesión legal y aparentemente floreciente en todos los países europeos, pensamos que los europeos estaban más adelantados que los americanos y que habían evitado la pérdida de los conocimientos acerca del parto que habían sufrido las mujeres en EU y Canadá. Esta pérdida del conocimiento que produjo un incremento tan importante de cesáreas y de partos instrumentados.

Empecé a ser consciente de los efectos de la globalización en el nacimiento a través del mundo cuando leí acerca de cómo los grupos hospitalarios americanos compraban hospitales en cualquier país rico donde había hospitales para comprar. Este fenómeno me chocó y me preocupó, porque supone que estas empresas estaban lanzando sus tentáculos tan lejos como podían y -si la gente y los gobiernos se descuidaban-, las corporaciones americanas iban a influenciar la atención sanitaria en países que estaban actualmente brindando una mejor atención sanitaria que la que muchos ciudadanos americanos reciben. De la misma manera que la firma MacDonalds se expandió en el mundo como una enfermedad contagiosa, así el estilo «MacParto» de atención a la maternidad empezó a remplazar mejores y más saludables sistemas locales de atención materno-infantil. La característica clave del modelo «Macparto» es la utilización frecuente de drogas farmacéuticas y de tecnología médica que genera ingresos a ciertas empresas. Digámoslo claramente: un alto porcentaje de partos sanos, naturales en cualquier país es una mala noticia para estas empresas. Sin embargo, esto es bueno para la salud pública, y esto es lo que debemos subrayar a la población, a los ministros de salud y a los gobiernos de nuestros propios países. Las empresas no colocan a la salud pública entre sus prioridades. Nosotros lo sabemos cuando vemos el crecimiento incontrolado y la extensión de la biotecnología, de los alimentos y los medicamentos genéticamente modificados, la energía nuclear, los tratamientos hormonales substitutivos, la medicina de la fertilidad, la cirugía estética, impresionantes campañas de marketing para vender todo lo citado a gente que realmente no necesita de estos productos y servicios. Los beneficios son el único motor de estas empresas y debemos ser conscientes de ello. El sueño de las empresas en cada país del mundo sería que las mujeres planifiquen la fertilidad desde su más temprana edad tomando pastillas anticonceptivas hasta que estén listas para tener una familia, que programen sus partos por cesárea precoz, que aquellas que quieran parir por vía vaginal deban justificar su opción, que la depresión postparto que resulte sea tratada con drogas, que todos los bebés sean alimentados con alimentos especiales, que las mujeres tomen hormonas durante la menopausia y continúen tomando por el resto de sus días.

Por todo ello, vale la pena estudiar lo que ocurrió en EU a principios del siglo XX, en un tiempo en el que las mujeres aprendieron a temer sus propios cuerpos. Cuando las mujeres respetan sus propios cuerpos y entienden como acceder a su química interna para facilitar el parto y la lactancia, las estrategias de marketing no funcionan.

Es fácil difundir miedo a través de los medios de comunicación. Hollywood lo ha demostrado. Cuando analizamos el crecimiento de las tasas de cesáreas en la mayoría de los países europeos en las últimas dos décadas, debemos reconocer que las películas americanas y los programas de televisión tienen una gran responsabilidad en la difusión y el marketing de la tecnología en torno al parto y al nacimiento. Debemos ser muy creativos e inteligentes cuando ideamos estrategias para convencer a las mujeres de que sus cuerpos no son máquinas deficientes y que la manera más cara no es siempre la mejor manera. De lo contrario, el mundo de pesadilla que creamos nos destruirá a todos.

Yo sugiero que hagamos el mundo para las generaciones futuras protegiendo el principio básico de las comadronas que creen que el cuerpo de las mujeres ha sido maravillosamente creado para realizar el acto de dar a luz y que enseñemos a las mujeres (y al público en general) cómo el parto institucional tiende a socavar la confianza de las mujeres en sus propias capacidades. Esta será una gran tarea, pero yo creo que es realizable.


Texto copiado de www.migjorn.net.
Ponencia del II Congreso Internacional de Parto y Nacimiento en Casa

 

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Relato de Parto: Mely

Relato de Parto: Mely

Desde el 6 de mayo del 2009 te disfrutamos entre nosotr@s…

Gracias Universo, gracias Madre Naturaleza, gracias Milagro de la Vida…

Desde hace unos años, contrastando experiencias que me contaban madres que habían parido en casa y madres que habían parido en hospitales, había decidido que quería parir en casa.

Cuando nos quedamos embarazad@s y supimos que, por cuestiones laborales, te daríamos a luz en Gran Canaria, comenzó nuestra búsqueda. En Granada (donde antes vivía) conocía a un grupo de matronas muy apañadas llamadas las Ocean Matronas, pero aquí no conocíamos a nadie que atendiera un parto domiciliario.

Por una de esas fortunas y “causalidades” de la vida, nuestra acupuntora, Adelina, que sería nuestra doula, nos dio una revista llamada +Q9meses y ahí contactamos con Laura y Olga: nuestras matronas o el arte de la invisibilidad… las lié en cierto modo y nos vieron tantas ganas y tan desamparad@s y al mismo tiempo decidid@s a parir en casa sin miedos, que accedieron a acompañarnos en nuestro parto.

Yo había leído tanto sobre el parto. Parecía que estaba estudiando para parir. Sabía (y he comprobado) que mi cuerpo tenía la sabiduría milenaria para parir de forma natural, pero vivimos en una civilización que nos enseña a tener un cuerpo, y sobre todo, un útero, tan rígidos, que quería que mi parto fuera una mezcla de información e intuición. Y así fue.

