¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

Hoy hemos desayunado con este titular de la entrevista a Samanta  Villar :

Samanta Villar- calidad de vida

Y como cada 2 x 3 surge el mismo debate de si ser madre es esa etapa idílica de realización completa para la mujer o una trampa de “veteasaberquién” ( para unos el patriarcado, para otros el capitalismo, la religión, o  cualquier grupo o estamento con poder e intereses) para engañarnos y someternos ( aún más) y cumplir nuestra función reproductora.

Como en todo debate hay gente en los extremos y otros, la mayoría, deambulando entre ambos, a veces más inclinados hacia uno u otro, dependiendo de la propia experiencia, de la propia vivencia.

Dejando a un lado que en el titular se busca llamar la atención y que, evidentemente, vende más uno polémico que sencillamente decir: “ser madre es agotador”, a mí me llama la atención la elección de los términos que hace Samanta en sus declaraciones.

¿Qué es la calidad de vida?

Quizás esa sería la primera pregunta a plantearnos. En mi caso necesito definir qué es exactamente la calidad de vida para evaluar si yo también la he perdido o no, que a lo mejor en mi caso estoy peor que antes y la oxitocina me tiene engañada…o el patriarcado.

Me pongo a buscar y encuentro que el término “calidad de vida” es (copio) :

un concepto  propio de la sociología, pero también forma parte del debate político o de las conversaciones cotidianas. Se entiende por calidad de vida el nivel de ingresos y comodidades de una persona, una familia o un colectivo. Esta definición es meramente orientativa, ya que la idea de calidad de vida está llena de matices”.

Leyendo eso es evidente que tener a cualquier persona dependiente a tu cargo hace que tu calidad de vida baje… algo así como la renta per cápita de un país con una tasa alta de desempleados.  Si yo ganaba 2000€ al mes  y estaba sola y ahora gano lo mismo  (suponiendo que sea de las afortunadas que siguen ganando su sueldo después, claro) y tengo 2 hijos a mi cargo… pues sí, evidentemente he perdido calidad de vida. Ahora tengo más gastos, menos dinero para mí y además menos tiempo para intentar ganar más dinero y alcanzar mi status anterior. Decididamente he perdido calidad de vida.

Pero ¿es esto así en realidad? ¿Realmente nuestra calidad de vida la medimos con una ecuación de ingresos y personas a repartir? ¿Será eso de lo que hablaba Samanta Villar en su entrevista?

Dejando a  un lado el sarcasmo, todos entendemos que la calidad de vida engloba muchas más cosas aparte del dinero, aunque es evidentemente una parte fundamental ya que otros conceptos asociados a ese concepto se consiguen con dinero:  ( sistema sanitario, educación, seguridad, vivienda, alimento, electricidad, ropa, etc…)
Esta es otra definición del concepto “calidad de vida” mucho más completa:

La calidad es el grado de bondad de las cosas en general. La calidad de vida designa las condiciones en que vive una persona que hacen que su existencia sea placentera y digna de ser vivida, o la llenen de aflicción. Es un concepto extremadamente subjetivo y muy vinculado a la sociedad en que el individuo existe y se desarrolla. En un ambiente rural, sin adelantos técnicos, donde las personas viven una vida más de acuerdo con la naturaleza y alejados del progreso, sentirán satisfechas sus necesidades con menores recursos materiales. En las modernas sociedades urbanas, un individuo se sentirá insatisfecho y con poca calidad de vida si no puede acceder a las innovaciones tecnológicas que lo dejan relegado del mundo globalizado y competitivo.

Hace no tanto tiempo tener hijos era la única forma de asegurarse la calidad de vida en el futuro. En una sociedad sin pensiones, ni seguridad social, eran los propios descendientes a los que se cuidaba en su primera etapa, los encargados después, de cuidarnos cuando no nos valiéramos por nosotros mismos. De ahí que en muchas culturas no poder tener hijos fuera una especie de lacra o maldición. En cierto sentido te hacía depender de la caridad de los demás miembros de tu familia o tu tribu.

Hoy no tenemos hijos para que nos mantengan el día de mañana, aunque no sé yo las vueltas que dará el mundo todavía… Pero es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El concepto calidad de vida es moldeado por la sociedad en la que se vive, por la situación social, política y económica. Y sobre todo es moldeado por nuestras propias creencias y expectativas.

Si yo me enfrento a la maternidad sin tener en cuenta que, ante todo, tener hijos no es un derecho ni una opción que se pueda hacer poniendo el foco en el interés del adulto, entonces de seguro mi reacción ante la situación me va a desbordar.

Ser madre ( padres)  es sobre todo un trabajo muy ingrato en nuestra sociedad. Los niños no son valorados por lo que son, se nos presentan como otro objeto de consumo más que tiene que cumplir unas expectativas para el consumidor.  Los bebés tienen que dormir mucho, solos, comer cuando les toca y sobre todo, no llorar. Tienen que dejar a sus padres tiempo de volver a sus productivas vidas cuanto antes, por supuesto, sin hacernos sentir culpables con su llanto al quedarse con extraños. Tienen que agradecernos que les hayamos tenido porque somos la causa de su existencia, y como tal, supeditados a nuestros deseos. Tienen que obedecer nuestras normas, por supuesto sin rechistar. Todo acto de queja se considera rebeldía máxima y, por tanto, merecedora de un castigo ejemplar.

Expectativas versus realidad

En ese contexto es normal que todas nos sintamos morir cuando comprobamos que expectativa y realidad chocan estrepitosamente.

Resulta que mi maravilloso bebé, tan bonito, me reclama más de lo que soy capaz de dar. Resulta que no sé por qué me siento incapaz de responder a sus demandas sin sentir que se me chupa la sangre. Resulta que he pasado de ser la persona que era a convertirme en un satélite que gira alrededor de las necesidades de un ser que ni siquiera habla. Necesidades tan poco excitantes como comer, estar limpio o sentirse seguro en brazos.  Resulta que yo puedo pasarme 21 días viviendo en la calle como una sin techo, fumando porros o trabajado en una mina  pero me resulta difícil aceptar mi nuevo rol de madre.

Mafalda. madreQuizás, y digo quizás porque yo no tengo las respuestas a cada situación particular, esté en que todo lo anterior lo considero valioso porque es mi trabajo, me realiza profesionalmente y sobre todo, me aporta dinero y reconocimiento. Pero ser madre no aporta ni lo uno ni lo otro. Y quizás porque todos los demás contratos de nuestra vida son temporales, con claúsula de salida (hasta inventamos el divorcio que anula la promesa de “hasta que la muerte nos separe”), menos este.
Somos mujeres educadas para SER ALGO en la vida. Por supuesto, ese “algo” se refiere a  algo más que ser madre. Nos ha tocado ser la generación que tiene claro que puede ser lo que quiera sin haber encontrado la fórmula para no renunciar a  nada, incluso a lo que  no sea tan productivo desde el punto económico y social.  En lugar de encontrar el modo de conciliar nos salimos por la tangente criticando a las que no concilian, bien porque trabajan y no cuidan, bien porque cuidan y no trabajan ( entendiendo “trabajo” como remunerado).

 

  • Nos criaron para no ser esclavas de los hijos, pero no nos explicaron que cuando te enamoras de tu bebé ( que no es sólo el hecho de tenerlo), el único lugar en el que quieres estar es al alcance de su mirada.
  • Nos criaron para correr y alcanzar nuestras metas profesionales, pero no nos explicaron que en esta carrera podemos tomarnos tiempos para hacer otras cosas, que a veces, nos interesarán más otras cosas.
  • Nos criaron para no sentirnos explotadas en casa, pero no nos explicaron que a la mayoría nos siguen explotando fuera de ella.
  • Nos criaron para saber que teníamos todos los derechos, pero no nos explicaron que algunos de esos derechos eran sólo deseos.
  • Ser madre no es un derecho, no es tampoco una obligación y nunca  ha de ser un castigo.
  • Ser madre debería ser una elección, como no serlo, tomada sabiendo todo lo que implica participar en la vida de otro ser humano a ese nivel.
  • Nadie influye más en la persona que somos que nuestra madre.
  • Nada nos deja tanta huella como la actitud de nuestra madre hacia nosotros.
  • Nada nos marca tanto como lo que nuestra madre siente que hemos sido para ella en su vida.

Quizás, y solo quizás, la mayor muestra de madurez  y altruismo de una mujer que es madre, sea tragarnos las palabras dichas en pleno agotamiento físico, mental y emocional y no arrojarlas a nuestros hijos como si ellos fueran los culpables de nuestra falta de conocimiento de la situación que hemos decidido vivir.  Porque, de hecho, no lo son.

Yo también a veces he deseado irme de mi vida un rato.
Yo también me siento sobrepasada y defraudada como mujer trabajadora con hijos por una sociedad  a la que aporto lo más valioso y no me da nada a cambio sino ostracismo social y profesional.
Yo también me siento sola con una carga que a veces se me hace muy pesada.
Pero yo soy la adulta, yo soy ahora la madre.

Y para acabar retomando la idea inicial del post, mi calidad de vida ahora es bastante mejor que antes de ser madre. Así que va a ser que no, que  la calidad de vida no se pierde por tener hijos,  igual que no se pierde por casarse o divorciarse, sino por cómo afronta cada uno sus  vivencias.
Y, por supuesto, la felicidad de una mujer no la da ser madre o no serlo. Ni siquiera desear algo y conseguirlo o no desearlo y aprender a vivir con ello. LA felicidad, imagino, es aprender a saborear los buenos momentos, no esperar que los demás sean responsables de hacernos felices y no culparles de nuestras frustraciones. Al final, creo, todo es cuestión de ACTITUD.

Nuestro fular te abrazará eternamente

Nuestro fular te abrazará eternamente

Este es el relato de una despedida amorosa. De cómo nuestros portabebés son mucho más que una herramienta para llevar a nuestros hijos. Gracias a Mónica y su familia por compartir con nosotros estos detalles íntimos de la despedida de su pequeña niña que no llegó a nacer viva.
Mi hija Maia falleció a las 18 semanas de gestación.
Tuve un parto respetado, poderoso, que nos permitió despedirnos.
Cuando tenía a mi hija sobre mi pecho llegó el mensaje de una amiga:
-“Me gustaría que tu peque usara uno de mis fulares”.
 
Abrazándote, hija mía, me imaginé llevándote en ese y otros tantos fulares, imaginé sentir el calor de tu abrazo.
Muchas gracias A. por tu ofrecimiento. No te imaginas en qué buen momento llegó, cuanto cariño y amor sentí. Recibí tu cariño, que tanto bien me hizo en ese momento. Esa es una de las magias del porteo, se puede regalar amor puro.
 
En algún momento después del parto pensé en que quería enterrar a mi hija envuelta en un portabebé, era la forma en que sentía que podía arroparla eternamente ya que mi pecho no iba a poder hacerlo.
Como mi hija V. tenía dos bandoleras pensé que podía utilizar una de ellas para envolver a Maia. Cogí una de ellas y la apreté contra mi pecho toda la tarde para impregnarla de mí, para llenarla de todo el amor que no iba a poder darle. Creo que la fuerza con la que me apretaba el pecho y el calor de la tela me ayudaron a pasar aquella tarde, a sentir que estaba haciendo algo por mi hija.
Finalmente V. me dijo que no quería desprenderse de esa bandolera. Entonces el papá me pidio emocionado utilizar el fular elástico, nuestro primer portabebé, que tanto habíamos usado con nuestra primera hija. Así también envolverían sus abrazos a nuestra pequeña.
Y así lo hicimos. Envolvimos su pequeño cuerpecito en aquel fular que tanto amor llevaba en sus fibras para que tuviera nuestro abrazo eterno.
Cuando hablo sobre porteo, digo:
 
No sé de forma consciente lo que sufre un bebé separado de su madre, pero sí sé lo que duelen los brazos y el regazo de una madre sin el abrazo de su hija.
Por favor, llevadlos cerquita.”

Mónica de la Fuente García

Cuando la crianza natural se vuelve antinatural

Cuando la crianza natural se vuelve antinatural

Dice un refrán : “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
Todos sabemos que el refranero popular, no siempre, pero muchas veces, recoge la sabiduría popular y la experiencia. En ese caso hay mucha verdad detrás de esas palabras.

En el mundo de la maternidad desde hace unos años cada vez hay más familias queriendo criar a sus hijos no a golpe de métodos y directrices sino de instinto y respeto. Esto no es nuevo. Básicamente cualquier cultura que tenía un mínimo nivel de paz, trataba con respeto a sus integrantes, sobre todo a quienes más lo necesitaban, niños, ancianos y/o enfermos.

atachement parentingTras unas siglos complicados en la historia humana y, sobre todo, tras un cambio brutal de paradigma en el S.XX con respecto a todo lo anterior, se impuso un nuevo modelo de criar, sin criar, es decir, empezó a diluirse el significado original del término “criar” cuando empezó s sustituirse todo lo normal en la crianza, por otros modelos artificiales. Y como suele suceder, cuando lo normal, o lo natural, no es la norma, entonces “otra cosa” ocupa su lugar. En este caso fue el imponer pautas, métodos, horarios, restricciones, prohibiciones, castigos y demás a algo que hasta el momento era mucho más sencillo y fluido.

Cuando en este mundo occidental nuestro, edificado sobre el capitalismo y totalmente adultocéntrico, empiezan a aparecer voces llamando la atención a que quizás lo “normal” ( por haberse establecido como norma) no era lo natural y que estábamos empezando a pagar el precio de nuestra “no crianza” a los hijos, hubo que buscar otra denominación para marcar la diferencia cn lo que se esta haciendo.

En ese contexto encontramos  el “concepto del continuum de Jean Liedloff  o el concepto “atachement parenting” acuñado por los Sears, que fueron  el germen de toda una corriente de cambio en la forma de ver y afrontar el hecho de tener y criar hijos.
De ese punto de partida surgieron todo tipo de movimientos con más o menos cosas en común como Natural Parents  o usando el mismo término que los Sears acuñaron, organizaciones como Attachement Parenting International.
Estas corrientes fueron integradas a nuestro idioma con términos como “crianza con apego”, “crianza natural”, “crianza respetuosa”, “crianza consciente”, etc…
Estos términos no dejan de ser etiquetas que utilizamos para identificar una serie de creencias y principios que  tomamos en cuenta en nuestra vida. Era como una marca identificativa de ser “del otro lado”, una forma de nadar contra la corriente habitual, o como alguna vez hemos dicho: salirse de Matrix.

 

Este proceso de conectar con las necesidades de los bebés y niños y las nuestras propias como madres y padres es algo que debería venir “de serie” en  una especie como la humana que necesita tanto de la crianza para su supervivencia y calidad de vida.

 

Pero al no ser así, que haya padres que lo hacen y otros que no lo hacen o lo hacen en menor medida, lo que crea es una especie de brecha entre padres o entre estilos de crianza.
De ese modo es frecuente observar, sobre todo en los medios, en los que no se filtra el mensaje, las típicas peleas entre familias pro Estivill y familias pro “el que corresponda”, entre madres de teta y biberón, parto respetado o intervenido, familias que portean y las que no,etc.

coheteSuelo comentar que ese afán de juzgar al de enfrente es una reacción normal durante un tiempo, para aquellos que salen de la mayoría hacia la minoría. Del mismo modo que  un cohete necesita contrarrestar la fuerza de atracción de la Tierra  con una lanzadera, que lo aleje con mucha potencia, ese afán por demostrar “lo bien que lo hacemos y lo equivocado que está el resto” es necesario en una primera etapa para no perecer ante tanto comentario intensivo sobre cómo y por qué no hacemos lo que todo el mundo hace.
Pero una vez en órbita, el cohete ha de soltar la lanzadera o será incontrolable. Del mismo modo, una vez pasada la euforia inicial de ir viendo todo lo que los demás no hacen como “debería ser”, cualquier adulto con sentido común entiende que su misión en la vida no es juzgar al prójimo, sobre todo en un aspecto como la crianza de los hijos.   O corremos el riesgo de ser de ese tipo de gente que se coloca la etiqueta de “crianza natural” como si fuera suya, haciendo bandera del respeto a sus hijos, a darles teta, a llevarles en brazos, dormir con ellos, no castigarles, no ejercer violencia ni siquiera verbal… y luego resulta que toda ese afán de control, frustración o  ira que no descargan sobre sus hijos ( como debe ser ) la descargan contra el prójimo.

Yo no es que me haya encontrado en el mundo de la crianza natural gente “peor” que en el otro lado, porque gente mala hay en todos lados. Lo que pasa es que choca mucho que alguien predique algo y vaya dando muestras en su vida de justo lo opuesto. Habría que explicar a estas personas que criar a un hijo  no implica sólo atender sus necesidades físicas y emocionales, sino también las sociales.

©JugaryColorear

©JugaryColorear

Criar hijos sin enseñarles, por ejemplo, a respetar las normas sociales de su comunidad, que el respeto es bidireccional, de la gente a ellos y de ellos a los demás, que no le hacemos a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, y sobre todo, que sus padres, SON  o INTENTAN SER BUENAS PERSONAS, es hacerles daño a sabiendas. Nadie quiere tratar con gente irrespetuosa y si no enseñamos el respeto de palabra, de acción y con el ejemplo, nuestros hijos no serán personas con una vida emocional  y social sana y rica.

Porque cuando los niños son pequeños quizás sólo necesitan de nuestro tiempo y nuestro cuerpo, pero a medida que crecen, criar es enseñarles a ser buenas personas. Eso va a ser un mejor fundamento para su vida que haber tomado teta 10 años. Y es difícil enseñar valores si no los tenemos. Nuestros hijos, al final, serán nuestros jueces. Llegará el día en que escuchen lo que hablamos, vena cómo nos comportamos y lean lo que escribimos. Ojalá que no se den cuenta que su madre y/o padre que tanto hablaba del respeto y la crianza natural, era luego una mala persona que solo sabía criticar y descalificar, a veces, incluso injuriar al prójimo.

Si además, nuestra vida profesional está ligada a este sector, razón de más para ser personas honestas y éticas.  Y eso va más allá de pagar impuestos y no cobrar de más a nuestros clientes.
En el mundo de la crianza natural me he encontrado muchas personas “antinaturales”, “nada respetuosas” y “conscientes sólo de mirar la paja en el ojo ajeno”.

Por ese motivo, cuando imparto formación a mujeres que quieren ser profesionales, sea del mundo de la maternidad o de cualquier otro, aparte de la formación específica de la materia que quieren aprender, intento recalcar que no sólo importa lo que hacemos, sino “Cómo” lo hacemos.

  • *No te aproveches del trabajo ajeno
  • *No vayas por la vida acumulando enemigos
  • *Preocúpate de crear no de criticar y luego copiar
  • *No participes y/o colabores  del robo o plagio del trabajo de otros
  • *Sé exquisito en tu trato con tus clientes.
  • *No  vendas lo que tú quieres, sino lo que ellos necesiten
  • *No mientas en tu beneficio
  • *Sé consecuente, o inténtalo
  • *Si alguien es mejor que tú en algo, intenta aprender, no te dediques a criticarle y difamarle
  • *Enfócate en tus clientes, no en tu competencia
  • *Aprende a colaborar y a establecer sinergias
  • *Asegúrate que tus prácticas habituales son respetuosas y no mafiosas y amenazantes
  • *Cúrate el complejo de Mesías, no te va a hacer bien ni a ti ni a tus clientes
  • *No pretendas apropiarte de conceptos universales ( no sólo es poco ético e incluso ilegal, es ridículo)
  • *Pregúntate qué reputación tienes en tu sector y analiza por qué
  • *Ten muchos amigos, buenas personas y buenos profesionales con los que relacionarte y colaborar
  • *Ten por costumbre alegrarte de los éxitos ajenos y reconocer el trabajo que otros hacen bien
  • *Aprende a ser feliz. La gente feliz dedica menos tiempo (o ninguno) a amargarle la vida a los demás
  • *Sé el tipo de persona que salga airoso de la auditoría que la vida y aquéllos a quienes más quieres te harán sin duda alguna.

Si de verdad quieres vivir de acuerdo a la crianza natural, te darás cuenta de que no necesitas etiquetas a las que aferrarte. Porque cuanto más las necesitas para justificarte, más lejos estás de lo que buscas.

 

crianza natural

 

¿ Qué es lo mejor?

¿ Qué es lo mejor?

“No aspires a hacerlo un poco mejor, aspira a hacer lo óptimo”

Esa frase es una de las que siempre tengo en mente la hacer mi trabajo,  una de las que más utilizo, adaptándola, cuando hablo con las familias o cuando imparto formación.
Las madres ( y padres) queremos lo mejor para nuestros hijos. Nos pasamos la maternidad creyendo que nuestra misión en la vida es buscar lo mejor y dárselo. Así, cuando encontramos a alguien experto en una de las materias relacionadas con el cuidado de nuestros peques, siempre le preguntamos lo mismo:

  • ¿Qué es mejor para él?
  • ¿Cuál es el mejor portabebés?
  • ¿El mejor nudo?
  • ¿El mejor pañal?
  • ¿La mejor forma de amamantar?
  • ¿El mejor biberón?
  • ¿La mejor guardería?
  • ¿La mejor pediatra?

Hasta el infinito…

¿Qué pasa cuando crecen?

Crecerán nuestros bebés y crecerá nuestra experiencia, pero no siempre nuestra confianza y seguiremos preguntando :

-¿Cuál es el mejor cole, el mejor dentista, la mejor actividad extraescolar, el mejor hotel para irnos de vacaciones, etc.?

No es malo pregunta, lo mal es que seguimos preguntando mal.

Cuestión de Responsabilidad

Seguimos sin entender que pedirle a otro que nos dé la respuesta a cuál es la mejor mochila o el mejor biberón o la mejor forma de dormir a nuestro hijo, lo que en realidad evidencia es nuestra falta de responsabilidad.
No quiero decir que los padres que preguntamos somos irresponsables, sino que  al preguntar así, estamos dejando de ejercer nuestro trabajo principal que es tomar decisiones y asumir responsabilidades.

  • No es lo mismo preguntar las diferencias entre sistemas de porteo y decidir, que preguntar qué  mochila es mejor
  • No es lo mismo preguntar las consecuencias de utilizar un sistema de crianza y otro y decidir, que preguntar qué es mejor hacer.
  • No es lo mismo indagar cómo se trata a los bebés en las guarderías de la zona para ver cuáles casan con nuestra propia filosofía y decidir, que preguntar a otro cuál es la mejor.

Porque cuando alguien cataloga algo de “mejor” invariablemente está usando su propia escala de valores, su propia medida. Y juzga en base a ellas y a sus propias circunstancias, a sus propias vivencias y creencias.
No conozco dos familias que piensen igual en todo ni que tengan las mismas necesidades, del mismo modo que no conozco dos bebés iguales, aunque tengan el mismo peso, talla  y edad.
Delegar la toma de decisiones, que va intrínsecamente ligado a  ser el adulto responsable de un menor, en otra persona, por mucho que esa persona sepa de la materia, es irresponsable.
No quiero decir que la formación y la experiencia no sirva de nada, ni quiero decir que los profesionales no hagamos nuestro trabajo. Quiero decir que una cosa es ofrecer información objetiva y  otra cosa es decidir por el caso particular.

Yo puedo saber mucho de porteo, pero si una madre me pregunta qué portabebés es el mejor y yo le doy una respuesta tipo “este portabebés”, no sólo estoy demostrando muy poca profesionalidad, sino que estoy cosificando  a ese bebé y su familia al no tener en cuenta ninguna de sus características particulares.
No hay un portabebés mejor porque hay tantas realidades como personas y  hay tantas dinámicas familiares, culturales, sociales, físicas y emocionales que sería imposible que todas coincidieran en una sola respuesta.

¿Es malo preguntar a profesionales?

Entonces, ¿de qué sirve nuestra formación y experiencia?,¿significa esto que no podemos responder a las familias que nos consultan?
NO. Significa que precisamente nuestra formación y experiencia sirven para explicarle a las familias que la meta no es encontrar “el mejor” nada, sino aspirar a lo óptimo en cada caso.
Suelo decirle a las familias que mi trabajo tanto en el porteo, como en la lactancia, y la crianza, es explicarles “lo óptimo”, lo que el bebé o niño necesita y espera y que es su trabajo aspirar a ello, teniendo en cuenta que cada familia llegará al punto que pueda y quiera.
Si yo te digo que “esto es lo mejor”, te quedas aquí, en este punto. Si te digo qué es lo óptimo a lo que aspirar, llegarás mucho más lejos. Porque la maternidad no es algo estático, no son metas concretas que alcanzar, es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.

[Tweet ” La maternidad no son metas concretas que alcanzar. Es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.”]

El término “mejor”

Hace muchos años desterré de mi vocabulario el concepto “mejor” y nunca me oiréis decir “la lactancia es lo mejor”, o “este portabebés es el mejor”.

Si una madre me llega dando lactancia mixta no presupongo que lo mejor es que intente la lactancia exclusiva, porque si algo sé es que muchas veces lo óptimo en esa díada madre-bebé es el equilibrio que la lactancia mixta permite a esa madre, la red de seguridad que la madre necesita para poder amamantar de forma segura.

Por supuesto en otros casos sí  será lo óptimo recuperar la lactancia exclusiva, pero no siempre sabemos qué caso es cada cual de primeras. No lo sé yo y muchas veces no lo sabe tampoco la propia madre.

La necesidad de juzgar, de etiquetar, de medir y evaluar es muy difícil de eliminar de nuestra vida. Sobre todo del rol de madre sometido constantemente a juicio, el propio y el de casi todos los demás. Ese estar constantemente en la palestra, teniendo que demostrar lo buenas madres que somos tiene como único resultado madres cada vez más inseguras, más frustradas, más infelices. Hasta el punto de irnos al extremo  de hacer apología de ser mala madre, por muy envuelto en humor que lo hagamos,  como si de ese modo reivindicáramos nuestro derecho a no tener que cumplir los objetivos de todo el que se cree con derecho a imponérnoslos. Si entramos en el juego de poner etiquetas: “mejor, buena, mala…” estamos jugando al mismo indecente juego.
Un juego en el que todas perdemos. Tanto, que lo siguiente es llegar a sentirnos arrepentidas, ya no de ser madres, sino de tener hijos, que parece lo mismo pero no lo es.

Quizás si dejamos de poner la medida fuera, si dejamos de preguntar a otros, si dejamos de buscar “la mejor forma” de ser y estar en este y otros roles.  Si empezamos a preguntar con inteligencia y a pensar por nosotras mismas con la información obtenida. Si dejamos de leer libros y miramos más a nuestros hijos y les escuchamos un poco más, con más atención, nos daremos cuenta que muchas de las respuestas no las tienen otros, sino nosotros mismos, nosotras y nuestros hijos.
Mis alumnas siempre me oyen decir que cuando una asesora recibe una pregunta se sabe el tipo de profesional que es por la respuesta:

Una profesional mediocre responde siempre a las preguntas que le hacen.
Una profesional responsable y bien formada no responde, hace más preguntas.

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Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

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¿Cómo introducir un nuevo portabebés en el mercado y cómo NO hacerlo?

¿Cómo introducir un nuevo portabebés en el mercado y cómo NO hacerlo?

logo red canguroLa abuela cebolleta que hay dentro de mí os contaría cómo hace 11 años en España conocíamos apenas 5 marcas de fulares, menos de bandoleras y los primeros mei tais que se veían los comprábamos en eBay en Estados Unidos.

En sólo una década y gracias al trabajo de forma colectiva,  de asociaciones como Red Canguro, a título individual con cada vez más familias porteando y con empresas de diferentes ámbitos del sector ( fabricantes, marcas, tiendas, asesoras y Escuelas de Porteo) hoy resulta casi imposible conocer  a fondo todas las marcas y  productos que se comercializan.

 

Esto tiene como positivo que a mayor oferta mayor demanda. Es decir, cuantos más portabebés se ofrezcan, más se compran y más se usan. Cuanto más se usan, más se ven, más se conocen y más se demandan. Es un círculo virtuoso. Todos ganamos.

Pero la parte menos positiva es que entre tanto portabebés nuevo y ante un mercado creciente también aumenta la oferta de productos “no tan buenos”.
Ya he escrito en otras ocasiones que la responsabilidad de saber escoger recae en última instancia en el consumidor.

Como padres, antes de escoger un sistema de porteo, deberíamos informarnos de fuentes fiables, para que no nos den gato por liebre, o lo que es lo mismo, para que no nos vendan portabebés ergonómico, por uno que no lo es ( por mucho que lo anuncie así quien lo fabrica, lo distribuye, lo vende o lo usa), o para que sepamos usar el que sí lo es de forma adecudada: recordemos que la seguridad  y el confort no lo dan sólo el modelo elegido sino la forma correcta de uso.

Al final del artículo tenéis algunos enlaces interesantes sobre el tema.

A las marcas

Hoy quiero hablarle a las marcas. A los que fabrican, distribuyen, representan o venden portabebés , “sistemas de porteo” o “accesorios para el contacto”.
Sé que no es fácil hacerse un hueco con un producto nuevo y sobre todo, que no es fácil ganarse la confianza de padres y profesionales del sector. Pero hay cosas que sí se pueden hacer  para introducir tu producto de la forma correcta y otras que precisamente logran el efecto contrario.

Algunas  marcas invierten grandes cantidades de dinero en contratar publicidad. De este modo vemos su producto anunciado en las grandes tiendas de puericultura, en revistas del sector, en ferias, congresos y seminarios relacionados con la infancia… Saben que la publicidad funciona y no escatiman en ello. Muchas de ellas, además, saben que tener el sello de alguien con “autoridad” ante los  padres les da muchísima ventaja y por ello contratan a “expertos” que alaben las bondades de su producto.

Imagen de usbmodels.es

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Esta práctica es sin duda efectiva, es decir, venden mucho. Lo malo es cuando el producto no se corresponde con las expectativas que genera o que anuncia y entonces sufren también la publicidad negativa de comentarios por parte de usuarios experimentados y profesionales independientes que critican los aspectos negativos del producto. Digamos que a las marcas les sigue saliendo rentable porque aunque aumenta su masa crítica entre las familias con experiencia en el porteo, ellos se dirigen sobre todo a los nuevos padres, sin experiencia previa, que se fían de la reputación de la marca, de su presencia en las principales tiendas y del “aval” de profesionales de la medicina ( aunque no sepan específicamente de porteo).

Otras marcas más “modestas” no teniendo presupuestos para grandes campañas, se dedican a hacer su propia campaña en el nicho donde se mueven.

Quienes frecuentamos foros y grupos de porteo, sufrimos casi a diario la irrupción de estas fabricantes, distribuidoras, vendedoras, agentes o amigas de la marca, haciendo lo que yo llamo “un Umbral”, o sea, publicitando su producto incluso cuando las normas prohiben la publicidad,  o respondiendo en casi cada hilo que se abre derivando la conversación hacia su propia marca. Esto es SPAM en toda regla.

Por todo esto, querido/a amigo/a fabricante, distribuidor-a, vendedor-a o representante de la marca o producto, déjame darte algunos consejos para introducir tu producto en el mercado:

  • Si quieres hacer publicidad contrátala en los canales adecuados y,  por supuesto, págala.
  • Que tu marca o producto se asocie a una mala praxis (SPAM)  es totalmente negativo para tu producto, para tu imagen de marca y para ti como “supuesta” profesional del sector
  • No bombardees con tu monotema en grupos donde no se permite la publicidad
  • No bombardees con tu monotema en grupos donde se permite la publicidad (te aseguro que no hay nada más cansino)
  • No bombardees con mensajes privados a la administración de un grupo quejándote de que  “te tratan mal” sólo porque no hablan bien de tu producto.
  • No critiques el trabajo de quienes de forma voluntaria invierten su tiempo en aumentar la cultura del porteo. Es decir, en aquellas personas que hacen posible que exista un nicho de mercado para tu producto.

 

Si quieres introducir de la forma correcta tu producto y que se  hable bien de él en foros  de profesionales y/o de expertos:

  • Asegúrate de que tu producto es bueno
  • Asegúrate de que tu producto es seguro
  • Asegúrate de que tu producto explica con claridad y veracidad qué es, cómo y para qué debe usarse
  • Si es necesario contrata una Consultora de Porteo independiente  para que te haga un análisis del producto y te digo si hay cosas que debes mejorar o modificar tanto en el diseño, la presentación o las instrucciones de uso.
  • No pretendas que te hagan la review gratis
  • No pretendas que paguen por tu producto para probarlo y darte su opinión profesional
  • No pretendas que hablen bien de él sólo porque tú crees que es lo mejor del mercado
  • No pretendas que le guste a quien no le gusta y que no puedan dar su opinión
  • Cuando alguien dice que un producto no le gusta recuerda que está en su derecho a expresarse así
  • Las opiniones negativas sobre un producto no se contrarrestan atacando a quienes la emiten
  • Sé abierto a escuchar las críticas y analiza si hay algo en ellas que puede ayudarte a mejorar en tu producto y en tu trabajo.
  • Ten presente que en un mundo cada vez más conectado entre sí, la mayoría de las personas preguntan por la experiencia que han tenido otros con el producto o la marca. Créeme que no es buena idea ir sembrando cadáveres en un mundo tan pequeño como el nuestro.
  • Y, por último, recuerda que hay dos formas de plantearse el trabajo: construyendo o demoliendo. Tú eliges.

Nohemí Hervada
Escuela de Porteo Mimos y Teta
Consultora de Porteo para marcas y empresas

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Congreso Lacta21

Congreso Lacta21

Como os prometí ahí va mi resumen de LActa21.
De este congreso me traigo muchas cosas. No sólo información, sino experiencias vitales. De gente trabajando en la misma onda, de gente con ganas de aprender, de cambiar cosas, de escuchar otras voces.

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Cuando acudes a un evento de este tipo te das cuenta de cuánta necesidad hay aún de información y de formación.

logo lacta21Empezando por los talleres del jueves, es patente que aún hay mucho desconocimiento de cosas tan básicas para algunas de nosotros como es el correcto inicio de la lactancia.

Gracias a proyectos como estos profesionales se pueden beneficiar de la experiencia de años de otras personas, de escuchar abordajes de la lactancia desde diferentes ópticas.

 

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Un Congreso que ha querido integrar a todos los colectivos que tienen algo que decir sobre este tema, incluyendo, por supuesto,  la experiencia de las madres desde sus distintos roles: madres lactantes, madres en grupos de madres, asesoras, formadoras, IBCLCs, profesionales de la salud, investigadores, etc.
Como escribí en Facebook:

lacta21

 

Ojalá un día todos los que soñamos con el cambio rememos a una, del modo que sea, en el mismo barco o distinto, pensando igual o diferente, con más o menos afinidad pero a una, en una misma dirección, con un mismo objetivo. Y sobre todo con respeto, respeto por lo que nos une y también por lo que nos diferencia, porque no se puede pedir respeto y apoyo a la lactancia desde un lugar distinto al respeto que nosotros mismos manifestemos.

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Y para acabar os dejo con el congreso en imágenes recordandoos que en mi muro de Facebook fui poniendo parte del contenido que íbamos escuchando de algunas de las ponencias.

 

 

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

Este Blog lleva ya unos 8 años abierto. Tiene más de 1000 entradas, la mayoría de ellos de contenido propio. Ha ido creciendo y cambiando, como yo misma, al ritmo de mi propia maternidad. Cuando lo empecé aún no existía Madresfera, ni las Malas Madres ni las Madres cabreadas ni todos esos movimientos de la blogosfera maternal. Eso hizo que fuera relativamente fácil que las personas interesadas en los temas que escribía llegaran al blog y me leyeran. Cientos de suscriptores que leían cada cosa que se publicaba, que comentaban y compartían.

Hoy tenemos tanta cantidad de información disponible para leer que ya casi no leemos. Como cuando vas a un buffet libre y hay tanta oferta que te sirves de 30 platos diferentes, de los cuales algunos ni llegas a probar.  Eso ocurre hoy con toda la información que nos bombardea. A veces no pasamos del título y, si lo hacemos, en vez de leer escaneamos.

Que haya tanta  cantidad de información disponible  ha facilitado que temas que antes era difícil encontrar ahora estén disponibles para casi todo el mundo. Eso es bueno.
Pero  que haya tanta cantidad de información disponible también hace que sea muy difícil filtrar la información buena de la información basura. Eso no es tan bueno.

Como en el buffet, no todo lo que tiene buena pinta es sano y nutritivo. Platos  que nos entran por los ojos pero contienen exceso de  grasa o azúcar, que consiguen calmar el ansia de tragar pero aportan poco a nuestro organismo.  Así pasa con el exceso de información y canales que nos rodean. No todos aportan contenido original, provechoso o bien escrito. A veces contienen directamente basura disfrazada de comida u opiniones disfrazadas de evidencia.

Triunfan los blogs maternales que nos cuentan peripecias de madres  más o menos divertidas o que nos explican cómo decorar las habitaciones de nuestros peques ( los míos usan su cuarto sólo como almacén de juguetes,  menos mal que no me esmeré mucho en prepararlo) o aquéllos que nos nos enseñan qué complementos usar para ser una madre pluscuamperfecta o pluscuaimperfecta, que se lleva ahora más.

Por supuesto tienen su espacio y su público visto cómo triunfan, pero  a algunas no nos aportan demasiado. Es como esas tartas de fondant tan monísimas y vistosas que cuando las vas a comer te decepcionan porque a ti realmente no te gusta la pasta de azúcar, sino un simple bizcocho esponjoso con nata.

Portada1Por otro lado están los blogs “Google Maps”, aquéllos que prometen llevarte a donde quieres,  a ser posible escritos por expertos que nos enseñan a ser madres y nos dirigen todo aspecto de esta etapa. No hace falta que lo escriban madres, para qué, si la maternidad cada vez  está más subcontratada.  Cualquiera con algún título profesional cuyo ámbito de trabajo afecte a madres o niños os propondrá una “guía maestra” para criar hijos. Psicólogas conductistas, pediatras mediáticos, nutricionistas fashion, ex deportistas ex drogadictos, coachs de todos los colores, famosas de más o menos categoría… todos estos nos llevarán de la mano por el maravilloso mundo de sentirnos completamente inútiles sin sus consejos.
En este terreno no parece muy inteligente publicar un libro que plantea más preguntas que  respuestas, sin el aval de un título “oficial” para hablar de maternidad, más el que me otorgan mis propios hijos. Con textos que, además, han sido ya en gran parte, publicados antes en mis blogs.  Pero a pesar de todo, quería publicar este  libro.
He tardado porque llevo años posponiendo lo importante para hacer lo urgente.
He tardado porque me cuesta mucho escribir y no compartir lo que escribo.
He tardado porque en algún momento pensé que quién iba a pagar por leerme cuando puede leerme a diario gratis en mis blogs y redes.

Pero decidí publicarlo y aquí está.
Porque es algo más que una recopilación revisada de algunos de los textos que he escrito en estos años.
Porque es la prueba tangible de que cuando quieres comunicarte, lo que tienes que hacer es lanzar tus palabras al mundo.
Porque es un sueño cumplido desde que empecé a escribir.
Porque me gustaría que las madres de una vez miráramos más para adentro al ser madres y menos hacia fuera, hacia lo que hacen otras.
Porque empoderar la maternidad es respetarla y no tratarla como una etapa idiotizante de la vida de las mujeres.

Yo quería un libro que recogiera la forma en la que yo vivo ciertos temas. Una recopilación de temas incómodos pero necesarios.
Una colección de historias que nos parecen “de otros” hasta que empiezas a leer y te das cuenta de que también hay parte de ti en ellos.

Este libro habla de las lactancias que no se logran, de las madres que no tienen tribu, de los miedos que nos paralizan, de los desencuentros con la pareja cuando llegan los hijos, del deseo sexual o la falta de él de las madres y sus parejas, de las violencias que sufrimos y no vemos, de las medallas que otros se cuelgan y son nuestras, de las renuncias al ser madre, del miedo a quedarnos solas por no negociar con el amor a nuestros hijos, de la competencia entre mujeres y madres, de cómo cargamos a nuestros hijos con nuestras mochilas sin ser conscientes de ello siquiera,  de las dinámicas familiares tóxicas que arrastramos, de abortos, del dolor de no parirlos o del dolor de parirlos no vivos.

He escrito sobre los temas que quiero hablar con mis hijos, de los que hablaría con mis hermanas y cuñadas, con las madres que me escriben…
He escrito porque no puedo no escribir.
Ojalá este trozo de mí   y de muchas otras madres, escrito, como comento en la introducción, con sangre, sudor y leche, te remueva.

Sólo desde ese lugar podemos avanzar y soñar con más Maternidades sin tabúes.

PromoLibro-2

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ENLACES DE INTERÉS

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El duelo de las que acompañamos madres

El duelo de las que acompañamos madres

Recuerdo el dia que me enteré que mi bebé no estaba vivo. Nada más salir de la consulta de la tocóloga, llorando y aún intentando asimilar lo que estaba pasando, vi a un par de madres sentadas en la sala de espera, acariciándose sus ya enormes barrigas y decidí ponerme mis gafas de sol para que no vieran  en mi rostro la cara de la muerte. Esas muertes que siempre les pasa a otras.

He comentado muchas veces con compañeras y alumnas  esta reacción mía en un momento en el que debía estar aún en estado de shock.  Parece una reacción extraña sacar algo de lucidez y preocuparse de otras personas, de extrañas, cuando en realidad tu cabeza sólo gira alrededor de esas tres odiosas palabras que te aplastan cada vez un poco más hacia abajo, hasta que sólo quieres desaparecer entre el polvo del suelo.

No es una reacción tan extraña cuando tu trabajo es como el mío.

Ser asesora de maternidad, Asesora Continuum, no es lo que hago, ES LO QUE SOY. Va más allá de la empatía natural de una persona hacia otra en su misma situación.
Ser madre, a muchas personas ( no a todas), les hace empatizar con  otras madres con las que comparten intereses y experiencias.

Dedicarte al acompañamiento  y/o asesoramiento maternal es ampliar tu radar emocional, es ser consciente de muchas necesidades, de las que te son familiares y de otras desconocidas, es comprender que cada situación personal es un complejo entramado único al que hay que acercarse con mucha capacidad de escucha, con una enorme dosis de respeto y con una gran capacidad de autocontrol para amarrar el ego y las ganas de juzgar.

Cuando esa es tu forma de vivir tu trabajo y de repente vives en primera persona eso que antes sólo habías leído y escuchado (que no oído), entonces tu duelo es un duelo peculiar.

Hacer un duelo acompañando la vida

dueloSeguramente sabréis o hayáis leído que una madre que ha perdido a su bebé quiera evitar, durante algún tiempo al menos, todo el contacto que pueda con embarazadas, bebés y niños. Este es un comportamiento totalmente normal, nada patológico y no tiene que ver con ninguna emoción indeseable. Esa madre no se ha convertido en una mala persona, ni se ha vuelto huraña ni  envidiosa: sencillamente aún llora por su no-maternidad y en determinados momentos resulta insoportable ver de cerca las sí-maternidades del resto del mundo.
En este contexto, les decimos a las madres que no se angustien, que a medida que vayan incorporando a su nueva vida aspectos de su vida anterior, se irán asentando las emociones. Volver a salir de casa al cabo de unos días, ocuparse de las tareas cotidianas al cabo de un tiempo, volver al trabajo llegado el momento,  son pasos que indican movimiento, movimiento que poco a poco nos traerá el equilibrio a medida que aumente la confianza y, como consecuencia, la velocidad necesaria.
Pero cuando tu rutina y tu trabajo incluye la convivencia diaria con madres, muchas sienten que en vez de un paso adelante se les obliga a dar un salto al vacío.
No sé si las que no estéis en esta situación podéis imaginar el torbellino de emociones de enfrentarte a trabajar  con madres, con padres, con familias llenas de vida, con bebés que besar, acariciar y nutrir, cuando tú, en ese aspecto, te sientes llena de muerte,   con un cuerpo que aún te demanda ese otro cuerpo al que besar, acariciar y nutrir y sólo puedes darle vacío y lágrimas.

Antes os decía que al comentar mi reacción al perder a Altair y mi vuelta al “trabajo” relativamente precoz, algunas personas me preguntaban que cómo pude hacerlo sin derrumbarme. Ante todo quiero dejar claro que no hay reacciones correctas y reacciones incorrectas, sólo hay emociones, todas válidas -incluidas las que calificamos de negativas- y distintas posibilidades  para afrontarlas.

En mi caso no me suponía sufrimiento añadido estar rodeada de madres embarazadas, madres puérperas, bebés y niños.  No todas lo viven igual. Para algunas supone demasiado  que todo gire en torno a palabras, cosas y actividades que  recuerdan la realidad no deseada. Todo está bien, no hay un ritmo único ni un proceso único. No hay una forma válida ni una medida estándar. Lo importante es darse el tiempo que se necesita, escucharse y no añadirse más carga de culpa. juicio o remordimiento. Debemos recordar que ahora nosotras somos “ellas” y  permitirnos ser dolientes un poco más de tiempo si es necesario.
No voy a negaros que en alguna ocasión lloré escuchando algún relato de parto o mirando a los ojos a alguna madre en la que veía compasión hacia mí y mi situación, pero la mayoría de las veces, el rodearme de vida me hacía sentir aún más gratitud por  el enorme privilegio que tenemos y a menudo damos por sentado.

El mejor bálsamo junto con el tiempo

El amor ha sido siempre lo que me ha mantenido a flote cuando mi barco zozobraba. Tener un ancla no te evita los zarandeos que te dan las olas, pero te mantiene alrededor de tu centro, evita que te pierdas.  No creo que haya mayor ancla a la vida que sentir amor: amor por los hijos, los nacidos y los que no lo lograron, amor por las personas que te rodean, amor por mi trabajo y amor por mí misma y mi propia capacidad de sentir amor.

Sin duda es un desafío dar ese paso de volver a escuchar historias de madres cuando aún tienes ganas de llorar a cada instante. Pero si eres capaz de darlo, si consigues ampliar ese radar y ver más allá de tu dolor, verás que muchas veces, créeme que muchas más de lo que piensas, recibes más de lo que das. Ese es otro de los milagros de nuestro trabajo: cuando ofreces confianza y sostén, recibes confianza y sostén de vuelta.

Al final del día, al final del camino, no es que no te duela tu dolor,  pero pesa algo menos y ahora en el lugar de esa carga pesada, ahora hay más empatía y más sabiduría para seguir caminando y seguir acompañando

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PD: Dedicado a todas las mujeres que se sienten identificadas al leer mis palabras. En especial a L.O.

(Imágenes  CC0 Public Domain)