El aborto como única opción

El aborto como única opción

Si no has leído mi post “EL aborto voluntario y su duelo”, te recomiendo que lo hagas antes de leer este artículo que es el primero de una serie de artículos que voy a dedicar a este tema

  • ……….He acompañado  a mujeres en su proceso de decidir si practicar un aborto terapeútico o esperar a que los acontecimientos se desenvuelvan por sí solos y sé que en ningún caso es un proceso fácil ni exento de dolor.
  • ……….He acompañado a mujeres que abortaron voluntariamente totalmente convencidas de lo que hacían, a realizar el duelo retardado que no hicieron en su día.
  • ……….He hablado con decenas de familiares de mujeres que abortaron  y que me pedían consejo para ayudarlas porque no eran capaces de seguir con sus vidas  con normalidad.
  • ……….He escuchado a todo tipo de mujeres contarme cómo les afecta la decisión que tomaron en su vida diaria, en su relación de pareja, con sus hijos anteriores, con sus maternidades posteriores, con su forma de ver la vida.
  • ……….He observado cómo un aborto voluntario, vivido a menudo como un mero trámite quirúrgico, influye en otros procesos relacionados con el cuerpo y la sexualidad de la mujer: embarazo, parto, lactancia, etc.

No es mi papel hablar del derecho al aborto ni juzgar el por qué la gente decide abortar. Pero dado que trabajo con “las secuelas” de cómo se toman estas decisiones, creo necesario plantear una reflexión necesaria y a menudo obviada sobre este tema.

Estoy convencida que, como en muchos otros temas en torno a procesos de vida y muerte, falta un debate social. No para llegar a un consenso o a acuerdos o a leyes, sino para promover el debate en sí. Para hacer que las personas ante una decisión irreversible no nos dejemos guiar por las ideas, creencias o intereses de otros, sino que pensemos y analicemos lo que queremos, lo que creemos, lo que estamos dispuestos a asumir en una u otra decisión. Que seamos conscientes de que nuestra responsabilidad es decidir como adultos responsables, no como ejecutores de las sentencias y juicios de otros. Porque cuando eso pasa, quienes pagamos el pato somos nosotros, no esos que nos dicen qué hacer y cómo.

Siempre que se habla de aborto es fácil que se genere una polémica más o menos acalorada. Hay muchos aspectos éticos, morales, sociales  y legales implicados y creo que en el fondo somos inmaduros para debatir con amplitud de miras sobre temas que nos tocan en lo más profundo.

Reaccionamos sintiéndonos superiores o sintiéndonos atacados, dependiendo cuál sea nuestro punto de partida en el debate, y así es casi imposible entenderse.

Si al hablar de libertad de expresión no nos podemos de acuerdo a veces en los límites, imaginemos lo que nos cuesta establecer el límite entre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el derecho a la vida del no nacido.

No es fácil responder a preguntas como: 

¿Tengo derecho a decidir sobre la vida en base a mis propias creencias y miedos?
¿Desde cuándo y hasta cuándo?
¿En qué momento tiene derechos el nuevo ser?
¿Bajo qué circunstancias los pierde?
¿Por qué dividimos esos derechos en base a la edad gestacional?
¿Tenemos derecho a decidir quién puede o no vivir con una enfermedad?
¿Por qué presupongo que una enfermedad diagnosticada intra-útero o una posibilidad de enfermedad va a implicar más sufrimiento que el que puede darse por cualquier otro motivo no diagnosticado o que aparece tras el nacimiento?
¿Qué sentimos al ver cómo viven felices y realizados adultos con la misma enfermedad que a otros les supuso ser abortados? ¿Estamos preparados para aceptar la responsabilidad por nuestra decisión?
o ¿Nos excusamos en que era la única alternativa posible en nuestro caso?
¿Realmente es así en la mayoría de los casos?
¿Es nuestro miedo a que nuestro hijo no sea normal más fuerte que el instinto materno?
¿Es  nuestra decisión una decisión altruista o es egoísta?
¿Es el aborto el nuevo método anticonceptivo para toda una generación?

