Qué hacer si mis padres pegan a mi hijo

Qué hacer si mis padres pegan a mi hijo

Esta situación es más frecuente de lo que pensamos.
De hecho, a pesar de estar prohibido usar la violencia física con los niños (y con cualquiera, de hecho) tenemos tan interiorizado el cachete, la tortita y la nalgada que solo hay que mencionar en público que a los niños no hay que pegarles para que surjan como las setas comentarios del estilo:
.

  • Por un cachete no pasa nada y se evitan muchos problemas
    .
  • Os estáis pasando con lo de los derechos a los niños
    .
  • Así están los niños ahora que hacen lo que quieren con tanto respeto y tanta contemplación
    .
  • Eso, tú no les des una torta ahora  y ya verás cómo se te suben a la chepa
    .
  • Ya te arrepentirás cuando te peguen ellos a ti de adolescentes
    .
Círculo vicioso de la violencia

Círculo vicioso de la violencia

Todas esas frases las he leído no hace mucho en distintos muros de redes sociales, y oído en restaurantes y parques.
No hace mucho escribí un artículo titulado : Qué es violencia donde ya hablaba de esa aceptación de violencia en la que vivimos.

Hoy quiero hablar de cuando la violencia no es en general, sino sobre nuestros propios hijos de la mano de nuestros familiares. 

Estos casos son especialmente delicados porque con alguien extraño  podemos optar por evitar todo contacto, pero en el caso de la familia, el niño va a estar expuesto a su compañía de forma más o menos habitual. Es muy importante por tanto saber zanjar el tema para no someter a estrés innecesario a todas las partes implicadas.

Mi generación fue criada por madres y padres criados a su vez por una generación que tenía totalmente interioridad la violencia como método de educación. No sólo las tortas o nalgadas eran sinónimo de disciplina, en muchos hogares había incluso las palizas habituales.  Romper la espiral de la violencia es realmente difícil y lo normal es actuar según actuaron con nosotros, de ahí que aún hoy se justifiquen muchas de esas actitudes violentas en aras de la educación y el bien del niño.

Nuestros padres, hoy abuelos, puede que se hayan “dulcificado” con los años, o al ver  que nosotros hemos decidido criar con respeto a nuestros hijos.  O puede que no. A veces nuestra elección nos cuesta discusiones y críticas dentro de la propia familia. Algunos abuelos ven en nuestra opción no violenta  un ataque no verbal hacia lo que ellos hicieron. Aunque no les juzguemos nosotros directamente, ellos mismos se sienten juzgados al demostrarles que se puede, al menos intentar, criar sin violencia.

El trabajo de asumir las acciones propias, aunque provengan de la ignorancia y de las propias vivencias y cargas personales, es personal e intransferible. Y es necesario para romper la espiral. Nosotros no podemos hacer por ellos más que hacerles saber que no les juzgamos, pero que eso no significa que estuviera bien lo que hicieron. No estuvo bien. Merecíamos ser protegidos,  no golpeados. Y como niños no pudimos evitar sufrir violencia pero como padres de nuestros hijos sí podemos impedir que se la infrinjan a ellos.

Si deciden  trabajarse ese tema, bien por ellos. Si no,  es algo con lo que tendrán que cargar ellos, no nosotros.

La maternidad nos da la oportunidad de replantearnos nuestras propias vivencias y hacer un trabajo de aceptación y perdón. Lo que no nos da es cancha para justificar lo injustificable por muy aceptado que esté familiar o socialmente. Esa falsa lealtad hacia nuestros padres es en realidad deslealtad hacia nuestros hijos.

Si seguimos justificando lo que nos hicieron, en realidad estamos perpetuando el círculo de violencia del que provenimos.

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Si nuestros padres tratan a nuestros hijos con falta de respeto y  violencia nuestra primera obligación es para con los pequeños. Nuestra responsabilidad como padres es protegerlos y hacerles sentir seguros. Máxime ante personas allegadas.  La peor violencia es la que se recibe amparada en el cariño o la cercanía. No hay peor cicatriz que la del daño que nos hizo “quien nos quería”. Es hasta sádico que aún sigamos creyendo en aquello de: “quien bien te quiere te hará llorar” aplicándolo a los castigos.

No hay razón que justifique que un adulto pegue a un niño.
No hay razón que justifique que nosotros lo toleremos.
No hay razón que justifique no intervenir y ponerle fin.

 

 

Debemos hacer saber a cualquiera que tenga trato con nuestro hijos que no vamos a tolerar abusos, ni insultos, ni amenazas, ni chantajes, ni violencia de ningún tipo.

Nuestros hijos se sentirán seguros, valorados y respetados cuando vean que nosotros velamos porque los demás les traten como merecen.
Su autoestima se forja de la opinión que tienen sobre sí mismos, y ésta se forma principalmente por la manera en que son tratados primero por su entorno cercano.

Puede que nuestros hijos a veces hagan cosas que molesten o enfaden a los abuelos, a otros familiares y/o amigos.

No estamos justificando ningún comportamiento, sino aclarando que no hay excusa para perder el control y ejercer violencia. La violencia no educa, la violencia engendra violencia y daña la autoestima.

 

  • Si el comportamiento del niño no es el adecuado, la solución no pasa por comportarnos nosotros peor aún.
  • Si el niño ha hecho algo que el adulto considera “grave”, como padres debemos asumir la responsabilidad de disculparnos, explicarle  que es normal que esté molesto, que estaremos al tanto para evitar que se repita, y que dentro de la capacidad del niño hablaremos con él para que entienda que lo que ha hecho o dicho ha causado malestar.
    Pero dejaremos claro que no vamos a castigar al niño o a ridiculizarlo delante de otros a modo de escarmiento para que el adulto se sienta mejor.
  • Si el niño no tiene aún capacidad de razonar, no podremos razonar aún, sólo nos queda cuidar nosotros que su comportamiento no sea irrespetuoso para con el resto de personas en el lugar.  Que no se ha da él mismo ni se lo haga  a nadie más.
  • Si tiene capacidad de razonar podemos hablar con él aparte o decirle que trataremos ese tema cuando estemos solos.

Los conflictos con los familiares no directos son una gran fuente de aprendizaje social.  El niño aprende que hay otras formas de  vivir y de ver las cosas, que en cada casa aplican una serie de normas y que uno va adaptándose según la situación. Pero a la vez aprende que hay principios morales que están por encima de toda norma particular y una de ellas es el respeto a las personas.
Si la abuela se enfada porque Pablito ha roto un jarrón,  hay varios puntos a analizar antes que dar una torta a Pablito:

  • Niños pequeños y jarrones valiosos en un mismo cuarto son una mala combinación
  • Niños aburridos y/o desatendidos y jarrones valiosos en un mismo cuarto  son una  combinación aún peor
  • A los adultos también se nos caen y rompen cosas y nadie nos presupone maldad intrínseca ni nos pegan por ello
  • Ningún jarrón vale más que la dignidad de una persona

Es un ejemplo que puede parecer anecdótico, pero he visto adultos devolviendo un mordisco a un niño de 2 años o en pleno intercambio de golpes argumentar que el niño empezó primero.

Si nosotros como adultos no controlamos la ira, es totalmente surrealista, pueril e inconsecuente enfadarnos porque no la controla un niño pequeño. No podemos castigar a alguien por no hacer lo que nosotros tampoco hacemos con mucha más madurez.

Así que resumiendo:

Con la violencia no negocio: TIPS

Muchos padres hemos asistido entre perplejos e incrédulos a escenas entre nuestros padres y nuestros hijos que nos han mostrado una cara amorosa y amable que quizás desconocíamos de ellos. Los bebés y niños tienen la maravillosa capacidad de sacar también lo mejor de las personas, sobre todo cuando hay amor por medio.

Así debería ser siempre.
Mientras, hagamos nuestra parte y contribuyamos a criar sin violencia, sin ejercerla y sin tolerarla.

 

Qué es violencia

Qué es violencia

“Un cachete, una tortita, una nalgada, eso no es violencia.
Son toques de atención.
No pretenden infringir daño, sino enseñar.”

¿Os suenan esas palabras?

La definición de violencia, como otras muchas cosas, varía según el momento, la cultura, la educación, las vivencias personales, hasta según la religión e ideología política..

La realidad es que estamos tan rodeados de violencia que a veces cuesta identificarla.

Hay violencia disfrazada de humor, de autoridad, de respeto, de obediencia…

Incluso de amor.

Hay violencia también en la inacción

 Si está en nuestra mano y además es nuestra responsabilidad cubrir una necesidad de, por ejemplo un bebé o niño, y no lo hacemos, eso es violencia.

Hace ya años acuñé esta frase como Widget para mi blog:

La indiferencia también es violencia

Llevo años escribiendo sobre este tema, en este artículo que escribí hace años ya explicaba mi opinión al respecto:

Los Derechos de Los Niños

 (…) Incluso en nuestra sociedad civilizada donde todos luchamos por tener igualdad en los derechos y donde las mujeres hemos conquistado lo que nuestras antepasadas ni soñaron, aún nos queda una lucha pendiente : reconocer que los bebés y niños son personas y que como tales tienen derechos.
Derechos inalienables como los de los adultos, como los de las mujeres, como los de los ancianos, como los de los trabajadores, en definitiva, como cualquier persona, la incluyamos en el grupo que queramos. De hecho, las agrupamos así para ampliar los derechos que “per sé” tendrían que tener.
Porque sabemos que cuanto más vulnerable es un grupo, más se debe cuidar por sus intereses, de ahí que hablemos de los derechos de “las mujeres” o de “los trabajadores”… o de “los niños”, cuando lo normal y deseable debería ser no tener que hacer distinciones. (…)

EL caso es que hoy al compartir esta entrevista a Rosa Jové en las redes sociales me encuentro comentarios como estos, que siguen apareciendo en cualquier lugar donde se publica algún artículo en contra del uso de la violencia hacia los niños,  en contra del chantaje emocional o del consabido sistema de moda entre muchísimos educadores de “premios-castigos”  o la “silla de pensar”

Pues a mí me dieron mi cachete a tiempo y ningún trauma ni nada…
Creo que se dramatiza demasiado con lo de “pegar” a los hijos. La cosa no es matarlo, es un toque de atención.

 OS copio mis respuestas al hilo… con el ánimo de incitar  a a reflexión:

  • Nohemí: …el hecho de que justifiques la violencia con alguien en inferioridad de condiciones es una muestra de que sí te afectó.
    ¿Qué te parecería que el estado aprobara que la policía diera “toques de atención” a los ciudadanos que no se comportaran como ellos creen?
    Si un adulto ha de recurrir al cualquier tipo de violencia con un niño el que necesita un toque de atención es él.

    La violencia aparece cuando no hay otros recursos, y aparece con facilidad porque la tenemos interioirzada, porque la usaron con nosotros.
    Hay dos vías, o lo aceptamos y decidimos no seguir o la justificamos… el síndrome de Estocolmo de toda la vida.
  • Comentarista 1: Ese ejemplo que has puesto no me vale, Nohemi. Es evidente que un adulto no tiene la misma capacidad de razonamiento que un niño, sino, por qué no se les permite a los niños entrar a casinos o conducir? Y no hablo de violencia. Yo, la violencia la veo como hacer daño a alguien realmente, un daño grave. Si a mí de pequeño me dijeron que no tocase ese jarrón y yo lo cogí y se rompió y me dieron una torta en el culo por ello y me mandaron a mi cuarto a pensar el porqué de esa reprimenda, no es violencia. Porque cuando entendí que cuando me dicen algo, tengo que obedecer, que para algo son mis padres, no hubo nunca más un sólo golpe.
  • Nohemi: Entonces si un niño no puede razonar ¿por qué le mandas a pensar? o sea le castigas por no hacer algo que no puede hacer. 
    Las tortas en el culo SÍ son violencia, como un insulto o un desprecio. Y además te recuerdo que ES DELITO.

    Y así nos va por aprender a obedecer a quien tiene la autoridad de castigar en vez de educar en la responsabilidad personal. A lo que se aprende no es a distinguir lo bueno de lo malo sino a evitar el castigo.
    Me gustaría que mis hijos aprendieran a ir por la vida del mejor modo respetando al prójimo, y para eso, lo primero es que sientan que ellos también son respetados.
    Si yo le doy una torta al mayor para enseñarle, el mayor lo hará a su vez con la pequeña. Le enseño que el grande tiene autoridad sobre el pequeño. No es eso lo que quiero para mis hijos.
    MALTRATO INFANTIL.GRITOS
    De todos modos repito: es un delito. Igual que que te den a ti una bofetada. Los derechos de las personas no dependen de su edad.
    En algunas culturas los hombres “aman” a sus esposas y se permite darles una torta si hacen algo mal. La cuestión es Tolerancia 0 a la violencia.
Maltrato infantil verbal

Las palabras tienen poder. Úsalas sabiamente

A cualquier violencia. Y un cachete, una nalgada, un grito, un insulto, un desprecio, el abandono… eso es violencia

Maltrato infantil. verbal

NO se trata del resultado  final porque en eso confluyen muchos factores, sino en el derecho a ser respetado en cada momento de su vida.
Nadie merece un insulto, ni un golpe físico, ni ser ridiculizado… y lo que nunca le haríamos a otro adulto, se lo hacemos a nuestros hijos
. Es motivo de reflexión al menos ¿no crees?

  • Comentarista 2: Un cachete a un hijo en un momento puntual no es violencia, y puede no ser una una falta de respeto.Este papanatismo se lleva a demasiados ámbitos y así nos luce.

 

  • Nohemi … si el cachete te lo dieran a ti ¿qué sería? ¿Si te lo diera tu marido? ¿O un desconocido? porque no entiendo la diferencia.

Este debate será eterno mientras entendamos que cuestionar cómo fuimos criados no significa juzgar a nuestros padres y reprocharles, seguramente en la mayoría de los casos hicieron lo que pudieron con las herramientas de que disponían y con sus propia carga de vivencias. Pero una cosa es no juzgar y otra cosa justificar y aplaudir.

A mí me pegaron y estuvo mal

A mí me ignoraron y estuvo mal

A mí me insultaron y estuvo mal

A mí me gritaron y estuvo mal.

A mí me hicieron callar infinitas veces con la frase: “Tú te callas que de eso no sabes”, y estuvo mal

A mí me dijeron que era muy responsable y que cuidaba muy bien de mis hermanos echándome una carga que no me correspondía, y estuvo mal

A mí me amenazaron y chantajearon verbal y emocionalmente , y estuvo mal

A mí me dejaron sola cuando debería haber tenido la supervisión de un adulto que me cuidara y evitara estar a merced de depredadores y eso estuvo MUY MAL

Y yo a día de hoy que soy madre veo todas esas actitudes en mí, y es una lucha constante actuar de otro modo. Pero no voy  a justificar esas conductas por muy mayoritarias, asumidas, aplaudidas, o cómodas que sean:

ESTÁN MAL. Son VIOLENTAS. ES VIOLENCIA

 

violento, ta.

(Del lat. violentus).

1. adj. Que está fuera de su natural estado, situación o modo.

2. adj. Que obra con ímpetu y fuerza.

3. adj. Que se hace bruscamente, con ímpetu e intensidad extraordinarias.

4. adj. Que se hace contra el gusto de uno mismo, por ciertos respetos y consideraciones.

5. adj. Se dice del genio arrebatado e impetuoso y que se deja llevar fácilmente de la ira.

6. adj. Dicho del sentido o interpretación que se da a lo dicho o escrito: Falso, torcido, fuera de lo natural.

7. adj. Que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia.

8. adj. Se dice de la situación embarazosa en que se halla alguien.

 

Maltrato infantil

 

Y vosotros, ¿Qué opináis?
¿Reconocéis la violencia no tan evidente que se ejerce contra los pequeños?
Me gustaría leer vuestros comentarios al post <3

 

Violencia obstétrica

Violencia obstétrica

HOy es el Dia Internacional contra la Violencia de Género.
Y muchas personas se están movilizando para concienciar de que esta violencia es algo más que dar una paliza a una mujer.

La violencia obstétrica también es violencia de género, como el maltrato infantil, como casi todo lo que nos rodea que contribuye a quitar dignidad y autoridad a un ser y a tratarle sin respeto de su persona,  de su libertad de decidir, de sus derechos, incluído el derecho a ser diferente o a tomar  sus propias decisiones, aunque no sean las más populares.

Violencia es cada vez que nos tratan como si no estuviéramos, cuando nos ignoran, cuando nos aniñan, cuando deciden por nosotras, cuando nos cosifican, cuando nos mutilan, cuando nos amenazan, cuando nos chantajean, cuando nos ningunean, cuando se burlan de nosotras, cuando nos arrebatan a nuestros hijos, cuando nos niegan la información,… la lista es inmensa 🙁


YO TAMBIÉN fui una niña maltratada física y psicológicamente,   una mujer profesional maltratada por mobing laboral, y una mujer maltratada por la violencia obstétrica.

y YO TAMBIÉN he sido a mi vez maltratadora de otros.

Así que sé lo que cuesta romper el círculo en el que estamos inmersos. A día de hoy aún me cuesta no reaccionar con violencia ante ciertas situaciones.

No es una excusa, NUNCA HAY EXCUSA.

Y solo hay 2 opciones:

ACEPTARLO Y CAMBIAR
o
NO HACERLO 

 

Así que empecemos a identificar todas las causas para trabajar y evitar las consecuencias.

 

 

 

Entradas relacionadas:
Sí me meto, porque sí me importa 

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? ” NO A LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA”

Eso siempre le pasa a otras…¿ o no? 

 

Lactancia y feminismo

Lactancia y feminismo

RUBENS---LAS-TRES-GRACIAS

Sí, es un tema-temazo este.

Y no dispongo de tanto tiempo como necesitaria para desarrollar lo que consideraría mínimo.

Es tan importante, que hasta ahora, no me he atrevido a ponerle palabras. Por temor a que fueran demasiadas, a que fueran pocas, a que fueran ,malinterpretadas, a dejarme algo en el tintero, a que me tachen de “loquesea..ista….”, a no poder transmitir ni un poco de la que entiendo como una experiencia con una riquísima multiplicidad de lecturas posibles. Pero 25 años de compartir con miles de mujeres sus maternidades, lactancias, decubrimientos, gozos y sombras…no me lo permiten.

No podemos abordar el tema de la lactancia materna desde un enfoque feminista, sin una visión antropológica de qué es lo que ha pasado con todos los procesos reproductivos de las mujeres.

No podemos abordarlo, sin observar y profundizar en porqué se ha extraído de la experiencia sexual de las mujeres todo cuanto guarda relación con la reproducción, para convertirlo en “obstetricia” o “ginecología”, o “`pediatría”.

Sin observar y analizar por qué se ha desexualizado a la mujer en proceso de parto, de embarazo, de lactancia.

Sin reflexionar a fondo qué lugar ocupan: el placer, la comunicación, la contemplación y el silencio que acompañan y van inherentes a la experiencia de una lactancia vivida saludablemente.

He acompañado algunos miles de mujeres a lo largo de estos 25 años en el proceso de maternidad. Mujeres en busca de una maternidad saludable, plena, gozosa. Que no castrara su vida de mujeres, pero que tampoco fuera sacrificada al dios de la “igualdad”, es decir al dios del progreso, la carrera profesional, el dinero, el “estado del bienestar”.

Mujeres que decidieron enfrentarse a situaciones locas como ha sido- y penosamente, aún sigue siendo, una asistencia al parto y a la crianza que las infantiliza, las medicaliza, las abduce, y las maltrata en tanto que mujeres sexuadas, pensantes y conscientes.

Para convertirlas en “pacientes”, dependientes, obedientes.

klimtMujeres que han llorado ante el grupo de iguales, con su bebé en brazos, al saber por boca de una profesional médica –yo ,en esos momentos- que dar de mamar tambien podía ser placentero. Y que han confesado llorando que dejaron de dar de mamar a sus hij@s mayores, porque se consideraban unas depravadas al sentir tan intenso placer en el amamantamiento, que en ocasiones llegaban al orgasmo.Y que han silenciado durante años esa experiencia por considerarla vergonzosa…..Como durante siglos ha sido considerado el placer sexual de las mujeres.

Mujeres que han vivido una auténtica batalla interna entre su deseo-necesidad de contacto, y disfrute, criando y amamantando a su bebé, y su imposiblidad de hacerlo por soledad, por sobrecarga, por exigencias externas o internas de tener que hacer una “vida normal”

 

Como si no fuera normal dedicar tiempo a construir un vínculo y una experiencia que sienta las bases de futuro biopsíquico de la persona en formación. Y sobre todo, que da la ocasión de completar la experiencia interna de una dimensión de la sexualidad femenina, del ser sexuado femenino, del aprender a dar-recibir-tomar-soltar-negociar-aceptar-negar….en un circuito tan duro como trascendente..

Una visión feminista- y aquí recupero la definición de feminista de E.Jong: “ Una mujer con autonomía que desea lo mismo para sus hermanas”– debería incluir no sólo el derecho a dar o no de mamar, sinó el derecho a conocer –no sólo saber lo que una cosa u otra implica. Para sí, para el bebé, para la vida

Danae-Gustav KlimtY sobre todo, a no tener que verse obligada a elegir entre una vida de adulta profesional, y una vida de adulta madre-sexuada.

Debería incluir los derechos no reconocidos aún -en el plano económico ,legal, laboral ,- de lo que significa invertir en la riqueza más insustituible para la sociedad, la tierra, la vida: una vida humana

Debería incluir qué pinta el hombre-padre en el proceso de crianza , y en la dinámica obligada de respeto a una relación privilegiada como es la del bebé-madre. Y que le coloca en situación de ser capaz de extraer de sí mismo sus capacidades ocultas de amor-cuidado-sensibilidad-respeto

Debería incluir reflexionar sobre la extraña relación que parece haber entre los procesos de lactancia-crianza y la génesis de los divorcios-separaciones.

Debería profundizar en el hecho constatado de que, frecuentemente el cuerpo de la mujer, y sus pechos en este caso, le cuentan cosas sobre sí misma, su biografía oculta, sus sentimientos con su pareja, su bebé, que su conciencia mantenía en la sombra.

Deber hacer visible que muchas de las dificultades actuales asociadas a la lactancia-crianza están estrechamente ligadas a experiencias de abuso sexual silenciado, oculto, sexista, a veces paterno incluso.

SchieleDebería en fín, empezar a nombrar que ama-mantar, viene de amar…Y que el amor no puede ni debe ser en ningún caso motivo de sacrificio, esclavitud, malestar, renuncia. Y que por tanto no puede ser en ningún caso una amenaza al propio desarrollo –si realmente es tal- , ni a ninguna dimensión humana de l@s implicad@s.

Y que cuando eso sucede, hay que ser muy riguros@, muy honesto, muy valiente, y tener una visión muy amplia, para ver que casi siempre es por motivos de “organización social”…..o carencias de algún tipo….que no pueden ser motivo de culpa, pero tampoco de justificación. Sencillamente, pueden visualizarse como tales, nombrarse, y aceptarse.

Al igual que se acepta que cuando tienes una vida profesional, no puedes estar al mismo tiempo cuidando de un ser querido en trance de muerte; pero eso no deja de desgarrarte por dentro-aunque no haya culpa. Sencillamente, porque no somos sólo seres sociales. Porque hay experiencias insustituibles, que sólo pueden ser vividas en primera persona. Y el que nuestra sociedad no esté organizada para poderlas vivir , no justifica que no haya consecuencias nefastas si no se viven. Sin que por ello se haga culpable a la protagonista. Pero tampoco puede negarse por ello la necesidad-

Hemos pagado muchos precios por nuestra “liberación”, por nuestra “igualdad”….precios en salud, en relaciones, en tiempo, en sufrimiento, en hijos, en lactancias,en infertilidad, en abortos, en soledad, en tantas cosas……preguntemonos cuántos precios y a costa de qué estamos dispuestas a seguir pagando.

klimtNo nos olvidemos: fueron los pediatras varones de finales del XIX, los que empezaron a animar a las mujeres a dejar la
crianza amorosa bajo lemas como :“las madres, dejadas a su instinto no saben cómo hacerlo, hay que enseñarlas a que no cojan el niño en brazos cuando llora, no le den de mamar en cuanto lo pide, porque así los convierten en personas ingobernables….hay que dejarlos llorar…y así, se les va educando para que se hagan disciplinados y obedientes…”…(Dr.Martinez Barbas)(ver referencia completa en Fuentes,2001. Mujeres y salud desde el sur.Ed.Icaria.)

Una vez, más, nos han usado de “capataces del poder patriarcal”, bajo la excusa de “ayudarnos”, “enseñarnos”, “salvarnos”….

Chun tiene razón: Marie Langer, al igual que Karen Horney, y tantas otras –psicoanalistas o no, freudianas o no-, hablaron y escribieron brillantemente en torno a las mujeres y la maternidad…recordemos algunas de ellas. Dice M.Langer :” ..la primera experiencia en torno a la lactancia y el contacto con la madre va a tener una incidencia muy importante en el modo en que ese sujeto va a desarrollar las relaciones a posteriori”…o “el amor a la vida se halla estrechamente ligado a las primeras experiencias orales que experimenta la criatura..”….¿tal vez una lectura feminista debería preguntarse si tiene algo que ver la situación actual de aumentos de depresiones infantiles, suicidios adolescentes, necesidad de estímulos no saludables entre l@s jóvenes, con esas primeras experiencias?….Y no caigamos en las culpas!!!. El discurso no va por ahí. Dejémoslo en ignorancia, manipulación, sobrecarga, confusión, desorientación, o sencillamente, elección libre y responsable.

schiele2Las mujeres actuales tenemos un reto que considero durísimo, y al mismo tiempo privilegiado: extender un puente en la dirección de reconciliar natura y cultura, dentro de nosotras mismas…..no sé si fuera. Ése es nuestro poder. Sin complejos.

En las prisas de lo cotidiano, de los mails, y mi precipitación en dar respuesta a la colega que preguntaba, no pude ni supe dirigirla a autor@s no consideradas estrictamente como feministas, pero que desde mi punto de vista, hacen un abordaje de la lactancia, la crianza y los procesos reproductivos, a favor de la vida, de la salud, de las mujeres, y de las personitas que estan creciendo y nutriéndose….Alice Miller, W. Reich. Eva Reich, Casilda Rodrigañez, A. Rich, Xavier Serrano, Maite Sanchez Pinuaga, M. Odent, M Langer, K Honey, s, Kitzinger, B .Sjmulders…..son much@s….. Muy lúcid@s.

Y la mejor: conectarse con las miles que están en red, desde hace años, ayudándose, apoyándose, cuidándose, informándose, preguntándose, y tropezándose, y salvando de nuevo los escollos de los nuevos “dogmas” de pediatras salvadores, supuestos “expertos en lactancia materna”, que aún confunden una teta con una mujer.

 

Dra Maria Fuentes Caballero
Col. 6974.
Arcos de la Frtra.Cadiz
mariafuentes3@yahoo.es
mayo.09
Ilustraciones no incluídas en el texto original

Los gritos también dejan cicatrices

Los gritos también dejan cicatrices

Los adolescentes que viven con violencia verbal tienen más riesgo de enfermedad mental

Los expertos defienden programas de intervención en menores de familias conflictivas

No hace falta pegar a un menor para que las ‘señales’ perduren toda la vida. Basta con gritarle. Por este motivo y tras los resultados de un nuevo estudio un grupo de investigadores acaba de recomendar la puesta en marcha de programas de intervención precoces para los chicos y chicas que conviven en casas dominadas por la violencia verbal.

El consejo se ha realizado ni más ni menos que en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (‘The Journal of American Academy of Child and Adolescent Psychiatry‘) por boca de científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social (en Boston, EEUU) dirigidos por Helen Reinherz

Est'El grito', de Edvard Munch. (Foto: EFE)a científica ha reconocido al mundo.es:

“De verdad esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta. Estas consecuencias negativas incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso de alcohol y sustancias. Además, los sometidos a este tipo de agresiones están más descontentos con sus vidas y sufren, incluso, más desempleo”.

“El ambiente familiar caracterizado por los conflictos verbales (insultos, amenazas tanto de padres a hijos como entre los propios progenitores) a menudo tiene una influencia perjudicial en el desarrollo psicosocial, la salud mental, y el bienestar de los jóvenes que viven en esos ambientes, pero hasta ahora existía poca evidencia científica de las secuelas a largo plazo”, postulan los científicos en su trabajo.

Reinherz y su equipo iniciaron en 1997 la investigación ‘Simmons Longitudinal Study’ en la que se recopilaron los datos de 1.977 personas de esa comunidad a través de varios informantes (padres, profesores…) en edades muy concretas; a los cinco, seis, nueve, 15 18, 21, 26 y a los 30 años. De todos estos participantes, escogieron a 346 para realizar un nuevo trabajo. Los autores indagaron sobre la existencia de violencia verbal en sus hogares cuando tenían 15 años y sobre la violencia física, también en casa, a los 18 años.

Analizaron si ambos tipos de agresiones tienen repercusiones en la funcionalidad de los adolescentes cuando alcanzan la edad adulta (30 años). Entendiendo por ella, la existencia de salud mental (existencia o no de enfermedades psiquiátricas o problemas de comportamiento), el estado psicológico (autoestima, satisfacción personal en el trabajo u otras actividades), puesto laboral, salud física, e historia familiar (divorcio, separación…).

Como primer dato destaca el número de chicos y chicas que reconoció la prevalencia de conflictos verbales (un 55%) en sus casas a los 15 años, frente a los que vivieron violencia física (un 12%) a los 18.

“El parámetro que más relación tuvo entre los conflictos familiares y las consecuencias a largo plazo fue el relacionado con la salud mental. En los chicos en los que se documentó la vivencia bajo insultos el riesgo de padecer un trastorno psiquiátrico en la treintena era tres veces mayor que el de sus congéneres de familias estables. Entre ellas se incluyen la depresión, la dependencia de las drogas, así como más posibilidades de padecer comportamientos antisociales”, reza el trabajo.

Lógicamente, “si la agresión fue física el riesgo posterior de problemas a nivel psicológico, de insatisfacción personal y laboral fue mucho mayor. Los resultados del trabajo constatan que las influencias negativas de los conflictos verbales y físicos se extienden más allá de la juventud tanto en el sexo masculino como el femenino”, concluyen los autores.

La familia “es la fuente principal de problemas posteriores. Nos ha llamado la atención que el grupo de chicos que vivió con gritos e insultos a los 15 tenía más probabilidades de padecer depresión en la edad adulta, mientras que los que sufrieron violencia física poseía una mayor incidencia de enfermedades físicas”, destaca Helen Reinherz.

“Nuestra investigación tiene importantes implicaciones tanto para la práctica clínica como para las investigaciones futuras. Es necesario crear programas preventivos precoces para estos chicos y chicas, así como fomentar la buena comunicación entre padres e hijos. También se debería hacer un esfuerzo por identificar los factores protectores que pueden emplear los jóvenes expuestos a la violencia verbal y física con el fin de tener una buena funcionalidad cuando se conviertan en adultos”, recalca la directora del ensayo.

PATRICIA MATEY
Noticia publicada en El Mundo.es salud

Quitar el pañal

Esfínteres: control y autoritarismo

Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar. Lamentablemente, en lugar de examinar cuidadosamente cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.

Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.

Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente. Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.

Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento.

Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémonos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.

Laura Gutman