El aborto como única opción

El aborto como única opción

Si no has leído mi post “EL aborto voluntario y su duelo”, te recomiendo que lo hagas antes de leer este artículo que es el primero de una serie de artículos que voy a dedicar a este tema

  • ……….He acompañado  a mujeres en su proceso de decidir si practicar un aborto terapeútico o esperar a que los acontecimientos se desenvuelvan por sí solos y sé que en ningún caso es un proceso fácil ni exento de dolor.
  • ……….He acompañado a mujeres que abortaron voluntariamente totalmente convencidas de lo que hacían, a realizar el duelo retardado que no hicieron en su día.
  • ……….He hablado con decenas de familiares de mujeres que abortaron  y que me pedían consejo para ayudarlas porque no eran capaces de seguir con sus vidas  con normalidad.
  • ……….He escuchado a todo tipo de mujeres contarme cómo les afecta la decisión que tomaron en su vida diaria, en su relación de pareja, con sus hijos anteriores, con sus maternidades posteriores, con su forma de ver la vida.
  • ……….He observado cómo un aborto voluntario, vivido a menudo como un mero trámite quirúrgico, influye en otros procesos relacionados con el cuerpo y la sexualidad de la mujer: embarazo, parto, lactancia, etc.

No es mi papel hablar del derecho al aborto ni juzgar el por qué la gente decide abortar. Pero dado que trabajo con “las secuelas” de cómo se toman estas decisiones, creo necesario plantear una reflexión necesaria y a menudo obviada sobre este tema.

Estoy convencida que, como en muchos otros temas en torno a procesos de vida y muerte, falta un debate social. No para llegar a un consenso o a acuerdos o a leyes, sino para promover el debate en sí. Para hacer que las personas ante una decisión irreversible no nos dejemos guiar por las ideas, creencias o intereses de otros, sino que pensemos y analicemos lo que queremos, lo que creemos, lo que estamos dispuestos a asumir en una u otra decisión. Que seamos conscientes de que nuestra responsabilidad es decidir como adultos responsables, no como ejecutores de las sentencias y juicios de otros. Porque cuando eso pasa, quienes pagamos el pato somos nosotros, no esos que nos dicen qué hacer y cómo.

Siempre que se habla de aborto es fácil que se genere una polémica más o menos acalorada. Hay muchos aspectos éticos, morales, sociales  y legales implicados y creo que en el fondo somos inmaduros para debatir con amplitud de miras sobre temas que nos tocan en lo más profundo.

Reaccionamos sintiéndonos superiores o sintiéndonos atacados, dependiendo cuál sea nuestro punto de partida en el debate, y así es casi imposible entenderse.

Si al hablar de libertad de expresión no nos podemos de acuerdo a veces en los límites, imaginemos lo que nos cuesta establecer el límite entre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el derecho a la vida del no nacido.

No es fácil responder a preguntas como: 

¿Tengo derecho a decidir sobre la vida en base a mis propias creencias y miedos?
¿Desde cuándo y hasta cuándo?
¿En qué momento tiene derechos el nuevo ser?
¿Bajo qué circunstancias los pierde?
¿Por qué dividimos esos derechos en base a la edad gestacional?
¿Tenemos derecho a decidir quién puede o no vivir con una enfermedad?
¿Por qué presupongo que una enfermedad diagnosticada intra-útero o una posibilidad de enfermedad va a implicar más sufrimiento que el que puede darse por cualquier otro motivo no diagnosticado o que aparece tras el nacimiento?
¿Qué sentimos al ver cómo viven felices y realizados adultos con la misma enfermedad que a otros les supuso ser abortados? ¿Estamos preparados para aceptar la responsabilidad por nuestra decisión?
o ¿Nos excusamos en que era la única alternativa posible en nuestro caso?
¿Realmente es así en la mayoría de los casos?
¿Es nuestro miedo a que nuestro hijo no sea normal más fuerte que el instinto materno?
¿Es  nuestra decisión una decisión altruista o es egoísta?
¿Es el aborto el nuevo método anticonceptivo para toda una generación?

Sé que estas preguntas son muy duras. Pero si no te las haces antes, te las harás después, y créeme que esa diferencia de cuándo hagas este trabajo de reflexión  puede ser la diferencia entre vivir con tu decisión en paz o martirizada por la culpa.

Creo que alguien tiene que poder sacar este tema a la luz sin ser catalogada  de fanática. Alguien tiene que decirnos que abortar no es gratis: nunca. Yo no voy a decirle nunca a una madre que no aborte (tampoco que lo haga), pero me preocupa ver que hay una corriente que parece que empuja en una única dirección.

Del mismo modo que a la inmensa mayoría de las mujeres que sufren abortos espontáneos no se les informa de todas las posibilidades para manejar la situación (manejo expectante del aborto, por ejemplo), ante determinadas circunstancias o diagnósticos, la alternativa mayoritaria, cuando no la única, es la del aborto.
En la mayoría de los casos en los que se detectan anomalías en el bebé, o que se le califica como “incompatible con la vida”, se presiona, en mayor o menor medida, a la madre  para interrumpir el embarazo “cuanto antes”.
Hay como una especie de prisa por acabar con las situaciones “incómodas” o indeseadas. Y si algo hemos aprendido sobre la violencia obstétrica es que la prisa y la subjetividad son algunos de sus fundamentos:

  • Información parcial
  • Información falsa
  • Creencias propias presentadas como evidencia
  • Medidas preventivas que desencadenan en problemas por alterar la fisiología normal
  • No respetar los tiempos del propio proceso
  • No respetar los tiempos para asimilar y decidir
  • No respeto por el cuerpo
  • Paternalismo al decidir por la mujer
  • Infundir miedo para coaccionar la decisión

Si es horrible ejercer ese tipo de violencia física y psicológica en una mujer que va a parir, imaginad a la que se plantea abortar.
Si volver a casa con una herida enorme, profunda y desgarradora, pero con un hijo en brazos, es duro y traumático, imaginad hacerlo cuando vuelves con un útero vacío,  unos brazos vacíos, y el alma algo más pesada.

prolife prochoice

Pretender que pasar por un aborto es como sacarse una muela o extirparse un tumor, es una falta de respeto no solo a ese ser, sino a una misma, al propio cuerpo, a nuestra capacidad de crear y mantener vida y a la propia VIDA en mayúsculas.

Nuestra conciencia nos acusará o nos excusará y nadie entra en eso pero, independientemente de creencias morales personales, este proceso merece el respeto de dedicarle un tiempo y una consciencia. Cada persona es libre de decidir, pero debería al menos concederse el tiempo de meditar  en los porqués,  en “sus porqués”. No los de su cultura, su familia, su religión o su ideología política.
No se trata de qué lugar ocupo en el debate, de ser provida o proaborto, sino de ser, de reflexionar, de decidir y de vivir.

Quienes de un modo u otro rodeamos a la mujer ante esta decisión (profesionales sanitarios y/o acompañantes) deberíamos contribuir a crear un marco en el que la mujer entienda qué está pasando y tenga las herramientas para decidir.

Deberíamos:

  • Dejar de lado nuestras opiniones y creencias personales
  • Ofrecer toda la información relacionada de lo que está pasando: TODA
  • Ofrecer todas las alternativas posibles: TODAS
  • Ofrecer toda la información sobre los que puede suceder dependiendo de la elección.
  • Plantear todos los escenarios posibles y sus consecuencias
  • Ofrecer respuesta  profesional a todas las preguntas que se planteen
  • Ofrecer contactos de profesionales de otras áreas que puedan aportar su visión y apoyo profesional
  • Asegurarnos que la madre no decide en estado de shock (proveer el tiempo y espacio adecuados)
  • Asegurar que la decisión que se toma es de la madre, no propia del profesional o de terceros
  • No infundir miedo para influir en la decisión que creemos la apropiada
  • Respetar profundamente la decisión de la madre, sea en uno u otro sentido..

Si se decide abortar:

  • No juzgar
  • No frivolizar el proceso.
  • No presuponer que no hay dolor tras esa decisión
  • Promover  la elaboración del duelo
  • Favorecer las condiciones para elaborar el duelo
  • Entender las connotaciones futuras de la decisión y ofrecer recursos para gestionarlo

Faro tormentaComo siempre explico a mis alumnas, vivir un duelo, sea por el motivo que sea es un viaje que la mujer ( la familia) hace sola. Nosotros no podemos acelerarles el viaje por la tormenta, pero sí podemos ser una luz hacia un puerto seguro.

Y estoy firmemente convencida que si nuestro mundo no maltratara a las mujeres y a las madres. Si tuviéramos verdadera independencia y seguridad para criar a nuestras crías. Si no estuviésemos solas y sin recursos de todo tipo, muchas de nuestras decisiones serían sin duda otras.

 

En el siguiente post  de esta serie hablaré sobre el aborto voluntario y su  duelo.

Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

El aborto voluntario y su duelo

El aborto voluntario y su duelo

Hace unos pocos años yo sabía de duelo lo que oía en las series de TV.

A la fuerza ( y nunca mejor dicho) supe en primera persona lo que es, leí, hablé y escribí sobre el tema, investigué, aprendí… y trabajé con mujeres sobre este tema.

Cuando empecé  con el apartado “Duelo Gestacional y Perinatal” en el blog especifiqué claramente que hablaba de aborto involuntario o espontáneo. Quizás fue el hecho de haber empezado en el mundo virtual de la maternidad en foros  lo que me condicionó a no querer hablar del aborto voluntario.
Pocos temas hay más polémicos entre las madres que el del aborto, por eso en la mayoría de foros de esta temática se prohíbe expresamente entrar en ese debate.

Quizás fue eso y evidentemente mi propia opinión personal al respecto. Nuestras creencias personales condicionan nuestra vida, nuestra visión de los demás, nuestros juicios… Y hace falta que pase el tiempo y madurar en el trabajo de ser una asesora de maternidad para poder hacer un buen trabajo  dejando los juicios, prejuicios y cuestionamientos aparte.

Soy muy afortunada por muchas cosas. Una de ellas es que hay mucha gente que me confía sus historias, sus secretos, sus problemas, sus frustraciones, sus duelos… Y de cada una de las historias que he oído, en un grupo de mujeres, o en la intimidad de un sofá, o que he leído en mi bandeja de correo, o que me han contado por teléfono y/o vídeo… de todas esas he ido aprendiendo.

Y aprendí o más bien reconocí, porque en el fondo lo sabía, que ser responsable de un adios no te hace insensible al dolor por esa pérdida.  De hecho, esos duelos tienen un agravante, que si bien aparece en todos los duelos, incluídos los de procesos involuntarios, en estos casos es una espada de Damocles difícil de quitarse de encima.  ¡Como no sentirse culpable por haber decidido poner fin a esa vida!

Como he dicho, no entro a valorar ni a juzgar el hecho. No es mi trabajo. Hablo de cómo vive el proceso de duelo una mujer que decidió abortar.

Hay que pensar que podemos tener una idea preconcebida de quién o por qué puede tomar esa decisión. Podemos justificar ciertas situaciones, y otras no. Así somos: estamos acostumbrados a emitir juicios en base a nuestra propia escala de valores y nuestra experiencia propia. Pero el trabajo de ser juez es tan ingrato… y tan injusto, que sinceramente cuanto menos lo hagamos mejor para todos. No solo para el juzgado, sino para nosotros mismos.

La cuestión es que no sabemos. No tenemos ni idea casi nunca de qué mochila lleva a cuestas cada ser humano que le hace decidir en cada momento lo que decide. No sabemos qué haríamos nosotros en esa misma situación porque de hecho nunca podremos repetir su misma situación. Cada uno tiene unas cartas en este juego y una mochila propia. Y  aptitudes y habilidades y recursos propios, cada uno en su escala. Y cada cual tiene su entorno particular, y sus miedos particulares… ¿cómo voy yo a juzgar desde mi posición que no tiene nada que ver con la del otro?

Reivindico mi derecho a tener mi propia opinión al respecto, a decidir en mi situación personal lo que querría hacer yo. Y ese mismo derecho quieren el resto de personas. Entiendo que la controversia es la disputa del derecho del ser dentro del vientre… y ahí es donde quizás nunca se llegue a la unanimidad. Ojalá nuestro mundo garantizara un respeto y cuidado y protección de la madre que cuida un bebé de tal modo que las madres tuvieran más oportunidades de decidir en libertad… pero como en otros casos, hoy por hoy y visto por dónde van los tiros, eso  es más que nunca una utopía.

Maddalena Penitente (Hermitage, San Petersburgo)Cuando conozco a una madre que me cuenta que abortó, y la mayoría de las veces es un hecho lejano en el tiempo, a veces noto que esperan cierta reacción por mi parte, como de juicio. Algunas empiezan a justificar esa decisión y yo con todo el tacto de que soy capaz les respondo que ese trabajo es solo hacia una misma.

No sé si por la cultura de la confesión que libera del pecado creemos que si alguien externo encuentra válidos nuestros motivos con su absolución vendrá el perdón y con este la calma y la ausencia de dolor. Pero no solo no es así, porque de hecho si alguien tiene esa visión,  el perdón divino  solo lo otorgaría Dios, sino que es una idea totalmente contraria a la realidad.

El perdón más difícil de encontrar cuando uno siente culpa es el propio. Así que el trabajo de liberarse de la culpa no lo puede hacer otro, hemos de encontrarlo en nosotros mismos. ¿De qué sirve que nos perdone ( si fuera el caso) el universo entero si nosotros nos seguimos juzgando como culpables? No hay juicio más duro, porque ese, el propio, nos acompaña siempre.
Cada uno,  cuando ha sido responsable de una decisión que ha supuesto un fin, tiene que encontrar su motivos, sus justifiaciones, sus atenuantes, sus por qués.
No para recriminarse, sino para ser consciente de cuál fue el hecho y para encontrar el mejor modo de vivir con esa decisión y con sus consecuencias.

Para algunas las consecuencias implicaráran enfrentarse a vivir un duelo que casi con toda seguridad, no se hizo en su día. Porque no se pudo o no se supo o no se quiso. Da igual. Lo único bueno de los duelos es que siempre se pueden hacer… aunque hayan pasado años. Será un camino de vuelta atrás y de vivir y/o revivir emociones fuertes, duras e intensas.

Duele perder un hijo sin querer, duele decidir abortarlo  y duele tener que decidir interrumpir el embarazo en los casos en que se le comunica a la madre que el bebé tiene malformaciones incompatibles con la  vida y que tiene esa opción y/o la de esperar el desenlace.

Evidentemente cada caso se vivirá con unas características diferentes, influídas a su vez por las creencias, experiencias vitales y entorno de cada mujer, pero pensar desde fuera que unos son más fáciles o llevaderos es toda una osadía.

He conocido mujeres en cada uno de esos supuestos.  Algunas incluso han vivido 2 de ellos, seguro que alguna habrá que los 3… y  todas han sufrido. Todos estos actos dejan huella, igual que esos cuerpecitos dejan parte de sus células en el cuerpo de la mujer que los gestaba.

No querer  verlo o no querer asumirlo es como querer guardar agua en una caja de cartón… dependerá de cuánta agua haya y de cómo es el cartón que aguante más o menos… pero tarde o temprano… ese agua saldrá o acabará deformando la caja.

Mi trabajo como Asesora Continuum es acompañar como mejor sé estos procesos de duelo. Y como formadora de Asesoras Continuum, hacer todo lo posible para que mis alumnas aprendan a mirar cada historia sin juzgar, dando lo mejor de nosotras para contribuir a que la mujer, la familia, elabore un duelo sano.

Si es tu caso, recuerda que no tienes que pasarlo sola.
♥♥♥

PD:Videos sobre consejos para ayudar a quien ha sufrido un aborto en el Canal MimosyTeta de Youtube

Diario para ti.

Diario para ti.

Quiero compartir un relato que me ha enviado una amiga. Es el diario de una ilusión, de cómo se recibe a un ser esperado y cómo se sufre al despedirlo tan pronto.

Muchas personas me siguen diciendo si hablar de nuestros niños perdidos no nos hace daño, si no es mejor olvidarlos  y como ya he comentado otras veces no es así.
Todos honramos en cierto sentido o forma a nuestros seres queridos muertos,  quizás no construímos pirámides funerarias como los faraones  o quizás no lo hacemos porque no tenemos los medios,  pero todos queremos recordar a los que una vez pasaron por nuestra vida y fueron importantes.

Nada hay más importante para unos padres que sus hijos  ¿por qué vamos a dedicarles menos atención y menos recuerdos? ¿Sólo porque fueron muy pequeños e invisibles a los demás??’

Madres que deciden como mi amiga poner palabras a su dolor y elaborar un ritual de duelo sobrellevan de forma más serena la pérdida.

Si alguna de vosotras (perdonad que hable en femenino,  por supuesto los padres también viven el proceso) en estos momentos se da cuenta que no le dedicó en su día el tiempo necesario a su bebé, a despedirlo como era debido y a elaborar su propio ritual de duelo,  sabed que nunca es tarde. Sé por experiencia que situaciones traumáticas “guardadas” o ignoradas no se curan. Y la muerte de un hijo, ocurra cuando ocurra es la situación más dramática que unos padres pueden sufrir.

Os animo a leer “La Cuna Vacía” seguro que os va a servir de ayuda en este proceso.

Gracias a Maica por su generosidad al compartir algo tan íntimo.

Diario de ti

25 de Enero 2009

 

Hola cariño, soy mamá, por fin me he decidido a escribirte para irte contando como me siento: Feliz, inmensamente Feliz de saber que estás creciendo dentro de mí.

Pero déjame que empiece por el principio:

5 de Enero 2009

 

Hoy compramos el predictor, pues desde hace unos días me tenía que haber bajado el periodo y no termina de venir, así que como estamos esperando para sacar un perrito de la perrera como regalo de Reyes, para descartar un posible embarazo, pues eso ayer lo compramos.

6 de Enero 2009

 

Me levanto temprano – como siempre – y voy al baño, hago todo el ritual y vuelvo a la cama con tu padre. Dejo el predictor en la mesa de noche y hago como que sigo durmiendo, pero, nada de nada, estoy más pendiente de la mesa de noche y en despertar a tu padre que otra cosa, al final nos decidimos y ahí estaba el resultado, POSITIVO; Tu padre emocionado me besa, me vuelve a besar, yo estoy un poco parada como en shock,  lo deseaba con todas mis fuerzas, pero ya me había hecho a la idea que no vendrías que casi no me lo puedo creer. Miro y miro el cachivache, una y otra vez, para asegurarme, tu padre se ríe de mí, y me dice que SI, que no se va a borrar.

Ese mismo día lo comunicamos a toda la familia, a tus abuelas y a tus tías, tíos, primos. Eres el mejor REGALO DE REYES que nunca he tenido !!

 

7 de Enero 2009

 

Empiezo el día buscando en Internet la calculadora del embarazo, intentando averiguar cuando fuiste concebida, y cuando podría ser el día de tu llegada. Todo indica que fue al rededor del 18 de Diciembre y que la fecha posible de parto es el 10 de Sept’09.

Sigo incrédula, feliz y emocionada, pero muy cautelosa. Papá está exultante, feliz, emocionado y muy optimista. Yo sigo parándole los píes un poco pues estoy un poco asustada. Te contaré que hace una año y medio un hermanito tuyo decidió no quedarse con nosotros, y aunque tengo el presentimiento que tu te quieres quedar, hay algo muy dentro de mí que me mantiene prudente.

 

Así pasan, los días y las semanas. Se lo hemos contado a amigos y está todo el mundo muy contento con la noticia. Nosotros nos miramos y nos sonreímos. Tu padre me acaricia la tripa cada dos por tres, aunque le digo que todavía eres como una lenteja. El pone su mano encima y te manda su amor y su energía para que te agarres fuerte a mí. Yo lo beso y me enternece. Aunque en el fondo muy en el fondo sigo asustada.

Llega la semana del 19 de enero que en teoría estarías entre  la 6ª y 7ª semana de gestación, amanezco con un malestar tremendo, muchos estornudos y escalofríos. Le digo a tu padre que no me encuentro bíen y el sigue optimista, supongo que para no asustarme. Para mal mayor, voy al baño y he manchado las bragas, me asusto muchísimo, pero al rato recapacito que podría ser de una pupa que tengo. Cada vez que vuelvo al baño, no hay señal de mancha. Me tranquilizo, pero sigo estornudando.

Al día siguiente, estoy igual o peor, me siento febril y pienso que esto te pueda estar afectando, Llamo a Olga, ya la conocerás, es matrona, y me dice que viene para casa. Está con nosotros un buen rato. Me tranquiliza, me dice que no te afecta el que yo esté resfriada, me habla de Pino (que tb la conocerás), es una señora que trabaja una técnica china, el método Yuen, y que me podría ayudar a liberar un poco el miedo inconsciente. Piensa que el resfriado es un mero síntoma del susto que tengo.

Yo creo que puede tener razón, también pienso que es una reacción natural de mi cuerpo, después de unos meses bastante intensos de trabajo (ya te contaré) y ahora llevo unas semanas bastante mas relajado y mi cuerpo ha reaccionado y sacado todo lo que tenía dentro.

En fin lo que quiera que sea, llamo a Pino y me da hora para el viernes. En la cita está papá presente, y hablo con franqueza, y SI, le digo que tengo miedo, y que mi mayor miedo es ir al médico y que me digan que no hay latido (fueron la palabras que me dijeron cuando lo de tu hermano). Era la primera vez que lo verbalizaba, que lo oía tu padre, y me quedé muy tranquila. De hecho he de decirte que ella siguió su método y salí bastante mejor, tanto anímica como físicamente. El resfriado para entonces ya había remitido bastante, así que fue una sensación muy muy buena y muy tranquilizadora.

Quiero explicarte que no te tengo miedo a ti, a ti te adoro, te amo por estar dentro de mí, te quiero con todas mis fuerzas. Tengo miedo a que tú decidas, igual que tu hermano, no quedarte.

 

Desde ayer sábado estoy manchando un poquito, en realidad es casi nada, y creo que es normal y natural. Papá dice que puede ser reacción a la técnica china. Y sí también puede ser. También coincide con las fechas en donde me tendría que venir el segundo periodo. Hoy me he levando un poco pachucha, y he estado todo el día tumbada, leyendo y viendo la tele y te hablo. Aunque eso lo hago todos los días, al acostarme te doy las buenas noches y las gracias por estar, y al despertarme igualmente te doy los buenos días y las gracias por seguir estando.

Ya hoy me he decidido por fin a escribirte y contarte mis sentimientos y quiero que sepas, que eres un ser muy especial y que desde que supimos que estas dentro de mí eres muy querida y serás muy bien recibida en casa y sobre todo en nuestros corazones.

Papá ya te llama garbancito, y yo me muero de ganas por verte  en la ecografía latiendo y latiendo con fuerzas y con ganar de vivir!! Te quiero mi vida.

Mañana sigo, ahora tu padre está colocando un helecho y yo voy a recoger.


27 de Enero 2009

 

Buenos días mi vida, soy mamá, quiero darte los buenos días y decirte que he pasado una noche rara. A eso de las 5 me he despertado y ya casi no he vuelto a dormir. Estoy un poco asustada, pues estoy manchando, poquito, pero manchando. Quiero pensar que es normal y que puedan ser restos de mi periodo, por esta época me debería estar bajando la segunda falta. Por otro lado, me duele la tripa como si fuera regla, a veces más y a veces menos.

Solo quiero decirte buenos días cariño, te queremos y queremos que te quedes con nosotros y aunque me notes asustada, te repito que no es por ti. Son todos estos síntomas que me tienen un poco destartalada.

Hoy papá va a ir a Bartolo y Rosalía, unos amigos y naturópatas, voy acompañarlo para que nos vea y quedarme tranquila, pues la verdad es que me siento un poco extraña.

Quiero disfrutar de ti mientras creces dentro de mí, tengo que aprender a conseguirlo y lo vamos a conseguir. Por favor cariño, se fuerte, y únete mucho a mí para que mis miedos y mis sustos se pasen y poder disfrutar del embarazo! Te quiero mucho, mi vida. Luego te cuento más.

Bien, todo va bien. Me recomiendan reposo durante dos semanas. Así que estaré muy tranquilita para que así te agarres mejor. También nos han recriminado, el haberlo dicho,  a la familia y a amigos. Yo no estoy del todo de acuerdo, pero según ellos, cuanta más gente esté preocupada – que lo están – esa energía de preocupación te llega a ti. En fin yo creo que también te llega la energía del amor que todos ellos sienten por nosotros y por su puesto por ti.

Ahhh otra cosa, yo te estoy tratando en femenino, porque así me nace. Sé que aún eres un ser especial e igual no debería definirte tanto, pero hay algo muy dentro que me dice que te trate en femenino. No sé espero que no te confunda.

 

28 de Enero de 2009

 

Hola mi vida, he hablado con Olga y mañana vamos a hacernos una eco, es decir, por fin vamos a conocernos un poco más. Digo vamos porque espero que dejen entrar a papá. Cuando tu hermano, la eco me la hicieron estando sola, y fue cuando escuche la terribles palabras de: aquí no hay latido, no hay nada… Hasta que entró tu padre a aquella habitación para mí fui un tormento, e incluso hice que me repitieran la eco otra médico, pues yo insistía que igual estaba escondido.

Sé que me asusta enfrentarme a ese momento, por eso quiero pasarlo. Quiero escucharte fuerte y segura, saber que estás bien y poder relajarme tranquila a disfrutar de ti. Hoy me estaré todo el día de reposo, a ver si así dejo de manchar, aunque no es nada alarmante y estoy relativamente tranquila, sigo manchando. Mañana es un gran día y quiero estar totalmente reposada y serena. Te quiero mi amor. Mañana te cuento.

 


29 de enero 2009

 

Hola mi vida, hoy te hemos visto, pero no te hemos oído. Papá pudo entrar conmigo y eso me hizo sentirme más tranquila.

Según la doctora que nos atendió- Sara – debes de estar de menos tiempo del que yo pensaba. Vamos que en vez de estar de 8 semanas hoy, debes estar sobre la 5ª. Evidentemente los cálculos nunca son exactos, ya que no sabemos que día en concreto fuiste concebida. Tendremos que repetir la eco en unos 10 días.

Por lo que nos dijo, está todo bien colocado y en su sitio. Yo me he quedado un poco tocada, pensaba que iba a poder ver tu corazón latiendo y escucharlo. Así que me vuelvo a quedar con dudas. Duda de si lo que vimos hoy está parado desde hace dos tres semanas y por eso tiene ese tamaño, o que efectivamente los cálculos estaban mal.

Me habrás oído llorar, llorar desconsoladamente, al salir del hospital y ya en el coche, he llorado mucho, como hacía mucho tiempo que no lloraba, un llanto casi como cuando tu hermano. Creo que ha sido el cúmulo de situaciones y sensaciones, lo de pasar por la ecografía, una tensión contenida, lo de verte tan pequeña, cuando yo te hacía ya mucho mas desarrollada, en fin, no he podido evitarlo.

Luego le he pedido a papá que me llevara al mar, hemos ido a dar un paseo por la Avenida de San Cristóbal, y le he dicho lo que sentía; y ha sido muy relajante, el mar tiene para mí un poder enorme, me calma inmediatamente, su color, su olor… estaba la marea baja y se oía muy suave, el romper de las olas contras las rocas y callaos, me ha sentado muy muy bien.

De todos modos me llenaré de paciencia, y aceptaré tu decisión. Solo decirte que si decides quedarte, nos harás inmensamente feliz y te esperaremos con todo nuestro cariño y amor para ti.

Ahora La doctora me ha mandado reposo y tranquilidad, y espero poder transmitirte eso.

Te quiero mucho.

30 de Enero 2009

 

Creo que te has ido definitivamente. Esta mañana de madrugada sobre las cinco y media, he ido al baño y ahí estabas. Acepto tu decisión y aprovecho para despedirme. Te imagino con tu hermano y te imagino de algodón, suave, blanco y flotando por los cielos…como una nube que cambia de forma, a veces es redonda y esponjosa y otras es alargada y muy fina.

Adiós mi amor, gracias por el tiempo que hemos compartido y cuídanos desde donde quiera que estés. Si hay algo que he hecho que haya provocado tu marcha, me disculpo, sinceramente no ha sido mi intención. Y si he sido un vehículo para ti pasar de un estado a otro, pues ha sido un honor.

Espero algún día nos reunamos todos. Te querré siempre y siempre estarás conmigo.

Adiós mi amor.

 


2 de Febrero 2009

 

Ayer lloré mucho, por ti, por Juan, por mi familia y amigos y por mí, triste muy triste. Me encontraba como adormilada todo el rato, Juan muy pendiente de mí y yo intentando no asustarlo, pero muy muy triste.

Hablé con familiares y amigos, y hablé con Magdalena y con Olga; Me dijeron que no hacía falta legrado, pues que lo estaba expulsando yo sola. Y pensé que mejor no tener que volver a pasar por el trámite de un hospital y poder despedirme en mi casa y con los míos, en mi intimidad y dándome todo el tiempo que mi cuerpo necesitara.

Hoy he amanecido mejor, fuerte y con ganas de respirar aire fresco. Me apetecía subir a la cumbre y conectar con la naturaleza, abrazarme a un árbol y llorar más cerca del cielo.

En lo que Juan se duchaba, bajé al parque a hablar con los de Taichí y enterarme de los horarios de las clases los domingos. Hablando con ellos me dio un tirón enorme que casi me quedo sentada en el césped. Respiré y volví a casa. Me tumbé en el sofá y le dije a Juan que esperara un ratito a que se me pasara, pues me dolía como una regla fuerte. Media hora después no remitía, iba a más, dolores y retortijones como si se me escapara el alma. A la hora, empecé a asustarme y llamamos a Olga, estaba en el Sur y casi no podía hablar, me dijo que era normal y que si quería que fuera al materno y me inyectarían algo para el dolor. Mi respuesta a Juan fue un NO rotundo. No iba a ir a un hospital a que me tratasen como un número en una camilla… prefería pasarlo en casa. Gritaba como si me estuvieran rajando de adentro a afuera y de arriba abajo. Solo podía estar de pié y caminando, de la cocina a la sala y parada en el pasillo agarrada a la pared cuando me venía el tirón. Así una y otra vez y pidiendo que se acabe ya, que se acabe ya. Así otra hora mas o menos hasta que descubrí que sentada en el water me calmaba, quería empujar y a cada contracción gritaba…

Poco a poco fue a menos y por fin me pude tumbar en la cama en posición fetal.

No sé lo que dormí, pero me desperté bien sin sentir dolor físico. Mas tranquila.

A la tarde me llamó Olga y me dijo que lo que había tenido era dolores de parto y contracciones, pero mucho mas dolorosas y tristes pues no tendría al bebé como recompensa.

Mi niña, mi dolor físico que sentí por ti no es nada comparable al dolor que queda dentro de mi corazón. Siempre estarás con nosotros.

Cómo ayudar a quien ha sufrido un aborto espontáneo

Cómo ayudar a quien ha sufrido un aborto espontáneo

Al querer ayudar a los padres que han pasado por este trance, nos damos cuenta de que suelen estar en tal estado de shock que ni ellos  mismos saben qué necesitan. Para ayudarles el objetivo es animarles a expresar su dolor y a restablecer su autoestima reconociendo al mismo tiempo su dolor. Sea lo que sea lo que la persona esté sintiendo merece que sus sentimientos sean apoyados por las personas que la rodean.

 

Qué hace

  • Dibujo original de Luis PapagnoEl contacto es importante. Esté cerca si es posible, si no, llame o escriba. Sea cuales sean los sentimientos de la madre, estos han de ser comprendidos por  las personas que la rodean.

  • Un abrazo o el brazo sobre el hombro son reconfortantes.

  • Comprender que las lágrimas son una respuesta sanadora y nunca animar a evitarlas.

  • Déjela hablar. Sea el acompañante pasivo que plantea preguntas y céntrese en los puntos que le ayuden a hablar de sus sentimientos. Basta con escuchar.

  • Dígale cómo se siente usted con respecto a la pérdida del bebé y cuán apenada se siente.

  • Reconozca su pena incluso si usted piensa que no reaccionaría del mismo modo en esta situación.

  • Pregúntele sobre  su experiencia, cómo se siente realmente y qué piensa sobre ello.

  • Cuando le pregunte al marido (o pareja) cómo está ella, no olvide preguntarle a él cómo está.

  • Anímela a ser paciente y a no imponerse cargas. El duelo lleva su tiempo.

  • Asegúreles que ellos hicieron todo lo que pudieron y que no fue su culpa . Esto ayuda a aliviar el sentimiento de culpablilidad.

  • El duelo es un proceso físicamente agotador, ella probablemente necesite dormir o descansar durante el día. Haga los arreglos necesarios para asegurarle la  calma necesaria.

  • La intensidad del duelo varía. Durante los momentos “buenos” un cambio  de escenario o de rutina es apreciado.

  • Dé ayuda práctica como tender al colada, hacer la compra uofrézcase a llevar la comida.

  • Ponga música relajante, ofrezca un masaje o un paseo por la palya. Cuando ella se sienta preparada, llévela a ver una película que le guste.

  • Si está seriamente preocupado por su comportamiento, busque asesoramiento profesional. Como regla general, siempre y cuando no se haga daño a sí misma, o a otra persona o propiedad, es probable que no tenga de qué preocuparse.

Qué no hacer

  • No  la ignore porque se sienta incapaz de ayudar o incómodo con el duelo, ella se preguntará si lo que pasó no significa nada para usted.

  • No piense que un aborto espontáneo es más fácil de superar que  la muerte de un hijo o que la muerte neonatal. La verdad es que su bebé acaba de morir y realmente no importa de cuántas semanas de gestación estaba.

  • No se sienta  nervioso o avergonzado por hacerla llorar. No es lo que usted dice o hace lo que le molesta, sino haber perdido a su bebé. Permitiéndole llorar usted está ayudándola con el duro trabajo del proceso de duelo.

  • No confunda el apoyo con  el intentar animarla. La pena del duelo es una enorme y poderosa emoción y necesita  ser liberada, no reprimida.

  • No represente una apariencia jovial.

  • No continúe hablando por nerviosismo. No hay nada malo en el silencio. Usted puede compartir el silencio con una buena amiga (o buen amigo).

  • No se debe caer en la tentación de juzgar en modo alguno sus sentimientos o reacciones. Las personas en duelo a menudo se comportan de forma extraña o inadecuada y necesitan de su apoyo incondicional. Las cosas volverán poco a poco a la normalidad y ella se sentirá agradecida de lo que hizo por ella.

  • No haga un cálculo de cuánto tiempo le llevará recuperarse. Perder un bebé es una de las experiencias más duras de la vida y la profundidad de su dolor es chocante hasta para ella.

  • No asuma  ni dé por sentado que habrá otro embarazo.

  • No intente hacer todas las tareas de la casa. Incluso con buena intención, ella necesita sentirse capaz y útil.

  • No minimice su pérdida  con tópicos como “aún eres joven  y puedes intentarlo otra vez” o  “la Naturaleza es muy sabia y es mejor así a que nazca con algún defecto”.  Lo apropiado en este caso es lo que lo sería para  cualquier otra muerte .

  • No le diga que “tienes suerte de tener otros hijos”. Su pena es por este hijo y los otros no ocuparán su lugar.

  • No olvide que sus otros hijos han perdido un hermano y es natural para ellos reaccionar en cierto modo.

  • No se sienta culpable si está usted embarazada. Simplemente perdónela si  se muestra fría  y apartada, es su forma de superarlo

  • No sienta que ha de mantener  a sus hijos lejos. Ella  tiene que vivir el proceso de aceptar los hijos de otros.

  • No pregunte como está si lo dice sólo como una fórmula social de saludo ya que  la pregunta le obliga a escuchar atentametne la respuesta completa.

Siete cosas útiles que decir

  • “Siento  tu pérdida” . Estas simples palabras significan mucho, especialmente si permite a la madre o padre hablar más, o no, según ellos deseen.

  • “Sé lo mucho que querías a este bebé”. Con esto sencillamente usted reconoce que algo preciado y querido se ha perdido y les da la oportunidad de hablar más.

  • “Llorar es bueno” – Esto puede sonar a película, pero es tranquilizador para la madre o el padre saber que no van a ser juzgados por sus lágrimas  o su tristeza.

  • “¿Puedo llamarte la semana próxima para saber cómo estás?”. A menudo la gente muestra empatía la primera vez que tratan el tema  y luego nunca más mencionan el aborto. Usted puede esperar que los padres continúen de duelo por semanas o meses, por lo que es tranquilizador para ellos saber que  siguen contando con su apoyo.

  • “Me preguntaba cómo te sientes por tu pérdida ahora” – Es bueno para ellos tener la oportunidad de hablar sobre su aborto  incluso si ha pasado mucho tiempo desde aquéllo y también después de un embarazo exitoso. Los padres nunca olvidan un aborto involuntario.

  • “En realidad no sé qué decir” -Lo bueno de esto es que está siendo honesto. El hecho de que usted esté dispuesto a escuchar es lo que realmente importa.

  • “Debe ser terrible para ti(vosotros) después de pasar por esas semanas del tratamiento de FIV que hayas (hayáis) perdido a tu(vuestro) bebé.”

Siete cosas que no hay que decir

  • “Siempre podrás tener otro” – No ayuda mucho saber que puede tener otro hijo. Los padres no quieren simplemente un bebé cualquiera, ellos quieren ESE bebé.  Antes que ellos puedan pensar en tener otro bebé  necesitan llorar la perdida de éste. Han perdido sus esperanzas y sueños también.

  • “Seguramente venía mal o tenía algún defecto- La naturaleza es sabia”-Esto puede ser cierto pero no consuela escucharlo. Ellos quieren creer que era un bebé perfecto, y eso es lo que están llorando.

  • “Es la voluntad de Dios” – Habrá gente que lo crea y otros que no. De todos modos, la situación sigue siendo triste. Lo mejor es que usted apoye a los padres en su duelo, independientemente de su credo.

  • “Al menos no conocías al bebé- habría sido mucho peor si pasase más adelante (mejor ahora que después)”– No ayuda el minimizar o quitar valor a un aborto involuntario, no es la duración del embarazo lo que determina  la intensidad de su dolor, sino la fuerza del vínculo y apego de los padres por su bebé.

  • “Sé como te sientes” – Esta declaración puede parecer arrogante, incluso si usted ha sufrido un aborto involuntario ya que cada persona reacciona de forma diferente. Otras pérdidas pueden intensificar el dolor.

  • “No era realmente un bebé aún” – Puede que los padres no lo vean así. Si no era un bebé ¿qué era?. Para ellos era un bebé real y lo lloran como tal.

  • “Eres joven, tienes mucho tiempo. Cuando menos pienses en embarazarte lo lograrás”

 

En caso de duda, diga algo -cualquier cosa- y esté preparado para escuchar.
Posiblemente la cosa más dura, incluso más duro que oir un comentario insensible,
es cuando la gente no dice nada.

En el Canal de Youtube MimosyTeta teneís una serie de vídeos sobre este tema.

Traducción de Nohemí Hervada del  artículo original publicado en www.miscarriagesupport.org.nz

Dibujo del Dr. Luis Papagno usado con su permiso

Creative Commons License

Era en abril

Era en abril

Hoy le hemos dicho adios a nuestro bebé.
Nos dijeron que era una  niñita.
Por fin conseguimos darle un fin digno a su cuerpecito… y podremos empezar a lamernos las heridas.

Nunca te olvidaremos pequeño amor.

Gracias a Yolanda por mandarme este enlace al vídeo

Sólo 13 semanas…

Este Blog siempre ha pretendido ser un lugar donde compartir información útil, práctica y positiva sobre la crianza de los hijos.

A veces algunos artículos son duros porque es la realidad que tenemos. Sobre todo en lo referente al desconocimiento sobre Lactancia Materna o al maltrato que reciben madre y bebé en los partos no respetados que sufrimos. Pero nunca pensé que hay un aspecto aún más duro de la Maternidad. Un aspecto en el que no piensas…hasta que te toca: llorar la pérdida de un hijo. Aunque se trate de un hijo no nacido.

Este es el relato de lo que  nos ha sucedido. Es duro de leer porque es un suceso horrible y no hay forma (ni deseo) de ducificarlo. Es la cara dura del proceso,  lo que no piensas que te puede ocurrir. Y mejor así. Nadie puede disfrutar algo alegre si está pensando en que le ocurra lo peor.

 ¿Por qué hablar de ello?

Porque ocurre. Ocurre a nuestro alrededor. A veces más cerca de lo que deseamos  y no siempre sabemos qué decir.

Si te encuentras alguna vez con una madre (o unos padres) que han sufrido un aborto,  nunca digas cosas como esta:
-“tranquila, que si te pones nerviosa es peor”

-“no te preocupes, eres joven y podrás tener otro”

-“mejor ahora que más tarde”

-“aún no era un bebé del todo”

-“al menos tienes otro hijo”

-“en unos días ni te acuerdas”

Todas esas frases las he tenido que oír estos días  y sólo entiende cuánto daño hacen quien ha pasado por este trance. Si hay algo peor que la muerte de alguien querido, es que intenten minimizar ese dolor.

Si ante esa situación no sabéis qué decir, no digáis nada. Un abrazo o tomar la mano con afecto es suficiente…

También es justo decir que he recibido muchísimas muestras de cariño, de comprensión, de empatía. No pensé que había tanta gente que nos quería y que sufría mientras nosotros sufríamos. Es cierto que “de tus peores momentos saldrán tus mejores amigos”. GRACIAS a todos.

 

SÓLO 13 SEMANAS…


Ése es el tiempo que estuvo con nosotros…
Nuestro bebé vivió sólo 13 semanas. No sabemos por qué.
Sólo sabemos que íbamos ilusionados a ver la ecografía, como decía Iker: “íbamos a hacerle “una foto al hermanito””. Y  al final toda nuestra ilusión se convirtió en el golpe más duro que he recibido en mi vida.

-“No oigo el latido del corazón”…

Son las palabras más duras que he oído nunca, las de la ginecóloga.
No podía creerlo. Miraba a mi marido y a mi hijo como si no fuera cierto. Estaba bien, había empezado a sentirme mejor, sin naúseas. No tenía dolor, ni contracciones, ¿cómo era posible?

En un minuto pasé de decirle a la doctora que quería parir a mi bebé en casa a hablar de ir al hospital para que lo expulsara y me hicieran un legrado. Todo eso con Iker allí mirándonos sin saber qué pasaba.

Entre llantos nos explicaron qué hacer y cómo sería el proceso.

Salimos como zombies, aunque yo me puse las gafas de sol. “para no amargarles el día a los padres que estaban en la puerta”, esperando como yo, ver a su bebé.nN quería que vieran nuestro sufrimiento en un día especial para ellos.

Iker, que lloraba por vernos llorar, nos miraba asustado. Le dije que mamá estaba triste porque el bebé se había ido,  que estaba malito y no podía crecer más. Lloró repitiendo esas palabras y nosotros aún lloramos más por él.

Ya en el coche sólo tuve fuerzas para llamar a Olga, la matrona que esperaba nos atendiera en nuestro soñado parto. Nunca podré agradecerle lo bastante su ayuda en este trance.

Siempre pensamos en la parte bonita del trabajo de comadrona, la de comadre, la de acompañar a la madre en traer una vida al mundo. Pero nunca pensé en cuánta ayuda necesita una madre que tiene que despedir a su bebé.

Estamos tan perdidos ante cómo afrontar la muerte de un bebé que ni siquiera usamos ese término. Yo misma he repetido la expresión “he perdido a mi bebé”…
“He perdido”… como si no supiera dónde se quedó. Pero no lo “perdí”, estaba allí, en mi vientre, sin vida,  pero estaba allí. Me imagino que decir  “mi bebé ha muerto” nos suena peor. El caso es que, con eufemismos o sin ellos,  ya no vivía y había que sacarlo.

Cuando llegué al hospital lo primero que pregunté era por la posibilidad de que Iker se quedara conmigo. No soportaba la idea de separarme de mi niño. Pero tras explicarme los posibles efectos secundarios de la pastilla que te ponen para provocarte la expulsión del cuerpo pensé que no sería agradable para él ver a mamá en ese estado.
Además quería intimidad para pasar por ese proceso de sacar a mi bebé de mi cuerpo. Mi marido no quería dejarme sola pero le convencí de que yo estaba bien pero que no nos perdonaríamos que Iker se sintiera solo por la noche. Nunca había dormido sin mamá y la teta, no quería que tampoco tuviera a papá para consolarle. Le agradezco que me escuchara y se quedara con él, abrazándole hasta dormirse diciéndole que mami le quería aunque no estuviera allí con su tetita.

Mientras tanto yo en la habitación,   Olga estuvo un rato conmigo dándome  sabios consejos:

-“déjale ir, respira hondo cuando notes que va a salir y estáte tranquila… tómate tu tiempo y despídete de él… cógelo si quieres… es TU bebé”…

Y eso hice.
Cuando salió y le vi tan pequeñito, pero formado… ví que era mi bebé. Le miré, le toqué y lloré. Lloré por lo que pudo ser y ya no era.

Sé que ya no vivía y ése era sólo un cuerpo sin vida,  pero cuando perdemos un ser querido (otra vez la expresión errónea) casi siempre tenemos un recuerdo, una foto, un olor, algo a qué aferrarnos para recordarle. Yo no tenía nada de él,  sólo la visión de ese cuerpecito. Y deseé que no hubiera sufrido, que se sintiera querido el poco tiempo que vivió. Le miré queriendo grabar su imagen. Me impresionó lo pequeño que era y me sentí mal, sentí que le fallé, que había hecho algo mal, que no le pude proteger.

Cuando nació mi hijo hice mi más profunda y sincera oración a Dios. Le dije que me sentía un poco como Él por haber podido dar vida. Era algo indescriptible, y ahora  oré con angustia, con dolor en el alma.

Un dolor que sigue, que se calma un poco cuando miro a mi hijo Iker porque él se merece ser feliz y no vivir en constante tristeza. No pensé que fuera posible pero juraría que ahora le quiero más. Porque comprendo que es un milagro que esté con nosotros, que cada día de vida a nuestro lado es un regalo, que a fuerza de ver damos por sentado. Le quiero más porque consigue que riamos con sus cosas y por momentos nos olvidemos del sufrimiento.

Todavía me duele hablar de ello aunque sé que el tiempo me ayudará a sobrellevarlo.

Si aún lloro a veces por un parto traumático, cómo no llorar por no ver crecer a mi bebé…