Hace unos pocos años yo sabía de duelo lo que oía en las series de TV.

A la fuerza ( y nunca mejor dicho) supe en primera persona lo que es, leí, hablé y escribí sobre el tema, investigué, aprendí… y trabajé con mujeres sobre este tema.

Cuando empecé  con el apartado “Duelo Gestacional y Perinatal” en el blog especifiqué claramente que hablaba de aborto involuntario o espontáneo. Quizás fue el hecho de haber empezado en el mundo virtual de la maternidad en foros  lo que me condicionó a no querer hablar del aborto voluntario.
Pocos temas hay más polémicos entre las madres que el del aborto, por eso en la mayoría de foros de esta temática se prohíbe expresamente entrar en ese debate.

Quizás fue eso y evidentemente mi propia opinión personal al respecto. Nuestras creencias personales condicionan nuestra vida, nuestra visión de los demás, nuestros juicios… Y hace falta que pase el tiempo y madurar en el trabajo de ser una asesora de maternidad para poder hacer un buen trabajo  dejando los juicios, prejuicios y cuestionamientos aparte.

Soy muy afortunada por muchas cosas. Una de ellas es que hay mucha gente que me confía sus historias, sus secretos, sus problemas, sus frustraciones, sus duelos… Y de cada una de las historias que he oído, en un grupo de mujeres, o en la intimidad de un sofá, o que he leído en mi bandeja de correo, o que me han contado por teléfono y/o vídeo… de todas esas he ido aprendiendo.

Y aprendí o más bien reconocí, porque en el fondo lo sabía, que ser responsable de un adios no te hace insensible al dolor por esa pérdida.  De hecho, esos duelos tienen un agravante, que si bien aparece en todos los duelos, incluídos los de procesos involuntarios, en estos casos es una espada de Damocles difícil de quitarse de encima.  ¡Como no sentirse culpable por haber decidido poner fin a esa vida!

Como he dicho, no entro a valorar ni a juzgar el hecho. No es mi trabajo. Hablo de cómo vive el proceso de duelo una mujer que decidió abortar.

Hay que pensar que podemos tener una idea preconcebida de quién o por qué puede tomar esa decisión. Podemos justificar ciertas situaciones, y otras no. Así somos: estamos acostumbrados a emitir juicios en base a nuestra propia escala de valores y nuestra experiencia propia. Pero el trabajo de ser juez es tan ingrato… y tan injusto, que sinceramente cuanto menos lo hagamos mejor para todos. No solo para el juzgado, sino para nosotros mismos.

La cuestión es que no sabemos. No tenemos ni idea casi nunca de qué mochila lleva a cuestas cada ser humano que le hace decidir en cada momento lo que decide. No sabemos qué haríamos nosotros en esa misma situación porque de hecho nunca podremos repetir su misma situación. Cada uno tiene unas cartas en este juego y una mochila propia. Y  aptitudes y habilidades y recursos propios, cada uno en su escala. Y cada cual tiene su entorno particular, y sus miedos particulares… ¿cómo voy yo a juzgar desde mi posición que no tiene nada que ver con la del otro?

Reivindico mi derecho a tener mi propia opinión al respecto, a decidir en mi situación personal lo que querría hacer yo. Y ese mismo derecho quieren el resto de personas. Entiendo que la controversia es la disputa del derecho del ser dentro del vientre… y ahí es donde quizás nunca se llegue a la unanimidad. Ojalá nuestro mundo garantizara un respeto y cuidado y protección de la madre que cuida un bebé de tal modo que las madres tuvieran más oportunidades de decidir en libertad… pero como en otros casos, hoy por hoy y visto por dónde van los tiros, eso  es más que nunca una utopía.

Maddalena Penitente (Hermitage, San Petersburgo)Cuando conozco a una madre que me cuenta que abortó, y la mayoría de las veces es un hecho lejano en el tiempo, a veces noto que esperan cierta reacción por mi parte, como de juicio. Algunas empiezan a justificar esa decisión y yo con todo el tacto de que soy capaz les respondo que ese trabajo es solo hacia una misma.

No sé si por la cultura de la confesión que libera del pecado creemos que si alguien externo encuentra válidos nuestros motivos con su absolución vendrá el perdón y con este la calma y la ausencia de dolor. Pero no solo no es así, porque de hecho si alguien tiene esa visión,  el perdón divino  solo lo otorgaría Dios, sino que es una idea totalmente contraria a la realidad.

El perdón más difícil de encontrar cuando uno siente culpa es el propio. Así que el trabajo de liberarse de la culpa no lo puede hacer otro, hemos de encontrarlo en nosotros mismos. ¿De qué sirve que nos perdone ( si fuera el caso) el universo entero si nosotros nos seguimos juzgando como culpables? No hay juicio más duro, porque ese, el propio, nos acompaña siempre.
Cada uno,  cuando ha sido responsable de una decisión que ha supuesto un fin, tiene que encontrar su motivos, sus justifiaciones, sus atenuantes, sus por qués.
No para recriminarse, sino para ser consciente de cuál fue el hecho y para encontrar el mejor modo de vivir con esa decisión y con sus consecuencias.

Para algunas las consecuencias implicaráran enfrentarse a vivir un duelo que casi con toda seguridad, no se hizo en su día. Porque no se pudo o no se supo o no se quiso. Da igual. Lo único bueno de los duelos es que siempre se pueden hacer… aunque hayan pasado años. Será un camino de vuelta atrás y de vivir y/o revivir emociones fuertes, duras e intensas.

Duele perder un hijo sin querer, duele decidir abortarlo  y duele tener que decidir interrumpir el embarazo en los casos en que se le comunica a la madre que el bebé tiene malformaciones incompatibles con la  vida y que tiene esa opción y/o la de esperar el desenlace.

Evidentemente cada caso se vivirá con unas características diferentes, influídas a su vez por las creencias, experiencias vitales y entorno de cada mujer, pero pensar desde fuera que unos son más fáciles o llevaderos es toda una osadía.

He conocido mujeres en cada uno de esos supuestos.  Algunas incluso han vivido 2 de ellos, seguro que alguna habrá que los 3… y  todas han sufrido. Todos estos actos dejan huella, igual que esos cuerpecitos dejan parte de sus células en el cuerpo de la mujer que los gestaba.

No querer  verlo o no querer asumirlo es como querer guardar agua en una caja de cartón… dependerá de cuánta agua haya y de cómo es el cartón que aguante más o menos… pero tarde o temprano… ese agua saldrá o acabará deformando la caja.

Mi trabajo como Asesora Continuum es acompañar como mejor sé estos procesos de duelo. Y como formadora de Asesoras Continuum, hacer todo lo posible para que mis alumnas aprendan a mirar cada historia sin juzgar, dando lo mejor de nosotras para contribuir a que la mujer, la familia, elabore un duelo sano.

Si es tu caso, recuerda que no tienes que pasarlo sola.
♥♥♥

PD:Videos sobre consejos para ayudar a quien ha sufrido un aborto en el Canal MimosyTeta de Youtube