Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

inscripción asesora scontinuum

Madres desbordadas ¿malas madres?

Madres desbordadas ¿malas madres?

Mi abuela paterna fue “sólo” madre.
Mi abuela materna fue madre de familia numerosa pero no crió a sus hijas mayores.
Mi madre fue mujer trabajadora primero,  y madre de familia numerosa, prácticamente sola, después.
Su “conciliación laboral y familiar” pasó porque su hija mayor se encargara de los pequeños y de gran parte de tareas de la casa mientras ella trabajaba.
Yo hoy soy heredera de todas esas dinámicas con las que he crecido y voy aprendiendo a compaginar mis “creencias”  sobre la vida familiar y los hijos con mis conocimientos sobre las necesidades de los bebés y niños y con mis deseos como mujer adulta de tener mis propios espacios fuera del rol de madre.

.

Ser madre hoy

Creo que tenemos el papel más difícil en generaciones. Porque tenemos más información y eso en vez de convertirse en lo que debería ser, una herramienta para saber cómo hacer las cosas de forma más sabia y eficaz, se ha convertido por el contrario, en un arma para culpabilizarnos (aún más si cabe).

Resulta que nos han dicho qué debemos hacer pero nos han dejado solas, sin armas, en la arena.

Nosotras hemos cambiado nuestra mentalidad para no arrojar una carga innecesaria sobre nuestros hijos pero, en la mayoría de los casos, no han cambiado nuestras parejas, ni ha cambiado  la sociedad que nos sigue haciendo escoger entre lo que debe ser y entre lo que puede ser.

Somos la infantería de esta guerra. Las más expuestas, las que arriesgan su cuerpo, sus energías, su vida, en una batalla en la que otros, desde sus lugares estratégicamente seguros y confortables, al final se colgarán las medallas del éxito.

Madres desbordadas-malas madres

 

Y la realidad es que ser madre de varios hijos, criarlos, es decir: proveerles el cuerpo, contacto y atención que merecen, educarlos, cuidar el entorno en el que viven, nutrirles de forma adecuada, ofrecerles un ambiente sano y estimulante, seguro, confortable, limpio…hacer todo eso y hacerlo sola es misión imposible.
Incluso en los casos en que la pareja no “ayuda” sino que se involucra y comparte este trabajo sin fin, es muy difícil hacerlo sin dejar cadáveres por el camino.

Uno de los “cadáveres” habituales, del que hablaba en este post para el blog Asesoras Continuum, es convertir a los hijos mayores en una especie de franquicia nuestra.

.

hermano mayor

Pinchad en la imagen para leer el post completo

Sobre todo en el caso de familias monoparentales, o donde el padre está ausente física o emocionalmente, es fácil encontrar a los hijos mayores asumiendo cargas que no les corresponden.
En algunos casos los hijos mayores no solo se convierten en nuestros “ayudantes” o en los “encargados” de las tareas logísticas del cuidado de los hijos pequeños y la casa, a veces, y lo que es peor, se convierten en nuestro sostén emocional.

.

Culpa No, responsabilidad SÍ

.

Las madres no lo hacemos por gusto, por supuesto, es normal que cuando hay varios hijos, incluidos bebés o niños pequeños que nos reclaman todo el tiempo, prioricemos ese trabajo por delante de otros y busquemos el modo de conseguir acabar el día sin desfallecer ni volvernos locas.
Cuando no hay más adultos que nos ayuden a asumir todo el trabajo y/ o que nos sirvan de desahogo y de apoyo es fácil hacer de nuestro hijo o hija mayor nuestro “amigo y confidente”.
Ese es un fallo enorme porque estamos invirtiendo los roles. Ellos aún son niños que nos necesitan a nosotros para completar su desarrollo hasta alcanzar su madurez emocional.

Este post no es para que creamos que le hemos amargado la vida a nuestro(s) hijo(s) sino para que nos paremos a pensar en qué patrones tóxicos estamos perpetuando sin darnos cuenta y para que busquemos otra forma de gestionar nuestra realidad difícil.

No es cuestión de culpabilizarnos, pero sí de asumir responsabilidades.

Si eres madre de familia numerosa analiza el día a día de tu vida y del trabajo que hace cada uno en la familia.

  • ¿Es el hermano mayor el “encargado” de cuidar a su(s) hermano(s)? ¿Puede decir “no”? y si es así ¿Cómo reaccionamos a su negativa a hacerse cargo de su hermano?
  • ¿Tiene edad de cuidarse solo? ¿Le dejarías solo en casa?
    Si no es así, no es lógico que además de no encargarnos de él le pidamos que él cuide de alguien aún más pequeño.
  • ¿Colaboran todos en la casa (si tienen edad para ello) ocupándose de sus propias cosas: cama, recoger sus juguetes, poner y quitar la mesa, colocar su ropa, poner la ropa sucia en el cesto etc? ¿ o por el contrario unos se encargan de hacerle esas tareas a otros?
    En una familia la meta es que todos lleguen a ser autónomos, no que haya uno que le haga el trabajo al resto.
  • Al hablar para pedir ayuda a tu(s) hijo(s) mayor(es) ¿Qué expresiones  usas?
    No  es lo mismo decir: “Vigila a tu hermano” que “¿me puedes hacer un favor y mirar a tu hermano mientras yo hago tal o cual cosa y me avisas si me necesita?” En el primer caso le imponemos la orden de asumir el rol de cuidador, en la segunda dejamos claro que el rol es nuestro y le pedimos que nos ayude, porque necesitamos hacer otra cosa, manteniendo nosotros la responsabilidad final sobre el pequeño.
  • ¿Perpetuamos situaciones de injusticia y desigualdad no solo por orden sino por género?
    Por ejemplo:  la hermana mayor es la única que aprende a cocinar,  a hacer la compra o planchar y/o el hijo mayor se convierte en el policía social de sus hermanas pequeñas.

Estos son solo algunos ejemplos para observar qué dinámica estamos creando en nuestro hogar.
Por supuesto no es lo mismo que nuestro hijo mayor tenga 4 años, 9 o 15, pero en cualquier caso el objetivo es

  • Que todos nuestros hijos que crecen en un hogar con hermanos vivan la experiencia como les corresponde. Desde el rol de hijos, no de padres sustitutos.
  • Que aprendan que criar hijos es un trabajo agotador pero gratificante.
  • Que nuestro cansancio no es por tenerlos a ellos sino por criar sin tribu
  • Que sepan que su colaboración nos es de gran ayuda pero que no es su trabajo ni su responsabilidad preocuparse por ellos ni por nosotros
  • Que se den cuenta que mamá no es perfecta ni pretende serlo, pero que cuando se da cuenta de que algo no se ha hecho bien pide disculpas e intenta rectificar (Gran lección de vida esa)
  • Que se sientan queridos, valorados, respetados y apreciados en su individualidad.
  • Que no crezcan creyendo que nuestro amor hacia ellos depende del “trabajo” que realizan para nosotros
  • Que entiendan que el amor se demuestra con acciones y que quieran contribuir a aligerarnos la carga por eso, porque nos aman, no porque se sientan obligados
  • Que si algún día deciden ser padres y madres disfruten de y con sus hijos, de estar tiempo con ellos disfrutando y que lo hayan aprendido de nosotras.

Disfrutar con los hijos

 

Querida madre desbordada como yo,
sola como yo

imperfecta como yo,
desquiciada por momentos como yo,
 perfeccionista como yo,
histérica a ratos como yo,
inconsecuente entre lo que piensas y lo que haces como yo,
frustrada por no conseguir que las cosas salgan siempre como quieres como yo,
soñando con tener unas vacaciones sin niños aunque no lo confieses delante de ellos ( o sí) como yo,
envidiosa de las madres perfectas como yo,
celosa (a ratos) de las que tienen hijos perfectos como yo…
Mala madre y Buena madre COMO YO
Querida compañera… como una vez leí a una madre imperfecta… recuerda que:

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

 

 

PD: Dedicado a Inma y a todas las madres desbordadas, solas, imperfectas, desquiciadas, perfeccionistas, histéricas, inconsecuentes, frustradas, soñadoras, envidiosas, celosas, a todas las Buenas y Malas madres a la vez.
Imagen destacada ©BadMoms 
Film

 

Los 10 mejores regalos para unos futuros padres

 

Todos los padres hemos vivido la experiencia de recibir regalos al nacer nuestro(s) hijo (s) que no nos sirvieron de mucho.

 

Antes de enumerar mi lista de los mejores regalos voy a enumerar los peores que yo recibí ( y por supuesto es mi humilde opinión personal, que nadie se ofenda 😉 :

* Ropa indescriptiblemente horrible e incómoda, o desajustada a la edad/época del año, o sencillamente ropa que no te gusta, sin más.

*Colonias y perfumes ( por si no lo sabéis no es recomendable usarlos con bebés)

*Bombones (que si te los comes tú malo, y si se los comen los demás, peor)

*Sábanas y demás complementos de cuna ( yo no usé cuna, así que sábanas, mantas, chichoneras y demás… todo inútil)

*Carrusel de cuna ( aparte de mi propia opinión de estos artilugios, ya dije que no usé cuna, así que, más de lo mismo)

*Intercomunicadores (de esto no voy a hablar… si me leéis habitualmente imaginaréis lo que sigue)

*Superbañera cambiador que al segundo mes ya no cabía mi hijo, ni nosotros en casa con ella… ¡dichoso armatoste ocupaespacio!

*Adornos varios para la casa:  como con la ropa, pero peor, porque ocupan más espacio y no vale la excusa de “es que se le quedó pequeño enseguida”. Quienes te regalan ese jarrón o figurita horrible esperan verlo cuando van a verte presidiendo tu salón.

*Chupetes, biberones, baberos y similares… aquí me ahorro la explicación verdad? 😉

 

Ahora sí voy con mi lista de regalos inolvidables para los padres.

BabyMoon

Por favor olvidad vuestros propios prejuicios y pensad que un regalo es algo que se hace pensando en agradar al otro.  Si a ti te hace una ilusión enorme que coloquen tu figurita  de papel maché en el salón, me parece genial… pero práctico, lo que se dice práctico para unos padres… no sé yo.

He hecho esta lista pensando en lo que a mí me hubiera gustado que me regalaran (sobre todo con mi primer hijo, con la última ya había aleccionado al entorno 😉 )

1.-Dinero para financiar el parto  y posparto. Tener la seguridad de que vas a tener a los profesionales que quieres que te acompañen en ese momento y días posteriores no tiene precio. Matrona, doula, asesora continuum… las personas que pueden ser la diferencia entre tener un parto respetado, una no separación madre-bebé y un correcto inicio de la lactancia o todo lo contrario.

2.-Intendencia con las  Comidas Si la madre tiene cubierto este punto y el siguiente os aseguro que su puerperio será como estar en un  hotel. Podrá centrarse en lo que toca que es estar con su bebé.  

3.-Gestión de las labores domésticas Limpieza de la casa, plancha, compra, etc

4.-Un Pack de Portabebés Del mismo modo que usamos variedad de ropa y calzado dependiendo de la actividad, y época del año, tener varios portabebés que se adecuén a cada momento del desarrollo del bebé y de  la vida de los padres es fundamental. A este punto se puede añadir el siguiente

5.-Asesoría para aprender el correcto uso de los Portabebés Que tu regalo no se quede en un cajón porque no saben sacarle provecho. Una hora de asesoría personalizada puede ser la diferencia entre disfrutar de llevar a su bebé consigo o no hacerlo.

