“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

Aunque la mayor parte de mi trabajo lo efectúo con mujeres, son muchos hombres los que acuden a mis talleres.
Cuanto mejor se conocen los dos miembros de la pareja:  sus roles, sus necesidades, sus cambios, sus motivaciones, sus miedos y preocupaciones, lo que  se siente y no se llega a expresar…más fácil es que la pareja transite junta, unida,  por el puerperio femenino, en vez de alejarse el uno del otro.

Los hijos no unen parejas “per sé”. Los cambios que se producen en nosotras son tan grandes que suponen una revolución o una re-evolución que necesita de parte de la pareja,  del conocimiento primero y de la aceptación después.

¿Dónde está mi mujer?

Algunos hombres ven en estos cambios una amenaza a lo que tenían. “Su mujer” ya no es la misma y en vez de pararse a analizar por qué pasa esto y a comprender la gran marabunta emocional que  supone el puerperio, muchos se quejan y añaden más presión a la mujer. Presión que no solo no contribuye a recomponer el puzzle desmoronado con el que nos encontramos muchas en esta etapa, sino que, además,  añade una carga de dolor, incomprensión y soledad que puede ser letal si no se toma conciencia para no seguir en ese camino de  desencuentro continuo.

Cuanto más inmadura sea la pareja, cuanto menos maternado haya sido él mismo, cuanto menos dispuesto esté a  zambullirse también en su propia  sombra, cuanto más se empeñe en reencontrar a la mujer que conoció y no en descubrir a la nueva que está surgiendo de esta experiencia vital…  más difícil le resultará aceptar los cambios.

Dice Carlos González que cuando los solteros se casan hacen una “despedida de soltero” precisamente para eso, para despedirse de un papel y asumir otro. Y que por tanto, las parejas sin hijos, al ser padres, deberían también comprender que se despiden de ese status: “pareja” para asumir uno nuevo: “familia”.

Quizás tengamos que empezar a establecer algún rito que vaya grabando en la conciencia individual y colectiva este hecho. Hacer fiestas de “despedida de la pareja”. Donde las parejas sin hijos estén con otras que ya tienen hijos y puedan escuchar, de verdad, lo que supone este cambio.

(más…)

Los miedos de los padres

Los miedos de los padres

Algún día me gustaría hacer un experimento, de esos con cámara oculta, en cualquier hogar con niños para contabilizar cuántas veces oye un niño (sobre todo si ya gatea y/o camina) las palabras “no” y “cuidado”. Aunque tampoco necesito salir fuera que  yo misma me he visto usándolas sin parar. Y eso que para sufrimiento de la mayor parte de quienes me rodean soy una madre, digamos, “despreocupada”.

mafalda-guilleSoy de las que dejó a su hijo pasar de comer teta a comer con las manos, sin triturados, sin redes antiahogo. De las que cuando iba al parque con él le dejaba tocar la tierra o llevársela a la boca, o comerse el trozo de pan una vez caído al suelo. De las que quitó las barreras de las escaleras muy pronto y dejaba a mi hijo subir y bajar solo por ellas desde que quiso hacerlo. De las que, siempre bajo supervisión, he dejado que mi hijo coja unas tijeras y un cuchillo. De las que tiene el patio de casa con los azulejos pintados de tiza y témpera a modo de pizarra gigante.

Como digo, todo esto ha causado más de una taquicardia entre los que observaban estas prácticas con una mirada mezcla de asombro y escándalo.  Personas que me decían continuamente: “tu hijo está…. “ y añadían a esa entradilla todo tipo de acciones : “…subiendo-bajando las escaleras”, “…jugando con la tierra”, “… subiendo por la parte deslizante del tobogán”, “… comiendo pan (o una salchicha o una manzana o lo que sea que no fuera un potito o un zumo)”, “…pintando en el patio con la mano”,  “…saltando del árbol, o banco o murito,” etc…

Me he cansado de repetir: “sí, lo sé. Gracias”. ¿Se piensan que estoy ciega? ¿o directamente que soy una mala madre  y en vez de decírmelo así directamente pues me dan una última oportunidad de redimirme con esos toques de atención?

Y yo me pregunto ¿no estamos coartando a los niños de demasiadas cosas?, ¿tienen ellos la culpa de vivir en casas pensadas para todo menos para albergar niños?. A veces creo que nuestros hogares son campos minados para niños (muebles pesados, vitrinas, enchufes, esquinas, cables, fuentes de calor, grifos, jarrones y figuritas delicadísimas, por no hablar de mascotas con sus comederos y areneros). Y si hemos decidido criarlos en ese entorno, ¿no será mejor dejarles un poco de libertad para que vayan conociendo el terreno y sepan desenvolverse en él?.

Por poner un ejemplo: en el grupo de apoyo a la lactancia al que suelo ir las madres que van habitualmente me han oído varias veces decir cuando surge el tema de la introducción de la alimentación complementaria y el miedo  habitual de las madres al atragantamiento que tengo una teoría personal a la que llamo “Ley del Atragantamiento Infantil” y que reza así:

“El riesgo de un niño de atragantarse es directamente proporcional al miedo de su madre a que éste se atragante “

Pues mi teoría en ese campo yo la extrapolo al resto de peligros acechantes a nuestros hijos. Vivo en una casa de esas con muchas escaleras y mi hijo no se cayó por ellas hasta bien entrados los 3 años y pico. Curiosamente, como todos los niños del  mundo, entre los 1 y 2 años se cayó constantemente por todos lados,  pero nunca por las escaleras.

Sin llegar al extremo que Jean Liedloff pregona en su “El Concepto del Continuum”, creo que con tanto “no” y tanto “Cuidado” lo que hacemos es o crear niños miedosos e inseguros o por el contrario conseguir que para nuestros hijos esas palabras no signifiquen nada.

Si digo “cuidado” a cada paso o acción de un bebé, cuando realmente quiera advertirle de un peligro real e inminente, ¿cómo haré para que reaccione?. Podría pasarnos como a pedro el de “Pedro y el Lobo”, que de tanto mentir, cuando dijo la verdad nadie le creyó. Si nuestros hijos oyen “cuidado” cada vez que hacen algún movimiento:  subirse o bajarse del sofá, coger su vasito, levantarse y caminar, etc.,  cosas para ellos sin peligro,  cuando oigan: “cuidado” ante un peligro real, que se  vayan hacia una carretera por ejemplo, ¿no pensarán: “ah! esa es la palabra que mamá y papá dicen cada vez que hago algo, no pasa nada nuevo” ?

Recordemos que de padres miedosos suelen salir hijos miedosos y no es sólo genética. Si queremos hijos con confianza en sí mismos tenemos que trabajar en ello desde muy pronto.

guilleQueremos hijos buenos, sumisos y quietecitos, pero que de mayor tengan personalidad propia, que sean independientes y sepan luchar por sus derechos.

Pues me temo que la cosa no funciona así. Si reprimimos desde la infancia el deseo innato de los niños de explorar e investigar, de buscar los límites (la mayoría de las veces no los nuestros, sino los suyos propios),  al final tendremos eso: personas sin confianza, manipulables, personas que tiendan a relacionarse desde el rol de sumisión.

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Nosotros decidimos qué clase de hijos queremos decidiendo qué clase de padres somos.

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Si hasta las empresas de publicidad se han dado cuenta…

Aprovecho el artículo para homenajear a Quino por usar a una niña “rebelde” para hacernos pensar en cómo somos como sociedad en general y como padres en particular:

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Bebés: la imaginación al poder -Entrevista de Punset en "Redes" a Alison Gopnik

Enlace al vídeo

Redes 47: “Bebés: la imaginación al poder” se emitió el domingo 29/11/09.

Revolucionan la vida de sus padres cuando llegan, transforman la visión que tenemos del mundo y son una valiosísima fuente de nuevos descubrimientos para la neurociencia: son los bebés. Eduardo Punset habla con la psicóloga Alison Gopnik sobre todo lo que estamos aprendiendo del maravilloso cerebro de nuestros bebés.

Para ampliar:

 

Otras entradas relacionadas:

El Cerebro del bebé- Sue Gerhardt

LA Química del Apego- Linda Palmer

 

Los gritos también dejan cicatrices

Los gritos también dejan cicatrices

Los adolescentes que viven con violencia verbal tienen más riesgo de enfermedad mental

Los expertos defienden programas de intervención en menores de familias conflictivas

No hace falta pegar a un menor para que las ‘señales’ perduren toda la vida. Basta con gritarle. Por este motivo y tras los resultados de un nuevo estudio un grupo de investigadores acaba de recomendar la puesta en marcha de programas de intervención precoces para los chicos y chicas que conviven en casas dominadas por la violencia verbal.

El consejo se ha realizado ni más ni menos que en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (‘The Journal of American Academy of Child and Adolescent Psychiatry‘) por boca de científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social (en Boston, EEUU) dirigidos por Helen Reinherz

Est'El grito', de Edvard Munch. (Foto: EFE)a científica ha reconocido al mundo.es:

“De verdad esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta. Estas consecuencias negativas incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso de alcohol y sustancias. Además, los sometidos a este tipo de agresiones están más descontentos con sus vidas y sufren, incluso, más desempleo”.

“El ambiente familiar caracterizado por los conflictos verbales (insultos, amenazas tanto de padres a hijos como entre los propios progenitores) a menudo tiene una influencia perjudicial en el desarrollo psicosocial, la salud mental, y el bienestar de los jóvenes que viven en esos ambientes, pero hasta ahora existía poca evidencia científica de las secuelas a largo plazo”, postulan los científicos en su trabajo.

Reinherz y su equipo iniciaron en 1997 la investigación ‘Simmons Longitudinal Study’ en la que se recopilaron los datos de 1.977 personas de esa comunidad a través de varios informantes (padres, profesores…) en edades muy concretas; a los cinco, seis, nueve, 15 18, 21, 26 y a los 30 años. De todos estos participantes, escogieron a 346 para realizar un nuevo trabajo. Los autores indagaron sobre la existencia de violencia verbal en sus hogares cuando tenían 15 años y sobre la violencia física, también en casa, a los 18 años.

Analizaron si ambos tipos de agresiones tienen repercusiones en la funcionalidad de los adolescentes cuando alcanzan la edad adulta (30 años). Entendiendo por ella, la existencia de salud mental (existencia o no de enfermedades psiquiátricas o problemas de comportamiento), el estado psicológico (autoestima, satisfacción personal en el trabajo u otras actividades), puesto laboral, salud física, e historia familiar (divorcio, separación…).

Como primer dato destaca el número de chicos y chicas que reconoció la prevalencia de conflictos verbales (un 55%) en sus casas a los 15 años, frente a los que vivieron violencia física (un 12%) a los 18.

“El parámetro que más relación tuvo entre los conflictos familiares y las consecuencias a largo plazo fue el relacionado con la salud mental. En los chicos en los que se documentó la vivencia bajo insultos el riesgo de padecer un trastorno psiquiátrico en la treintena era tres veces mayor que el de sus congéneres de familias estables. Entre ellas se incluyen la depresión, la dependencia de las drogas, así como más posibilidades de padecer comportamientos antisociales”, reza el trabajo.

Lógicamente, “si la agresión fue física el riesgo posterior de problemas a nivel psicológico, de insatisfacción personal y laboral fue mucho mayor. Los resultados del trabajo constatan que las influencias negativas de los conflictos verbales y físicos se extienden más allá de la juventud tanto en el sexo masculino como el femenino”, concluyen los autores.

La familia “es la fuente principal de problemas posteriores. Nos ha llamado la atención que el grupo de chicos que vivió con gritos e insultos a los 15 tenía más probabilidades de padecer depresión en la edad adulta, mientras que los que sufrieron violencia física poseía una mayor incidencia de enfermedades físicas”, destaca Helen Reinherz.

“Nuestra investigación tiene importantes implicaciones tanto para la práctica clínica como para las investigaciones futuras. Es necesario crear programas preventivos precoces para estos chicos y chicas, así como fomentar la buena comunicación entre padres e hijos. También se debería hacer un esfuerzo por identificar los factores protectores que pueden emplear los jóvenes expuestos a la violencia verbal y física con el fin de tener una buena funcionalidad cuando se conviertan en adultos”, recalca la directora del ensayo.

PATRICIA MATEY
Noticia publicada en El Mundo.es salud

Entrevista a Jay Belsky en Redes

Entrevista a Jay Belsky en Redes

¿Quién nos enseña a ser padres?
¿Qué hay que saber para conventir a un bebé en un adulto sano?
La ciencia ha confirmado la importancia de la relación entre padres e hijos en los primeros años de vida, y aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa.

Eduard Punset entrevista a Jay Belsky, psicólogo de la Universidad de Londres y uno de los mejores especialistas del mundo sobre psicología familiar, para que nos enseñe a ser mejores padres.

 

Algunas frases de la entrevista:

  • “Hace muy pocos años, nadie hablaba de a ver qué les pasaba a los niños  o a los fetos cuanbdo estaban todavía  en el vientre de su madre para saber cómo se comportarían cuando fueran adultos. Nadie veía esta relación misteriosa entre la infancia y el comportamiento de los adultos…”
  • “El problema de querer ser amigo de tu hijo es que puedes acabar anulando al padre responsable, al que tiene que negaranular privilegios, al que tiene que castigar, al que tiene que hacer que el niño se sienta responsable de sus actos, y al niño puede resultarle difícil de entender… dirá: “pensé que eras mi amigo, mi colega. Mis amigos no me dicen lo que tengo  y no tengo que hacer”, por eso no debemos querer ser amigos de nuestros hijos, tenemos toda la vida para hacerlo y serlo, cuando sean jóvenes adultos  después.”
  • ” Si se van a utilizar estos servicios (guarderías), si se puede, es mejor empezar después de los 4 ó 5 primeros años de vida del niño, en lugar de empezar demasiado temprano. Tenemos que intentar que sean los mejores cuidados posibles. La triste verdad es que en algunos países pagamos más por aparcar el coche que por aparcar a nuestros hijos.”
  • “Lo que hemos descubierto -y esto todavía no se sabe en la calle de manera suficiente- es que, una gestión deficiente, privada de cariño y de inteligencia, de las emociones de un niño, en edades muy cortas, incide de manera muy directa en el comportamiento de este niño cuando es adulto.”

Podéis ver el programa entero aquí y en esta misma entrada en 3 partes:

Más sobre Jay Blesky:

“Sólo se aceptan los resultados que gustan”

«Los niños son más agresivos y más desobedientes cuanto más tiempo pasan en guarderías»

Un asesor del Gobierno británico propone pagar a un cónyuge por cuidar a los hijos

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La Química del Amor

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. En cambio, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social.

 

science parentingLa capacidad para amar es uno de los dones que la naturaleza nos ha concedido. El amor propicia que en nuestro cerebro se precipiten armoniosas cantidades de sustancias químicas, gracias a las cuales nos sentimos bien, abiertos, creativos, fuertes y muy contentos. Cuando amamos intensamente, vivimos con la misma intensidad. Si nuestro amor no es pleno, nuestra vida tampoco lo será.

Cuando permites a tu hijo que te ame en paz, se ponen en marcha en su cerebro una serie de maravillosas sustancias químicas. A pesar de que el amor sea un concepto difícil de explicar en términos neurocientíficos, los investigadores piensan que genera una gran cantidad de sustancias estimulantes positivas: ciertos opioides, oxitocina y prolactina, a las que llamaremos sustancias clave de la vinculación afectiva.

Al parecer, las relaciones cálidas nacen de ciertos procesos protagonizados por los opioides que tienen lugar en el cerebro. Se sabe que los mamíferos prefieren pasar más tiempo en compañía de aquellos en cuya presencia han experimentado secreciones cerebrales de oxitocina y opioides. Los opioides, en combinación con la oxitocina y otras sustancias producidas de manera natural por el cuerpo, son posiblemente los productos clave en los estados de bienestar o de satisfacción intensa. Su acumulación, cuando se activan en el cerebro, afecta a la percepción, de manera que te hacen sentir que todo va bien en el mundo.

Amar en paz también conlleva que tu flujo de conciencia, pensamientos y sentimientos te transporten a un mundo interior agradable, como consecuencia de la actuación de los opioides en el cerebro.

Asimismo, es también posible que las mejores cualidades humanas -generosidad, compasión y apertura hacia los demás- estén generadas por la acción de los opioides. Incluso, hay personas ennuestra vida que activan los opioides en nuestro cerebro o, por decirlo con una metáfora, provocan que salga el sol. La mera presencia o recuerdo de estas personas nos ayuda a recuperarnos en momentos de lucha y sufrimiento. El caudal de opioides y oxitocina liberado por el amor pacífico también contribuye a reducir en gran medida nuestros sentimientos negativos y, en especial, la soledad, el aislamiento, la negatividad y el enfado.

Fuerza psicológica

Cuando más cálidas, incondicionales, constantes y físicamente afectivas sean tus relaciones con tu hijo,´más abundantes serán las secreciones de opioides, oxitocina y prolactina en su cerebro. Y cuando recuerde tu cálida presencia se sentirá a salvo. Al poco tiempo, vuestro vínculo permitirá a tu hijo desarrollar fuerza psicológica. Los investigadores han descubierto que la fuerza psicológica está relacionada con la presencia de opioides en el cerebro.

Esto significará que tu hijo crecerá con la capacidad de:

  • Pensar en situaciones de tensión y tranquilizarse-
  • Tener confianza en sus capacidaes sociales, así como calidez y gentileza.
  • Transformar la adversidad en oportunidad.
  • Responder a los estímulos de los demás pensando en lo que se dice en lugar de enfadarse o marcharse.
  • Tender a la resolución de los conflictos y no a la culpabilidad.

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. Cuando los investigadores dedicados al cerebro dieron a un grupo de animales pequeños pequeñas dosis de opioides y a otro una determinada sustancia inhibidora de opioides, resultó que los del primer grupo salieron victoriosos al competir con los del segundo.

En el mundo

La ciencia de las relaciones materno o paterno-filiales firmes y amables nos enseña mucho acerca de las atrocidades que tienen lugar en el mundo. A partir de diversas investigaciones con mamíferos, sabemos que los opioides y la oxitocina son sustancias que tienen mucho poder a la hora de anular la agresividad. “No tener deseos de luchar”, ya sea en el entorno físico o en el del lenguaje, reviste una importancia capital no sólo en la esfera familiar, tiene también implicaciones en el modo en que nuestros hijos se comportarán cuando sean adultos y en los efectos que su conducta tendrá en el mundo que habiten.

En el mundo, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social. Si el niño no se siente querido o no confía en la constancia del amor que sus padres sienten por él, su salud psicológica se tornará vulnerable. El miedo a la pérdida del amor materno o paterno llegá a ser tan terrible que, a veces, dispara las reacciones de huida o lucha en el cerebro reptil del niño.

La investigación demuestra que la activación escasa del lóbulo frontal izquierdo del niño es consecuencia de haber tenido un padre irresponsable. El niño cuyos padres sean irresponsables en lo emocional y que, en consecuencia, posea un lóbulo frontal izquierdo que apenas se pone en marcha, tiene más posibilidades de albergar sentimientos negativos hacia sí mismos y hacia los demás, y, en ese caso, no querrá acercarse a sus padres para darles cariño ni tampoco a sus compañeros en busca de amistad, pues tendrá demasiado miedo al rechazo. Una actitud ante el mundo como ésta puede continuar durante la madurez.

El futuro

Si tu hijo aprende a amar en paz, en su madurez será capaz de:

  • Elegir a sus parejas con fortuna, pues se acercará a las personas que le traten bien y se alejará de las que no.
  • Desarrollar y mantener relaciones íntimas satisfactorias a largo plazo.
  • Disponer de recursos para ser tierno, gentil, compasivo y apasionado.
  • Escuchar, calmar, confortar y ayudar a los demás en lo relativo a las emociones.
  • Ser espontáneo a la hora de darse a la persona que ama
  • Ser amoroso y sexual al mismo tiempo.
  • Alimentar sus relaciones íntimas con cumplidos, aprecio y sorpresas agradables, y compartir con generosidad sus pensaientos y sentimientos íntimos aún cuando le parezca dificil hacerlo.

 

margot sunderland

Margot Sutherland
Autora de La ciencia de ser padres
Fuente: www.holisitika.net

 

Sexualidad, maternidad y paternidad

Sexualidad, maternidad y paternidad

Olga Nelly Vargas G.

“La sexualidad implica creatividad y a la inversa, todo proceso creativo tiene algo de sexual.”

Michel Odent

Los hombres y mujeres que enfrentan la responsabilidad de ser padres, carecen generalmente de elementos básicos, información y acompañamiento para asumir uno de los procesos vitales más determinantes de sus vidas; sin lugar a dudas, las relaciones sexuales son uno de los aspectos que más dudas e inquietudes les genera.

La sexualidad no es algo aislado de lo físico y psicológico, muy por el contrario, estos tres elementos interactúan permanentemente. Por lo tanto, los cambios fisiológicos y emocionales que experimente la madre y, en muchos casos, el padre, pueden conducir a transformaciones en la vivencia sexual de la pareja.

Cambios en la Relación de Pareja

La espera de un hijo conduce al hombre y a la mujer a convertirse en padre y madre, pero ello no significa que dejen de ser pareja. La relación amorosa continua y es vital tanto para la pareja, como para el nuevo ser.

Es posible que durante la gestación, la materna y su pareja experimenten algunos cambios de actitud con relación a su vivencia sexual; abordaremos cada trimestre de esta etapa del ciclo vital con sus cambios e información que pueda ser de ayuda para las parejas y el personal de salud y educación.

Primer Trimestre:

Puede darse una disminución del deseo y la frecuencia sexual, asociado a:

  • Los cambios hormonales y fisiológicos (que producen nauseas, vómitos, mareos, fatiga, entre otros).

  • Sensación dolorosa y aumento de sensibilidad en los pechos. Es recomendable que los estímulos sean suaves.

  • Miedo a lastimar al bebé o provocar aborto.

  • Cansancio, sueño y fatiga.

  • La primeriza tiene menos tendencia a sentir interés sexual al iniciar la gestación.

  • En las multíparas, el interés sexual es estable o puede incluso incrementarse.

Segundo Trimestre:

  • Se superan los malestares del primer trimestre y el temor al aborto.

  • El cuerpo y la psiquis de la mujer se disponen más plenamente para el goce sexual.

  • Por lo general se presenta un aumento marcado del erotismo, el deseo sexual y la sensibilidad.

  • Los movimientos fetales hacen presencia real en la relación de pareja.

  • La gestante debe reconocer su cuerpo y sus genitales, lo cual ayudará con los exámenes médicos y el desarrollo del parto.

Tercer Trimestre:

  • Los cambios corporales pueden llevar a que algunas mujeres no se sientan atractivas o seductoras.

  • Algunas molestias como fatiga, acidez, dificultad para dormir pueden disminuir el deseo sexual.

  • Aparecen las contracciones de “ensayo” o Braxton Hicks, que pueden producir temor a provocar un parto prematuro.

  • La relación amorosa debe mantenerse pues contribuye a satisfacer los deseos de afecto, libera las tensiones, reafirma la autoestima, ejercita los músculos para el parto y satisface el cuerpo y el espíritu.

En situaciones especiales como amenaza de aborto, infecciones, presencia de hemorragias uterinas, desprendimiento del tapón mucoso (“la muestra”), ruptura de las membranas o bolsa de aguas (“la fuente”) o amenaza de parto prematuro, se requiere información médica pues estarían contraindicadas las relaciones coitales. Sin embargo, estas situaciones y otras que se presenten, no deben impedir la vivencia sexual de al pareja, por el contrario, enriquecerla a través de la búsqueda de nuevas alternativas sensuales, eróticas, afectivas y expresivas.

El Parto como Experiencia Psicosexual

Dar a luz está considerado en cada cultura en forma distinta, la actitud que ambos sexos tienen frente al parto contiene a veces elementos complejos y contradictorios.

Padres y madres buscan hoy experimentar el parto como una vivencia personal, rescatando los aspectos humanos, emocionales y sexuales de esta experiencia, que no tienen cabida en ambientes tan tecnificados, quirúrgicos y despersonalizados como son los de la mayoría de nuestras instituciones de salud.

Es necesario que las mujeres aprendan de nuevo a escuchar su cuerpo y a confiar en él, que puedan ponerse en contacto con sus propias sensaciones y emociones. Los cursos de educación prenatal se convierten en una herramienta valiosa para acercar a hombres y mujeres a una experiencia donde su cuerpo y sentimientos se sintonicen para vivir más plenamente la experiencia del nacimiento.

Existe una relación entre las manifestaciones fisiológicas de la mujer en el parto según Dick Read (uno de los pioneros de la psicoprofilaxis) y durante la excitación sexual según Kinsey (investigador del comportamiento sexual del hombre) y descrito por la Dra. Niles Newton.

Las sensaciones del parto no tienen que ver directamente con el hecho de estar sexualmente excitada, sin embargo, todo lo que en este momento experimenta el cuerpo materno halla el máximo de intensidad en sus órganos sexuales. Es probable que las mujeres que han descubierto la apasionante e intensa experiencia sexual que es el parto, lo hayan conseguido porque han dado a luz en circunstancias favorables, donde existe la posibilidad de comportarse natural y espontáneamente, sin inhibiciones, en una atmósfera de paz e intimidad, en compañía de su pareja y rodeada de personas que le brindan seguridad, calidez y apoyo humanizado.

Es por esto, que padres y madres, requieren de espacios educativos, asesoría y apoyo por parte del equipo de salud, educadores o lideres comunitarios desde una visión integradora que permita abordar los aspectos fisiológicos, sociales, familiares, emocionales y sexuales de la gestación y el alumbramiento.

Si entendemos que concebir, gestar, dar a luz y amamantar, hacen parte vital de la experiencia psicosexual de la pareja, empezaremos a descubrir las relaciones existentes entre los distintos aspectos de nuestra sexualidad, donde integremos gozosamente en una caricia nuestros cuerpos, espíritus, sensaciones y sentimientos.

Olga Nelly Vargas G.

“Debería haber una educación que enseñe la responsabilidad en la relación de pareja y en el hecho de engendrar un hijo.
Lo importante no es evitar al niño de carne, sino gestar niños de corazón y espíritu”

Francoise Dolto

BIBLIOGRAFÍA:

KITZINGER, Sheila. Embarazo y Parto. España: Ed. Interamericana, 1980.
——. La Mujer y su experiencia sexual. Barcelona: Ediciones folio S.A., 1983.
LANGER, Marie. Maternidad y Sexo. Barcelona: Ed. Paidos, 1985.
MASTER, W. Y JOHNSON, V. La Sexualidad Humana. Barcelona: Ed. Grijalbo, 1987.
MEAD, Margaret. Macho y Hembra. Argentina: Ed. Tiempo Nuevo S.A., 1972.
——-. Sexo y Temperamento. Buenos Aires: Ed. Paidos., 1961.
MERELO-BARBARA, Juan. Parirás con placer. España: Ed. Integral, 1985.
ODENT, Michel. Birth Reborn. New York: Panteón Books, 1975.
ODENT, Michel. El Agua, la Vida y la Sexualidad. Barcelona: Ed. Urano, 1991.
VIDELA, Mirta. Maternidad, Mito y Realidad. Argentina: Ed. Nueva Visión, 1990
VILLARRAGA, L y BARROSO, M. Maternidad Vivida. Bogotá: Ed. CEMAU, Universidad Nacional, 1990

El Rol del Padre como sostenedor emocional

Extraído del libro “La Maternidad y el Encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman

El Rol del Padre como sostenedor emocional

La función del padre tiene dos tempos: la primera se refiere al sostén entre los cero y los dos años, y el segundo se refiere a la separación, después de los dos años del niño, que coincide con el momento en que el niño empieza la separación emocio­nal de la mamá construyendo su propio yo.

El apoyo

Ésta es una actitud difícil de comprender para madres y pa­dres en los tiempos posmodernos. El sostén se refiere al cui­dado y la contención ejercidos por el padre hacia la madre para que ella pueda cumplir con su rol de maternaje. Requie­re una actitud muy activa.

¿QUÉ SIGNIFICA SOSTENER LA MATERNIDAD?

1. Facilitar la fusión mamá-bebé, permitirla y defenderla. Para que una madre esté en condiciones de sumergirse en la fusión, necesita despojarse de todas las preocupaciones materiales y mundanas. Precisa tener delegadas todas las tareas que no son imprescindibles para la supervivencia del niño; es decir, todo lo que no se refiera a amamantar, acunar, calmar, higienizar, ali­mentar y apoyar al recién nacido. Las tareas domésticas, el cui­dado de hijos mayores, la organización del hogar, el dinero, los conflictos con otras personas, las relaciones interfamiliares, la salida al mundo y las decisiones mentales deben ser resueltas por el hombre, tomando decisiones pertinentes para liberar a la madre del reino de lo terrestre. Para la mujer puérpera es un período celestial, en el que su conciencia opera más allá de la lógica y la causalidad. Es necesario estar despojadas de pensa­mientos racionales para admitir que atravesamos una realidad milagrosa y sin sentido aparente. La vida cotidiana continúa con sus exigencias y ritmos, y es justamente tarea del hombre hacerse cargo de organizar y dirigir la rutina doméstica.

2.-Defender de la fusión del mundo exterior, apabullados por los consejos, las críticas, los sermones que circulan  acerca de lo que «hay que hacer». Resguardar el nido. Ser un interme­diario, constituirse en muralla entre el mundo interno y el mundo externo. Casi todo lo que llega del mundo exterior re­sulta hostil a la madre, porque funciona en una frecuencia de­masiado elevada y veloz para la sutilidad del recién nacido y desequilibra el mundo emocional de la mujer puérpera. Las madres fusionadas necesitan un defensor aguerrido que le per­mita retrotraerse a su función específica sin necesitar armarse contra el afuera. Toda energía dispersa en defenderse es ener­gía perdida para la crianza del niño. Concretamente, el hom­bre debería velar para que la madre y el niño dispongan de silencio e  intimidad, para que haya pocas personas en la casa o sólo las que la mujer requiera, y proveer al nido sólo lo necesa­rio en alimento, confort y tranquilidad. Es interesante obser­var a la mayoría de las aves: el macho entra y sale del nido acercando alimento y vigilando que ningún intruso se acerque, mientras la hembra no se mueve del nido. .

3. Apoyar activamente la introspección, es decir, permitir que la madre explore la apertura de su sombra vivenciando con li­bertad e intimidad la experiencia del florecimiento de su ma­dre interior. El apoyo y el acompañamiento afectuoso permi­tirá a la madre no asustarse de sus partes ocultas, confiar en el proceso y saber que hay una mano tendida para tomar en los tramos más duros. No importa si el hombre comprende o no de qué se trata, sólo importa saber que algo sucede, y que tal vez la comprensión racional aparezca más tarde. No hay mucho para comprender, es tiempo de atravesar.

4. Proteger. Hay muchas maneras de proteger; en nuestra so­ciedad esto se refiere principalmente a lo económico: es el pa­dre quien consigue, gana, administra y organiza el dinero del hogar para cubrir las necesidades básicas de la diada mamá-hijo. Liberar a la madre de estas preocupaciones le permite sostener la fusión y la maternidad del período inicial. El hom­bre conserva espacio psíquico disponible para tomar decisio­nes, buscar ayuda, organizar el funcionamiento familiar y re­solver cuestiones del mundo material.

5.-Aceptar y amar a su mujer. Lo esencial en este período es no cuestionar las decisiones o intuiciones sutiles de la madre, que surgen como torbellinos incontrolables, ya que responden a un viaje interior en el cual está embarcada y del cual no tiene el control. Por lo tanto, no tiene elementos para justificar sus sensaciones, pues atraviesa una transfiguración de su existen.

Un punto de vista femenino respecto a la paternidad

No son tiempos fáciles para varones ni mujeres. Nosotras hemos conquistado el mundo masculino y los varones han perdido sus identidades históricas. Necesitaremos algunas generaciones para volver a situarnos en un mundo sin reglas fijas.

La paternidad también ha dejado desubicados a los varones. Hay un aparente consenso respecto a los papás modernos que cambian pañales, que juegan con los niños o ayudan en las tareas domésticas. Y no mucho más.

Sin embargo, devenir madre o padre es por sobre todo, dejar de lado las prioridades personales y poner toda nuestra capacidad altruista al servicio del otro. La madre sostiene al niño. Y el padre sostiene a la madre. Al menos es lo que hay dentro del sistema de familia nuclear, que está lejos de ser el ideal para la crianza de los niños.

Pero las mujeres solemos confundir “sostén emocional” hacia nosotras con “ayuda concreta en la crianza del hijo”. Son dos situaciones bien distintas. Una madre sostenida puede sostener al niño. Una madre desamparada se “ahogará en un vaso de agua”, y reclamará desde la soledad cualquier cosa, en cualquier momento, sin lograr nunca quedar satisfecha, aunque el varón intente bañar al niño, lo lleve de paseo o se despierte de noche para calmarlo. Esto provocará el desconcierto del varón que no sabrá más qué hacer para tranquilizarla.

Si un papá cambia un pañal, está muy bien. Pero la condición excluyente para un funcionamiento familiar equilibrado, es la de operar como sostenedor emocional de la madre. No es necesario que el padre esté dentro del torbellino emocional, porque no es su función. Al contrario, se necesita alguien que mantenga su estructura emocional intacta sosteniendo el mundo material para que la madre no se vea obligada a abandonar el mundo emocional en el que está sumergida. El padre no tiene que maternar, tiene que sostener a la madre en su rol de maternaje.

Tengo dos sugerencias para los varones emocionalmente maduros: Antes de salir a trabajar cada mañana, pregúntenle a su mujer:

1) “¿Cómo estás?” y 2) “¿qué necesitas de mí, hoy?”.

Es sencillo.

La mayoría de los varones retoma su quehacer laboral, se baña y afeita cada mañana, desayuna y se va exactamente a la misma hora de siempre “como si nada hubiera sucedido”. Asimismo supone que nada de lo que acontezca en su ausencia le incumbe, y que su mujer, eficaz como siempre lo fue, podrá arreglarse sola con el bebé. Es falso. ¿Acaso tiene que modificar su rutina? No. Tiene que preguntarle a su mujer qué necesita de él, hoy, aquí, ahora.

Laura Gutman