“Acompañando en la distancia”- Relato del parto de Abel, por Eva

Conocí a Eva y a Héctor cuando estaban embarazados de su primera hija. Vinieron a uno de los talleres que doy en los Centros de Salud, en los que les explico a los padres las “Necesidades Afectivas del Bebé ” y les hablo del porteo.
Antes de nacer Keren ya la esperaban con sus fulares preparados y sabiendo qué tipo de recibimiento querían para ella.

Tras el parto, nos vimos primero para solucionar algún pequeño problema de mal agarre, y luego los 3 fueron asiduos del grupo de lactancia.
Son de esas familias que las ves disfrutar con la crianza de sus hijos. Los recuerdo casi siempre sonriendo, a los 3.

PAra su segundo embarazo, se habían mudado ya a Madrid y podríamos pensar que su conexión con el grupo se rompió… pero no.
Este post lo escribo para recordar algo que repito a menudo: “Podemos acompañar aún en la distancia” . Tenemos muchos canales de comunicación, que si bien no pueden igualar a la perfección la presencia y el contacto directo, sí pueden cumplir su papel cuando estos no son posibles.

Eva me solía mantener al día con su embarazo sobre todo por Wahts Ap. Sobre todo al final, cuando parece que la Fecha Probable de parto se aproxima y a todo el entorno le entra prisa porque el bebé salga.

Hay que entender que por muy convencidas que estemos las mujeres del proceso normal de unparto, y por mucha confianza que tengamos en que todo irá bien, si no hay complicaciones, el miedo siempre asoma. Muchas veces son los miedos de los demás, de familia o de profesionales. Distinguir entre actuar con respeto al proceso normal y ser negligente a veces no es sencillo para mucho del personal sanitario que rodea el embarazo y parto.

En estos casos es cuando las parejas suelen recurrir a otras fuentes, para preguntar, para poder hablar con tranquilidad. No para que les digamos qué hacer, sino para reafirmarse en lo que ellos quieren.

Así cuando parecía que este parto “se retrasaba”… simplemente el recordarles que la FPP es una estadística… que tan normal es nacer en la semana 38 como en la 42, que la semana 40 es simplemente la media entre esos 2 puntos… Pues ese dato REAL, puede hacer mucho para reafirmar la confianza… incluso si se da por Whats Ap…
Y  Abel nació… cuando él quiso…
Os copio el relato escrito por la propia Eva… disfrutadlo tanto como lo disfruté yo :-)

 

 

“El 27 de Abril nació mi segundo hijo, Abel. También tengo una niña preciosa de tres años y medio que se llama Keren. Ambos partos han sido momentazos en mí vida. Mi boda y sus nacimientos, sin duda son los mejores regalos que me ha dado Dios.

Mi hija Keren nació en Las Palmas, de donde también es mi marido Héctor. Pero Abel ha nacido en Madrid. Nos mudamos aquí hace ya tres años. Keren tenía apenas unos meses cuando llegamos. Así que aunque no era mi primer parto todo era igual de novedoso.

No conocíamos el hospital, ni el funcionamiento de éste. Nosotros queríamos, igual que en el caso de Keren, un parto respetado y lo más natural posible. Keren se retrasó 10 días con respecto a la fecha probable de parto, así que aunque me habían dicho que era probable que Abel llegara antes de tiempo yo tenía claro que no sería así.

Una semana antes de ponerme de parto, en una revisión con la tocóloga, ésta me dijo que si en 5 días no me ponía de parto habría que provocármelo. Lo curioso fue la forma en que me lo comentó: “¿qué día y a qué hora te apetece tener a tu bebé?”, “¿Perdona?” le dije. No podía salir de mi asombro. ¡¡Como si estuviéramos hablando de pedir cita para la peluquería!!! Me quedé atónita y ella debió darse cuenta porque rápidamente me dijo: “Es lo más normal del mundo y tú niño no correrá ningún riesgo.” Me dio un montón de hojas que debía firmar para dar mi consentimiento y volvió a insistir en guardarme una cita en el calendario para dar a luz. Me sentí tan furiosa e impotente que me levanté con mi montón de hojas, le dije que lo hablaría con mi marido y me fui.

Al salir, mi marido y mi hija me esperaban. Me eché a llorar. Parecía que el mensaje, entre líneas, de la doctora era “si no eres capaz de parir ya lo haremos nosotros por ti”. Cuando se lo conté a Héctor hecha un mar de lágrimas, él no dejaba de repetir “tú no te preocupes que el niño sabe cuándo tiene que salir y si no está preparado, pues no lo está y punto.” Yo pensaba igual, además no había ningún riesgo. Nada que indicara que él o yo estuviéramos sufriendo por haber llegado a la semana 40. Pero me sentí tan vulnerable.

Decidimos esperar a que nuestro niño, nuestro Abel, estuviera listo para salir. La noche del 26, justo la noche antes del día en que supuestamente debieran haberme provocado el parto, rompí aguas. Eran las 4 de la madrugada. No tenía contracciones y las aguas eran claras. Avisé a mi marido, me duché y volvimos a la cama a dormir. Si, a dormir. Estaba muy tranquila. Por la mañana avisé a mis padres para que vinieran a casa a quedarse con Keren. Preparé todo lo necesario, comí un pequeño tentempié y nos fuimos al hospital sobre las dos de la tarde. Seguía sin tener contracciones. Abel se movía con normalidad.

Al llegar al hospital comprobaron que la bolsa estuviera rota y para mi sorpresa la matrona me dijo: “La bolsa no está rota”. “¡Claro que está rota!”, debió pensar mi hijo porque de repente empecé a chorrear y la chica sólo pudo decir “Puede que me haya equivocado porque definitivamente lo está.” Me pasaron a la sala donde iba a dar a luz. Tengo que decir que el hospital Infanta Cristina es increíblemente acogedor y muy respetuoso de nuestra intimidad como familia. Héctor estuvo conmigo desde el minuto uno.

No tenía contracciones así que mi marido empezó a hablar con Abel para animarlo. “Abel cariño, mami y papi están aquí para ayudarte, no tienes que hacerlo solo. Todo irá bien. Estamos aquí. Empieza a empujar y mami empujará contigo.” Puede que haya algún incrédulo que no lo crea, pero en unos minutos empezaron las contracciones. Fuertes, rítmicas, poderosas. Increíble. Mi marido me ayudó a ducharme varias veces. Me sostenía la mano y no dejaba de animarnos tanto a nuestro hijo como a mí. ¡Qué importante fue su papel en esas horas! Parimos los dos juntos al niño.

En todo ese tiempo la luz de la habitación se mantuvo tenue, la matrona – maravillosa desde luego – entró un par de veces para preguntarme qué tal estaba. Nada más. Cuando ya quedaba poquito para la llegada de Abel me dijo que el niño no tenía la cabeza del todo rotada, así que me hizo hacer unos movimientos mientras Héctor le hablaba a Abel y antes de que me diera cuenta la cabecita de Abel ya estaba asomando.

Fueron tres empujones llenos de fuerza y amor. Lo sentí salir de mis entrañas con tanta intensidad que solo pude llorar de la emoción cuando Héctor me lo puso en el pecho. Abel no lloró al nacer. Solo hizo un leve gemidito hasta que encontró el pecho y se enganchó. Héctor cortó el cordón mientras las lágrimas le anegaban los ojos. No dejaba de decir: “Pero que bien lo habéis hecho.” Me dieron un puntito que ni noté. Abel pesó 3,800 y midió 52 cm.

En medio de tanta emoción la matrona dijo “Habéis tenido mucha suerte”. Abel tenía un nudo en el cordón umbilical. Podía haber muerto al nacer. Pero está aquí. Dios lo cuidó desde el vientre de su madre. Y no puedo dejar de dar gracias a Dios por el milagro de la vida, especialmente en el nacimiento de mi precioso bebé que es más real que nunca.

Querían provocarme el parto, tenía un nudo en el cordón… pero él sabía cuándo era el momento de salir y entre los dos y la mano de Dios que nos protegió, nació.

Keren adora a su hermanito. Durante el parto, con sus tres añitos, entonces recién cumplidos, llamó varias veces para preguntar si mami ya había ayudado a Abel a salir. Hablé con ella entre contracciones y nada me ayudó más que oír su voz alentándome. Los niños entienden más de lo que nos creemos. Cuando llegó al hospital a ver a su hermano exclamó “Mami, ¡quiero coger a mi hermanito!” ¿Celos? Somos los mayores quiénes se los provocamos, ellos solo quieren participar del acontecimiento y amar al nuevo miembro.

No hay nada más maravilloso en el mundo que sentir nacer la vida dentro de ti y a los nueve meses parirlo así. Los partos en los hospitales deberían ser así, sin duda. La matrona no dejó entrar a nadie en la habitación hasta que Héctor cortó el cordón del niño. No había máquinas, ni perneras, ni mil médicos… Solo nosotros y ella. Parí medio sentada, como me apeteció, como lo sentí. Lavaron a Abel encima de mí, no me lo quitaron de encima ni medio segundo y cuando terminó de tomar el pecho por primera vez el papi lo pesó y midió con ayuda de la enfermera.

Todavía se me erizan los pelos cuando pienso en los partos de mis hijos.

Y desde luego, ¡quiero repetir!”

PIlar de Armas: Partera canaria- “De Poderes, Habilidades, Dones y Arte”

Gracias Sol por hacérmelo llegar ♥

A mis queridas Tetas (Parte II)


En el post anterior os contaba que mis tetas se merecían no 1, sino 2 post exclusivos, no solo por lo prácticas que son…

Dando teta mientras porteo a la espalda

Quedé en contaros por qué  mis anteriormente llamadas “churritetas” son aparte de prácticas, PERFECTAS ♥-♥

Y aunque podría enumerar varias cosas más creo que con estas de momento queda claro que mis tetas son:

  • Perfectas porque cumplen maravillosamente su función principal en una hembra mamífera: alimentar a mis hijos.
    No han dejado de alimentar un solo día desde hace 6 años, 6 meses y 19 días. Han sido su fuente exclusiva de alimento y bebida durante muchos meses, y continúan siendo parte fundamental de su dieta (la de ambos).
  •  Perfectas porque son una fuente de placer  para mis hijos
    Porque no solo alimentan. Mis tetas calman, y consuelan y cobijan sí. Pero hay más: mamar no solo les es necesario físicamente hablando. Mamar es placentero para el bebé y niño. Y empezar la vida sintiendo placer es algo que indudablemente deja huella. Gracias a mis tetas mis hijos saben lo que es el placer, igual  o quizás más, que cuando les beso, les abrazo y les digo que les quiero. Ahora sabemos lo importante que son las hormonas del placer en el desarrollo del propio cerebro y de la personalidad. Así que gracias a mis tetas por ello también.
  • Perfectas porque son una fuente de placer para la pareja.
    En este apartado no me explayo porque ya lo hace toda la sociedad por una.  No critico que las tetas se vean como algo “sexual” (erótico), sino que se vean EXCLUSIVAMENTE como tal. Si estando en pareja la otra persona disfruta con ellas, pues genial también. Como con el resto de la anatomía.
  •  Perfectas porque son una fuente de placer  para mi.
    Porque YO siento placer con ellas y a través de ellas.
    Y hablo de placer  sexual experimentado en pareja y también al amamantar.

 

Cierto es que eso pasa desde hace relativamente poco, que no fue así desde el principio de la lactancia. De hecho, antes de mi tercer embarazo ni siquiera con las relaciones de pareja sentía placer a través de mis pechos. Pero como en muchas otras cosas, mi tercer embarazo me reconectó con mi cuerpo al completo, incluídas mis tetas.

Sé que no todas las madres  sienten ese tipo de placer (físico) al amamantar, e imagino que de las que lo sienten, no todas lo cuentan, así que sigue sonando “raro” oír del tándem : lactancia y placer . Hasta yo, que sabéis que me callo poco, salgo hoy “del armario” para hablar de esto que se sigue considerando un tema tabú.
Porque si digo que amamantar da placer, todas pensamos en la imagen tierna  de esa madre imbuída de oxitocina, tranquila, casi adormilada, destilando amor maternal.

Pero si digo que una madre que amamanta puede llegar a sentir tanto placer que incluso llegue al orgasmo…  es más, si afirmo no que “puede pasar”, sino que “pasa”… Pues a esperar reacciones ;-)
No hace mucho hablaba con una señora de unos 70 años y me contaba cómo al amamantar a sus hijos tenía que cerrar las piernas y apretar de tanto como llegaba a excitarse. Si yo me sorprendí un poco con su sinceridad y su vivencia… imagino la cara del resto de personas si la hubieran oído, en el caso de que ella hubiera llegado a contarlo en algún momento hace 40 años , cuando se suponía que las mujeres no “debían” sentir placer ni siquiera con el sexo en sí.
Pero cada vez somos más libres para expresar estas cosas. No hace mucho mi compañera  de Una Nueva Maternidad, Irene García, escribía en Ser Mamas:

(…)La lactancia es sensual. Sólo hay que poner un bebé en las escenas de arriba. Sensual, sexy, placentera…Dar el pecho es parte de la sexualidad femenina, desde la primera toma hasta la última. Oxitocina, endorfinas, prolactina…las mismas hormonas y neurotransmisores que permiten el goce del sexo controlan tu mente y tu cuerpo cuando estás amamantando. Una parte de la sexualidad femenina que puede o no implicar a una pareja.(…)

He pensado mucho en esto en estos meses.  El diseño del cuerpo humano es perfecto, nada es casual. Todo el mundo sabe que los pezones son una zona muy erógena ( en un@s más que en otr@s, pero en general casi todo el mundo experimenta placer al estimularlos),  y me pregunto yo : ¿por qué? ¿por qué una parte del cuerpo que en principio cumple una función nutricional puede provocar ese placer?

Y me imagino que es para “regalarnos” placer mientras hacemos algo tan importante y que tanto tiempo nos demanda. Como un regalo  de la Fuente de la Vida por contribuir a dar vida y mantenerla.  Del mismo modo que comer es una necesidad básica  que disfrutamos muchísimo, amamantar es otra función básica de nuestro cuerpo de mujeres que puede producirnos  mucho placer. Aunque , como pasa con otros mecanismos placenteros, eso llegará si no hay dolor, miedos, prejuicios, ¡ ni tabúes!.

Hemos sido criadas en una cultura de desconocimiento del placer. Y hablo del placer en general, pero en particular de las sensaciones placenteras a través del tacto y la piel. Imagino que  el desconocimiento de la sexualidad humana en todos sus niveles y el miedo  a  ”salirse” de la norma ha hecho que  llevemos siglos confundiendo las churras y las merinas.  Así cuando restringimos la palabra “placer” al sexual, al genital, pues nos perdemos muchas cosas importantes y necesarias para crecer con autoestima y con conocimiento del propio cuerpo, de sus ciclos y funcionamiento. No es casualidad que cuanto más pacata es una sociedad más sufren las mujeres en sus menstruaciones, partos, lactancias, puerperios  y climaterios.

Yo fui amamantada solo 3 meses, según me contaba mi madre, me quedaba con hambre y mi abuela me dio una papilla de maizena y ya no quise pecho. Sí he sido muy cogida en brazos, eso me consta, sobre todo de bebé. Pero  no sé cómo fue la vinculación de mi madre conmigo en esa etapa primera. No sé cómo vivió mi madre la llegada de su primera hija, si se sintió insegura, colmada o abrumada. Si ver a su bebé le hizo recordar consciente o inconscientemente cómo fue ella tratada de bebé. Si la “sombra” de su propia infancia planeaba en su puerperio o no. Cuando pude preguntarle no lo hice y ahora que querría no puedo.

Después, la etapa que sí recuerdo conscientemente, cuando ya no era bebé, sino una niña, está  llena con recuerdos de displacer.

No  recuerdo un masaje, ni muchos besos ( aparte los de saludar),  ni muchos abrazos ( de esos de porque sí) . Como he comentado alguna vez éramos algo “salvajes” en nuestra familia. Fuimos heredando las carencias de nuestras madres y de nuestras abuelas. (Mamá, si pudieras saber ahora cuánto entiendo tantas cosas… cómo siento que no hubieses sido más feliz, más arropada, querida y valorada de niña…).

No se puede dar lo que no se tiene… o al menos no completamente. Y aun así, teniendo en cuenta la propia mochila que cargaba mi madre, recibí cosas positivas entre tanta frustración y dolor. Pero ningún mensaje positivo sobre mi cuerpo, sobre el placer del cuerpo.

Crecí viendo a mi madre estar siempre a dieta. Una mujer muy guapa, inteligente, que mantenía a su familia prácticamente sola. Pero estaba gorda. En mi casa, esa palabra:  ”gorda” ,era de las que más se oía, a veces disimulada en forma cariñosa: “gordi”, y a veces directamente como insulto: “gorda” “vaca” y otras que me cuesta hasta escribirlas a día de hoy…

¿Cómo va una madre que odia su cuerpo a transmitir a sus hijos amor y/o agradecimiento por los suyos? ¿Cómo va a enseñar a disfrutar de las sensaciones placenteras de la piel si apenas las ha vivido?

Me imagino, que se podrá en cierta medida, pero no completamente.

Curar la herida de no sentirse tocada, de asociar” tacto” solo con relaciones  sexuales  cuesta mucho, muchísimo. Y es necesario. Para hablar a nuestros hijos de sexualidad en un sentido amplio. No sólo de cómo se hacen los niños, sino de todos los aspectos implicados. Para que sean personas con menos conocimiento de geografía universal pero más de geografía propia… la física, y la emocional.
Para que cuando nuestras hijas tengan su primera menstruación no sigan diciendo : “He caído mala“ . Para que sepan que sexo es mucho más que coito y sobre todo para que sepan que sus cuerpos son perfectos: sean como sean.

Yo me creía lista y espabilada y muy segura de mí misma.
He sido una niña independiente. Me hice cargo muy pronto de hermanos y casa. Me fui de casa de mis padres a  los 19. Quienes me conocían veían  a alguien “aparentemente” sin complejos…
Pero sí  tenía… ¡vaya si tenía!…  A veces la “aparente seguridad” no es sino justo lo contrario.
Gracias a mi marido supe lo que era sentirse querida, amada y deseada… pero no bastaba. Seguía con tabúes y miedos a mi propio cuerpo.
Hasta que llegó  mi tercer parto. Y di a luz algo más que a mi hija… y empecé a verme como lo que soy de verdad. Lo que somos todas: mujeres perfectas con nuestras imperfecciones.

Así que  ahora puedo decir bien alto que :

tengo un útero perfecto y relajado y unas tetas que adoro

 

Cuando tu doula es tu tribu virtual

Hace un par de días vi esta imagen con su texto por Facebook

Estudio realizado por la UCLA (Universidad de California)

“Se ha comprobado que la oxitocina contribuye a crear y mantener lazos de amistad entre mujeres. Cuando esta sustancia es liberada como parte de una reacción al estrés, las mujeres sienten la necesidad de agruparse con otras mujeres y esto mismo hace que se produzca un mayor nivel de oxitocina, que termina por reducir el estrés y provocar un efecto relajante, tranquilizador.
En las mujeres, los estrógenos femeninos aumentan la producción de oxitocina,. Así, la amistad entre mujeres corresponde a una importante reducción de enfermedades del corazón, la presión arterial y el colesterol. Quizá por esta razón, las mujeres viven generalmente más años que los hombres. Un estudio sobre salud menciona que entre más amigas tenga una mujer, mayores posibilidades tiene de envejecer sin padecimientos físicos.”

Hoy hace un año esperaba ansiosa mi parto. Hoy hace un año a esta hora sabía que ese sería el día. No sabía cuándo, ni cómo, pero nacería mi  hija.

Hoy hace un año sentí cómo mi tribu de amigas me arropaba, cómo me daban ánimos, cómo se alegraban conmigo, cómo me infundían valor y sobre todo confianza.

Hoy hace un año los cientos de mensajes que me escribisteis  llenos de amor, de cariño, de fuerza,  me hicieron sentir que:

No tuve una doula en mi parto, tuve una tribu de doulas.

No tuve una presencia conmigo, tuve muchas presencias.

No tuve una palabra de aliento, tuve muchas palabras de aliento.

No tuve una imagen serena frente a mí,  tuve muchas imágenes en mi cabeza de todas vosotras.

No tuve  una doula acompañándome en el trayecto final,  tuve un camino largo y siempre,  siempre estuve acompañada.

No trabajé la confianza en mi cuerpo durante mi embarazo, la fui trabajando  desde mucho antes, con cada historia de parto que os oía relatar.

Todas estuvistéis conmigo.

Todas formáis parte de la historia que empecé a escribir con mi primer parto robado y que acabé de escribir con mi tercer  parto.

Todas seguís formando parte de la historia nueva que empecé a escribir ese día, con más cicatrices y menos heridas.

Porque si lo CREO (del verbo “creer”) lo CREO  (del verbo “crear”)

Todas juntas lo CREÍMOS y todas juntas lo CREAMOS

♥♥♥  GRACIAS  ♥♥♥

 

Semana Mundial por un Parto Respetado 2012


Allí estaremos en la proyección del documental:
Antes una presentación a cargo de Azaral, Carol Doula Las Palmas, Laura Moya de Blossom, Beatriz Ruiz y Artemi Dámaso, matronas y yo misma.

¡No os lo perdáis y compartid por favor !

¿Con ese Baby Boom cómo quieren Baby Boom?

O GRACIAS POR HACERNOS EL TRABAJO SUCIO

Hasta ayer, Baby Boom era  un término inglés  que aludía a una caracterísitica demográfica caracterizada por un notable aumento de la natalidad.

Y digo “hasta ayer” porque anoche se emitió un programa por Tv con ese título que hará que cuando oigamos “Baby Boom” pensemos justo en lo contrario.

Hace unos 3 meses que decidí apagar la Tv y solo la he encendido desde entonces para ver un programa de lactancia ( eso da para otro post). Supe de ese nuevo programa por Facebook y voluntariamente decidí no verlo.
Estuve siguiendo los comentarios de mis amistades allí en directo, casi a la par de la emisión del programa y hoy he leído muchas reacciones.

ME negué a verlo por la misma razón que desde hace años no veo cierto tipo de películas, sobre todo si reflejan una realidad. Me hacen demasiado daño.

Por lo que me cuentan fue una sucesión de partos en los que se maltrata sistemáticamente a la mujer, en los que se desoyen una por una todas las recomendaciones para la atención al parto normal.

Se me ocurren 2 cosas:

  •  O realmente este mundo es un Matrix total donde todos salvo unos pocos ven este tipo de escenas con total normalidad, y hasta las aplauden.
  •  O, como lo ha emitido  una cadena de Tv que hasta ahora tenía fama de contestataria, lo que buscaba era mostrar la realidad del parto en la mayoría de centros hospitalarios de nuestro país. Demostrando que una vez más, la fachada es una y la realidad es otra. Que se elaboran guías y planes estratégicos que quedan muy bien en papel y para presentarlos a organismos internacionales y en congresos, pero que no se ha trabajado el fondo que es formar a TODO el PERSONAl que rodea a la atención al embarazo y parto y que haya un verdadero cambio de aptitud y lo que es más importante, de ACTITUD.

Es como si activistas del parto normal hubiéramos colocado cámaras ocultas en los paritorios para demostrar cómo se incumplen las recomendaciones más básicas que se suponen deberían estar implantadas  ya en todos los centros donde se atienden partos, sobre todo en los del Sistema Santiario público. Si no, no se explica.

Y en ese sentido igual tenemos que darles las gracias proque ahora cuando nos quejemos de prácticas de violencia obstétrica ya no podrán llamarnos locas, exageradas o fanáticas:

No mire usted Sr. Ginesaurio de turno, no exagero… está grabadito ¿¿¿¿¿¿Quiere el enlace???????

ME alucina que haya “profesionales” tratando así a una mujer ( o a cualquiera, solo que en este caso hablamos de parto  y por tanto de mujeres) sabiendo que le están grabando… ¿Como será, me pregunto, cuando no hay testigos???????

Y ahora pienso en otra cosa: en todas las mujeres que vieron el programa antes de ser madres… o que están embarazadas…  ¿qué imagen se llevan de ese proceso? ?cómo reaccionarán? ¿les animará a buscar una alternativa a lo que ahí se presenta como “normal”? o por el contrario contribuirán esas imágenes a que sigan creyendo que el parto es un proceso más parecido a  un impuesto/violación revolucionario  que hay que pagar para tener un hijo?

ESTO NO ES UN PARTO NORMAL

No sé cuál fue la motivación de la cadena al emitirlo, ni de quienes lo grabaron*, ni de quienes actuaron así en esos momentos con esas mujeres. Ni siquiera sé si ellas fueron conscientes de lo que les robaron, o de si son conscientes de que han sido víctimas de un trato vejatorio, encima grabado y difundido.

Ojalá cuando se den cuenta de ello, porque sí es un trauma pero creo que es mejor ser consciente y sufrir y hacer un duelo que perpetuar ese sistema  negando la evidencia, ojalá en ese momento digo, cuenten  con apoyo y sepan transformar esa rabia que van a sentir en algo positivo.

Porque la otra alternativa me parece mucho más cruel y más dura de asumir.

Señores directivos de La Sexta: ojalá alguno de uds, me leyera y me respondiera:

¿Querían ustedes contribuir a perpetuar ese mal trato, ese maltrato y esa mala praxis o por el contrario querían contribuir a denunciarlo y hacerlo público para obligarles a cambiar?

Por favor si alguien conoce  a alguno de ellos que les pase mi pregunta… a ver si con suerte obtengo, obtenemos, respuesta.
Ayúdame a difundir este post, ante ciertas actitudes, ya sabemos, la indiferencia nos hace cómplices.

*Sobre la motivación al grabarlo… sin comentarios, juzgad vosotros mismos

“Queremos ser testigos del momento más importante del ser humano” 

Enlace al primer programa

Comparen :

UN VIDEO QUE DEBERÍAMOS DEJAR DE VER

Comunicar el problema es el primer paso para eliminarlo.

En el marco del Día Internacional por la eliminación de la violencia hacia las mujeres, Amnistía Internacional Uruguay lanzó una acción para poner fin a otra violación de los derechos humanos de las mujeres con un video que buscaba ser el menos visto en Internet.

Como parte de la Campaña Mundial Exige Dignidad, AIU propuso esta acción digital innovadora que tuvo como objetivo concientizar sobre la violencia que sufren las mujeres durante la atención del parto. En un mundo cada vez más conectado, donde los videos buscan relevancia y compiten por la mayor cantidad de vistas, el Proyecto 0 Viewswww.ceroviews.com.uy, presentaba un enfoque inverso y totalmente original.  Cada vez que el video era reproducido se restaba “1 view” y de ese modo con la ayuda de todos y todas en menos de un mes llegamos a 0 para que, al igual que el video la violencia durante el parto desaparezca. Porque comunicar que existe el problema es el primer paso para eliminarlo.


Cada año más de 44 mil mujeres dan a luz en Uruguay. Este momento, según una investigación realizada a cientos de mujeres es afectado por un sistema de salud que es indiferente ante cada situación particular y en ocasiones viola derechos humanos de la mujer.
El video, protagonizado por César Troncoso, Ileana López y Virgina Méndez,  está basado en historias reales, y nos invita a vivir el momento del parto a través de los ojos de una futura madre.

"El nacimiento desde la mirada del bebé." por Jean Sutton

El nacimiento desde la mirada del bebé.
De Jean Sutton

“Birth from Baby’s View” fue publicado en Midwifwery Today, Verano 2011, y traducido al castellano por Sofía Albanell y Laura CaoRomero

Los bebés están a cargo del proceso de nacimiento y dirigen la obra desde la concepción, entonces, ¿por qué no les preguntamos qué es necesario para un final  exitoso?

Para un nacimiento seguro y simple algunas cosas son básicas.

  1. Un bebé en posición óptima

  2. Una madre erguida y en movimiento a lo largo del primer periodo de parto (borramiento y dilatación).

  3. El diagnóstico apropiado del inicio del segundo periodo del trabajo de parto (descenso y salida).

  4. Una madre con una pelvis “abierta”, para proveer el máximo espacio utilizable.

  5. Evitar interferencia por parte de quienes lo atienden.

  6. Un “cacher de bebé” detrás de la madre o de rodillas más abajo que ella.

Existe verdaderamente sólo un ángulo apropiado para nacer. Hasta ahora, el 85% de los bebés la eligen – cabeza abajo con su espalda hacia el frente izquierdo de la madre. Los siguientes bebés tienen más opciones.
La segunda opción es cabeza abajo y espalda hacia el frente derecho de la madre. Ésta es menos viable para primerizos debido a la forma de pera que tiene el útero, una característica inclinación hacia la derecha y un giro hacia la izquierda en la base. Con los bebés que siguen el útero tiene más forma de manzana y esto provee mayor espacio.

Cuando la madre opta por la posición vertical y se mantiene en movimiento, la entrada de su pelvis se amplía. Esto favorece que bebé acomode la parte posterior de su cabeza hacia el frente. Percibir esta presión también ayuda a bebé a efectuar los cambios que necesita. El bebé necesita flexionar la cabecita hacia su pecho, para que el diámetro menor pase por el cuello uterino.  El único dolor que debe sentirse es por la expansión el cuello uterino. Mayor dolor siempre nos habla de que algo no está funcionando de manera óptima.

Fase de receso y gratitud (“siesta”)

Las últimas contracciones de la primera parte pueden ser avasalladoras. El cuello se abre al máximo y la cabecita de bebé se avoca hacia la vagina.
De repente, todo parece llegar a un alto. Madre, bebé y útero necesitan un descanso.  Aquí es donde, si se pasa por alto esta fase, el problema puede comenzar. Bebé debe terminar de rotar, colocando ambos hombros frente al pubis de mamá. Si esta parte es ignorada puede tardarse de minutos a horas debido a que el  bebé puede permanecer con uno de sus hombros en el borde del cuello uterino sin poder descender. Aunque la madre puje mucho será inútil. Además, los músculos del útero también necesitan cambiar su acción. Hasta este punto han estado acortándose y abriendo el orificio del cuello. Ahora, deben modificarse para el trabajo de expulsión.

Segundo periodo

Si nadie interviene, el bebé nacerá por sus propios esfuerzo y aquellos del útero. Pujar no será necesario. Los nervios que controlan esta parte del proceso yacen entre la uretra y la vagina (parte interna del clítoris). Cuando la cabeza de bebé los toca, algo casi increíble sucede.  El sacro, parte posterior de la pelvis se mueve hacia atrás, empujando las paredes laterales hacia afuera conforme esto sucede. Esto aumenta el espacio pélvico y el diámetro entre las espinas isquiáticas se incrementa.  Los libros de texto establecen que en ese momento existen 16 cms entre la parte anterior y la posterior de la pelvis.
Al mismo tiempo, usualmente la madre tiene una reacción espectacular: con los brazos hacia arriba, la espalda arqueada, el tronco hacia abajo y las rodillas flexionadas. Necesita un sostén firme de donde tomarse por delante o sentirse apoyada por detrás.
Lo más importante es que permanezca con las rodillas alejadas de su cuerpo para que la pelvis se mantenga lo más abierta posible.
Si sus rodillas son levantadas hacia su cuerpo, los hombros del bebé no tendrán espacio para efectuar los movimientos necesarios; la madre puede sentir deseo de pujar, pero éste no será efectivo.

En cambio, si mantiene su cuerpo hacia adelante, el bebé se recargará en el pubis de la madre, y descenderá rotando sus hombros y deslizando su cuerpo. Cuando nos colocamos frente a la madre, ella innevitablemente mueve su pelvis alejándola de nosotros, empujando al bebé hacia los nervios de pujo. Si una mujer tuviera que dar a luz sola, el bebé nacería por la parte inferior de su abdomen, viendo hacia el suelo.

Muy pocas madres intentan levantar de inmediato a sus bebés después de nacer. Ellos necesitan drenar los fluídos de sus pulmones antes de respirar por primera vez. Todo este proceso se lleva a cabo en el sistema nervioso autónomo, sin nosotros controlarlo.

Sin embargo, los seres humanos, como somos, necesitamos hacer algo. ¿Cómo es que no podemos aceptar que un bebé que estuvo dirigiendo la obra por 9 meses va a poder finalizarla? No es la responsabilidad de la madre “hacerlo”, pero sí de ayudar a bebé a lograrlo.  La mirada de uno que “se hizo nacer” es fascinante tan sólo a los pocos minutos de nacido.

De dónde procede la idea del pujo a propósito es un misterio para mi. Cuando empecé a trabajar en las unidades de atención materna, las mujeres no podian pujar aunque quisieran. Estaban sedadas pues a la mayoria se les administraba cloroformo o trileno conforme avanzaba el trabajo de parto. Por lo general, se encontraban dormidas cuando el bebé salía. Por supuesto, se las colocaba acostadas de su lado izquierdo, y la partera o el médico, detrás de ellas, ayudaba a la bebé a salir. La norma eran los partos asistidos.
Los bebés de las parapléjicas nacen sin ser ayudados. Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué no los otros?

Jean Sutton es madre, abuela y partera cuyo entornos han sido las granjas y la ingeniería.  Las observaciones y estudios a lo largo de toda su vida acerca de los procesos del parto normal la condujeron a escribir su libro Comprensión y enseñanza de el posicionamiento óptimo fetal, trabajo pionero en esta àrea, co autora Pauline Scott, Ha ayudado a muchas mujeres a gozar del milagro divino de tener un parto directo, sin desviaciones de lo normal.

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"Hacia lo salvaje"… relato de un parto soñado

Hace unos días descubrí este vídeo:

[wpvideo rM05EVDD]

Y automáticamente me vi en cierto modo reflejada en esa canción… en una letra que hice mía:

Ella fue la primera
de sus hermanas en huir
de la casa que la vió nacer
hacia lo salvaje.
Cada día era un regalo
libre de sol a sol.
La montaña fue su salvación
y entre las fieras se crió.

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

”No teneis ni idea
de lo alto que puedo volar”
sentenció con un portazo.
No la vieron nunca más.
Cada golpe que le dieron
era una cuenta atrás.
Y ahora corre hacia el bosque
su fortaleza,su nuevo hogar

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

HA ELEGIDO CAMINAR
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE

HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE

“¿Por qué?” diréis…

Pues no… no me he ido de casa a vivir al bosque… aunque a veces no faltan ganas… En esa letra encontré cierto paralelismo en el proceso que hemos vivido algunas mujeres para romper con una forma establecida de hacer las cosas… sobre todo en lo relacionado con nuestra maternidad.

Seguramente es el puerperio que te hace vivir en una especie de nube hormonal especial de oxitocina y prolactina… pero oigo esa canción y pienso en mi parto…  en cómo he llegado a él… en la fuerza que te puede dar, como mujer, vivir algo tan salvaje, sobre todo si lo haces por ti misma… Como la tortuga del vídeo…

Si sois seguidores del blog ya conocéis mi vida maternal… mis angustias, mis penas y alegrías… mis luchas, mis deseos, mis esperanzas… mis obsesiones incluso…

Y sabéis cuánto deseaba recibir a nuestra hija como se merece, como se merecen todos los hijos del mundo… no solo con amor, también con respeto, con intimidad, en penumbra… Sin prisas, sin forzar, sin miedos… o con miedos controlados…

Tenía tanto deseo de vivir un parto así, que en cierto modo, temía que cualquier complicación frustrara mis deseos, así que también trabajé mis expectativas. Confiaba por completo en que íbamos a poder hacerlo, Mencía y yo… pero a la vez no me cerraba a la posibilidad de que no todo fuera como queríamos… desgraciadametne no somos perfectos y las complicaciones, aunque rara vez, pueden surgir incluso en medio de las mejores condiciones… así que me “preparé” ( si es que es la expresión correcta) para parir como quería, pero tomando medidas por si no fuera posible. Por eso preparé mi plan de parto que presenté en el Hospital Materno Infantil, diciéndome a mi misma que no lo iba a necesitar… pero sabiendo que incluso así, cumpliría su función… si no servirme a mí… servir para las mujeres que vendrían detrás…

Y me disponía a esperar el momento con tanta ilusión y expectación como con mi primer hijo… o quizás más… Porque en cierto modo era primeriza… porque nunca me puse de parto, ni rompí bolsa , ni tuve contracciones espontáneamente… todo eso me robaron… esos momentos mezcla de emoción, temor y alegría… Ese no saber qué viene a continuación con exactitud…

Así estaba… una primeriza con 2 malas experiencias a cuestas… jugándoselo todo a una carta… porque esta era mi última partida en este juego… Una primeriza con años de leer, de compartir, de aprender y enseñar… con miles de lágrimas derramadas por mí y por amigas y por desconocidas… Lágrimas de pena a veces y de rabia y de dolor… y también de emoción y alegría ( y por qué no decirlo, de cierta envidia sana) cuando relataban un parto feliz, respetado.

Cada historia que leía u oía era un empujoncito en la dirección correcta, un impulso a mi convicción de que podía, de que YO PODÍA, como podíamos todas. Y en ese caminar entre fieras, entre otras madres-lobas como me gusta llamarlas, fui adquiriendo la seguridad que el sistema nos ha quitado.

Como dice la canción: “No sabéis lo alto que puedo volar”. La mayoría de los profesionales médicos relacionados con el embarazo yparto nos tratan como si no pudiéramos, como sino supiéramos qué hacer… y al final, para lograr recuperar lo que era nuestro, lo único que de verdad siempre ha sido nuestro, hay que escapar. Escapar de quienes nos tratan como enfermas, escapar de quienes tienen como forma de trabajo el miedo, escapar de quienes nos esconden mucha parte de información, escapar de aquéllos que en el fondo nos tmeen… porque les podemos demostrar lo fuertes y valientes y autónomas que somos. Porque al final se trata de eso, como casi siempre en toda forma de abuso, se esconde el miedo.

Y con esa dosis de confianza preparamos lo necesario… poca cosa la verdad… el columpio y  la piscina… porque yo, en el fondo sabía que daba igual si el cuarto tenía velas o no, si ponía cojines cómodos aquí o allá, porque no sabía dónde iba a parir. Recordaba relatos de amigas que parieron contra todo pronóstico en el baño… de alguna que leí había parido escondida tras una puerta. Así que yo lo único que sabía era que pariría en mi casa, pero no en donde.

Lo que sí hicimos fue volvernos locos mi marido y yo para ver cómo podríamos tapar el gran tragaluz de mi salón. Creo que probamos un montón de cosas… hasta compramos tela de esa de cortinas anti-luz… pero no funcionaba, y había que conseguir taparlo porque de ponerme de parto de día, sabía que necesitaba un lugar oscuro o eso o no podría usar el columpio y la piscina…

Mientras tanto la mañana del jueves 25 inflamos la piscina para ver que estuviera bien y el espacio que ocupaba.  Y estuve trasteando en casa, limpiando y recogiendo. Por la tarde fui a la peluquería porque al día siguiente había quedado con mi amiga Maica para hacerme un reportaje de fotos como recuerdo de mi embarazo.  Recuerdo que el lunes me preguntó si llegaría al viernes y le respondí:  “¡¡claro, aún me falta!!”

Y eso hice, ir a taparme mis canas y a cortarme un poco el pelo para salir en las fotos tan guapa como yo me sentía.  Al  volver a casa estaba tan hinchada que aunque tenía que salir decidí quedarme en casa acostada con las piernas en alto.

A eso de las 10 y pico de la noche al llegar C, noto aún acostada en la cama algo extraño… una pequeña cantidad de líquido que salía de mí… Se me pasó por la cabeza si no era que  había roto aguas, pero pensé que era pronto, y me dije si no me estaría orinando sin darme cuenta, pero no, no era esa sensación, era algo diferente. Llame a C y le dije: “Creo que he roto aguas” y tendría que haber grabado su cara porque fue una mezcla de “no puede ser” y de “ahora qué hago yo”.

Me levanté, fui al baño y comprobé que el líquido era claro. Salía en muy poquita cantidad así que supuse que era una fisura. Llamé a O, una de las matronas,  quien me dijo que la llamara si durante la noche empezaba con contracciones seguidas. Hasta el momento mis contracciones eran imperceptibles. De hecho hasta la última visita de las matronas pensaba que eran solo estiramientos de Mencía en mi barriga.  Ahora estaba expectante  por ver cómo iba a desencadenarse todo.

Le dije a mi marido que acabara de hinchar la piscina no fuera a ponerme de parto a las 4 de la mañana y nos pusiéramos a hacer ruido conla bomba eléctrica. Llamé a Maica para avisarla de que la sesión de fotos iba a ser que no, a no ser que quisiera fotografiar un parto entre los árboles :-)
Avisamos a una vecina amiga nuestra para decirle que estuviera al tanto por si de madrugada la llamábamos para dejarle a Iker.

Sobre la asistencia de Iker al parto, por un lado me hacía mucha ilusión que lo viera, pero por otro lado sabía que a no ser que pariera de noche y él estuviera dormido durante la dilatación, iba a ser difícil que se mantuviera tranquilo, esperando en silencio… Y con su actividad normal puede que no me dejase concentrarme en el parto, así que, una vez más, no me creé expectativas al respecto, y me dije que sobre la marcha veríamos si estaría presente o no. Lo que sí era seguro era que él iba a cortar el cordón umbilical, que llevaba todo el embarazo esperando ese momento. Ese era SU TRABAJO, su aportación al nacimiento de su hermana.

Y me acosté, Iker mamó y pensé si sería la última vez que mamaba estando embarazada.

Mientras tanto oía a C trastear por la parte de abajo de la casa, nervioso. Le llamé y le dije que se acostara para descansar que igual la noche se presentaba larga y necesitábamos coger fuerzas. Tardó un rato en hacerlo, y varias horas más en dormirse… He de decir que esa noche era su noche libre ( él  trabaja de noche, así que cayó al final rendido), y hasta en ese detalle esta niña vino en un momento especial, cuando su padre estaba en casa.

Estaba tranquila, con una tranquilidad sorprendente  y a la vez con cierta excitación por ver cómo iría todo. Recuerdo que puse un mensaje en Facebook con el móvil desde la cama diciendo que había roto aguas y que la cosa había empezado.  En ese momento no sabía hasta qué punto ese lugar frívolo iba a convertirse en una especie de doula virtual, donde tanta gente iba a mandarme apoyo, ánimo, cariño y buenos deseos. Aprovecho para dar las gracias por cada comentario recibido, en este momento y tras el nacimiento de Mencía… lloré mucho viendo tanto cariño en forma de mensajes y me sentí una vez más, afortunada.

Empecé a tener contracciones, pero muy esporádicas e indoloras… A eso de las 4 y pico de la mañana dejé de mirar el reloj al ver que las contracciones más seguidas eran cada 15 minutos y me dormí. Y si no fuera porque me levanté a orinar como 10 veces habría dormido bastantes horas seguidas.

Por la mañana nos despertamos con una sensación extraña de que todo estaba igual. Le mandé un sms a O (para no despertarla) y le dije que todo seguía sin novedad… que me llamara al despertarse.

Por la noche antes de dormirme, pensando aún en cómo tapar el tragaluz, pensé en usar unos cojines grandes.. mi sorpresa cuando al bajar vi que C había tenido la misma idea y ya estaban tapados.  ¡¡¡Un mes buscando la solución y al final nos vino la inspiración a la vez!!!

Me puse a desayunar como cada día, mientras revisaba el correo. Me sorprendí al ver la cantidad de mensajes que tenía en FB :-) .

Contesté emails, hice algún pedido y hasta preparé algún paquete de la tienda para que C lo llevara a Correos. Entre eso y los viajes a la ferretería para  buscar la forma de adaptar la manguera al grifo de la bañera, se le fue la mañana entretenido.

A eso de las 12 llegaron O y A .Oímos a Mencía con el doppler, todo iba bien. Me dijeron que no me preocupara, me explicaron que la pérdida de líquido era pequeña, que era solo una fisura. Que de todos modos la placenta sigue generando líquido y que sería cuestión de horas. Me aconsejaron que estuviera relajada, que muy posiblemente el parto empezaría cuando fuera bajando la luz y sobre todo el nivel  de actividad. Dejaron ya sus cosas en casa y se fueron a comer, para dejarme tranquila.

Tenía sueño porque por la noche el ir al baño no me dejó dormir mucho así que me acosté.

Después del mediodía le dije a C que se llevara un rato a Iker al parque para yo intentar descansar en silencio y así me quedé sola. Empecé a tener contracciones más seguidas , pero no sentía dolor ninguno, solo excitación por si eran las que de verdad anticipaban el momento. Recuerdo que pensé que al final igual sí iba a parir sin dolor…

Sobre las 6 llamé de nuevo a O y le dije que tenía contracciones algo más seguidas pero que esperara porque sobre las 4 de la tarde había empezado así y al final pararon. Comí un gran plato de sopa riquísima que me trajo mi querida vecina y al ver que seguían las contracciones empecé a usar el columpio. Ahí estuve un rato balanceándome apoyada a ratos en la pelota a ratos solo en la tela . Tuve ganas de ir al baño y pensé que el cuerpo sabe lo que hace y que para qué poner un enema…A las 6:37 llamé a C y le dije que fuera viniendo a casa que  ya tenía las contracciones bastante seguidas. Dejó a Iker en casa de nuestra vecina (iban a hacer masa para preparar pizza) y llegó enseguida, Imagino que muy nervioso aunque no lo aparentaba.  Le dije que fuera llenando la piscina y que llamara a las matronas que ahora sí había empezado.

Entonces ya me dediqué a esperar cada contracción y a dejarme llevar por ellas… Casi enseguida fue aumentando el ritmo y la intensidad de esa sensación de una corriente que me llevaba.  Iba sintiendo esas contracciones fuertes, como olas que van y vienen.  El columpio me ayudaba a descargar mi peso y a moverme al ritmo de la contracción. Intentaba ir a favor de ella, como tantas veces había leído :  “déjate llevar por la contracción, no luches contra ella”. Y así el fular servía para aliviar esas sensaciones. A veces me columpiaba, a veces me colgaba literalmente, unas veces sentada en la pelota con todo el tronco y brazos en la tela, otras veces enrollaba los brazos en él y me erguía… Nada planeado, ni pensado… solo moviéndome como me lo pedía el cuerpo. Era casi un cuerpo sin mente. Sin razón, solo sensaciones.

En un momento dado pensé en que O y A no habian llegado y me dije: “Al final tanta broma y va  a ser verdad que pares sola”.

C  ni me hablaba… seguía ocupado con la piscina. Me imagino que porque el columpio estaba justo al lado del baño y no quería molestarme. Entonces oí el timbre y ya casi en total oscuridad noté entrar a O y A.  Yo estaba casi todo el rato con los ojos cerrados. O se acercó, me besó en la mejilla y me dijo: “todo va bien”. Y seguí en mi mundo con la total convicción de que sí, que todo iba a ir bien.

Cuando las contracciones iban siendo más dolorosas empecé a vocalizar intentando relajar boca y mandíbula: “AAAAAAAHHHHHH”. Y mientras gemía con suavidad esas vocales abiertas pensaba en cómo mi cuerpo se iba abriendo igual que mi boca y mi garganta. Ese ejercicio me hacía no cerrar mi cuerpo o contraerlo  por la sensación del dolor (gracias Gabriella). Recuerdo pensar que al final iba a ser que no… que no iba a parir sin dolor… Que igual no bastaba solo con estar segura del propio cuerpo y confiada en que era algo normal.  De todos modos, como me dijo una amiga: “Es dolor, no sufrimiento”. 

En algún momento pedí agua porque tenía mucho calor… era finales de agosto y se notaba. Me dieron agua y A se acercó a limpiarme la cara con un paño mojado. Eso y una ocasión en la que sentada en la pelota una de las 2 matronas, creo que fue O , me hizo una ligera presión en forma de masaje en las lumabres fueron las únicas veces que noté que estaban allí.  Recuerdo vagamente sus pasos amortiguados por los calcetines a mi alrededor alguna vez… luego supe que para decirle a C que parara con el agua que ya estaba muy llena la piscina.  Pero como debía ser… estaban sin estar.

Una vez me apoye en el borde de la piscina y recuerdo mirarla y pensar… “ya me avisaran cuando pueda entrar”... porque sabía que meterse al principio del trabajo de parto no era lo mejor… y no quería anticiparme… pero tampoco quería hablar… me daba igual…

Otro flash que me llega es no ver a C, al que sabía todo el rato cerca ,y llamarle. Estaba en la cocina y le dije que viniera, que se quedara conmigo.  Se sentó al pie de la escalera, le dí la mano, la apreté, la solté y volví a cerrar los ojos.Y en esas pedí un cojín porque estaba cansada y quería irme al suelo. El cuerpo me pedía tocar suelo, apoyarme, recibir fuerza del suelo, sentirme estable, como anclada a algo firme tras el balanceo.

Me trajeron el cojín y a 4 patas apoyaba a veces los brazos y la cabeza en él, en una posición parecida a la de la foto:

Y de pronto, sentí una necesidad brutal de empujar. Es una sensación que no puedo asemejar a nada que hubiera sentido antes. Es como si mi cuerpo no fuera yo, como si no estuviera controlado por mí, como si el empujón me guiara a mí y no al revés. Exclamé: “quiere salir” y O me respondió tranquila con su voz serena: “pues déjala salir”.

Me sorprendí porque aunque intenso , el trabajo de parto me pareció corto, y pensé para mí: “¿y cómo sé que estoy dilatada al completo, si no me han mirado siquiera?. Y me di cuenta que no hace falta… que así deben ser las cosas, que las matronas con experiencia no necesitan tocar. Ellas estuvieron todo el rato detrás de mí, en silencio y a oscuras.

Y entonces experimenté la sensación más brutal y salvaje de mi vida. Era mi hija queriendo salir, o más bien,  la VIDA empujando con ella. Es indescriptible la sensación pero me imagino que es el momento en que la confianza y el miedo se confunden, porque al final la vida y la muerte van juntas y ese miedo ancestral  aflora.

En esos momentos en que mi cuerpo pujaba y yo creía romperme en 2, grité.  Con un grito sordo y desgarrado, nada calmado como antes en las contracciones en que apenas se me habría oído desde la habitación de al lado. Ahora gritaba , o como diría mi comadre Trini, aullaba, no muy alto pero sí profundo, gutural, con la parte animal… lo dicho… como una loba.

Escultura de Daniel Edwards

Tampoco recuerdo exactamente en qué punto  pero ya en el suelo rompí la bolsa. ¡¡¡Qué sensación tan agradable!!

Y en un momento pensé : “no puedo”, “no voy a poder”, porque sentía que no podía abrirme más y me daba la sensación que de un momento a otro iba a oír el crujido de mis huesos. Pero  inmediatamente me dije: “sí, voy a poder, como han podido otras antes que yo” y empecé a repetir en voz alta como un mantra: “vamos a poder”, “lo vamos a hacer las 2 cariño”, “tú y yo vamos a poder”, “tú y yo vamos a poder”... lo repetía una y otra vez, hablándole a mi hija y hablándome a mí misma, moviendo la cabeza y a 4 patas como en trance.

Y en otro empujón noté  una sensación de calor  intensa que reconocí por haberla leído tantas veces en  los relatos de partos de muchas de vosotras: el aro de fuego. Y exclamé: “quema, quema, quema”  y  O me dijo: “sí, quema y todo va bien” ( o algo parecido).

Entre pujos recuerdo que intentaron usar el Doppler para escuchar los latidos pero me moví y se retiraron para no molestarme. No sé lo que duró pero no creo que fueran más de 10 pujos. En un momento me puse en cuclillas y toqué y noté la cabeza de mi hija. No sabría describir lo que  supuso tocar esa cabecita húmeda, peluda, resbaladiza… fue una inyección de fuerza, como diciendo… “estoy aquí ya mamá,  y sí lo estamos haciendo tú y yo, solas, porque sabemos y podemos… un poco más mamá, un poco más solo”.

Y por fin en otro pujo intensamente salvaje salió Mencía por completo. Yo esperaba que saliera la cabeza y luego cogerla con mis manos. Pero esta niña fuerte y decidida quiso salir sola del mismo modo que su madre quiso parirla sola. Eran las 8:47 PM

Así, asombrada por la rapidez me giré y la vi aún unida a mí, en el suelo, sobre toallas  y empapadores que habían colocado mis matronas. O me dijo: “cógela”, y de ese modo, mis manos fueron las primeras en tocarla. Húmeda, pequeña, resbaladiza, llorando ya y enseñándome sin tener que preguntar que todo estaba bien, que lo habíamos hecho, nosotras solas y la abracé y la coloqué apretada sobre mi y no sé si lloré o reí.

Sé que me pareció todo como increíble pero natural , lógico, como si ahora todo cobrara sentido. Como si todo lo anterior hubiera tenido por fin sentido, dentro de lo absurdo, para conseguir este momento. A la arropó sobre mí con una toalla caliente y mientras yo seguía tumbada en el suelo, bajo el columpio donde todo empezó, ella buscó mi pecho. Y lo cogió y mamó con fuerza, con la misma fuerza con la que llegó a este mundo.

Enseguida le dije a C que fuera a buscar a Iker para que viera a su hermana… Y al llegar su cara era todo excitación. Me dijo: “mamá es verdad que  hoy nacía Mencía” y la miraba con una mezcla de curiosidad y excitación. Salió corriendo a contárselo a las vecinas y a terminar las pizzas que me estaba preparando para cenar ( Le llamamos después para que por fin cortara el cordón como había estado esperando tanto tiempo).

Entonces y solo entonces A y O tomaron parte algo más activa. Esperaron a que saliera la placenta (cosa que pasó a los pocos minutos sin dificultad) y me limpiaron y suturaron el pequeño desgarro que tuve en la cicatriz de la episiotomía anterior. Y ese punto  de sutura era como una metáfora. Con ese punto cerraban no solo una herida física, sino la herida emocional que supuso aquél parto robado y que este parto esperado, soñado, cerraba por fin.

Esta niña ha venido  a traer, como todos, alegría, pero sobre todo paz. No es justo que nadie venga a este mundo para arreglar  historias ajenas. Mencía nació así no PARA hacerme feliz a mi, sino PORQUE  así deben ser todos los nacimientos: íntimos y respetados.  Y cuando respetamos así a nuestros hijos y a nuestros propios cuerpos, ellos, ambos, en cambio, nos regalan esta sensación: PAZ y la posibilidad de cerrar heridas. Al menos así ha sido en nuestro caso. Fue un fin, no un medio.

En algún momento durante y  sobre todo tras el parto, pensé mucho en mi otro bebé, Altair, aquél que no llegó a nacer, en mi madre que no llegó a saber que esperábamos una niña, y en Amanda… la niña especial que estuvo tan poquito tiempo con su familia.

Para estas 3 mujeres va dedicado este relato con la confianza de que las volveré a ver a las 3.

Para todas las mujeres que han contribuído a darme fuerza y confianza para llegar aquí, las que conozco ( mis comadres) y las que no.

A mis matronas, poque no hicieron nada cuando no hizo falta, pero su presencia callada y segura contribuyó a saberme protegida.

Y sobre todo va dedicado:

A mi marido, porque a pesar de sus miedos confió en mi y en que esto era lo mejor para toda la familia: Gracias amor por el mejor regalo de mi vida.

A mi hijo Iker, porque algún día le hablaré de todo esto sabiendo que lo entenderá y le repetiré lo que ya le he dicho y susurrado muchas veces en estos años: que siento no haber podido o sabido darle el nacimiento que merecía… pero que no fue en vano.

A Mencía por demostrarme que sí podíamos.

Feliz y empoderada

"Marea Lunática"-(Relato del parto de I. por Mely)

En el día que celebro el  nacimiento a la luz de la Luna  de la hija de unos amigos…os pongo este relato de otro parto de Luna llena.

Relato de mi segundo parto en casa, por Mely, mamá de Dafne e Indira

La noche del 17 de abril de 2011, diez minutos antes de que acabara el día, llegaste a nuestros brazos… Naciste, acunada por la luna llena y arrullada por las olas, al borde de la medianoche, al filo de la pleamar, a punto del plenilunio… Gracias Vida, gracias Madre Naturaleza, gracias Universo, por regalarme por segunda vez el tesoro más preciado que he podido acariciar…Todo parecía dispuesto a proporcionarte el tránsito mágico a este mundo exterior que de hecho tuviste.

Esta es la historia de un parto… pero también de una sorpresa, de un embarazo, de una espera, de noches en vela estudiando, de algunos temores y de muchas esperanzas… y sobre todo es la historia del triunfo de la vida, sorteando los obstáculos.

Te fraguaste en mis entrañas ya de un modo mágico: yo no tenía la regla desde que me quedé embarazada de tu hermana Dafne, y aún así, pensamos que quizá era el momento de “empezar a buscar” un hermanit@… Pero, como siempre, hay cosas que son más fuertes que los planes o el raciocinio y la magia surgió su efecto para que “empezar” y “acabar” fuera todo uno…

De repente, empecé a sentirme cansada, cansadísima, algo no habitual en mi energético carácter, y era un cansancio que me resultaba conocido… Sólo podían pasarme dos cosas: o estaba anémica perdida o estaba embarazadísima. Eso, junto con mi excesiva sensibilidad a los olores, me hizo hacerme un teste de embarazo para confirmar lo que ya sabía. Helí, mi compañero y tu papá, se reía, pensando que era imposible, que aún no tenía la regla. Cuando el test de embarazo se tiñó, ni siquiera me extrañó, porque yo ya te sabía, ya te sentía. Papá quedó en estado un estado que yo llamaría de “shockpresa”.

Fuimos a verte al materno gracias a Olga, una de nuestras matronas, para saber de cuánto tiempo estábamos (ni siquiera eso sabíamos). Me hicieron una eco vaginal y la ginecóloga me dijo: “Sí, es verdad, hay embarazo, de unas 5 semanas. Pero esta mancha de aquí no es buen pronóstico. En principio es síntoma de malignidad”. Mi cara debía ser un poema, pero me saqué de la manga mi buen humor y dije: “¿Y no será que son dos?”. “No, es sólo uno, pero no tiene buen pronóstico”. Todo esto con mi pequeña Dafne de 16 meses y Helí, delante.

Menos mal que Olga estaba a mi lado y que soy de naturaleza optimista, si no, no sé qué habría pasado. Al salir, Olga me cogió de la mano y me dijo, mirándome a los ojos: “No te preocupes, ¿tú sientes que el bebé está bien?”. “Sí, lo siento fuerte, aferrado a mí”, contesté. “Pues sigue mandándole todo tu amor”.

Yo confiaba pero… el miedo es la enfermedad más contagiosa, y la semilla de la duda, la que más arraiga. Así que no pudimos esperarnos a las 12 semanas y cuando estábamos de 9, para evitar otra eco vaginal, fuimos a un ginecólogo privado que nos confirmó que él veía nada más y nada menos que lo que se tiene que ver en un embarazo de 9 semanas.

La maternidad de Dafne me había calado tanto tanto, que hasta había decidido darle un cambio de rumbo a mi vida y estudiar partería. Pero antes, claro, tenía que pasar por enfermería. Y parece que por alguna razón, Helí y yo tenemos que vivir nuestros embarazos separados, porque siguiendo el impulso de mi recién descubierta vocación, yo había hecho la preinscripción en la universidad de Las Palmas (donde vivo) y en la de Algeciras (de donde soy) y me admitieron sólo en ésta última… Tras mucho dudar allá fui, con el apoyo incondicional de mi pareja, mis padres y mi incombustible abuela, con 4 meses de embarazo, las hormonas susceptibles de todo menos de memorizar y una niña de año y medio.

Pues me saqué el primer cuatrimestre limpio con algunos sacrificios y sé que en gran parte fuiste tú, Indira, que habitando mi cuerpo, me diste esa suerte, esa fuerza, esa voluntad, y tú Dafne, con tu sonrisa me compensabas los sacrificios… porque yo quería y quiero que todas las madres sepan que se puede parir de una manera fluida y pacífica, si se quiere, sólo que sepan que existe la posibilidad, que la elijan si lo desean, y poder yo acompañar un día partos desde el silencio y el respeto desde los que fueron acompañados los míos…

Tras este primer cuatrimestre en el que no te hice todo el caso que te merecías, me volví a la isla a dedicarte todo el tiempo que pudiera y a preparar el parto, que, por supuesto, iba a empezar (y deseablemente a terminar) en casa y en compañía, de nuevo, de Olga y Laura. Esta vez también queríamos contra con Adelina, nuestra acupuntora amiga que en el parto de Dafne no pudo estar presente…

El embarazo seguía plácidamente, aún con la sombra de la diabetes gestacional sobre mí y la amenaza de los médicos de ponerme a dieta o a mandarme caminar después de comer. Pero, una vez más, el cuerpo es sabio, si una se conecta con su interior, parece saber lo que le pasa, lo que le conviene y lo que no, y yo sabía, bebita mía, que tú eras pequeña y que eso no te iba a hacer bien. Pensando en eso, te escribí estas palabras.

Anidas en mi cuerpo.

Acuno el tuyo.

Te doy, me das.

Nos equilibramos.

Cada célula, cada tejido, cada parte

está sana.

Confío en ti.

Confías en mí.

Nos confiamos

de nuestro poder de salud

dado por la naturaleza.

Tus medidas son las adecuadas para mí.

Mis medidas son las adecuadas para ti.

Nos acoplamos

para luego desacoplarnos

con amor, dulzura, suavidad

en un trance sutil, alegre, ágil,

lo suficientemente corto para sostenerlo,

lo suficientemente largo para disfrutarlo,

porque, como decía Shakespeare,

“para aquellos que aman,

el tiempo es eternidad”…

Tenemos la confianza

el poder

la fuerza

el amor

para concebirnos,

embarazarnos

y parirnos.

Todo me pareció más veloz que con Dafne, familiar (la amenaza de bajo peso) y diferente (más fluido, más encajado en mi cuerpo). Es maravillosa la memoria del cuerpo, cómo sabe lo que tiene que hacer. Es maravilloso ser mujer y abrirse y cerrarse como una flor.

De repente, el día estaba muy cercano. Yo estaba de 37 semanas y había tenido algunas noches “divertidas”, contracción va, contracción viene, pero que luego se marchaban. Laura me dijo que eso era bastante normal en los segundos embarazos, el cérvix ya está más blandito, ya reacciona más ante menor estímulo. Me maravillaba sentir mi cérvix abriéndose poco a poco y tuve la convicción, yo diría que certera, de que me pasé gran parte del embarazo y sobre todo estas 3 últimas semanas con 1 ó 2 centímetros de dilatación. Yo lo sabía, no hacía falta ningún tacto invasivo para confirmármelo.

Probando la resistencia del fular de parto. Debajo, el armazón del colecho casero de 2 metros

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