Así que empecemos el relato…

Mi embarazo fue fantástico y muy saludable hasta el último mes, en el que me pre-ocuparon (qué gran palabra, cuando hay que ocuparse y no pre-ocuparse) porque decían que mi criatura era demasiado pequeña… Por suerte mis matronas decían que la naturaleza es sabia y que para mí, midiendo algo más de metro y medio, era mejor no albergar en mi cuerpo a un cuerpecito muy grande. Pedí al Universo que nacieras san@ y fuerte y con un peso que nos permitiera tenerte en casa y que no te separaran de mí…

No importaba lo grande que fueras, porque sabía que serías una gran gran persona y que tenías mucha fuerza, lo sentía en tus movimientos.

Hice estas afirmaciones reikianas para ayudarte en tu tránsito a esta vida…

Mi parto es placentero

Mi parto es indoloro

Mi parto es natural

Mi parto es vaginal

Mi parto es rápido

Mi parto es en casa

Mi parto es orgásmico

Mi parto me empodera

Mi parto me conecta con mis ancestras

Soy fuerte para mi parto

Mi bebé goza de buena salud

Mi bebé tiene el peso adecuado

Mi bebé se nutre sólo con mi leche

Mi bebé es fuerte

3 somos 1 con el poder del amor

El 14 de abril me hicieron “un palpo” sin explicarme por qué ni para qué, con la excusa de que se suponía que mi criatura pesaba 2 kilos en la semana 37… para decirme que tenía 1 cm de dilatación (que podía perfectamente estar así desde el comienzo de mi embarazo) y el 20% del cuello uterino borrado…

El resultado fue que empecé a sangrar hasta que el viernes 17 expulsé el tapón mucoso…

Puse a todo el equipo de parto, Adelina, Olga, Laura y a Helí, el papá, en alerta… pensé que mi bebé ya venía… y me dio terror pensar que nacieras con 2 kilos y no poder parirte en casa…

Ese día no fue el día que naciste pero empecé a notar más las contracciones “de práctica” y a partir de ahí tuvimos unas cuantas falsas alarmas, una de ellas fue muy fuerte, en la noche del 26 al 27, justo antes de que llegaran tus abuel@s matern@s desde Andalucía… pero esperaste para salir para crecer un poquito más…

Paseando por Las Palmas con mi hermana, a menos de 24 horas de dar a luz

Paseando por Las Palmas con mi hermana, a menos de 24 horas de dar a luz

El día antes de que nacieras, habíamos ido con mi familia a pasear por Las Palmas de Gran Canaria, yo notaba contracciones, pero pensaba que era una falsa alarma como las otras veces, y eso que ya estaba de 40+2…

Las contracciones se fueron haciendo más evidentes a medida que pasaba el día y yo seguía caminando, hablando, haciendo como si nada. Al regresar a casa estaban espaciadas cada 15 minutos pero eran constantes aunque bastante soportables como para que nadie se diera cuenta, porque yo seguía sin decirle nada a nadie.

Esa noche le pedí a mi madre que me hiciera un batido de fresa y melón. Hay que decir que la noche antes de tenerme a mí mi madre se comió casi medio melón. Así que, cuando se le aflojó la barriga en el proceso de parto, como era primeriza y le daba vergüenza que en el hospital se rieran de ella (detalle que dice mucho del trato que se da en general en los hospitales), pensó que era el melón que le había sentado mal, a pesar de estar ya cumplida. Yo en principio fui casi, casi, un melón.

Después de cenar el riquísimo batido, le confesé a Helí, que llevaba con contracciones todo el día, pero que ahora se estaban haciendo más presentes… Nos acostamos a las 12 sonriendo al pensar que quizás esa noche fuera la noche que tú, bebin@, vinieras a nuestros brazos. Yo dormía entre contracciones, hasta que, a las 4 de la mañana, las contracciones no me dejaron dormir más. Empecé a pensar en ellas como “ráfagas”, como dice la matrona Ina May Gaskins, como crestas de olas que tenía que subir, y en mi útero como un pétalo de una flor eternamente abriéndose, como una onda haciéndose grande al caer una gota en un lago, como un mandala circular y espiral…

Relajaba la mandíbula, descolgándola y emitiendo una “a” que al principio casi no sonaba, era casi toda aliento, hasta que se convirtió en una especie de canto que iba a más agudo conforme subía a la cresta de la ráfaga. Normalmente había como 3 notas, como una escala de 3 armónicos.

Me colgaba del fular portabebés que habíamos puesto en el techo, me columpiaba en él, me ponía en posición de oración moruna en la cama.

Fui al baño a hacer caca como unas 14 veces y vomité como unas 4.

Helí me empezó a tocar los puntos de shiatsu que le había dicho Adelina para acelerar las contracciones, uno entre el pulgar y el índice de las manos y otro como 3 dedos sobre el tobillo, en la parte externa de las piernas. Adelina finalmente no pudo estar presente en el parto porque daba un curso en la isla de La Palma, pero yo recordaba sus palabras: “No pienses en las contracciones como dolor, piensa en movimientos de tu útero para sacar a tu bebé y agárrate a los descansitos entre ellas.”

A las 7, pensamos que era hora de llamar a las matronas. Olga tenía turno en el materno y nos dijo que llamáramos a Laura, que ella vendría en cuanto saliera.

Despertamos a mis padres y a mi hermana y yo hice la broma con mi madre de que “me había sentado mal el melón”. La verdad es que el sentido del humor no me faltó en todo el parto y creo que fue una de las claves para que fuera tan rápido.

En todo momento yo te hablaba, mi peque, te decía: “Muy bien bebé, bien cariño, lo estás haciendo muy bien, eres fuerte, mamá está contigo, nos estamos ayudando, gracias…” Y eso hizo que me sintiera en plena fusión contigo.