Sé que estas preguntas son muy duras. Pero si no te las haces antes, te las harás después, y créeme que esa diferencia de cuándo hagas este trabajo de reflexión  puede ser la diferencia entre vivir con tu decisión en paz o martirizada por la culpa.

Creo que alguien tiene que poder sacar este tema a la luz sin ser catalogada  de fanática. Alguien tiene que decirnos que abortar no es gratis: nunca. Yo no voy a decirle nunca a una madre que no aborte (tampoco que lo haga), pero me preocupa ver que hay una corriente que parece que empuja en una única dirección.

Del mismo modo que a la inmensa mayoría de las mujeres que sufren abortos espontáneos no se les informa de todas las posibilidades para manejar la situación (manejo expectante del aborto, por ejemplo), ante determinadas circunstancias o diagnósticos, la alternativa mayoritaria, cuando no la única, es la del aborto.
En la mayoría de los casos en los que se detectan anomalías en el bebé, o que se le califica como “incompatible con la vida”, se presiona, en mayor o menor medida, a la madre  para interrumpir el embarazo “cuanto antes”.
Hay como una especie de prisa por acabar con las situaciones “incómodas” o indeseadas. Y si algo hemos aprendido sobre la violencia obstétrica es que la prisa y la subjetividad son algunos de sus fundamentos:

  • Información parcial
  • Información falsa
  • Creencias propias presentadas como evidencia
  • Medidas preventivas que desencadenan en problemas por alterar la fisiología normal
  • No respetar los tiempos del propio proceso
  • No respetar los tiempos para asimilar y decidir
  • No respeto por el cuerpo
  • Paternalismo al decidir por la mujer
  • Infundir miedo para coaccionar la decisión

Si es horrible ejercer ese tipo de violencia física y psicológica en una mujer que va a parir, imaginad a la que se plantea abortar.
Si volver a casa con una herida enorme, profunda y desgarradora, pero con un hijo en brazos, es duro y traumático, imaginad hacerlo cuando vuelves con un útero vacío,  unos brazos vacíos, y el alma algo más pesada.

prolife prochoice

Pretender que pasar por un aborto es como sacarse una muela o extirparse un tumor, es una falta de respeto no solo a ese ser, sino a una misma, al propio cuerpo, a nuestra capacidad de crear y mantener vida y a la propia VIDA en mayúsculas.

Nuestra conciencia nos acusará o nos excusará y nadie entra en eso pero, independientemente de creencias morales personales, este proceso merece el respeto de dedicarle un tiempo y una consciencia. Cada persona es libre de decidir, pero debería al menos concederse el tiempo de meditar  en los porqués,  en “sus porqués”. No los de su cultura, su familia, su religión o su ideología política.
No se trata de qué lugar ocupo en el debate, de ser provida o proaborto, sino de ser, de reflexionar, de decidir y de vivir.

Quienes de un modo u otro rodeamos a la mujer ante esta decisión (profesionales sanitarios y/o acompañantes) deberíamos contribuir a crear un marco en el que la mujer entienda qué está pasando y tenga las herramientas para decidir.

Deberíamos:

  • Dejar de lado nuestras opiniones y creencias personales
  • Ofrecer toda la información relacionada de lo que está pasando: TODA
  • Ofrecer todas las alternativas posibles: TODAS
  • Ofrecer toda la información sobre los que puede suceder dependiendo de la elección.
  • Plantear todos los escenarios posibles y sus consecuencias
  • Ofrecer respuesta  profesional a todas las preguntas que se planteen
  • Ofrecer contactos de profesionales de otras áreas que puedan aportar su visión y apoyo profesional
  • Asegurarnos que la madre no decide en estado de shock (proveer el tiempo y espacio adecuados)
  • Asegurar que la decisión que se toma es de la madre, no propia del profesional o de terceros
  • No infundir miedo para influir en la decisión que creemos la apropiada
  • Respetar profundamente la decisión de la madre, sea en uno u otro sentido..

