Partos programados

Partos programados

Vas a llevar a tu hijo al colegio, con tu pequeño en brazos, a la teta y no puedes evitar oír la conversación que tienen otras madres cerca de ti.

“Esto de los partos programados es una maravilla. Vas ahí ya el día que te dicen. ¡Es el futuro!”

Son madres, como tú. Viven en tu barrio. Tienen más o menos tu mismo nivel socioeconómico. Probablemente el mismo nivel educativo. Son mujeres de tu misma edad. Han vivido en la misma época que tú. Se han enfrentado a prácticamente las mismas experiencias. Nacieron y se criaron más o menos en el mismo entorno social y cultural.
Son como tú.

Pero tú oyes esa frase y algo se te revuelve por dentro.
Miras a tu bebé y lo abrazas. Recuerda quizás, la cicatriz de tu primera cesárea y lloras. Quizás lloras sólo por dentro, sólo para ti, pero lloras.

EN ese momento lloras por ti, por tu parto que no fue, por tu cicatriz que es algo más que una línea marcada en tu cuerpo. Lloras por todo lo que lloraste después. Lloras porque te sentiste culpable mucho tiempo. Y tonta. Te sentiste tonta por creerlo todo. Por no preguntar más. Por no investigar más. Por no buscar más.  Lloras porque recuerdas el dolor y la impotencia  de tener que  atender a un bebé con un cuerpo dolorido y convaleciente. Porque en vez de sentirte fuerte, poderosa y protectora, te sentías vulnerable y débil.

Lloras con miedo recordando lo que has oído tantas veces :  “como fue cesárea, no te va a subir la leche”. Lloras porque un día, decidiste mirar tu herida y saber la verdad. Lloras porque recuerdas la rabia e ira que sentiste cuando ibas desentrañando la gran madeja de mentiras que nos han contado sobre nosotros, sobre nuestros cuerpos, sobre si podemos o no parir, sobre las ventajas de no sufrir el parto. Lloras porque te sentiste estafada. Lloras porque lo que te robaron nunca lo recuperarás.

LLoras todo eso otra vez y respiras hondo mientras piensas en aquel bebé,  en tu primer hijo. Ahora un niño alegre, risueño, cariñoso y feliz. Piensas en todo aquello que no te pudieron quitar. Piensas en que todo ese llanto fue el combustible que alimentó  tu fuerza para no dejar que te robaran más, para no ceder ni claudicar en el resto de decisiones sobre tu hijo y cómo criarlo.

Te quitaron tu parto sí, te rajaron sí, os separaron sí, pero una vez que lo abrazaste se quedó en el lugar de donde no debieron llevárselo nunca. Recuerdas esas horas interminables de teta y abrazos. Recuerdas  que el tiempo pasaba mirándole dormir en tu pecho, acariciándole, cantándole y contándole…


Recuerdas a la gente que te decía: “¿otra vez?”, “¿Es que siempre lo tienes que llevar en brazos?” “¿por qué no lo dejas dormir en su cuna?” Y recuerdas que tú les mirabas con pena:
Pobre gente… no saben, no entienden. No se dan cuenta del placer que sentís, de la paz que te da saber que está ahí, contigo, en tus brazos, calmándose y colmándose  con tu cuerpo.


Curaste esa herida  a base de amor y cariño. A veces aún duele, como hoy. Pero ya no duele igual. Ya no te duele tanto la tuya. Te duelen, a veces, las otras. Te duele que se siga haciendo ese daño que tú viviste a personas que ni siquiera son conscientes de ello.

Cuántas veces has contado cómo tú te despediste del hospital regalando bombones: “Qué atentos fueron conmigo, y qué amables”, decías.

Y ahora escuchas a esas mujeres y te duele su ignorancia. Te duele su inocencia. Te duele su credulidad. Te duele su desconexión. Te duele su dolor. Ese que quizás ella nunca sientan ni lloren. Porque sabes que un dolor que no se siente ni se llora nunca se cura.

© nohemi hervadaY miras sus ojos y ellas te miran y saludan con la mirada, sonríen mirando a tu bebé. Y tú  abrazas a tu bebé y les sonríes. Y deseas que tu sonrisa les hable. Y besas la cabecita de tu bebé, este que te regaló con su llegada una de las vivencias más increíbles de tu vida. Ese ser que te devolvió la fe en ti misma. Ese que te dijo sin hablar: “mamá tú puedes, nosotros podemos”.  Y vuelves a mirar a esa madre, a punto de tener a su bebé, que aún no sabe lo que de verdad necesita saber y le devuelves otro tipo de mirada.

La miras con complicidad y con cariño. Esa madre eras tú. La miras intentando que en ti vea otro tipo de reflejo. Que grabe en su memoria la imagen de una madre feliz abrazando a su bebé. La miras y confías en algo que está más allá de lo que nos cuentan y de lo que creemos. Confías en la fuerza que tendrá el momento en que esa madre mire a su bebé a los ojos y se abracen. Confías en que, como tú, sea como sea ese momento, sea en el primer minuto, en la primera hora, o en el primer día… que sepa, en ese momento, que ese bebé ya está, por fin, en casa.

PD: Dedicado a mi hijo mayor y a todo lo que pasó después de ese 21 de febrero

Yo también fui Sara Carbonero

Yo también fui Sara Carbonero

La gran portada será el día que una famosa dé a luz en la Ruber sin que la rajen…
Su estadística es alucinante — me siento decepcionada.
Ese fue mi comentario ayer en mi muro de Facebook.
A raíz del mismo surgió un debate, sobre juicios, derechos, libertades, decisiones, miedos, elecciones, intereses, mentiras, estadísticas, duelos, riesgos, leyes,… en fin, todo lo que conlleva este tipo de discusiones  hablando de cosas que nos marcan tanto.
Hubo quien leyó en mis palabras un juicio a Sara Carbonero, como en su día lo hubo a Shakira por su también cesarea.
El lenguaje escrito es muy limitado y  nuestro mensaje siempre está condicionado por nuestros propios prejuicios o pre-juicios, sobre quien lo envía y  sobre el tema en cuestión y cómo nos afecta. Los mensajes nunca son asépticos. El mío evidentemente tampoco.
Eso no quiere decir que mi mensaje fuera una crítica hacia la mujer que tiene un hijo por cesarea. Primero porque no conozco el caso particular y las circunstancias , y segundo porque aunque fuera el caso no soy yo juez sobre las decisiones personales de cada cual.
La semana pasada precisamente escribí sobre los abortos, tema sobre el cual tengo una opinión muy definida y muy clara pero que no expresé porque de hecho mi opinión no importa. Es mía y es válida para mí y mis circunstancias. Más aún, para mis circunstancias de ahora… porque si algo sé hoy,  es cuánto puede cambiar una persona sus principios más arraigados.
El caso es que yo hablaba precisamente de no juzgar, porque qué sabemos nosotros la carga de la mochila de cada cual.

Mi trabajo como asesora de maternidad es contribuir a dar herramientas para gestionar lo que se está viviendo, o dar información para decidir con mayor libertad, porque sin información veraz y completa ninguna decisión es ni será libre nunca. Mi trabajo nunca es juzgar ni decidir.

 

Así que leer en  mis palabras un juicio es sacar de contexto lo que realmente quería expresar.
Mi decepción no me la causa Sara Carbonero, entre otras cosas porque no tengo ninguna relación con ella como para que me afecte su vida, más allá de entender que como personaje seguido por los medios sus acciones tienen repercusión y contribuyen, lo quiera ella o no, lo desee ella o no, lo busque ella o no, a elaborar una conciencia colectiva y unas creencias. En este caso la de que parir no es tan fácil, cuando una mujer joven, sana, culta y con  medios no lo consigue. Pero como digo, si Sara no quiere enarbolar ninguna bandera ni ser ejemplo de nada, no se la voy a colocar yo.
Las creencias colectivas las construimos entre todos, pero la responsabilidad última debería ser individual. Reitero que, además, esta debería asumirse por una decisión propia y no influenciada por terceros con intereses ajenos al tema u ocultos al protagonista.
En ese sentido me sentí decepcionada. No con Sara Carbonero, sino con una institución, o con todas las que abusan de su rol de autoridad para ejercer una autoridad que se extralimita.
Yo de un obstetra (y de cualquier otro profesional) quiero que deje sus propios prejuicios, miedos e intereses a un lado, que me dé toda la información, y todas las opciones y me deje decidir. Porque es mi derecho. Porque es mi responsabilidad y porque tendré que vivir con ella toda mi vida. Con las consecuencias, con las heridas, con las cicatrices, con todo lo que conlleve.
Precisamente la remoción que causa este tema entre las propias mujeres es prueba de que no nos deja indiferentes. Leemos a otras y nos duele lo que entendemos, sea lo expresado o no, porque hay una herida. Si la herida fue inevitable duele, y si no lo fue, si fue totalmente arbitraria e injustificada duele más, porque añadimos culpa al proceso. Culpa por no saber, por dejarnos hacer, por no pedir, por callar, por asentir, por lo que sea…
Culpa porque hay un duelo y todos los duelos traen un momento de culparnos a nosotros mismos. Y de ahí mi comentario.
Dejemos de culparnos a nosotras y a otras. Empecemos a culpar a quienes no cumplieron su primer papel. A los que usan el miedo como herramienta, la omisión de informacion como as en la manga para que acabemos implorándoles que hagan lo que ellos quieren como si fuera lo necesario para salvarnos, a nosotras y a nuestros bebés. A esos que frivolizan una intervención de cirugía mayor innecesaria sin advertir de todos los riesgos que conlleva, para la madre, para el bebé, para la lactancia, para la familia, para la sociedad.
no a la violencia obstétrica
Y puedo hablar así porque yo también fui Sara Carbonero. Yo también fui primeriza que fue a una clínica privada y salí rajada. Confié en que “ellos sabían lo que era mejor”, confié y me engañaron. Y me robaron algo que nunca pude recuperar: mi parto y más aún, mi derecho a decidir.
Fijáos que en mi comentario no mencioné la palabra “cesarea”, ni mencioné “nombres”. Porque aunque iba por la Ruber y por este caso  concreto, lo cierto es que lo raro en esas clínicas es encontrar una mujer que sale sin rajar.   Las episiotomías que en muchas clínicas siguen siendo rutinarias también las incluyo. Por eso mi comentario fue que el titular sería que se diera a luz sin rajar. No  sé si las famosas que se me nombraron  y que no fueron cesarea tuvieron o no episiotomía… pero me la juego a que más de la mitad. Y aunque en esos casos puntuales no fuera así, las estadisticas no nos las inventamos las “locas del parto”.
Solo deseo que esta madre reciente, rajada y dolorida, como lo fui yo, tome conciencia de qué le ha pasado, que se pregunte por qué, a ella y al equipo médico que la ha atendido, que obtenga respuestas. Y que a partir de ahí haga lo que necesite para ser feliz. Ojalá las respuestas sean que sí, que era lo mejor. Yo no lo sé, y a mi no me importa, pero a ella sí debería. Porque eso va a condicionarle muchísimo en su vida.  A ella y a su bebé, queramos verlo o no.  Porque eso daría para otro tema.
Para algunas esa raja (fuera en el abdòmen o en el periné) es una herida que nos causó mucho dolor y sufrimiento. Por eso nos permitimos sentirnos mal cada vez que se comete otro abuso de poder sobre nuestros cuerpos. Por eso criticamos a los ginesaurios y sus sistema de violencia obstétrica. Por eso todas soñamos con el día en que todas las Saras Carbonero de nuestro país salgan en el Hola presumiendo de ser las protagonistas del nacimiento de sus hijos.
sara carbonero

Y a todas las Saras Carbonero, famosas o anónimas que sufran por no tener lo que ellas y sus bebés merecían les deseo la fuerza y sabiduría de transformar ese dolor en otra cosa. Ojalá ninguna por dolernos nuestra herida la neguemos, o acabemos nunca justificándola.

 

La cesárea sólo debe realizarse si hay indicación médica

La cesárea sólo debe realizarse si hay indicación médica

Artículo publicado originalmente en El Mundo.es Salud

NUEVA ADVERTENCIA DE LA OMS

  • Un estudio realizado en Asia pone de relieve los riesgos asociados con esta práctica
  • Más de una de cada cuatro mujeres tuvo un parto por cesárea
  • El 62% de los centros consultados incentivaban el uso de esta técnica

CRISTINA DE MARTOS

Una mujer filipina sostiene a su bebé tras dar a luz. (Foto: Jay Directo | AFP)

MADRID.- Muchas personas consideran que las cesáreas sonseguras, exentas de riesgo. Sin embargo, no es así, tal y como refleja el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre esta práctica. Baste un dato: el riesgo de ingresar en la Unidad de Cuidados Intensivos es 10 veces mayor tras una cesárea selectiva planificada que después de un parto vaginal natural. (más…)

El abrazo materno no es un método

El abrazo materno no es un método

en la piel del padre

El pasado 2 de junio salió en El Pais un artículo  que está circulando por nuestras redes.   Las personas no informadas pensarán, que qué bien, que la criatura esté con su padre y no en manos de un personal sanitario que le aplica un protocolo de inspección clínica.

 Y yo creo desde luego que es un mal menor para la criatura.

La pregunta es ¿por qué no se hace el tipo de cesárea con anestesia epidural que se ha comprobado permite estar consciente y recibir ella misma a su bebe?

Piel con piel

Nils Bergman (2002) dice que para la criatura al nacer sólo hay dos situaciones posibles, que resume con un juego de palabras:  ‘mother’  y  ‘other’ (‘madre’ y ‘otros’);  y lo hace para trazar una  línea divisoria que deja claramente definido el único hábitat que la criatura reconoce como adecuado y tranquilizador, el cuerpo de su madre;  y que el estar sobre cualquier cosa o persona que no sea su madre no lo reconoce y le produce stress.   Bergman insiste en ello aunque es obvio que los grados de stress pueden ser muy diferentes,  y la gravedad de los impactos correspondientes también; y que es mejor que escuche voces familiares, aunque su principal fuente sensorial, el olfato, esté recibiendo señales irreconocibles.

Creo que si Bergman centra su explicación en la dicotomía mother/other (madre/otros), es porque si dedicamos nuestro esfuerzo y nuestro trabajo a reducir el mal menor del  ‘other’,  podremos incluso sin quererlo,  estar de hecho participando en el mantenimiento del mal esencial,  la eliminación de la madre, por utilizar una expresión de Odent.

Lo peor de la dominación y del sistema represivo no es la conducta que impone sino la que impide que se desarrolle.  (Lo segundo peor es que la devastación se produzca de manera invisible, porque entonces no se puede actuar conscientemente para evitarla).

Y lo que se impide con la eliminación de la madre es el normal desarrollo del sistema neuro-endocrino-muscular del que depende todo el metabolismo basal  de la criatura recién nacida,  convirtiendo un proceso natural en un proceso patológico (Bergman 2005).  Además, al bloquear el sistema de la criatura, también se bloquea el de la madre con lo que también se bloquean los sistemas de retroalimentación y autorregulación  mutuos.  En cambio la introducción de la patología sirve para retroalimentar la intervención de la medicina.  Así se produce el sabotaje de la función femenino-materna y de la vida humana en su etapa primal.

Por ello, dice también Bergman (2005), cualesquiera que sean  las circunstancias, lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer es no ser recibido por su madre,  y permanecer separado de ella.   Y también sabemos que la cesárea no tiene por qué ser un motivo que impida que la madre abrace a su criatura desde el momento en que es extraída del útero.

Seguimos  pues con todo tipo de excusas en nombre de la ciencia para la eliminación de la madre (Odent), aunque la ciencia ya haya probado que dicha eliminación es una violación del cuerpo de la criatura (Bergman 2005)).

Así es como llegamos a esta propuesta del método madre canguro, aliado de un tipo de cesárea que físicamente elimina a la madre.  Césarea y método madre canguro se convierten en otra fórmula para ejecutar el matricidio moderno.

La conversión en España del Kangaroo Mother Care en el Método Madre Canguro no es inocente.   El Método Madre Canguro, a diferencia del abrazo materno,  lo puede practicar cualquiera, como nos explican en el artículo de referencia.

El abrazo materno brota del interior del cuerpo materno,  y es el único cuerpo que puede producirlo; no tiene nada que ver con método alguno,  funciona por el propio impulso del deseo y tiene su propia sabiduría.

La diferencia entre el abrazo definido por el método y el abrazo que brota del impulso interior la hemos experimentado todo el mundo y es facil de reconocer;es la diferencia entre un abrazo o un beso que se da porque nos sale de dentro, y un abrazo o un beso que se da en cumplimiento de una formalidad convencional, socialmente establecida.

El  beso y del abrazo que recibimos nos alcanza de modo diferente según el deseo de quien nos besa y nos abraza.  No hacen falta palabras para saber si un beso es un protocolo formal o si hay algo de lo otro;  nadie nos tiene que decir la intensidad del deseo de quien nos abraza y nos besa, ni tampoco medir la cantidad de oxitocina en la sangre para saberlo.  Aunque en el caso de la maternidad, sí se han medido las descargas de oxitocina en la madre inmediatamente después del parto y sabemos todo lo de la impronta, etc…   A pesar de lo cual parece que da igual que sea un cuerpo que otro, puesto que no se trata de que actúe el sistema sexual del continuum materno, sino de seguir un método;  un método que puede seguir cualquiera, incluso el  cuerpo más disciplinado y aséptico.

Y así nace una nueva función patriarcal del hombre y una nueva legitimación de la eliminación de la madre:  practicar el método madre canguro.  Como dice Victoria Sau, ¡la madre ha muerto! ¡viva el Padre!  (Y como diría Agustín García Calvo:   ¡Pobres hombres!).

Casilda Rodrigáñez
casilda@casildarodriganez.org
www.casildarodriganez.org

 

 

En la piel del padre

En la piel del padre

Ver un  artículo de El País  titulado : “En la piel del padre” mostrando cómo el “Piel con piel”  es la mejor forma de recibir a un bebé ha sido para muchos una buena noticia. Algunos afirman que se están humanizando las cesáreas  y dándole a los bebés una acogida más amorosa.

en la piel del padreYo al ver ese artículo y esa imagen pregunto:

  • -¿Dónde está la madre?
  • -¿Por qué no se aplican los cuidados madre canguro con ella?
  • -¿Por qué no se deja que el bebé  en contacto con el cuerpo preparado para recibirle, en su hábitat?

Hoy en día las cesáresas se practican con anestesia local casi en todos los casos, con lo cual el bebé puede y debe estar junto al cuerpo de su madre.

Ambos necesitan ese estímulo. No entiendo que se haga con el apdre salvo en los casos en que realmente sea imposible hacerlo con la madre. Y eso no es frecuente porque la recuperación normal de la cesárea se puede hacer perfectamente con el bebé sobre el cuerpo de la madre (evitando la zona de la cicatriz) o recostado en un lado pegado a ella, de hecho es necesario para la correcta instauración de la lactancia y para el correcto desarrollo del bebé  no separarlo de la madre.

Si de verdad la madre no pudiera (estuviera inconsciente, siendo operada o en casos extremos en que la madre fallece…) entonces el padre es el ideal para ese papel, pero sin forzar, simplemente dejándole sobre su pecho desnudo. El bebé hará lo que necesite.

Pero quitarle a la madre un derecho sólo porque es más “equitativo” compartitlo con el padre es como compartir la baja maternal con el padre. La solución no es restarle a uno para darle al otro. El bebé necesita a la madre porque ése es el cuerpo que conoce y reconoce y además su fuente de alimento. Quien no entienda esto o se sienta amenzado o excluído por esta verdad es que no conoce las necesidades del bebé.

Me gustaría que todos esos padres que desean tanto disfrutar del placer de amamantar a un hijo que llegan a preferir que tome biberón para dárselo ellos, lo demuestren en todo momento.  Un buen padre es aquél que provee lo necesario para su hijo y no nos engañemos, necesitar, necesitar,  el bebé necesita en esas primeras horas a su madre.

Va por delante mi reconocimiento a todos los padres que conozco realmente implicados en el embarazo, parto y lactancia de sus hijos.  Que no se ven amenazados porque la díada madre-bebé es fuerte, que apoyan a sus mujeres cuando todo el mundo las critica por empeñarse en dar teta, a veces incluso la propia familia de él, que “renuncian” temporalmente a sus mujeres en el plano sexual porque comprenden que estas primeras semanas lo más importante es otra cosa, que una vez reanudadas las relaciones íntimas son conscientes de que se necesita abordar la sexualidad de otra forma y que, en general, respetan la transformación que sufren sus mujeres al convertirse en madres.

Al hilo de esta noticia creo que es interesante recordar este artículo de El Corresponsal:

Los pigmeos aka, “los mejores papás del mundo”

Los pigmeos aka han sido considerados los mejores padres del mundo, dado que son los que más tiempo dedican al cuidado de sus hijos, según un nuevo estudio. Los padres aka suelen incluso ofrecer su pecho a sus bebés cuando tienen hambre, un método perfectamente satisfactorio para calmarlos hasta que son alimentados por la madre, explica un sorprendido grupo de investigadores.
Ningún padre pasa más tiempo con sus niños que el típico pigmeo aka, al que ahora se le ha concedido el “título” de ser “el mejor papá del mundo” por parte de ‘Fathers Direct’, un centro británico de información sobre paternidad. Los “pigmeos” aka, que viven en los bosques de la frontera entre Congo Brazzaville y la República Centroafricana, son un pueblo dedicado a la caza y la recolección.

pigmeo aka

Como promedio, un papá aka tiene en sus brazos a su bebé el 47 por ciento del tiempo – casi tanto como las mamás aka -. Esto, según ‘Fathers Direct’, es actualmente el récord mundial. Solamente algunos países del norte de Europa con altos estándares en igualdad de género empiezan a aproximarse al ejemplo de los padres aka. En Suecia, un padre suele cuidar de su hijo el 45 por ciento del tiempo.

Los resultados del estudio internacional realizado por ‘Fathers Direct’ fueron recientemente publicados por el centro en ‘FatherWorld’. El estudio incluyó 156 culturas de todo el mundo, demostrando el reducido papel del padre en la mayoría de los países. Solamente en el 20 por ciento de las culturas estudiadas se promueven las relaciones cercanas de los hombres con los niños, y solamente el 5 por ciento con los bebés.

No es así, sin embargo, entre los akas que viven entre Congo Brazzaville y la República Centroafricana. Un papá aka utiliza todas las oportunidades a su alcance para estar en estrecho contacto con su hijo. Suele llevar con él al bebé cuando van a beber vino de palma o durante otras actividades sociales y, según el informe, pueden sostener al bebé entre sus brazos durante varias, sin descanso.

El estudio destaca los resultados obtenidos por Barry Hewlett, antropólogo americano, que ha estudiado al pueblo aka durante más de 20 años. Los papás, con más frecuencia que las mamás, son a menudo también los que atienden del bebé cuando este se despierta por la noche.

La pregunta inevitable para la mayoría de los padres de todo el mundo es cómo puede un padre tranquilizar a un bebé, durante horas, cuando éste tiene hambre y quiere ser amamantado. Evidentemente, tampoco un papá aka puede amamantar a su hijo. Pero casi, ya que su pezón tranquiliza al bebé. “El pezón de un padre es perfectamente satisfactorio para calmar a un bebé y su llanto hasta que pueda ser alimentado”, según el informe británico.

La investigadora Caroline Flint comentó lo que había apreciado en el estudio de los casos en los que los papás hacían esto. “No se trata de que el padre le dice al bebé, ‘Aquí tienes, toma mi pezón’, sino que generalmente es el bebé el que busca en el pecho del padre, encontrando el pezón y comenzando entonces a aspirar. Los hombres generalmente se muestran sorprendidos, pero los bebés parecen muy contentos”, explica Flint.

Los investigadores, sin embargo, confiesan que la situación de que un padre ofrezca su pezón a un bebé hambriento “puede ser un gran desafío” para la mayoría de los hombres del resto del mundo. “Quizás se debería llevar a un grupo de papás europeos y sus bebés a Congo durante un par de semanas”, propone uno de los investigadores. Esta tradición se podría convertir en una materia de exportación -o al menos en un motivo de orgullo para Congo y África Central-.

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Cómo lograr PVDC

Parir vaginalmente supone una serie de beneficios muy importantes:

  • la mujer siente satisfacción por su trabajo,

  • se reduce de 2 a 4 veces la muerte materna,

  • se reduce en la madre la pérdida de sangre,

  • facilita la lactancia,

  • minimiza las infecciones,

  • baja la posibilidad de lesiones en ambos

  • reduce los costos de hospital.

Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que cada país debería tener no más de un 10 a un 15 % de cesáreas al año.

Así, la Coalición para mejorar los servicios para la maternidad (CIMS, del inglés) establece una tasa de 60% o más de partos vaginales después de cesárea (PVDC).
Por su parte, El Centro de control de enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reconoce y demuestra que de un 60 a 80% de los PVDC son exitosos. El CDC sugiere que para el año 2010 se llegue a la meta de 37% en PVDC.
Según el Colegio Americano de Ginecólogos y Obstetras se puede intentar el PVDC hasta con dos incisiones horizontales realizadas en el útero.
En el libro Ob/Gyn Secrets, y otras investigaciones mencionan que la ruptura uterina por cesárea anterior es menor (sucede de un .5 a un 1%) que la ruptura en un útero no cicatrizado.
Si se observa un aumento de rupturas al utilizarse, número uno, prostaglandina para inducir y de acuerdo a lo gradual que se use le sigue la oxitocina.
Según todo lo leído el PVDC espontáneo – no inducido- incurre en menos muertes y es más saludabe que otra cesárea. El útero hace más que sanar, se regenera*.
No existe razón para que en Puerto Rico se practique la cesárea con tanta frecuencia

.

Nosotras tenemos la herencia genética y la salud de las que bien paren.

CESÁREAS

Las cesáreas salvan vidas y evitan enfermedades.
Las condiciones mandatorias para realizar cesáreas son:

  • placenta justo en la salida del bebé,

  • que el cordón umbilical salga antes que el bebé,

  • herpes genital activo,

  • placenta que se separa antes de tiempo (raro)

  • deformidad pélvica por alguna condición previa de salud.

Indicaciones probables, donde la decisión de realizar la cesárea depende de cada situación son:

  • las condiciones de salud,

  • operaciones uterinas,

  • placenta sobre cicatriz,

  • desproporción entre el tamaño de la pelvis y la cabeza del bebé (una desproporción real es rara),

  • estrés fetal (si los latidos del corazón fetal disminuyen trate primero moverse de posición), un “parto lento”,

  • posición del bebé que no sea de cabeza,

  • otras razones muy poco usuales en mujeres con un historial de salud bueno.

Según la Red Internacional de Prevención Consciente de la Cesárea, información de lecturas de diversas fuentes y un tanto de mis años de experiencia, antes del parto la madre y su familia o campañía de preferencia pueden seguir los siguientes pasos para evitar la cesárea:

  • * Educarse respecto a la fisiología del parto. Estudiar sobre los partos vaginales despues de cesárea (PVDC). Sobre los riesgos, las alternativas y las justas razones de las cesáseas y de otras intervenciones que pueden conducir a una cesárea. La información es accesible a través de clases, “internet”, libros, otras madres, educadoras prenatales y servidores y profesionales de la salud.
  • * Conocer la Ley Núm. 194 del año 2000, Puerto Rico “Carta de Derechos y Responsabilidades del Paciente. En “internet” ir a LexJuris, Puerto Rico. Art. 9 y 10 mencionan sobre tomar en consideración su opinión, etc.***
  • * Crear un plan de parto el cual puede discutir con su profesional de la salud y con el personal de las facilidades donde va a parir, darle copia del mismo a ambas partes (al leer este artículo tendrá ideas para crear su plan).
  • * Entrevistar a varios profesionales de la salud y personal administrativo de los hospitales sobre sus razones para hacer cesáreas y los porcientos de cesáreas y de partos vaginales practicados después de una cesárea.
  • * Importante, comer una dieta rica en nutrientes, minerales y vitaminas. Las proteínas, carbohidratos, frutas y vegetales evitan condiciones y complicaciones durante el embarazo, parto y nacimiento. Las vitaminas no sustituyen el alimento nutricional. En salud, la restricción de la sal no se recomienda durante la gestación. Tome agua a necesidad y en abundancia. Realice ejercicios moderados como el yoga, caminar, nadar,etc.

  • * Solicite los servicos de una acompañante al parto, monitora o una doula. Ellas ofrecen apoyo para tolerar la intensidad del parto sin el uso de drogas. Los estudios demuestran que el personal mencionado ayuda a reducir las cesáreas en un 51%, a disminuir 98 minutos el tiempo del parto y aumenta la satisfacción de la madre por su labor.
  • * Investigue cuántas semanas de gestación considera normal su servidor de la salud para el comienzo del parto. La inducción del parto antes de las 42 semanas aumenta el doble el número de cesáreas. Según Williams Obstetrics, uno de los libros más importantes entre obstetras de Puerto Rico y EEUU, se verifica y se considera saludable las 42 semanas de gestación.
  • * En la primera entrevista pregunte sobre los protocolos que se siguen para bebés que cerca de la fecha de parto están de nalgas. Indague si conoce sobre posiciones que la madre puede asumir para que su bebé pueda voltear y presentar la cabeza, si consideraría realizar una versión manual externa, y si asiste partos vaginales cuando los bebés presentan las nalgas.
  • * Pregunte en la primera entrevista si practica romper fuente artificialmente al comienzo del parto. Además, cuanto tiempo espera para el parto activo cuando las membranas rompen así o en forma espontánea. Ésto limita el tiempo que tendrá para parir (luego más información).
  • * Preguntar al profesional de la salud sus límites de tiempo para la segunda etapa del parto, el expulsivo. También si espera al reflejo de expulsión del feto o pujo involuntario. Este pujo no dirigido es efectivo por naturaleza y mantiene con suma frecuencia los vitales de la madre y su bebé dentro de los límites de la salud. Si le dicen cuando pujar porque no siente deseos respire profundo entre pujos.

Durante el parto si va a una institución hospitalaria:

  • * Quédese en la casa el mayor tiempo posible, hasta que comience a ser trabajoso hablar entre contracciones o cuando por dos horas tenga 2 contracciones en 10 minutos (coteje que el bebé se mueva mínimo 10 veces en doce horas). Si llega al hospital con tres contracciones dentro de un lapso de diez minutos es alta la posibilidad de evitar la oxitocina por vena. Usarla lleva otras intervenciones como el uso del monitor fetal, lo que aumenta el riesgo a cesárea. Y, la posibilidad de haber logrado dilatar los primeros y más lentos centímetros.
  • * Si por alguna razón le dan una fecha para la inducción, considere estimular la secreción de su oxitocina (hormona) cada día desde tres días antes, de ser posible, a la fecha dada por su médico. Las inducciones muchas veces terminan en cesáreas. Pero, en el libro Williams Obstetrics, se menciona de inducciones exitosas cuando se ensayan una vez y de no progresar se suspenden, entonces se intentan en los próximos tres días nuevamente. No obstante, es raro ver esta práctica. Por ello, le sugiero comience usted la secreción de su oxitocina para madurar la molécula que le permite a la oxitocina trabajar en el útero. El éxito del ensayo estriba en eso, la oxitocina sintética logra aumentar en número y a madurar las moléculas que reciben la hormona y facilitan la contracción del útero. Para segregar oxitocina de forma natural puede estimular por 15 minutos los pezones y la areola (puede ordeñarse manualmente o usar una bomba de lactancia,si es doble mejor), tome 15 minutos de descanso y vuelva a estimular por 15 minutos. Realice ésto por una hora, hágalo tres veces al día varios días corridos.
  • * De romper fuente (líquido amniótico -tiene un olor suave a menstruación, no huele a orín) coteje con su profesional de la salud el que todo esté bien. Si no ha comenzado las contracciones de parto o si llega muy temprano en el parto al hospital camine por lo predios de la institución o vuelva a su casa. La Organización Mundial de la Salud, de sus investigaciones deduce que una mujer sana luego de ruptura de membranas y sin cotejos vaginales se evita el riesgo de infección y se puede esperar hasta 48 horas para el comienzo de un parto espontáneo. En la Isla yo he visto que 24 horas es el plazo máximo concedido para lograr parto activo (4 centímetros, contracciones cada cinco minutos) para evitar practicar una cesárea. Muy rara la vez, he notado que se permitan 36 horas.
  • * Muy importante, en la primera entrevista pregunte si va a poder ambular en su parto. Es vital que en el parto busque una posición cómoda para usted, esto ayuda a que el bebé asuma una posición correcta. Su cuerpo le da las señales de lo que necesitan usted y su bebé para hacer un trabajo eficiente y exije ciertas posturas o movimientos para su mejor funcionamiento. Usualmente estas posturas espontáneas la hacen sentir más aliviada. Los huesos de la cabeza del bebé abren camino, rotan y bajan de forma lenta por los huesos de su pelvis. Evite disminuir el espacio pélvico estando acostada sobre su espalda todo el tiempo -mejor de lado-. Eso si, en el momento de sueño profundo que da antes del pujo duerma en la posición que quiera (durante el pujo le aumenta la adrenalina y el cuerpo le dará la energía que necesita para terminar el parto – el cuerpo siempre trabaja a su favor-).

 Su trabajo en el parto es respirar a de forma consciente en la contracción
y hacer lo que el cuerpo le pida, y lo va a hacer bien.

  • * Numerosos estudios demuestran que el uso continuo del monitor fetal externo o interno aumenta en demasía el número de cesáreas sin mejorar en forma alguna los desenlaces de un parto saludable. Además, la confinan a la cama. Desde la primera entrevista convérselo, pida descanso del monitor fetal por intérvalos o telemetría (auscultación a distancia que no requiere atarla a una máquina grande e inamovible).
  • * Coma o tome líquidos durante el parto. Los estudios reflejan que la mujer tiene mayor vitalidad y el parto transcurre mejor. De vomitar con algo en el estómago (lo cual está bien, la relaja más) es menos peligroso ya que los ácidos estomacales solos pueden ocasionar mayor irritación. Las investigaciones reflejan que un estómago lleno no causa problemas en cirugías. Se recomiendan las bebidas para atletas, la miel, teses, agua (ésta se absorbe en menos de 5 minutos), entre otros sustentos ligeros. Orine cada 60 a 90 minutos.
  • * Considere los masajes, la reflexología, los paños fríos o calientes, la bola de parto, afirmaciones como “cada contracción nos fortalece, me abre y hará que tengamos un nacimiento saludable”. El uso de fármacos es efectivo en pocas situaciones, como en un cansancio extremo donde la dilatación se descontinua. La madre descansa, se recupera y es preferible a una cesárea. Recuerde que estos fármacos llegan al bebé.
  • * La anestesia epidural hace el parto más lento, tiene efectos en el bebé y dificulta la lactancia. Usualmente la mujer la pide en transición, al final de la dilatación que es una fase que dura relativamente poco y que sucede antes del pujo. Permítase varias contracciones para acoplarse a la intensidad del parto antes de solicitarla. Esta es la fase donde usted tiembla (señal de adelanto), tiene sueño y las más intensas sensaciones en la contracción. El sueño es para que descanse y duerma entre contracciones así recupere para cuando llegue el tiempo de sentirse naturalmente despierta y con pujo. Este es un momento donde su acompañante pudiera darle ánimo ayudándola a respirar o sólo hablándole palabras de fortaleza y con ternura. De todas formas, si utiliza la epidural puede descontinuar su uso en el expulsivo para lograr un pujo efectivo.
  • * Parir acostada comprime vasos sanguíneos que alteran los signos vitales suyos y los de su bebé, razón por la cual se efectúan algunas cesáreas innecesarias. Y, es realizar un trabajo contra la fuerza de gravedad. A menos que el acostarse le surja espontánea y cómodamente adopte otras posiciones, de cuclillas o semisentada, etc.
  • * Busque información sobre los riesgos y beneficios de los procedimientos de rutina en caso de emergencia y antes de la posibilidad de enfrentarse a ellos. El por qué se utilizan, efectos a largo o corto plazo en usted o su bebé, que otras opciones existen, y si su compañía de preferencia puede estar con usted.
  • * Acuérdese, nada es ley. Confíe en sus instintos y en su cuerpo, que a su ritmo y compás sabe muy bien parir desde la primera vez que lo tenga que hacer. No persiga en su mente los residuos emocionales de una cesárea anterior, aclare sus dudas y deje ir. Busque gente que le de ánimo positivo, que crea en su potencial y le sea de apoyo. Evite el tema con personas con argumentos no deseados por usted. Lea sobre el asunto. Seleccione con calma quien le va a asistir en su trabajo de parto. Tome al menos un mes de entrevistas. Deje entrar a su vida sólo profesionales de tratos claros que busquen un balance envés de tratar de dominarle, y, que cumplan con los acuerdos que se estipulen. Busque referencias de otras madres. Por último, todos los días dedique 5 minutos para visualizar una buena experiencia, nútrase toda, escriba afirmaciones y póngalas donde las vea. Acepte que la vida sólo trabaja en amor y a nuestro favor.

Compilado por: Debbie A. Díaz Ortiz CPM, MPH

Este artículo puede ser reproducido.

Panza de Gaby Cobb, Costa Rica

***Sobre la Ley y los Derechos del paciente  en España

(Enlaces añadidos al texto original)

El parto medicalizado

El parto medicalizado

La ciencia médica tecnifica lo más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto. Esta medicalización es una forma de violencia que aleja a las mujeres de la naturaleza y de su prole y las somete al control de lo que Vandana Shiva denomina el patriarcado occidental. Así lo afirma Isabel Fernández del Castillo, autora de La revolución del nacimiento.

(Mujeres hoy)

Isabel Fernández del Castilloisabel fernandez del castillo.
Autora de La revolución del nacimiento (Editorial Edaf, España) plantea en un artículo resumen de su libro de qué forma una tecnología mal empleada y basada en mitos obstétricos obsoletos, sustituye los recursos que toda mujer tiene para parir, tecnificando el momento más hermoso y visceral de nuestras vidas: el parto, el nacimiento.

La autora está de acuerdo, además con la afirmación del reconocido obstetra europeo Michel Odent, quien ha señalado que “La obstetricia, disciplina dominada por el hombre médico, nunca ha comprendido la fisiología del parto”. Para nuestras lectoras y lectores de Mujereshoy, he aquí el artículo de Isabel Fernández del Castillo.

 

La medicalización del nacimiento. Partos tecnointervenidos

La medicina, y la obstetricia en particular, comparten con el resto de las ciencias su propósito de control sobre la naturaleza y sus procesos. Las prácticas de rutina en el paritorio (sala de partos), en sí mismas neutras si se aplican cuando son oportunas, adquieren una cualidad negativa/violenta cuando se imponen de forma sistemática para someter a la totalidad de las mujeres a una concepción del parto puramente mecanicista y medicalizada.

Es una realidad que la actual atención al parto no busca tanto facilitar el proceso natural sino sustituirlo, esterilizando de paso la dimensión emocional y espiritual del nacimiento, que no tiene ocasión de producirse. Una vivencia que constituye la base de nuestra capacidad de experimentar esos ámbitos de la vida, el troquel de todos los vínculos posteriores, incluido nuestro vínculo con Gaia (1).

Varias circunstancias mantienen desde hace décadas este estado de cosas:

Un uso inapropiado y abusivo de la técnica, puesto que las prácticas rutinarias no tienen justificación cuando se hacen por sistema a quien no lo precisa (2)…

Posibilitado por el ejercicio de la autoridad que ilegítimamente ejercen las estructuras médicas, y que les permite tomar todo tipo de decisiones ignorando la opinión, los deseos y necesidades de las familias, el sentido común, e incluso las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se basan en evidencias científicas.

Decisiones que a menudo producen beneficios económicos…

Y el mantenimiento del estado de cosas en base a una información circulante basada en una concepción del parto entorpecido y manipulado (2).

 

El parto hospitalario

La obstetricia, tal y como se concibe hoy, es uno de los ámbitos donde con menos pudor lo absurdo ha quedado elevado a la categoría de científico. La concepción que del parto tiene la obstetricia convencional se refiere al parto por ella interferido.

Como consecuencia, toda su práctica se basa en una errónea concepción del parto. Por ese motivo, la OMS afirma sin ambages: “Medicalizando el nacimiento… el estado de la mente y el cuerpo de la mujer se alteran tanto que la forma de realizar este acto íntimo también debe quedar alterada, al igual que el estado del recién nacido. El resultado es que ya no es posible saber cómo hubieran sido los nacimientos antes de estas manipulaciones… Por lo tanto, los proveedores de los servicios de natalidad no tienen un verdadero criterio para calibrar su asistencia” (2).

Michel Odent dice que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es: ¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?

Esta pregunta, aparentemente inocente, encierra en sí misma un concepto desconocido en obstetricia, y es que el parto es un proceso fisiológico natural, dirigido en su totalidad por el cerebro mamífero primitivo, con sistemas de autorregulación propios no controlables, y que culmina en el reflejo de expulsión del feto, un acontecimiento que no ocurre en los hospitales, donde el bebé prácticamente se extrae.

No es posible atender dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el orgasmo, la risa, el sueño o la defecación, sólo que más complejo. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente, no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe: esto es lo que ocurre con el parto hospitalario.

Una vez inhibido, se hacen “científicamente” justificables todo tipo de procedimientos para sustituir la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no funciona: estimulación con oxitocina, episiotomía (incisión en el perineo y en la pared vaginal para facilitar el parto), anestesia, fórceps, cesáreas… Se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a “salvar” a la madre y al bebé del lance en que la atención recibida la ha colocado (3). Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que conviene a unos profesionales en general poco conscientes de lo sagrado de su trabajo.

 

Somos mamíferos

Puede resultar paradójico que la única forma de humanizar el parto sea recapitulando la realidad insoslayable de que somos una especie mamífera. El hecho de ser la especie más inteligente sólo pone de manifiesto la importancia de este hecho. El parto es dirigido por nuestro cerebro mamífero primitivo, que es también el que rige nuestras emociones. El parto, por tanto, es ante todo un acontecimiento emocional e instintivo, y no tenerlo en cuenta hace que la recibida sea inhibitoria y contraproducente.

En todas las especies mamíferas la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de conciencia especial propio del parto. La atmósfera hospitalaria es cualquier cosa menos propicia, porque a la mujer se le impone -a veces de muy malos modos- desde la postura y la forma de respirar hasta el ritmo en que debe de dilatar. Allí donde hay autoridad, no hay intimidad.

En ese momento confluyen dos circunstancias que, unidas, forman un cóctel explosivo: es un momento de máxima vulnerabilidad, pero al mismo tiempo de total indefensión, y el trato que se recibe es invasivo.

Puesto que el parto es un acontecimiento con una fuerte implicación de las emociones, el trato que recibe la madre condiciona totalmente el progreso del nacimiento de su bebé. Y las hormonas del estrés son incompatibles con el estado hormonal/emocional propio del parto. Cuando una hembra mamífera se siente amenazada, el parto se detiene. En la mujer, también.

 

La postura “tumbada” o la sumisión

Mucha gente piensa que la atención al parto deshumaniza el nacimiento, pero que, a cambio, se recibe una asistencia técnicamente superior a la tradicional. Un simple análisis demuestra que no es así. Actualmente, la obstetricia convencional dirige más su energía a resolver los problemas que ella misma produce que a facilitar los nacimientos. Según admite la OMS, no más de un 10 por ciento de las prácticas de rutina en la sala de parto están científicamente justificadas (2).

Quizá el ejemplo más paradigmático de la actual asistencia al parto es la postura de parto (tumbada sobre la espalda, los pies de los estribos), una postura desconocida en la Historia hasta que la medicina empezó a controlar los partos. Comprender la irracionalidad, las consecuencias y el alcance de esta práctica obligatoria hace que se caiga como un castillo de naipes todo el esquema técnico de la atención al parto actual.

 

Efectos de la postura tumbada: (4)

 

  • En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba.
  • En vertical, la presión de la cabeza del feto sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la dilatación. En posición horizontal esa estimulación disminuye, por lo que el tiempo de dilatación se alarga. Las hormonas naturales se sustituyen con la oxitocina sintética, que produce contracciones más seguidas y dolorosas, más penosas para la madre, y más traumáticas para el bebé. La lista de contraindicaciones y efectos secundarios de la oxitocina obliga a preguntarse por qué se utiliza tan alegremente (5).
  • En lugar de rotar sobre su cabeza en posición vertical, con una mínima superficie de frotación y ayudado por la fuerza de la gravedad y los movimientos de su madre, el bebé debe arrastrarse contra una superficie de gran frotación (6).
  • En posición horizontal, el peso del útero presiona los vasos sanguíneos que suministran sangre a la placenta y al feto, disminuyendo el aporte de sangre al útero, que el monitor reflejará indicando sufrimiento fetal. Por ese motivo, el uso indiscriminado y sistemático de la monitorización fetal siempre aumenta las tasas de cesáreas, sin que por ello mejoren los índices de salud (7).
  • A esto se añade una dolorosa realidad, y es que la mujer tumbada, en esa humillante y vulnerable posición, deja de ser protagonista de un acontecimiento hermoso y sagrado, para convertirse en “objeto” de la actividad de otras personas… que deciden todo por ella, incluso cortar su órgano sexual, innecesariamente expuesto y vulnerable.
  • El estado de alienación de una mujer en esta situación es indescriptible, y poco compatible con el estado emocional y físico de “dejarse fluir”, imprescindible para un parto espontáneo (4). El Dr. Wagner señala que la episiotomía no justificada (por sobre el 10-20 por ciento son injustificadas) son una auténtica mutilación sexual (7).
  • Los efectos de esta antifisiológica postura, junto al trato represivo que recibe la mujer, son el pasaporte que justifica toda la batería de procedimientos que posteriormente se aplican. Difícilmente pueden reducirse al mínimo las tasas de cesáreas o de episiotomías sin que se revisen de una forma global la totalidad de las prácticas que las favorecen, empezando por la postura.

Es, desde el punto de vista técnico, la armazón de un sistema basado en el absurdo,
que pone de manifiesto que el espíritu que anima la obstetricia es más el de doblegar a la naturaleza que el de facilitar el proceso.