Invoqué a todas las mujeres del mundo, recordé a mi madre, que había pasado por eso 3 veces, a mi abuela, que lo había pasado 7, a todas mis ancestras, a mi amiga Ana y su parto con fórceps, a mi amiga Tarha de la que tanto aprendí, a mi amiga Sara y su parto en casa, a mi colega Ouardia y su hijita muerta, a tantas, tantas mujeres, e invoqué su fuerza y la energía de todo el universo… Y fue maravilloso e increíble sentir que me llegaba.

Aunque Adelina no pudo estar en el parto, tenía su “tense”, una especie de electrodos que , puestos en la espalda, calmaban las contracciones. Pero, como otros datos risibles en mi parto, casi no tenía pilas y yo lo tenía al máximo porque no notaba apenas su vibración. Le cambié las pilas cuando me di cuenta pero sin bajar la intensidad y… ¡menudos calambrazos me dio! Fueron mis únicos gritos en la dilatación, así que reboleé el “tense” hacia un rincón de la habitación donde me lo encontré al día siguiente y me partí de risa recordando el momento.

Llegó el abuelo paterno a por mi familia. Empezaba a perder la conciencia del tiempo y a entrar en un estado sutil de conciencia, de meditación profunda, de otro tipo de ondas cerebrales…

Sentí el telefonillo, serían las matronas, o al menos una de ellas… Desde que llegaron, primero Laura y luego Olga, su “presencia” era como angelical, como espiritual, casi como una ausencia. Estaban sin estar.

“¿Dónde está?”, escuché que Laura preguntaba a Helí en el pasillo.

“Qué guapa estás”, me dijo Laura después de abrazarme. Fue una de las pocas frases que salió de su boca en las 3 horas que pasaron hasta que di a luz. Me preguntó si había roto aguas. “No sé”, dije, y al instante pisé un charco en el empapador sobre la cama y rectifiqué, “creo que sí”. Olí mi líquido amniótico, sin saber que así me estaba estimulando el proceso del parto. Más tarde supe que incluso chuparlo me hubiera ayudado aún más.

Calculé que serían las 8, o quizás no… Yo veía que amanecía, cada vez más luz, pensaba “es tu primer día bebé, qué momento más bonito para empezar a nacer.” Pero pensaba al mismo tiempo que quedaba mucho, pero que mucho. ¡Yo era primeriza! Y había escuchado y leído sobre partos de primerizas que duraban 12 horas, 1, 2, 3 días… El tuyo, bebin@, duraría apenas 7 horas.

Todo pasaba deprisa y como en un sueño (¡qué razón tuvo Laura al describir su primer parto como “el estado de meditación más profundo que conocía”!). Volví a vomitar y pensé que vomitar era como lo peor, por lo mal que me sentía al hacerlo, y, al mismo tiempo, lo mejor, por el alivio tan grande que me daba luego. Pensé: “¿Es éste el momento que llaman la transición? Muchas mujeres vomitan en este momento… Pero ya había vomitado tanto, que no sabía…

El fular del que me colgué y columpié al principio de las ráfagas

El fular del que me colgué y columpié al principio de las ráfagas

Laura me sugirió que me diera una ducha y a por ella fui, y de ahí en adelante me quedé desnuda, no soportaba el roce de la ropa, me sentía salvaje, instintiva, animala… Laura pidió a Helí algo para quemar, para descargar el ambiente, y encendieron una vela bajo la esencia de jazmín… qué rico olía… ese olor se mezclaría con el olor a parto, a ti, mi criatrua, y a mis entrañas, un olor que se quedó en la habitación un buen tiempo…

Me pareció escuchar a Helí pasando la aspiradora y pensé “¿qué hace este hombre haciendo eso ahora?”. Luego me enteré que era el inflador de la piscina, y que tardaba tanto en inflarla porque, con los nervios, mientras la inflaba por un lado… la desinflaba por el otro que no tenía el tapón puesto…

Escuché de nuevo el telefonillo, mezclado con mi canto en cada ráfaga. “Olga”, pensé, “eso quiere decir que son más o menos las 9,30” (ella salía del materno a las 9). Luego Helí me dijo que llegó casi de puntillas, pidiendo permiso para entrar, se cambió de ropa calmosamente y bebió agua, toda tranquilidad y serenidad como es ella.

Laura me seguía a todos lados controlando los latidos de Dafne con su Sonicaid acuático, mientras yo le preguntaba si mi bebé estaba bien “sí, todo va muy bien, perfecto”, me respondía; y Olga me echaba agua en el útero en cada contracción. Yo me rendía a cada ráfaga, me estiraba en los descansitos y los agradecía al universo. Respiraba intentando llevar el oxígeno a cada músculo tenso, resoplaba como un caballo, echaba el aire poquito a poquito como a través de una pajita para aprovecharlo todo.

Mirándolas a las dos, a Olga y a Laura, pensé que eran como dos almitas silenciosas, dos angelitos que discretamente me acompañaban sin intervenir.

Decidí darme otra ducha y le pregunté a Laura si podía llenar la bañera y quedarme ahí. “Claro, como quieras” me respondió.

