No subestimes el poder de una madre

No subestimes el poder de una madre

Cuando una mujer se transforma en madre adquiere inmediatamente una cantidad de poderes tremenda.

Poderes de los que muchas veces ni nosotras mismas somos conscientes.

Soy Esther Mayor de Caracoles Nómadas, y hoy Nohemí me abre las puertas de su casa virtual para ayudarte a descubrir o a no infravalorar tus poderes como madre.

Antes de comenzar me presento, para las que no me conozcáis.

Soy una apasionada de la comunicación, adoro viajar y mi don es acompañar a otras mujeres en su maternidad, para mostrarte que lo tienes todo dentro de ti, que si deseas llegar a la luna, lo puedes lograr.

Trabajo con mujeres en su crecimiento profesional, y considero que la base esencial para emprender siendo madre, es reconocer y poner en valor nuestros dones y poderes.

Me transformé en madre un mes antes de cumplir los 30, la maternidad abrió un enorme abismo ante mi, aún 10 años después continúo aprendiendo del abismo, profundizar en la oscuridad, me ha permitido descubrir que los momentos de luz pueden ser maravillosos.

Soy madre de 3 personas, Dana de 9 años, Cora de 7 años y Alán de 4 años.

Ellas abrieron las puertas a una nueva dimensión en nuestras vidas; las tres completan el circulo que mi pareja y yo comenzamos a crear, nos transformaron como personas y nos enseñaron el significado real de la palabra AMOR.

Hace un año mi situación profesional y económica era un completo desastre, junto a mi compañero de aventuras, David, decidimos dar un enorme salto al vacío e irnos a vivir viajando en una autocaravana viejita.

La primera en nombrar en voz alta el sueño de viajar en familia, fue David, mi costillo, el papá, la parte creativa de la ecuación, paciente y comprensivo; sus cualidades son indispensables para nuestro equilibrio.


Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Imaginad la responsabilidad que conllevan todos los poderes que la maternidad nos otorga.

Es abrumador lo sé, y hay momentos en los que desearías, soltar todo, abandonar las emociones que se generan a causa del exceso de responsabilidad como la culpa, la incertidumbre, la ansiedad, etc.

Tranquila, con el tiempo, la experiencia te otorga un grado, y comienzas a sortear todas estas emociones y a sacar a flote todo tu potencial.

Mi plan para este artículo es el siguiente:

1º Te voy a nombrar y a dar algunos detalles de 7 poderes que residen de forma natural en cada una de nosotras, y que se potencian después de la maternidad.

2º No te pierdas el pequeño vídeo que he creado para ti, y como regalo para mi anfitriona, con frases de 7 mujeres empoderadas e inspiradoras para tu vida.

3º A continuación, encontrarás 2 documentos que he preparado exclusivamente para regalarte a ti, una guía con recursos para potenciar tus poderes y la rueda de poder, (una versión propia de la rueda de la vida).

Abajo tienes el enlace para suscribirte a mi web y poder descargarlo todo.

4º Y por último en la despedida te propongo 3 preguntas, tu reto de hoy es contestarlas en los comentarios.

Te espero allá abajo, en los comentarios, no te dejes ni una letra por leer.


Los 7 poderes que residen en cada mujer y que la maternidad potencia.

 

Femineidad

Creer y aceptar nuestra naturaleza femenina nos trae seguridad, somos delicadas y poderosas, como te decía antes, todo está en ti.

La femineidad es un poder innato, que nos otorga dones preciosos.

Son muchas las cualidades intrínsecas de la femineidad, como la delicadeza, la capacidad de expresar nuestras emociones, la facilidad para cuidar, la compasión, la tolerancia, nos convierten en seres con un inmenso poder.

El conjunto de cualidades que te otorga tu femineidad es una de tus grandes fortalezas.

Existen muchas formas de expresar tu femineidad, encuentra la tuya y dale alas a este inmenso poder que te ha regalado la madre naturaleza.

 

Resiliencia

Se define como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas.

Una mujer después de ser madre incrementa esta capacidad, reponernos y adaptarnos a los constantes cambios que la maternidad nos trae son un simple ejemplo.

Atravesar los duelos que se generan al abandonar nuestra percepción de que somos un ser individual, para integrar que existen una o varias personas, que se han materializado a través de nuestros cuerpos, vivir la unión más absoluta y poco después aceptar la separación.

Y en ocasiones, despedir a nuestras hijas e hijos mucho más temprano de lo que desearíamos.

Pocos duelos tan severos vive un ser humano, solo una madre conoce el transito que ha de hacer para continuar viviendo después de experiencias tan intensas y que nos marcarán de por vida.

Y aquí reside el poder de la resiliencia, en tu inconmesurable capacidad para levantarte cada día y dar lo mejor de ti.

 

Naturaleza Cíclica

Nuestros ritmos emocionales, psicológicos y biológicos son un engranaje perfecto.

Eres una con la naturaleza y con el entorno, los cambios a tu alrededor se manifiestan en ti a través de tus ciclos.

Un proceso natural que nos regenera cada mes, que nos transforma en el embarazo y nos trae calma y sabiduría, con la edad y la experiencia.

Atender a tus ciclos es un deber y un compromiso contigo misma.

Conocerte, descubrir que patrones hay en ti, que influye en cada fase y abrazarte aceptando, que hay más de una mujer en tu interior, es esencial para tu desarrollo.

Personalmente observar y aprender de mis ciclos, me aporta calma, al conocerme y perder el miedo a mis cambios, miedos que se dan debido al desconocimiento y a la desconexión con tu cuerpo, yo hoy soy más auténtica, he conseguido respetarme y amarme más de lo que habría imaginado.

La naturaleza ciclica de las mujeres es un poder que nos es entregado en el mismo vientre de nuestra madre, un poder que nos permite ser muchas en una.

 

Multitarea

Piensa en ti, en cualquiera de tus momentos rutinarios, en casa con la peque en el fular o gateando a tu alrededor, le haces carantoñas, un poco de juego, le das una galleta, un poco de teta, mientras suena música de fondo y cocinas, tienes el portátil sobre la mesa y lees un artículo o revisas un email, atiendes los mensajes del móvil, organizas una reunión de trabajo, reservas unos billetes de avión, preparas un paquete…

Puede que a veces esta situación resulte caótica, pero la mayoría de las veces así es tu día a día, fluye con naturalidad, porque tienes la capacidad de atender varias tareas, actividades o situaciones a la vez.

Haz brillar tu poder porque eres una multitarea todoterreno.

 

Sororidad

Es un concepto que define la hermandad entre mujeres, que se genera por diversas causas, entre ellas el contexto patriarcal en el que vivimos inmersas.

Pero no voy a darle protagonismo hoy al patriarcado, porque la sororidad es algo mucho más antiguo, es algo instintivo que acompaña desde siempre a cada mujer.

Creo sinceramente que este es otro de nuestros grandes poderes, cada mujer es un universo, pero existen unas líneas invisibles, un tejido cósmico, sagrado que nos conecta entre nosotras.

En el útero de cada mujer reside la memoria de todas las mujeres, no es necesario ser madre para sentir o percibir esta conexión.

Aunque cuando la maternidad llega a nuestra vida, es como descorchar una botella de champan, ese corcho jamás volverá a entrar por la boca de la botella, se abre un canal en nuestro universo, un canal que nos conecta con nuestra madre, nuestras abuelas, bisabuelas, con la vecina de enfrente (esa con la que solo has cruzado 4 palabras) y que el día que la ves embarazada de repente sabes que entra a formar parte de algo mucho más grande.

En los tiempos que corren creo que potenciar el poder de la sororidad es imprescindible, por ti, por mi, por nuestras hijas, por la vecina de al lado.

El poder que nos teje.

 

Organización y planificación

Nada te va a poner más en la necesidad de organizarte y planificarte que la maternidad, comienza a hacerte consciente de esta capacidad y desarrolla la autogestión.

Si potencias este enorme poder puede darte sabrosos frutos personales y profesionales, no te subestimes, tan solo pon tu atención en clarificar, organizar y planificar y los momentos caóticos se reducirán considerablemente.

Busca tu manera, ya sea con una agenda en papel, una aplicación para el móvil o para el ordenador.

Haz listas de tus prioridades, de tus ideas, de tus necesidades, crea minitareas para llevar a cabo cada cosa.

Toma acción, sácalo todo de tu cabeza y comienza a gestionar tu vida con responsabilidad, como te decía, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Se capaz de aceptarlo y desarrollarlo, la satisfacción que te aportará no podrás medirla.

 

Sexualidad

Conectando con el maravilloso poder que nos otorga nuestra naturaleza cíclica, dependiendo de la fase en la que me encuentre hoy mientras te escribo, puedo enfocar el poder de la sexualidad de muchas formas.

También, tu percepción de lo que estás leyendo cambiará, según tu fase.

Yo hoy estoy ovulando, me siento pletórica, libre, creativa, hoy el deseo, el calor de la sexualidad palpita en mi cuerpo.

Si reescribiera esto dentro de 1 semana, mi actitud sería bien diferente, premen… ja…

¿Entiendes ahora donde reside el poder de tu sexualidad?

La maternidad transforma nuestro cuerpo, modifica nuestro cerebro, crea nuevas emociones y nos trae un torrente inmenso de oxitocina, la hormona del amor.

La propia maternidad es sexualidad, el placer de parir, el placer de amamantar, posiblemente la etapa de tu vida en la que tu sexualidad estará peor entendida, mientras que en realidad está en plena ebullición.

Descubre el poder de la sexualidad a través de tu maternidad, transfórmate en una nueva mujer.

 


Traer una vida a este mundo y alimentarla con tus tetas

Por supuesto hay muchos más, algunos que yo no he reconocido aún en mi, y otros que son tan obvios, que no apreciamos lo increíbles que son.

Pero ahí están, y aunque no entre en detalles porque son más que evidentes, no voy a dejar de nombrar los más esenciales para la vida de los seres humanos:

Nuestra capacidad biológica para traer una vida a este mundo, para dividirnos en dos literalmente.

El super poder de hacer leche con nuestras tetas para alimentar a nuestras hijas.

La capacidad de multiplicar exponencialmente el amor que sentimos cuando recibimos a nuestras hijas en nuestros brazos por primera vez.

La paciencia infinita que reside en el corazón de una madre.

Gracias por acompañarme en este viaje de descubrimiento.

Espero que desde hoy nunca jamás vuelvas a subestimar tus poderes, ni los de ninguna mujer y madre.


 

Como te prometí aquí tienes el enlace para acceder a los 2 documentos exclusivos que he creado para las lectoras de Nohemí Hervada.

No son para descargarlos y guardarlos en una carpeta olvidada de tu ordenador.

Descárgalos e inmediatamente organiza y planifica una hora esta misma semana, para leerlos y hacer tu primera rueda de poder.

Si después de hacerla te apetece escribirme y contarme sobre tus resultados, estaré encantada de charlar contigo y ayudarte en tu crecimiento.

CONTENIDO EXCLUSIVO PARA LAS LECTORAS DE NOHEMÍ HERVADA – MIMOSYTETA


 

Y por último, me despido, muy agradecida a Nohemí por haberme dado este espacio en su blog, y muy agradecida a ti, por leerme, por ser mujer,  o por ser madre, por hablar mi mismo idioma y por compartir tus poderes con el resto del mundo.

Gracias.

Te espero en los comentarios:

¿Cuales de estos poderes ves en ti?

¿Cuales te gustaría ver pero no te reconoces en ellos?

¿Y cuales has descubierto en ti que yo no he nombrado hoy aquí?

Cuéntamelo, no te cortes, me encanta aprender de otras mujeres, me nutro de nuestra femineidad.

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

Hoy hemos desayunado con este titular de la entrevista a Samanta  Villar :

Samanta Villar- calidad de vida

Y como cada 2 x 3 surge el mismo debate de si ser madre es esa etapa idílica de realización completa para la mujer o una trampa de “veteasaberquién” ( para unos el patriarcado, para otros el capitalismo, la religión, o  cualquier grupo o estamento con poder e intereses) para engañarnos y someternos ( aún más) y cumplir nuestra función reproductora.

Como en todo debate hay gente en los extremos y otros, la mayoría, deambulando entre ambos, a veces más inclinados hacia uno u otro, dependiendo de la propia experiencia, de la propia vivencia.

Dejando a un lado que en el titular se busca llamar la atención y que, evidentemente, vende más uno polémico que sencillamente decir: “ser madre es agotador”, a mí me llama la atención la elección de los términos que hace Samanta en sus declaraciones.

¿Qué es la calidad de vida?

Quizás esa sería la primera pregunta a plantearnos. En mi caso necesito definir qué es exactamente la calidad de vida para evaluar si yo también la he perdido o no, que a lo mejor en mi caso estoy peor que antes y la oxitocina me tiene engañada…o el patriarcado.

Me pongo a buscar y encuentro que el término “calidad de vida” es (copio) :

un concepto  propio de la sociología, pero también forma parte del debate político o de las conversaciones cotidianas. Se entiende por calidad de vida el nivel de ingresos y comodidades de una persona, una familia o un colectivo. Esta definición es meramente orientativa, ya que la idea de calidad de vida está llena de matices”.

Leyendo eso es evidente que tener a cualquier persona dependiente a tu cargo hace que tu calidad de vida baje… algo así como la renta per cápita de un país con una tasa alta de desempleados.  Si yo ganaba 2000€ al mes  y estaba sola y ahora gano lo mismo  (suponiendo que sea de las afortunadas que siguen ganando su sueldo después, claro) y tengo 2 hijos a mi cargo… pues sí, evidentemente he perdido calidad de vida. Ahora tengo más gastos, menos dinero para mí y además menos tiempo para intentar ganar más dinero y alcanzar mi status anterior. Decididamente he perdido calidad de vida.

Pero ¿es esto así en realidad? ¿Realmente nuestra calidad de vida la medimos con una ecuación de ingresos y personas a repartir? ¿Será eso de lo que hablaba Samanta Villar en su entrevista?

Dejando a  un lado el sarcasmo, todos entendemos que la calidad de vida engloba muchas más cosas aparte del dinero, aunque es evidentemente una parte fundamental ya que otros conceptos asociados a ese concepto se consiguen con dinero:  ( sistema sanitario, educación, seguridad, vivienda, alimento, electricidad, ropa, etc…)
Esta es otra definición del concepto “calidad de vida” mucho más completa:

La calidad es el grado de bondad de las cosas en general. La calidad de vida designa las condiciones en que vive una persona que hacen que su existencia sea placentera y digna de ser vivida, o la llenen de aflicción. Es un concepto extremadamente subjetivo y muy vinculado a la sociedad en que el individuo existe y se desarrolla. En un ambiente rural, sin adelantos técnicos, donde las personas viven una vida más de acuerdo con la naturaleza y alejados del progreso, sentirán satisfechas sus necesidades con menores recursos materiales. En las modernas sociedades urbanas, un individuo se sentirá insatisfecho y con poca calidad de vida si no puede acceder a las innovaciones tecnológicas que lo dejan relegado del mundo globalizado y competitivo.

Hace no tanto tiempo tener hijos era la única forma de asegurarse la calidad de vida en el futuro. En una sociedad sin pensiones, ni seguridad social, eran los propios descendientes a los que se cuidaba en su primera etapa, los encargados después, de cuidarnos cuando no nos valiéramos por nosotros mismos. De ahí que en muchas culturas no poder tener hijos fuera una especie de lacra o maldición. En cierto sentido te hacía depender de la caridad de los demás miembros de tu familia o tu tribu.

Hoy no tenemos hijos para que nos mantengan el día de mañana, aunque no sé yo las vueltas que dará el mundo todavía… Pero es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El concepto calidad de vida es moldeado por la sociedad en la que se vive, por la situación social, política y económica. Y sobre todo es moldeado por nuestras propias creencias y expectativas.

Si yo me enfrento a la maternidad sin tener en cuenta que, ante todo, tener hijos no es un derecho ni una opción que se pueda hacer poniendo el foco en el interés del adulto, entonces de seguro mi reacción ante la situación me va a desbordar.

Ser madre ( padres)  es sobre todo un trabajo muy ingrato en nuestra sociedad. Los niños no son valorados por lo que son, se nos presentan como otro objeto de consumo más que tiene que cumplir unas expectativas para el consumidor.  Los bebés tienen que dormir mucho, solos, comer cuando les toca y sobre todo, no llorar. Tienen que dejar a sus padres tiempo de volver a sus productivas vidas cuanto antes, por supuesto, sin hacernos sentir culpables con su llanto al quedarse con extraños. Tienen que agradecernos que les hayamos tenido porque somos la causa de su existencia, y como tal, supeditados a nuestros deseos. Tienen que obedecer nuestras normas, por supuesto sin rechistar. Todo acto de queja se considera rebeldía máxima y, por tanto, merecedora de un castigo ejemplar.

Expectativas versus realidad

En ese contexto es normal que todas nos sintamos morir cuando comprobamos que expectativa y realidad chocan estrepitosamente.

Resulta que mi maravilloso bebé, tan bonito, me reclama más de lo que soy capaz de dar. Resulta que no sé por qué me siento incapaz de responder a sus demandas sin sentir que se me chupa la sangre. Resulta que he pasado de ser la persona que era a convertirme en un satélite que gira alrededor de las necesidades de un ser que ni siquiera habla. Necesidades tan poco excitantes como comer, estar limpio o sentirse seguro en brazos.  Resulta que yo puedo pasarme 21 días viviendo en la calle como una sin techo, fumando porros o trabajado en una mina  pero me resulta difícil aceptar mi nuevo rol de madre.

Mafalda. madreQuizás, y digo quizás porque yo no tengo las respuestas a cada situación particular, esté en que todo lo anterior lo considero valioso porque es mi trabajo, me realiza profesionalmente y sobre todo, me aporta dinero y reconocimiento. Pero ser madre no aporta ni lo uno ni lo otro. Y quizás porque todos los demás contratos de nuestra vida son temporales, con claúsula de salida (hasta inventamos el divorcio que anula la promesa de “hasta que la muerte nos separe”), menos este.
Somos mujeres educadas para SER ALGO en la vida. Por supuesto, ese “algo” se refiere a  algo más que ser madre. Nos ha tocado ser la generación que tiene claro que puede ser lo que quiera sin haber encontrado la fórmula para no renunciar a  nada, incluso a lo que  no sea tan productivo desde el punto económico y social.  En lugar de encontrar el modo de conciliar nos salimos por la tangente criticando a las que no concilian, bien porque trabajan y no cuidan, bien porque cuidan y no trabajan ( entendiendo “trabajo” como remunerado).

 

  • Nos criaron para no ser esclavas de los hijos, pero no nos explicaron que cuando te enamoras de tu bebé ( que no es sólo el hecho de tenerlo), el único lugar en el que quieres estar es al alcance de su mirada.
  • Nos criaron para correr y alcanzar nuestras metas profesionales, pero no nos explicaron que en esta carrera podemos tomarnos tiempos para hacer otras cosas, que a veces, nos interesarán más otras cosas.
  • Nos criaron para no sentirnos explotadas en casa, pero no nos explicaron que a la mayoría nos siguen explotando fuera de ella.
  • Nos criaron para saber que teníamos todos los derechos, pero no nos explicaron que algunos de esos derechos eran sólo deseos.
  • Ser madre no es un derecho, no es tampoco una obligación y nunca  ha de ser un castigo.
  • Ser madre debería ser una elección, como no serlo, tomada sabiendo todo lo que implica participar en la vida de otro ser humano a ese nivel.
  • Nadie influye más en la persona que somos que nuestra madre.
  • Nada nos deja tanta huella como la actitud de nuestra madre hacia nosotros.
  • Nada nos marca tanto como lo que nuestra madre siente que hemos sido para ella en su vida.

Quizás, y solo quizás, la mayor muestra de madurez  y altruismo de una mujer que es madre, sea tragarnos las palabras dichas en pleno agotamiento físico, mental y emocional y no arrojarlas a nuestros hijos como si ellos fueran los culpables de nuestra falta de conocimiento de la situación que hemos decidido vivir.  Porque, de hecho, no lo son.

Yo también a veces he deseado irme de mi vida un rato.
Yo también me siento sobrepasada y defraudada como mujer trabajadora con hijos por una sociedad  a la que aporto lo más valioso y no me da nada a cambio sino ostracismo social y profesional.
Yo también me siento sola con una carga que a veces se me hace muy pesada.
Pero yo soy la adulta, yo soy ahora la madre.

Y para acabar retomando la idea inicial del post, mi calidad de vida ahora es bastante mejor que antes de ser madre. Así que va a ser que no, que  la calidad de vida no se pierde por tener hijos,  igual que no se pierde por casarse o divorciarse, sino por cómo afronta cada uno sus  vivencias.
Y, por supuesto, la felicidad de una mujer no la da ser madre o no serlo. Ni siquiera desear algo y conseguirlo o no desearlo y aprender a vivir con ello. LA felicidad, imagino, es aprender a saborear los buenos momentos, no esperar que los demás sean responsables de hacernos felices y no culparles de nuestras frustraciones. Al final, creo, todo es cuestión de ACTITUD.

¿ Qué es lo mejor?

¿ Qué es lo mejor?

“No aspires a hacerlo un poco mejor, aspira a hacer lo óptimo”

Esa frase es una de las que siempre tengo en mente la hacer mi trabajo,  una de las que más utilizo, adaptándola, cuando hablo con las familias o cuando imparto formación.
Las madres ( y padres) queremos lo mejor para nuestros hijos. Nos pasamos la maternidad creyendo que nuestra misión en la vida es buscar lo mejor y dárselo. Así, cuando encontramos a alguien experto en una de las materias relacionadas con el cuidado de nuestros peques, siempre le preguntamos lo mismo:

  • ¿Qué es mejor para él?
  • ¿Cuál es el mejor portabebés?
  • ¿El mejor nudo?
  • ¿El mejor pañal?
  • ¿La mejor forma de amamantar?
  • ¿El mejor biberón?
  • ¿La mejor guardería?
  • ¿La mejor pediatra?

Hasta el infinito…

¿Qué pasa cuando crecen?

Crecerán nuestros bebés y crecerá nuestra experiencia, pero no siempre nuestra confianza y seguiremos preguntando :

-¿Cuál es el mejor cole, el mejor dentista, la mejor actividad extraescolar, el mejor hotel para irnos de vacaciones, etc.?

No es malo pregunta, lo mal es que seguimos preguntando mal.

Cuestión de Responsabilidad

Seguimos sin entender que pedirle a otro que nos dé la respuesta a cuál es la mejor mochila o el mejor biberón o la mejor forma de dormir a nuestro hijo, lo que en realidad evidencia es nuestra falta de responsabilidad.
No quiero decir que los padres que preguntamos somos irresponsables, sino que  al preguntar así, estamos dejando de ejercer nuestro trabajo principal que es tomar decisiones y asumir responsabilidades.

  • No es lo mismo preguntar las diferencias entre sistemas de porteo y decidir, que preguntar qué  mochila es mejor
  • No es lo mismo preguntar las consecuencias de utilizar un sistema de crianza y otro y decidir, que preguntar qué es mejor hacer.
  • No es lo mismo indagar cómo se trata a los bebés en las guarderías de la zona para ver cuáles casan con nuestra propia filosofía y decidir, que preguntar a otro cuál es la mejor.

Porque cuando alguien cataloga algo de “mejor” invariablemente está usando su propia escala de valores, su propia medida. Y juzga en base a ellas y a sus propias circunstancias, a sus propias vivencias y creencias.
No conozco dos familias que piensen igual en todo ni que tengan las mismas necesidades, del mismo modo que no conozco dos bebés iguales, aunque tengan el mismo peso, talla  y edad.
Delegar la toma de decisiones, que va intrínsecamente ligado a  ser el adulto responsable de un menor, en otra persona, por mucho que esa persona sepa de la materia, es irresponsable.
No quiero decir que la formación y la experiencia no sirva de nada, ni quiero decir que los profesionales no hagamos nuestro trabajo. Quiero decir que una cosa es ofrecer información objetiva y  otra cosa es decidir por el caso particular.

Yo puedo saber mucho de porteo, pero si una madre me pregunta qué portabebés es el mejor y yo le doy una respuesta tipo “este portabebés”, no sólo estoy demostrando muy poca profesionalidad, sino que estoy cosificando  a ese bebé y su familia al no tener en cuenta ninguna de sus características particulares.
No hay un portabebés mejor porque hay tantas realidades como personas y  hay tantas dinámicas familiares, culturales, sociales, físicas y emocionales que sería imposible que todas coincidieran en una sola respuesta.

¿Es malo preguntar a profesionales?

Entonces, ¿de qué sirve nuestra formación y experiencia?,¿significa esto que no podemos responder a las familias que nos consultan?
NO. Significa que precisamente nuestra formación y experiencia sirven para explicarle a las familias que la meta no es encontrar “el mejor” nada, sino aspirar a lo óptimo en cada caso.
Suelo decirle a las familias que mi trabajo tanto en el porteo, como en la lactancia, y la crianza, es explicarles “lo óptimo”, lo que el bebé o niño necesita y espera y que es su trabajo aspirar a ello, teniendo en cuenta que cada familia llegará al punto que pueda y quiera.
Si yo te digo que “esto es lo mejor”, te quedas aquí, en este punto. Si te digo qué es lo óptimo a lo que aspirar, llegarás mucho más lejos. Porque la maternidad no es algo estático, no son metas concretas que alcanzar, es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.

[Tweet ” La maternidad no son metas concretas que alcanzar. Es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.”]

El término “mejor”

Hace muchos años desterré de mi vocabulario el concepto “mejor” y nunca me oiréis decir “la lactancia es lo mejor”, o “este portabebés es el mejor”.

Si una madre me llega dando lactancia mixta no presupongo que lo mejor es que intente la lactancia exclusiva, porque si algo sé es que muchas veces lo óptimo en esa díada madre-bebé es el equilibrio que la lactancia mixta permite a esa madre, la red de seguridad que la madre necesita para poder amamantar de forma segura.

Por supuesto en otros casos sí  será lo óptimo recuperar la lactancia exclusiva, pero no siempre sabemos qué caso es cada cual de primeras. No lo sé yo y muchas veces no lo sabe tampoco la propia madre.

La necesidad de juzgar, de etiquetar, de medir y evaluar es muy difícil de eliminar de nuestra vida. Sobre todo del rol de madre sometido constantemente a juicio, el propio y el de casi todos los demás. Ese estar constantemente en la palestra, teniendo que demostrar lo buenas madres que somos tiene como único resultado madres cada vez más inseguras, más frustradas, más infelices. Hasta el punto de irnos al extremo  de hacer apología de ser mala madre, por muy envuelto en humor que lo hagamos,  como si de ese modo reivindicáramos nuestro derecho a no tener que cumplir los objetivos de todo el que se cree con derecho a imponérnoslos. Si entramos en el juego de poner etiquetas: “mejor, buena, mala…” estamos jugando al mismo indecente juego.
Un juego en el que todas perdemos. Tanto, que lo siguiente es llegar a sentirnos arrepentidas, ya no de ser madres, sino de tener hijos, que parece lo mismo pero no lo es.

Quizás si dejamos de poner la medida fuera, si dejamos de preguntar a otros, si dejamos de buscar “la mejor forma” de ser y estar en este y otros roles.  Si empezamos a preguntar con inteligencia y a pensar por nosotras mismas con la información obtenida. Si dejamos de leer libros y miramos más a nuestros hijos y les escuchamos un poco más, con más atención, nos daremos cuenta que muchas de las respuestas no las tienen otros, sino nosotros mismos, nosotras y nuestros hijos.
Mis alumnas siempre me oyen decir que cuando una asesora recibe una pregunta se sabe el tipo de profesional que es por la respuesta:

Una profesional mediocre responde siempre a las preguntas que le hacen.
Una profesional responsable y bien formada no responde, hace más preguntas.

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Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

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La Maternidad sin Tabúes- mi libro

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

Este Blog lleva ya unos 8 años abierto. Tiene más de 1000 entradas, la mayoría de ellos de contenido propio. Ha ido creciendo y cambiando, como yo misma, al ritmo de mi propia maternidad. Cuando lo empecé aún no existía Madresfera, ni las Malas Madres ni las Madres cabreadas ni todos esos movimientos de la blogosfera maternal. Eso hizo que fuera relativamente fácil que las personas interesadas en los temas que escribía llegaran al blog y me leyeran. Cientos de suscriptores que leían cada cosa que se publicaba, que comentaban y compartían.

Hoy tenemos tanta cantidad de información disponible para leer que ya casi no leemos. Como cuando vas a un buffet libre y hay tanta oferta que te sirves de 30 platos diferentes, de los cuales algunos ni llegas a probar.  Eso ocurre hoy con toda la información que nos bombardea. A veces no pasamos del título y, si lo hacemos, en vez de leer escaneamos.

Que haya tanta  cantidad de información disponible  ha facilitado que temas que antes era difícil encontrar ahora estén disponibles para casi todo el mundo. Eso es bueno.
Pero  que haya tanta cantidad de información disponible también hace que sea muy difícil filtrar la información buena de la información basura. Eso no es tan bueno.

Como en el buffet, no todo lo que tiene buena pinta es sano y nutritivo. Platos  que nos entran por los ojos pero contienen exceso de  grasa o azúcar, que consiguen calmar el ansia de tragar pero aportan poco a nuestro organismo.  Así pasa con el exceso de información y canales que nos rodean. No todos aportan contenido original, provechoso o bien escrito. A veces contienen directamente basura disfrazada de comida u opiniones disfrazadas de evidencia.

Triunfan los blogs maternales que nos cuentan peripecias de madres  más o menos divertidas o que nos explican cómo decorar las habitaciones de nuestros peques ( los míos usan su cuarto sólo como almacén de juguetes,  menos mal que no me esmeré mucho en prepararlo) o aquéllos que nos nos enseñan qué complementos usar para ser una madre pluscuamperfecta o pluscuaimperfecta, que se lleva ahora más.

Por supuesto tienen su espacio y su público visto cómo triunfan, pero  a algunas no nos aportan demasiado. Es como esas tartas de fondant tan monísimas y vistosas que cuando las vas a comer te decepcionan porque a ti realmente no te gusta la pasta de azúcar, sino un simple bizcocho esponjoso con nata.

Portada1Por otro lado están los blogs “Google Maps”, aquéllos que prometen llevarte a donde quieres,  a ser posible escritos por expertos que nos enseñan a ser madres y nos dirigen todo aspecto de esta etapa. No hace falta que lo escriban madres, para qué, si la maternidad cada vez  está más subcontratada.  Cualquiera con algún título profesional cuyo ámbito de trabajo afecte a madres o niños os propondrá una “guía maestra” para criar hijos. Psicólogas conductistas, pediatras mediáticos, nutricionistas fashion, ex deportistas ex drogadictos, coachs de todos los colores, famosas de más o menos categoría… todos estos nos llevarán de la mano por el maravilloso mundo de sentirnos completamente inútiles sin sus consejos.
En este terreno no parece muy inteligente publicar un libro que plantea más preguntas que  respuestas, sin el aval de un título “oficial” para hablar de maternidad, más el que me otorgan mis propios hijos. Con textos que, además, han sido ya en gran parte, publicados antes en mis blogs.  Pero a pesar de todo, quería publicar este  libro.
He tardado porque llevo años posponiendo lo importante para hacer lo urgente.
He tardado porque me cuesta mucho escribir y no compartir lo que escribo.
He tardado porque en algún momento pensé que quién iba a pagar por leerme cuando puede leerme a diario gratis en mis blogs y redes.

Pero decidí publicarlo y aquí está.
Porque es algo más que una recopilación revisada de algunos de los textos que he escrito en estos años.
Porque es la prueba tangible de que cuando quieres comunicarte, lo que tienes que hacer es lanzar tus palabras al mundo.
Porque es un sueño cumplido desde que empecé a escribir.
Porque me gustaría que las madres de una vez miráramos más para adentro al ser madres y menos hacia fuera, hacia lo que hacen otras.
Porque empoderar la maternidad es respetarla y no tratarla como una etapa idiotizante de la vida de las mujeres.

Yo quería un libro que recogiera la forma en la que yo vivo ciertos temas. Una recopilación de temas incómodos pero necesarios.
Una colección de historias que nos parecen “de otros” hasta que empiezas a leer y te das cuenta de que también hay parte de ti en ellos.

Este libro habla de las lactancias que no se logran, de las madres que no tienen tribu, de los miedos que nos paralizan, de los desencuentros con la pareja cuando llegan los hijos, del deseo sexual o la falta de él de las madres y sus parejas, de las violencias que sufrimos y no vemos, de las medallas que otros se cuelgan y son nuestras, de las renuncias al ser madre, del miedo a quedarnos solas por no negociar con el amor a nuestros hijos, de la competencia entre mujeres y madres, de cómo cargamos a nuestros hijos con nuestras mochilas sin ser conscientes de ello siquiera,  de las dinámicas familiares tóxicas que arrastramos, de abortos, del dolor de no parirlos o del dolor de parirlos no vivos.

He escrito sobre los temas que quiero hablar con mis hijos, de los que hablaría con mis hermanas y cuñadas, con las madres que me escriben…
He escrito porque no puedo no escribir.
Ojalá este trozo de mí   y de muchas otras madres, escrito, como comento en la introducción, con sangre, sudor y leche, te remueva.

Sólo desde ese lugar podemos avanzar y soñar con más Maternidades sin tabúes.

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ENLACES DE INTERÉS

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El placer de ser tía

El placer de ser tía

¿Eres médico, abogado, informático, asesor de alguna materia?
¿Te has visto alguna vez acosado a preguntas profesionales en las reuniones familiares ?

Yo, como vivo  muy lejos de casi toda mi familia, no me he visto en esa situación. Pero sí me ha pasado con conocidos o desconocidos que se enteran de a qué te dedicas y a pesar de estar disfrutando de tu tiempo libre te conviertes en una especie de Google+Wikipedia viviente.
EN general no me molesta, aunque lanzo un mensaje así general para recordarnos a todos que este tipo de profesionales viven de cobrar su trabajo, es decir, que si tenemos alguna consulta, no aprovechemos a nuestros familiares y/o amigos para que trabajen gratis para nosotros 😉

EL caso es que en un tema como el de la maternidad y paternidad, donde todo el mundo parece saber más que los padres, y en el que algunas elecciones levantan tantas ampollas, mi opción personal es no hablar si no me preguntan. Si respeto profundamente a todos los padres y su capacidad y autonomía, mucho más si son de mi familia, aunque a veces suela pasar al revés, ya sabéis, aquéllo de : “la confianza da asco”.

El caso es que el año pasado me entero que voy a tener un sobrino y vivo su  gestación y su nacimiento en la distancia. Y dejo mi papel de Asesora Continuum, y me dedico a ser la tía emocionada por la llegada de un bebé a la familia.
Y toca demostrar lo que les explico a mis alumnas sobre cómo “asesorar a la familia”, y toca hacer saber que estamos ahí si nos necesitan, pero sin inmiscuirnos. Toca  ejercer un equilibrio delicado entre lo que te gustaría decir y lo que debes decir. Y lo más importante: toca confiar en la capacidad de los padres, por muy primerizos que sean, en que van a encontrar la forma de criar a su hijo que ellos decidan.

Y de ese modo, te aguantas las ganas de preguntar si toma teta  o no, si le cogen en brazos cuando llora o no, si duerme en el cuarto o no…  Y confías en que ese pequeño ser va a ser el maestro que necesitan para mostrarles a sus padres lo que necesita.

Y no siempre pasa, pero en este caso, un día resulta que esos padres tan primerizos como yo lo fui, con los mismos miedos y las mismas ganas de hacerlo bien, un día te empiezan a hacer preguntas. Quizás porque confían en ti y en tu trabajo, pero sobre todo porque les has respetado y al final, esa es la mejor carta de recomendación.

Y en ese clima de respeto mutuo y de cariño te van preguntando sobre la teta, sobre los gases, sobre los brazos, sobre comida, sobre el tacatá  y sobre tantas cosas.

teta

Mi sobrino criado con Mimos y Teta

Y aquí toca de nuevo recordar que mi trabajo como asesora es el de hacer sentir a los padres que ellos pueden obtener las respuestas a la mayoría de las dudas simplemente observando a su hijo y con sentido común.

Recordarles que sigan cuestionando la mayoría de lo que se da por sentado en torno a los consejos de crianza.

Hacerles ver que ellos son quienes mejor conocen a su hijo y quienes irán encontrando la forma de actuar desde el respeto a sus necesidades.

Que no se trata de lo que “crea Fulanito o Menganita”, por mucho que sepan o crean saber del tema. Porque la realidad es que casi no hay verdades absolutas salvo unas pocas.
Ybebé en brazos sobre todo, toca recordarme que en esa familia no soy la Directora de Asesoras Continuum, ni soy una bloguera más o menos reconocida ni una experta en nada:  Soy una tía orgullosa.

Orgullosa de mi hermano, de su mujer y de esa preciosidad de sobrino que me permitió hacer algo que ya casi nunca hago: volver a sentir el placer de abrazar a un bebé, de portearlo sobre mi cuerpo y de dormirlo en mis brazos.

He vuelto de un viaje llena de alegría por muchos motivos

Nuestra historia familiar no fue demasiado idílica así que en el rol de padre nunca o casi nunca tuvimos un referente.
He escrito mucho sobre lo que supone ser madre, pero me consta que ser padre en estas circunstancias no es muy fácil tampoco. Los mismos miedos, las mismas inseguridades y preocupaciones, la falta de experiencia y modelos válidos…
Pero al final miraba a mi familia a través del objetivo de mi cámara y veía lo que debería verse siempre, sobre todo cuando  hay un bebé o un niño en la imagen: amor.

padres

  • Me ha emocionado ver a mi hermano convertido en padre.

familia

 

  • Me ha emocionado ver a mi hermano pequeño, al “nano” de la familia hecho un hombre y  disfrutando de sus sobrinos

tío y sobrino

 

  • Me he emocionado viendo amor a mi alrededor

 

amor

  •  Me ha encantado practicar el arte de la fotografía teniéndoles a todos ellos de modelos

bebé

 

  •  He disfrutado de la desconexión con lo virtual y de la conexión con mi gente.

familia

  •  Y he disfrutado muuuuucho de  esto que entenderán sólo los alicantinos

coca de mollitas

 

PD: Gracias a mi familia que me ha permitido compartir con vosotros estos momentos en forma de imágenes. Gracias Silvia y Rubén, Alberto y Corina <3

Madres desbordadas ¿malas madres?

Madres desbordadas ¿malas madres?

Mi abuela paterna fue “sólo” madre.
Mi abuela materna fue madre de familia numerosa pero no crió a sus hijas mayores.
Mi madre fue mujer trabajadora primero,  y madre de familia numerosa, prácticamente sola, después.
Su “conciliación laboral y familiar” pasó porque su hija mayor se encargara de los pequeños y de gran parte de tareas de la casa mientras ella trabajaba.
Yo hoy soy heredera de todas esas dinámicas con las que he crecido y voy aprendiendo a compaginar mis “creencias”  sobre la vida familiar y los hijos con mis conocimientos sobre las necesidades de los bebés y niños y con mis deseos como mujer adulta de tener mis propios espacios fuera del rol de madre.

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Ser madre hoy

Creo que tenemos el papel más difícil en generaciones. Porque tenemos más información y eso en vez de convertirse en lo que debería ser, una herramienta para saber cómo hacer las cosas de forma más sabia y eficaz, se ha convertido por el contrario, en un arma para culpabilizarnos (aún más si cabe).

Resulta que nos han dicho qué debemos hacer pero nos han dejado solas, sin armas, en la arena.

Nosotras hemos cambiado nuestra mentalidad para no arrojar una carga innecesaria sobre nuestros hijos pero, en la mayoría de los casos, no han cambiado nuestras parejas, ni ha cambiado  la sociedad que nos sigue haciendo escoger entre lo que debe ser y entre lo que puede ser.

Somos la infantería de esta guerra. Las más expuestas, las que arriesgan su cuerpo, sus energías, su vida, en una batalla en la que otros, desde sus lugares estratégicamente seguros y confortables, al final se colgarán las medallas del éxito.

Madres desbordadas-malas madres

 

Y la realidad es que ser madre de varios hijos, criarlos, es decir: proveerles el cuerpo, contacto y atención que merecen, educarlos, cuidar el entorno en el que viven, nutrirles de forma adecuada, ofrecerles un ambiente sano y estimulante, seguro, confortable, limpio…hacer todo eso y hacerlo sola es misión imposible.
Incluso en los casos en que la pareja no “ayuda” sino que se involucra y comparte este trabajo sin fin, es muy difícil hacerlo sin dejar cadáveres por el camino.

Uno de los “cadáveres” habituales, del que hablaba en este post para el blog Asesoras Continuum, es convertir a los hijos mayores en una especie de franquicia nuestra.

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hermano mayor

Pinchad en la imagen para leer el post completo

Sobre todo en el caso de familias monoparentales, o donde el padre está ausente física o emocionalmente, es fácil encontrar a los hijos mayores asumiendo cargas que no les corresponden.
En algunos casos los hijos mayores no solo se convierten en nuestros “ayudantes” o en los “encargados” de las tareas logísticas del cuidado de los hijos pequeños y la casa, a veces, y lo que es peor, se convierten en nuestro sostén emocional.

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Culpa No, responsabilidad SÍ

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Las madres no lo hacemos por gusto, por supuesto, es normal que cuando hay varios hijos, incluidos bebés o niños pequeños que nos reclaman todo el tiempo, prioricemos ese trabajo por delante de otros y busquemos el modo de conseguir acabar el día sin desfallecer ni volvernos locas.
Cuando no hay más adultos que nos ayuden a asumir todo el trabajo y/ o que nos sirvan de desahogo y de apoyo es fácil hacer de nuestro hijo o hija mayor nuestro “amigo y confidente”.
Ese es un fallo enorme porque estamos invirtiendo los roles. Ellos aún son niños que nos necesitan a nosotros para completar su desarrollo hasta alcanzar su madurez emocional.

Este post no es para que creamos que le hemos amargado la vida a nuestro(s) hijo(s) sino para que nos paremos a pensar en qué patrones tóxicos estamos perpetuando sin darnos cuenta y para que busquemos otra forma de gestionar nuestra realidad difícil.

No es cuestión de culpabilizarnos, pero sí de asumir responsabilidades.

Si eres madre de familia numerosa analiza el día a día de tu vida y del trabajo que hace cada uno en la familia.

  • ¿Es el hermano mayor el “encargado” de cuidar a su(s) hermano(s)? ¿Puede decir “no”? y si es así ¿Cómo reaccionamos a su negativa a hacerse cargo de su hermano?
  • ¿Tiene edad de cuidarse solo? ¿Le dejarías solo en casa?
    Si no es así, no es lógico que además de no encargarnos de él le pidamos que él cuide de alguien aún más pequeño.
  • ¿Colaboran todos en la casa (si tienen edad para ello) ocupándose de sus propias cosas: cama, recoger sus juguetes, poner y quitar la mesa, colocar su ropa, poner la ropa sucia en el cesto etc? ¿ o por el contrario unos se encargan de hacerle esas tareas a otros?
    En una familia la meta es que todos lleguen a ser autónomos, no que haya uno que le haga el trabajo al resto.
  • Al hablar para pedir ayuda a tu(s) hijo(s) mayor(es) ¿Qué expresiones  usas?
    No  es lo mismo decir: “Vigila a tu hermano” que “¿me puedes hacer un favor y mirar a tu hermano mientras yo hago tal o cual cosa y me avisas si me necesita?” En el primer caso le imponemos la orden de asumir el rol de cuidador, en la segunda dejamos claro que el rol es nuestro y le pedimos que nos ayude, porque necesitamos hacer otra cosa, manteniendo nosotros la responsabilidad final sobre el pequeño.
  • ¿Perpetuamos situaciones de injusticia y desigualdad no solo por orden sino por género?
    Por ejemplo:  la hermana mayor es la única que aprende a cocinar,  a hacer la compra o planchar y/o el hijo mayor se convierte en el policía social de sus hermanas pequeñas.

Estos son solo algunos ejemplos para observar qué dinámica estamos creando en nuestro hogar.
Por supuesto no es lo mismo que nuestro hijo mayor tenga 4 años, 9 o 15, pero en cualquier caso el objetivo es

  • Que todos nuestros hijos que crecen en un hogar con hermanos vivan la experiencia como les corresponde. Desde el rol de hijos, no de padres sustitutos.
  • Que aprendan que criar hijos es un trabajo agotador pero gratificante.
  • Que nuestro cansancio no es por tenerlos a ellos sino por criar sin tribu
  • Que sepan que su colaboración nos es de gran ayuda pero que no es su trabajo ni su responsabilidad preocuparse por ellos ni por nosotros
  • Que se den cuenta que mamá no es perfecta ni pretende serlo, pero que cuando se da cuenta de que algo no se ha hecho bien pide disculpas e intenta rectificar (Gran lección de vida esa)
  • Que se sientan queridos, valorados, respetados y apreciados en su individualidad.
  • Que no crezcan creyendo que nuestro amor hacia ellos depende del “trabajo” que realizan para nosotros
  • Que entiendan que el amor se demuestra con acciones y que quieran contribuir a aligerarnos la carga por eso, porque nos aman, no porque se sientan obligados
  • Que si algún día deciden ser padres y madres disfruten de y con sus hijos, de estar tiempo con ellos disfrutando y que lo hayan aprendido de nosotras.

Disfrutar con los hijos

 

Querida madre desbordada como yo,
sola como yo

imperfecta como yo,
desquiciada por momentos como yo,
 perfeccionista como yo,
histérica a ratos como yo,
inconsecuente entre lo que piensas y lo que haces como yo,
frustrada por no conseguir que las cosas salgan siempre como quieres como yo,
soñando con tener unas vacaciones sin niños aunque no lo confieses delante de ellos ( o sí) como yo,
envidiosa de las madres perfectas como yo,
celosa (a ratos) de las que tienen hijos perfectos como yo…
Mala madre y Buena madre COMO YO
Querida compañera… como una vez leí a una madre imperfecta… recuerda que:

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

 

 

PD: Dedicado a Inma y a todas las madres desbordadas, solas, imperfectas, desquiciadas, perfeccionistas, histéricas, inconsecuentes, frustradas, soñadoras, envidiosas, celosas, a todas las Buenas y Malas madres a la vez.
Imagen destacada ©BadMoms 
Film

 

Entrevista a Aitana Oliva, madre de acogida: “Mi objetivo es que estos niños puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Entrevista a Aitana Oliva, madre de acogida: “Mi objetivo es que estos niños puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Aitana  contactó conmigo para saber si podía ayudarla a ella y a su familia a afrontar la separación de su bebé de acogida.

Me explicó la situación y le respondí que no tenía experiencia en esas situaciones, pero que lógicamente esa separación iba a signifcar un duelo, y que todos los duelos tienen cosas en común, por lo que algunos consejos  y pautas serían aplicables también a su proceso de despedida definitiva del bebé en acogida.
A partir de esa conversación y de algunas otras me di cuenta de que este tema nunca había sido abordado en el blog. Me ofrecí a colaborar con ella si decidía hacer algo para mejorar o hacer más llevaderos estos procesos a las familias, teniendo en cuenta mi experiencia en las necesidades de los bebés por un lado, mi experiencia en porteo, masaje y contacto como elementos favorecedores del vínculo por otro y mi experiencia en duelo.
Durante esas conversaciones le propuse a Aitana que escribiera lo que sentía. La escritura es una excelente forma de ayudarnos a afrontar situaciones difíciles y dolorosas, puede ser parte también de los rituales de despedida. Aceptó y fuimos más allá pensando en hacer una entrevista para dar a conocer la realidad de esos niños y sus familias de acogida.

Quiero agradecerle a Aitana su generosidad.
Su generosidad para contarnos su vivencia con ilusión a pesar de que me consta ha sido difícil poner en palabras algunas de las intensas emociones que ha vivido esto años, y que aún siente.
No me canso de decir que la mayoría de lo que sé la he aprendido de personas generosas como ella que en algún momento de sus vidas compartieron conmigo su intimidad. Mujeres  ( y algún hombre) que me permitieron acompañarles y escuchar sus vivencias, sus emociones, sus experiencias…
Hoy le agradezco  a Aitana que haya querido compartir su historia  con el resto del mundo. Sé que es una entrevista larga y que no es un formato que suele gustar en blogs, pero no sobra ni una coma, ni un punto, ni un párrafo.
Te pido que la leas, que escuches la voz de esta madre de acogida a través de sus palabras… y que nos ayudes compartiéndola.
Gracias Aitana, a ti y a esas maravillosas criaturas que pasaron por tu vida y que te han ido convirtiendo en la maravillosa persona y madre de acogida que eres hoy.

 

ENTREVISTA

  • ¿Quién eres?, cuéntanos algo de ti

Soy una mujer de 38 años, sin hijos. Profesionalmente no me dedico a nada relacionado con los niños, no obstante me encantan y me parece que son un gran ejemplo a seguir.

Soy una persona normal y corriente, con mis propios proyectos, inquietudes, ideales y sentimientos.

Hace unos 4 años y pico, a través de un anuncio de la televisión de la Comunidad de Madrid, conocí la existencia de este programa. Me informé de si en Canarias existía algo parecido y empecé a hacer los trámites para ser familia de acogida.

 

  • ¿Qué es ser familia/madre de acogida?

Para mí, ser familia de acogida es dedicarte, en cuerpo y alma, al menor acogido. Generalmente estos menores tienen una historia de vida difícil, con carencias a todos los niveles.

 

MAdre de acogida

 

 

  • ¿Hay un límite de edad de los niños para ser acogidos (por pequeños o por grandes)?

Hay niños de todas las edades susceptibles de ser acogidos. Hay madres que, desde que están embarazadas, tienen claro que sus condiciones personales imposibilitan la atención que precisa su hijo y los ceden voluntariamente en adopción, o son los propios servicios sociales los que deciden la retirada de los menores de su familia biológica, así son declarados menores en desamparo y pasan a familias de acogida o a centros de menores hasta que su situación familiar se estabilice o se establezca otra medida para ellos. A los 18 años ya no son considerados legalmente menores lo que implica que este servicio de acogimiento familiar se extingue al cumplir la mayoría de edad, no obstante, si el menor y la familia acogente están de acuerdo, la convivencia continua.

Los menores institucionalizados reciben apoyo de la administración hasta los 21 años. Desde la Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias estamos trabajando para que los menores acogidos que cumplan 18 años en familias de acogida y, bilateralmente, decidan continuar conviviendo, reciban ayudas de la administración.

 

  • ¿Se requiere algo especial para ser familia/madre de acogida?

Para ser familia de acogida lo principal es estar convencido de querer serlo. Hay un servicio del Gobierno de Canarias que ofrece un curso informativo a aquellas personas interesadas. Cuando se conocen en profundidad los detalles y lo que conlleva el acogimiento de un menor, se rellena y se registra la solicitud. Posteriormente, una comisión multidisciplinar de técnicos (psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc), hace una valoración de la familia para declarar su idoneidad/no idoneidad. Una vez recibida la idoneidad, la familia pasa a formar parte del banco de familias de acogida y a estar disponible para que un menor, varios menores, grupos de hermanos, etc, se inserten en su familia como un miembro más.

Los acogimientos pueden ser de diferentes tipos: acogimiento de urgencia, acogimiento simple, acogimiento permanente, acogimiento profesionalizado… Además, cada familia puede elegir el número de menores a acoger, el rango de edad, y otras características.

 

  • ¿Por qué te/os decidisteis a participar en este programa?

Madre de acogida Se me parte el alma al pensar en un niño sin familia. Me siento socialmente responsable de contribuir, con mi granito de arena, a evitar que ésto suceda.

Hay muchos niños pasando momentos difíciles, cerca de nuestras casas, que no pueden estar con sus familias biológicas.

Desafortunadamente, no puedo cuidar de todos ellos pero, al menos, pretendo que, aquellos que pasen por mis manos, puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Los niños de ahora son los adultos del futuro y creo que, entre todos, podemos construir una sociedad más amable, más solidaria, un mundo mejor. Una infancia sana es fundamental para llegar a ser un adulto completo, sin carencias, resiliente, altruista, feliz.

 

  • ¿Cuántos niños has tenido de acogida, qué edades tenían y cuánto tiempo?

Ya han pasado por mis manos cuatro bebés.

La primera fue una niñita prematura, la acogimos cuando le dieron el alta hospitalaria, con un mes de edad y 2,5 kg de peso, era preciosa y creció, durante los 3 meses que la tuvimos, a velocidad de vértigo.

La segunda fue otra niñita de 10 días, todavía con su cordoncito umbilical, nos ocupamos de ella durante casi 5 meses, fue una delicia y una alegría.

Al poco tiempo nos avisaron para acoger a un bebé, tenía casi 6 meses, fue una urgencia, cuando se encontró otra medida más estable para él se fue de nuestra casa, sólo estuvo 2 meses, era un bebé muy tranquilo y glotón, aprendió a gatear con nosotros y a reirse a carcajadas.

Por último, tuvimos, durante 16 meses a un bebé que llegó con 5 meses, está muy reciente su despedida y me cuesta mucho trabajo hablar de él, tengo la herida todavía abierta.

  • ¿Cómo se enfrenta una madre de acogida al momento de la separación definitiva?

Yo sólo puedo hablar de mi experiencia personal y de lo que he sentido en cada una de las despedidas de mis cuatro maravillosos bebés.

Madre de acogida

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Mi compromiso como familia de acogida es el de involucrarme durante un periodo máximo de 6 meses en el cuidado de un menor entre 0 y 3 años. Soy familia de acogida de urgencia y pueden avisarme en cualquier momento de que hay un niño que, en ese momento, necesita de mí.

Los primeros tres bebés que llegaron a mis manos estuvieron, el que más, 5 meses conmigo. La separación siempre es dura. Mi vida gira en torno a ellos durante ese tiempo, día y noche, entre biberones, pañales, colechando y porteándolos, allá donde voy yo vienen ellos conmigo. Dejo mi vida personal de lado y entro en el mundo bebé de forma inmediata. Mis amigas, que a veces se pierden con tanto bebé, me preguntan si estoy en fase “yanomami” (ya no mami) para poder contar conmigo.

Desde que, el servicio de menores, avisa de que el acogimiento está llegando a su fin, el nudo en el estómago es inevitable. Los bebés no entienden lo que pasa, pero no me cabe duda de que, aunque no dominan el lenguaje oral, perciben el estado emocional que conlleva esa fase. Así que siempre les cuento lo que está pasando y lo que va a pasar próximamente. Ya me empiezo a despedir de ellos.

vacíoEs inevitable que se te pase por la cabeza, en los últimos días, que es la última vez que vas al parque con él, el último baño, el último cambio de pañal, etc. Mi familia se implica mucho, compartimos mucho tiempo con ellos, y lo pasan muy mal cuando se van. Soy consciente de que ellos no han elegido ser familia de acogida y que, por mi elección personal, les ha tocado serlo. Esta cuestión ha hecho que me plantee muchas cosas como distanciarme de mi familia mientras se esté desarrollando un acogimiento, pero no soy capaz de hacerlo, además no sería justo ni para el bebé ni para ellos.

Os podreis imaginar la dureza de la situación cuando vuelves a casa sin él, encuentras vacío, un vacío tan grande que se requiere tiempo para recuperarse emocionalmente.

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El caso del último bebé fue diferente al resto, se trataba de un caso complicado, por la presencia de su familia biológica y su interés por recuperar la tutela del pequeño. Lo que iba a ser un acogimiento de pocos meses, se convirtió en casi un año y medio de convivencia, desde los 5 meses hasta los casi 2 años de edad. Lo vi aprender a darse la vuelta en la cama, lo vi gatear, caminar y correr, había empezado a hablar y a llamarme. El hecho de pensar que tendría que separarme de él me desgarraba. Realmente no podía imaginarme la vida sin él. Mi vida había estado paralizada durante un año y medio y me dediqué a él en exclusiva, exactamente igual que lo haría con mi hijo.

madre de acogida

  • ¿Hacéis algún tipo de ritual de despedida?

libro de vidaOtra vez sólo puedo referirme a mi caso personal.

Cuando la despedida se acerca, intento racionalizar la experiencia e intento que, la noticia de que va a tener una familia definitiva, sea motivo de celebración. Lo solemos celebrar con mi familia, aunque es una celebración agridulce.
Además, les preparo una maletita para que se la lleve su nueva familia con sus cosas personales, algún juguete al que tenga especial cariño, algunas mudas de ropa, sus biberones, etc.
Lo más significativo para mí es el libro de vida que les preparo, en ese libro cuento cómo han transcurrido los meses de nuestro camino en común, cuento los avances, coloco fotografías y otros recuerdos, es como un diario que relata el día a día con ellos. Además, la nueva familia se lleva, en formato digital, todas las fotos y videos que le hemos hecho al bebé (que no son pocos) con la intención de que ellos mismos conozcan a su hijo los meses previos a la adopción.

Cuando se van, lo primero que hago es recoger cualquier artículo que me recuerde a ellos, cambio el mobiliario de lugar y dejo fluir el sentimiento de vacío que siento, esa tristeza profunda, ese saber que ya nunca voy a volver a tenerlo entre mis brazos.

 

  • ¿Preparas al niño de algún modo?

Madre de acogida

 

En el último y más duro de los 4 acogimientos, la Administración pública junto con la organización colaboradora, creyeron conveniente realizar un periodo de adaptación con la nueva familia antes de llevárselo definitivamente. El bebé, con casi dos años, se sentía muy apegado a mí, su figura de referencia. Este periodo duró 48 horas, el primer día el bebé pasó la tarde con sus padres y volvió a dormir a casa, y el día siguiente, lo recogieron por la mañana y hasta la noche no lo volvimos a ver, sólo para darle la cena y dormir. El tercer día, por la mañana, se fue para siempre y no he vuelto a tener noticias de él. Está siendo muy duro.

Con los 3 primeros bebés no hubo periodo de adaptación, en cuestión de una hora, los bebés se fueron con su nueva familia, totalmente desconocida para ellos.

 

  • ¿Sigues teniendo contacto con él/ellos?

De los cuatro niños a los que he acogido, a día de hoy, tengo contacto con la mitad de ellos. Al tercer bebé, sólo lo tuvimos un par de meses y lo desviaron a otra familia de acogida con la que tuvimos relación un tiempo. Con las familias adoptivas de las dos primeras niñitas tenemos muy buena relación, los consideramos y nos consideran parte de la familia. Es complicado de llevar el pensar que mantener contacto con el bebé depende exclusivamente de la familia a la que se vaya, además, me consta que los técnicos del servicio de adopción recomiendan a las familias adoptivas que corten vínculos con los acogentes. Con mi pequeñín, que se fue hace un mes y medio, no tengo ninguna relación a día de hoy. No te imaginas el dolor que me causa y el alivio que sería que su familia me dijera que está bien, que está adaptado, que es feliz.

 

  • Cuando hay hijos propios ¿cómo viven estos la “partida” del bebé acogido?

En mi caso no tengo hijos y no puedo contestar a esta pregunta en primera persona pero creo que los niños tienen la capacidad de adaptación mucho más desarrollada que los adultos, por lo tanto pienso que los hijos de las familias acogentes se adaptarán rápidamente a la vida sin el niño acogido.

 

  • ¿La familia que adopta qué relación suele tener con vosotros?

Con las dos familias que han adoptado a mis niñitas tenemos una relación preciosa, ellos se sientes agradecidos por habernos dedicado, durante meses, al cuidado de sus hijas. Y nosotros, muy agradecidos por permitirnos seguir en contacto con ellos y poder ver lo felices que están y cómo se desarrollan y crecen las niñas.

 

  • ¿Eres consciente de que hay un duelo?

A día de hoy soy consciente del duelo que hay que pasar cada vez que se va un niño.

Resulta difícil llamarlo así porque generalmente se relaciona la palabra “duelo” con muerte, no obstante, el vacío que se siente es similar. Por fortuna, racionalmente, es más fácil de llevar que un duelo por fallecimiento. Cuando llega el momento de la separación sabes que ya ha finalizado tu labor, te sientes orgullosa de lo bien que lo has hecho y tienes la satisfacción de haber dado lo mejor de ti, también sabes que está con una familia que lo va a cuidar bien (cuando se va a adopción suelen ser familias que llevan una media de 8 años esperando para adoptar un bebé, así que los reciben con mucho amor). Esta parte racional no quita que emocionalmente te quedes destrozada y que tengas que pasar un duelo, un duelo que a veces tarda muchos meses en pasar y que te va dejando cicatrices en el corazón.

 

  • ¿Qué te resulta más difícil?

maletaPara mí, lo más difícil del acogimiento, es la fase de la despedida. Lo más difícil empieza en el momento en el que te avisan, con una llamada telefónica, de que se le está buscando familia. Son muy duros los últimos días con el bebé y es muy duro cuando se va y dejas de tenerlo en tus brazos, cuando tienes que recoger sus cosas de la casa, cuando no lo oyes corretear, cuando no lo oyes llamarte y sabes que ya se acabó. Cuando pasan unos días, noto cómo se va alejando la sensación de estar con él, su olor, su tacto, la sensación de llevarlo en brazos, de dormir con él, se va alejando de mi memoria, de mis sentidos, y eso duele mucho. Duele tanto que a día de hoy, un mes y medio después, todavía me duele mucho, todavía no soy capaz de ver sus fotos y sigo soñando casi a diario con que sigue conmigo.

Lidiar con la Administración tampoco me resulta fácil, a pesar de tener los mismos intereses. Siento que no se consideran seriamente las opiniones de las familias acogentes y que no se valora la labor social que hacemos. Noto falta de empatía y de colaboración. También creo que la Administración debería sensibilizar a las familias que van a adoptar a nuestros niños y explicarles que nosotros no hacemos esto por dinero, que nos implicamos emocionalmente con sus hijos tanto como con los nuestros y que no somos de piedra. Es muy difícil admitir que la familia a la que se va no quiere mantener contacto con nosotros. Creo que esta parte es la más dura y que podría tener solución si la Administración se lo propusiera.

No me cabe duda de que lo más importante para cualquier familia de acogida es que, cuando llega la hora de separarse del menor, el niño no sufra, que no viva la separación como un nuevo abandono y que la transición sea lo más suave y fluida posible. Me consta que cualquier niño se va a adaptar, con mayor o menos velocidad, a su nueva familia, sea como sea esa transición, pero también me consta que si no se hace bien ese proceso el niño puede vivirlo de forma traumática, y, aunque en el momento no se desvelen las consecuencias, cuando llegue a la adolescencia y a la adultez podrán aparecerle secuelas de aquella separación. En esta última fase del acogimiento, la actuación de la Administración debería ser impecable y no lo es. Ésto es lo que más nos preocupa a las familias.

Secundariamente también noto que no se nos cuida, muchas familias coincidimos en un sentimiento de desazón y desamparo cuando nuestros niños se van. Hay familias que acaban tan insatisfechas que no vuelven a acoger. Deberían cuidarnos y conseguir la fidelización de las familias al programa de acogimiento y la incorporación de nuevas familias. Debería ser una experiencia satisfactoria en todas las fases, incluyendo la de separación.

 

  • ¿Crees que es positivo para el bebé que se ha vinculado con una madre de acogida romper todo lazo con ella?

El principal objetivo del acogimiento es que los niños vuelvan a incorporarse con sus familias biológicas, si ésto no sucediera, opino que, lo ideal para el bebe/niño sería quedarse, para el resto de su vida, con la familia de acogida, con la que ha creado un vínculo y con la que se siente seguro. Por ley no funciona así.

He estado leyendo algo sobre el tema y entiendo que una separación brusca del niño con su figura de referencia puede ser traumático y tener repercusiones en su vida adulta.

Supongo que, el apego profundo que se produce en los primeros años de vida con la principal figura de referencia, debe ser roto cuando se produce una adopción para que el niño pueda vincularse a otra persona, aunque no creo que lo más acertado sea una separación brusca. Pienso que esa confianza en su nueva familia tiene que ser construida paso a paso. Desgraciadamente, también soy consciente, de que los recursos de la Administración son limitados y los periodos de adaptación extremadamente cortos.

 

  • ¿Crees que es bueno que el niño mantenga contacto con su madre de acogida?

Por supuesto que sí.

Creo que cuanta más gente quiera a un niño va a ser mejor para él.

madre de acogida 

  • ¿Recibís algún tipo de apoyo psicológico?

El programa de acogimiento cuenta con psicólogos para atender a las familias de acogida, durante el acogimiento o tras su finalización. Mi experiencia personal indica que los recursos son insuficientes y que no se satisfacen las necesidades de apoyo a las familias.

 

  • ¿Grupos de apoyo o similar?

Actualmente no contamos con grupos de apoyo en el programa de acogimiento familiar del Gobierno de Canarias. Hace unos meses, en la Asociación de Familias de Acogida en Ajena de Canarias (www.asfaca.es), surgió la idea de crear grupos de apoyo entre familias y solicitar a la Administración ayuda profesionalizada para dirigir estos grupos. Se está trabajando en ello.

 

  • ¿Qué cambiarías del proceso?

Bufff, muchas cosas cambiaría y eso que yo sólo conozco una pequeña parte de la realidad del acogimiento familiar. Voy a enumerar los principales puntos e intentar resumirlos.

  • Los periodos de adaptación de los niños cuando salen en adopción, deberían personalizarse, deberían contar con las familias de acogida para idear el plan de acoplamiento y permitir que la familia de acogida esté presente en el mismo, si así lo desea. Además, bajo mi punto de vista, los bebés, independientemente de la edad que tengan, también necesitan unos días de adaptación con su nueva familia, actualmente la entrega se hace en una hora.
  • Los periodos de adaptación deberían ser más pausados, y no pretender que en dos días, un niño de casi dos años, que ha convivido con la familia de acogida por casi un año y medio, esté adaptado a una nueva familia. Pienso que dedicar más tiempo a esta fase del acogimiento por parte de los técnicos del Gobierno de Canarias y de Aldeas Infantiles, si procede, aseguraría que la pérdida que sufren los niños al cambiar de familia, al romper con las familias que ellos consideran propias, no sea traumático. Actualmente me duele mucho pensar que mis niños hayan vivido ese cambio como otro abandono más en sus vidas.
  • Se podría mejorar la asignación de los niños con las familias. Hay muchas familias que tienen la idoneidad para un tipo de acogimiento y les asignan niños destinados, previsiblemente, a otro tipo de acogimiento. Este punto también va relacionado con las prolongaciones excesivas de los acogimientos. Mi último caso pasó de ser una urgencia, de una duración máxima de 6 meses, a una convivencia de 16 meses.
  • Las visitas con la familia biológica. Este tema es bastante delicado. Es un derecho de los niños y de sus familias el tener contacto y las familias de acogida estamos dispuestas a facilitarlo aunque tengamos que invertir nuestro tiempo en ello, además de los nervios que supone dejarlo en el punto de encuentro. El problema surge cuando el niño no se queda bien con su familia. El caso de mi último acogimiento fue así. Mi bebé nunca se quedó tranquilo con su familia biológica, a veces se pasaba prácticamente la hora entera llorando. Sus padres desaparecieron durante un periodo de 6 meses y a la vuelta se restablecieron las visitas con ellos, lo que supuso nuevamente un suplicio para el menor. Creo que los técnicos deberían prestar más atención al interés superior del menor, hay casos en los que es obvio que las visitas no le sientan bien. Si necesitan orden judicial para interrumpir las visitas sería cuestión de solicitarla.
  • Cuidar a las familias de acogida creo que es uno de los temas cruciales para fidelizar a las familias que hacen esta labor social, las familias de acogida necesitan apoyo. Este es el principal objetivo de ASFACA, Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias.
  • La formación continua a las familias de acogida creo que sería un punto relevante a tratar por parte de la Administración. Yo llevo más de 3 años en este programa y nunca me han avisado para asistir a cursos, charlas, talleres, etc.
  • La Administración podría organizar la información que van a necesitar las familias que se incorporan al programa, de tal forma que sepan los trámites que tienen que gestionar.
  • Agilizar los procesos y solucionar lo antes posible los casos de menores en desamparo. La mayoría de los procesos van muy despacio.

 

  • ¿Qué le dirías ahora a ese bebé si pudieras?

Le diría que siempre va a estar en mi corazón, que me ha llenado de amor, que nunca lo olvidaré aunque no podamos vernos, que ha sido un regalo para mí poder compartir mi vida con él durante este tiempo, que siempre podrá contar conmigo, que somos su familia….

 

  • ¿Qué le dirías cuando tenga edad para comprender su historia?

Yo, desde el principio, desde que los cojo por primera vez les explico la historia de su vida, por lo tanto, ya crecería sabiendo que ha pasado en su vida y lo normalizaría. Estos niñitos tienen muchas familias que los quieren; la biológica, la de acogida y la definitiva.

 

  • ¿Qué le dirías a los padres que adoptan?

Les diría que no nieguen a sus hijos el conocer su historia, que no les nieguen el amor de toda la gente que los quiere.

Con respecto al acogimiento les diría que se pusieran en el lugar de las familias de acogida, que empatizaran con ellas e hicieran una pequeña reflexión. Ellos tienen la capacidad de que pasemos un duelo mucho más llevadero.

 

  • ¿Qué nos dirías al resto que desconocemos esta realidad?

Aunque hay muchas cosas para mejorar en el programa de acogimiento familiar en ajena de Gobierno de Canarias, la realidad es que el mejor lugar para que un niño se desarrolle de forma integral es una familia.

La vida no nos trata a todos igual y, desgraciadamente, hay muchos menores tutelados por el Gobierno de Canarias, más de la mitad está en centros.

Desde aquí aprovecho para animar a la gente a acoger. Es una experiencia inolvidable y gratificante.

A pesar del sacrificio que conlleva, el amor dado y recibido compensa todo con creces.

Llevo casi 4 años en el programa y no tengo idea de salirme de él, pienso que eso dice mucho.

 

Quiero agradecer la oportunidad de hacer esta entrevista. Ojalá que sirva para dar a conocer la realidad del acogimiento familiar y divulgar el programa del Gobierno de Canarias.

Para recibir información sobre acogimiento familiar pueden llamar al 012 o ponerse en contacto con la Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias. www.asfaca.es

Aitana Oliva
Madre de acogida 

No quiero la baja maternal

No quiero la baja maternal

No.
No quiero la baja maternal

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NO quiero la baja maternal, ni el permiso de  maternidad, ni la licencia retribuida, ni nada que se le parezca.
Entre otras cosas porque no estoy enferma, porque no necesito que me den licencia para ser la madre de mis hijos ni que nadie me lo permita.

El lenguaje que usamos delata mucho  más de nuestra actitud hacia lo nombrado de lo que pensamos.
Estamos tan acostumbrados al lenguaje peyorativo en femenino y hacia los niños que a veces no somos conscientes de lo insultante que es nuestro vocabulario del día a día, y de cómo transmitimos atributos negativos de forma inconsciente (como si no fuera bastante todo lo que tenemos que oír de forma más directa).

Si eres un zorro eres un tío listo y avispado, si eres una zorra eres una fulana ramera, o una arpía.

Si eres un niño todos los adjetivos del tipo “mimado, consentido, zalamero, listo, etc…” tienen connotaciones negativas.

Y como pocas cosas hay  más intrínsecamente femeninas que la maternidad, pues en este ámbito el lenguaje es innegablemente paternalista, sexista, violento, condescendiente e insultante. 

Por eso si ya es vergonzoso que la ley nos obligue a reincorporarnos al trabajo a las 16 semanas de haber tenido a nuestro bebé, que encima  a ese tiempo se le nombre como “baja”, “licencia” o “permiso” no hace sino acrecentar la idea colectiva de que “alguien nos hace un favor dejándonos estar ese tiempo con nuestro bebé, o lo que es peor, nos lo permite.

Ese tiempo es nuestro

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Así es.
TAn sencillo como eso: ese tiempo tras nacer nuestro bebé ES nuestro.

Nadie debería  concedernos algo que es nuestro por derecho.

Y mucho menos atribuirse mérito por ello.

 

La madre tiene el derecho a estar y criar a su bebé y el bebé el derecho y la necesidad de estar con su madre para ser criado como espera y merece.  Limitar el tiempo mínimo en el que el bebé necesita constantemente a su madre a 16 semanas demuestra una completa ignorancia de las necesidades biológicas, psicológicas y emocionales de los bebés, y no deja de ser una especie de sistema de restricción de derechos inalienables.  Y encima llamar  esa limitación antinatural  como la llamamos actualmente es una total desconsideración y falta de respeto a la madre y al bebé.
No pedimos permiso para no ir a trabajar los días libre, porque es lo normal, es nuestro tiempo libre y no deberíamos llamar al tiempo libre que tenemos tras haber nacido un hijo ni “baja” ni “licencia” ni “permiso”.

Periodo maternal retribuido

No tengo una alternativa  que me convenza a todos lo niveles de cómo llamar a ese tiempo,  se me ocurre nombrarle como periodo maternal retribuido, a falta de que  pensemos en ello y se nos ocurra algo más acertado y que refleje más la realidad de lo que son esas semanas. Porque desde luego ninguna de esas formas habituales me convencen.
Hay aún una gran parte de la población que cree que las “bajas maternales” son una carga para los sistemas de seguridad social de los países. Yo he oído a algunos “iluminados” decir que es injusto que sus impuestos nos paguen “vacaciones” a las mujeres solo por parir. Igual el día que esa persona se jubile estará bien recordarle que su pensión sale de los impuestos de los contribuyentes que parieron aquellas mujeres a las que “él subvencionó las vacaciones”.
Fue un caso aislado, pero lamentablemente a nivel más amplio esa es la idea de fondo por la que en nuestro país ningún partido político se ha comprometido a ampliar ese periodo. Todos ven un gasto, no una inversión.
No voy a repetir que hay otros modelos que han apostado precisamente por lo contrario, por invertir en que las madres maternen durante más tiempo y en una sociedad de adultos más sanos por haber sido criados de una forma más parecida a como merecen. Pero no está de más recordar que esos modelos existen y funcionan.

Aunque claro, Spain is different y aquí lo que hacemos es “repartir lo poco que hay” en aras de la igualdad…porque ya se sabe que es mejor ser políticamente correcto que políticamente justo

 

¿Conciliación?

 

Y por eso nuestro maravilloso sistema lo que hace es que si papá quiere disfrutar de ejercer de padre es a costa de que la madre renuncie a parte de su derecho de ejercer de madre. O sea, una vez más alguien decidiendo hasta qué grado nuestro derecho es o no nuestro.
Y como siempre digo… así nos va…

Imagen destacada ©Maitena
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