Historia de la Incubadora

Historia de la Incubadora

“¿En qué lugar se debe poner a un bebé que nace antes de tiempo?”
Esa pregunta la he hecho en casi todos los talleres que he realizado en los últimos años en grupos con madres embarazadas y padres.
En el 99% de los casos, y han sido muchos cientos de personas,  la respuesta era unánime: “En la incubadora”.
Nuestra generación ya ha crecido viendo normal que este invento es el medio en el cual completar el desarrollo de estos bebés pequeños.
La ciencia avanza y en general seguimos confiando en las versiones más modernas y sofisticadas de este invento que tiene ya mas de 150 años.

Image of the zinc tub is from Hess, 1922.

Desde Jean-Louis-Paul Denucé, (1824-1889) hasta hoy la neonatología ha experimentado grandes avances.
En plena resaca aún de mi participación en el curso Kangaroula con Jill y Nils Bergman

Equipo de Formación de  Asesoras Continuum con Jill y Nils Bergman

Equipo de Formación de Asesoras Continuum con Jill y Nils Bergman

Y tras mi viaje a Cádiz para hacer llegar esta información a profesionales sanitarios (no sin muchos obstáculos),  tengo una sensación agridulce.

IncubadoraPor un lado me consta que los avances de la medicina  han  contribuido a que la tasa de mortalidad  disminuya notablemente entre los bebés que nacen antes de término, incluso los llamados grandes prematuros.

Pero por otro lado constato que  se sigue obviando una realidad fundamental:

“El hábitat del bebé, sobre todo del nacido antes de término, es el cuerpo de su madre”

Algunos trabajamos por sumar:
-Los beneficios de los cuidados  médicos neonatales y
-Los beneficios del Contacto Piel con Piel entre madre y bebé.
En palabras de Nils Bergman la meta es: “Separación cero mientras se dispensan todos los cuidados que la ciencia hace posible a estos pequeños.”

Pincha en la imagen para ver la historia completa

Pincha en la imagen para ver la historia completa

Mientras tanto, creo que es interesante conocer la Historia de la Incubadora tal y como la conocemos…  y da para pensar el nombre que se le  dio: INCUBADORA.

Podría haberse llamado “Maternadora” ,”Útero artificial”… pero no.

Se llamó incubadora, porque de hecho, se inspiró en aves que incuban, y  en un aparato diseñado para imitar esa acción.

Y ya se sabe que los humanos no somos gallinas incubando pollos, somos mamíferos.

Y la gestación  intra-útero es mucho más que dar calor a un huevo estático.

Te invito a leer esta presentación del Dr. Andrés Morilla Guzmán. Quizás te sorprenda.

[slideshare id=16182391&doc=historiadelaincubadora-130125162530-phpapp01&type=d]
(Si no la ves pincha aquí)

¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

Cada vez es más conocido que el contacto piel con piel es fundamental para el desarrollo de los bebés, especialmente cuando nacen antes de término  (prematuros) o tienen alguna patología y/o necesidad especial.
Hoy sabemos que además del cocktail hormonal que se segrega piel con piel, la sensación de seguridad y contención que le da a los bebés estar pegados al cuerpo de su madre (principalmente), su padre u otra figura de apego, es beneficiosa para casi todo aspecto de su vida.
Como asesora de maternidad recomiendo el piel con piel a todos los padres en casi cualquier circunstancia. Es muy satisfactorio cómo luego los padres refieren que notan mejoría en sus bebés tras practicarlo, bien sea a nivel físico y/o emocional.

Problemas de lactancia, molestias digestivas, dermatitis, febrícula,  hipo, problemas respiratorios, irritabilidad y un largo etcétera de situaciones en los que esta sencilla práctica funciona casi milagrosamente o ayuda a regular el estrés del bebé lo que sin duda, contribuye a minimizar las consecuencias de la dolencia.

Beneficioso ¿hasta cuándo?

Es frecuente que los padres me pregunten que hasta cuándo pueden practicar el piel con piel con sus hijos. Mi respuesta:  mientras ambas partes quieran.

No hay una edad límite para beneficiarse del contacto piel con piel.

Como ocurre con el masaje, puede cambiar la forma de aplicarlo,
pero no hay fecha de caducidad para disfrutar de todos los beneficios que implica el piel con piel.

Si nuestro hijo o hija es ya más mayorcito y no nos es cómodo (o él/ella no quiere) ponerse sobre nuestro pecho, podemos acostarnos juntos abrazados  solo con ropa interior mientras, por ejemplo, leemos un cuento o disfrutamos juntos de una película.

 

¿Y en la edad adulta?

¿Funcionará también el piel con piel en adultos igual que con los bebés y niños?

El oro día en una consulta a unos padres recientes les explicaba la termoregulación que se consigue con el piel con piel y me preguntaron si funcionaría también con adultos. Mi respuesta: ¿por qué no?
Es evidente que los adultos a veces ponemos otra carga de consciencia y conciencia cuando tocamos a otra persona o nos tocan. Pero dejando a un lado eso, siempre que un cuerpo toca a otro cuerpo se genera una reacción.

Creo firmemente que a no ser que la persona nos genere un rechazo por algún motivo,  tener contacto piel con piel en las condiciones adecuadas, seguirá generando hormonas placenteras que nos ayuden a controlar el estrés y a proporcionarnos placer. Y controlar el estrés al final es la meta del equilibrio en biología. La mayoría de nuestros desórdenes son dieta o indirectamente relacionados con el estrés, con lo que cualquier cosa que contribuya a reducirlo y mantenerlo en los niveles adecuados será beneficiosa.
Vuelvo a usar el masaje como ejemplo porque quizás es la única práctica relacionada con el contacto cuerpo a cuerpo que nuestra sociedad mantiene como “habitual” fuera de las relaciones sexuales.
Yo soy masajista y aunque conozco formas de masaje que implican utensilios, nada es equiparable al tacto de la piel humana. EL quiromasaje (masaje con las manos) es una técnica que no solo aporta beneficios al cuerpo y la mente, sino placer.

¿Quién no ha disfrutado alguna vez de un masaje relajante y se ha sentido como transportado a otro lugar?
¿Hay acaso algún medio más efectivo para entrar en calor cuando hay frío?

Escena de "El Santo" en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

ola Escena de “El Santo” en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

 

Así que mi conclusión en este post es que disfrutemos de todos los beneficios y del placer que nos da el contacto. Todo el tiempo que queramos, con aquéllos que queremos.
Siempre hablamos de los beneficios que obtienen nuestros hijos del contacto, pero seguro que vosotros, como yo, sabéis, que el beneficio es mutuo al estar en contacto estrecho con ellos…
Y si no, os animo a ver la película La Belle Verte  sobre todo a partir del minuto 28.

 

Masaje Infantil

Tras asistir al curso de formación como Educadora en Masaje Infantil por AEMI (Asociación Española de Masaje Infantil) pronto empezaré con los talleres para padres. Al estar en formación serán talleres a un precio reducido. En breve os comentaré los detalles.
Serán talleres con plazas limitadas. Si no podéis asistir a los míos os puedo pasar el contacto de otras educadoras, que quizás están más cerca a vuestro domicilio.
Hay educadoras en formación también en Lanzarote y Tenerife 🙂
Podéis preguntar o preinscribiros por email:

mimosyteta@gmail.com

El Dr. Bergman explica por qué volvió a la vida el bebé  declarado muerto

El Dr. Bergman explica por qué volvió a la vida el bebé declarado muerto

La Noticia de un recién nacido declarado muerto, y que sobrevivió después de ponerlo en contacto piel con piel con su madre, ha atraído la atención de todos los medios. Preguntado sobre este tema, hago este comentario:

Esta es una historia emotiva, ¡pero poco original! Es poco frecuente, pero sucede. De hecho hace tan solo 2 semanas ¡pasó aquí en Cape Town! Susan Ludington-Hoe introduce uno de sus libros sobre los Cuidados Madre Canguro con una anécdota similar.

Mi propia investigación e “hipótesis” a propósito de este tema están basadas en el hecho de que para casi todos los mamíferos recién nacidos, la separación de la madre es un peligro vital. Esto activa una potente reacción de defensa,  como es la de “apagarse”  e inmovilizarse (congelación y disociación por la activación del nervio vago). Los reptiles utilizan este mismo mecanismo de la defensa vagal para reducir su frecuencia cardíaca a niveles que matarían a los mamíferos, que necesitan más oxígeno. Como adultos, creemos que el estrés aumenta la frecuencia cardíaca, a causa de  nuestro sistema nervioso simpático, pero lo que no ha sido correctamente entendido es que  incluso los  recién nacidos a término tienen muy inmaduro  el sistema nervioso simpático, mucho más inmaduro aún los prematuros. Los prematuros sólo pueden  disociarse, y si están estresados antes de su nacimiento, sólo podrán permanecer en la disociación, con niveles de oxígeno peligrosamente bajos. Nuestra tecnología de reanimación puede forzar un poco  la oxigenación,  la respiración, la presión sanguínea y la temperatura, pero ese es un trabajo en contra de la “corriente del sistema nervioso autónomo”. Existe una gran variabilidad en la sensibilidad y la resiliencia en todos los seres humanos, y algunos son sensibles y sucumbirán a pesar de nuestra tecnología.

Lo que el “Cuidado Madre Canguro” consigue  es restablecer la biología de supervivencia básica. La clave es el” contacto piel con piel”, porque las fibras sensoriales profundas de la piel llegan a la “unidad de procesamiento emocional” del cerebro (amígdala), y le dicen al cerebro “estás a salvo”. Esto desactiva la disociación (modo no seguro), y restaura la regulación (modo seguro) , que es la verdadera función del nervio vago.

Pero puede haber una paradoja en este  caso. Las circunstancias permitieron a este bebé estar en contacto piel con piel durante mucho tiempo, lo que puede, de hecho, haber sido su salvación. Tal vez su tolerancia a la separación haya sido inexistente. Pero la paradoja puede llegar aún más lejos… tal vez su respuesta vagal fue tan profundamente poderosa al disociarse a fin de sobrevivir, que durara el tiempo suficiente en estado “apagado” para que se le permitiera volver a estar en contacto con su madre. Por lo tanto, puede ser que este bebé haya sido altamente resiliente y por eso sobrevivió! !! La Organización Mundial de la Salud llama a esto “Cuidado Madre Canguro” , y la madre fue la clave para la supervivencia del bebé.

Pero es muy  bueno que esta noticia esté recibiendo tanta atención …
¡Todos los bebés deben estar en contacto piel a piel con su madre desde su nacimiento, ningún bebé debe ser separado de su madre (o padre!). Y esto aplica especialmente  en el caso de  bebés prematuros.

Dr. Nils Bergman

Traducción de  Nohemí Hervadadel  artículo publicado en Kangaroo Mother Care

 

El abrazo materno no es un método

en la piel del padre

El pasado 2 de junio salió en El Pais un artículo  que está circulando por nuestras redes.   Las personas no informadas pensarán, que qué bien, que la criatura esté con su padre y no en manos de un personal sanitario que le aplica un protocolo de inspección clínica.

 Y yo creo desde luego que es un mal menor para la criatura.

La pregunta es ¿por qué no se hace el tipo de cesárea con anestesia epidural que se ha comprobado permite estar consciente y recibir ella misma a su bebe?

Piel con piel

Nils Bergman (2002) dice que para la criatura al nacer sólo hay dos situaciones posibles, que resume con un juego de palabras:  ‘mother’  y  ‘other’ (‘madre’ y ‘otros’);  y lo hace para trazar una  línea divisoria que deja claramente definido el único hábitat que la criatura reconoce como adecuado y tranquilizador, el cuerpo de su madre;  y que el estar sobre cualquier cosa o persona que no sea su madre no lo reconoce y le produce stress.   Bergman insiste en ello aunque es obvio que los grados de stress pueden ser muy diferentes,  y la gravedad de los impactos correspondientes también; y que es mejor que escuche voces familiares, aunque su principal fuente sensorial, el olfato, esté recibiendo señales irreconocibles.

Creo que si Bergman centra su explicación en la dicotomía mother/other (madre/otros), es porque si dedicamos nuestro esfuerzo y nuestro trabajo a reducir el mal menor del  ‘other’,  podremos incluso sin quererlo,  estar de hecho participando en el mantenimiento del mal esencial,  la eliminación de la madre, por utilizar una expresión de Odent.

Lo peor de la dominación y del sistema represivo no es la conducta que impone sino la que impide que se desarrolle.  (Lo segundo peor es que la devastación se produzca de manera invisible, porque entonces no se puede actuar conscientemente para evitarla).

Y lo que se impide con la eliminación de la madre es el normal desarrollo del sistema neuro-endocrino-muscular del que depende todo el metabolismo basal  de la criatura recién nacida,  convirtiendo un proceso natural en un proceso patológico (Bergman 2005).  Además, al bloquear el sistema de la criatura, también se bloquea el de la madre con lo que también se bloquean los sistemas de retroalimentación y autorregulación  mutuos.  En cambio la introducción de la patología sirve para retroalimentar la intervención de la medicina.  Así se produce el sabotaje de la función femenino-materna y de la vida humana en su etapa primal.

Por ello, dice también Bergman (2005), cualesquiera que sean  las circunstancias, lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer es no ser recibido por su madre,  y permanecer separado de ella.   Y también sabemos que la cesárea no tiene por qué ser un motivo que impida que la madre abrace a su criatura desde el momento en que es extraída del útero.

Seguimos  pues con todo tipo de excusas en nombre de la ciencia para la eliminación de la madre (Odent), aunque la ciencia ya haya probado que dicha eliminación es una violación del cuerpo de la criatura (Bergman 2005)).

Así es como llegamos a esta propuesta del método madre canguro, aliado de un tipo de cesárea que físicamente elimina a la madre.  Césarea y método madre canguro se convierten en otra fórmula para ejecutar el matricidio moderno.

La conversión en España del Kangaroo Mother Care en el Método Madre Canguro no es inocente.   El Método Madre Canguro, a diferencia del abrazo materno,  lo puede practicar cualquiera, como nos explican en el artículo de referencia.

El abrazo materno brota del interior del cuerpo materno,  y es el único cuerpo que puede producirlo; no tiene nada que ver con método alguno,  funciona por el propio impulso del deseo y tiene su propia sabiduría.

La diferencia entre el abrazo definido por el método y el abrazo que brota del impulso interior la hemos experimentado todo el mundo y es facil de reconocer;es la diferencia entre un abrazo o un beso que se da porque nos sale de dentro, y un abrazo o un beso que se da en cumplimiento de una formalidad convencional, socialmente establecida.

El  beso y del abrazo que recibimos nos alcanza de modo diferente según el deseo de quien nos besa y nos abraza.  No hacen falta palabras para saber si un beso es un protocolo formal o si hay algo de lo otro;  nadie nos tiene que decir la intensidad del deseo de quien nos abraza y nos besa, ni tampoco medir la cantidad de oxitocina en la sangre para saberlo.  Aunque en el caso de la maternidad, sí se han medido las descargas de oxitocina en la madre inmediatamente después del parto y sabemos todo lo de la impronta, etc…   A pesar de lo cual parece que da igual que sea un cuerpo que otro, puesto que no se trata de que actúe el sistema sexual del continuum materno, sino de seguir un método;  un método que puede seguir cualquiera, incluso el  cuerpo más disciplinado y aséptico.

Y así nace una nueva función patriarcal del hombre y una nueva legitimación de la eliminación de la madre:  practicar el método madre canguro.  Como dice Victoria Sau, ¡la madre ha muerto! ¡viva el Padre!  (Y como diría Agustín García Calvo:   ¡Pobres hombres!).

Casilda Rodrigáñez
casilda@casildarodriganez.org
www.casildarodriganez.org

 

 

Declaración sobre el Llanto de los bebés

Cuando un recién nacido aprende
en una sala de nido que es inútil gritar…
está sufriendo su primera experiencia de sumisión.
(Michel Odent)


Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:

Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que ‘sea normal’. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre, o el más frecuente, y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego; por esta razón no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita; el bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra The Continuum Concept, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano.

Esto es cierto durante el primer año de vida; y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (por eso la antigua famosa ‘cuarentena’ de las recién paridas); luego, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos algunos ratos. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando el bebé empieza a andar: entonces empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

La verdad es obvia, sencilla y evidente.

El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.

Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Las madres y los padres, aunque nos han educado en la creencia de que ‘es normal que los niños lloren’ y que ‘hay que dejarles llorar para que se acostumbren’, y por ello estamos especialmente insensibilizadas para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizadas. Por eso los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la ‘administración de la tortura’, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés cuando hacemos ésto, y nos infligimos a nosotras mismas, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana; demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados, produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico; en fin, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir sol@s en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.

En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza: al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado modelos de walkyes talkys especiales para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, se medicaliza cada vez más la maternidad de las mujeres; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado la relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del mal trato y de la falta de placer corporal en la etapa primera de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita ; ell@s saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.

También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo: en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como ‘muerte súbita’. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por ‘muerte súbita’ se producen en la cuna. Los estudios demuestran que es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo.

Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro Duérmete Niño (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de las madres y los padres al llanto de sus bebés; se trata de un conductismo especialmente radical y especialmente nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso, cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo; posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.

http://www.suenoinfantil.org/

Amor de madre, ¿sólo química?

Las hormonas mandan en el cariño que las parturientas tienen por sus hijos,
pero factores sociales como la pobreza extrema pueden alterar ese proceso biológico.

Las madres quieren a sus hijos. Pero ¿por qué a veces resulta que ese absoluto no lo es tanto, como demuestra el fenómeno, universal y atemporal, de los abandonos? ¿De qué está hecho el vínculo madre-hijo? Los científicos le prestan cada vez más atención. Están averiguando cómo se establece, qué papel juega en el desarrollo y si deja huellas en el futuro adulto. Y ¿qué pasa con los padres? De fondo está el debate eterno de cuánto en nuestro comportamiento es biológico y cuánto cultural. La respuesta es: mucho más de lo que creemos -y esto vale para lo biológico y para lo cultural-.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. Hace tres años el grupo de Paul Zak, director del Centro para Estudios Neuroeconómicos, en California (EE UU), vio que si rociaba con oxitocina a varios voluntarios, éstos se volvían mucho más dispuestos a confiar su dinero a un extraño. Y funcionaba sólo entre personas, no cuando se trataba de invertir por ordenador. También es reciente el hallazgo de que el distinto comportamiento familiar de dos especies de roedores, por lo demás muy similares, se debe a la oxitocina y a otra hormona similar, la vasopresina. La especie que vive en llano crea relaciones monógamas largas para cuidar a las crías, mientras que en la de montaña hay mucha promiscuidad y los machos pasan de la prole. Las primeras tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina que las de montaña.

Es decir, que “la oxitocina es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo”, ha declarado Zek, cuyo trabajo ha publicado Nature. Los opiáceos, por su parte, son los encargados de mantener la conducta y de hacernos en cierto modo adictos al afecto. Varios trabajos han demostrado que los ratones sin receptores de opiáceos no muestran preferencia por sus madres. Y al contrario, cuando a crías de rata sanas se las separa de sus madres son los opiáceos y la oxitocina lo que calma su ansiedad.

Pero, volviendo al vínculo materno-filial, ¿en qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. Así que el amor materno empieza a fraguarse muy pronto, a base de hormonas. No en vano la Organización Mundial de la Salud recomienda hoy que el recién nacido sano y su madre estén juntos -la observación del bebé “no justifica la separación”, dice la OMS-, y que la lactancia sea “inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de partos”.

La mayoría admite hoy que hay un periodo sensible inmediatamente después del parto, en el que el recién nacido está tan receptivo al olfato y al tacto que, colocado sobre el cuerpo de su madre, puede llegar él solo al pezón y empezar a chupar. En cuanto a la madre, para ella el bebé es una máquina de producir sonidos, caricias y olores que disparan su neuroquímica del amor. Basta que el bebé chupe los pezones para que ella produzca oxitocina y prolactina. Y el pequeño no sólo busca comida. Harry Harlow -para muchos un torturador de animales- demostró en los sesenta que los bebés de mono prefieren madres falsas de cálido paño incapaces de alimentarlos a otras con biberón hechas de alambre.

“El recién nacido es un mamífero que necesita el contacto con la madre que lo acaba de parir. Tiene que sentir su olor, su tacto, escuchar su voz”, dice Gema Magdaleno, matrona del hospital La Paz, en Madrid. “Lo antinatural es separarles. La madre y el hijo son dos desconocidos que necesitan reconocerse, es algo muy animal. En ese primer momento comienza la impronta”. En La Paz están empezando a implantar el método piel con piel cuando el niño nace sin problemas: tras una inspección rápida el bebé sano es colocado desnudo junto a su madre y suben juntos a la habitación en la misma cama. “Las madres están mucho más satisfechas. Y en los recién nacidos hay síntomas físicos clarísimos: no lloran, respiran más tranquilos, buscan la mirada de su madre, tienen movimientos más armónicos y comienzan antes a mamar. Lo raro es que a estas alturas haya que explicar algo obvio”, dice Magdaleno.

No siempre fue tan obvio. Con la medicalización de los partos -que trajo un gran descenso en la mortalidad infantil- también se impuso el uso de nidos, y pareció olvidarse un comportamiento madre-hijo que millones de años de evolución han seleccionado para promover la supervivencia de una cría que nace muy inmadura. Ha habido que redescubrir la importancia del contacto para que métodos como el piel con piel se vayan imponiendo con mayor o menor rapidez.

En España parece que con menor. “En muchos hospitales españoles aún se tarda mucho en poner a los hijos con sus madres”, dice Ibone Olza, psiquiatra infantil del hospital Puerta de Hierro y miembro de la campaña Que no os separen (www.quenoosseparen.info) que promueve el piel con piel, también en prematuros.

El problema es más grave con los niños que no nacen sanos, y que quedan ingresados cuando “no han llegado aún a hilvanar los sentimientos padre-madre-hijo”, explica Carmen Pallás, jefa del Servicio de Neonatología del hospital 12 de Octubre. Sólo 8 de 83 unidades neonatales españolas dejan entrar libremente a los padres, dice Pallás: “La mayoría restringen las visitas de forma drástica, en algunos casos impidiendo cualquier tipo de contacto a lo largo de todo el ingreso. La relación padres-niño puede verse seriamente distorsionada en estos casos”. En el 12 de Octubre hay voluntarios, a menudo personal del propio hospital, que practican el piel con piel con bebés que, por distintos motivos, no pueden ser visitados por sus padres. Los beneficios de esta práctica se consideran probados.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el vínculo no puede establecerse en el nacimiento? ¿Qué pasa en las cesáreas? ¿En los niños adoptados? “El momento en torno al parto es una oportunidad muy buena, pero lo bonito es que hay muchas más. Los padres de niños adoptados establecen vínculos muy intensos con sus hijos”, responde Olza. “Los niños tienen una plasticidad enorme. Incluso si traen secuelas, su capacidad de superación cuando tienen unos padres que los quieren es maravillosa”.

Eso que muchos niños con secuelas deben superar es la muesca cerebral de la indiferencia. Un estudio hace tres años descubrió que niños que habían pasado sus primeros años en orfanatos de la Rumania de Ceausescu respondían con menos oxitocina de lo normal a sus madres adoptivas. También se ha visto que los niños que no han podido establecer vínculo alguno con un cuidador tienen a menudo síntomas propios del autismo. Y es que hoy se sabe que la explosión bioquímica del apego moldea el cerebro y deja su firma en la vida adulta.

“En la última década el estudio del desarrollo del cerebro ha dado evidencias incuestionables sobre la importancia de los afectos y la formación del vínculo del recién nacido”, explicó la neurobióloga chilena Eugenia Moneta en una reciente charla en el hospital del Niño Jesús, en Madrid. “El desarrollo del cerebro depende de interacciones externas, en particular las relaciones de afecto con los cuidadores. Estos aspectos afectivos moldean las redes neuronales”. Pero esta experta recuerda también que, al margen de cuándo empiece, el apego se construye toda la vida.

Hasta aquí, el inmenso poder de la biología. Pero entonces, ¿por qué a veces falla? En la Comunidad de Madrid (CAM), cada año entre 30 y 40 madres dan sus bebés en adopción tras parirlos en hospitales -se llaman renuncias hospitalarias-. Y anualmente se dan unos tres abandonos en la calle, que se sepa. En la Comunidad Autónoma de Madrid dicen que estos datos no han variado en los últimos años. En Cataluña hubo 54 renuncias hospitalarias en 2007, 57 en 2006 y 43 en 2005; un bebé fue encontrado en la calle en ese periodo. Cada comunidad tiene sus datos. Y no parece que el fenómeno aumente sino más bien al contrario.

En cualquier caso el abandono no es algo nuevo, a pesar de que varias ciudades europeas han instalado buzones-bebé. La antropóloga estadounidense Sarah Blaffer Hrdy habla en El pasado, presente y futuro de la familia humana de miles de niños abandonados en instituciones de París en torno a 1780. Investigadores del Instituto de Economía y Geografía (IEG) del CSIC dicen que Madrid no era muy distinto. En 1812 entraron en la inclusa madrileña 1.800 niños abandonados, y murieron todos. “A lo largo del primer tercio del siglo XX esa cifra se mantuvo entre 1.300 y 1.500 niños cada año, de los que morían el 62%”, explica la doctoranda del Instituto de Economía y Geografía Bárbara Revuelta.

¿Qué pasó en esa época con el instinto maternal? Datos como los anteriores han hecho que muchos nieguen su existencia, y devuelvan el peso a la sociedad. “La maternidad entraña una decisión, no es exclusivamente biológica. Empieza con una aceptación, un deseo, de cuidar un niño”, ha dicho otra antropóloga, Nancy Scheper-Hughes, que estudió una localidad brasileña muy pobre donde las madres dejaban morir a algunos de sus hijos.

Antropólogos, trabajadores sociales e historiadores identifican elementos comunes en los abandonos: falta de recursos y, sobre todo, de apoyo del entorno social o familiar. ¿Va a resultar al final que el entorno social gana la partida a la biología? Blaffer Hrdy no se resigna a ello, y compara a los humanos con los tamarinos. En estos primates los machos son indispensables para cuidar la prole, hasta el punto de que cuando no están disponibles la madre puede abandonar las crías. Lo social, entonces, se integra en la biología: la madre sabe que si trata de cuidar sola a las crías ella misma morirá, algo fatal para la evolución, que no selecciona esa conducta.

MÓNICA SALOMONE

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Amor/madre/solo/quimica/elpepusoc/20080713elpepisoc_1/Tes