Mientras, Helí, el papá, parecía una sombra veloz por el pasillo con ollas, teteras y manguera para llenar la piscina. Más tarde me contó que incluso se pegó un par de resbalones en el pasillo. El pobre controlaba al mismo tiempo el camping gas, la vitro de la cocina, la kettle y la manguera. Yo no paraba de preguntar “¿me puedo meter en la piscina?” y una de mis dos matronas decía, pacientemente, “todavía no”. “¿¡Todavía no tengo 5 cm, por Dios!?” pensaba para mí. Y con ese pensamiento, miré a Laura tras una de las ráfagas, hice el símbolo de los cuernos con la mano derecha y dije “Esto es Heavy Metal”. Laura se partía de la risa. Y lo mejor es que, no es que yo no tuviera aún 5 cm de dilatación (mis matronas-angelitas nunca me exploraron, cosa que agradezco, porque yo sólo quería moverme libremente) es que… ¡iba todo tan rápido que no daba tiempo a llenar la piscina!

Empecé a notar que la pelvis se me ponía en retroversión (recordando al mismo tiempo a Dory, la rehabilitadora de suelo pélvico del hospital Negrín) y que tenía ganas de empujar. “¿Debo empujar? ¿Es esto el expulsivo?”, pensaba. Inmediatamente, me dije que era una ilusa, que aún me quedaba mucho, pero al mismo tiempo, dejé que mi cuerpo hiciera lo que quisiera y, si quería empujar y las matronas no me decían lo contrario, que empujara. Luego me di cuenta de que en ningún momento sentí que “empujaba”, era mi útero el que hacía todo el trabajo. Era increíble cómo mi culo se iba hacia adelante en cada ráfaga.

La piscina donde di a luz…

La piscina donde di a luz…

Pregunté por enésima vez si podía meterme en la piscina. “Todavía no, falta poco” dijo Olga, creo. “¿¿¡¡Aún no tengo los 5 cm esos!!??” Y se me cruzó brevemente por la cabeza (esa cabeza que nos juega malas pasadas) si no había sido demasiado “gallita” al rechazar toda analgesia y anestesia para el parto (para colmo, Adelina y sus agujas de acupuntura no estaban y el “tense” yacía en algún rincón escondido de la habitación) y si me iba a rajar con tanto deseo de empujar y menos de 5 cm de dilatación. Desterré ese pensamiento rápidamente y volví a invocar a mis ancestras que, durante siglos, milenios, habían parido “a pelo”… como yo ahora. Me sentí muy fuerte de nuevo y muy fusionada a ellas a través del espacio y del tiempo.

Por fin, llegó Olga y me dijo que podía entrar en la piscina (para entonces, ya una de las veces me había dicho que era porque no estaba lo suficientemente llena, para mi alivio)

Fui por el pasillo como pude, no sé si incluso me vino una ráfaga en medio. Entré en la piscina y vi que el nivel del agua estaba a la mitad del indicado. Sonreí para mí. Como Laura me abanicaba y Olga seguía echándome agüita calentita en el útero en las contracciones, dije: “Me siento como la reina de Saba”. Laura sonrió y respondió: “Lo eres, lo eres”.

A partir de ahí todo fue rapidísimo. Vino una ráfaga y vi a Olga y a Laura recoger una caquita con el colador. “Mirad, qué bebé más pequeño he tenido”, dije riendo. Ellas también rieron. En la siguiente ráfaga le dije a Laura: “¡Cómo quema!”, recordando lo que me había contado ella de su primer parto. Llegó otra ráfaga (yo diría que fue la tercera desde que me metí en la piscina) un poco más fuerte que las demás en la que yo me dije “bueno, esto no ha hecho más que empezar”.

¿¿¡¡Todavía no tengo los 5 cm ésos!!?? Esto es Heavy Metal…”

De pronto, sentí como si alguien me abriera las caderas por atrás. Yo había adoptado, no recuerdo cuándo ni cómo, una postura muy cómoda, de rodillas, con las rodillas separadas y los pies juntos, sentada sobre el culo y los talones y con el tronco muy erguido y cantando mis armónicos hacia el cielo. Instintivamente, me toqué entre las piernas. “¡Una cabeza con pelo!”, dije, y grité “¡Helí!¡Helí!”. Laura dijo: “¿Quieres que venga Helí?”. “Sí”, respondí. Laura salió al pasillo: “Helí, te llama”. Él llegó rápido pensando que lo llamaba para agarrarme en las contracciones. Cuál sería su sorpresa cuando cogiendo su mano le hice tocar “la cabeza con pelo”. Yo repetía aquella frase rompiendo en carcajadas de éxtasis, de placer, de incredulidad por lo rápido que había sido todo. Me había imaginado mucho más dolor. El pobre Helí, al verme carcajearme, pensó que me había vuelto loca del dolor. No había tanto dolor. Yo, que he tenido ortodoncia, he conocido visitas al dentista peores…

El tiempo de descanso fue muy breve esta vez y papá ya no se movió de mi lado, de nuestro lado. Estaba detrás de mí, fuera de la piscina. Le miré, reí, le besé y llegó otra ráfaga. Me aguanté el clítoris hacia arriba y chillé tan agudo (el más agudo de los armónicos que había cantado) que pensé que llegarían los vecinos o la policía, y me dio igual. Laura me cogió la mano y captó mi mirada y dijo conmigo “ah, ah, ah” como si fuera un perro con la lengua fuera. Eso me ayudó mucho para destensarme, pero volví a emitir el agudo porque se me desgarraron un poquito los labios al salir tu cabecita, mi bebé, mirando hacia abajo. Te giraste sol@ y abriste los ojos mirándonos desde dentro del agua, imagen que se nos quedaría grabada para siempre. Reí a carcajadas. “No me lo puedo creer”, repetía. Éxtasis. Orgasmo.