6.-Pañales Preferiblemente de tela, que así no les solucionas una semana, sino varios años de ahorro para ellos, y para el planeta.

7.-Silla de seguridad del automóvil. Esto no es negociable. Esto lo van a necesitar sí o sí si tienen coche.

8.-Más tiempo con mamá.Este punto va a chocar, pero también chocó hace años que los novios empezaran  a poner en la invitación de bodas un nº de cuenta porque no querían 3 jarrones y 4 batidoras, sino comprar lo que quisieran, pagarse la luna de miel o lo que sea. Una de las mayores preocupaciones de las madres que trabajan fuera de casa es que la licencia de maternidad es escasísima y no tiene en cuenta las necesidades del bebé. Yo aconsejo a las madres que alarguen, si quieren, la vuelta al trabajo todo lo que puedan: hora de lactancia acumulada, días de vacaciones y de asuntos propios, e incluso, uno o más meses de baja sin sueldo, o excedencia. Muchas familias hacen un gran esfuerzo económico para poder alargar el tiempo en que el bebé esté al cuidado de quien necesita: su madre. ¿Por qué no ayudarles a financiar ese tiempo? Si ayudamos a los novios a que se paguen una luna de miel, ¿por qué no contribuir a que madre e hijo alarguen la suya? Ahora sabemos que va a influir más en la felicidad de ese bebé pasar más tiempo con su madre, que viajar a Egipto cuando tenga 35. Es cuestión de pensarlo y plantearlo. Igual ahora suena “raro”… ojalá dentro de unos años sea tan normal como el ejemplo que puse de la invitación de bodas. Por cierto en invitacionesdeboda.wordpress.com  hay ejemplos de cómo poner el nº de cta de forma sutil y elegante… (tomad nota futuros papás 😉

9.-Ser Miembro del Club Mimos y Teta Una de las cosas que más nos preocupan a los padres primerizos, es la cantidad de dudas que nos asaltan y a quién poder preguntar. El problema con esto es que podemos preguntar a personas poco informadas en el tema en cuestión (véase lactancia y pediatras por ejemplo) o topar con personas que más que ayudarnos a encontrar nuestra própia respuesta nos ofrezcan la suya. A mí personalmente tan peligrosa me parece la una como la otra, por eso ofrezco en el Club Mimos y Teta la oportunidad de tener herramientas de información, consultorías, y acompañamiento. Muchas de las familias con las que he compartido estos últimos años coinciden en que esto fue lo que más les ayudó en su M/Paternidad. ¿Por qué no  ser tú quien se lo regale?

Y el último pero no por eso menos valioso… el que no te costará ni un céntimo de €…

10.-No les visites hasta que no te llamen y no des consejos que no te piden Un SMS  o un mensaje por Whats app felicitándoles y ofreciéndote si te necesitan es suficiente. No te preocupes que los padres van a hincharse a hacer fotos al pequeño y  tampoco va a cambiar tanto cuando le veas. Si vas a su casa que sea para llevarles cualquiera de las cosas “tangibles” de la lista. Créeme… por mucho que les quieras hay algo que los padres no solemos reconocer.. y es que las visitas tras el parto MOLESTAN.

 

Y como de todos modos, siempre hay quien quiere regalar ropita, Un outlet on line, puede ser una buena opción para encontrar chollos, así lo que os ahorráis, lo invertís en alguno de los regalos de la lista 😉

 

Mi amiga tiene problemas con la lactancia ¿cómo puedo ayudarla?

Esta es una de las preguntas más frecuentes que me hacen.

Es común que las primerizas vengan la primera vez a un grupo donde se ofrece apoyo a la lactancia de la mano de una amiga, su hermana, cuñada, etc.

Normalmente la que trae a la madre reciente ha sido o es una madre lactante, y ya le ha dado consejos y recomendaciones antes. A veces son madres con lactancias frustradas que en vez de quedarse con ese duelo en fase de rabia, lo transitan hasta llegar a un  punto sano. No reniegan de algo bueno por no obtenerlo. Aprenden a  transformar esa vivencia negativa en algo constructivo y de ese modo son las mejores acompañantes en las lactancias de su entorno.

En ese sentido contribuyen a fomentar la lactancia de la mejor manera, de forma casi invisible, pero efectiva. Estas madres ofrecen ayuda, información y apoyo. Pero a veces es fácil dejarse llevar y cruzar la línea y cargar con una responsabilidad que no nos compete.

Hay cargas que podemos llevar por otros y otras que son responsabilidad propia y única de la madre reciente .
Entre las cargas que podemos aliviar  a una madre puérpera, y más si está teniendo dificultades con la lactancia, está el ocuparnos de la intendencia de las C: casa, compra, comida…
También por supuesto darle información a sus dudas que en la mayoría sabrá resolver cualquier madre con experiencia y sentido común.

Pero una carga que nunca debemos llevar por una madre es Su Responsabilidad  ante el cuidado de su bebé.

Podemos darle información, sugerirle recursos, ofrecerle apoyo moral y emocional, hacerle saber que cuenta con nosotros si necesita que la acompañemos a buscar ayuda práctica y/o profesional, pero NO asumiremos el papel de tomar decisiones por ella, ni guiarla hacia un camino al cual no quiere ir.
Ese es uno de los motivos por los que cuando alguien me dice el comentario del título del post, le suelo responder:

-“dile que me llame ella”  

( a mí o a cualquier asesora de lactancia) o que acuda a un grupo de apoyo.

No es la primera vez que veo  venir casi a rastras a una madre con su bebé en brazos ( o en los brazos de la amiga/hermana/madre/cuñada…) bien al grupo o a una consulta privada. La madre del bebé con cara de “qué hago yo aquí”. Y la que la trae reportando al grupo o a la asesora la situación.  Como una especie de portavoz oficial.