Si se decide abortar:

  • No juzgar
  • No frivolizar el proceso.
  • No presuponer que no hay dolor tras esa decisión
  • Promover  la elaboración del duelo
  • Favorecer las condiciones para elaborar el duelo
  • Entender las connotaciones futuras de la decisión y ofrecer recursos para gestionarlo

Faro tormentaComo siempre explico a mis alumnas, vivir un duelo, sea por el motivo que sea es un viaje que la mujer ( la familia) hace sola. Nosotros no podemos acelerarles el viaje por la tormenta, pero sí podemos ser una luz hacia un puerto seguro.

Y estoy firmemente convencida que si nuestro mundo no maltratara a las mujeres y a las madres. Si tuviéramos verdadera independencia y seguridad para criar a nuestras crías. Si no estuviésemos solas y sin recursos de todo tipo, muchas de nuestras decisiones serían sin duda otras.

 

En el siguiente post  de esta serie hablaré sobre el aborto voluntario y su  duelo.

El aborto voluntario y su duelo

El aborto voluntario y su duelo

Hace unos pocos años yo sabía de duelo lo que oía en las series de TV.

A la fuerza ( y nunca mejor dicho) supe en primera persona lo que es, leí, hablé y escribí sobre el tema, investigué, aprendí… y trabajé con mujeres sobre este tema.

Cuando empecé  con el apartado “Duelo Gestacional y Perinatal” en el blog especifiqué claramente que hablaba de aborto involuntario o espontáneo. Quizás fue el hecho de haber empezado en el mundo virtual de la maternidad en foros  lo que me condicionó a no querer hablar del aborto voluntario.
Pocos temas hay más polémicos entre las madres que el del aborto, por eso en la mayoría de foros de esta temática se prohíbe expresamente entrar en ese debate.

Quizás fue eso y evidentemente mi propia opinión personal al respecto. Nuestras creencias personales condicionan nuestra vida, nuestra visión de los demás, nuestros juicios… Y hace falta que pase el tiempo y madurar en el trabajo de ser una asesora de maternidad para poder hacer un buen trabajo  dejando los juicios, prejuicios y cuestionamientos aparte.

Soy muy afortunada por muchas cosas. Una de ellas es que hay mucha gente que me confía sus historias, sus secretos, sus problemas, sus frustraciones, sus duelos… Y de cada una de las historias que he oído, en un grupo de mujeres, o en la intimidad de un sofá, o que he leído en mi bandeja de correo, o que me han contado por teléfono y/o vídeo… de todas esas he ido aprendiendo.

Y aprendí o más bien reconocí, porque en el fondo lo sabía, que ser responsable de un adios no te hace insensible al dolor por esa pérdida.  De hecho, esos duelos tienen un agravante, que si bien aparece en todos los duelos, incluídos los de procesos involuntarios, en estos casos es una espada de Damocles difícil de quitarse de encima.  ¡Como no sentirse culpable por haber decidido poner fin a esa vida!

Como he dicho, no entro a valorar ni a juzgar el hecho. No es mi trabajo. Hablo de cómo vive el proceso de duelo una mujer que decidió abortar.

Hay que pensar que podemos tener una idea preconcebida de quién o por qué puede tomar esa decisión. Podemos justificar ciertas situaciones, y otras no. Así somos: estamos acostumbrados a emitir juicios en base a nuestra propia escala de valores y nuestra experiencia propia. Pero el trabajo de ser juez es tan ingrato… y tan injusto, que sinceramente cuanto menos lo hagamos mejor para todos. No solo para el juzgado, sino para nosotros mismos.

La cuestión es que no sabemos. No tenemos ni idea casi nunca de qué mochila lleva a cuestas cada ser humano que le hace decidir en cada momento lo que decide. No sabemos qué haríamos nosotros en esa misma situación porque de hecho nunca podremos repetir su misma situación. Cada uno tiene unas cartas en este juego y una mochila propia. Y  aptitudes y habilidades y recursos propios, cada uno en su escala. Y cada cual tiene su entorno particular, y sus miedos particulares… ¿cómo voy yo a juzgar desde mi posición que no tiene nada que ver con la del otro?