En ese único momento me dio pánico. Sentía las piernas y los brazos de mi bebé agitándose dentro de mí. “¿Qué hago?”, pregunté. Las matronas, en una de sus poquísimas indicaciones rieron y creo que fue Laura quien dijo: “Empuja un poco más, ya está”. “Ah, pero, ¿yo he empujado?”, pensé. Una ráfaga y un chillido más y saliste hasta la cintura, una ráfaga y un chillido más y el resto de ti ya estaba fuera. Tú sobre mi pecho, llantos de alegría mezclados con risas, papá besándonos, Olga y Laura abrazándose llorando, el tiempo se detuvo… Explosión de alegría y placer. Tú no lloraste, sólo tomaste aliento y respiraste. Tú ya estabas aquí. Tú.

Después de que salieras todo fue muy rápido y como un sueño. Te tuve entre carcajadas pegadit@ a mí, te besaba sin parar, no paraba de olerte (aunque me dieron ganas de lamerte, otra vez sin saber que la ingestión del vérnix contribuye a mejorar el estado físico y anímico en el postparto)

Pregunté la hora: “Son casi las once”, me dijeron. “No me lo puedo creer”, fue mi repetitiva respuesta aún entre risotadas. 7 horas de parto. Qué bien que olías, no podía parar de olerte.

“Vamos a ver qué es, que aún no lo hemos visto”, dije refiriéndome al sexo del bebé, que habíamos decidido no saber hasta el parto… Mi mirada miope buscó en la oscuridad del cuarto (que era como un gran útero) y mi mano palpó algo que me parecieron 2 huevecilllos… “¡Es un niño!”, dije. “Hola Garoé (ese era el nombre de niño elegido)” “Bienvenido Garoé” “¿No quieres tetita, Garoé?”…

Y tú pasabas de nosotr@s y te dedicabas a mirar a tu alrededor. Seguíamos metid@s en la piscina, y, aunque habían añadido un poco más de agua caliente, al rato se empezó a enfriar.

“¿Quieres salir ya?”, me preguntó Olga o Laura, no recuerdo quién. Dije que sí y me ayudaron hasta la cama, yo seguía contigo en brazos porque seguíamos enganchad@s con el cordón y con tu placenta aún en mi interior. En la cama, alguien (¿quién?) había dispuesto primorosamente todos los cojines, almohadas y almohadones de la casa para hacerla más confortable. “Mi intuición no me ha fallado, me decía que tendría un niño”… (la de papá decía que serías una niña…)

“¡Mami, que soy una niña!” Dafne a las 3 horas de vida, aproximadamente

Te habían envuelto en dos toallas calentadas en el calientatoallas y… seguías siendo “un niño”. Cuando ya estábamos l@s tres acomodad@s en la cama, papá dijo: “A ver, que le vea la cuca”… y cuando miró tu vulva toda hinchada exclamó… “¡Mely! ¡¡Pero si esto es un chocho!!”

Las matronas rieron. ¡Ayyyyyy! ¡Pobre mía! Te besé, te pedí perdón, supliqué para mí misma que esto no te creara ningún trauma futuro. “Perdona, Dafne, esta es la madre despistada que te ha tocado”. Laura dijo: “A mí ya me había parecido que era una niña, pero no quise contradecir a una madre” Yo entonces dije que me alegraba de que fuera una niña por tanta gente que me había dicho que “Como estaba muy guapa embarazada, sería un niño”… (jodido machismo patriarcal hasta antes de nacer…)

“Perdón, Dafne(el nombre de niña elegido), perdón” “Hola Dafne” “Bienvenida Dafne” “¿No quieres tetita, Dafne?” y tú, como buena mujer guerrera, segura de su identidad de mujer, ya que tu sexo había quedado claro, entonces y sólo entonces… mamaste por primera vez, mientras yo tenía las últimas contracciones y daba los últimos empujones para expulsar la placenta… ¡Qué grande era! La vi y me dieron ganas de comérmela. Y ahí llegó Olga con su bisturí y nos dio de comer cachos de placenta… Qué rica estaba y qué bien sentaba… Sabía como a sudor limpio, como al olor de cuando hacemos el amor, como a mí… Pero de nuevo, al igual que al pensar en lamerte, “me vi desde fuera” y dejé de comer. El neocórtex me empezaba a jugar malas pasadas y a sacarme de la profundísima meditación que fue mi parto.

Olga y Laura me dijeron que mi periné estaba intacto pero valoraron si darme o no un punto de aproximación en mi labio derecho que se había desgarrado un poco. Me consultaron y al final decidimos que sí. Aprovechando que estaba “endorfinada” (¡viva la droga natural!) me dieron el punto y salieron de la habitación, dejándonos sol@s por primera vez a l@s tres… Helí sonrió y él y Dafne se durmieron… Yo no podía, tenía las pupilas como naranjas, así que me dediqué a contemplar a mi bella familia, recién estrenada.

De izquierda a derecha, Olga, yo con Dafne en el fular 3 horas después de parir, y Laura. Sobre la mesa, el despliegue nutritivo propio tras una noche de trabajo de parto.

De izquierda a derecha, Olga, yo con Dafne en el fular 3 horas después de parir, y Laura. Sobre la mesa, el despliegue nutritivo propio tras una noche de trabajo de parto.

Las matronas entraron al rato y nos enseñaron a mí a pinzar el cordón y a Helí a cortarlo. Tras pinzarlo, salí sola por primera vez, sin Dafne dentro ni encima, fui al baño a hacer pipí y me pesé: 52k 200g. Volví cuando Helí había acabado de cortar el cordón y me puse a Dafne en el fular portabebés elástico y la arropé bien con mantitas encima. Salí de nuevo con ella colgada y me dirigí al baño, para pesarme otra vez: 55k 600g… ¡3k 400g de diferencia! Menos mal que iba a tener una criatura pequeña… Restando el peso de fular y mantitas, calculamos que Dafne pesaría unos 2k 900g. Como tod@s teníamos un hambre voraz, nos dimos un desayuno-almuerzo (eran casi las 2) de homenaje. Nos hicimos nuestras primeras fotos y, como la familia estaba a punto de llegar, las matronas se fueron.

