"Convertirse en Madre" por Nuria Otero

Excelente artículo de Nuria Otero, imprescindible para entender el puerperio. Publicado en el Foro de la Asociación Criar con el Corazón

Convertirse en Madre

Hay algo de salto al vacío en el hecho de convertirse en madre. Porque realmente no sabemos qué pasará al día siguiente del parto. Quién será nuestro hijo o nuestra hija… pero fundamentalmente, desconocemos en quién nos convertiremos nosotras.

Si hay un aspecto en el que coinciden muchísimas mujeres a la hora de recordar el posparto es ese sentimiento de no reconocerse a ellas mismas, de no encontrar en el espejo a aquélla que fueron. Y no se trata tan sólo de un desencuentro físico, de que estemos más o menos gordas de lo que esperábamos, de que los pechos nos duelan, de que los entuertos y loquios no acaben cuando creíamos, de que el pelo se nos caiga a mechones, de que el cansancio nos desmorone hasta límites insospechados días antes y de que los brazos no se acostumbren a mantener constantemente el peso de nuestro bebé. No… es mucho más que eso. Es el encontrarse con una mujer a la que desconocemos totalmente. Que piensa cuestiones y en cuestiones en las que nunca había pensado antes, que se contradice a sí misma cada cuarto de hora, que aunque quiere dormir no deja de velar el sueño de ese pequeño ser que acaba de romper en dos sus creencias, que tiene miedo y vértigo y alegría e inseguridad y se siente fuerte y poderosa a la vez que débil y diminuta… una auténtica montaña rusa en la cual las hormonas tienen mucho que ver, pero también una incalculada brecha que se ha abierto en nuestra vida gracias a la aparición de ese pequeño que nos ha arrebatado la cordura. Una brecha a través de la cual entrevemos las posibilidades reales del amor, del deseo, de la entrega… la mujer sin límites que podríamos llegar a ser, la verdadera YO que se esconde tras cientos de convenciones sociales, tras velos y velos de “cordura”, tras la obediencia aprendida y el “saber estar” pretendido. Y lo que se ve nos encanta, pero a la vez nos asusta… como las atracciones de feria, a las que la mayoría de las veces, pasada una cierta edad, dejamos de subir, porque el miedo puede más que el maravilloso agujero en el estómago a la hora de dar una vuelta cabeza abajo en una máquina infernal. Así, miramos hacia otro lado mientras esperamos que la brecha se cierre, mientras esperamos que alguien nos ayude a cerrarla o simplemente la cierre a base de dosis de realidad.

Ahora bien… ¿qué es lo que sucede realmente? ¿qué nos pasa a las mujeres durante el posparto?

Por un lado, hay un poco de química y cambios hormonales que nos vinculan (o desvinculan) de una manera diferente a las demás personas, a nuestro nuevo hijo, a nosotras mismas y al mundo en general. Pero estos “estados alterados de la biología” adquieren unas connotaciones muy diferentes en función del tamiz cultural al que nos vemos sometidas.

Por otro lado, en el posparto, precisamente gracias a ese puñado de hormonas en el que nos convertimos, se producen aperturas de conciencia, reconocimientos de verdades que quizás ni íntimamente habíamos percibido, surge nuestra vida toda ante nuestros ojos, y también las posibilidades que tenemos. Es la brecha de la que hablaba y de la que nadie habla… ni antes, ni durante, ni después del embarazo, centrados como estamos en ver sólo lo visible, lo tangible, lo conocido… volcados como vivimos en los resultados (el embarazo perfecto, el niño guapo y entero), y en la vuelta a la supuesta normalidad que nos envuelve (nuestra figura de siempre, nuestra rutina diaria, nuestro éxito laboral, nuestra vida triunfante).

Y por último, pese a todas esas posibilidades tanto físicas como psicológicas y emocionales que se abren ante nosotras, existe un mundo que nos condiciona, que nos ata, nos juzga y nos sojuzga de una manera tan omnipresente y omnipotente que somos casi incapaces de verlo, tan libres y perspicaces como nos creemos.

Sin embargo, pese a ello, pese a las dificultades, más allá de los condicionantes, de los juicios y prejuicios, a pesar de nosotras mismas y nuestra historia, existen posibilidades de maniobra, pequeños gestos que día a día pueden hacernos más libres, mejores personas y, fundamentalmente, madres más conscientes.

Desarrollemos un poco cada idea.

1 . La impronta, las hormonas, el vínculo.

Durante el parto, durante el nacimiento de un bebé y en las primeras horas posteriores, se producen ciertos fenómenos hormonales de una intensidad incomparable a la de cualquier otro momento de la vida humana. Cuanto menos intervenido sea el parto, cuanta menos medicalización del proceso, más cantidad de hormonas (fundamentalmente oxitocina) tendremos tanto en la madre como en el bebé. Y esas hormonas son necesarias para que tanto el parto como el nacimiento culminen con éxito. Se hacen necesarias para el alumbramiento espontáneo de la placenta, para la contracción natural del útero, para la subida del calostro y, más adelante, de la leche materna, para que el bebé encuentre por sí sólo el pecho y la manera correcta de succionar… pero fundamentalmente, se hacen necesarias para producir un fenómeno mucho más importante para la vida de madre e hijo: la impronta. La impronta es un proceso que sabemos reconocer muy bien en otros mamíferos; es la responsable de que mamá y bebé se reconozcan aún en medio de enormes manadas de individuos, y al contrario… cuando a un mamífero se le saca su cría y no se le da hasta horas después puede llegar a rechazarla, a no reconocerla como suya. Es una especie de sello no visible pero infalible. En los humanos, es la responsable de que el bebé llore cuando se aleja de su madre, de que a la madre algo se le remueva cuando no escucha a su bebé, o cuando lo escucha llorar, o de que las madres lactantes segreguen leche cuando el bebé llora… Según el Dr. Michel Odent, la primera hora de vida es el momento crítico en el que se produce esa “impronta hormonal”, que va a favorecer un proceso aún más importante: el vínculo afectivo entre madre e hijo.

Incluso en los casos en que el parto haya sido intervenido y la segregación hormonal no haya sido tan potente, se dan cambios que afectan directamente a la relación que mantendremos de ahora en adelante con el bebé. De hecho, la lactancia también profundiza y favorece ese vínculo.

