El duelo de las que acompañamos madres

El duelo de las que acompañamos madres

Recuerdo el dia que me enteré que mi bebé no estaba vivo. Nada más salir de la consulta de la tocóloga, llorando y aún intentando asimilar lo que estaba pasando, vi a un par de madres sentadas en la sala de espera, acariciándose sus ya enormes barrigas y decidí ponerme mis gafas de sol para que no vieran  en mi rostro la cara de la muerte. Esas muertes que siempre les pasa a otras.

He comentado muchas veces con compañeras y alumnas  esta reacción mía en un momento en el que debía estar aún en estado de shock.  Parece una reacción extraña sacar algo de lucidez y preocuparse de otras personas, de extrañas, cuando en realidad tu cabeza sólo gira alrededor de esas tres odiosas palabras que te aplastan cada vez un poco más hacia abajo, hasta que sólo quieres desaparecer entre el polvo del suelo.

No es una reacción tan extraña cuando tu trabajo es como el mío.

Ser asesora de maternidad, Asesora Continuum, no es lo que hago, ES LO QUE SOY. Va más allá de la empatía natural de una persona hacia otra en su misma situación.
Ser madre, a muchas personas ( no a todas), les hace empatizar con  otras madres con las que comparten intereses y experiencias.

Dedicarte al acompañamiento  y/o asesoramiento maternal es ampliar tu radar emocional, es ser consciente de muchas necesidades, de las que te son familiares y de otras desconocidas, es comprender que cada situación personal es un complejo entramado único al que hay que acercarse con mucha capacidad de escucha, con una enorme dosis de respeto y con una gran capacidad de autocontrol para amarrar el ego y las ganas de juzgar.

Cuando esa es tu forma de vivir tu trabajo y de repente vives en primera persona eso que antes sólo habías leído y escuchado (que no oído), entonces tu duelo es un duelo peculiar.

Hacer un duelo acompañando la vida

dueloSeguramente sabréis o hayáis leído que una madre que ha perdido a su bebé quiera evitar, durante algún tiempo al menos, todo el contacto que pueda con embarazadas, bebés y niños. Este es un comportamiento totalmente normal, nada patológico y no tiene que ver con ninguna emoción indeseable. Esa madre no se ha convertido en una mala persona, ni se ha vuelto huraña ni  envidiosa: sencillamente aún llora por su no-maternidad y en determinados momentos resulta insoportable ver de cerca las sí-maternidades del resto del mundo.
En este contexto, les decimos a las madres que no se angustien, que a medida que vayan incorporando a su nueva vida aspectos de su vida anterior, se irán asentando las emociones. Volver a salir de casa al cabo de unos días, ocuparse de las tareas cotidianas al cabo de un tiempo, volver al trabajo llegado el momento,  son pasos que indican movimiento, movimiento que poco a poco nos traerá el equilibrio a medida que aumente la confianza y, como consecuencia, la velocidad necesaria.
Pero cuando tu rutina y tu trabajo incluye la convivencia diaria con madres, muchas sienten que en vez de un paso adelante se les obliga a dar un salto al vacío.
No sé si las que no estéis en esta situación podéis imaginar el torbellino de emociones de enfrentarte a trabajar  con madres, con padres, con familias llenas de vida, con bebés que besar, acariciar y nutrir, cuando tú, en ese aspecto, te sientes llena de muerte,   con un cuerpo que aún te demanda ese otro cuerpo al que besar, acariciar y nutrir y sólo puedes darle vacío y lágrimas.

Antes os decía que al comentar mi reacción al perder a Altair y mi vuelta al “trabajo” relativamente precoz, algunas personas me preguntaban que cómo pude hacerlo sin derrumbarme. Ante todo quiero dejar claro que no hay reacciones correctas y reacciones incorrectas, sólo hay emociones, todas válidas -incluidas las que calificamos de negativas- y distintas posibilidades  para afrontarlas.

En mi caso no me suponía sufrimiento añadido estar rodeada de madres embarazadas, madres puérperas, bebés y niños.  No todas lo viven igual. Para algunas supone demasiado  que todo gire en torno a palabras, cosas y actividades que  recuerdan la realidad no deseada. Todo está bien, no hay un ritmo único ni un proceso único. No hay una forma válida ni una medida estándar. Lo importante es darse el tiempo que se necesita, escucharse y no añadirse más carga de culpa. juicio o remordimiento. Debemos recordar que ahora nosotras somos “ellas” y  permitirnos ser dolientes un poco más de tiempo si es necesario.
No voy a negaros que en alguna ocasión lloré escuchando algún relato de parto o mirando a los ojos a alguna madre en la que veía compasión hacia mí y mi situación, pero la mayoría de las veces, el rodearme de vida me hacía sentir aún más gratitud por  el enorme privilegio que tenemos y a menudo damos por sentado.

El mejor bálsamo junto con el tiempo

El amor ha sido siempre lo que me ha mantenido a flote cuando mi barco zozobraba. Tener un ancla no te evita los zarandeos que te dan las olas, pero te mantiene alrededor de tu centro, evita que te pierdas.  No creo que haya mayor ancla a la vida que sentir amor: amor por los hijos, los nacidos y los que no lo lograron, amor por las personas que te rodean, amor por mi trabajo y amor por mí misma y mi propia capacidad de sentir amor.

Sin duda es un desafío dar ese paso de volver a escuchar historias de madres cuando aún tienes ganas de llorar a cada instante. Pero si eres capaz de darlo, si consigues ampliar ese radar y ver más allá de tu dolor, verás que muchas veces, créeme que muchas más de lo que piensas, recibes más de lo que das. Ese es otro de los milagros de nuestro trabajo: cuando ofreces confianza y sostén, recibes confianza y sostén de vuelta.

Al final del día, al final del camino, no es que no te duela tu dolor,  pero pesa algo menos y ahora en el lugar de esa carga pesada, ahora hay más empatía y más sabiduría para seguir caminando y seguir acompañando

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PD: Dedicado a todas las mujeres que se sienten identificadas al leer mis palabras. En especial a L.O.

(Imágenes  CC0 Public Domain)

Mi respuesta a Ana Rosa Quintana sobre su opinión de las doulas

Mi respuesta a Ana Rosa Quintana sobre su opinión de las doulas

Hoy tras unos 3 años he puesto la Tv porque entrevistaban a una amiga doula, Macarena Díaz. Enterarme que salía en el programa de Ana Rosa Quintana ya auguraba que íbamos a ver cualquier cosa menos periodismo con rigor.

Reconozco que tengo prejuicios contra la Sra. Quintana a pesar de que nunca me he tomado un cafe con ella, pero no he podido evitar formarme una opinión sobre ella, y más en asuntos de maternidad,  por lo que le he oído a lo largo de los años.
Aún recuerdo cómo hablaba de una madre que sufrió un aborto espontáneo.

 

Que digo yo que si no sabe qué decir, que se calle, o dado que tiene un programa de Tv, pues que se informe ¿no?. Creía que el periodismo se basaba en contrastar la información.

Pero no, esta mujer quiere ir de periodista cuando en realidad es opinóloga.
A ver, señora Quintana, que tiene usted todo el derecho del mundo a tener su opinión sobre las doulas, sobre parir, sobre la epidural, sobre  la placenta, y sobre el peinado de Macarena si quiere, pero entenderá usted que a la mayoría de los mortales sus  opiniones nos  la traen al pairo.
Que tiene usted derecho a no escuchar lo que le explican 30 veces y a mantenerse en sus 13. Que le han dicho por activa y por pasiva que las doulas NO ASISTEN PARTOS.  Tiene usted derecho incluso a dejarse en evidencia diciendo que usted no pare como una mamífera. A usted le aterra ese concepto y a algunas lo que nos aterra es pensar que  igual usted es el eslabón perdido entre anfibio y reptil o algo similar, porque las mujeres de este planeta, todas, somos mamíferas, y cuando parimos, parimos como mamíferos que somos, del mismo modo que gestamos en el útero y tenemos mamas que producen leche.  Igual si coge usted un libro de biología de sus hijos, le asombra ver que seguimos, por mucho adelanto en la medicina, en esa clasificación.
Aunque para usted en la Rúber con 5 ginecólogos y una bata de Loewe, o aunque le hagan una cesárea programada y no dé teta es usted mamífera.
La cuestión es que si usted es así de ignorante es cosa suya evidenciarlo en Tv, pero si se hace una entrevista sobre una noticia, lo que espera la audiencia es obtener información sobre la misma. Porque si de lo que se trataba es de decir lo que a usted se le antoja sobre el tema, pues se hubieran ahorrado invitar a nadie.

Aparte su “perlita” sobre parir como mamíferas, ha soltado usted por la boca barbaridades como si fueran verdades absolutas, cosa que por otro lado no es nuevo en su profesión, y más en su cadena y en ese tipo de programas. No saben ustedes distinguir evidencia de creencia, noticia de opinión, pantallazos de informes, y lo peor no saben distinguir  vida privada de prácticas profesionales de un colectivo.

-Hacer una pregunta directa y personal a la invitada cuando han quedado de antemano que no se haría es, como poco, de mal gusto, y como mucho una encerrona sucia y burda. Porque además, si Macarena ha ingerido o no placenta eso sólo le importa a ella.   Lo que se trataba era de saber si ella ha obligado a alguna de las mujeres que ha acompañado a hacerlo. Si no saben ustedes distinguir esas dos cosas, quizás deberían volver a la facultad de periodismo. Si llego a estar yo allí le habría preguntado si usted dio de mamar a sus mellizos.
Y no me diga que eso es su vida privada. Si Macarena ingirió o no placenta también y según su compañero preguntar no es ofender, así que repito: ¿Amamantó usted a sus mellizos como recomienda la OMS hasta mínimo los 2 años?  ¿No? Porque a mi igual me aterra que usted al no hacerlo puso en riesgo su salud. Igual no sabe que está demostrado que alimentar artificialmente a un bebé incrementa los riesgos de padecer muchas enfermedades.

¿No le gusta a usted que le pregunten cosas directas y personales? Recuerde: ” preguntar no es ofender”. Y dado que su argumento hoy ha sido “que no puede ser decisión de la madre cómo pare o lo que hace durante el parto ya que es una mujer que está dando a luz a un ser, que según usted  es una persona y tiene entidad jurídica… ” pues yo esgrimo el mismo argumento.  Dejando a un lado que con la Ley actual para tener entidad jurídica hay que estar vivo 24 horas tras el parto*, vamos a suponer que eso es así y que el bebé tiene derechos a los que la madre tiene que atender. Yo le pregunto, ¿eso aplica a “todos los derechos del bebé” o sólo a los que a usted le da la gana? Porque el bebé entonces tiene derecho a ser parido, y a no ser extraído por la fuerza en una operación quirúrgica no fisiológica como es una cesárea, a no ser que esta sea realmente necesaria. ¿Qué hacemos con las cesáreas programadas? ¿En ese caso opina usted igual? ¿y con la lactancia, repito? Porque el bebé tiene derecho a recibir alimento diseñado para él. ¿Reconoce usted entonces el derecho de las mujeres de decidir no amamantar?  ¿o en ese caso la mujer sí tiene potestad para hacer lo que a ella le venga en gana saltándose las recomendaciones unánimes de todas las autoridades sanitarias mundiales? La verdad es que me hubiera gustado estar hoy en ese plató, hacerle esa pregunta, ver su cara y sobre todo oír su respuesta. Que demagogia sabemos hacer todas. Y algunas además, como este tema nos pone de muy mala leche, nos sale la vena que ríase usted de la Patiño.
Por otro lado, nos vende usted que la panacea del parto es la epidural. Una vez más, ¿le ha preguntado al bebé? ¿Sabe usted lo que implica para el bebé la anestesia? ¿le interesa ? ¿tiene derecho la mujer a decidir anestesiarse no sólo ella sino también a su hijo? ¿Y la oxitocina sintética? ¿le pregunta la madre a su bebé si quiere recibir esa droga con  los efectos secundarios que conlleva?
Señora Quintana es usted la reina de la demagogia. Si realmente le preocupa la salud de los bebés, hasta el punto según usted, de restringir los derechos de la madre, aplíquelo a todas las prácticas que rodean el embarazo, el parto y el posparto.
O todos moros, o todos cristianos.
-Cuando dice usted que el papel de la doula lo tiene que hacer el padre, una vez más es que sube el pan cuando usted habla.  ¿Cree usted que todas las mujeres  que van a parir cuentan con un “padre de la criatura”? ¿Cree que todos los padres quieren acompañar ese proceso? ¿Cree usted que todos los padres que quieren pueden sostener a su esposa en ese trance? Porque le recuerdo que la mayoría son tan nuevos en esas lides como las mujeres, con el agravante que no tienen idea de qué está pasando. Un hombre nunca va a entender lo que es un parto como una mujer que ha parido. No creo que necesite explicarle eso.
Además que habrá mujeres que no quieran a su pareja  en el parto. ¿O cree usted que todas las realidades familiares son como en La casa de la Pradera?
Si una mujer quiere una doula con ella, o a su prima, o a la vecina del quinto mientras pare, tiene derecho a tenerla. Esté o no, además,  su pareja, que puede ser el padre o no. Esté o no su madre, o la estampa de la Virgen de los desamparados.

-Del tema de la placentofagia paso de comentar nada. No tiene sentido. Si son ustedes periodistas deberían haberse informado ustedes del estudio que está llevando a cabo un médico en un hospital español, y no que lo tenga que citar la doula, que como ella misma ha dicho, no es sanitaria.
-Les ha causado también estupor a su equipo que haya quien quiera cortar el cordón umbilical con una vela. Que digo yo, que por qué algunos ritos les causan tanto “desagrado”. Si alguien en base a sus creencias quiere cortar el cordón con una vela o con los dientes,  ¿a ustedes qué más les da?
Que yo sepa usted ha hecho pasar a sus hijos menores de edad por un ritual que es beber un vino que se ha transmutado en sangre de Cristo. Eso es un ritual en toda regla. Pero claro, ese está tan instaurado que ese sí es válido. Pues le vuelvo a informar que según la Ley española hay libertad de culto, e igual que usted bautiza a sus hijos y estos hacen la comunión en un ritual con sangre de por medio,  pues hay mujeres que deciden hacer otro tipo de rituales si les da la gana. Mientras no atenten a una Ley establecida en nuestro código, pueden hacerlo. Le guste a usted o no Sra. Quintana, que eso a día de hoy no es delito.
Quiere usted ir de fina y resulta de lo más cateta señora mía.
En fin, que vuelvo a reafirmarme en mi decisión de no ver TV, porque a mí lo que me aterra es que mis hijos oigan a personajes como usted soltando opiniones absurdas y trasnochadas como verdades. Eso sí es un riesgo para la salud.
Lea usted un poquito e infórmese sobre índices de mortalidad y morbilidad perinatal en países donde los partos normales se atienden en casas,  no en hospitales. Y luego, me invita a su programa y charlamos un ratito. Eso sí, recuerde: “preguntar no es ofender” así que recuerde que donde las dan las toman.

Y como a mí me gusta citar mis fuentes… aquí pongo el vídeo . Aviso que puede perjudicar seriamente la salud de las personas pensantes, sobre todo si son mamíferas.

*Edito para añadir que los artículos 29 y 30 del Código Civil han sido modificados recientemente y la entidad jurídica ya existe desde el nacimiento sin la espera de 24 horas.

¿Deben cobrar las asesoras de lactancia o porteo?

¿Deben cobrar las asesoras de lactancia o porteo?

¿Conoces el chiste del mecánico y el tornillo?

Un hombre llama a un mecánico porque su coche no se pone en marcha. Él ha intentado todo lo que sabe, pero el coche sigue sin arrancar. El mecánico llega, abre el capó, mira el coche y tras apretar un solo tornillo el coche se pone en marcha.
EL dueño del coche pregunta, casi como si no fuera la cosa con él, si le debe algo. El mecánico le dice que son 100€. El dueño del coche le dice entre sorprendido y enfadado, que cómo le va a cobrar 100€  por apretar un tornillo. El mecánico le responde:

“Apretar un tornillo cuesta 1€
Los otros 99€ son por saber qué tornillo apretar” 

Debate antiguo.

No es la primera vez que en el mundo que me muevo surge el tema del dinero y de  lo apropiado de cobrar o no  por este tipo de trabajos,  difíciles de reglar. Trabajos que si bien es cierto empiezan como voluntariado, suponen una inversión de tiempo y dinero por parte de quienes lo efectuamos.
Dinero para pagar cursos y viajes y dietas  para asistir a esos cursos. Dinero que dejas de ganar cuando dedicas tu tiempo a esto y no a otra cosa. Dinero que  gastas cuando te desplazas por tus medios a visitar a madres que lo necesitan.

 

Voluntariado

Todos entendemos que el voluntariado es eso: voluntario.

Y en el propio concepto de la palabra está su significado: se hace “por voluntad propia”.

POR VOLUNTAD PROPIA. Y como tal, una debería decidir cuánto ha de durar ese voluntariado o hasta qué grado. Porque si no, si en vez de decidirlo yo, lo decides tú… ya no es voluntariado.

Hay como una especie de doble rasero  que nos dice que lo que es “bueno” y “necesario” y “útil” debería ser gratis y lo demás, lo superficial, lo material, lo prescindible se puede y debe pagar. ¿No es eso una incongruencia?

Entiendo que el conocimiento que puede contribuir a tener una lactancia exitosa, o aprender a llevar a tu hijo con una tela o acompañarte en tuparto o en tu duelo, es algo intangible y debería ser patrimonio de la humanidad, y ser dado y recibido sin entrar en un “mercadeo”.
Pero que alguien me explique por qué una familia ve mal pagar por una asesoría que puede contribuir a establecer la lactancia ( con lo que eso supone no solo a nivel afectivo y de salud, sino económicamente hablando) y luego se gasta hasta 1000€ en un carrito? ¿O 20€ en unas zapatillas para un bebé que no camina de una conocida marca de deporte?  O sencillamente, en cualquier otra cosa que quieran…
No juzgo que la gente se gaste su dinero en lo que quiera… faltaría más. Lo que juzgo es que  se pretenda que yo regale el mío.
Se le paga a todo aquél que nos da un producto o un servicio: abogado, médico, panadero, peluquera, empleada de hogar… A veces por productos o trabajos  temporales o perecederos… Las que nos teñimos y/o depilamos sabemos que es un gasto periódico.  No pretendemos que como vernos con una buena imagen es bueno para nuestra autoestima, la peluquera debe hacernos su trabajo gratis. Ni pensamos que como la salud es un derecho fundamental el médico no ha de cobrar por su trabajo.

 

¿Por que no puede cobrar una asesora de lactancia?

Reflexionemos:

  • ¿De dónde surge el debate de si una asesora de lactancia (o de porteo o una monitora de masaje infantil o una doula, o una asesora continuum, o Pepita Pérez , simple mamá con los conocimientos que tú necesitas) puede o no puede cobrar por su trabajo?
  • ¿Quién se atribuye el derecho a decidir que fuera (o no) de una cantidad de tiempo X que dedica voluntaria y gratuítamente ( de este término hablaré más en profundidad a continuación) el resto de su tiempo lo debe regalar?
  • ¿Quién decide y en base a qué que otra persona no es libre de ejercer su derecho al trabajo como quiera?
  • ¿Por qué algunas personas se creen jueces o guardianas de la moral en este ámbito?
  • ¿Por qué a quién decide no cobrar le molesta que otra lo haga?
  • ¿Por qué creen que su opinión es algo más que eso, una opinión, e intentan que sea un dogma?
  • ¿A qué otras profesiones o actividades  se les  exige esa dedicación completa desinteresada?
  • ¿Por qué entonces a estas sí?

Imagino que el trasfondo es pensar que no se puede mezclar lo bueno ( ayuda a la mujer en algo tan necesario) con lo malo (dinero).

Pero, resulta que el dinero en sí no es malo. Malo es lo que se hace con él o lo que se hace, a veces, para conseguirlo. El dinero como tal es un elemento de pago, una moneda de cambio, como en su día lo fue la sal o las especias. Y antes de eso, el trueque.

Nunca en la historia la gente esperaba recibir un servicio gratis. La Ley de la Compensación está en la propia conciencia humana, independientemente de las leyes humanas temporales establecidas con más o menos sentido de la justicia.

De hecho eso es justicia ¿no?, ¿no se la representa como una balanza precisamente para transmitir el concepto de equidad? ¿de que uno no reciba más de lo que da?

 

 

 

Por años el trueque fue la forma habitual de tener aquello que se necesitaba, pagando con lo que se tenía:

 

Después con la necesidad de “medir” el valor de cada cosa apareció el concepto de moneda, primero con valor material, y luego con valor simbólico.

Eso es el dinero.
Cuando hoy decimos: “mi hora de trabajo vale x” deberían sobrar las explicaciones y deberían sobrar las críticas.

 

 

Si criticas a alguien por cobrar su tiempo y su experiencia…

  • Piensa en qué hay en ti que ve mal algo a lo que la otra persona tiene derecho.
  • Piensa en qué moneda usas tú para pagar todo lo que usas y necesitas
  • ¿De dónde sacas ese dinero? ¿Trabajando tú o alguien de tu familia para ti?
  • ¿ Y por qué crees que tú eres mejor que esa persona que sí mereces una remuneración y la otra persona no?
  • ¿Esperarías que alguien fuera a tu casa a limpiarte gratis?
  • ¿ Y por qué esperas que haya alguien dispuesto a ir a tu casa a cualquier hora, cualquier día del año, gratis, para ayudarte a solucionar una urgencia con tu lactancia (por poner un ejemplo)?
  • ¿ Y por qué quieres que alguien esté una hora o más contigo, enseñándote algo que podrías aprender tú sola dedicándole más horas y que lo haga gratis?
  •  ¿ Y por qué crees que alguien tiene que responderte tus consultas y dudas gratis, ahorrándote tiempo de búsqueda y de criba, quitándose tiempo para ella misma y su familia?
  • ¿Quién eres tú para decidir sobre el tiempo de los demás?

Gratis

Me gustaría copiaros el significado, etimológicamente hablando, del término GRATIS

El significado que tiene hoy en día es el mismo que tenía para los romanos cuando dieron finalmente forma adverbial al ablativo plural de gratia, ae. 
En efecto, antes de la época clásica se escribía siempre gratiis, que interpretado como ablativo instrumental nos llevaría a entender el adverbio como “haciendo favores”, “a cambio tan sólo de las gracias o los agradecimientos”. Una forma casi indeclinable de gratia es grates, que se refiere exclusivamente a nuestro “gracias” y se usa únicamente para dar las gracias o para referirse a estos actos de agradecimiento o de acción de gracias, y tiene que ver directamente con ser agradecido, es decir con hacerse grato (gratus) como expresión de agradecimiento. De hecho es el pago que se exige por la gratuidad, el agradecimiento, es decir el hacerse agradable a quien tan graciosamente nos favorece. La gratuidad, por tanto, no es total. Devenga agradecimiento, que es una forma de pago muy especiosa, de alta rentabilidad política, porque los pobres también votan. 
De todos modos hay que observar que el uso del adverbio gratis ha experimentado serias variaciones desde el que tenía en latín al que tiene en la actualidad. En latín siempre se percibe la idea de gracia y de agrado. Quizá la traducción más fiel del valor que tenía para los romanos la palabra gratis, sería nuestro “graciosamente” , en la misma línea que gradoso, de grado o de buen grado. De ahí que la expresión latina “gratis et amore” sea más adecuado interpretarla casi como una tautología: “con gusto y con amor”, o más en castizo, “de mil amores”. En cambio actualmente el adverbio gratis ha perdido toda vinculación semántica con su origen léxico, con la gracia y con el de grado. Hoy gratis significa solamente que no se ha de pagar con dinero. Es un concepto puramente económico.

 

Gratuidad versus gratitud

A veces quienes damos algo gratis nos sentiríamos pagadas con simplemente notar el agradecimiento en el receptor. Pero como habéis leído no es que el lenguaje cambie, es que cambia el concepto y el lenguaje lo recoge.

Antes lo “gratis” implicaba devolver con un sentido de gratitud. Hoy ni eso.

LA mayoría de las consultas, esas de pasarme horas en casas ajenas, con mi hijo a cuestas, invirtiendo mi dinero en coche y gasolina, dándome las tantas de la noche y mi hijo dormido en mi espalda, la mayoría de esas horas no fueron pagadas, no, ni agradecidas. Ni una nota, ni un correo…

Muchas de las consultas respondidas por correo, o por sms (que encima me cuestan dinero) o por whatsapp, más de lo mismo.

A veces incluso con tono exigente:
     “Te vi en linea y no me respondiste” me han mandado más de una vez al whats app !!! O-O

Curiosamente, algunas incluso, luego pagan a otras por lo que recibieron de mi gratis:  ¡¡¡paradojas de la vida!!!

Creo que la gratuidad total lo único que consigue es crear desagradecidos.
Gente que en vez de gracias… lo que te dicen es:
“de nada”

Así que siento si a alguien le molesta cuando al preguntarme les respondo que mi hora de trabajo o mis asesorías ( presenciales, por teléfono, correo o videoconfernecia)  cuestan X.

Más siento yo que mi banco y el tendero de la esquina no me acepten lo buena persona que soy regalando mi experiencia  como pago de la hipoteca y la comida.

PD: No quiero ser injusta y no mencionar  a todas las personas que me demuestran su agradecimiento en múltiples formas…

NO LAS OLVIDO

De hecho, si no hubiera sido por ellas, hace tiempo hubiera tirado la toalla.

GRACIAS 

 

Y sí… siempre he aceptado trueque por mi trabajo… y solo me lo han ofrecido una vez

REDES DE APOYO ENTRE MUJERES- Laura Gutman

No me cabe ninguna duda que los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad. En cambio la modalidad que impera en las grandes ciudades modernas, da prioridad a las familias nucleares, prefiriendo aún más a las familias constituidas por una sola persona. Este sistema suele generar buenos frutos económicos, al menos para unos pocos.

Por otra parte, la mayoría de las mujeres modernas hemos elegido terminar una carrera universitaria o lograr un buen puesto de trabajo, en lugar de tener una vida semejante a la de nuestras madres y abuelas.

Pero cuando –casualmente y contra todos los pronósticos- nace un niño, la soledad y el desconcierto para las madres es moneda corriente. Porque no hay comunidad que nos avale, nos sostenga, nos ampare, nos transmita sabiduría interior, o satisfaga cualquier necesidad, física o emocional.

Muchas de nosotras pretendemos atravesar la maternidad utilizando los mismos parámetros con los que estudiamos, trabajamos, tomamos decisiones, luchamos, nos hacemos valer, generamos dinero, elaboramos pensamientos o practicamos deportes. Confiamos en que la maternidad no podría ser más compleja que lidiar con cincuenta empleados a cargo todos los días. Sin embargo…solemos comprobar que se trata de otro nivel de complejidad.

La mayor dificultad consiste en “dejar el mundo real” para “ingresar en el mundo onírico” de la fusión mamá-bebé, y aunque cada una de nosotras reacciona en forma diferente durante el puerperio, sólo en la medida en que estemos bien sostenidas, estaremos en condiciones de sostener al bebé.

Hoy no tenemos aldea, ni comunidad ni tribu ni vecindad en muchos casos. A veces tampoco familia extendida. Pues bien, necesitamos crear apoyos modernos y solidarios. De lo contrario no es posible entrar en fusión con el bebé. No es posible amamantarlo, ni fundirse en sus necesidades permanentes.

Las mujeres tenemos que organizarnos. Una posibilidad es crear grupos de apoyo, o de encuentro, o grupos de crianza abiertos para que las madres encontremos compañía con nuestros hijos en brazos, comprensión de nuestros estados emocionales y aceptación de nuestras ambivalencias.

Otra figura que en la actualidad me parece fundamental es la “doula”. Hay “doulas” preparadas para acompañar a las parturientas y otras especialmente entrenadas para seguir el proceso puerperal. La “doula” interpreta la “experiencia interior” de cada madre, avalando todos los cambios invisibles, y traduciendo al lenguaje corriente la realidad del puerperio. No se trata de ayudar con el bebé, ni de ofrecer buenos consejos, sino de acompañar la zambullida al universo sutil e invisible del recién nacido. Su principal función es la de maternar a la madre para que entonces pueda maternar a su hijo.

Las “doulas” tienen una función para ejercer, nombrando cada sentimiento “absurdo”, desproporcionado o incomprensible de la madre reciente. Personalmente, espero que el oficio de “doula” ingrese en el inconsciente colectivo femenino. Que las mujeres “sepamos” durante y después de parir que merecemos naturalmente llamar y solicitar una “doula” a domicilio, para que nos abra las puertas a los Misterios de la Maternidad. Porque a partir de cada madre puérpera que se encuentra a sí misma, el mundo entero se encuentra. Cada “doula” que asiste a una puérpera, se sana a sí misma y sana a todas las mujeres. Cada palabra de apoyo, es una palabra de paz y de bienvenida al niño. Las “doulas” nos incitan a que confiemos en nuestras elecciones, decidiendo según nuestras más íntimas creencias. Ellas nos recuerdan que somos merecedoras de todos los cuidados, porque de ello depende el futuro.


EL PUERPERIO- Laura Gutman

 

Vamos a considerar el puerperio como el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una progresión evidente entre el caos de los primeros días -en medio de un llanto desesperado- y la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas.

Para intentar sumergirnos en los vericuetos energéticos, emocionales y psicológicos del puerperio, creo necesario reconsiderar la duración real de este tránsito. Me refiero al hecho que los famosos 40 días estipulados -ya no sabemos por quién ni para quién- tienen que ver sólo con una histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.

Mi intención –por la falta de un pensamiento genuino sobre el “sí mismo femenino” en la situación de parto, lactancia, crianza y maternaje en general- es desarrollar una reflexión sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. Vamos a hablar en definitiva de lo invisible, del submundo femenino, de lo oculto. De lo que está más allá de nuestro control, más allá de la razón para la mente lógica. Intentaremos acercarnos a la esencia del lugar donde no hay fronteras, donde comienza el terreno de lo místico, del misterio, de la inspiración y la superación del ego. Para hablar del puerperio, tendremos que inventar palabras, u otorgarles un significado trascendental.

Para quienes ya lo hemos transitado hace tiempo, nos da pereza volver a recordar ese sitio tan desprestigiado, con reminiscencias a tristeza, ahogo y desencanto. Recordar el puerperio equivale frecuentemente a reordenar las imágenes de un período confuso y sufriente, que engloba las ilusiones, el parto tal como fue y no como una hubiera querido que sea, dolores y soledades, angustias y desesperanzas, el fin de la inocencia y el inicio de algo que duele traer otra vez a la conciencia.

Para comenzar a armar el rompecabezas del puerperio, es indispensable tener en cuenta que el punto de partida es “el parto”, es decir, la primer gran “desestructuración emocional”. Como lo he descrito en el libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra”, para que se produzca el parto necesitamos que el cuerpo físico de la madre se abra para dejar pasar el cuerpo del bebé permitiendo un cierto “rompimiento”. Este “rompimiento” corporal también se realiza en un plano más sutil, que corresponde a nuestra estructura emocional. Hay un “algo” que se quiebra, o que se “desestructura” para lograr el pasaje de “ser uno a ser dos”.

Es una pena que la mayoría de los partos los atravesemos con muy poca conciencia con respecto a este “rompimiento físico y emocional”. Ya que el parto es sobre todo un corte, un quiebre, una grieta, una apertura forzada, igual que la irrupción de un volcán que gime desde las entrañas y que al despedir sus partes profundas destruye necesariamente la aparente solidez, creando una estructura renovada.

Después de la “irrupción del volcán” (el parto) las mujeres nos encontramos con el tesoro escondido (un hijo en brazos) y además con insólitas piedras que se desprenden como bolas de fuego (nuestros “pedacitos emocionales”, o nuestras partes desconocidas) rodando hacia el infinito, ardiendo en fuego y temiendo destruir todo lo que rozamos. Los “pedacitos emocionales” van quemando lo que encuentran a su paso. Miramos azoradas sin poder creer la potencia de todo lo que vibra en nuestro interior. Incendiando y cayendo al precipicio, suelen manifestarse en el cuerpo del bebé (como una llanura de pasto húmedo abierta y receptora). Son nuestras emociones ocultas que despliegan sus alas en el cuerpo del bebé rozagante y disponible.

Como un verdadero volcán, nuestro fuego rueda por los valles receptores. Es la sombra, expulsada del cuerpo.

Atravesar un parto es prepararse para la erupción del volcán interno, y esa experiencia es tan avasallante que requiere de mucha preparación emocional, apoyo, acompañamiento, amor, comprensión y coraje por parte de la mujer y de quienes pretenden asistirla.

Sin embargo pocas veces las mujeres encontramos el acompañamiento necesario para introducirnos luego en esa herida sangrante, aprovechando este momento como punto de partida para conocer nuestra renovada estructura emocional (generalmente bastante maltrecha, por cierto) y decidir qué haremos con ella.

El hecho es que -con conciencia o sin ella, despiertas o dormidas, bien acompañadas o solas, incineradas o a salvo- el nacimiento se produce.

Lamentablemente hoy en día consideramos el parto y el post-parto como una situación puramente corporal y del dominio médico. Nos sometemos a un trámite que con cierta manipulación, anestesia para que la parturienta no sea un obstáculo, drogas que permiten decidir cuándo y cómo programar la operación, y un equipo de profesionales que trabajen coordinados, puedan sacar al bebé corporalmente sano y felicitarse por el triunfo de la ciencia. Esta modalidad está tan arraigada en nuestra sociedad que las mujeres ni siquiera nos cuestionamos si fuimos actrices de nuestro parto o meras espectadoras. Si fue un acto íntimo, vivido desde la más profunda animalidad, o si cumplimos con lo que se esperaba de nosotras. Si pudimos transpirar al calor de nuestras llamas o si fuimos retiradas de la escena personal antes de tiempo.

En la medida que atravesemos situaciones esenciales de rompimiento espiritual sin conciencia, anestesiadas, dormidas, infantilizadas y asustadas… quedaremos sin herramientas emocionales para rearmar nuestros “pedacitos en llamas”, permitiendo que el parto sea un verdadero pasaje del alma. Frecuentemente, así iniciamos el puerperio: alejadas de nosotras mismas.

Anteriormente describíamos la metáfora del volcán en llamas, abriendo y resquebrajando su cuerpo, dejando al descubierto la lava y las piedras. Análogamente, del vientre materno, surge el bebé real, y también el interior desconocido de esa mamá, que aprovecha el rompimiento para colarse por las grietas que quedaron abiertas. Esos aspectos ocultos encuentran una oportunidad para salir del refugio. La sombra ( es decir, cualquier aspecto vital que cada mujer no reconoce como propio, a causa del dolor, el desconocimiento o el temor) utiliza el quiebre para salir de su escondite y presentarse triunfante en la superficie.

El problema para la mamá reciente es que se encuentra simultáneamente con el bebé real que llora, demanda, mama, se queja y no duerme… y al mismo tiempo con su propia sombra (desconocida por definición), inabarcable e indefinible.

Pero concretamente ¿con qué aspectos de su sombra se encuentra?. Cada ser humano tiene su personalísima historia y obstáculos a recorrer, por lo tanto sólo un trabajo profundo de introspección, búsqueda personal, encuentro con dolores antiguos y coraje, podrá guiarnos hacia el interior de esa mujer que sufre a través del niño que llora.

El puerperio es una apertura del alma. Un abismo. Una iniciación. Si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido.