“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

Aunque la mayor parte de mi trabajo lo efectúo con mujeres, son muchos hombres los que acuden a mis talleres.
Cuanto mejor se conocen los dos miembros de la pareja:  sus roles, sus necesidades, sus cambios, sus motivaciones, sus miedos y preocupaciones, lo que  se siente y no se llega a expresar…más fácil es que la pareja transite junta, unida,  por el puerperio femenino, en vez de alejarse el uno del otro.

Los hijos no unen parejas “per sé”. Los cambios que se producen en nosotras son tan grandes que suponen una revolución o una re-evolución que necesita de parte de la pareja,  del conocimiento primero y de la aceptación después.

¿Dónde está mi mujer?

Algunos hombres ven en estos cambios una amenaza a lo que tenían. “Su mujer” ya no es la misma y en vez de pararse a analizar por qué pasa esto y a comprender la gran marabunta emocional que  supone el puerperio, muchos se quejan y añaden más presión a la mujer. Presión que no solo no contribuye a recomponer el puzzle desmoronado con el que nos encontramos muchas en esta etapa, sino que, además,  añade una carga de dolor, incomprensión y soledad que puede ser letal si no se toma conciencia para no seguir en ese camino de  desencuentro continuo.

Cuanto más inmadura sea la pareja, cuanto menos maternado haya sido él mismo, cuanto menos dispuesto esté a  zambullirse también en su propia  sombra, cuanto más se empeñe en reencontrar a la mujer que conoció y no en descubrir a la nueva que está surgiendo de esta experiencia vital…  más difícil le resultará aceptar los cambios.

Dice Carlos González que cuando los solteros se casan hacen una “despedida de soltero” precisamente para eso, para despedirse de un papel y asumir otro. Y que por tanto, las parejas sin hijos, al ser padres, deberían también comprender que se despiden de ese status: “pareja” para asumir uno nuevo: “familia”.

Quizás tengamos que empezar a establecer algún rito que vaya grabando en la conciencia individual y colectiva este hecho. Hacer fiestas de “despedida de la pareja”. Donde las parejas sin hijos estén con otras que ya tienen hijos y puedan escuchar, de verdad, lo que supone este cambio.

(más…)

Lo que de verdad “esconden ” (II parte)

En la Primera parte de este Post escribí sobre  esa especie de manía de esconder el cuerpo de la mujer cuando amamanta.  Capas, delantales y demás inventos para tapar lo más natural del mundo. Salas de lactancia que parecen bunkers,  aisladas y selladas herméticamente como si nuestra leche fuera radioactiva, o peor aún, como si la lactancia fuera contagiosa.

Aunque en realidad  esa quizás sea la punta del iceberg. Realmente parece que se quiere esconder todo lo relacionado con nuestra sexualidad ( y me refiero a sexualidad excluyendo expresamente la actividad sexual en pareja).

Si creéis que exagero probad a mencionar la palabra “menstruación” cuando estéis en algún lugar con bastante gente… bueno, si sois tímidas mejor no…que seguro os mirarán más de la cuenta. Si ni siquiera la publicidad de compresas y tampones usa esa palabra…

 

Yo aún lucho con mi propia herencia de tabúes familiares para no decir “caí mala”, expresión que, creo, es como un mensaje subliminal que sin querer podemos perpetuar en nuestras hijas:   “la menstruación es una enfermedad”,menstruar es estar enferma  o peor aún, como sugieren descaradamente los publicistas, estar sucia u oler mal.

No es algo extraño que  aún hoy muchas mujeres se refieran a esa fase de nuestro ciclo con paráfrasis o eufemismos como “estoy en esos días”, ” me visita la de rojo”  y otras igualmente desafortunadas…  Como mencionaba antes, ya desde pequeñas nos enseñan a “esconder” lo intrínsecamente femenino de nuestro cuerpo, a no nombrarlo y  a asociarlo a algo malo, sucio o hediondo.

Lo paradójico es que mientras estas cosas se intentan tapar, por otro lado estamos rodeados de un uso y abuso constante de  la  imagen de la mujer totalmente sexual para vender cualquier cosa

¿Recuerdas el “Busco a Jaqs”?

Y el “frescor salvaje del Caribe”?

Y así bombardeados con cuerpos femeninos al servicio de la líbido del consumidor, ( o más bien siendo usadas de reclamo o cebo para atraer la atención del consumidor hacia lo que sea… como si es una hipoteca),  luego nos encontramos casi cada semana, con noticias del cierre de algún perfil o página en Facebook por tener imágenes de madres amamantando o de partos. Vídeos censurados en youtube por lo mismo, mientras que videoclips donde se ve mucha más “carne” llegan a los millones de visitas.

Sí que deben tenernos miedo a las mujeres y al poder que llevamos dentro.

¿Recordáis a Janet Jackson y Justin Timberlake durante la Super Bowl?

Un trozo de nuestro cuerpo de 1cm cuadrado levantó a todo un país. Quizás por eso se empeñan en taparnos. Si 1cm cuadrado consiguió que el evento más retransmitido de los EEUU no lo hiciera totalmente en directo, imaginad qué podría pasar si mañana nos da a todas las mujeres del mundo por enseñar nuestras tetas… ¡Oh no, el fin del mundo!

O peor aún si nos da por darnos cuenta de que nuestros cuerpos son nuestros y no mercancía que se exhibe y se esconde al ritmo del sistema comercial patriarcal.

O si tomamos conciencia de que la sexualidad femenina va más allá  del coito y de la influencia que ejercemos en las pulsiones de los hombres,  y que la publicidad sabe explotar tan bien.

Sí, tenemos poder en nuestros cuerpos. Mucho poder. Tanto que por eso nos crían  tapándolo, ignorándolo, desconociéndolo y odiándolo. Aspirando a cánones de belleza  imposibles…porque si nos hubieran criado de otro modo: conociéndolo, amándolo, aceptándolo, usándolo para nuestro propio placer primero, antes que para el placer de los demás, igual dejaríamos de ser sumisas y obedientes. Igual haríamos tambalear toda una industria creada para justo lo contrario: para querer cambiarnos, para querer moldearnos en  formas imposibles y absurdas.

“Soy feliz si parezco irreal. Eso significa que estoy haciendo un buen trabajo” Valeria Lukyanova

Veo esto y pienso: si yo que crecí cuando las niñas de los dibujos eran normales tirando a bajitas y regordetas ( Heidi) y  las muñecas tenían proporciones de mujeres  normales  (Nancy) y aun así estuve llena de complejos mucho tiempo  ( sobre todo fruto de los mensajes oídos en mi familia sobre el cuerpo femenino)… ¿Qué va a ser de mi hija que crecerá en un mundo con muñecas de proporciones totalmente irreales y absurdas?  Donde las modelos estéticas cada vez son menos mujeres ( y no es una exageración)?.

¿Dónde han quedado las imágenes de cuerpos normales de mujer? Bellos con sus imperfecciones, con sus redondeces, con sus estrías y cicatrices que no son más que prueba de la vida que ha pasado por ellas?

Rubens “Las 3 Gracias”

No nos damos cuenta pero todos ( sobre todo “todAs”) contribuímos a establecer estos cánones absurdos cuando alabamos la delgadez en vez de la salud,   lo bello artificialmente por encima de lo natural bellamente adornado.

Tod@s queremos tener una buena imagen, no hablo de eso. De hecho, yo  misma, organizo talleres en los que hablo de la importancia de ser y sentirse atractiva ( que es mucho más que ser o estar guapa,y de serlo o estarlo “para los demás”). Pero el primer paso para gustarnos y gustar es no escondernos. Que además “esconderse” suele tener una connotación negativa. Se esconde aquéllo que nos avergüenza y esconder nuestro cuerpo, nuestra feminidad, nuestras facetas como mujeres, en el fondo es perpetuar esa idea de sentir vergüenza por lo que somos.

Vivamos nuestra vida, nuestra maternidad hacia fuera… Por nosotras y por nuestras hijas. Y por nuestros hijos que aprenderán a respetarnos de verdad cuando vean que empezamos por respetarnos nosotras mismas.

En un sentido somos diosas… no como las barbies irreales, sino como estas:

Diosas que   engendraban vida y que amamantabas a bebés y a niños. En público.  Con orgullo. Con normalidad. Con naturalidad. Con respeto por sí mismas y por sus cuerpos en todas sus facetas.
Como diría Jesusa:

Diosas por “parir mundos”

 

Así que por mí, por mi hija, por mi hijo…

YO NO ME ESCONDO PARA AMAMANTAR

Imagen del Fin de las I Jornadas de Crianza, Familia y Educación ( 10, 11 nov LPGC) donde participé como ponente mientras amamantaba a mi hija (Foto de Davinia Cruz)

Y declaro que:

“El Mundo es mi Sala de Lactancia”

Bolsas de www.nanufacture.com

Imágenes de lactancia en el antiguo Egipto tomadas de: The Images and Power of Motherhood

Colecho y sexo

Colecho y sexo

Buscaba un título al post y al final, escogí la opción más sencilla: usar las 2 palabras clave  del artículo.

A quienes colechamos (compartir la cama con el bebé/niño) no nos hace falta el artículo porque, evidentemente, ya hemos encontrado la forma de compaginar las 2 cosas, a ver si no cómo seguimos con pareja y hemos concebido más hijos… Pero quienes se acercan a este tema suelen preguntar si el dormir con el bebé (en la misma cama, o con camas/cunas pegadas) no interfire en la vida de pareja, refiriéndose concretamente al plano sexual.

Porque que un hijo interfiere en la vida de pareja es obvio…. como dice Carlos González: ” una pareja con un hijo ya no son más una pareja, son una familia”. Así, toda la vida de la pareja cambia en varios sentidos. Esto muchos padres lo tienen claro ( desgraciadamente no todos, por eso hay tantos puerperios y crianzas con más angustia y sufrimiento de lo necesario), pero se tiende a pensar que esos cambios afectarán a la vida diaria… entendiendo por “diaria” a  la del día. Hay como una especie de bulo colectivo que hace creer a los padres que por el día es normal que estés más o menos dedicado al bebé, pero que la noche ha de ser para ti… y para la pareja.

Así, el hecho de dormir con el bebé se considera desde peligroso, antihigiénico, poco saludable, psicológicamente perjudicial, parlalizante del desarrollo del niño a todos los niveles y, sobre todo, motivo de  problemas de pareja.

Sobre cada uno de los “argumentos” anteriores hay un sinfín de evidencia en contra, no voy a entrar ahora en detalles porque hay mucha información en el blog recopilada sobre el tema, pero sí me gustaría dedicar un artículo al tema del colecho y  la vida de pareja, al sexo vaya.

Primero me gustaría plantear una reflexión:

¿Desde cuándo la sociedad ha dispuesto de casas con varios dormitorios para ir repartiendo los hijos cada uno en el suyo? Pensemos que antes, además, el nº de hijos era mucho mayor que el nuestro (1,3 es la estadísitca española actual,creo). Porque nos creemos tan modernos con nuestras casas de 3 y 4 dormitorios que olvidamos que nuestros abuelos con bastante probabilidad vivían en casas con 2 ó 3, algunos incluso ni eso, pero con muchos más hijos… Mi abuela por no ir más lejos tuvo 6 hijas  en una casa de 2 dormitorios En mi infancia  la casa más grande que hemos tenido tenía 3 dormitorios y éramos 5 hermanos . O sea que las cuentas no me salen… Y eso sin mencionar periodos de vacaciones con abuelos, tíos y primos de visita… Podíamos juntarnos 15 o más para dormir, con lo cual… el compartir cama (o suelo) era obligado. Y mira que de todos mis hermanos y primos, no tengo ninguno con problemas psicológicos o sociopáticos.

Parece de perogrullo, pero es la realidad.

Mirad esta imagen:

Las casas no tiene repartición todos los miembros de una familia duermen en un único dormitorio.Las casas no tiene repartición todos los miembros de una familia duermen en un único dormitorio.

Esa es la realidad para aún hoy, gran parte de la humanidad. Y antes de la época de clases sociales, burguesía y grandes casas, una realidad universal y atemporal: los hijos dormían con los padres.

Si eso hubiera interferido en el sexo sencillamente se habría extingido la humanidad ¿no creéis?

Ahora, además tenemos otra realidad en nuestro propio mundo civilizado. Multitud de familias que no han podido hacer frente a sus hipotecas se han visto obligados a entregar sus casas e irse a vivir con los abuelos, lo que supone una misma familia de padre e hijos durmiendo en un mismo cuarto. Sin elegirlo, sin plantearse si es bueno o no, sencillamente por necesidad.  Anoche mismo vi un reportaje  en TV de una familia de 16 miembros en una casa de 40m2. A ver si a esos padres el pediatra les dice que los niños tienen que dormir solos… o a ver si creemos que esas parejas no encontrarán la forma de tener la intimidad que necesitan en algún momento u otro.

Quien afirma que un bebé en la habitación impide las relaciones sexuales o bien no conoce a los bebés o no conoce las relaciones sexuales o no tiene imaginación.

  • Primero: limitar el sexo a la cama familiar  ( o a la noche) es dar mucho por sentado. Cada pareja se “organiza” un poco como quiere o puede. Algunas parejas no tiene problema en tener sexo con el bebé o niño durmiendo cerca. Otros sencillamente van a otro lugar de la casa y luego vuelven a dormir a la cama. Los hay que se tapan y los que no… eso es personal, como debe ser y cada pareja encuentra la fórmula que mejor les funciona
  • Segundo: los bebés si se despiertan no tienen conciencia de si sus padres están practicando sexo o  leyendo un libro o jugando al cucu-trás. A veces el problema lo tienen los adultos que no son capaces de “normalizar” la nueva situación.

Pero ante una obviedad como esta sigo leyendo consejos por doquier de expertos que alertan contra lo malo, malísimo que es dormir con los hijos… paradójicamente en medio de esa corriente de pensamiento mayoritaria hace tiempo que vengo notando como hay cada vez más anuncios publicitarios en Tv con imágenes de padres y madres compartiendo cama  y actividades varias con el bebé:

Y este me ha encantado!!!!

¿Por qué la publicidad usa estas imágenes si al parecer es algo tan malo?

Porque los publicistas no apelan al consciente sino al subconsciente, a los instintos primarios y básicos del ser humano. Por eso se usa tanto el sexo en la publicidad: el sexo siempre vende y los publicistas lo saben muy bien.

Y usar imágenes de familias disfrutando de estar juntas, abrazadas, de padres con sus bebés durmiendo sobre ellos transmite una idea ancestral necesaria para la supervivencia de la especie:  seguridad.

Seguridad que es uno de los valores que quieres transmitir si quieres que la gente confíe en tu compañía de seguros

Confianza: para una empresa de telefonía

Y sobre todo el deseo natural de no separarse del bebé, que todas las madres ( y padres) tienen si se les deja decidir, como demuestran los spots de camas famliares o consolas de deporte.

Así resulta que cuando quieren vendernos accesorios de crianza nos dicen que mejor separados… pero cuando quieren transmitirnos valores fundamentales… apelan a lo inmutable. ¿De qué campañas nos fiamos más???

Y volviendo al tema del sexo, a quienes preguntan:

Que no, que de verdad que si algo interfiere en el sexo con hijos es el cansancio de vivir la maternidad sin ayuda y tener que llegar a la noche cansada de compaginar el cuidado del bebé con una casa enoooorme, con la plancha, con ir a la compra, con limpiar, con cocinar, con estar solas la mayor parte del día, recibiendo consejos y mensajes totalmente contradictorios y negativos sobre lo que de verdad queremos. Y eso sin olvidar que tenemos que seguir “divinas de la muerte”… no se vaya a ir el marido con otra más guapa o más joven o más delgada 🙁

Por eso , a nuestras parejas, un consejito 😉 :

Si queréis una noche de pasión como las de antes… no nos compréis un picardías… contratad a una asistenta!!!

Si te gustó este artículo, puedes leerlo editado y ampliado en mi libro “LA Maternidad Sin Tabúes” .
Ya  a la venta en edición impresa o en versión Kindle.

Libro la maternidad sin tabues