DESGASTE
Cuando eres madre esa palabra adquiere otra dimensión.
Porque no siempre hay recambio para la energía que gastamos, porque no siempre podemos o sabemos recargar, porque no todas tenemos con quién o cómo.
Porque no se trata solo de tiempo o recursos.
Porque maternamos con lo que somos, porque nos vaciamos para regar lo que amamos, porque no nos enseñaron a hacerlo por goteo, dosificando y asegurándonos de no dejar vacía la cisterna.
Porque estos años son intensos en su demanda, de cuerpo y presencia primero, de guía y libertad a partes iguales después. Y difícil es estar dispuesta a entregarnos a lo primero, pero más difícil es hacer lo segundo cumpliendo nuestras propias expectativas.
Porque a veces el tiempo parece que se detiene y no pasa y a veces el tiempo vuela y cuanto más años cumples más sientes que la vida no es lo que queda en el futuro lejano, porque el futuro cada vez es menos lejano.
Porque no todas nos reconocemos en la persona que somos ahora y no todas nos hemos reconciliado con la mujer que quiere abrirse paso dejando atrás la piel muerta de la madre que fue.
Porque en este viaje hemos mudado algo más que la piel… valores, creencias, prejuicios y amores.
Porque no todas tenemos el valor de mirarnos y reconocernos el derecho a ponernos primero, aunque solo sea para seguir poniéndoles a ellos primero después.
Porque para amar y dar hay que amarse y recibir y, la verdad, el mundo a las madres no nos da mucho. De hecho nos da solo migajas de las tartas que nosotras mismas cocinamos.
Sólo nos queda aprender a ser nuestras propias hadas madrinas y concedernos nuestros propios deseos. Y rodearnos de personas que nos vean como somos, erosionadas pero bellas con las formas que aparecen tras las caricias que fueron limando la que fuimos y mostrando la que somos.

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