“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

“Papá… mamá quiere que sepas algo…”

Aunque la mayor parte de mi trabajo lo efectúo con mujeres, son muchos hombres los que acuden a mis talleres.
Cuanto mejor se conocen los dos miembros de la pareja:  sus roles, sus necesidades, sus cambios, sus motivaciones, sus miedos y preocupaciones, lo que  se siente y no se llega a expresar…más fácil es que la pareja transite junta, unida,  por el puerperio femenino, en vez de alejarse el uno del otro.

Los hijos no unen parejas “per sé”. Los cambios que se producen en nosotras son tan grandes que suponen una revolución o una re-evolución que necesita de parte de la pareja,  del conocimiento primero y de la aceptación después.

¿Dónde está mi mujer?

Algunos hombres ven en estos cambios una amenaza a lo que tenían. “Su mujer” ya no es la misma y en vez de pararse a analizar por qué pasa esto y a comprender la gran marabunta emocional que  supone el puerperio, muchos se quejan y añaden más presión a la mujer. Presión que no solo no contribuye a recomponer el puzzle desmoronado con el que nos encontramos muchas en esta etapa, sino que, además,  añade una carga de dolor, incomprensión y soledad que puede ser letal si no se toma conciencia para no seguir en ese camino de  desencuentro continuo.

Cuanto más inmadura sea la pareja, cuanto menos maternado haya sido él mismo, cuanto menos dispuesto esté a  zambullirse también en su propia  sombra, cuanto más se empeñe en reencontrar a la mujer que conoció y no en descubrir a la nueva que está surgiendo de esta experiencia vital…  más difícil le resultará aceptar los cambios.

Dice Carlos González que cuando los solteros se casan hacen una “despedida de soltero” precisamente para eso, para despedirse de un papel y asumir otro. Y que por tanto, las parejas sin hijos, al ser padres, deberían también comprender que se despiden de ese status: “pareja” para asumir uno nuevo: “familia”.

Quizás tengamos que empezar a establecer algún rito que vaya grabando en la conciencia individual y colectiva este hecho. Hacer fiestas de “despedida de la pareja”. Donde las parejas sin hijos estén con otras que ya tienen hijos y puedan escuchar, de verdad, lo que supone este cambio.

(más…)

Lo que de verdad “esconden ” (II parte)

En la Primera parte de este Post escribí sobre  esa especie de manía de esconder el cuerpo de la mujer cuando amamanta.  Capas, delantales y demás inventos para tapar lo más natural del mundo. Salas de lactancia que parecen bunkers,  aisladas y selladas herméticamente como si nuestra leche fuera radioactiva, o peor aún, como si la lactancia fuera contagiosa.

Aunque en realidad  esa quizás sea la punta del iceberg. Realmente parece que se quiere esconder todo lo relacionado con nuestra sexualidad ( y me refiero a sexualidad excluyendo expresamente la actividad sexual en pareja).

Si creéis que exagero probad a mencionar la palabra “menstruación” cuando estéis en algún lugar con bastante gente… bueno, si sois tímidas mejor no…que seguro os mirarán más de la cuenta. Si ni siquiera la publicidad de compresas y tampones usa esa palabra…

 

Yo aún lucho con mi propia herencia de tabúes familiares para no decir “caí mala”, expresión que, creo, es como un mensaje subliminal que sin querer podemos perpetuar en nuestras hijas:   “la menstruación es una enfermedad”,menstruar es estar enferma  o peor aún, como sugieren descaradamente los publicistas, estar sucia u oler mal.

No es algo extraño que  aún hoy muchas mujeres se refieran a esa fase de nuestro ciclo con paráfrasis o eufemismos como “estoy en esos días”, ” me visita la de rojo”  y otras igualmente desafortunadas…  Como mencionaba antes, ya desde pequeñas nos enseñan a “esconder” lo intrínsecamente femenino de nuestro cuerpo, a no nombrarlo y  a asociarlo a algo malo, sucio o hediondo.

Lo paradójico es que mientras estas cosas se intentan tapar, por otro lado estamos rodeados de un uso y abuso constante de  la  imagen de la mujer totalmente sexual para vender cualquier cosa

¿Recuerdas el “Busco a Jaqs”?

Y el “frescor salvaje del Caribe”?

Y así bombardeados con cuerpos femeninos al servicio de la líbido del consumidor, ( o más bien siendo usadas de reclamo o cebo para atraer la atención del consumidor hacia lo que sea… como si es una hipoteca),  luego nos encontramos casi cada semana, con noticias del cierre de algún perfil o página en Facebook por tener imágenes de madres amamantando o de partos. Vídeos censurados en youtube por lo mismo, mientras que videoclips donde se ve mucha más “carne” llegan a los millones de visitas.

Sí que deben tenernos miedo a las mujeres y al poder que llevamos dentro.

¿Recordáis a Janet Jackson y Justin Timberlake durante la Super Bowl?

Un trozo de nuestro cuerpo de 1cm cuadrado levantó a todo un país. Quizás por eso se empeñan en taparnos. Si 1cm cuadrado consiguió que el evento más retransmitido de los EEUU no lo hiciera totalmente en directo, imaginad qué podría pasar si mañana nos da a todas las mujeres del mundo por enseñar nuestras tetas… ¡Oh no, el fin del mundo!

O peor aún si nos da por darnos cuenta de que nuestros cuerpos son nuestros y no mercancía que se exhibe y se esconde al ritmo del sistema comercial patriarcal.

O si tomamos conciencia de que la sexualidad femenina va más allá  del coito y de la influencia que ejercemos en las pulsiones de los hombres,  y que la publicidad sabe explotar tan bien.

Sí, tenemos poder en nuestros cuerpos. Mucho poder. Tanto que por eso nos crían  tapándolo, ignorándolo, desconociéndolo y odiándolo. Aspirando a cánones de belleza  imposibles…porque si nos hubieran criado de otro modo: conociéndolo, amándolo, aceptándolo, usándolo para nuestro propio placer primero, antes que para el placer de los demás, igual dejaríamos de ser sumisas y obedientes. Igual haríamos tambalear toda una industria creada para justo lo contrario: para querer cambiarnos, para querer moldearnos en  formas imposibles y absurdas.

“Soy feliz si parezco irreal. Eso significa que estoy haciendo un buen trabajo” Valeria Lukyanova

Veo esto y pienso: si yo que crecí cuando las niñas de los dibujos eran normales tirando a bajitas y regordetas ( Heidi) y  las muñecas tenían proporciones de mujeres  normales  (Nancy) y aun así estuve llena de complejos mucho tiempo  ( sobre todo fruto de los mensajes oídos en mi familia sobre el cuerpo femenino)… ¿Qué va a ser de mi hija que crecerá en un mundo con muñecas de proporciones totalmente irreales y absurdas?  Donde las modelos estéticas cada vez son menos mujeres ( y no es una exageración)?.

¿Dónde han quedado las imágenes de cuerpos normales de mujer? Bellos con sus imperfecciones, con sus redondeces, con sus estrías y cicatrices que no son más que prueba de la vida que ha pasado por ellas?

Rubens “Las 3 Gracias”

No nos damos cuenta pero todos ( sobre todo “todAs”) contribuímos a establecer estos cánones absurdos cuando alabamos la delgadez en vez de la salud,   lo bello artificialmente por encima de lo natural bellamente adornado.

Tod@s queremos tener una buena imagen, no hablo de eso. De hecho, yo  misma, organizo talleres en los que hablo de la importancia de ser y sentirse atractiva ( que es mucho más que ser o estar guapa,y de serlo o estarlo “para los demás”). Pero el primer paso para gustarnos y gustar es no escondernos. Que además “esconderse” suele tener una connotación negativa. Se esconde aquéllo que nos avergüenza y esconder nuestro cuerpo, nuestra feminidad, nuestras facetas como mujeres, en el fondo es perpetuar esa idea de sentir vergüenza por lo que somos.

Vivamos nuestra vida, nuestra maternidad hacia fuera… Por nosotras y por nuestras hijas. Y por nuestros hijos que aprenderán a respetarnos de verdad cuando vean que empezamos por respetarnos nosotras mismas.

En un sentido somos diosas… no como las barbies irreales, sino como estas:

Diosas que   engendraban vida y que amamantabas a bebés y a niños. En público.  Con orgullo. Con normalidad. Con naturalidad. Con respeto por sí mismas y por sus cuerpos en todas sus facetas.
Como diría Jesusa:

Diosas por “parir mundos”

 

Así que por mí, por mi hija, por mi hijo…

YO NO ME ESCONDO PARA AMAMANTAR

Imagen del Fin de las I Jornadas de Crianza, Familia y Educación ( 10, 11 nov LPGC) donde participé como ponente mientras amamantaba a mi hija (Foto de Davinia Cruz)

Y declaro que:

“El Mundo es mi Sala de Lactancia”

Bolsas de www.nanufacture.com

Imágenes de lactancia en el antiguo Egipto tomadas de: The Images and Power of Motherhood

Lo que de verdad “esconden” (I parte)

No es que esto sea nuevo para mí,  ya lo había visto antes. Pero lo he reencontrado en un día de esos que tengo “agitados”. En el día después de un día de vomitar algo más que la comida.

En estos días pues ya sabéis… me da por centrar mi energía  menstrual, que en teoría debería ser “contemplativa”, pero que en mi persona es más bien guerrera, en las cosas que me revuelven.

Y estando así las cosas veo esta imagen:

Y  sí, esto existe, no es una broma. Existe y se vende… y alucinad, cuesta 60$ (unos 48€). Y además al parecer, está pendiente de patente ( o sea que va en serio, tanto, que temen que les copien O-O)
Para los que seguís mirando la imagen sin saber de qué va disfrazada esta señora os cuento que es un invento para “dar de mamar discreta y cómodamente” (léase en modo ironía ON).

A ver, que soy la primera que respeto que la mujer debe de dar de mamar como y donde quiera. Pero es que esto me parece el burka de la teta.

Quizás en vez de inventar cosas horrorosas para taparnos, que además lo que consiguen es atraer más aún las miradas hacia nosotras ( porque la verdad, yo veo a una señora disfrazada así de mesa camilla en cualquier sitio y no podría  evitar mirar a ver si es que anuncia algo, o si va a salir alguien de ahí cantando el “happy birthday to you”  o qué), deberíamos empezar por analizar por qué tenemos esa visión del propio cuerpo en general y de nuestros pechos en particular.

Y por qué en vez de empeñarse un montón de gente y empresas en buscar cuchitriles donde esconder a las mamás a dar el pecho,  porque salvo honrosas excepciones eso suelen ser las salas de lactancia  (donde las hay), trasteros sin ventilación con una silla y un cartel en la puerta que a veces para más INRI lleva un dibujo de un bibe para identificarla :-P, por qué en vez de eso, me pregunto, no invierten tiempo y recursos  en educar en sexualidad desde chiquititos.

Igual así conseguimos una generación que sepa y entienda y respete lo que significa ser mamífero. Una generación de niños que sepan que lo normal es tomar leche de mamá, no de un brick. Una generación que sepa que las tetas no son solo para lucirlas mientras se baila un perreo, sino para alimentar a nuestros hijos y consolarlos  ( o al menos “también” para eso). Una generación de mujeres que se sienta cómoda con su cuerpo en una de sus funciones fisiológicas sin pensar que está haciendo algo que requiere ocultarse.

Insisto aquí en que respeto a la que le da pudor y quiere privacidad. Las tetas de cada una son de cada una. Y lo dice una que ahora tiene unas tetas reivindicativas pero que cuando nació mi primer hijo, “intentaba” que no se vieran mucho. Cosa imposible por otra parte,  entre el tamaño de las mismas, que mi hijo no soportaba taparse de ninguna de las formas y que prácticamente vivía con la teta en la boca, no me quedó otra que acostumbrarme a llevarla más tiempo al aire que tapada… vamos que el pudor se fue de mi vida aburrido de no hacerle caso. No critico que una madre opte por buscar esa privacidad, sino la cultura que nos hace llegar a tener esa necesidad, que muchas veces va en contra de la misma lactancia.

Conozco madres que solo dan teta en casa, porque en la calle se ven incapaces. O que si no encuentran un lugar “adecuado” prefieren hacer esperar al bebé llorando. Este tipo de actitudes, evidentemente van en contra de la  lactancia en sí misma, de la necesidad del bebé y de la propia madre. A esto me refiero.

De hecho, hablando ya desde el punto de visto objetivo y fisiológico de la lactancia  este “engendro” debería prohibirse directamente, o al menos advertir que “puede interferir en la lactancia“, como los chupetes y tetinas.
Os copio la explicación del Milktent Lactancia-Cómodo y seguro que hace la web que lo vende:

Hecho de Minky, redes y lindos estampados de algodón, la cubierta de lactancia Milktent ofrece un ambiente cómodo y seguro para el bebé  que mama. La malla en la parte superior de la prenda es elástica, proporcionando una ventilación constante para el bebé, así como visión  para la mamá, sin comprometer su modestia. Los recién nacidos ybebés de hasta  1 año disfrutan por igual  de ser confinados en la suavidad de la tela Minky, mientras que la abertura elástica en la parte frontal permite una serie de ventajas para la madre y el niño, como el acceso fácil al bebé, varias posiciones de amamantamiento y ventilación adicional. La parte inferior de algodón estampado proporciona privacidad a la madre y el niño, así como protección al bebé del entorno. La cubierta de lactancia Milktent permite la maniobra constante que se requiere al amamantar a un recién nacido, ya que la mamá se asegura de que el bebé tiene un agarre correcto y que se despierta para finalizar una toma. A medida que el bebé crece y se mueve más, mamá podrá estar tranquila, el bebé no puede tocar nada insalubre como el respaldo de una silla pública. Los bebés se vuelven más sociables en torno a 6-8 meses y esto puede hacer que la lactancia materna en público sea más difícil. El Milktent elimina las distracciones visuales y físicas para el bebé, lo que facilita una alimentación más larga y más productiva. No importa lo que mamá usa o cómo esas pequeñas manos y piernas se mueven, la cubierta de lactancia Milktent ofrece un ambiente cómodo y seguro para la lactancia. Dentro de esta tienda, están  sólo usted y su bebé.

De verdad que no sé por dónde empezar a  comentar…
Sé, porque he visto  y tratado, cientos de bebés amamantados, que a algunos les gusta mamar tapaditos y que de entre esos, un cierto número necesita, además, de cierta tranquilidad y aislamiento para mamar.

Normalmente sus madres usan un pañalito, un arrullo ligero de tela o una mantita si hace frío  para ese fin, algo que es mucho más sencillo, cómodo, práctico, barato y discreto que la tienda de campaña portátil de lactancia esta.  

Estos bebés  más sensibles a los estímulos externos normalmente lo que necesitan es “refugiarse” de los mismos, pero nunca, NUNCA,  privarse del contacto visual y corporal con su madre.

Cuanto más reactivo es un bebé,  cuanto más bajo su umbral de excitabilidad ante los estímulos del entorno, más suele necesitar estar conectado a su figura de apego, su madre.

 Meterlos en una especie de saco con una abertura les priva de la posibilidad de buscar la mirada de mamá, por no hablar de la posibilidad de tocarla o juguetear con sus manitas.

A estas madres les suele ir muy bien llevar a sus bebés en un portabebés, que permita

proteger al bebé del “exterior”, pero siempre, SIEMPRE, cerca de mamá, de su teta, de sus miradas y caricias mutuas. Y por supuesto que permita a la madre moverse con libertad y no parecer candidata a Cutre-Reina del Carnaval.

¿Qué madre en su sano juicio querría perderse escenas  o situaciones como estas?

 

 

Sigamos con la maravilla de carpa de circo esta ambulante que pretenden vendernos…

Continúan explicando que la abertura facilita el asegurarse un buen agarre… la verdad, dudo que quien inventó esto haya visto muchas madres con problemas de agarre. Normalmente en caso de dificultades en el agarre y/o grietas, se busca la posición de mayor contacto entre mamá y bebé, y casi nunca es la posición del bebé “tumbado”.  No veo yo a una madre en ese trance “maniobrando” casi a ciegas con su bebé en esa especie de burbuja de “lindos estampados”.

POr otro lado, no sé si habrá alguna  madre que consiga tener a un bebé de 6 u 8 meses ( y no digamos de 1 año) ahí dentro… Si la hay, por favor que se grabe una toma y me la mande ( más que nada para poder poner en mi currículum que he visto de todo, digo). Lo habitual a esas edades es lo que solemos llamar el “chupito continuo” o el “mama sutra”, es decir, el bebé come mientras observa todo el entorno y coge y suelta la teta cien veces. O inventa posturas increíbles  sobre y alrededor de nuestro cuerpo sin soltar la teta.

A veces, incluso hacen cosas como esta:

 

Como vemos, este “invento” no es ni cómodo, ni fácil, ni útil, ni práctico… ni bonito (¡¡¡por Dios, si es horrible!!!!)

De hecho como prueba de lo que digo he de confesar que para conseguir fotos de un bebé mamando tapado hemos tenido que hacer trampa ;-). Con todas las amigas tetadoras que tengo nos costó encontrar ese tipo de fotos en los archivos y Lucy tuvo que tapar a su niña cuando se durmió a la teta y Sofía hacerla “por encargo” ;-).

En realidad este tema lo que demuestra no es la ignorancia  sobre la lactancia, la falta de sentido común y estético, ni siquiera la mojigatería colectiva de algunas sociedades… no, es algo mucho más profundo.  Lo que de verdad quieren esconder es algo más que nuestras tetas.

LO veremos en la segunda parte de este  post..., suscribios si aún no lo estáis para no perdéroslo.

Mientras, ya sabéis, si os gustó este artículo, compartidlo y comentadlo :-D. Aunque solo sea para decir que qué  fotos tan bonitas… y hablando de fotos: Gracias a Lucy, Aránzazu, Japci, Alson, Sofía, Noelia, Saray  y Jemina  ( y a sus bebés)  por permitirme publicar sus fotos ♥♥♥♥

Colecho y sexo

Colecho y sexo

Buscaba un título al post y al final, escogí la opción más sencilla: usar las 2 palabras clave  del artículo.

A quienes colechamos (compartir la cama con el bebé/niño) no nos hace falta el artículo porque, evidentemente, ya hemos encontrado la forma de compaginar las 2 cosas, a ver si no cómo seguimos con pareja y hemos concebido más hijos… Pero quienes se acercan a este tema suelen preguntar si el dormir con el bebé (en la misma cama, o con camas/cunas pegadas) no interfire en la vida de pareja, refiriéndose concretamente al plano sexual.

Porque que un hijo interfiere en la vida de pareja es obvio…. como dice Carlos González: ” una pareja con un hijo ya no son más una pareja, son una familia”. Así, toda la vida de la pareja cambia en varios sentidos. Esto muchos padres lo tienen claro ( desgraciadamente no todos, por eso hay tantos puerperios y crianzas con más angustia y sufrimiento de lo necesario), pero se tiende a pensar que esos cambios afectarán a la vida diaria… entendiendo por “diaria” a  la del día. Hay como una especie de bulo colectivo que hace creer a los padres que por el día es normal que estés más o menos dedicado al bebé, pero que la noche ha de ser para ti… y para la pareja.

Así, el hecho de dormir con el bebé se considera desde peligroso, antihigiénico, poco saludable, psicológicamente perjudicial, parlalizante del desarrollo del niño a todos los niveles y, sobre todo, motivo de  problemas de pareja.

Sobre cada uno de los “argumentos” anteriores hay un sinfín de evidencia en contra, no voy a entrar ahora en detalles porque hay mucha información en el blog recopilada sobre el tema, pero sí me gustaría dedicar un artículo al tema del colecho y  la vida de pareja, al sexo vaya.

Primero me gustaría plantear una reflexión:

¿Desde cuándo la sociedad ha dispuesto de casas con varios dormitorios para ir repartiendo los hijos cada uno en el suyo? Pensemos que antes, además, el nº de hijos era mucho mayor que el nuestro (1,3 es la estadísitca española actual,creo). Porque nos creemos tan modernos con nuestras casas de 3 y 4 dormitorios que olvidamos que nuestros abuelos con bastante probabilidad vivían en casas con 2 ó 3, algunos incluso ni eso, pero con muchos más hijos… Mi abuela por no ir más lejos tuvo 6 hijas  en una casa de 2 dormitorios En mi infancia  la casa más grande que hemos tenido tenía 3 dormitorios y éramos 5 hermanos . O sea que las cuentas no me salen… Y eso sin mencionar periodos de vacaciones con abuelos, tíos y primos de visita… Podíamos juntarnos 15 o más para dormir, con lo cual… el compartir cama (o suelo) era obligado. Y mira que de todos mis hermanos y primos, no tengo ninguno con problemas psicológicos o sociopáticos.

Parece de perogrullo, pero es la realidad.

Mirad esta imagen:

Las casas no tiene repartición todos los miembros de una familia duermen en un único dormitorio.Las casas no tiene repartición todos los miembros de una familia duermen en un único dormitorio.

Esa es la realidad para aún hoy, gran parte de la humanidad. Y antes de la época de clases sociales, burguesía y grandes casas, una realidad universal y atemporal: los hijos dormían con los padres.

Si eso hubiera interferido en el sexo sencillamente se habría extingido la humanidad ¿no creéis?

Ahora, además tenemos otra realidad en nuestro propio mundo civilizado. Multitud de familias que no han podido hacer frente a sus hipotecas se han visto obligados a entregar sus casas e irse a vivir con los abuelos, lo que supone una misma familia de padre e hijos durmiendo en un mismo cuarto. Sin elegirlo, sin plantearse si es bueno o no, sencillamente por necesidad.  Anoche mismo vi un reportaje  en TV de una familia de 16 miembros en una casa de 40m2. A ver si a esos padres el pediatra les dice que los niños tienen que dormir solos… o a ver si creemos que esas parejas no encontrarán la forma de tener la intimidad que necesitan en algún momento u otro.

Quien afirma que un bebé en la habitación impide las relaciones sexuales o bien no conoce a los bebés o no conoce las relaciones sexuales o no tiene imaginación.

  • Primero: limitar el sexo a la cama familiar  ( o a la noche) es dar mucho por sentado. Cada pareja se “organiza” un poco como quiere o puede. Algunas parejas no tiene problema en tener sexo con el bebé o niño durmiendo cerca. Otros sencillamente van a otro lugar de la casa y luego vuelven a dormir a la cama. Los hay que se tapan y los que no… eso es personal, como debe ser y cada pareja encuentra la fórmula que mejor les funciona
  • Segundo: los bebés si se despiertan no tienen conciencia de si sus padres están practicando sexo o  leyendo un libro o jugando al cucu-trás. A veces el problema lo tienen los adultos que no son capaces de “normalizar” la nueva situación.

Pero ante una obviedad como esta sigo leyendo consejos por doquier de expertos que alertan contra lo malo, malísimo que es dormir con los hijos… paradójicamente en medio de esa corriente de pensamiento mayoritaria hace tiempo que vengo notando como hay cada vez más anuncios publicitarios en Tv con imágenes de padres y madres compartiendo cama  y actividades varias con el bebé:

Y este me ha encantado!!!!

¿Por qué la publicidad usa estas imágenes si al parecer es algo tan malo?

Porque los publicistas no apelan al consciente sino al subconsciente, a los instintos primarios y básicos del ser humano. Por eso se usa tanto el sexo en la publicidad: el sexo siempre vende y los publicistas lo saben muy bien.

Y usar imágenes de familias disfrutando de estar juntas, abrazadas, de padres con sus bebés durmiendo sobre ellos transmite una idea ancestral necesaria para la supervivencia de la especie:  seguridad.

Seguridad que es uno de los valores que quieres transmitir si quieres que la gente confíe en tu compañía de seguros

Confianza: para una empresa de telefonía

Y sobre todo el deseo natural de no separarse del bebé, que todas las madres ( y padres) tienen si se les deja decidir, como demuestran los spots de camas famliares o consolas de deporte.

Así resulta que cuando quieren vendernos accesorios de crianza nos dicen que mejor separados… pero cuando quieren transmitirnos valores fundamentales… apelan a lo inmutable. ¿De qué campañas nos fiamos más???

Y volviendo al tema del sexo, a quienes preguntan:

Que no, que de verdad que si algo interfiere en el sexo con hijos es el cansancio de vivir la maternidad sin ayuda y tener que llegar a la noche cansada de compaginar el cuidado del bebé con una casa enoooorme, con la plancha, con ir a la compra, con limpiar, con cocinar, con estar solas la mayor parte del día, recibiendo consejos y mensajes totalmente contradictorios y negativos sobre lo que de verdad queremos. Y eso sin olvidar que tenemos que seguir “divinas de la muerte”… no se vaya a ir el marido con otra más guapa o más joven o más delgada 🙁

Por eso , a nuestras parejas, un consejito 😉 :

Si queréis una noche de pasión como las de antes… no nos compréis un picardías… contratad a una asistenta!!!

Si te gustó este artículo, puedes leerlo editado y ampliado en mi libro “LA Maternidad Sin Tabúes” .
Ya  a la venta en edición impresa o en versión Kindle.

Libro la maternidad sin tabues

Parto y abuso sexual

Parto y abuso sexual

Antes de ser madre y empezar a interesarme por todos estos temas que ahora trato en este blog  si hubiera leído este titular igual hubiera pensado que cómo era posible relacionar cosas tan diferentes.

Si parir un hijo es por lo general la experiencia más gratificante para una mujer, ¿cómo es posible que ese momento se relacione de alguna manera con los abusos sexuales?

No vamos a hablar hoy de cómo el parto y la manera de tratarlo es vivida como una agresión sexual por muchas mujeres, sino de la relación ente los abusos sexuales sufridos en la infancia ( o en cualquier otro momento) y el parto en sí.

Quienes abogamos por el parto fisiológico decimos que éste es un aspecto más de la sexualidad de  la mujer, como tal, el trabajo de parto puede verse afectado por cómo ve o ha vivido la mujer su sexualidad.

Ahora sabemos que un factor indirecto que puede inhibir la secreción de oxitocina natural durante el trabajo de parto pueden ser  las

  • Creencias y actitudes: la vergüenza, enojo o ansiedad, inhibe la secreción de oxitocina.Recuerdos muchas veces inconscientes u olvidados, como por ejemplo del abuso sexual.(*1)

Y esto puede darse sea que la mujer fuera consciente de esos abusos o no. De el mismo modo que a veces la víctima olvida lo ocurrido relegando al subconsciente esas vivencias y comienza a recordar al empezar su propia  vida sexual,   otras se han encontrado de frente con esta dura realidad durante el parto.

Pensemos además que los partos son parte de la vida sexual de las mujeres: estan envueltos los mismos órganos, los mismos músculos, las mismas hormonas  y en el caso de abusos y de partos  medicalizados, incluso la misma postura. No es extraño que el fantasma salga en ese momento.

El parto fue la puerta a mis recuerdos, la entrada por la cual Dios trajo mi abuso a la luz. Mi primer parto fue en “mi” hospital, rodeada de colegas. Mi experiencia fue amorosamente protegida, y todos dijeron que fue un parto asombroso. Lo que no podía articular fue que parí con terror. El parto aparentaba ser pacífico porque me retiré de mi cuerpo y “me fui”, me disocié.

Antes de mi segundo parto, pedí que nueve personas estuvieran presentes. Tenía miedo de sentirme sola. Esta vez, el terror se exteriorizó, y todos escucharon y sintieron cuando en voz de niña pequeña grité que “eso” cesara. Mi partera sabiamente no me dijo en ese momento lo que intuitivamente sabía. Yo no entendía la raíz de mi miedo, aunque sabía a causa de mi trabajo con partos naturales que algo estaba profundamente mal. Y así comenzó mi jornada de regreso a mis años de horror donde de niña pequeña, las noches trajeron violencia y dolor. El parto había despertado las memorias en mi cuerpo. Después de muchos años de trabajo sanador, parí de nuevo con poder y vulnerabilidad. Aún tenía la opción de “escapar”, pero estuve presente y le di la bienvenida a mi hija en un parto de redención, un parto poderoso.(*2)

He oído a matronas contar cómo madres que progresaban en su trabajo de parto con normalidad de repente se bloquearon porque creían estar viviendo el abuso de nuevo. He conocido a una mujer valiente que a pesar de toda la información y toda la conciencia posible de su pasado de abusos tuvo 2 partos podríamos llamar difíciles en los que de algún modo volvía  a verse como víctima.

Buscando información sobre este tema me he dado cuenta que apenas hay nada escrito en castellano, o al menos no de libre circulación por la red como pasa con otros temas. Me imagino que los profesionales de la psicología tendrán más información sobre el tema pero mi reflexión es como mujer, como madre, como amiga y acompañante de otras mujeres.

¿Qué podemos hacer para ayudar a estas mujeres?

Sinceramente sólo se me ocurre que como en el caso de otros traumas, lo peor es ignorarlos. Cuando alguien toma conciencia de lo que le pasa o cuando ha sido consciente todo el tiempo y empieza a querer hablar de ello para por fin poder “nombrarlo” muchas veces encuentran el silencio por respuesta.

Nos duele el dolor ajeno y pensamos que las cosas malas mejor no airearlas. Pero si es la propia mujer la que en ese momento de su vida decide hacerle frente al tema, no volvamos a callarle la boca.

Normalmente el abuso sexual es vivido en silencio, con vergüenza, con amenazas. El primer paso para superarlo es poder contarlo, sin sentirse juzgadas.

Pensemos que además en muchos casos  en los que el abuso ha venido de la propia familia la relación de la víctima con su madre suele ser además difícil, si no inexistente. Así, el rol de madre está cuanto menos distorsionado  y estas mujeres han de luchar para no hacer como hacemos la mayoría, relacionarmos con nuestros hijos del modo que aprendimos en la infancia de nuestros propios padres. Han de aprender a ser madres aun cuando esa experiencia sólo les recuerde cosas horribles.

Ahí es donde las mujeres valientes y fuertes pueden usar su maternidad para sanarse de esas heridas.

Cuando el trabajo de parto se intensificó, María se acomodó en la pequeña piscina para niños. La oscuridad, música, y luz de las velas giraban a su alrededor al moverse en el agua. Sus emociones alternaron entre gozo y temor a medida que el dolor se intensificaba. “¿Es esto normal? ¿Sienten lo mismo otras mujeres?” Previamente, ella había estado entumecida mucho antes de llegar a este punto. Cuando fue tiempo de pujar, su mantra cambió: “No puedo, no puedo, no puedo”. Cuando la revisé, pude sentir que su cuerpo se puso rígido y literalmente volvió a absorber al bebé. Confié en mi intuición de que ella era una sobreviviente y no la toqué de nuevo. “Si necesitas pujar, sigue las indicaciones de tu cuerpo”. Cuando sentí que se disociaba o se alejaba del presente, la llamaba con simples palabras: “Estás aquí. Estás segura. No estás sola. Este es tu bebé. Estamos aquí contigo”.

Creo que la disociación no es ir a un “lugar seguro”. Aunque hubiese sido la opción más segura para una niña, no trata con cariño al cuerpo. Pronto, rodeada de personas seguras, María dio a luz a su bebé sola en cuclillas. Al poco tiempo, con orgullo nos presentó su placenta. Este fue el nacimiento con el que había soñado muchos meses atrás.

En la visita después de las primeras 24 horas, una docena de veces María preguntó “¿Esto fue normal? ¿Otras mujeres sienten lo mismo? ¿Tú lo sentiste?” Las afirmaciones típicas no satisfacían. Finalmente le dije, “Cada mujer es diferente. El dolor del trabajo de parto es siempre intenso; pero a la vez yo sentí otra clase de dolor porque había sido abusada de niña. Sentí el dolor del trabajo de parto y el dolor de una violación. Cuando parí, sentí dos clases de dolor”. Sus ojos se abrieron de asombro y exclamó, “¡Yo también! ¡Yo también!” Por media hora contó su historia, una historia de vergüenza infantil y la confusión que se prolongó después de su primer parto. La sensación de desconexión se había expresado en el puerperio como una aversión hacia su bebé, y meses de severa depresión siguieron.

Fue sólo después de años de consejería, grupos de Al-Anon (hijos adultos de alcohólicos) y cuidado homeopático que se arriesgó a encargar otro bebé. Sus ojos se alumbraron cuando comenzó a hacer conexiones ella misma entre su historia de la infancia y su parto anterior. “Esta vez fue tan diferente. ¡Lo escogí! Llegué a este momento consciente. Lo recordaré como una parte importante de mi sanidad”. Me abrazó ferozmente cuando me despedí. “Hace tres días nació mi bebé sin nombre. ¡Hace tres días yo también nací como mujer! Ya no soy una niñita”. En la visita final, con gozo resumió su parto: “¡Este fue mi parto de redención!”(*2)

Referencias:

(*1) La Naturaleza de parir y nacer- Gloria Lemay

(*2) El Parto como Sanador por Joanna Wilder

(Imágenes tomadas de internet)

Añadido el 21/7/2010

Madres supervivientes-Sanación después del Abuso Sexual (JAn Tritten)

 

En el parto como en el sexo

En el parto como en el sexo

Para  comprender el parto sobre una óptica diferente de aquella médica, es preciso asociarla a la sexualidad.

Muchas mujeres piden socorro porque tienen miedo al parto, están asustadas con lo que oyeron y vieron en hospitales públicos, novelas  y cotilleos perinatales que siempre surgen.

El abordaje al parto no podrá cambiar si permanece en terreno médico. Por eso no es suficiente decir que el parto es fisiológico; a pesar de ser esto pura verdad, no constituye un aval para transformar la postura interior de la mujer.

Si, en vez, pensamos que el parto es cómo una relación sexual, podemos usar la metáfora de sexualidad para comprender mejor las exigencias que un parto demanda. El parto, cumplimiento de un proceso que se originó en una relación sexual, conserva con esta la misma esencia. Vamos entonces a ver cuál es esta.

Para que una relación sexual sea placentera  usted precisa de:

  • – Como mínimo, gustar del compañero y él gustar de ti;
  • – Sentirse segura y a voluntad;
  • – Sentirse respetada;
  • – Sentirse concentrada;
  • – Sentirse relajada (física y mentalmente)
  • – Sentirse libre para expresar lo que siente, quiere y piensa;
  • – Estar con tesón!
  • – Tener intimidad y privacidad;
  • – Tener tiempo a voluntad;
  • – Tener algún conocimiento sobre sexualidad y reproducción;
  • – Estar bien con uno mismo (no estar angustiada con otras cosas y si lo estuviera conseguir resolverlo)
  • – Estar, en fin, enteramente presente.

Lo mismo vale para el parto:

  • – Precisa sentirse aceptada y acogida por las personas que están a su alrededor;
  • – Precisa sentirse segura (saber que nada extraño, extravagante y peligroso acontecerá);
  • – Sentirse respetada;
  • – Estar concentrada;
  • – Estar relajada (dejar acontecer);
  • – Sentirse libre para expresar lo que siente, quiere y piensa; ser libre para levantar, andar, girar, agacharse, callar, gritar, cantar, acostarse, beber…!
  • – Estar en trabajo de parto!
  • – Tener intimidad y privacidad;
  • – Tener tiempo a voluntad;
  • – Tener algún conocimiento sobre trabajo de parto y parto;
  • – Estar bien con uno mismo;
  • – Estar igualmente presente en tu parto, entera

Una relación sexual en que usted es pasiva y no activa no puede ser placentera. Igualmente un parto en el que usted es solamente un paciente no va a ser satisfactorio. Usted sufre violencia en una relación sexual cuando usted es cohibida a hacer o dejar de hacer lo que usted no quiere, no elige y no consiente en hacer. Todas las veces en que no somos protagonistas de los episodios de nuestra vida, ellos se presentan como amenazadores, tenemos miedo, nos sentimos a merced y nos tensiona. En el parto la falta de información y de reciprocidad transforma la experiencia en un acto de violencia, o en pésimo recuerdo. Una mujer-objeto (de la acción del médico) no puede abrirse, sino a la fuerza; solamente una mujer activa puede hacer el acto de dar a luz.

 

Adriana Tanese Nogueira
Co-autora de “Mulheres contam o parto”
y “Empoderando las Mujeres. Psicología y Humanización del Parto”.
adriana@amigasdoparto.org.br

Traducción al español:
Jesica Sanchez Loli
(partera)

Sexualidad, maternidad y paternidad

Sexualidad, maternidad y paternidad

Olga Nelly Vargas G.

“La sexualidad implica creatividad y a la inversa, todo proceso creativo tiene algo de sexual.”

Michel Odent

Los hombres y mujeres que enfrentan la responsabilidad de ser padres, carecen generalmente de elementos básicos, información y acompañamiento para asumir uno de los procesos vitales más determinantes de sus vidas; sin lugar a dudas, las relaciones sexuales son uno de los aspectos que más dudas e inquietudes les genera.

La sexualidad no es algo aislado de lo físico y psicológico, muy por el contrario, estos tres elementos interactúan permanentemente. Por lo tanto, los cambios fisiológicos y emocionales que experimente la madre y, en muchos casos, el padre, pueden conducir a transformaciones en la vivencia sexual de la pareja.

Cambios en la Relación de Pareja

La espera de un hijo conduce al hombre y a la mujer a convertirse en padre y madre, pero ello no significa que dejen de ser pareja. La relación amorosa continua y es vital tanto para la pareja, como para el nuevo ser.

Es posible que durante la gestación, la materna y su pareja experimenten algunos cambios de actitud con relación a su vivencia sexual; abordaremos cada trimestre de esta etapa del ciclo vital con sus cambios e información que pueda ser de ayuda para las parejas y el personal de salud y educación.

Primer Trimestre:

Puede darse una disminución del deseo y la frecuencia sexual, asociado a:

  • Los cambios hormonales y fisiológicos (que producen nauseas, vómitos, mareos, fatiga, entre otros).

  • Sensación dolorosa y aumento de sensibilidad en los pechos. Es recomendable que los estímulos sean suaves.

  • Miedo a lastimar al bebé o provocar aborto.

  • Cansancio, sueño y fatiga.

  • La primeriza tiene menos tendencia a sentir interés sexual al iniciar la gestación.

  • En las multíparas, el interés sexual es estable o puede incluso incrementarse.

Segundo Trimestre:

  • Se superan los malestares del primer trimestre y el temor al aborto.

  • El cuerpo y la psiquis de la mujer se disponen más plenamente para el goce sexual.

  • Por lo general se presenta un aumento marcado del erotismo, el deseo sexual y la sensibilidad.

  • Los movimientos fetales hacen presencia real en la relación de pareja.

  • La gestante debe reconocer su cuerpo y sus genitales, lo cual ayudará con los exámenes médicos y el desarrollo del parto.

Tercer Trimestre:

  • Los cambios corporales pueden llevar a que algunas mujeres no se sientan atractivas o seductoras.

  • Algunas molestias como fatiga, acidez, dificultad para dormir pueden disminuir el deseo sexual.

  • Aparecen las contracciones de “ensayo” o Braxton Hicks, que pueden producir temor a provocar un parto prematuro.

  • La relación amorosa debe mantenerse pues contribuye a satisfacer los deseos de afecto, libera las tensiones, reafirma la autoestima, ejercita los músculos para el parto y satisface el cuerpo y el espíritu.

En situaciones especiales como amenaza de aborto, infecciones, presencia de hemorragias uterinas, desprendimiento del tapón mucoso (“la muestra”), ruptura de las membranas o bolsa de aguas (“la fuente”) o amenaza de parto prematuro, se requiere información médica pues estarían contraindicadas las relaciones coitales. Sin embargo, estas situaciones y otras que se presenten, no deben impedir la vivencia sexual de al pareja, por el contrario, enriquecerla a través de la búsqueda de nuevas alternativas sensuales, eróticas, afectivas y expresivas.

El Parto como Experiencia Psicosexual

Dar a luz está considerado en cada cultura en forma distinta, la actitud que ambos sexos tienen frente al parto contiene a veces elementos complejos y contradictorios.

Padres y madres buscan hoy experimentar el parto como una vivencia personal, rescatando los aspectos humanos, emocionales y sexuales de esta experiencia, que no tienen cabida en ambientes tan tecnificados, quirúrgicos y despersonalizados como son los de la mayoría de nuestras instituciones de salud.

Es necesario que las mujeres aprendan de nuevo a escuchar su cuerpo y a confiar en él, que puedan ponerse en contacto con sus propias sensaciones y emociones. Los cursos de educación prenatal se convierten en una herramienta valiosa para acercar a hombres y mujeres a una experiencia donde su cuerpo y sentimientos se sintonicen para vivir más plenamente la experiencia del nacimiento.

Existe una relación entre las manifestaciones fisiológicas de la mujer en el parto según Dick Read (uno de los pioneros de la psicoprofilaxis) y durante la excitación sexual según Kinsey (investigador del comportamiento sexual del hombre) y descrito por la Dra. Niles Newton.

Las sensaciones del parto no tienen que ver directamente con el hecho de estar sexualmente excitada, sin embargo, todo lo que en este momento experimenta el cuerpo materno halla el máximo de intensidad en sus órganos sexuales. Es probable que las mujeres que han descubierto la apasionante e intensa experiencia sexual que es el parto, lo hayan conseguido porque han dado a luz en circunstancias favorables, donde existe la posibilidad de comportarse natural y espontáneamente, sin inhibiciones, en una atmósfera de paz e intimidad, en compañía de su pareja y rodeada de personas que le brindan seguridad, calidez y apoyo humanizado.

Es por esto, que padres y madres, requieren de espacios educativos, asesoría y apoyo por parte del equipo de salud, educadores o lideres comunitarios desde una visión integradora que permita abordar los aspectos fisiológicos, sociales, familiares, emocionales y sexuales de la gestación y el alumbramiento.

Si entendemos que concebir, gestar, dar a luz y amamantar, hacen parte vital de la experiencia psicosexual de la pareja, empezaremos a descubrir las relaciones existentes entre los distintos aspectos de nuestra sexualidad, donde integremos gozosamente en una caricia nuestros cuerpos, espíritus, sensaciones y sentimientos.

Olga Nelly Vargas G.

“Debería haber una educación que enseñe la responsabilidad en la relación de pareja y en el hecho de engendrar un hijo.
Lo importante no es evitar al niño de carne, sino gestar niños de corazón y espíritu”

Francoise Dolto

BIBLIOGRAFÍA:

KITZINGER, Sheila. Embarazo y Parto. España: Ed. Interamericana, 1980.
——. La Mujer y su experiencia sexual. Barcelona: Ediciones folio S.A., 1983.
LANGER, Marie. Maternidad y Sexo. Barcelona: Ed. Paidos, 1985.
MASTER, W. Y JOHNSON, V. La Sexualidad Humana. Barcelona: Ed. Grijalbo, 1987.
MEAD, Margaret. Macho y Hembra. Argentina: Ed. Tiempo Nuevo S.A., 1972.
——-. Sexo y Temperamento. Buenos Aires: Ed. Paidos., 1961.
MERELO-BARBARA, Juan. Parirás con placer. España: Ed. Integral, 1985.
ODENT, Michel. Birth Reborn. New York: Panteón Books, 1975.
ODENT, Michel. El Agua, la Vida y la Sexualidad. Barcelona: Ed. Urano, 1991.
VIDELA, Mirta. Maternidad, Mito y Realidad. Argentina: Ed. Nueva Visión, 1990
VILLARRAGA, L y BARROSO, M. Maternidad Vivida. Bogotá: Ed. CEMAU, Universidad Nacional, 1990