Helí cogió a Dafne por primera vez y se quedó dormido en el sofá con ella encima, también dormida. Yo seguía sin poder dormir de puro endorfinamiento, con una sonrisa de felicidad que no me cabía en la cara y un “subidón” increíble. Lo había conseguido. Confié en mi cuerpo y en el saber impregnado en mis genes generación tras generación y había parido sin drogas, sin dolor, sin problemas, en casa; había tenido el parto que yo quería. Era todo un sueño hecho realidad. Miraba a Dafne y era una mezcla de “no me lo creo” y “te conozco de toda la vida y es como si siempre hubieras estado aquí a mi lado”…

De pronto, tocaron el timbre y Helí se despertó y dijo que él abría. “No, déjalo, tú tienes a la niña encima, voy yo”, dije.

La imagen de la nueva y feliz familia dice más que todas estas palabras…

Cuando entraron nuestras familias, no podían creer que fuera yo la que estuviera abriendo la puerta ni la energía que tenía. “¿Tú no tenías que estar acostada?”, dijeron casi regañándome. “¿Yo?, ¡pero si estoy estupendamente!”, contesté. Al ver a Helí tumbado en el sofá con Dafne encima dijeron: “¿Pero aquí, quién ha parido?”

Esa noche, con lágrimas saltadas Helí me dijo: “Gracias. Es lo más bonito que han hecho por mí.” Ya acostad@s nos sonreíamos y repetíamos: “Qué bonita es…”

Mi amiga Mayma Namar, que sabe mucho de calendario maya, me había dicho que tú habías nacido bajo el sello de Noche Magnética, y que traías contigo el poder de la abundancia… Traías tu generosidad para que nos sintiéramos tan abundantemente llen@s de amor…

La madrugada del 8 al 9 de mayo, tu tercera noche durmiendo con nosotr@s, sobre la hora de la entrada de la luna llena, me desperté y vi que tenías (por “causalidad”) las dos manos en la misma posición: el pulgar unido con el índice y el resto de los dedos extendidos, como si fueras a emitir un “om”, como un mudra de meditación…

Nuestra familia fue desde el principio muy armónica y abundantemente feliz.

Así naciste Dafne. En nuestra casa. Sin más drogas que la oxitocina y las endorfinas que mi propio cuerpo producía. Sin adrenalina. Sin prisas. Sin rellenar formularios. Sin episiotomía ni desgarro perineal. Sin siquiera exploraciones. Laura y Olga dijeron que bastaba oírme para saber que estaba en trabajo de parto. “No hacía falta decirte nada, has tenido un parto de libro”, añadieron más tarde. Había parido sin órdenes y con la seguridad que daba su compañía, sabiduría, sensibilidad y profesionalidad… en silencio…

Y su silencio fue mi mejor ayuda. Gracias por estar sin estar. Porque mis matronas me respetaron y entendieron que mi parto era mío. Igual que cada parto es de cada una de nosotras, mujeres. Sólo necesitamos darnos cuenta de que tenemos la sabiduría ancestral milenaria para tomar posesión de él.

Gracias a Mely y Helí por su generosidad al compartir su relato.

Cómo lograr PVDC

Parir vaginalmente supone una serie de beneficios muy importantes:

  • la mujer siente satisfacción por su trabajo,

  • se reduce de 2 a 4 veces la muerte materna,

  • se reduce en la madre la pérdida de sangre,

  • facilita la lactancia,

  • minimiza las infecciones,

  • baja la posibilidad de lesiones en ambos

  • reduce los costos de hospital.

Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que cada país debería tener no más de un 10 a un 15 % de cesáreas al año.

Así, la Coalición para mejorar los servicios para la maternidad (CIMS, del inglés) establece una tasa de 60% o más de partos vaginales después de cesárea (PVDC).
Por su parte, El Centro de control de enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reconoce y demuestra que de un 60 a 80% de los PVDC son exitosos. El CDC sugiere que para el año 2010 se llegue a la meta de 37% en PVDC.
Según el Colegio Americano de Ginecólogos y Obstetras se puede intentar el PVDC hasta con dos incisiones horizontales realizadas en el útero.
En el libro Ob/Gyn Secrets, y otras investigaciones mencionan que la ruptura uterina por cesárea anterior es menor (sucede de un .5 a un 1%) que la ruptura en un útero no cicatrizado.
Si se observa un aumento de rupturas al utilizarse, número uno, prostaglandina para inducir y de acuerdo a lo gradual que se use le sigue la oxitocina.
Según todo lo leído el PVDC espontáneo – no inducido- incurre en menos muertes y es más saludabe que otra cesárea. El útero hace más que sanar, se regenera*.
No existe razón para que en Puerto Rico se practique la cesárea con tanta frecuencia

.

Nosotras tenemos la herencia genética y la salud de las que bien paren.

CESÁREAS

Las cesáreas salvan vidas y evitan enfermedades.
Las condiciones mandatorias para realizar cesáreas son:

  • placenta justo en la salida del bebé,

  • que el cordón umbilical salga antes que el bebé,

  • herpes genital activo,

  • placenta que se separa antes de tiempo (raro)

  • deformidad pélvica por alguna condición previa de salud.

Indicaciones probables, donde la decisión de realizar la cesárea depende de cada situación son:

  • las condiciones de salud,

  • operaciones uterinas,

  • placenta sobre cicatriz,

  • desproporción entre el tamaño de la pelvis y la cabeza del bebé (una desproporción real es rara),

  • estrés fetal (si los latidos del corazón fetal disminuyen trate primero moverse de posición), un “parto lento”,

  • posición del bebé que no sea de cabeza,

  • otras razones muy poco usuales en mujeres con un historial de salud bueno.

Según la Red Internacional de Prevención Consciente de la Cesárea, información de lecturas de diversas fuentes y un tanto de mis años de experiencia, antes del parto la madre y su familia o campañía de preferencia pueden seguir los siguientes pasos para evitar la cesárea:

  • * Educarse respecto a la fisiología del parto. Estudiar sobre los partos vaginales despues de cesárea (PVDC). Sobre los riesgos, las alternativas y las justas razones de las cesáseas y de otras intervenciones que pueden conducir a una cesárea. La información es accesible a través de clases, “internet”, libros, otras madres, educadoras prenatales y servidores y profesionales de la salud.
  • * Conocer la Ley Núm. 194 del año 2000, Puerto Rico “Carta de Derechos y Responsabilidades del Paciente. En “internet” ir a LexJuris, Puerto Rico. Art. 9 y 10 mencionan sobre tomar en consideración su opinión, etc.***
  • * Crear un plan de parto el cual puede discutir con su profesional de la salud y con el personal de las facilidades donde va a parir, darle copia del mismo a ambas partes (al leer este artículo tendrá ideas para crear su plan).
  • * Entrevistar a varios profesionales de la salud y personal administrativo de los hospitales sobre sus razones para hacer cesáreas y los porcientos de cesáreas y de partos vaginales practicados después de una cesárea.
  • * Importante, comer una dieta rica en nutrientes, minerales y vitaminas. Las proteínas, carbohidratos, frutas y vegetales evitan condiciones y complicaciones durante el embarazo, parto y nacimiento. Las vitaminas no sustituyen el alimento nutricional. En salud, la restricción de la sal no se recomienda durante la gestación. Tome agua a necesidad y en abundancia. Realice ejercicios moderados como el yoga, caminar, nadar,etc.

  • * Solicite los servicos de una acompañante al parto, monitora o una doula. Ellas ofrecen apoyo para tolerar la intensidad del parto sin el uso de drogas. Los estudios demuestran que el personal mencionado ayuda a reducir las cesáreas en un 51%, a disminuir 98 minutos el tiempo del parto y aumenta la satisfacción de la madre por su labor.
  • * Investigue cuántas semanas de gestación considera normal su servidor de la salud para el comienzo del parto. La inducción del parto antes de las 42 semanas aumenta el doble el número de cesáreas. Según Williams Obstetrics, uno de los libros más importantes entre obstetras de Puerto Rico y EEUU, se verifica y se considera saludable las 42 semanas de gestación.
  • * En la primera entrevista pregunte sobre los protocolos que se siguen para bebés que cerca de la fecha de parto están de nalgas. Indague si conoce sobre posiciones que la madre puede asumir para que su bebé pueda voltear y presentar la cabeza, si consideraría realizar una versión manual externa, y si asiste partos vaginales cuando los bebés presentan las nalgas.
  • * Pregunte en la primera entrevista si practica romper fuente artificialmente al comienzo del parto. Además, cuanto tiempo espera para el parto activo cuando las membranas rompen así o en forma espontánea. Ésto limita el tiempo que tendrá para parir (luego más información).
  • * Preguntar al profesional de la salud sus límites de tiempo para la segunda etapa del parto, el expulsivo. También si espera al reflejo de expulsión del feto o pujo involuntario. Este pujo no dirigido es efectivo por naturaleza y mantiene con suma frecuencia los vitales de la madre y su bebé dentro de los límites de la salud. Si le dicen cuando pujar porque no siente deseos respire profundo entre pujos.

Durante el parto si va a una institución hospitalaria:

  • * Quédese en la casa el mayor tiempo posible, hasta que comience a ser trabajoso hablar entre contracciones o cuando por dos horas tenga 2 contracciones en 10 minutos (coteje que el bebé se mueva mínimo 10 veces en doce horas). Si llega al hospital con tres contracciones dentro de un lapso de diez minutos es alta la posibilidad de evitar la oxitocina por vena. Usarla lleva otras intervenciones como el uso del monitor fetal, lo que aumenta el riesgo a cesárea. Y, la posibilidad de haber logrado dilatar los primeros y más lentos centímetros.
  • * Si por alguna razón le dan una fecha para la inducción, considere estimular la secreción de su oxitocina (hormona) cada día desde tres días antes, de ser posible, a la fecha dada por su médico. Las inducciones muchas veces terminan en cesáreas. Pero, en el libro Williams Obstetrics, se menciona de inducciones exitosas cuando se ensayan una vez y de no progresar se suspenden, entonces se intentan en los próximos tres días nuevamente. No obstante, es raro ver esta práctica. Por ello, le sugiero comience usted la secreción de su oxitocina para madurar la molécula que le permite a la oxitocina trabajar en el útero. El éxito del ensayo estriba en eso, la oxitocina sintética logra aumentar en número y a madurar las moléculas que reciben la hormona y facilitan la contracción del útero. Para segregar oxitocina de forma natural puede estimular por 15 minutos los pezones y la areola (puede ordeñarse manualmente o usar una bomba de lactancia,si es doble mejor), tome 15 minutos de descanso y vuelva a estimular por 15 minutos. Realice ésto por una hora, hágalo tres veces al día varios días corridos.
  • * De romper fuente (líquido amniótico -tiene un olor suave a menstruación, no huele a orín) coteje con su profesional de la salud el que todo esté bien. Si no ha comenzado las contracciones de parto o si llega muy temprano en el parto al hospital camine por lo predios de la institución o vuelva a su casa. La Organización Mundial de la Salud, de sus investigaciones deduce que una mujer sana luego de ruptura de membranas y sin cotejos vaginales se evita el riesgo de infección y se puede esperar hasta 48 horas para el comienzo de un parto espontáneo. En la Isla yo he visto que 24 horas es el plazo máximo concedido para lograr parto activo (4 centímetros, contracciones cada cinco minutos) para evitar practicar una cesárea. Muy rara la vez, he notado que se permitan 36 horas.
  • * Muy importante, en la primera entrevista pregunte si va a poder ambular en su parto. Es vital que en el parto busque una posición cómoda para usted, esto ayuda a que el bebé asuma una posición correcta. Su cuerpo le da las señales de lo que necesitan usted y su bebé para hacer un trabajo eficiente y exije ciertas posturas o movimientos para su mejor funcionamiento. Usualmente estas posturas espontáneas la hacen sentir más aliviada. Los huesos de la cabeza del bebé abren camino, rotan y bajan de forma lenta por los huesos de su pelvis. Evite disminuir el espacio pélvico estando acostada sobre su espalda todo el tiempo -mejor de lado-. Eso si, en el momento de sueño profundo que da antes del pujo duerma en la posición que quiera (durante el pujo le aumenta la adrenalina y el cuerpo le dará la energía que necesita para terminar el parto – el cuerpo siempre trabaja a su favor-).

 Su trabajo en el parto es respirar a de forma consciente en la contracción
y hacer lo que el cuerpo le pida, y lo va a hacer bien.

  • * Numerosos estudios demuestran que el uso continuo del monitor fetal externo o interno aumenta en demasía el número de cesáreas sin mejorar en forma alguna los desenlaces de un parto saludable. Además, la confinan a la cama. Desde la primera entrevista convérselo, pida descanso del monitor fetal por intérvalos o telemetría (auscultación a distancia que no requiere atarla a una máquina grande e inamovible).
  • * Coma o tome líquidos durante el parto. Los estudios reflejan que la mujer tiene mayor vitalidad y el parto transcurre mejor. De vomitar con algo en el estómago (lo cual está bien, la relaja más) es menos peligroso ya que los ácidos estomacales solos pueden ocasionar mayor irritación. Las investigaciones reflejan que un estómago lleno no causa problemas en cirugías. Se recomiendan las bebidas para atletas, la miel, teses, agua (ésta se absorbe en menos de 5 minutos), entre otros sustentos ligeros. Orine cada 60 a 90 minutos.
  • * Considere los masajes, la reflexología, los paños fríos o calientes, la bola de parto, afirmaciones como “cada contracción nos fortalece, me abre y hará que tengamos un nacimiento saludable”. El uso de fármacos es efectivo en pocas situaciones, como en un cansancio extremo donde la dilatación se descontinua. La madre descansa, se recupera y es preferible a una cesárea. Recuerde que estos fármacos llegan al bebé.
  • * La anestesia epidural hace el parto más lento, tiene efectos en el bebé y dificulta la lactancia. Usualmente la mujer la pide en transición, al final de la dilatación que es una fase que dura relativamente poco y que sucede antes del pujo. Permítase varias contracciones para acoplarse a la intensidad del parto antes de solicitarla. Esta es la fase donde usted tiembla (señal de adelanto), tiene sueño y las más intensas sensaciones en la contracción. El sueño es para que descanse y duerma entre contracciones así recupere para cuando llegue el tiempo de sentirse naturalmente despierta y con pujo. Este es un momento donde su acompañante pudiera darle ánimo ayudándola a respirar o sólo hablándole palabras de fortaleza y con ternura. De todas formas, si utiliza la epidural puede descontinuar su uso en el expulsivo para lograr un pujo efectivo.
  • * Parir acostada comprime vasos sanguíneos que alteran los signos vitales suyos y los de su bebé, razón por la cual se efectúan algunas cesáreas innecesarias. Y, es realizar un trabajo contra la fuerza de gravedad. A menos que el acostarse le surja espontánea y cómodamente adopte otras posiciones, de cuclillas o semisentada, etc.
  • * Busque información sobre los riesgos y beneficios de los procedimientos de rutina en caso de emergencia y antes de la posibilidad de enfrentarse a ellos. El por qué se utilizan, efectos a largo o corto plazo en usted o su bebé, que otras opciones existen, y si su compañía de preferencia puede estar con usted.
  • * Acuérdese, nada es ley. Confíe en sus instintos y en su cuerpo, que a su ritmo y compás sabe muy bien parir desde la primera vez que lo tenga que hacer. No persiga en su mente los residuos emocionales de una cesárea anterior, aclare sus dudas y deje ir. Busque gente que le de ánimo positivo, que crea en su potencial y le sea de apoyo. Evite el tema con personas con argumentos no deseados por usted. Lea sobre el asunto. Seleccione con calma quien le va a asistir en su trabajo de parto. Tome al menos un mes de entrevistas. Deje entrar a su vida sólo profesionales de tratos claros que busquen un balance envés de tratar de dominarle, y, que cumplan con los acuerdos que se estipulen. Busque referencias de otras madres. Por último, todos los días dedique 5 minutos para visualizar una buena experiencia, nútrase toda, escriba afirmaciones y póngalas donde las vea. Acepte que la vida sólo trabaja en amor y a nuestro favor.

Compilado por: Debbie A. Díaz Ortiz CPM, MPH

Este artículo puede ser reproducido.

Panza de Gaby Cobb, Costa Rica

***Sobre la Ley y los Derechos del paciente  en España

(Enlaces añadidos al texto original)