¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

Hoy hemos desayunado con este titular de la entrevista a Samanta  Villar :

Samanta Villar- calidad de vida

Y como cada 2 x 3 surge el mismo debate de si ser madre es esa etapa idílica de realización completa para la mujer o una trampa de “veteasaberquién” ( para unos el patriarcado, para otros el capitalismo, la religión, o  cualquier grupo o estamento con poder e intereses) para engañarnos y someternos ( aún más) y cumplir nuestra función reproductora.

Como en todo debate hay gente en los extremos y otros, la mayoría, deambulando entre ambos, a veces más inclinados hacia uno u otro, dependiendo de la propia experiencia, de la propia vivencia.

Dejando a un lado que en el titular se busca llamar la atención y que, evidentemente, vende más uno polémico que sencillamente decir: “ser madre es agotador”, a mí me llama la atención la elección de los términos que hace Samanta en sus declaraciones.

¿Qué es la calidad de vida?

Quizás esa sería la primera pregunta a plantearnos. En mi caso necesito definir qué es exactamente la calidad de vida para evaluar si yo también la he perdido o no, que a lo mejor en mi caso estoy peor que antes y la oxitocina me tiene engañada…o el patriarcado.

Me pongo a buscar y encuentro que el término “calidad de vida” es (copio) :

un concepto  propio de la sociología, pero también forma parte del debate político o de las conversaciones cotidianas. Se entiende por calidad de vida el nivel de ingresos y comodidades de una persona, una familia o un colectivo. Esta definición es meramente orientativa, ya que la idea de calidad de vida está llena de matices”.

Leyendo eso es evidente que tener a cualquier persona dependiente a tu cargo hace que tu calidad de vida baje… algo así como la renta per cápita de un país con una tasa alta de desempleados.  Si yo ganaba 2000€ al mes  y estaba sola y ahora gano lo mismo  (suponiendo que sea de las afortunadas que siguen ganando su sueldo después, claro) y tengo 2 hijos a mi cargo… pues sí, evidentemente he perdido calidad de vida. Ahora tengo más gastos, menos dinero para mí y además menos tiempo para intentar ganar más dinero y alcanzar mi status anterior. Decididamente he perdido calidad de vida.

Pero ¿es esto así en realidad? ¿Realmente nuestra calidad de vida la medimos con una ecuación de ingresos y personas a repartir? ¿Será eso de lo que hablaba Samanta Villar en su entrevista?

Dejando a  un lado el sarcasmo, todos entendemos que la calidad de vida engloba muchas más cosas aparte del dinero, aunque es evidentemente una parte fundamental ya que otros conceptos asociados a ese concepto se consiguen con dinero:  ( sistema sanitario, educación, seguridad, vivienda, alimento, electricidad, ropa, etc…)
Esta es otra definición del concepto “calidad de vida” mucho más completa:

La calidad es el grado de bondad de las cosas en general. La calidad de vida designa las condiciones en que vive una persona que hacen que su existencia sea placentera y digna de ser vivida, o la llenen de aflicción. Es un concepto extremadamente subjetivo y muy vinculado a la sociedad en que el individuo existe y se desarrolla. En un ambiente rural, sin adelantos técnicos, donde las personas viven una vida más de acuerdo con la naturaleza y alejados del progreso, sentirán satisfechas sus necesidades con menores recursos materiales. En las modernas sociedades urbanas, un individuo se sentirá insatisfecho y con poca calidad de vida si no puede acceder a las innovaciones tecnológicas que lo dejan relegado del mundo globalizado y competitivo.

Hace no tanto tiempo tener hijos era la única forma de asegurarse la calidad de vida en el futuro. En una sociedad sin pensiones, ni seguridad social, eran los propios descendientes a los que se cuidaba en su primera etapa, los encargados después, de cuidarnos cuando no nos valiéramos por nosotros mismos. De ahí que en muchas culturas no poder tener hijos fuera una especie de lacra o maldición. En cierto sentido te hacía depender de la caridad de los demás miembros de tu familia o tu tribu.

Hoy no tenemos hijos para que nos mantengan el día de mañana, aunque no sé yo las vueltas que dará el mundo todavía… Pero es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El concepto calidad de vida es moldeado por la sociedad en la que se vive, por la situación social, política y económica. Y sobre todo es moldeado por nuestras propias creencias y expectativas.

Si yo me enfrento a la maternidad sin tener en cuenta que, ante todo, tener hijos no es un derecho ni una opción que se pueda hacer poniendo el foco en el interés del adulto, entonces de seguro mi reacción ante la situación me va a desbordar.

Ser madre ( padres)  es sobre todo un trabajo muy ingrato en nuestra sociedad. Los niños no son valorados por lo que son, se nos presentan como otro objeto de consumo más que tiene que cumplir unas expectativas para el consumidor.  Los bebés tienen que dormir mucho, solos, comer cuando les toca y sobre todo, no llorar. Tienen que dejar a sus padres tiempo de volver a sus productivas vidas cuanto antes, por supuesto, sin hacernos sentir culpables con su llanto al quedarse con extraños. Tienen que agradecernos que les hayamos tenido porque somos la causa de su existencia, y como tal, supeditados a nuestros deseos. Tienen que obedecer nuestras normas, por supuesto sin rechistar. Todo acto de queja se considera rebeldía máxima y, por tanto, merecedora de un castigo ejemplar.

Expectativas versus realidad

En ese contexto es normal que todas nos sintamos morir cuando comprobamos que expectativa y realidad chocan estrepitosamente.

Resulta que mi maravilloso bebé, tan bonito, me reclama más de lo que soy capaz de dar. Resulta que no sé por qué me siento incapaz de responder a sus demandas sin sentir que se me chupa la sangre. Resulta que he pasado de ser la persona que era a convertirme en un satélite que gira alrededor de las necesidades de un ser que ni siquiera habla. Necesidades tan poco excitantes como comer, estar limpio o sentirse seguro en brazos.  Resulta que yo puedo pasarme 21 días viviendo en la calle como una sin techo, fumando porros o trabajado en una mina  pero me resulta difícil aceptar mi nuevo rol de madre.

Mafalda. madreQuizás, y digo quizás porque yo no tengo las respuestas a cada situación particular, esté en que todo lo anterior lo considero valioso porque es mi trabajo, me realiza profesionalmente y sobre todo, me aporta dinero y reconocimiento. Pero ser madre no aporta ni lo uno ni lo otro. Y quizás porque todos los demás contratos de nuestra vida son temporales, con claúsula de salida (hasta inventamos el divorcio que anula la promesa de “hasta que la muerte nos separe”), menos este.
Somos mujeres educadas para SER ALGO en la vida. Por supuesto, ese “algo” se refiere a  algo más que ser madre. Nos ha tocado ser la generación que tiene claro que puede ser lo que quiera sin haber encontrado la fórmula para no renunciar a  nada, incluso a lo que  no sea tan productivo desde el punto económico y social.  En lugar de encontrar el modo de conciliar nos salimos por la tangente criticando a las que no concilian, bien porque trabajan y no cuidan, bien porque cuidan y no trabajan ( entendiendo “trabajo” como remunerado).

 

  • Nos criaron para no ser esclavas de los hijos, pero no nos explicaron que cuando te enamoras de tu bebé ( que no es sólo el hecho de tenerlo), el único lugar en el que quieres estar es al alcance de su mirada.
  • Nos criaron para correr y alcanzar nuestras metas profesionales, pero no nos explicaron que en esta carrera podemos tomarnos tiempos para hacer otras cosas, que a veces, nos interesarán más otras cosas.
  • Nos criaron para no sentirnos explotadas en casa, pero no nos explicaron que a la mayoría nos siguen explotando fuera de ella.
  • Nos criaron para saber que teníamos todos los derechos, pero no nos explicaron que algunos de esos derechos eran sólo deseos.
  • Ser madre no es un derecho, no es tampoco una obligación y nunca  ha de ser un castigo.
  • Ser madre debería ser una elección, como no serlo, tomada sabiendo todo lo que implica participar en la vida de otro ser humano a ese nivel.
  • Nadie influye más en la persona que somos que nuestra madre.
  • Nada nos deja tanta huella como la actitud de nuestra madre hacia nosotros.
  • Nada nos marca tanto como lo que nuestra madre siente que hemos sido para ella en su vida.

Quizás, y solo quizás, la mayor muestra de madurez  y altruismo de una mujer que es madre, sea tragarnos las palabras dichas en pleno agotamiento físico, mental y emocional y no arrojarlas a nuestros hijos como si ellos fueran los culpables de nuestra falta de conocimiento de la situación que hemos decidido vivir.  Porque, de hecho, no lo son.

Yo también a veces he deseado irme de mi vida un rato.
Yo también me siento sobrepasada y defraudada como mujer trabajadora con hijos por una sociedad  a la que aporto lo más valioso y no me da nada a cambio sino ostracismo social y profesional.
Yo también me siento sola con una carga que a veces se me hace muy pesada.
Pero yo soy la adulta, yo soy ahora la madre.

Y para acabar retomando la idea inicial del post, mi calidad de vida ahora es bastante mejor que antes de ser madre. Así que va a ser que no, que  la calidad de vida no se pierde por tener hijos,  igual que no se pierde por casarse o divorciarse, sino por cómo afronta cada uno sus  vivencias.
Y, por supuesto, la felicidad de una mujer no la da ser madre o no serlo. Ni siquiera desear algo y conseguirlo o no desearlo y aprender a vivir con ello. LA felicidad, imagino, es aprender a saborear los buenos momentos, no esperar que los demás sean responsables de hacernos felices y no culparles de nuestras frustraciones. Al final, creo, todo es cuestión de ACTITUD.

Nuestro fular te abrazará eternamente

Nuestro fular te abrazará eternamente

Este es el relato de una despedida amorosa. De cómo nuestros portabebés son mucho más que una herramienta para llevar a nuestros hijos. Gracias a Mónica y su familia por compartir con nosotros estos detalles íntimos de la despedida de su pequeña niña que no llegó a nacer viva.
Mi hija Maia falleció a las 18 semanas de gestación.
Tuve un parto respetado, poderoso, que nos permitió despedirnos.
Cuando tenía a mi hija sobre mi pecho llegó el mensaje de una amiga:
-“Me gustaría que tu peque usara uno de mis fulares”.
 
Abrazándote, hija mía, me imaginé llevándote en ese y otros tantos fulares, imaginé sentir el calor de tu abrazo.
Muchas gracias A. por tu ofrecimiento. No te imaginas en qué buen momento llegó, cuanto cariño y amor sentí. Recibí tu cariño, que tanto bien me hizo en ese momento. Esa es una de las magias del porteo, se puede regalar amor puro.
 
En algún momento después del parto pensé en que quería enterrar a mi hija envuelta en un portabebé, era la forma en que sentía que podía arroparla eternamente ya que mi pecho no iba a poder hacerlo.
Como mi hija V. tenía dos bandoleras pensé que podía utilizar una de ellas para envolver a Maia. Cogí una de ellas y la apreté contra mi pecho toda la tarde para impregnarla de mí, para llenarla de todo el amor que no iba a poder darle. Creo que la fuerza con la que me apretaba el pecho y el calor de la tela me ayudaron a pasar aquella tarde, a sentir que estaba haciendo algo por mi hija.
Finalmente V. me dijo que no quería desprenderse de esa bandolera. Entonces el papá me pidio emocionado utilizar el fular elástico, nuestro primer portabebé, que tanto habíamos usado con nuestra primera hija. Así también envolverían sus abrazos a nuestra pequeña.
Y así lo hicimos. Envolvimos su pequeño cuerpecito en aquel fular que tanto amor llevaba en sus fibras para que tuviera nuestro abrazo eterno.
Cuando hablo sobre porteo, digo:
 
No sé de forma consciente lo que sufre un bebé separado de su madre, pero sí sé lo que duelen los brazos y el regazo de una madre sin el abrazo de su hija.
Por favor, llevadlos cerquita.”

Mónica de la Fuente García

Cuando la crianza natural se vuelve antinatural

Cuando la crianza natural se vuelve antinatural

Dice un refrán : “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
Todos sabemos que el refranero popular, no siempre, pero muchas veces, recoge la sabiduría popular y la experiencia. En ese caso hay mucha verdad detrás de esas palabras.

En el mundo de la maternidad desde hace unos años cada vez hay más familias queriendo criar a sus hijos no a golpe de métodos y directrices sino de instinto y respeto. Esto no es nuevo. Básicamente cualquier cultura que tenía un mínimo nivel de paz, trataba con respeto a sus integrantes, sobre todo a quienes más lo necesitaban, niños, ancianos y/o enfermos.

atachement parentingTras unas siglos complicados en la historia humana y, sobre todo, tras un cambio brutal de paradigma en el S.XX con respecto a todo lo anterior, se impuso un nuevo modelo de criar, sin criar, es decir, empezó a diluirse el significado original del término “criar” cuando empezó s sustituirse todo lo normal en la crianza, por otros modelos artificiales. Y como suele suceder, cuando lo normal, o lo natural, no es la norma, entonces “otra cosa” ocupa su lugar. En este caso fue el imponer pautas, métodos, horarios, restricciones, prohibiciones, castigos y demás a algo que hasta el momento era mucho más sencillo y fluido.

Cuando en este mundo occidental nuestro, edificado sobre el capitalismo y totalmente adultocéntrico, empiezan a aparecer voces llamando la atención a que quizás lo “normal” ( por haberse establecido como norma) no era lo natural y que estábamos empezando a pagar el precio de nuestra “no crianza” a los hijos, hubo que buscar otra denominación para marcar la diferencia cn lo que se esta haciendo.

En ese contexto encontramos  el “concepto del continuum de Jean Liedloff  o el concepto “atachement parenting” acuñado por los Sears, que fueron  el germen de toda una corriente de cambio en la forma de ver y afrontar el hecho de tener y criar hijos.
De ese punto de partida surgieron todo tipo de movimientos con más o menos cosas en común como Natural Parents  o usando el mismo término que los Sears acuñaron, organizaciones como Attachement Parenting International.
Estas corrientes fueron integradas a nuestro idioma con términos como “crianza con apego”, “crianza natural”, “crianza respetuosa”, “crianza consciente”, etc…
Estos términos no dejan de ser etiquetas que utilizamos para identificar una serie de creencias y principios que  tomamos en cuenta en nuestra vida. Era como una marca identificativa de ser “del otro lado”, una forma de nadar contra la corriente habitual, o como alguna vez hemos dicho: salirse de Matrix.

 

Este proceso de conectar con las necesidades de los bebés y niños y las nuestras propias como madres y padres es algo que debería venir “de serie” en  una especie como la humana que necesita tanto de la crianza para su supervivencia y calidad de vida.

 

Pero al no ser así, que haya padres que lo hacen y otros que no lo hacen o lo hacen en menor medida, lo que crea es una especie de brecha entre padres o entre estilos de crianza.
De ese modo es frecuente observar, sobre todo en los medios, en los que no se filtra el mensaje, las típicas peleas entre familias pro Estivill y familias pro “el que corresponda”, entre madres de teta y biberón, parto respetado o intervenido, familias que portean y las que no,etc.

coheteSuelo comentar que ese afán de juzgar al de enfrente es una reacción normal durante un tiempo, para aquellos que salen de la mayoría hacia la minoría. Del mismo modo que  un cohete necesita contrarrestar la fuerza de atracción de la Tierra  con una lanzadera, que lo aleje con mucha potencia, ese afán por demostrar “lo bien que lo hacemos y lo equivocado que está el resto” es necesario en una primera etapa para no perecer ante tanto comentario intensivo sobre cómo y por qué no hacemos lo que todo el mundo hace.
Pero una vez en órbita, el cohete ha de soltar la lanzadera o será incontrolable. Del mismo modo, una vez pasada la euforia inicial de ir viendo todo lo que los demás no hacen como “debería ser”, cualquier adulto con sentido común entiende que su misión en la vida no es juzgar al prójimo, sobre todo en un aspecto como la crianza de los hijos.   O corremos el riesgo de ser de ese tipo de gente que se coloca la etiqueta de “crianza natural” como si fuera suya, haciendo bandera del respeto a sus hijos, a darles teta, a llevarles en brazos, dormir con ellos, no castigarles, no ejercer violencia ni siquiera verbal… y luego resulta que toda ese afán de control, frustración o  ira que no descargan sobre sus hijos ( como debe ser ) la descargan contra el prójimo.

Yo no es que me haya encontrado en el mundo de la crianza natural gente “peor” que en el otro lado, porque gente mala hay en todos lados. Lo que pasa es que choca mucho que alguien predique algo y vaya dando muestras en su vida de justo lo opuesto. Habría que explicar a estas personas que criar a un hijo  no implica sólo atender sus necesidades físicas y emocionales, sino también las sociales.

©JugaryColorear

©JugaryColorear

Criar hijos sin enseñarles, por ejemplo, a respetar las normas sociales de su comunidad, que el respeto es bidireccional, de la gente a ellos y de ellos a los demás, que no le hacemos a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, y sobre todo, que sus padres, SON  o INTENTAN SER BUENAS PERSONAS, es hacerles daño a sabiendas. Nadie quiere tratar con gente irrespetuosa y si no enseñamos el respeto de palabra, de acción y con el ejemplo, nuestros hijos no serán personas con una vida emocional  y social sana y rica.

Porque cuando los niños son pequeños quizás sólo necesitan de nuestro tiempo y nuestro cuerpo, pero a medida que crecen, criar es enseñarles a ser buenas personas. Eso va a ser un mejor fundamento para su vida que haber tomado teta 10 años. Y es difícil enseñar valores si no los tenemos. Nuestros hijos, al final, serán nuestros jueces. Llegará el día en que escuchen lo que hablamos, vena cómo nos comportamos y lean lo que escribimos. Ojalá que no se den cuenta que su madre y/o padre que tanto hablaba del respeto y la crianza natural, era luego una mala persona que solo sabía criticar y descalificar, a veces, incluso injuriar al prójimo.

Si además, nuestra vida profesional está ligada a este sector, razón de más para ser personas honestas y éticas.  Y eso va más allá de pagar impuestos y no cobrar de más a nuestros clientes.
En el mundo de la crianza natural me he encontrado muchas personas “antinaturales”, “nada respetuosas” y “conscientes sólo de mirar la paja en el ojo ajeno”.

Por ese motivo, cuando imparto formación a mujeres que quieren ser profesionales, sea del mundo de la maternidad o de cualquier otro, aparte de la formación específica de la materia que quieren aprender, intento recalcar que no sólo importa lo que hacemos, sino “Cómo” lo hacemos.

  • *No te aproveches del trabajo ajeno
  • *No vayas por la vida acumulando enemigos
  • *Preocúpate de crear no de criticar y luego copiar
  • *No participes y/o colabores  del robo o plagio del trabajo de otros
  • *Sé exquisito en tu trato con tus clientes.
  • *No  vendas lo que tú quieres, sino lo que ellos necesiten
  • *No mientas en tu beneficio
  • *Sé consecuente, o inténtalo
  • *Si alguien es mejor que tú en algo, intenta aprender, no te dediques a criticarle y difamarle
  • *Enfócate en tus clientes, no en tu competencia
  • *Aprende a colaborar y a establecer sinergias
  • *Asegúrate que tus prácticas habituales son respetuosas y no mafiosas y amenazantes
  • *Cúrate el complejo de Mesías, no te va a hacer bien ni a ti ni a tus clientes
  • *No pretendas apropiarte de conceptos universales ( no sólo es poco ético e incluso ilegal, es ridículo)
  • *Pregúntate qué reputación tienes en tu sector y analiza por qué
  • *Ten muchos amigos, buenas personas y buenos profesionales con los que relacionarte y colaborar
  • *Ten por costumbre alegrarte de los éxitos ajenos y reconocer el trabajo que otros hacen bien
  • *Aprende a ser feliz. La gente feliz dedica menos tiempo (o ninguno) a amargarle la vida a los demás
  • *Sé el tipo de persona que salga airoso de la auditoría que la vida y aquéllos a quienes más quieres te harán sin duda alguna.

Si de verdad quieres vivir de acuerdo a la crianza natural, te darás cuenta de que no necesitas etiquetas a las que aferrarte. Porque cuanto más las necesitas para justificarte, más lejos estás de lo que buscas.

 

crianza natural

 

¿ Qué es lo mejor?

¿ Qué es lo mejor?

“No aspires a hacerlo un poco mejor, aspira a hacer lo óptimo”

Esa frase es una de las que siempre tengo en mente la hacer mi trabajo,  una de las que más utilizo, adaptándola, cuando hablo con las familias o cuando imparto formación.
Las madres ( y padres) queremos lo mejor para nuestros hijos. Nos pasamos la maternidad creyendo que nuestra misión en la vida es buscar lo mejor y dárselo. Así, cuando encontramos a alguien experto en una de las materias relacionadas con el cuidado de nuestros peques, siempre le preguntamos lo mismo:

  • ¿Qué es mejor para él?
  • ¿Cuál es el mejor portabebés?
  • ¿El mejor nudo?
  • ¿El mejor pañal?
  • ¿La mejor forma de amamantar?
  • ¿El mejor biberón?
  • ¿La mejor guardería?
  • ¿La mejor pediatra?

Hasta el infinito…

¿Qué pasa cuando crecen?

Crecerán nuestros bebés y crecerá nuestra experiencia, pero no siempre nuestra confianza y seguiremos preguntando :

-¿Cuál es el mejor cole, el mejor dentista, la mejor actividad extraescolar, el mejor hotel para irnos de vacaciones, etc.?

No es malo pregunta, lo mal es que seguimos preguntando mal.

Cuestión de Responsabilidad

Seguimos sin entender que pedirle a otro que nos dé la respuesta a cuál es la mejor mochila o el mejor biberón o la mejor forma de dormir a nuestro hijo, lo que en realidad evidencia es nuestra falta de responsabilidad.
No quiero decir que los padres que preguntamos somos irresponsables, sino que  al preguntar así, estamos dejando de ejercer nuestro trabajo principal que es tomar decisiones y asumir responsabilidades.

  • No es lo mismo preguntar las diferencias entre sistemas de porteo y decidir, que preguntar qué  mochila es mejor
  • No es lo mismo preguntar las consecuencias de utilizar un sistema de crianza y otro y decidir, que preguntar qué es mejor hacer.
  • No es lo mismo indagar cómo se trata a los bebés en las guarderías de la zona para ver cuáles casan con nuestra propia filosofía y decidir, que preguntar a otro cuál es la mejor.

Porque cuando alguien cataloga algo de “mejor” invariablemente está usando su propia escala de valores, su propia medida. Y juzga en base a ellas y a sus propias circunstancias, a sus propias vivencias y creencias.
No conozco dos familias que piensen igual en todo ni que tengan las mismas necesidades, del mismo modo que no conozco dos bebés iguales, aunque tengan el mismo peso, talla  y edad.
Delegar la toma de decisiones, que va intrínsecamente ligado a  ser el adulto responsable de un menor, en otra persona, por mucho que esa persona sepa de la materia, es irresponsable.
No quiero decir que la formación y la experiencia no sirva de nada, ni quiero decir que los profesionales no hagamos nuestro trabajo. Quiero decir que una cosa es ofrecer información objetiva y  otra cosa es decidir por el caso particular.

Yo puedo saber mucho de porteo, pero si una madre me pregunta qué portabebés es el mejor y yo le doy una respuesta tipo “este portabebés”, no sólo estoy demostrando muy poca profesionalidad, sino que estoy cosificando  a ese bebé y su familia al no tener en cuenta ninguna de sus características particulares.
No hay un portabebés mejor porque hay tantas realidades como personas y  hay tantas dinámicas familiares, culturales, sociales, físicas y emocionales que sería imposible que todas coincidieran en una sola respuesta.

¿Es malo preguntar a profesionales?

Entonces, ¿de qué sirve nuestra formación y experiencia?,¿significa esto que no podemos responder a las familias que nos consultan?
NO. Significa que precisamente nuestra formación y experiencia sirven para explicarle a las familias que la meta no es encontrar “el mejor” nada, sino aspirar a lo óptimo en cada caso.
Suelo decirle a las familias que mi trabajo tanto en el porteo, como en la lactancia, y la crianza, es explicarles “lo óptimo”, lo que el bebé o niño necesita y espera y que es su trabajo aspirar a ello, teniendo en cuenta que cada familia llegará al punto que pueda y quiera.
Si yo te digo que “esto es lo mejor”, te quedas aquí, en este punto. Si te digo qué es lo óptimo a lo que aspirar, llegarás mucho más lejos. Porque la maternidad no es algo estático, no son metas concretas que alcanzar, es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.

[Tweet ” La maternidad no son metas concretas que alcanzar. Es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.”]

El término “mejor”

Hace muchos años desterré de mi vocabulario el concepto “mejor” y nunca me oiréis decir “la lactancia es lo mejor”, o “este portabebés es el mejor”.

Si una madre me llega dando lactancia mixta no presupongo que lo mejor es que intente la lactancia exclusiva, porque si algo sé es que muchas veces lo óptimo en esa díada madre-bebé es el equilibrio que la lactancia mixta permite a esa madre, la red de seguridad que la madre necesita para poder amamantar de forma segura.

Por supuesto en otros casos sí  será lo óptimo recuperar la lactancia exclusiva, pero no siempre sabemos qué caso es cada cual de primeras. No lo sé yo y muchas veces no lo sabe tampoco la propia madre.

La necesidad de juzgar, de etiquetar, de medir y evaluar es muy difícil de eliminar de nuestra vida. Sobre todo del rol de madre sometido constantemente a juicio, el propio y el de casi todos los demás. Ese estar constantemente en la palestra, teniendo que demostrar lo buenas madres que somos tiene como único resultado madres cada vez más inseguras, más frustradas, más infelices. Hasta el punto de irnos al extremo  de hacer apología de ser mala madre, por muy envuelto en humor que lo hagamos,  como si de ese modo reivindicáramos nuestro derecho a no tener que cumplir los objetivos de todo el que se cree con derecho a imponérnoslos. Si entramos en el juego de poner etiquetas: “mejor, buena, mala…” estamos jugando al mismo indecente juego.
Un juego en el que todas perdemos. Tanto, que lo siguiente es llegar a sentirnos arrepentidas, ya no de ser madres, sino de tener hijos, que parece lo mismo pero no lo es.

Quizás si dejamos de poner la medida fuera, si dejamos de preguntar a otros, si dejamos de buscar “la mejor forma” de ser y estar en este y otros roles.  Si empezamos a preguntar con inteligencia y a pensar por nosotras mismas con la información obtenida. Si dejamos de leer libros y miramos más a nuestros hijos y les escuchamos un poco más, con más atención, nos daremos cuenta que muchas de las respuestas no las tienen otros, sino nosotros mismos, nosotras y nuestros hijos.
Mis alumnas siempre me oyen decir que cuando una asesora recibe una pregunta se sabe el tipo de profesional que es por la respuesta:

Una profesional mediocre responde siempre a las preguntas que le hacen.
Una profesional responsable y bien formada no responde, hace más preguntas.

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Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

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¿Cómo introducir un nuevo portabebés en el mercado y cómo NO hacerlo?

¿Cómo introducir un nuevo portabebés en el mercado y cómo NO hacerlo?

logo red canguroLa abuela cebolleta que hay dentro de mí os contaría cómo hace 11 años en España conocíamos apenas 5 marcas de fulares, menos de bandoleras y los primeros mei tais que se veían los comprábamos en eBay en Estados Unidos.

En sólo una década y gracias al trabajo de forma colectiva,  de asociaciones como Red Canguro, a título individual con cada vez más familias porteando y con empresas de diferentes ámbitos del sector ( fabricantes, marcas, tiendas, asesoras y Escuelas de Porteo) hoy resulta casi imposible conocer  a fondo todas las marcas y  productos que se comercializan.

 

Esto tiene como positivo que a mayor oferta mayor demanda. Es decir, cuantos más portabebés se ofrezcan, más se compran y más se usan. Cuanto más se usan, más se ven, más se conocen y más se demandan. Es un círculo virtuoso. Todos ganamos.

Pero la parte menos positiva es que entre tanto portabebés nuevo y ante un mercado creciente también aumenta la oferta de productos “no tan buenos”.
Ya he escrito en otras ocasiones que la responsabilidad de saber escoger recae en última instancia en el consumidor.

Como padres, antes de escoger un sistema de porteo, deberíamos informarnos de fuentes fiables, para que no nos den gato por liebre, o lo que es lo mismo, para que no nos vendan portabebés ergonómico, por uno que no lo es ( por mucho que lo anuncie así quien lo fabrica, lo distribuye, lo vende o lo usa), o para que sepamos usar el que sí lo es de forma adecudada: recordemos que la seguridad  y el confort no lo dan sólo el modelo elegido sino la forma correcta de uso.

Al final del artículo tenéis algunos enlaces interesantes sobre el tema.

A las marcas

Hoy quiero hablarle a las marcas. A los que fabrican, distribuyen, representan o venden portabebés , “sistemas de porteo” o “accesorios para el contacto”.
Sé que no es fácil hacerse un hueco con un producto nuevo y sobre todo, que no es fácil ganarse la confianza de padres y profesionales del sector. Pero hay cosas que sí se pueden hacer  para introducir tu producto de la forma correcta y otras que precisamente logran el efecto contrario.

Algunas  marcas invierten grandes cantidades de dinero en contratar publicidad. De este modo vemos su producto anunciado en las grandes tiendas de puericultura, en revistas del sector, en ferias, congresos y seminarios relacionados con la infancia… Saben que la publicidad funciona y no escatiman en ello. Muchas de ellas, además, saben que tener el sello de alguien con “autoridad” ante los  padres les da muchísima ventaja y por ello contratan a “expertos” que alaben las bondades de su producto.

Imagen de usbmodels.es

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Esta práctica es sin duda efectiva, es decir, venden mucho. Lo malo es cuando el producto no se corresponde con las expectativas que genera o que anuncia y entonces sufren también la publicidad negativa de comentarios por parte de usuarios experimentados y profesionales independientes que critican los aspectos negativos del producto. Digamos que a las marcas les sigue saliendo rentable porque aunque aumenta su masa crítica entre las familias con experiencia en el porteo, ellos se dirigen sobre todo a los nuevos padres, sin experiencia previa, que se fían de la reputación de la marca, de su presencia en las principales tiendas y del “aval” de profesionales de la medicina ( aunque no sepan específicamente de porteo).

Otras marcas más “modestas” no teniendo presupuestos para grandes campañas, se dedican a hacer su propia campaña en el nicho donde se mueven.

Quienes frecuentamos foros y grupos de porteo, sufrimos casi a diario la irrupción de estas fabricantes, distribuidoras, vendedoras, agentes o amigas de la marca, haciendo lo que yo llamo “un Umbral”, o sea, publicitando su producto incluso cuando las normas prohiben la publicidad,  o respondiendo en casi cada hilo que se abre derivando la conversación hacia su propia marca. Esto es SPAM en toda regla.

Por todo esto, querido/a amigo/a fabricante, distribuidor-a, vendedor-a o representante de la marca o producto, déjame darte algunos consejos para introducir tu producto en el mercado:

  • Si quieres hacer publicidad contrátala en los canales adecuados y,  por supuesto, págala.
  • Que tu marca o producto se asocie a una mala praxis (SPAM)  es totalmente negativo para tu producto, para tu imagen de marca y para ti como “supuesta” profesional del sector
  • No bombardees con tu monotema en grupos donde no se permite la publicidad
  • No bombardees con tu monotema en grupos donde se permite la publicidad (te aseguro que no hay nada más cansino)
  • No bombardees con mensajes privados a la administración de un grupo quejándote de que  “te tratan mal” sólo porque no hablan bien de tu producto.
  • No critiques el trabajo de quienes de forma voluntaria invierten su tiempo en aumentar la cultura del porteo. Es decir, en aquellas personas que hacen posible que exista un nicho de mercado para tu producto.

 

Si quieres introducir de la forma correcta tu producto y que se  hable bien de él en foros  de profesionales y/o de expertos:

  • Asegúrate de que tu producto es bueno
  • Asegúrate de que tu producto es seguro
  • Asegúrate de que tu producto explica con claridad y veracidad qué es, cómo y para qué debe usarse
  • Si es necesario contrata una Consultora de Porteo independiente  para que te haga un análisis del producto y te digo si hay cosas que debes mejorar o modificar tanto en el diseño, la presentación o las instrucciones de uso.
  • No pretendas que te hagan la review gratis
  • No pretendas que paguen por tu producto para probarlo y darte su opinión profesional
  • No pretendas que hablen bien de él sólo porque tú crees que es lo mejor del mercado
  • No pretendas que le guste a quien no le gusta y que no puedan dar su opinión
  • Cuando alguien dice que un producto no le gusta recuerda que está en su derecho a expresarse así
  • Las opiniones negativas sobre un producto no se contrarrestan atacando a quienes la emiten
  • Sé abierto a escuchar las críticas y analiza si hay algo en ellas que puede ayudarte a mejorar en tu producto y en tu trabajo.
  • Ten presente que en un mundo cada vez más conectado entre sí, la mayoría de las personas preguntan por la experiencia que han tenido otros con el producto o la marca. Créeme que no es buena idea ir sembrando cadáveres en un mundo tan pequeño como el nuestro.
  • Y, por último, recuerda que hay dos formas de plantearse el trabajo: construyendo o demoliendo. Tú eliges.

Nohemí Hervada
Escuela de Porteo Mimos y Teta
Consultora de Porteo para marcas y empresas

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Congreso Lacta21

Congreso Lacta21

Como os prometí ahí va mi resumen de LActa21.
De este congreso me traigo muchas cosas. No sólo información, sino experiencias vitales. De gente trabajando en la misma onda, de gente con ganas de aprender, de cambiar cosas, de escuchar otras voces.

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Cuando acudes a un evento de este tipo te das cuenta de cuánta necesidad hay aún de información y de formación.

logo lacta21Empezando por los talleres del jueves, es patente que aún hay mucho desconocimiento de cosas tan básicas para algunas de nosotros como es el correcto inicio de la lactancia.

Gracias a proyectos como estos profesionales se pueden beneficiar de la experiencia de años de otras personas, de escuchar abordajes de la lactancia desde diferentes ópticas.

 

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Un Congreso que ha querido integrar a todos los colectivos que tienen algo que decir sobre este tema, incluyendo, por supuesto,  la experiencia de las madres desde sus distintos roles: madres lactantes, madres en grupos de madres, asesoras, formadoras, IBCLCs, profesionales de la salud, investigadores, etc.
Como escribí en Facebook:

lacta21

 

Ojalá un día todos los que soñamos con el cambio rememos a una, del modo que sea, en el mismo barco o distinto, pensando igual o diferente, con más o menos afinidad pero a una, en una misma dirección, con un mismo objetivo. Y sobre todo con respeto, respeto por lo que nos une y también por lo que nos diferencia, porque no se puede pedir respeto y apoyo a la lactancia desde un lugar distinto al respeto que nosotros mismos manifestemos.

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Y para acabar os dejo con el congreso en imágenes recordandoos que en mi muro de Facebook fui poniendo parte del contenido que íbamos escuchando de algunas de las ponencias.

 

 

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

Este Blog lleva ya unos 8 años abierto. Tiene más de 1000 entradas, la mayoría de ellos de contenido propio. Ha ido creciendo y cambiando, como yo misma, al ritmo de mi propia maternidad. Cuando lo empecé aún no existía Madresfera, ni las Malas Madres ni las Madres cabreadas ni todos esos movimientos de la blogosfera maternal. Eso hizo que fuera relativamente fácil que las personas interesadas en los temas que escribía llegaran al blog y me leyeran. Cientos de suscriptores que leían cada cosa que se publicaba, que comentaban y compartían.

Hoy tenemos tanta cantidad de información disponible para leer que ya casi no leemos. Como cuando vas a un buffet libre y hay tanta oferta que te sirves de 30 platos diferentes, de los cuales algunos ni llegas a probar.  Eso ocurre hoy con toda la información que nos bombardea. A veces no pasamos del título y, si lo hacemos, en vez de leer escaneamos.

Que haya tanta  cantidad de información disponible  ha facilitado que temas que antes era difícil encontrar ahora estén disponibles para casi todo el mundo. Eso es bueno.
Pero  que haya tanta cantidad de información disponible también hace que sea muy difícil filtrar la información buena de la información basura. Eso no es tan bueno.

Como en el buffet, no todo lo que tiene buena pinta es sano y nutritivo. Platos  que nos entran por los ojos pero contienen exceso de  grasa o azúcar, que consiguen calmar el ansia de tragar pero aportan poco a nuestro organismo.  Así pasa con el exceso de información y canales que nos rodean. No todos aportan contenido original, provechoso o bien escrito. A veces contienen directamente basura disfrazada de comida u opiniones disfrazadas de evidencia.

Triunfan los blogs maternales que nos cuentan peripecias de madres  más o menos divertidas o que nos explican cómo decorar las habitaciones de nuestros peques ( los míos usan su cuarto sólo como almacén de juguetes,  menos mal que no me esmeré mucho en prepararlo) o aquéllos que nos nos enseñan qué complementos usar para ser una madre pluscuamperfecta o pluscuaimperfecta, que se lleva ahora más.

Por supuesto tienen su espacio y su público visto cómo triunfan, pero  a algunas no nos aportan demasiado. Es como esas tartas de fondant tan monísimas y vistosas que cuando las vas a comer te decepcionan porque a ti realmente no te gusta la pasta de azúcar, sino un simple bizcocho esponjoso con nata.

Portada1Por otro lado están los blogs “Google Maps”, aquéllos que prometen llevarte a donde quieres,  a ser posible escritos por expertos que nos enseñan a ser madres y nos dirigen todo aspecto de esta etapa. No hace falta que lo escriban madres, para qué, si la maternidad cada vez  está más subcontratada.  Cualquiera con algún título profesional cuyo ámbito de trabajo afecte a madres o niños os propondrá una “guía maestra” para criar hijos. Psicólogas conductistas, pediatras mediáticos, nutricionistas fashion, ex deportistas ex drogadictos, coachs de todos los colores, famosas de más o menos categoría… todos estos nos llevarán de la mano por el maravilloso mundo de sentirnos completamente inútiles sin sus consejos.
En este terreno no parece muy inteligente publicar un libro que plantea más preguntas que  respuestas, sin el aval de un título “oficial” para hablar de maternidad, más el que me otorgan mis propios hijos. Con textos que, además, han sido ya en gran parte, publicados antes en mis blogs.  Pero a pesar de todo, quería publicar este  libro.
He tardado porque llevo años posponiendo lo importante para hacer lo urgente.
He tardado porque me cuesta mucho escribir y no compartir lo que escribo.
He tardado porque en algún momento pensé que quién iba a pagar por leerme cuando puede leerme a diario gratis en mis blogs y redes.

Pero decidí publicarlo y aquí está.
Porque es algo más que una recopilación revisada de algunos de los textos que he escrito en estos años.
Porque es la prueba tangible de que cuando quieres comunicarte, lo que tienes que hacer es lanzar tus palabras al mundo.
Porque es un sueño cumplido desde que empecé a escribir.
Porque me gustaría que las madres de una vez miráramos más para adentro al ser madres y menos hacia fuera, hacia lo que hacen otras.
Porque empoderar la maternidad es respetarla y no tratarla como una etapa idiotizante de la vida de las mujeres.

Yo quería un libro que recogiera la forma en la que yo vivo ciertos temas. Una recopilación de temas incómodos pero necesarios.
Una colección de historias que nos parecen “de otros” hasta que empiezas a leer y te das cuenta de que también hay parte de ti en ellos.

Este libro habla de las lactancias que no se logran, de las madres que no tienen tribu, de los miedos que nos paralizan, de los desencuentros con la pareja cuando llegan los hijos, del deseo sexual o la falta de él de las madres y sus parejas, de las violencias que sufrimos y no vemos, de las medallas que otros se cuelgan y son nuestras, de las renuncias al ser madre, del miedo a quedarnos solas por no negociar con el amor a nuestros hijos, de la competencia entre mujeres y madres, de cómo cargamos a nuestros hijos con nuestras mochilas sin ser conscientes de ello siquiera,  de las dinámicas familiares tóxicas que arrastramos, de abortos, del dolor de no parirlos o del dolor de parirlos no vivos.

He escrito sobre los temas que quiero hablar con mis hijos, de los que hablaría con mis hermanas y cuñadas, con las madres que me escriben…
He escrito porque no puedo no escribir.
Ojalá este trozo de mí   y de muchas otras madres, escrito, como comento en la introducción, con sangre, sudor y leche, te remueva.

Sólo desde ese lugar podemos avanzar y soñar con más Maternidades sin tabúes.

PromoLibro-2

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ENLACES DE INTERÉS

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El duelo de las que acompañamos madres

El duelo de las que acompañamos madres

Recuerdo el dia que me enteré que mi bebé no estaba vivo. Nada más salir de la consulta de la tocóloga, llorando y aún intentando asimilar lo que estaba pasando, vi a un par de madres sentadas en la sala de espera, acariciándose sus ya enormes barrigas y decidí ponerme mis gafas de sol para que no vieran  en mi rostro la cara de la muerte. Esas muertes que siempre les pasa a otras.

He comentado muchas veces con compañeras y alumnas  esta reacción mía en un momento en el que debía estar aún en estado de shock.  Parece una reacción extraña sacar algo de lucidez y preocuparse de otras personas, de extrañas, cuando en realidad tu cabeza sólo gira alrededor de esas tres odiosas palabras que te aplastan cada vez un poco más hacia abajo, hasta que sólo quieres desaparecer entre el polvo del suelo.

No es una reacción tan extraña cuando tu trabajo es como el mío.

Ser asesora de maternidad, Asesora Continuum, no es lo que hago, ES LO QUE SOY. Va más allá de la empatía natural de una persona hacia otra en su misma situación.
Ser madre, a muchas personas ( no a todas), les hace empatizar con  otras madres con las que comparten intereses y experiencias.

Dedicarte al acompañamiento  y/o asesoramiento maternal es ampliar tu radar emocional, es ser consciente de muchas necesidades, de las que te son familiares y de otras desconocidas, es comprender que cada situación personal es un complejo entramado único al que hay que acercarse con mucha capacidad de escucha, con una enorme dosis de respeto y con una gran capacidad de autocontrol para amarrar el ego y las ganas de juzgar.

Cuando esa es tu forma de vivir tu trabajo y de repente vives en primera persona eso que antes sólo habías leído y escuchado (que no oído), entonces tu duelo es un duelo peculiar.

Hacer un duelo acompañando la vida

dueloSeguramente sabréis o hayáis leído que una madre que ha perdido a su bebé quiera evitar, durante algún tiempo al menos, todo el contacto que pueda con embarazadas, bebés y niños. Este es un comportamiento totalmente normal, nada patológico y no tiene que ver con ninguna emoción indeseable. Esa madre no se ha convertido en una mala persona, ni se ha vuelto huraña ni  envidiosa: sencillamente aún llora por su no-maternidad y en determinados momentos resulta insoportable ver de cerca las sí-maternidades del resto del mundo.
En este contexto, les decimos a las madres que no se angustien, que a medida que vayan incorporando a su nueva vida aspectos de su vida anterior, se irán asentando las emociones. Volver a salir de casa al cabo de unos días, ocuparse de las tareas cotidianas al cabo de un tiempo, volver al trabajo llegado el momento,  son pasos que indican movimiento, movimiento que poco a poco nos traerá el equilibrio a medida que aumente la confianza y, como consecuencia, la velocidad necesaria.
Pero cuando tu rutina y tu trabajo incluye la convivencia diaria con madres, muchas sienten que en vez de un paso adelante se les obliga a dar un salto al vacío.
No sé si las que no estéis en esta situación podéis imaginar el torbellino de emociones de enfrentarte a trabajar  con madres, con padres, con familias llenas de vida, con bebés que besar, acariciar y nutrir, cuando tú, en ese aspecto, te sientes llena de muerte,   con un cuerpo que aún te demanda ese otro cuerpo al que besar, acariciar y nutrir y sólo puedes darle vacío y lágrimas.

Antes os decía que al comentar mi reacción al perder a Altair y mi vuelta al “trabajo” relativamente precoz, algunas personas me preguntaban que cómo pude hacerlo sin derrumbarme. Ante todo quiero dejar claro que no hay reacciones correctas y reacciones incorrectas, sólo hay emociones, todas válidas -incluidas las que calificamos de negativas- y distintas posibilidades  para afrontarlas.

En mi caso no me suponía sufrimiento añadido estar rodeada de madres embarazadas, madres puérperas, bebés y niños.  No todas lo viven igual. Para algunas supone demasiado  que todo gire en torno a palabras, cosas y actividades que  recuerdan la realidad no deseada. Todo está bien, no hay un ritmo único ni un proceso único. No hay una forma válida ni una medida estándar. Lo importante es darse el tiempo que se necesita, escucharse y no añadirse más carga de culpa. juicio o remordimiento. Debemos recordar que ahora nosotras somos “ellas” y  permitirnos ser dolientes un poco más de tiempo si es necesario.
No voy a negaros que en alguna ocasión lloré escuchando algún relato de parto o mirando a los ojos a alguna madre en la que veía compasión hacia mí y mi situación, pero la mayoría de las veces, el rodearme de vida me hacía sentir aún más gratitud por  el enorme privilegio que tenemos y a menudo damos por sentado.

El mejor bálsamo junto con el tiempo

El amor ha sido siempre lo que me ha mantenido a flote cuando mi barco zozobraba. Tener un ancla no te evita los zarandeos que te dan las olas, pero te mantiene alrededor de tu centro, evita que te pierdas.  No creo que haya mayor ancla a la vida que sentir amor: amor por los hijos, los nacidos y los que no lo lograron, amor por las personas que te rodean, amor por mi trabajo y amor por mí misma y mi propia capacidad de sentir amor.

Sin duda es un desafío dar ese paso de volver a escuchar historias de madres cuando aún tienes ganas de llorar a cada instante. Pero si eres capaz de darlo, si consigues ampliar ese radar y ver más allá de tu dolor, verás que muchas veces, créeme que muchas más de lo que piensas, recibes más de lo que das. Ese es otro de los milagros de nuestro trabajo: cuando ofreces confianza y sostén, recibes confianza y sostén de vuelta.

Al final del día, al final del camino, no es que no te duela tu dolor,  pero pesa algo menos y ahora en el lugar de esa carga pesada, ahora hay más empatía y más sabiduría para seguir caminando y seguir acompañando

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PD: Dedicado a todas las mujeres que se sienten identificadas al leer mis palabras. En especial a L.O.

(Imágenes  CC0 Public Domain)

¿Qué es más adecuado para pasear a un bebé pequeño?

¿Qué es más adecuado para pasear a un bebé pequeño?

¿Maxi cosi o capazo?

Esta es una de las preguntas habituales de los foros y grupos de padres.
Es siempre interesante observar las respuestas que se dan. En estos lugares la mayoría respondemos según nuestra propia opinión, según nuestro criterio, según nuestra experiencia personal, y a veces, comentando algún dato más o menos científico que hemos leído, expresado con más o menos corrección.
El caso es que cuando preguntamos  en estos medios tan “democráticos”, al más puro estilo Yahoo Answers, las respuestas que obtenemos no  hay garantía de que sean muy fiables, por mucho que leamos lo de ” yo lo hice así y me fue genial” como argumento.

Maxi Cosi mal utilizado como silla de paseo

Lo primero que me gustaría explicaros es que los sistemas de retención infantil están concebidos como eso: como sistemas de seguridad para el transporte de bebés ( y niños) en vehículos. No son sistemas pensados para el paseo, aunque mucha gente los use también para ese fin influenciados por la propia industria de la puericultura.
No siempre la industria que fabrica y comercializa un producto provee la mejor información con respecto al uso correcto y seguro de sus propios dispositivos. Sobre todo porque eso limita su uso, y los que fabrican y venden, en la mayoría de los casos, lo que buscan es que se use mucho su producto.
Casi siempre las limitaciones de uso están marcadas, no por la propia empresa fabricante, sino por las autoridades que legislan y obligan a informar y advertir en su etiquetado e instrucciones de uso.
Tampoco las leyes en ese sentido son infalibles y por eso , inconcebiblemente para algunos, se siguen vendiendo productos correctamente homologados pero claramente ineficaces y/o peligrosos.

El capazo no es un sistema adecuado para el vehículo

Es el caso del uso de los capazos para recién nacidos usados como sistemas de retención en los coches. A decir verdad, como la mayoría de las sillas de seguridad que se comercializan.Incluso organismos supuestamente independientes que hacen pruebas y tests al servicio del ciudadano  emiten informes alejados de la evidencia.
Pongo como ejemplo el caso de las sillas de seguridad a favor de la marcha . Siguen saliendo como los más seguras, más vendidos y recomendados, sistemas  de retención en el sentido de la marcha que son muchísimo menos seguros que otros a contra marcha con eficacia probada y demostrada. Esto como muestra de que no siempre la industria o las autoridades son garantes de la ergonomía y la seguridad.
Como en muchos otros campos, los usuarios vamos por delante de las marcas y los gobiernos.
Las sillas de retención infantil son INSUSTITUIBLES si viajamos con nuestro bebé en vehículos motorizados, y su uso es precisamente ese, para el coche.
No escojas la silla para el automóvil pensando en que además te sirva de silla de paseo, del mismo modo que no te compras  tus zapatillas de deporte negras y con tacón para que te sirva además para ir a la boda de tu primo.

El objetivo de un sistema de seguridad para el coche es ese: la seguridad del bebé en caso de impacto en el vehículo, no su multifuncionalidad y que te sirva para el paseo, de hamaca y de cuna portátil.

El mejor sistema de paseo para un bebé

Los bebés para pasear no necesitan un carrito. Realmente el bebé lo que necesita para pasear es lo que los padres tenemos ya de serie, nuestros brazos. Así que para el paseo diario, nada mejor que usar un portabebés en el que el bebé vaya de la mejor forma posible. Y esta no es, ni tumbado en un capazo mirando el cielo (cuando hay suerte)  o la capota, ni sentado en un maxicosi en una posición peligrosa.

Cochecito a prueba de gas en la que un bebé podría mantenerse a salvo durante un ataque aéreo. El cochecito tiene una ventana con un filtro de máscara de gas. Una pera de goma en la parte trasera se comprime a intervalos forzando el aire viciado y su sustitución por el aire fresco aspirado a través del filtro. 1938. Foto: Mary Evans Picture Library / Especial NEWS.

1938. Foto: Mary Evans Picture Library / Especial NEWS.

Los carritos portabebés no son un invento basado en la necesidad del bebé, sino en una necesidad  del adulto, creada partiendo de mucha desinformación o negación de las necesidades del bebé.
Si los carritos hubieran sido necesarios para el desarrollo del bebé y la supervivencia de la especie, existirían desde que existe la rueda, y no es así.
El origen del carrito fue algo más parecido a un juguete primero y un símbolo de status después, que a  la respuesta de una necesidad real.
Si el motivo de tu paseo con el bebé es disfrutar de un rato al aire libre, nada como hacerlo con el bebé sobre tu cuerpo. De forma correcta, segura y ergonómica con un portabebés adecuado a su nivel de desarrollo, a tu destreza y a vuestras características particulares.

Nada estimula más al bebé que conocer el mundo “de la mano” de su madre ( y/o padre).
Porque en brazos ese estímulo se hace de la forma correcta y en el grado apropiado, con la mediación reguladora que necesita el bebé de su madre para filtrar lo que excede a su umbral de excitación.
En brazos de mamá el bebé puede decidir refugiarse cuando ya tiene bastante o algo le asusta o disgusta.  Si se duerme, lo hace sabiendo que ese movimiento que nota no es sólo un movimiento indescriptible en soledad, sobre una superficie que se mueve bajo su cuerpo sin proporcionarle seguridad, sino el movimiento que ya conoce del cuerpo de su madre.  No es lo mismo dormirse cuando vas en coche y conoces al conductor y confías en él, que si vas en un coche que no sabes quién dirige ni hacia dónde.

El bAmamantando en ruta. Bebé de 1 mesebé sobre el cuerpo del adulto que le portea va desarrollando la propiocepción de su propio cuerpo, algo que no pude hacer de igual modo cuando va sencillamente tumbado un capazo.

El movimiento del adulto al caminar  hace que el bebé vaya desarrollando también sus propios sistemas, ya que el porteo no es una actividad pasiva para el bebé. Contribuye a trabajar sus habilidades psicomotoras, el equilibrio y la agudeza visual, entre otras.

A nivel emocional y social es un bebé con más posibilidades de aprendizaje e interacción con el entorno de la forma correcta.*

 

Dicho esto, la respuesta a la pregunta inicial de qué sistema de paseo es mejor para el bebé, maxi cosi o capazo, la respuesta sería: El mejor sistema de paseo para el bebé es ir en brazos de su madre (y/o padre o adulto de referencia).

Cuando el carro es necesario

No obstante, me consta que el porteo no siempre será la opción ideal para todos los casos particulares, y que el carrito puede ser una herramienta a utilizar. En ese caso,  no está de más tener en cuenta estos puntos:

  • El Maxi Cosi NO ES UN SISTEMA DE PASEO
  • EL capazo NO ES UN SISTEMA DE SEGURIDAD PARA EL AUTOMÓVIL
  • Escoger la silla adecuada al nivel de desarrollo del bebé.
  • No sentarle si no es un bebé que no se mantiene sentado solo.
  • Asegurarnos de utilizar de forma correcta los sistemas de seguridad y sujeción de la silla.
  • Llevar al bebé mirando hacia el adulto, no cara al mundo*.
  • Recordar que el paseo es un medio para un fin, no un fin en sí mismo.
  • No olvidemos interactuar con nuestro bebé cuando está despierto.

 

Cara al mundo o cara a mamá: ¿Importa?

*La Doctora M. Suzanne Zeedyk realizó un estudio en colaboración con The National Literacy Trust para analizar la diferencia entre llevar a los bebés en carrito cara al mundo o cara al conductor.  En este enlace podéis ver su publicación, aquí os pongo un extracto de la conclusión traducida.

 

“Los resultados del Estudio I mostraron que la mayoría de los carritos observados estaban orientados hacia el mundo. El uso de los carritos orientados hacia el mundo están asociados a una reducción de  comunicación hablada entre  padres y bebés.  Para los bebés, la tasa de reducción fue de un tercio y para los padres, la cantidad de comunicación se redujo a la mitad. Curiosamente, los bebés en cochecitos con orientación hacia el adulto tenían el doble de probabilidades de estar durmiendo que los  bebés en cochecitos con orientación hacia el mundo, un hallazgo inesperado que tentativamente se ha interpretado como un indicador de los niveles de estrés.

Los resultados del Estudio II confirmaron que las madres hablaban más cuando llevan a  sus bebés en cochecitos con orientación hacia ellas; cuando sus bebés iban car al mundo, el habla materna se redujo a la mitad. También demostraron que madres y  niños eran más propensos a reír cuando el bebé va orientado hacia su madre y que las madres fueron conscientes y estaban sorprendidas por  este cambio global en las interacciones comunicativas con sus bebés. Por último, los resultados arrojaron una posible evidencia más de la posibilidad de que la orientación  del carrito podría influir en el estrés infantil:
La frecuencia cardíaca infantil disminuyó ligeramente cuando se orientaba el carrito hacia la madre y también los bebés eran más propensos a quedarse dormidos en esta orientación.

El título de este informe se pregunta “¿Cómo es vida en  un carrito de bebé ? . Los resultados de estos dos estudios sugieren que la respuesta es que el bebé está más aislado de lo que muchos adultos creen y que es una experiencia emocionalmente empobrecedora . Estos resultados nos animan, como sociedad, para tomarnos más en serio las experiencias que viven nuestros bebés.

Si existe alguna posibilidad de que el diseño de sillas de paseo esté fallando en promover el desarrollo de los bebés, entonces esto es una preocupación considerable. Casi todas las familias en el Reino Unido  que tienen un niño menor de 3 años será el propietario de un carrito. Si se puede confirmar, en futuras investigaciones, que ‘girando los carritos’ se ejerce una diferencia en el  desarrollo del niño, entonces la fabricación de cochecitos de bebé ‘emocionalmente saludables’ podría ser un medio fácil, asequible y alcanzables de facilitar  a largo plazo la salud mental y física. Se está realizando un esfuerzo considerable por parte del gobierno del Reino Unido y organizaciones benéficas del Reino Unido para brindar apoyo a los padres y las familias durante los primeros años de la vida de los niños. Vale la pena al menos investigar el grado en que el diseño de las sillitas podría encajar con este programa.
Este es un tema pertinente para la salud, académicos y sectores de atención social. Esto hace que sea un problema no sólo para los padres, sino para el conjunto de la sociedad – incluyendo los fabricantes de carritos. En última instancia, sin embargo, son los padres quienes tendrán la mayor inversión en este tema. Si el diseño del cochecito tiene consecuencias para el desarrollo infantil, ya que los resultados de estos dos estudios sugieren que lo tiene, entonces ellos merecen tener acceso a esta información, con el fin de tomar decisiones sobre la mejor manera de cuidar a sus hijos.”

Pregunta a los expertos

Como ves no siempre lo que se vende es lo mejor. Y no siempre lo que te recomiendan otros padres es lo mejor. Ni siquiera “lo mejor” será lo mejor para ti si no se adapta a tu situación particular, por lo tanto mi recomendación aparte de la general de animarte a portear es que cuando tengas que escoger un sistema que afecte a la seguridad de tu hijo consultes con un asesor experto.  Desgraciadamente no todos los que venden asesoran y no todos los que asesoran, asesoran bien, así que  te dejo  enlaces a webs confiables en cuanto a porteo y seguridad .

El aborto como única opción

El aborto como única opción

Si no has leído mi post “EL aborto voluntario y su duelo”, te recomiendo que lo hagas antes de leer este artículo que es el primero de una serie de artículos que voy a dedicar a este tema

  • ……….He acompañado  a mujeres en su proceso de decidir si practicar un aborto terapeútico o esperar a que los acontecimientos se desenvuelvan por sí solos y sé que en ningún caso es un proceso fácil ni exento de dolor.
  • ……….He acompañado a mujeres que abortaron voluntariamente totalmente convencidas de lo que hacían, a realizar el duelo retardado que no hicieron en su día.
  • ……….He hablado con decenas de familiares de mujeres que abortaron  y que me pedían consejo para ayudarlas porque no eran capaces de seguir con sus vidas  con normalidad.
  • ……….He escuchado a todo tipo de mujeres contarme cómo les afecta la decisión que tomaron en su vida diaria, en su relación de pareja, con sus hijos anteriores, con sus maternidades posteriores, con su forma de ver la vida.
  • ……….He observado cómo un aborto voluntario, vivido a menudo como un mero trámite quirúrgico, influye en otros procesos relacionados con el cuerpo y la sexualidad de la mujer: embarazo, parto, lactancia, etc.

No es mi papel hablar del derecho al aborto ni juzgar el por qué la gente decide abortar. Pero dado que trabajo con “las secuelas” de cómo se toman estas decisiones, creo necesario plantear una reflexión necesaria y a menudo obviada sobre este tema.

Estoy convencida que, como en muchos otros temas en torno a procesos de vida y muerte, falta un debate social. No para llegar a un consenso o a acuerdos o a leyes, sino para promover el debate en sí. Para hacer que las personas ante una decisión irreversible no nos dejemos guiar por las ideas, creencias o intereses de otros, sino que pensemos y analicemos lo que queremos, lo que creemos, lo que estamos dispuestos a asumir en una u otra decisión. Que seamos conscientes de que nuestra responsabilidad es decidir como adultos responsables, no como ejecutores de las sentencias y juicios de otros. Porque cuando eso pasa, quienes pagamos el pato somos nosotros, no esos que nos dicen qué hacer y cómo.

Siempre que se habla de aborto es fácil que se genere una polémica más o menos acalorada. Hay muchos aspectos éticos, morales, sociales  y legales implicados y creo que en el fondo somos inmaduros para debatir con amplitud de miras sobre temas que nos tocan en lo más profundo.

Reaccionamos sintiéndonos superiores o sintiéndonos atacados, dependiendo cuál sea nuestro punto de partida en el debate, y así es casi imposible entenderse.

Si al hablar de libertad de expresión no nos podemos de acuerdo a veces en los límites, imaginemos lo que nos cuesta establecer el límite entre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el derecho a la vida del no nacido.

No es fácil responder a preguntas como: 

¿Tengo derecho a decidir sobre la vida en base a mis propias creencias y miedos?
¿Desde cuándo y hasta cuándo?
¿En qué momento tiene derechos el nuevo ser?
¿Bajo qué circunstancias los pierde?
¿Por qué dividimos esos derechos en base a la edad gestacional?
¿Tenemos derecho a decidir quién puede o no vivir con una enfermedad?
¿Por qué presupongo que una enfermedad diagnosticada intra-útero o una posibilidad de enfermedad va a implicar más sufrimiento que el que puede darse por cualquier otro motivo no diagnosticado o que aparece tras el nacimiento?
¿Qué sentimos al ver cómo viven felices y realizados adultos con la misma enfermedad que a otros les supuso ser abortados? ¿Estamos preparados para aceptar la responsabilidad por nuestra decisión?
o ¿Nos excusamos en que era la única alternativa posible en nuestro caso?
¿Realmente es así en la mayoría de los casos?
¿Es nuestro miedo a que nuestro hijo no sea normal más fuerte que el instinto materno?
¿Es  nuestra decisión una decisión altruista o es egoísta?
¿Es el aborto el nuevo método anticonceptivo para toda una generación?

Sé que estas preguntas son muy duras. Pero si no te las haces antes, te las harás después, y créeme que esa diferencia de cuándo hagas este trabajo de reflexión  puede ser la diferencia entre vivir con tu decisión en paz o martirizada por la culpa.

Creo que alguien tiene que poder sacar este tema a la luz sin ser catalogada  de fanática. Alguien tiene que decirnos que abortar no es gratis: nunca. Yo no voy a decirle nunca a una madre que no aborte (tampoco que lo haga), pero me preocupa ver que hay una corriente que parece que empuja en una única dirección.

Del mismo modo que a la inmensa mayoría de las mujeres que sufren abortos espontáneos no se les informa de todas las posibilidades para manejar la situación (manejo expectante del aborto, por ejemplo), ante determinadas circunstancias o diagnósticos, la alternativa mayoritaria, cuando no la única, es la del aborto.
En la mayoría de los casos en los que se detectan anomalías en el bebé, o que se le califica como “incompatible con la vida”, se presiona, en mayor o menor medida, a la madre  para interrumpir el embarazo “cuanto antes”.
Hay como una especie de prisa por acabar con las situaciones “incómodas” o indeseadas. Y si algo hemos aprendido sobre la violencia obstétrica es que la prisa y la subjetividad son algunos de sus fundamentos:

  • Información parcial
  • Información falsa
  • Creencias propias presentadas como evidencia
  • Medidas preventivas que desencadenan en problemas por alterar la fisiología normal
  • No respetar los tiempos del propio proceso
  • No respetar los tiempos para asimilar y decidir
  • No respeto por el cuerpo
  • Paternalismo al decidir por la mujer
  • Infundir miedo para coaccionar la decisión

Si es horrible ejercer ese tipo de violencia física y psicológica en una mujer que va a parir, imaginad a la que se plantea abortar.
Si volver a casa con una herida enorme, profunda y desgarradora, pero con un hijo en brazos, es duro y traumático, imaginad hacerlo cuando vuelves con un útero vacío,  unos brazos vacíos, y el alma algo más pesada.

prolife prochoice

Pretender que pasar por un aborto es como sacarse una muela o extirparse un tumor, es una falta de respeto no solo a ese ser, sino a una misma, al propio cuerpo, a nuestra capacidad de crear y mantener vida y a la propia VIDA en mayúsculas.

Nuestra conciencia nos acusará o nos excusará y nadie entra en eso pero, independientemente de creencias morales personales, este proceso merece el respeto de dedicarle un tiempo y una consciencia. Cada persona es libre de decidir, pero debería al menos concederse el tiempo de meditar  en los porqués,  en “sus porqués”. No los de su cultura, su familia, su religión o su ideología política.
No se trata de qué lugar ocupo en el debate, de ser provida o proaborto, sino de ser, de reflexionar, de decidir y de vivir.

Quienes de un modo u otro rodeamos a la mujer ante esta decisión (profesionales sanitarios y/o acompañantes) deberíamos contribuir a crear un marco en el que la mujer entienda qué está pasando y tenga las herramientas para decidir.

Deberíamos:

  • Dejar de lado nuestras opiniones y creencias personales
  • Ofrecer toda la información relacionada de lo que está pasando: TODA
  • Ofrecer todas las alternativas posibles: TODAS
  • Ofrecer toda la información sobre los que puede suceder dependiendo de la elección.
  • Plantear todos los escenarios posibles y sus consecuencias
  • Ofrecer respuesta  profesional a todas las preguntas que se planteen
  • Ofrecer contactos de profesionales de otras áreas que puedan aportar su visión y apoyo profesional
  • Asegurarnos que la madre no decide en estado de shock (proveer el tiempo y espacio adecuados)
  • Asegurar que la decisión que se toma es de la madre, no propia del profesional o de terceros
  • No infundir miedo para influir en la decisión que creemos la apropiada
  • Respetar profundamente la decisión de la madre, sea en uno u otro sentido..

Si se decide abortar:

  • No juzgar
  • No frivolizar el proceso.
  • No presuponer que no hay dolor tras esa decisión
  • Promover  la elaboración del duelo
  • Favorecer las condiciones para elaborar el duelo
  • Entender las connotaciones futuras de la decisión y ofrecer recursos para gestionarlo

Faro tormentaComo siempre explico a mis alumnas, vivir un duelo, sea por el motivo que sea es un viaje que la mujer ( la familia) hace sola. Nosotros no podemos acelerarles el viaje por la tormenta, pero sí podemos ser una luz hacia un puerto seguro.

Y estoy firmemente convencida que si nuestro mundo no maltratara a las mujeres y a las madres. Si tuviéramos verdadera independencia y seguridad para criar a nuestras crías. Si no estuviésemos solas y sin recursos de todo tipo, muchas de nuestras decisiones serían sin duda otras.

 

En el siguiente post  de esta serie hablaré sobre el aborto voluntario y su  duelo.

Partos programados

Partos programados

Vas a llevar a tu hijo al colegio, con tu pequeño en brazos, a la teta y no puedes evitar oír la conversación que tienen otras madres cerca de ti.

“Esto de los partos programados es una maravilla. Vas ahí ya el día que te dicen. ¡Es el futuro!”

Son madres, como tú. Viven en tu barrio. Tienen más o menos tu mismo nivel socioeconómico. Probablemente el mismo nivel educativo. Son mujeres de tu misma edad. Han vivido en la misma época que tú. Se han enfrentado a prácticamente las mismas experiencias. Nacieron y se criaron más o menos en el mismo entorno social y cultural.
Son como tú.

Pero tú oyes esa frase y algo se te revuelve por dentro.
Miras a tu bebé y lo abrazas. Recuerda quizás, la cicatriz de tu primera cesárea y lloras. Quizás lloras sólo por dentro, sólo para ti, pero lloras.

EN ese momento lloras por ti, por tu parto que no fue, por tu cicatriz que es algo más que una línea marcada en tu cuerpo. Lloras por todo lo que lloraste después. Lloras porque te sentiste culpable mucho tiempo. Y tonta. Te sentiste tonta por creerlo todo. Por no preguntar más. Por no investigar más. Por no buscar más.  Lloras porque recuerdas el dolor y la impotencia  de tener que  atender a un bebé con un cuerpo dolorido y convaleciente. Porque en vez de sentirte fuerte, poderosa y protectora, te sentías vulnerable y débil.

Lloras con miedo recordando lo que has oído tantas veces :  “como fue cesárea, no te va a subir la leche”. Lloras porque un día, decidiste mirar tu herida y saber la verdad. Lloras porque recuerdas la rabia e ira que sentiste cuando ibas desentrañando la gran madeja de mentiras que nos han contado sobre nosotros, sobre nuestros cuerpos, sobre si podemos o no parir, sobre las ventajas de no sufrir el parto. Lloras porque te sentiste estafada. Lloras porque lo que te robaron nunca lo recuperarás.

LLoras todo eso otra vez y respiras hondo mientras piensas en aquel bebé,  en tu primer hijo. Ahora un niño alegre, risueño, cariñoso y feliz. Piensas en todo aquello que no te pudieron quitar. Piensas en que todo ese llanto fue el combustible que alimentó  tu fuerza para no dejar que te robaran más, para no ceder ni claudicar en el resto de decisiones sobre tu hijo y cómo criarlo.

Te quitaron tu parto sí, te rajaron sí, os separaron sí, pero una vez que lo abrazaste se quedó en el lugar de donde no debieron llevárselo nunca. Recuerdas esas horas interminables de teta y abrazos. Recuerdas  que el tiempo pasaba mirándole dormir en tu pecho, acariciándole, cantándole y contándole…


Recuerdas a la gente que te decía: “¿otra vez?”, “¿Es que siempre lo tienes que llevar en brazos?” “¿por qué no lo dejas dormir en su cuna?” Y recuerdas que tú les mirabas con pena:
Pobre gente… no saben, no entienden. No se dan cuenta del placer que sentís, de la paz que te da saber que está ahí, contigo, en tus brazos, calmándose y colmándose  con tu cuerpo.


Curaste esa herida  a base de amor y cariño. A veces aún duele, como hoy. Pero ya no duele igual. Ya no te duele tanto la tuya. Te duelen, a veces, las otras. Te duele que se siga haciendo ese daño que tú viviste a personas que ni siquiera son conscientes de ello.

Cuántas veces has contado cómo tú te despediste del hospital regalando bombones: “Qué atentos fueron conmigo, y qué amables”, decías.

Y ahora escuchas a esas mujeres y te duele su ignorancia. Te duele su inocencia. Te duele su credulidad. Te duele su desconexión. Te duele su dolor. Ese que quizás ella nunca sientan ni lloren. Porque sabes que un dolor que no se siente ni se llora nunca se cura.

© nohemi hervadaY miras sus ojos y ellas te miran y saludan con la mirada, sonríen mirando a tu bebé. Y tú  abrazas a tu bebé y les sonríes. Y deseas que tu sonrisa les hable. Y besas la cabecita de tu bebé, este que te regaló con su llegada una de las vivencias más increíbles de tu vida. Ese ser que te devolvió la fe en ti misma. Ese que te dijo sin hablar: “mamá tú puedes, nosotros podemos”.  Y vuelves a mirar a esa madre, a punto de tener a su bebé, que aún no sabe lo que de verdad necesita saber y le devuelves otro tipo de mirada.

La miras con complicidad y con cariño. Esa madre eras tú. La miras intentando que en ti vea otro tipo de reflejo. Que grabe en su memoria la imagen de una madre feliz abrazando a su bebé. La miras y confías en algo que está más allá de lo que nos cuentan y de lo que creemos. Confías en la fuerza que tendrá el momento en que esa madre mire a su bebé a los ojos y se abracen. Confías en que, como tú, sea como sea ese momento, sea en el primer minuto, en la primera hora, o en el primer día… que sepa, en ese momento, que ese bebé ya está, por fin, en casa.

PD: Dedicado a mi hijo mayor y a todo lo que pasó después de ese 21 de febrero

Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

Asesoras de porteo que no asesoran.

Asesoras de porteo que no asesoran.

Estoy hasta el moño de ese polizón que cargamos a todos lados sin querer.
Estoy harta de que condicione mi vida y la de todas las mujeres que conozco.
Estoy hastiada de que sea tan protagonista de nuestras vidas que al final no sólo se sienta a la mesa, sino que la preside.

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Nuestra amiga la culpa.

Si quieres verla florecer sólo has de hablar o escribir sobre cualquier cosa que hagamos las madres que allí está ella pavoneándose tanto que no deja ver ni al sentido común, ni a la razón.

Sea que hablemos de lactancia, de partos ( o cesáreas),  colecho, porteo, crianza, etc… la culpa siempre nos empuja a reaccionar desde su posición.

Y como las divas de pro, no pierde fiesta  a la que acudir, así que ahora también se pasea alegremente por el mundo del porteo.

Y mientras algunas trabajamos para ampliar nuestro conocimiento sobre el tema, para aprender y comprender más y mejor qué es la ergonomía, y el confort, y la seguridad,  mientras intentamos que junto a nuestro conocimiento y experiencia crezca nuestra madurez como personas, como madres y como asesoras… pues resulta que la culpa ha conseguido convencer a cada vez más personas que lo más importante de todo es ella.

Y  vemos a asesoras más preocupadas en no ofender que en informar,
más preocupadas en quedar bien “con todos” que en hablar claro,
más preocupadas en no asustar que en aprender a informar sin infundir miedo.

Imagen de EcoRoos para mostrar la postura confortable y la no confortable al portear

Imagen de EcoRoos para mostrar la postura confortable y la no confortable al portear

Nuestros amigos de EcoRoos nos han permitido compartiros esta imagen que usan para enseñar la diferencia para el bebé de ir en una posición adecuada y confortable, de la posición no confortable que adopta el bebé en una mochila tipo “colgona” o en un fular mal colocado.

Al parecer en algunos sectores del porteo profesional  en el reino Unido consideran esta imagen ofensiva para los padres que usan sistemas no óptimos y prefieren no mencionar las posibles consecuencias de portear mal.

A estas “asesoras de porteo” les preocupa más que los padres se molesten al oír que algunos sistemas de porteo no son óptimos, que el hecho de que haya muchos padres porteando peor de lo que podrían si alguien les informara con tacto y franqueza.

Por supuesto cuando formo asesoras, una de las partes de mi trabajo es mostrar cómo establecer un terreno común con aquellos padres que portean con sistemas poco correctos, o que portean con sistemas correctos mal utilizados, para “ganarlos para la causa”.

Es un arte el de asesorar en estos casos, sin juzgar, sin hacerlo siendo alarmistas y no metiendo miedo, sin parecer locas fanáticas e intransigentes, pero asesorar explicando la realidad de la situación.

  • Es cierto que no es fácil
  • Es cierto que casi todas metemos la pata al principio
  • Es cierto que no siempre lo hacemos bien siempre
  • Es cierto que a veces el celo nos desequilibra
  • Pero también es cierto que lo negro no es blanco, ni lo gris es blanco. Ni siquiera el Beige es blanco.
  • Y es cierto que en las situaciones “difíciles” es cuando  se distingue a las buenas profesionales de las “normales”.

Asesorarte

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Como Divulgadora, Asesora de Porteo, Formadora de Asesoras de Porteo y Consultora de Porteo para empresas
Mi trabajo ES:

  • Trabajar para que todas las familias quieran tener más contacto con sus bebés
  • Trabajar para que todas las familias conozcan cómo el porteo es una de las mejores formas de proveer al bebé el contacto continuo que necesita
  • Trabajar para que todas las familias quieran portear
  • Trabajar para que todas las familias disfruten del porteo
  • Trabajar para que todas las familias porteen de forma ergonómica, confortable y segura para ambas partes.
  • Trabajar para que  todas las familias, además, sientan que sus necesidades particulares son reconocidas y tomadas en cuenta a la hora de escoger sus sistema de porteo.

Mi trabajo NO ES:

  • Juzgar los motivos de las familias de por qué portean o no
  • Juzgar los motivos de las familias sobre cómo portean

Mi trabajo SÍ es:

  • Criticar a los profesionales de la fabricación y venta de portabebés que no cumplen con altos estándares de calidad
  • Criticar a quienes se dedican a la enseñanza de la técnica del porteo y demuestran no ser buenos profesionales
  • Exigir a las empresas del sector que actualicen sus productos y servicios de acuerdo con TODA la evidencia disponible
  • Exigir a los profesionales del sector que cuando asesoren su prioridad no sea el interés económico por delante de la ergonomía, la seguridad y el confort de bebés y adultos que portean
  • Denunciar prácticas que atentan contra la seguridad, ergonomía y confort de bebés, niños y padres que portean
  • Denunciar sistemas de porteo que no cumplen los requisitos para permitir un porteo ergonómico, confortable y seguro.

Mi trabajo NO es:

  • Teorizar sobre cómo recibirán los padres la información veraz, basada en evidencia, experiencia y sentido común, cuando ésta choca con sus ideas preconcebidas o prácticas habituales no ergonómicas, inseguras o incorfortables.
  • Tutorizar a los padres y evitarles la responsabilidad sobre sus decisiones y acciones sobre sus hijos.
  • Aceptar pulpo diciendo que “da igual” cómo se portee mientras se portee
  • Validar con mi trabajo, el trabajo descuidado de quienes tienen otros intereses que no son los míos en cuanto al porteo.

 

Haciendo amigos

Dicho esto, me da igual no ser la más “polite” de este mundo.
Quienes me conocen, y mis alumnas sobre todo, saben que se puede ser correcta con alguien sin decirle “muy bien” a algo que no está bien.

 Si una asesora no es capaz de hacer esto y su única  opción es aplaudir cualquier sistema de porteo por muy antiergonómico que sea, entonces me da igual que sepa hacer 50 nudos con un fular, o que sea la top model de los fulares más fashion del mercado, para mí no es una profesional cualificada.

Para mí las verdaderas profesionales son las que aprenden el arte de ser clara, franca y directa, sin herir, y añadir culpa, ayudando a cada familia a encontrar el punto más cercano a lo óptimo que puedan en su caso particular.

 

-Me da igual que se ofendan las que tuvieron cesáreas cuando decimos que las cesáreas no necesarias son peligrosas, porque la realidad es la que es.

-Me da igual que se ofendan las que dicen que no quieren amamantar cuando leen los riesgos de la lactancia artificial .

Me da igual en el sentido de que es algo que escapa a mi trabajo, a mi ámbito y a mi competencia. La culpa, siempre crece de dentro hacia afuera, no lo olvidemos. Y para erradicarla, hay que hacerlo en ese mismo sentido.

Si una familia permite que su sentido de culpa le nuble el entendimiento, es algo que tendrán que trabajarse ellos. Pero no solo en el porteo, sino en cualquier ámbito de la crianza de sus hijos.

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Mientras tanto, las colgonas siguen siendo colgonas y no son ergonómicas por mucho que lo digan los pediatras, fisios y matronas que, previo pago de su importe, digan lo contrario en las webs de las marcas que las venden.

asesoras de porteo