“Así la madre que da de mamar está en un equilibrio hormonal particular. Está bajo los efectos de una hormona indispensable para que se produzca la secreción de leche por el seno. Se trata de la prolactina. Pero esta hormona tiene otros muchos efectos además de ser responsable de la puesta en marcha de la glándula mamaria. Es la hormona que empuja al animal a construir su nido. Es también la que desencadena los comportamientos agresivos característicos de las hembras que amamantan. Algunos de sus efectos en los comportamientos humanos han sido establecidos por el estudio de los síntomas de los tumores secretores de prolactina en la mujer y en el hombre. En primer lugar la prolactina reduce la libido, el interés sexual. Posteriormente tiende a engendrar estados de subordinación, de sumisión y también un cierto grado de ansiedad. Estos efectos de la prolactina en la conducta de la hembra son fácilmente interpretados como ventajas para la supervivencia de la especie. Cuando una mujer comienza la lactancia todos los efectos de la “hormona del amor” tienden a dirigirse al bebé. El bebé se convierte en objeto de amor. La subordinación permite una disponibilidad máxima frente a las exigencias del bebé. En lo referente a la ansiedad se traduce por una capacidad de vigilancia acrecentada durante el período de lactancia y una tendencia a no experimentar las fases de sueño profundo.” Michel Odent, El bebé es un mamífero.

Ante este estado bioquímico, es lógico entender muchos de los desconciertos que atacan a una madre recién parida o a cualquiera que conviva con ella e intente seguir un orden o rutina preestablecidos con antelación a la llegada del bebé. Cualquier parecido con la persona que la madre fue antes de dar a luz será mera coincidencia, y ella estará tan sorprendida por sus hallazgos, por sus nuevas decisiones, por sus nuevos sentimientos, por sus reacciones imprevisibles, como cualquiera que la observe desde la barrera sin intentar comprender.

El problema que nos encontramos ante todo esto es que nuestra cultura no está preparada para aceptar a las madres (ni para dejar que ellas se acepten a sí mismas) con este estado hormonal. Porque aceptarlo sería aceptar que las mujeres, durante este período y en ese estado, vivirían por y para la criatura. No se encargarían de otra cosa porque su propio cuerpo boicotearía cualquier otra iniciativa. Amamantarían día y noche sin mirar el reloj ni el calendario, cargarían al bebé sin complejos porque así lo pediría él y porque así responderían ellas. No volverían a trabajar a los cuatro meses aún por cumplir del bebé, ni a los cinco, ni a los seis… ni sabe dios cuándo; por lo tanto, no producirían en su trabajo ni demandarían creación de empleo en el sector de la educación infantil. La conciliación familiar perdería sentido… Por eso nos empeñamos en que todo vuelva a la normalidad… entendiendo por normalidad lo que había antes del parto… y si puede ser antes del embarazo, mejor. Nos empeñamos en que la madre separe de sí al bebé, amamante a períodos organizados, vuelva a la rutina, se comporte como se comportaba antes… para que todo siga girando, para que nada se tambalee, para que no tengamos que plantearnos el sentido de todo lo que hacemos… que la biología funcione de una determinada manera no tiene, para nosotros los occidentales, ninguna razón de ser.

Y así, doblegamos a las madres, nos doblegamos, y nos convertimos en mujeres que desean algo que no pueden tener, porque ni nosotras mismas nos lo permitimos. Sacudimos la cabeza, miramos hacia otro lado y seguimos con nuestra vida intentando no ser demasiado conscientes de lo que sentimos, de lo que la biología y la química nos demandan… y así, vamos perdiendo la posibilidad de reforzar el vínculo con nuestros hijos, vamos perdiendo credibilidad ante nuestros propios ojos… volvemos al redil.

2 . La herida abierta.

“Todas las mamás, con un mínimo de sostén emocional, son capaces de amamantar, de acunar, de higienizar a un bebé, de proporcionar los cuidados físicos necesarios para su supervivencia. (…) La dificultad se presenta cuando se impone reconocer en el cuerpo físico del bebé, la aparición del alma de la mamá, en toda su dimensión. Reconocernos frágiles, como “mamásbebés”. Cuidarnos como tales. Respetarnos con estas nuevas cualidades. Tenernos paciencia en este tiempo tan especial y no exigirnos un rendimiento igual al acostumbrado. Abrirnos a la sensibilidad que se nos agudiza y a la percepción de las sensaciones que son vividas con un corazón inmenso y un cuerpo que sentimos pequeño porque somos bebé y persona adulta simultáneamente.

Es como tener el corazón abierto, con sus miserias, sus alegrías, sus inseguridades, con todas las situaciones pendientes para resolver, con lo que nos falta comprender. Es una carta de presentación frágil: esto es lo que soy el fondo de mi alma, soy este bebé que llora.

Podríamos considerarla una ventaja exclusiva de las mujeres: la posibilidad de desdoblar nuestro cuerpo físico y espiritual, permitiendo que aparezcan total claridad las dificultades o los dolores personales.

El bebé siente como propios todos los sentimientos de la mamá, sobre todo aquellos de los que no tenemos conciencia. La mayoría de las mujeres no aprovecha esta ventaja de tener el alma expuesta; es riesgoso encontrarse con la propia verdad. Sin embargo, es un camino que indefectiblemente vamos a recorrer, aunque la decisión de hacerlo con mayor o menor conciencia es personal.” Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra.

Cuando un bebé nace, nacemos nosotras con él. Renacemos. Nos volvemos a ver, en muchas ocasiones, pequeñitas y desamparadas. Primero porque, actualmente, las mujeres hemos perdido las referencias y la experiencia previa sobre bebés, no sabemos nada de ellos, de cómo son, de cómo se cuidan, se lavan o se acunan, pero tampoco de cómo sienten, de cómo lloran, de cómo acarician, de cómo llenan el espacio y, a la vez, lo vacían de lo superfluo. Por lo tanto, nos sentimos aprendices en nuestra propia vida, pero sin tiempo ni posibilidad para el ensayo, para equivocarnos. Al haber perdido el contacto con otras mujeres paridas y con sus bebés, hemos perdido los conocimientos sociales y culturales que, con respecto a la maternidad, manejaban con soltura nuestras abuelas y bisabuelas.

Pero, además, porque ser madre, convertirse en madre, encontrarse puérpera, nos supone reencontrarnos con el bebé que fuimos, con lo mucho o poco que nos desearon, nos acunaron, nos besaron, nos cantaron, nos acariciaron. Supone traer a colación nuestros peores y mejores recuerdos de infancia, enfrentarnos con lo mucho que nos parecemos a lo bueno y lo malo de nuestras madres, supone ver en quiénes nos hemos convertido en ese espejo en el que aparece una mujer que se parece a nosotras pero que ya no es.

Muchas mujeres relatan que cuando tienen un bebé aparecen, nadie sabe de dónde, canciones infantiles y nanas que no habían oído desde que hace veinte, treinta o cuarenta años empezaron a dormir solas… otras relatan largos y detallados cuentos que meses antes no podían recordar ni siquiera con esfuerzo. Junto con esos cuentos y canciones regresan a menudo la voz que los contaba o cantaba y las circunstancias que los rodeaban. También, en ocasiones, regresa el vacío de no haber sido cantada ni contada. Emocionalmente, en este momento, las mujeres abrimos una especie de bucle temporal que, además de lo bueno, nos trae también lo malo, lo regular y lo terrible. Nos devuelve nuestra propia infancia. Puede que no seamos conscientes de ello, pero ocurre. Y todo lo que nos llega nos tocará como por arte de magia y nos hará estar en una disposición completamente nueva para asumir la maternidad, pero también para asumir nuestra propia vida, para asumirnos como somos, como fuimos, para querernos a pesar de que nos hayan querido o no y, así, empezar con nuestro bebé una relación nueva, que no lleve a rastras las carencias o excesos de nuestras propias relaciones como hijas… Pero otra vez, a las mujeres se nos urge para que volvamos a ser como antes, para que no nos detengamos en búsquedas ni en profundidad, para que dejemos estar lo dormido durmiendo y nos dediquemos a dormir lo que despierta. El mundo no nos concede el tiempo que necesitamos para asumir estos procesos, ni siquiera nos concede la posibilidad de hacerlo en nuestros ratos libres… nos ocupa con visitas, paseos, gimnasios… nada que nos deje solas y capaces de abrir la brecha, de bucear en ella, de ahondar en el dolor que produce para sanarlo. Otra vez, nos distraen de lo importante y nos dejamos liar.

3 . La libertad con cuerdas.

Hace bastantes años que las mujeres occidentales hemos dejado atrás la esclavitud de la vida de amas de casa, cuidadoras de marido e hijos, limpiadoras a tiempo completo, celadoras del orden y la pulcritud de nuestro hogar y prole. Ahora estudiamos una o dos carreras, varios posgrados, másters y especializaciones y, con suerte, accedemos a un puesto laboral semi-acorde a nuestras expectativas, que nos lleva casi todo el tiempo de que disponemos y nos da una cierta libertad económica (esta libertad va a depender del puesto real que desempeñemos laboralmente y también del nivel de vida y estatus en el que pretendamos movernos). Lo que ocurre habitualmente es que vamos relegando otros aspectos más íntimos de nuestra vida en aras del desarrollo de esa parte académico-laboral. Y cuando nos damos cuenta, suele ocurrir que estamos inmersas en un ritmo de vida del que no podemos zafarnos. En el momento en que alcanzamos el puesto o estatus por el que luchamos es cuando, en principio, podemos bajar el ritmo para dedicarnos a otros menesteres entre los cuales entran los planes para convertirnos en madres. Pero entonces es cuando nos damos cuenta de que todo el mundo que hemos construido se sostiene sólo si seguimos con el mismo ritmo, con las mismas exigencias, con la misma dedicación a nuestra vida profesional.

El problema, claro está, no radica en ese ritmo, ni en el hecho de vivir una vida profesional más o menos masculinizada, ni siquiera en el hecho de que dudemos si bajar el ritmo es bueno o malo, de que temamos las consecuencias, de que “el tren se nos vaya”. El problema es que consideremos, como sociedad, que sólo saliendo de casa y triunfando profesionalmente, nos estamos realizando. Cualquier mujer que se atreve simplemente a cuestionar esta verdad y piense, aunque sea por instante, en tener hijos y hacer un paréntesis o un cambio de ritmo laboral es acallada por múltiples críticas, advertencias y admoniciones de todo tipo: te quedarás sin tu puesto, te echarán del trabajo, ya no podrás optar al ascenso, no contarán contigo… en ocasiones, estas advertencias no pasan de ahí, pero en otras se convierten en realidad. Evidentemente, esto es algo que no se puede permitir, es un aspecto de la realidad laboral de este país y de otros muchos que hay que solventar. Pero opino tajantemente que la solución a este problema no pasa por que releguemos la maternidad, el cuidado y la crianza de nuestros hijos al último lugar en nuestra lista de prioridades. La solución no está en no tener hijos hasta que logremos el puesto más alto en la empresa y luego volver a trabajar en menos de 4 meses para que nadie note nuestra falta… la solución es otra, y parte, en primer lugar, de una conciencia social sobre lo que realmente nos aporta criar a nuestros hijos, no como personas, que también, sino como sociedad, como civilización… verdaderas políticas de conciliación basadas en el respeto por la familia y no en el respeto por el empresario.

“Las apariencias a menudo engañan, sobre todo si esa apariencia está preparada y es una estrategia del Poder. Con la revolución científico-técnica y, como dice Agustín García Calvo, los medios de formación de masas, se ha conseguido una casi total deshumanización y robotización de la función materna, que supuestamente ‘libera’ a la mujer de la degradada y socialmente degradante tarea de la maternidad. Las mujeres hemos caído en la trampa. Al haber logrado convertir la maternidad en una opción o, gracias a las leches artificiales y al plástico, en una gestación compatible con una carrera profesional definida según el arquetipo masculino, nos hemos creído que, por fin, habíamos accedido a la igualdad con los hombres.

Pero el haber logrado que la maternidad sea una opción no zanja la cuestión, y la robotización de la función materna refuerza aún más el discurso y las raíces de la sociedad patriarcal. Porque, si sólo renunciando a la maternidad o deshumanizando su función podemos dejar de ser inferiores, estamos asumiendo que la maternidad es algo efectivamente degradante y que nos inferioriza, que nos rebaja, que nos hace ser como vacas o animales reproductores.” Casilda Rodrigáñez Bustos. MUJER, MATERNIDAD Y SOCIALIZACIÓN.

Lo que ocurre, como ya he dicho, es que, verdaderamente, la maternidad no es una opción tan válida como otras. Es la opción con la que se quedan quienes no tienen opciones. La hermana pobre de las opciones que a las mujeres nos da la vida. Incluso la mayor parte de las mujeres que en un primer momento optan por dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de los hijos, lo hacen pensando que es una decisión temporal, y que cuanto menos tiempo pase, mejor, así costará menos volver al “mercado laboral”.

Ocurre otra vez, por mucho que nuestro bebé nos haya emocionado y enamorado, por mucho que hayamos descubierto nuestras fortalezas y debilidades, por mucho que deseemos quedarnos a cuidar y criar a nuestros hijos, la sociedad patriarcal, monetarizada y jerarquizada en la que vivimos, decide por nosotras y nuestras familias dónde está nuestro lugar en el mundo, y por supuesto, y mucho más grave, dónde está el lugar de nuestros hijos… en la guardería, lejos de casa, lejos de la madre, de manera que los deseos e instintos de ambos se vayan apagando a base de distancia física y temporal, a base de la aparición de tareas y personas que interfieren en el apego y la necesidad vital de madre e hijo de permanecer juntos. Nada se descoloca, la rueda sigue girando, el mundo sigue produciendo y nosotras con él, y nuestros hijos, desde sus primeros meses de vida, crean puestos de trabajo.

4. La alternativa.

La maternidad queda habitualmente reducida al ámbito hogareño y familiar, sin suscitar interés si no es en sus vertientes más físicas como el parto, la lactancia o las depresiones puerperales. Sin embargo, en los últimos tiempos, diversos medios de comunicación y algunos expertos en sociología o antropología le dedican tiempo no sólo al estudio de la maternidad en su conjunto, desde puntos de vista sociales, culturales o históricos, sino que también destapan y dan relieve a una serie de mujeres que confían en sus cuerpos para parir y criar a sus hijos, que deciden que la maternidad no es un obstáculo para el trabajo sino al revés, es el trabajo y el mercado laboral actual el que presupone un impedimento para el desarrollo de la maternidad, y asumen, por lo tanto, esta importante función vital como una prioridad ante otras que vengan dadas desde fuera. Madres conscientes, retrofeministas, madres insumisas… son muchos los nombres que estas madres de las que hablo reciben.

He descrito hasta ahora la realidad más cruda. La de cientos y cientos de mujeres y madres que se encuentran con un bebé en brazos y con él, ante la disyuntiva de cómo seguir adelante con todas las verdades que se les han presentado ante los ojos… cómo dar el siguiente paso sin las vendas que nos cegaban… cómo continuar la vida sabiendo todo lo que nos está siendo arrebatado, de bueno y de malo, por seguir la senda trazada de la obediencia y el silencio. Casilda Rodrigáñez nos habla del “estado de sumisión inconsciente” en el que vivimos las mujeres, las madres y la sociedad en general. Creo que para poder salir de ahí no queda más, pues, que una actuación subversiva consciente.

Subversiva (“madres insumisas”, las llama Isabel Aler) porque plantea el quiebre de muchas de las estructuras rígidas que nos sostienen, nos contienen y nos mantienen en este estado. Porque supone, en ocasiones, atentar contra el significado social y cultural de la palabra “éxito” y de su resultado, el “bienestar”. Porque ataca a la sociedad de consumo, al mercadeo (que no mercado) laboral, a la perpetuación de roles y a los modelos establecidos de crianza, de jerarquías, de familia, de sociedad… en una palabra.

Y consciente. Consciencia… madres conscientes. Conscientes de sus necesidades, carencias y deseos, conscientes de las necesidades, carencias y deseos de su bebé, conscientes de cómo actúa el mundo que nos rodea, consciente, sobre todo, de lo inconsciente… una tarea dura, difícil, ingrata… mucho más que el dejarse llevar.

La solución, pues, está en atender a nuestros deseos y nuestros instintos más que a nuestros deberes y aprendizajes sociales. Cuando un bebé nace, cuando nacemos con él, nos transformamos en otra, otra que se parece algo a quien fuimos, o mucho, pero que tiene otras prioridades, otros saberes… como mujeres en plena tormenta hormonal, como mujeres privilegiadas por los recuerdos de la infancia, aprovechemos todo el conocimiento que guardamos dentro de nosotras, el que duerme bajo todas las convenciones y normas sociales. Si queremos dar el pecho, demos el pecho… olvidemos las vestiduras y el recato y amamantemos a nuestra cría… dejemos a un lado el reloj, la báscula y los complementos de plástico, látex o silicona… ningún otro mamífero los utiliza para dar de mamar a sus hijos. Si queremos acunar a nuestros hijos, cargarlos, tocarlos y abrazarlos, hagámoslo sin miedo al qué dirán, sin miedo a las consecuencias… los niños no se malcrían, se crían mal, que no es lo mismo… hagamos caso a nuestro instinto cuando queramos apaciguar su llanto en la noche o en el día, protejámosle de todo lo que nos parezca una amenaza y de cualquier cosa que se lo parezca a él… seamos madres amantes, deseosas de su bebé, de su contacto y su olor… dejémonos llevar por la maravillosa oportunidad que nos brinda la naturaleza de encontrarnos con nosotras mismas.

Actuaciones subversivas conscientes. Que arrastren a otros. Que los hagan pensar. Encontremos otras madres con quienes compartir tiempo y saber. En quienes confiar y a quien confiar lo que intuimos, lo que sabemos. Creemos redes, lazos. Las mujeres estamos solas con nuestro saber anquilosado y nuestros cuerpos y tiempos entregados a la ciencia y la técnica, al desarrollo social y económico. Y la soledad nos hace más vulnerables… nos hace más indecisas, menos valientes. Y no me refiero a madres solteras, sino a madres profundamente solas. Solas con una pareja (hombre o mujer) que sale de casa una parte importante del día. Solas con una familia extensa que vive lejos o que a veces, no vive. Solas sin conocimientos sobre lactancia, sobre posparto, sobre noches en vela, sobre pechos que duelen o sangran. Así, el cuidado y crianza de los hijos, el día a día, se convierte en una alta montaña a la que subir sin apenas herramientas que nos ayuden. Por eso es necesario volver a crear los conocimientos que antes compartían las mujeres de generación en generación, para dejar de sentirnos solas, para volver a ser conscientes y para que la maternidad no tenga que convertirse en una lucha por nuestros derechos y los de nuestros bebés…

Bibliografía:

Aler Gay, I. (2006). “La transformación de la maternidad en la sociedad española1975-2005. Otra visión sociológica”. Fundación Centro de Estudios Andaluces.

Chamberlain, D. (edición digital). “La maravilla del vínculo afectivo”. Artículo publicado en www.holistika.net.

Gutman, L. (2003). “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”. Ed. Del Nuevo Extremo.

Odent, M. (1990). “El bebé es un mamífero”. Ed. Mandala.

Odent, M. (2003). “La hora siguiente al nacimiento:¡no despierten a la madre!”. Artículo publicado en español por la Revista Obstare nº9. www.obstare.com

Rodríguez Bustos, C. (1994). “Mujer, maternidad y socialización”. Exposición oral en Madrid, 9 de marzo.

Rodríguez Bustos, C. y Cachafeiro, Ana. (edición digital en pdf.) “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”. Publicado en www.casildarodriganez.org.

Prólogo: Una Nueva Maternidad por Rosa Jové

Es  un honor  haber participado en este proyecto con otras amigas, todas mujeres y blogueras y es un lujo haber contado con Rosa Jové que nos ha escrito el prólogo.

Gracias a ellas y a vosotros por seguirnos… y leernos.

PROLOGO: UNA NUEVA MATERNIDAD

Por Rosa Jové

La primera vez que vi este maravilloso manuscrito estuve de acuerdo con lo que se dice en el epílogo: no deja indiferente. Guste o no guste, te remueve hasta lo más hondo. En muchas de sus páginas algunas nos veremos reflejadas y nuestros ojos se humedecerán conforme avance la lectura. Otras, menos afortunadas, no sentirán tanta emoción pero seguro que tendrán material para reflexionar. Ante estas páginas la neutralidad no existe.

Porque se trata de madres que, más que desnudar su alma, se la arrancan para que el mundo vea bien clarito lo que sienten, lo que son o lo que quieren ser. Mujeres valientes que no se acomplejan y que se rebelaron en su día para ser mujeres y madres tal y como ellas querían y no como se les quería imponer.

Son historias de quince hadas de la maternidad que entre pañales y pucheros, entre trabajos varios y noches sin dormir invocaron al duende de sus sentimientos que se hizo visible en forma de letras y espacios. Son hadas verdaderamente mágicas pues encuentran tiempo para todo, saben de juegos y canciones y curan dolores de barriga con un dulce beso que sale de sus labios. En este libro, además demuestran que escriben como los ángeles.

Al igual que las hadas son invisibles a los ojos humanos no entrenados y por eso solo se reconocen entre ellas o las reconocen aquellos a quienes aman. Quizás uno de los objetivos de este libro es que la gente las entienda y las ame para así poder empezar a verlas. Pero no solo a ellas, sino también a las que son igual que ellas. Porque este mundo está poblado de miles de hadas, lo que sucede es que no todas se atreven a escribir. El objetivo es hacer visible lo que parece ser que hoy aún no se sabe ver.

Es curioso constatar cómo algunos textos están escritos desde la primera persona, desde la madre que se habla a ella misma. En otros es la madre que mantiene una conversación con su bebé y en otros con la sociedad. Porque cada una escribe lo que siente, lo que quiere escribir y a quien quiere escribir. Hay textos más intimistas y poéticos, textos más reivindicativos y prosaicos, pero todos destilando magia.

Me gustaría elegir una frase, un trocito de texto para que las personas que lean este prólogo puedan empezar a saborear lo que les espera. Pero…¿Cómo elegir solo uno? Si antes hablaba de 15 hadas he de mencionar ahora que este libro lo forman 46 pequeñas obras de arte. Elegir un fragmento de cada una quizás sería más correcto, pero tampoco haría justicia a la obra.

Me decido, pues, por buscar un resumen que los abarca a todos y me viene una palabra a la mente: amor. Lea el texto que lea sale el amor (sobre todo el amor maternal, pero también otros tipos de amor). Destila amor por los cuatro costados. Creo que si este libro fuera como una bolsita de té, haría una deliciosa infusión de amor.

Lean, emociónense, aprendan y amen. Eso es lo que van a encontrar en las siguientes páginas, nada más y nada menos.

Lleida, primavera de 2011.

Rosa Jové

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"Los Trastornos de Ansiedad-Su Relación con la Crisis del Nacimiento"-Dr. Luis Papagno

El Dr. Luis Papagno ha publicado un nuevo libro fruto de evidencias clínicas adquiridas a través de cuarenta años de ejercicio profesional, aunadas al aporte de los nuevos conocimientos sobre aprendizaje, memoria y ansiedad.

Síntesis del libro:

La propuesta a desarrollar es que la forma de nacer puede un factor determinante en los rasgos fundamentales de la conducta, independiente de su constitución genética. Esto incluye:

  • Discriminar cuales fenómenos de conducta observados en el nacimiento obedecen a causas fisiológicas e inevitables y cuales al entorno.

  • Comprobar la asociación entre estímulos – fisiológicos o no – y expresión de las emociones y, en consecuencia, la posibilidad de generar patología.

  • Verificar la factibilidad de que esta situación altamente displacentera – como es el nacimiento – pueda persistir a través del tiempo -trauma – quedando incorporado a la biografía de la persona

  • Factibilidad de un sustento anatómico que permita elaborar un modelo etiopatogénico como sustento de la asociación hecho traumático-recuerdo-síntoma.

Se analiza la crisis del nacimiento; ésta genera en el recien nacido, un estado altamente displacentero, aumento de la tensión, determinando un estado de intensa angustia (angustia primaria)

Esta situación es fisiológica, transitoria y superable por los mecanismos reparadores naturales – el contacto piel – a – piel con la madre – restableciéndose rápida y efectivamente el equilibrio, sin quedar secuelas de la situación vivida.

Este proceso fisiológico puede perturbarse si:

  • Los fenómenos de hipoxia superan en intensidad y duración a los mecanismos de defensa –SFA -

  • Recibe una hiperestimulación sensorial externa

  • Se impide el contacto inmediato con la madre

  • La sumatoria de todas ellas

Esta alteración de los procesos fisiológicos puede ser percibida como violenta y/o agresiva, ya que supera los mecanismos de defensa naturales del neonato. Al no disiparse la angustia del nacimiento, ésta quedará incorporada a su historia, configurando un trauma, por sus efectos psíquicos negativos y su persistencia a través del tiempo. Este trauma se manifestará en mayor o menor grado de acuerdo con su estructura genética y las experiencias posteriores. La tremenda activación del centro de trauma cerebral – locus coeruleus, amígdala y eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal – que se produce en el nacimiento, aunado a la carencia de una reparación posterior, determina que se pierda el control de los centros de retroalimentación negativa que permiten adecuar la respuesta al contexto. En consecuencia, existe aumento de la descarga noradrenérgica que producirá diversos trastornos de ansiedad futuros, por reactivación de la situación original, dependiendo la manifestación clínica de la historia genética, de las experiencias vitales y de la circunstancia desencadenante, como hemos analizado precedentemente.

Se postula que el trauma se origina por un aumento intenso y/o persistente del estímulo, tanto interno como de origen externo; estos estímulos “proveen“ la energía que va a ser utilizada en la fijación de la situación displacentera, aumentando en grado sumo el nivel tensional inherente al acto en sí mismo. Pero tan importante como la hiperestimulación sensorial es la instalación de la vivencia de desamparo que se produce al no darse la re – unión con la madre.

Se establece una relación entre esa experiencia y su emergencia bajo la forma de sintomatología. – Trastorno de Angustia y Estrés Post Traumático, relacionados con el sufrimiento fetal y la crisis no fisiológica del post nacimiento, respectivamente. La idea es que la experiencia del nacimiento, si bien no es la única, es altamente condicionante como estimulo para “dar a luz” mayor probabilidad de expresión de la susceptibilidad genética ––polimorfismo de nucleótido único – que aumentan la vulnerabilidad ante situaciones vitales.

Las consecuencias de la influencia del entorno – experiencia – no se limitan al momento en que actúan – desarrollo precoz – Los estímulos sensoriales ejercen un efecto de diversa intensidad y duración. Este aprendizaje se puede explicar como un cambio prolongado o relativamente permanente de la conducta como resultado de la exposición repetida o intensa a un modelo de estimulación.

La adquisición aprendida de la ansiedad abre la posibilidad de un ”desaprendizaje”, mediante la estimulación psicoterapéutica, que permitiría el producir cambios estructurales y funcionales duraderos en el cerebro, por modificacion de la expresión génica, fundamento de la farmacoterapia, y de la psicoterapia.

Se propone una revisión de la nosología con respecto al TPET.

En funcion de que los dos modelos propuestos también configuran una situación de estrés, pero, a diferencia de la crisis fisiológica – que también es un estrés, pero no traumático – en este caso, dada la intensa estimulación intero y exteroceptiva se produce un engrama que perdura a través del tiempo – trauma – de manera que, en el nacimiento, se generan las condiciones para que, ulteriormente, se configure un verdadero trastorno post estrés traumático – no de estrés post-traumático - porque el estrés se inicia primero, es lo que antecede y determina “a posteriori” – por su persistencia – el trauma; el trauma – trastorno – es laconsecuencia del estrés y no lo inverso, como se enuncia clásicamente 

Mas noticias sobre el libro

Contacto para obtener el libro: editorialakadia@gmail.com

Entrevista a Carlos González invitado por "Creciendo Juntos Zamora"

Entrevista publicada originalmente en www.laopiniondezamora.es

B.Blanco García

Carlos González.Pediatra.

Carlos González invitado por Creciendo Juntos ZamoraDefensor de la crianza natural y la lactancia materna, el pediatra Carlos González participó ayer en una conferencia organizada por la asociación Creciendo Juntos de Zamora, donde desarrolló sus teorías para que los padres se adapten a las necesidades de los niños para su correcto desarrollo.

-Con tres hijos, ¿ha aprendido más sobre la crianza de los niños por su experiencia personal o por su especialidad médica?

-Por experiencia, sin duda, porque la crianza no es algo que normalmente estudiemos los pediatras. La carrera te enseña el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, no cómo criar a los hijos.

-Defiende la lactancia materna, ¿es un movimiento que está ganando adeptas en los últimos años?

-Desde siempre, la mayoría de las madres han querido amamantar, pero lo que pasa es que muchas no lo conseguían porque se les daba información y normas erróneas, además de falta de ayuda cuando tenían algún problema. Afortunadamente, cada vez hay mejor información y más profesionales capaces de ayudar, así que cada vez hay más madres que sí lo consiguen.

-¿Y las mujeres que no lo hacen, por la circunstancia que sea, se tienen que sentir peores madres?

-Pues claro que no. La que no da el pecho porque no quiere ha hecho lo que ha decidido. Tampoco es culpable la que quería hacerlo y no ha podido. Ninguna de las dos tiene por qué sentirse de ninguna manera. El problema es que hay gente que sí que quiere darlo y no puede. Y eso es lo que nos preocupa. Es a ellas a quienes queremos ayudar.

-¿Cuáles son esas dificultades para aquellas madres que quieren pero no pueden dar el pecho?

-Sobre todo la falta de información, la creencia todavía tan extendida de que a los niños hay que darles de mamar cada tres horas o que tienen que dormir toda la noche. O los errores que se cometen con respecto al peso de los bebés, que están engordando perfectamente y sin embargo les dicen que tienen que darle un biberón porque ha cogido poco peso.

-¿Qué beneficios tiene la lactancia materna para el bebé?

-Principalmente, que le gusta mucho y se lo pasa muy bien, que es lo importante. Si además, por ejemplo, parece que disminuye las diarreas, está bien, pero eso es lo de menos. No se da el pecho por eso, las madres lo han hecho durante un millón de años sin saber esos beneficios.

-¿Cuál es la esencia, entonces, de dar el pecho?

-La cuestión es que forma parte de tu vida. Es como si nos preguntáramos si los niños salen más sanos por inseminación in vitro o por el método tradicional. Este segundo es más divertido y la inseminación solo se hace cuando lo anterior es imposible. Si no, el método tradicional es mejor. Con la lactancia materna ocurre lo mismo.

-También es partidario de la crianza natural, ¿qué pautas hay que seguir?

-Se trata de que, precisamente, no haya normas. La idea es acabar con absurdas pautas que se han extendido durante varias décadas sobre cómo tienes que criar a tus hijos. Hay que hacerlo como a uno le parezca.

-¿Está relacionado con el instinto de la madre?

-Con el instinto, pero también con la lógica y con los deseos de la gente. Cuando tu hijo llora, lo primero que se te ocurre es consolarlo, pero igual que si lo hace algún otro familiar, porque es normal que cuando llore alguien no pases, y menos si es alguien que quieres. Eso es lo que desean hacer la mayoría de las madres y padres, pero durante unas épocas ha habido unas normas que decían que había que dejarlos llorar porque si no te tomaban el pelo y se aprovechaban de uno. Las madres deben saber que no tienen por qué plegarse a esas exigencias, que tienen derecho a hacer con sus hijos lo que quieran y a criarlos como ellas deseen. Y no se les hace daño por cogerlos en brazos, cantarles canciones o darles cariño y hacerles caso.

-¿Alguno de los frenos para este tipo de crianza puede ser el ritmo de vida actual?

-En algunos momentos puede ser incompatible, pero lo grave no es solo que tengamos unos permisos de maternidad que son la mitad que en otros países europeos, sino que haya gente que en el poco tiempo que la vida moderna nos deja para estar con los hijos, en vez de aprovecharlo para cogerlos en brazos, jugar con ellos o hacerles cosquillas, se dediquen a poner límites y educarles. Es algo bien triste.

-¿A España le queda todavía mucho por avanzar en la conciliación de la vida familiar y laboral?

-En general, la conciliación no es posible. O se hace una cosa o se hace otra. La única manera de conciliar que es posible en algunos empleos es volver al trabajar y llevarte a tu hijo. En muchos oficios sí que se podría hacer, como las taquilleras de un cine, por ejemplo, o detrás de un mostrador en un banco u oficina gubernamental, atendiendo clientes con un niño en brazos. No se permite, simplemente, porque no es costumbre, porque se ve feo, pero se podría hacer perfectamente. Los bebés, si los tienes en brazos, la mayor parte del tiempo estarían quietos o durmiendo.

-¿En qué ayuda a la madre la pretendida conciliación?

-Lo que nos venden como conciliación no es eso, sino tener que elegir. Si uno quiere trabajar, le ponen una guardería para cuidar al niño, pero la tiene que pagar. Y si prefiere estar con el niño, le da un permiso sin sueldo para estar con él. Desde el momento en que no se pueden hacer las dos cosas a la vez y el día solo tiene 24 horas, se tiene que decidir cuál se quiere hacer.

-¿Existe una solución?

-Los poderes públicos deben dejar de hablar de conciliar, que es una entelequia, y facilitar poder elegir cuidar a tu hijo sin que por ello te quedes sin ingresos, renuncies a la antigüedad en la empresa o a la carrera profesional, como se hace en otros países.

-Con la situación actual en España, el papel de los abuelos es fundamental. ¿Esta situación es buena para los niños?

-Para el niño siempre será mejor que le cuide el abuelo a estar en una guardería, cuando en España la ley permite ocho bebés de menos de un año por cuidadora, mientras que en otros países europeos son cuatro. Es imposible cuidarlos así, pero es que además te quieren hacer creer que si van a la guardería espabilan. Y eso no es cierto, porque con ocho no hay tiempo físico para estimularlos, cambiarles los pañales y darles el biberón. Para eso habría que doblar el personal de las guarderías y su precio.

-¿Está entonces mal organizado el sistema?

-Hemos organizado un sistema en el que el niño es el último. No se ha preguntado qué necesita un niño y se ha visto cuánto cuesta. Lo hemos hecho al revés, mirando primero cuánto nos podemos gastar, que es una pequeña parte del sueldo de la madre, porque para gastarnos todo no merece la pena trabajar. Encima en un país donde, en general, las mujeres cobran menos que los varones.

-¿Y cómo afecta esta situación a los abuelos?

-Estamos abusando de muchos abuelos, porque algunos están muy bien de salud y con ganas de cuidar a sus nietos. Pero también los hay que preferirían tenerlos solo un día por semana y poder ir a jugar al mus, hacer natación o ir a aprender danzas regionales. Pero se tienen que levantar cada día a las siete porque les llevan a sus nietos una hora más tarde. Me da la impresión de que hemos logrado la liberación de la mujer a costa de la esclavización de la abuela. Y esto no parece muy justo, porque a los niños básicamente los tienen que criar sus padres. Otras personas pueden ayudar en algún momento puntual, pero eso de tener un trabajo a tiempo completo de diez horas cuidando un nieto cuando ya había dejado de cuidar hijos para siempre no es muy lógico.

-¿Cuáles son las dudas más habituales con las que llegan a su consulta, sobre todo las madres primerizas?

-Alguna de las dudas más frecuentes es que el niño llora y pide brazos, pero es que lo normal es que los niños estén en brazos. O que se despiertan por la noche, por lo que es más práctico poner al niño a dormir con los padres, para no tener que levantarse de la cama cada vez que se despierta. O que el niño pide el pecho antes de que pasen las tres horas, algo normal, porque hay que darlo cada vez que el niño lo necesita.

-Por último, ¿qué consejo les daría a las madres para criar a sus hijos?

-Deben intentar pensar en lo que es mejor para su hijo y olvidarse de lo que recomiendan unos y otros y de lo que han leído en los libros. Tienen que ver más con cómo es feliz mi hijo y mirar qué les está pidiendo en cada momento.

Zaragoza, 1960

Además de reconocido pediatra, Carlos González es fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM). Este maño estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Barcelona para especializarse después en Pediatría. Es miembro del Consejo de Asesores de Salud de la Leche League Internacional, asesor de la iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN) y especialista en lactancia materna por la Universidad de Londres. También ha publicado varios libros para padres, entre los que destacan «Un regalo para toda la vida», «Bésame mucho» o «Mi niño no me come», además de participar en numerosas revistas de pediatría y crianza.

Las "Chicas-madre"… dedicado a Y.

Todos los que escribimos en un blog sabemos que  gran parte del “éxito” de una pagina se debe a quienes nos leen, y sobre todo, a  quienes comentan en ellos…

Los comentarios y/o testimonios enriquecen los artículos, aportan visiones diferentes de un mismo asunto y amplian nuestras perspectivas. En este mundo de la Maternidad no hay verdades absolutas y todas aprendemos de escuchar lo que piensan y sienten otras mujeres. Esa riqueza cultural transmitida antes en grupos de mujeres sentadas al lado del fuego o bajo las estrellas ahora se transmite por las redes sociales y blogs.

Pintura de Jules Joseph Lefebvre

Os copio una reflexión que nos muestra que ser madre es algo más que engendrar, gestar, parir y criar… Que algunas mujeres se sienten MADRES, en mayúsculas, mucho antes. Que van repartiendo caricias maternales a veces con el tacto y a veces con el alma a cualquier niño que ven.

Las que sufren cuando otras madres no aprovechan o dan por sentado el gran privilegio que es en realidad el crear y mantener la vida de otro ser.

Muchos de quienes leéis el blog igual no tenéis un concepto como el mío de un Dios Creador… pero seguro que la mayoría compartís la idea de que ser madre nos dota de un poco de la esencia divina… ser capaz de transmitir y crear vida es algo único, mágico, divino… Y a fuerza de ser un milagro repetido no siempre captamos la fuerza de este hecho.

Quienes sí lo saben paradójicamente son estas chicas-madre… las que anhelan ese momento que por un motivo u otro aún no les ha llegado.

Para ellas…..  este post.

Y para quienes tienen niños “porque toca” pero aún no han captado lo maravilloso de todo el proceso… quienes se han dejado convencer que la maternidad es una lacra para su desarrollo personal y/o profesional, aquéllos a los que parece que los niños les molestan… pues sólo desearles que paren un momento a pensar…

Y para todos los que leéis el blog… animáos a comentar.

Gracias Y.

  Nohemi, ¿nunca has pensado dedicar un post a las chicas-madre?

Las que esperan tener un hijo toda su vida, se les va la mirada en busca de un bebé, siempre están jugando con los niños en todas las bodas y celebraciones familiares, las que escuchan el llanto de un bebé a kilómetros a la redonda, las que ven un bebé y ya lo aman, las que sueñan que tienen tripa y que, por lo que sea -estudios, trabajo, condición económica, deseos no semejantes a los de la pareja, o simplemente, edad, saben que no es su momento?

Yo llevo así toda mi vida, y a veces una no sabe cómo abordarlo.

La sociedad ha avanzado de tal modo que una no “puede” tener un bebé cuando quiere: el sistema de obliga a producir si quieres vivir independiente, y eso implica una formación mínima, y, claro, uno debe tener una casa, un trabajo estable -o una alternativa que garantice la salida adelante del bebé, de la mamá y el papá, claro-.

Es difícil saber que se debe estudiar, formarse, etc, pero no poder contener las ganas de ser mamá y que la gente te mire como a un bicho raro.

Las primeras, las mujeres mayores “dí que no, tú eres muy joven y ahora hay más adelantos”.

Luego, tu madre “tú espérate, que hay tiempo -sí, claro y si yo quiero tener cinco, ¿qué?-

Luego, tus amigas -en mi caso, sólo algunas, pero conocidas la mayoría- “¿Sí o qué? ¿Qué eres una especia de loca de la maternidad o algo así?”. “Qué bueno. Qué freak” -más freak eres tú con los campeonatos de cartitas mágicas de rol. “Hay gustos pa’ tó.Pues a mi no me gustan los niños.”

Yo siempre suelto un…”¡Oh!” muy indignado.

Me suelen decir: “lloran,cagan, mean, son nerviosos y son una fábrica de mocos.”

Palurda, seguro que eso no lo dices de la gente mayor. “No me gustan los viejos: Tienen reuma, no controlan esfínteres y no se acuerdan de donde ponen las cosas, además, no oyen”.

Pero claro, eso está bien visto -yo adoro a los abuelos en general-, “no me gustan los niños” es algo habitual en el lenguaje coloquial. No hace falta que te gusten los niños locamente, como a mi, hay gente para todo, pero, al menos, respétalos como a cualquier persona. “No soy demasiado maternal”, sería una buena manera de llamarlo.

Luego la gente tiene sobrinos, primos, y los quieren, claro que si. “Sí, pero pa un ratito” -

Dios mío, pienso yo. ¿Tan loca estoy?. Me gustan todos los niños a los que yo llamo cariñosamente “Hijos”. “Mira cuántos hijos van para allá. ¡Quiero un hijo! o, simplemente, Mira, ¡Un hijo!” la gente no quiere niños por más de una hora seguida ¡pero yo me muero por tener un bebé que esté enmadrado conmigo! en fin…

Ahí queda la propuesta de una ferviente lectora de Mimos y Teta.

Como quieras, donde quieras, con quien quieras…

¿Recuerdas tu primera vez?

¿Estabas nerviosa?

¿Tenías miedo?

¿Incertidumbre?

¿Estabas cómoda?

¿Fue como esperabas?

¿Donde esperabas?

¿Con quien esperabas?

¿Fue placentera? O por el contrario

¿Te sentiste “violada” o “forzada” o cuanto menos “no respetada”?

¿Expresaste lo que querías y no querías?

¿O estabas tan aniñada que simplemente dejaste que todo pasara sin quejarte siquiera?

¿O te quejaste pero no fuiste escuchada?

La primera vez no siempre es memorable… no todas llegamos preparadas, con toda la información, con conocimiento de nuestros cuerpos,  con la compañía adecuada, en el sitio adecuado, con el respeto adecuado…

Muchas nos sentimos poco partícipes… como si nuestro cuerpo no fuera nuestro, como si el otro lo usara a su voluntad…

Algunas arrastran esa sensación de que algo no funcionó como debiera durante mucho tiempo.

Otras siguen su vida como si nada pensando que “así son las cosas”, “que no es para tanto”, “que al fin y al cabo es sólo  un momento en toda una vida y que mejor olvidarlo y pasar página”

Pocas se enfrentan al “otro” con sinceridad y determinación para decirles cómo les influyó vivir esa experiencia que no cumplió las expectativas de toda nuestra vida.

No todas hablan después de ello.

No todas quieren recordar.

Algunas  con un síndrome de Stocolmo en toda regla hasta excusan el maltrato y se niegan  a ver la realidad.

Pero la primera vez siempre marca

Por eso:

Resuélvete

Por ti, por tus hijas, por tus amigas y hermanas

A partir de ahora

SIEMPRE

incluso la primera vez…

Que sea

COMO QUIERAS

DONDE QUIERAS

CON QUIEN QUIERAS

Semana Mundial del Parto Respetado 2011*

*La Semana Mundial del Parto Respetado, una es una oportunidad para conocer las opiniones internacionales sobre un asunto específico relacionado con la promoción de un parto respetado. La SMPR tiene lugar cada año durante el mes de mayo. Se proponen objetivos e ideas para realizar según un lema común. Luego individuos o grupos pueden debatir los pasos específicos para aprovecharse del material que se haya preparado en conjunto y que está disponible en la página web: pósters, carpetas, folletos, etc. Pueden organizarse muchos eventos a más o menos gran escala, según el tiempo y grado de implicación de la gente o de los grupos: exposiciones, reuniones, conferencias…

En Las Palmas de GC:

¿Por qué llora mi bebé? Por Laura Gutman

"Una Nueva Maternidad" está a punto de llegar

Reserva tu ejemplar

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Semana Internacional de Masaje Infantil- 16 al 22 Mayo

AEMI (Asociación Española de Masaje Infantil) organiza la Semana Internacional de Masaje Infantil (SIMI) que se celebrará en España del 16 al 22 de mayo (ambos inclusive).

La Semana Internacional de Masaje Infantil es una iniciativa de la IAIM (International Association of Infant Massage), asociación formada por 48 países con sede en Suecia a la que pertenece AEMI.


Durante esta semana los educadores de masaje infantil de AEMI realizarán charlas, talleres y otras actividades gratuitas, en todo el país, dirigidas a las familias con niños.

El objetivo de AEMI durante esta semana es realizar una intensa difusión del masaje infantil en toda España y así, promover la nutrición afectiva a través del tacto y la comunicación, de manera que las madres, los padres, los niños y las niñas, sean amados, valorados y respetados.

En la iniciativa colaboran diversas empresas y entidades asi como, centros de Salud públicos de diferentes Comunidades Autónomas, etc.

Para más información sobre el evento consultar el programa en www.masajeinfantil.es

Para información local de actividades consultar a  mimosyteta@gmail.com

Os invito a dar un paseo…

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Y tras ver esas imágenes… comparadlo con esto: