Salir del laboratorio, ¿volver a la habitación en penumbra? por Tricia Anderson

Traducido para Rompiendo Aguas por Ana Isabel Chinchilla

Rogamos que se reproduzca el texto en su integridad, para cualquier duda por favor contacten con: jesusaricoy@gmail

Hace poco se le pidió a Tricia Anderson [matrona y educadora conocida a nivel internacional] que hablara en una de las jornadas de estudios de “temas candentes” de MIDIRS [servicios de información y recursos para matronas, UK]. Irónicamente, tuvo que atender a una mujer que daba a luz en casa y no pudo darnos su charla, así que a continuación reproducimos el texto de su exposición.

Todo el mundo sabe que las gatas necesitan parir tranquilas en un lugar oscuro y aislado, como una caja forrada y blandita debajo de una cama, en el rincón más oscuro de la habitación más recóndita. Todos los que saben algo sobre gatos entienden que no hay que molestar nunca a una gata de parto ni a una gata recién parida con su camada, ya que de lo contrario se le interrumpirá el parto o rechazará a sus gatitos. Todo el mundo lo sabe.

Sin embargo imaginad que un día, hace ya tiempo, un grupo de científicos bienintencionados quisieron estudiar cómo paren las gatas, de modo que le pidieron a todos los dueños de gatas que cuando se pusieran de parto las llevaran a su laboratorio, un moderno laboratorio científico ruidoso y fuertemente iluminado donde los científicos podían estudiarlas conectándolas a muchos monitores y sondas, rodeándolas de técnicos desconocidos que entraban y salían con portapapeles en las manos… En el laboratorio, las gatas de parto podían oír a las otras gatas sufrir, y no no había rincones oscuros e íntimos donde refugiarse, sino hileras de jaulas bien iluminadas bajo la constante vigilancia de los científicos.

Así los científicos estudiaron durante muchos años el parto de las gatas en sus jaulas bien iluminadas y observaron que los partos eran inconstantes, que se ralentizaban o incluso se interrumpían y que las gatas se estresaban profundamente. Sus maullidos y lamentos eran terribles. Vieron que a muchos gatitos les faltaba el oxígeno, nacían en estado de ‘shock’ y necesitaban reanimación. Después de muchos años los científicos llegaron a esta conclusión: “Bueno, pues parece que las gatas no tienen muy buenos partos”.

Entonces, como los científicos eran gente bondadosa y querían ayudar a las pobres gatas, inventaron un montón de máquinas ingeniosas para mejorar el parto de las gatas, para monitorizar los niveles de oxígeno de los gatitos; inventaron medicamentos analgésicos y tranquilizantes para reducir el estrés de las pobres gatas, y medicamentos para hacer que el parto fuera más regular e impedir que se interrumpiera. Incluso desarrollaron ingeniosas operaciones de emergencia para salvar la vida de los angustiados gatitos.

Los científicos escribieron artículos científicos en los que explicaban a todo el mundo las dificultades que habían observado, que las gatas no tienen muy buenos partos, y la tecnología para el parto felino que habían inventado. Los periódicos y la televisión difundieron la noticia y muy pronto todo el mundo empezó a llevar a sus gatas de parto al laboratorio, ya que disponían de aquella ingeniosa tecnología felina y salvaban las vidas de muchos gatitos. Mientras miraban los complejos aparatos que los rodeaban, la gente decía: “Este debe de ser el lugar más seguro del mundo para que las gatas paran”.

Pasaron los años y los laboratorios de los científicos tenían cada vez más trabajo. Tuvieron que contratar más personal y darles formación en técnicas de parto felino; poco a poco, los primeros científicos envejecieron y se retiraron. Por desgracia, los nuevos expertos no conocían el experimento original: ni siquiera sabían que se trataba de un experimento. Nunca habían visto a una gata parir en una caja forrada y blandita en el rincón más oscuro de la habitación más recóndita, ¡pero bueno, qué idea más peligrosa!. Estaban absolutamente convencidos de que las gatas no paren bien sin asistencia técnica, (sólo hay que ver todas las pruebas de ello que habían acumulado durante años), y volvían a sus casas por la noche sintiéndose muy satisfechos con su buena e inteligente labor salvando vidas de gatas y gatitos.

Por desgracia, muchas matronas y médicos de hoy en día se han formado y han trabajado casi toda su vida en ese laboratorio, y en ese laboratorio (que es por supuesto una moderna Unidad de Maternidad), el nacimiento es desastroso.

En esta era de práctica médica basada en las pruebas obtenidas, hablamos mucho de la importancia de evaluar cada intervención, y sin embargo nadie dice que necesitamos desesperadamente evaluar la mayor intervención de todas: la de hacer que una mujer de parto se meta en el coche y vaya a un gran hospital donde es atendida por desconocidos.

Los efectos de encontrarnos inmersos en la segunda generación de esta intervención en masa se hacen cada vez más patentes. Cada año, el ENB [junta nacional de enfermeras, matronas y auxiliares sanitarios, UK] realiza en el Reino Unido una inspección de los Servicios de Maternidad. El informe de 1999-2000 (1) es una lectura deprimente. A pesar de existir bastantes iniciativas a pequeña escala para ampliar los conocimientos, capacidades y responsabilidades de las matronas, la sobrecogedora conclusión es que el número de partos asistidos sólo por matronas está descendiendo, en algunos casos incuso hasta el 52%. Hay un fuerte incremento en las intervenciones obstétricas y menos matronas. El número de cesáreas ha aumentado enormemente, siendo ahora comunes tasas del 20%, e incluso alcanzando el 30% en algunos hospitales. También están en aumento las inducciones y partos instrumentales, con tasas del 15% en muchos hospitales ingleses. Al mismo tiempo, el parto en casa se mantiene obstinadamente alrededor del 2%.

La mayor parte de matronas y médicos tiene muy poca experiencia en partos fuera del “laboratorio” y las matronas y médicos de generaciones anteriores, que recuerdan los tiempos en que el parto en casa era habitual, se han retirado casi en su mayoría. Además, las mujeres que atendemos son también la segunda generación de mujeres que paren en el “laboratorio”; sus madres parieron en un hospital en los años 70 y ahora sus hijas esperan llenar nuestras salas de parto. Podría ser demasiado tarde para dar marcha atrás. […]

En nuestro intento por controlar la Naturaleza, nos hemos apartado de ella…-Dr. Luis Papagno

¿QUÉ ES PARTO SIN VIOLENCIA?

Parto sin violencia es… Parto sin violencia es… aunque parezca paradójico, resulta difícil enunciar una definición; hasta podría decirse que es un parto en el cual no existe nada mas de lo que debe suceder normalmente. Hasta pareciera innecesario intentar una explicación, el parto es un hecho natural y como tal siempre debiera darse naturalmente.

Sin embargo, los hechos de la realidad nos muestran que esto no es así. Pero, donde esta la violencia en los partos? Es posible admitir que los profesionales que atienden un nacimiento ejercen actitudes violentas sobre la madre y su niño? Resulta difícil admitirlo, especialmente cuando hacemos de la palabra violencia sinónimo de agresión física, pero existe otra forma de violencia, tan sutil que hasta puede pasar desapercibida para quien la ejerce, probablemente porque desconozca que su actitud pueda ser percibida como tal por quien es objeto de su atención.

Cuantas veces en nuestra vida hemos hecho daño a alguien, sin proponérnoslo, aun sin darnos cuenta. A esa violencia me refiero. Los progresos médicos han traído aparejado ciertos efectos secundarios tan importantes como los mismos problemas que intentan solucionar. En nuestro deseo de ayudar, hemos cometido errores. Las técnicas excesivamente quirúrgicas en los partos normales, la ruptura del vinculo madre-hijo, la separación de la pareja, son manifestaciones indeseables en la atención cotidiana de nuestros partos.

Aquí la violencia es moral, afectiva; no menos importante que la física, mas aun, sus efectos pueden ser mas perjudiciales, pues perduran a través del tiempo, constituyendo un verdadero trauma. Pero ello no es obligado. Pasa por tomar del avance científico sólo lo bueno, desechando aquello que transgreda las leyes de la naturaleza.
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