Reivindico mi derecho a tener mi propia opinión al respecto, a decidir en mi situación personal lo que querría hacer yo. Y ese mismo derecho quieren el resto de personas. Entiendo que la controversia es la disputa del derecho del ser dentro del vientre… y ahí es donde quizás nunca se llegue a la unanimidad. Ojalá nuestro mundo garantizara un respeto y cuidado y protección de la madre que cuida un bebé de tal modo que las madres tuvieran más oportunidades de decidir en libertad… pero como en otros casos, hoy por hoy y visto por dónde van los tiros, eso  es más que nunca una utopía.

Maddalena Penitente (Hermitage, San Petersburgo)Cuando conozco a una madre que me cuenta que abortó, y la mayoría de las veces es un hecho lejano en el tiempo, a veces noto que esperan cierta reacción por mi parte, como de juicio. Algunas empiezan a justificar esa decisión y yo con todo el tacto de que soy capaz les respondo que ese trabajo es solo hacia una misma.

No sé si por la cultura de la confesión que libera del pecado creemos que si alguien externo encuentra válidos nuestros motivos con su absolución vendrá el perdón y con este la calma y la ausencia de dolor. Pero no solo no es así, porque de hecho si alguien tiene esa visión,  el perdón divino  solo lo otorgaría Dios, sino que es una idea totalmente contraria a la realidad.

El perdón más difícil de encontrar cuando uno siente culpa es el propio. Así que el trabajo de liberarse de la culpa no lo puede hacer otro, hemos de encontrarlo en nosotros mismos. ¿De qué sirve que nos perdone ( si fuera el caso) el universo entero si nosotros nos seguimos juzgando como culpables? No hay juicio más duro, porque ese, el propio, nos acompaña siempre.
Cada uno,  cuando ha sido responsable de una decisión que ha supuesto un fin, tiene que encontrar su motivos, sus justifiaciones, sus atenuantes, sus por qués.
No para recriminarse, sino para ser consciente de cuál fue el hecho y para encontrar el mejor modo de vivir con esa decisión y con sus consecuencias.

Para algunas las consecuencias implicaráran enfrentarse a vivir un duelo que casi con toda seguridad, no se hizo en su día. Porque no se pudo o no se supo o no se quiso. Da igual. Lo único bueno de los duelos es que siempre se pueden hacer… aunque hayan pasado años. Será un camino de vuelta atrás y de vivir y/o revivir emociones fuertes, duras e intensas.

Duele perder un hijo sin querer, duele decidir abortarlo  y duele tener que decidir interrumpir el embarazo en los casos en que se le comunica a la madre que el bebé tiene malformaciones incompatibles con la  vida y que tiene esa opción y/o la de esperar el desenlace.

Evidentemente cada caso se vivirá con unas características diferentes, influídas a su vez por las creencias, experiencias vitales y entorno de cada mujer, pero pensar desde fuera que unos son más fáciles o llevaderos es toda una osadía.

He conocido mujeres en cada uno de esos supuestos.  Algunas incluso han vivido 2 de ellos, seguro que alguna habrá que los 3… y  todas han sufrido. Todos estos actos dejan huella, igual que esos cuerpecitos dejan parte de sus células en el cuerpo de la mujer que los gestaba.

No querer  verlo o no querer asumirlo es como querer guardar agua en una caja de cartón… dependerá de cuánta agua haya y de cómo es el cartón que aguante más o menos… pero tarde o temprano… ese agua saldrá o acabará deformando la caja.

Mi trabajo como Asesora Continuum es acompañar como mejor sé estos procesos de duelo. Y como formadora de Asesoras Continuum, hacer todo lo posible para que mis alumnas aprendan a mirar cada historia sin juzgar, dando lo mejor de nosotras para contribuir a que la mujer, la familia, elabore un duelo sano.

Si es tu caso, recuerda que no tienes que pasarlo sola.
♥♥♥

PD:Videos sobre consejos para ayudar a quien ha sufrido un aborto en el Canal MimosyTeta de Youtube