En una ocasión recuerdo preguntarle a una madre en esas circunstancias :

-¿”Quieres que le eche un vistazo al pecho “? (tenía grietas)
y responderme con cara de entre condescendencia y desprecio:

-“Para eso he venido ¿no? “

He de decir que el puerperio es una época muy especial, con muchos factores que interactúan con nuestra preocupación y miedo por nuestro bebé y que si a eso se le une el dolor o la desesperación tenemos un cocktail que hay que manejar con mucha delicadeza. Nunca tomarnos como personal este tipo de reacciones y respuestas que en ocasiones recibimos de una madre en este estado.

La experiencia y el profundo respeto a cada persona, y sobre todo el amor a esta actividad, nos harán contextualizarlo y salvarlo casi siempre de una forma que rebaje la tensión y no la acreciente.

Pero nunca asumiremos el papel de salvadoras de lactancias a costa de las propias madres.

Ellas tienen que querer.

Y nosotras tenemos que saber hacer que sean ellas las que se sientan protagonistas.

Si una madre no toma un papel activo en la resolución del problema, siempre  tendrá la sensación de que “otros” salvaron su lactancia. No estaremos empoderándola, sino todo lo contrario, perpetuaremos el paternalismo  con el que ya ha sido tratada,  casi con total seguridad, durante todo su embarazo y/o parto.

Así que el primer paso para que asuma su papel es que ella decida si necesita y quiere ayuda, y si es así que la busque.  En la mayoría de los casos eso supondrá una llamada de teléfono o una visita a un grupo, y en otros pagar una consulta.

Decidir y tomar acción es una de las características del empoderamiento de una madre.
Y la profesional que acompañe a la mujer, sea cual sea su rol, debe recordar que atendemos personas en su totalidad, no situaciones. Y que una atención será mejor cuanto más empodere a la mujer y la haga ser dueña de todas las decisiones y acciones.

En este sentido sería bueno que las profesionales sepan cómo actuar y cómo no actuar en ese sentido.

Si eres una madre y quieres sentirte con más fuerza para tomar tus propias decisiones, organizo periódicamente talleres en vivo y on line:

“Empodérate”.

Para doulas, asesoras de lactancia y otros colectivos cuyo trabajo está relacionado con madres y familias, organizo también cursos  en ese mismo sentido.
Para más información, contacta conmigo.

mimosyteta@gmail.com

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

Aunque la mayor parte de mi trabajo lo efectúo con mujeres, son muchos hombres los que acuden a mis talleres.
Cuanto mejor se conocen los dos miembros de la pareja:  sus roles, sus necesidades, sus cambios, sus motivaciones, sus miedos y preocupaciones, lo que  se siente y no se llega a expresar…más fácil es que la pareja transite junta, unida,  por el puerperio femenino, en vez de alejarse el uno del otro.

Los hijos no unen parejas “per sé”. Los cambios que se producen en nosotras son tan grandes que suponen una revolución o una re-evolución que necesita de parte de la pareja,  del conocimiento primero y de la aceptación después.

¿Dónde está mi mujer?

Algunos hombres ven en estos cambios una amenaza a lo que tenían. “Su mujer” ya no es la misma y en vez de pararse a analizar por qué pasa esto y a comprender la gran marabunta emocional que  supone el puerperio, muchos se quejan y añaden más presión a la mujer. Presión que no solo no contribuye a recomponer el puzzle desmoronado con el que nos encontramos muchas en esta etapa, sino que, además,  añade una carga de dolor, incomprensión y soledad que puede ser letal si no se toma conciencia para no seguir en ese camino de  desencuentro continuo.

Cuanto más inmadura sea la pareja, cuanto menos maternado haya sido él mismo, cuanto menos dispuesto esté a  zambullirse también en su propia  sombra, cuanto más se empeñe en reencontrar a la mujer que conoció y no en descubrir a la nueva que está surgiendo de esta experiencia vital…  más difícil le resultará aceptar los cambios.

Dice Carlos González que cuando los solteros se casan hacen una “despedida de soltero” precisamente para eso, para despedirse de un papel y asumir otro. Y que por tanto, las parejas sin hijos, al ser padres, deberían también comprender que se despiden de ese status: “pareja” para asumir uno nuevo: “familia”.

Quizás tengamos que empezar a establecer algún rito que vaya grabando en la conciencia individual y colectiva este hecho. Hacer fiestas de “despedida de la pareja”. Donde las parejas sin hijos estén con otras que ya tienen hijos y puedan escuchar, de verdad, lo que supone este cambio.

(más…)

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

 

Tener un hijo supone toda una revolución para el cerebro de la mujer.
Entre otros aspectos, las madres ganan en inteligencia emocional, resisten mejor el estrés y actúan de forma más eficiente.

Katherine EllisonCuando mi hijo tenía ocho años, un día llamó a la policía porque yo le había quitado la Gameboy. En aquella época, yo estudiaba el cerebro y podía imaginar perfectamente lo que estaba sucediendo en el mío.

Mis lóbulos prefrontales, donde se sitúa el juicio, sin duda estaban reprimiendo mis deseos de estrangular a mi brioso hijo. Mis amígdalas, el centro del miedo del cerebro, es probable que también estuvieran en pleno funcionamiento, mientras oía llamar a la puerta a la policía y reflexionaba sobre mis posibilidades de acabar en la cárcel. Pero, sobre todo, estaba segura que mi nucleus acumbens estaba trabajando a todo trapo. Los estudios de los escáneres cerebrales han demostrado que este punto, importante para la motivación y las sensaciones de gratificación, se llena de energía cuando las madres oyen llorar a sus bebes y se sienten obligadas a acudir en su ayuda. Por eso se le ha considerado el centro del afecto maternal, y la razón principal por la que estaba segura de que estaba implicado es que, a pesar de lo humillante del asunto, seguía deseando que mi hijo creciera y prosperara.

De una forma que los científicos apenas empiezan a comprender, ser madre te cambia el cerebro –y a menudo lo mejora-, en parte debido a experiencias como ésta; aunque, gracias a Dios, raramente tan graves.

Desde el momento en que se concibe un bebe, las hormonas reproductoras empapan y alteran nuestra conciencia. Durante el embarazo y en le puerperio, una cascada de situaciones nuevas nos estimula y nos mantiene ocupadas. Y a medida que el niño crece, lanzándonos desafíos siempre diferentes, las más dedicadas de nosotras vamos mejorando nuestras habilidades para resolver problemas y nos convertimos no sólo en mejores madres sino en mejores amigas, esposas, hijas y empleadas.

“Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo es un revolución para el cerebro”, dice Michael Merzenich, un especialista pionero en el desarrollo del cerebro, de la Universidad de California. “Tener un hijo te cambia la vida en el sentido de que se presentan retos físicos, mentales y mecánicos: cuarenta y nueve desastres que resolver al mismo tiempo. Es una época de aprendizaje y cambios inducidos en el cerebro porque todo es muy importante… No creo que haya nada mejor que pueda hacer por su cerebro que tener un hijo.”

Esta idea del cerebro mejorado por la maternidad ha surgido a partir de una tendencia nueva y estimulante en investigación neurocientífica, tanto con humanos como con animales de laboratorio. Precisamente contrarresta la imagen dominante en los países industrializados, que evoca una madre que no puede pensar en nada más complejo que una lista de la compra o un calendario de partidos de fútbol.

En cambio, aunque muchas madres creen que han perdido células cerebrales con la placenta, esto no encaja en absoluto con la pura lógica de la evolución. En ningún momento de la vida, una mujer debería estar tan alerta y consciente como cuando está protegiendo y alimentando a un recién nacido.

Esta perspectiva empezó a interesarme poco después de tener a mi segundo hijo, en 1998, cuando leí acerca de los estudios pioneros realizados por dos neurocientíficos que trabajaban en Virginia. Craig Kinsley y Kelly Lambert, padres ambos, comparaban la función mental de las ratas hembras que nunca habían dado a luz con la de ratas que habían tenido más de un par de camadas. Enseguida se vio muy claro que las ratas madres aprendían más deprisa y recordaban con más eficacia el camino en un laberinto. Es más, la repetición de las pruebas demostró que la mejora de las madres en destreza mental les duraba toda la vida, mucho después de terminar de cuidar a sus últimas crías. Para explicar esas mejoras, que ellos mantienen que se producen tanto en humanos como en animales, Kinsley y Lambert se centraron en dos mecanismos de la maternidad que podían ser potenciadores del cerebro: las hormonas y la estimulación.

Sin lugar a dudas, la investigación de otros científicos ha confirmado el poder de las hormonas reproductoras para cambiar físicamente el cerebro, y los resultados que han obtenido deberían animar a las madres primerizas. Científicos japoneses, por ejemplo, han descubierto que la oxitocina –una hormona anteriormente asociada al parto, a la lactancia y al vínculo materno- puede ayudar también a fomentar el aprendizaje y la memoria. De forma bastante similar, la prolactina, que se ha denominado hormona paternal porque es elevada tanto en padres como en madres, parece ser la clave en la disminución de la ansiedad.

Volviendo al factor de la novedad, muchos estudios recientes han demostrado que aprender cosas nuevas estimula el cerebro: por eso los científicos instan a las personas mayores a jugar al bridge, a resolver crucigramas y a viajar. De modo que, aunque a veces nuestros hijos nos arrastren a situaciones nuevas que preferiríamos evitar –como mi encuentro con la policía-, también sirven para mantenernos alerta mentalmente, como una serie interminable de oportunidades para resolver problemas y álgebra.

Además de las hormonas y la novedad, existe una tercera vía de cambio del cerebro femenino después de que la mujer es madre, que tiene que ver con el fenómeno de la plasticidad cerebral, que hasta hace muy poco los científicos no habían detectado. Se refiere a la forma en la que nuestro cerebro se reorganiza durante toda nuestra vida, adaptándose a nuestras experiencias. Por ejemplo, a los violinistas les cambia físicamente el cerebro a medida que refinan su habilidad. Lo mismo que los taxistas londinenses, cuyo sustento depende de la agudeza de su memoria. Parece bastante claro que las madres también utilizan repetidamente circuitos específicos de sus cerebros, al motivar, controlar, alimentar, empatizar, proteger, negociar y manipular.

 Así que las hormonas, la estimulación y la experiencia son tres mecanismos poderosos que concretamente cambian el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos.

Pero la forma en la que se manifiestan esos cambios varía mucho en cada mujer, lo que es normal, porque las vidas de las mujeres son mucho más variables que las de las ratas hembras.

Una madre soltera que esté pluriempleada, no duerma lo suficiente y se angustie demasiado, por ejemplo, no se beneficiará tanto de su experiencia de la maternidad como una mujer con suficiente ayuda para aprovechar al máximo. Sin embargo, por lo que hemos aprendido de los estudios de ratas y monos, que comparten nuestra estructura cerebral básica y nuestras hormonas, parece claro que todas las mujeres sufren cambios y que todas tienen el potencial de cambiar para mejor. Tras revisar cientos de estudios científicos y entrevistar a decenas de neurocientíficos prominentes, científicos sociales y padres, he detectado cinco formas principales de aprovechar este potencial, apoyando la conclusión de que la maternidad puede, sin lugar a dudas, volver más lista a una mujer, definiendo “lista” como la capacidad mental que ayuda a la madre y a sus hijos a sobrevivir.

El cerebro de las madres

Las cinco categorías son: percepción, eficiencia, motivación, resistencia al estrés e inteligencia emocional. En cada uno de los grupos, hay evidencia claras de que la maternidad aporta a las mujeres más que venas varicosas y trabajo doméstico extra.

  1. En el caso de la percepción, Craig Kinsley, uno de los neurocientíficos que abrían camino en Virginia, me hizo una demostración de percepción alterada por la maternidad. Soltó un grillo vivo en una jaula de ratas que acaba de dar a luz. Ella detectó inmediatamente la presencia del insecto y, en menos que canta un gallo, lo cazó y se lo zampó. Esa actuación contrastaba con la de una rata no madre, que no vio el grillo hasta que este se le subió a la cabeza.Algo en el cerebro de esta rata madre había cambiado, y científicos canadienses aportaron luz al misterio. En experimentos con ratones, neurocientíficos de la Universidad de Calgary descubrieron que, ya desde la concepción, se forman nuevas neuronas en el bulbo olfativo de la madre, que rige su sentido del olfato.

    Otras investigaciones sugieren que tanto madres como padres también experimentan cambios en la audición después de que nazca su hijo. Ambos, en cuestión de horas, se vuelven expertos en distinguir el llanto de su propio hijo del de los demás. Incluso la visión parece cambiar. En un estudio de prueba de la percepción visual, los sujetos embarazados lo hicieron mucho mejor que los grupos de control. Todo esto tiene sentido cuando piensas en lo extravigilante que necesita ser una madre para proteger al recién nacido de los peligros, que las que no son madres ni siquiera advierten.

  2. La eficiencia es la segunda forma en que las madres se vuelven más listas, básicamente porque a menudo no tienen más remedio. Casi todas las mujeres con hijos deben hacer muchas más cosas en un tiempo limitado. Eso supone a menudo aprender y memorizar cosas nuevas más rápidamente –como las ratas-, pero los humanos también necesitamos dominar nuevas habilidades, como priorizar, inventar formas de perder menos tiempo charlando con los compañeros o sortear el tráfico con más habilidad para conseguir llegar a la guardería antes de que cierre.En todas esas tareas, la calidad de la atención es clave. Y en el caso de las madres, en general, la calidad parece aumentar, según el psiquiatra de Harvard John Ratey. Especula que los niveles del neurotransmisor dopamina, que mejora la atención y ayuda a un uso más eficaz del cerebro en situaciones moderadamente estresantes, puede ser crónicamente alto en las madres recientes. Y por una buena razón: “Cuando una madre da a luz, tiene que ser muy lista, lo más lista que pueda” dice Ratey. “Debe conocer bien el territorio y recordar cosas de sus hijos, y funcionar siempre al máximo. Tiene que desarrollar la capacidad de prestar más atención al mundo exterior.

    A menudo, las madres tienen que soportar un estrés extraordinario; pero, de nuevo, la naturaleza les echa una mano.

  3. La tercera muestra de que las mujeres se vuelven más listas cuando tienen hijos es que aumenta su resistencia natural a la presión. La forma como esto sucede parece tener algo que ver con la oxitocina, esa hormona tan maternal. Desde que los científicos dedican más atención a lo que se ha denominado “el cerebro maternal”, se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la oxitocina. Como neurotransmisor, parece fomentar la calma, la confianza y el vínculo social; y hay indicios de que las madres, sobre todo las que tienen partos vaginales y amamantan a sus bebes, están especialmente influidas por ella.Eso no significa que las madres estén constantemente sosegadas, ni mucho menos. En el mundo animal, las madres pueden ser los seres más feroces, sobre todo cuando se trata de defender a sus crías. Y en los humanos, la motivación –una cualidad que engloba atrevimiento y ambición- es precisamente la cuarta forma en que las mujeres se vuelven más listas cuando son madres.

    En el mundo animal, los científicos han demostrado que la prolactina, que contribuye a la lactancia y sube de nivel tanto en madres como en padres, parece reducir el miedo y la ansiedad, permitiendo la asunción de más riesgos. Así, los pájaros que descienden en picado para alejar a los depredadores del nido donde crían sus pollos tienen altos niveles de prolactina.

  4. Mientras que los neurocientíficos sólo ahora comienzan a medir cómo cambia esta hormona el comportamiento humano, los científicos sociales ya han aportado varios estudios que demuestran formas en que la maternidad parece incrementar la motivación de las mujeres. La socióloga Sharon Hays, por ejemplo, ha recogido impresionantes testimonios de mujeres con ingresos bajos que han sido motivadas por la maternidad a dejar las drogas y a conseguir trabajo.Los psiquiatras dicen que la maternidad también puede incrementar la autoestima de la mujer y su asertividad, porque sencillamente la madre ha adquirido cierta práctica en ser la jefa. Sabe que, si no está a la altura del liderazgo doméstico, las consecuencias pueden ser tan graves como que un niño sea atropellado por un coche al cruzar la calle corriendo. Por eso la madre aprende –casi siempre- a asumir el control de las situaciones.

     

  5. La quinta forma en que las madres se vuelven más listas procede de la experiencia pura y simple: es la práctica diaria, a veces inmediata, que conseguimos reprimiendo nuestros peores impulsos con el fin de ayudar al hijo. Esta mezcla de conciencia de una misma, de autocontrol y empatía puede resumirse en la expresión tan de moda “inteligencia emocional”. Sus componentes que antes solían definirse como “buen carácter”, pueden contribuir a amistades y matrimonios más sólidos e incluso una mejor salud física, lo que todo ello conduce a una vida más feliz. También hay pruebas de que puede aportar un toque competitivo en el mundo laboral, especialmente en empleos con mucho contacto personal, como dirección de empresas, enseñanza, medicina y ventas. En los últimos años las empresas han pagado fortunas para la educación en inteligencia emocional. Pero las madres se someten a una formación rigurosa y gratuita.

el cerebro de las madresUna demostración gráfica de las fuerzas cerebrales que hay detrás del sentimiento maternal se vio en un estudio reciente de escáneres cerebrales dirigido por el neurocientífico Jeffrey Lorberbaum. Utilizando una tecnología que mide el flujo de la sangre como marcador de actividad en el cerebro, puso a prueba a padres que escuchaban el llanto de sus hijos. Las madres respondían con una fuerte activación del circuito emocional del cerebro más primitivo, la misma clase de respuesta de “gratificación” que resulta de los pensamientos sobre comida o sexo satisfactorio. En los padres, había poca actividad. “Un agujero negro”, como lo describió Loberbatum.

El estudio explica por qué tan a menudo las madres son la primeras en despertarse para consolar a sus bebes y por qué, incluso en un incidente como el de la Gameboy, fui capaz de recordar cuánto quiero a mi hijo. Por mucho que paguemos en servidumbre, sueño, frustración y trabajo mental intenso, estamos bien preparadas para extraer satisfacción de ello, y eso hace que la mayoría siempre intentemos mejorar. Y éste es el ingrediente principal de la inteligencia.

KATHERINE ELLISON-
Periodista de Investigación, galardonada con el premio Pulitzer.
Autora de
Inteligencia Maternal (Ed. Destino)
Extraído de la revista MENTE SANA; Noviembre 2006

 

REDES DE APOYO ENTRE MUJERES- Laura Gutman

No me cabe ninguna duda que los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad. En cambio la modalidad que impera en las grandes ciudades modernas, da prioridad a las familias nucleares, prefiriendo aún más a las familias constituidas por una sola persona. Este sistema suele generar buenos frutos económicos, al menos para unos pocos.

Por otra parte, la mayoría de las mujeres modernas hemos elegido terminar una carrera universitaria o lograr un buen puesto de trabajo, en lugar de tener una vida semejante a la de nuestras madres y abuelas.

Pero cuando –casualmente y contra todos los pronósticos- nace un niño, la soledad y el desconcierto para las madres es moneda corriente. Porque no hay comunidad que nos avale, nos sostenga, nos ampare, nos transmita sabiduría interior, o satisfaga cualquier necesidad, física o emocional.

Muchas de nosotras pretendemos atravesar la maternidad utilizando los mismos parámetros con los que estudiamos, trabajamos, tomamos decisiones, luchamos, nos hacemos valer, generamos dinero, elaboramos pensamientos o practicamos deportes. Confiamos en que la maternidad no podría ser más compleja que lidiar con cincuenta empleados a cargo todos los días. Sin embargo…solemos comprobar que se trata de otro nivel de complejidad.

La mayor dificultad consiste en “dejar el mundo real” para “ingresar en el mundo onírico” de la fusión mamá-bebé, y aunque cada una de nosotras reacciona en forma diferente durante el puerperio, sólo en la medida en que estemos bien sostenidas, estaremos en condiciones de sostener al bebé.

Hoy no tenemos aldea, ni comunidad ni tribu ni vecindad en muchos casos. A veces tampoco familia extendida. Pues bien, necesitamos crear apoyos modernos y solidarios. De lo contrario no es posible entrar en fusión con el bebé. No es posible amamantarlo, ni fundirse en sus necesidades permanentes.

Las mujeres tenemos que organizarnos. Una posibilidad es crear grupos de apoyo, o de encuentro, o grupos de crianza abiertos para que las madres encontremos compañía con nuestros hijos en brazos, comprensión de nuestros estados emocionales y aceptación de nuestras ambivalencias.

Otra figura que en la actualidad me parece fundamental es la “doula”. Hay “doulas” preparadas para acompañar a las parturientas y otras especialmente entrenadas para seguir el proceso puerperal. La “doula” interpreta la “experiencia interior” de cada madre, avalando todos los cambios invisibles, y traduciendo al lenguaje corriente la realidad del puerperio. No se trata de ayudar con el bebé, ni de ofrecer buenos consejos, sino de acompañar la zambullida al universo sutil e invisible del recién nacido. Su principal función es la de maternar a la madre para que entonces pueda maternar a su hijo.

Las “doulas” tienen una función para ejercer, nombrando cada sentimiento “absurdo”, desproporcionado o incomprensible de la madre reciente. Personalmente, espero que el oficio de “doula” ingrese en el inconsciente colectivo femenino. Que las mujeres “sepamos” durante y después de parir que merecemos naturalmente llamar y solicitar una “doula” a domicilio, para que nos abra las puertas a los Misterios de la Maternidad. Porque a partir de cada madre puérpera que se encuentra a sí misma, el mundo entero se encuentra. Cada “doula” que asiste a una puérpera, se sana a sí misma y sana a todas las mujeres. Cada palabra de apoyo, es una palabra de paz y de bienvenida al niño. Las “doulas” nos incitan a que confiemos en nuestras elecciones, decidiendo según nuestras más íntimas creencias. Ellas nos recuerdan que somos merecedoras de todos los cuidados, porque de ello depende el futuro.


EL PUERPERIO- Laura Gutman

 

Vamos a considerar el puerperio como el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una progresión evidente entre el caos de los primeros días -en medio de un llanto desesperado- y la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas.

Para intentar sumergirnos en los vericuetos energéticos, emocionales y psicológicos del puerperio, creo necesario reconsiderar la duración real de este tránsito. Me refiero al hecho que los famosos 40 días estipulados -ya no sabemos por quién ni para quién- tienen que ver sólo con una histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.

Mi intención –por la falta de un pensamiento genuino sobre el “sí mismo femenino” en la situación de parto, lactancia, crianza y maternaje en general- es desarrollar una reflexión sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. Vamos a hablar en definitiva de lo invisible, del submundo femenino, de lo oculto. De lo que está más allá de nuestro control, más allá de la razón para la mente lógica. Intentaremos acercarnos a la esencia del lugar donde no hay fronteras, donde comienza el terreno de lo místico, del misterio, de la inspiración y la superación del ego. Para hablar del puerperio, tendremos que inventar palabras, u otorgarles un significado trascendental.

Para quienes ya lo hemos transitado hace tiempo, nos da pereza volver a recordar ese sitio tan desprestigiado, con reminiscencias a tristeza, ahogo y desencanto. Recordar el puerperio equivale frecuentemente a reordenar las imágenes de un período confuso y sufriente, que engloba las ilusiones, el parto tal como fue y no como una hubiera querido que sea, dolores y soledades, angustias y desesperanzas, el fin de la inocencia y el inicio de algo que duele traer otra vez a la conciencia.

Para comenzar a armar el rompecabezas del puerperio, es indispensable tener en cuenta que el punto de partida es “el parto”, es decir, la primer gran “desestructuración emocional”. Como lo he descrito en el libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra”, para que se produzca el parto necesitamos que el cuerpo físico de la madre se abra para dejar pasar el cuerpo del bebé permitiendo un cierto “rompimiento”. Este “rompimiento” corporal también se realiza en un plano más sutil, que corresponde a nuestra estructura emocional. Hay un “algo” que se quiebra, o que se “desestructura” para lograr el pasaje de “ser uno a ser dos”.

Es una pena que la mayoría de los partos los atravesemos con muy poca conciencia con respecto a este “rompimiento físico y emocional”. Ya que el parto es sobre todo un corte, un quiebre, una grieta, una apertura forzada, igual que la irrupción de un volcán que gime desde las entrañas y que al despedir sus partes profundas destruye necesariamente la aparente solidez, creando una estructura renovada.

Después de la “irrupción del volcán” (el parto) las mujeres nos encontramos con el tesoro escondido (un hijo en brazos) y además con insólitas piedras que se desprenden como bolas de fuego (nuestros “pedacitos emocionales”, o nuestras partes desconocidas) rodando hacia el infinito, ardiendo en fuego y temiendo destruir todo lo que rozamos. Los “pedacitos emocionales” van quemando lo que encuentran a su paso. Miramos azoradas sin poder creer la potencia de todo lo que vibra en nuestro interior. Incendiando y cayendo al precipicio, suelen manifestarse en el cuerpo del bebé (como una llanura de pasto húmedo abierta y receptora). Son nuestras emociones ocultas que despliegan sus alas en el cuerpo del bebé rozagante y disponible.

Como un verdadero volcán, nuestro fuego rueda por los valles receptores. Es la sombra, expulsada del cuerpo.

Atravesar un parto es prepararse para la erupción del volcán interno, y esa experiencia es tan avasallante que requiere de mucha preparación emocional, apoyo, acompañamiento, amor, comprensión y coraje por parte de la mujer y de quienes pretenden asistirla.

Sin embargo pocas veces las mujeres encontramos el acompañamiento necesario para introducirnos luego en esa herida sangrante, aprovechando este momento como punto de partida para conocer nuestra renovada estructura emocional (generalmente bastante maltrecha, por cierto) y decidir qué haremos con ella.

El hecho es que -con conciencia o sin ella, despiertas o dormidas, bien acompañadas o solas, incineradas o a salvo- el nacimiento se produce.

Lamentablemente hoy en día consideramos el parto y el post-parto como una situación puramente corporal y del dominio médico. Nos sometemos a un trámite que con cierta manipulación, anestesia para que la parturienta no sea un obstáculo, drogas que permiten decidir cuándo y cómo programar la operación, y un equipo de profesionales que trabajen coordinados, puedan sacar al bebé corporalmente sano y felicitarse por el triunfo de la ciencia. Esta modalidad está tan arraigada en nuestra sociedad que las mujeres ni siquiera nos cuestionamos si fuimos actrices de nuestro parto o meras espectadoras. Si fue un acto íntimo, vivido desde la más profunda animalidad, o si cumplimos con lo que se esperaba de nosotras. Si pudimos transpirar al calor de nuestras llamas o si fuimos retiradas de la escena personal antes de tiempo.

En la medida que atravesemos situaciones esenciales de rompimiento espiritual sin conciencia, anestesiadas, dormidas, infantilizadas y asustadas… quedaremos sin herramientas emocionales para rearmar nuestros “pedacitos en llamas”, permitiendo que el parto sea un verdadero pasaje del alma. Frecuentemente, así iniciamos el puerperio: alejadas de nosotras mismas.

Anteriormente describíamos la metáfora del volcán en llamas, abriendo y resquebrajando su cuerpo, dejando al descubierto la lava y las piedras. Análogamente, del vientre materno, surge el bebé real, y también el interior desconocido de esa mamá, que aprovecha el rompimiento para colarse por las grietas que quedaron abiertas. Esos aspectos ocultos encuentran una oportunidad para salir del refugio. La sombra ( es decir, cualquier aspecto vital que cada mujer no reconoce como propio, a causa del dolor, el desconocimiento o el temor) utiliza el quiebre para salir de su escondite y presentarse triunfante en la superficie.

El problema para la mamá reciente es que se encuentra simultáneamente con el bebé real que llora, demanda, mama, se queja y no duerme… y al mismo tiempo con su propia sombra (desconocida por definición), inabarcable e indefinible.

Pero concretamente ¿con qué aspectos de su sombra se encuentra?. Cada ser humano tiene su personalísima historia y obstáculos a recorrer, por lo tanto sólo un trabajo profundo de introspección, búsqueda personal, encuentro con dolores antiguos y coraje, podrá guiarnos hacia el interior de esa mujer que sufre a través del niño que llora.

El puerperio es una apertura del alma. Un abismo. Una iniciación. Si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido.