Vuelvo a leer  a petición de una amiga y de su reflexión esta carta de Ileana:

Por Tenemos Tetas

Mujer, ámate.

Ama tu mente, tu alegría, tu capacidad de soñar, tus debilidades y tus fortalezas, tus luces y tus sombras, lo que muestras y lo que escondes.

Ama tu cuerpo, grande o pequeño, alto o bajo, delgado o grueso… ama tu cuerpo tal como es: él te arropa, te envuelve, te acompaña, él eres tú, tu historia, tu soporte, el reflejo de tu alma, de tus deseos más profundos, de tus emociones, el soporte material de tu mente y de tu espíritu.

Ama tus curvas, tu perfil sinuoso, tus caderas. La redondez de tus muslos, de tus nalgas, de tu vientre,  la reserva que te prepara para la vida, para dar vida: el milagro supremo de la existencia.

Ama tu vida cíclica, tus hormonas,  la riqueza de tu biología que no es plana, sino que conecta en cada momento con tu espíritu, con la naturaleza, con la luna, con los vaivenes de las mareas, con la vida palpitante de la tierra y los mares.

Ama tus pechos: claros u oscuros, botones o rosas abiertas, prominentes o planos, son tus pechos fuente de placer y de erotismo, de alimento y de darte. Manantial permanente de amor y de sensibilidad.

Ama tu útero, siéntelo, relájalo, conecta con él. Mueve la cintura, baila a su alrededor, descubre sus posibilidades orgásmicas, el centro de energía que de él irradia.

Ama tus ovarios, conocélos, aprende cómo son, cómo funcionan, identifica en qué fase están… Las mujeres podríamos saber exactamente cuándo ovulamos si estuviéramos lo suficientemente conectadas con nuestro cuerpo, un cuerpo hecho para vivir en armonía con la naturaleza.

Ama tus cicatrices, tus arrugas, las huellas que la vida va dejando, pretender que en tu cuerpo no haya huellas de lo que has vivido es como pretender que tampoco haya huellas en tu alma, que nada hayas aprendido, que nada te haya marcado, que nada quede grabado en tu corazón.

Ama tu historia, investiga lo que has olvidado, recorre de nuevo tu infancia, comprende de dónde nacen tus desdichas, reconcíliate con lo que has negado, ama, honra y sana tu estirpe femenina,  la serie de matrioskas que útero tras útero ha llegado hasta ti. Tú eres la suma de todos tus ancestros, en el punto y el momento en que estás, y no podía haber sido de otra manera o no serías tú, única e irrepetible.

Ámate tal como eres, sin compararte con nadie, desde ti y para ti. Tú eres siempre única. Siempre estás en ti. Tú estás completa en ti misma.

Ama a tu pareja: no como una media naranja, sino como una naranja completa. Como alguien tan perfecto en sí mismo como tú, alguien digno de ser amado tal como es, no en la medida en que te proteja o en que satisfaga tus necesidades.

Cuando te sientes completa, cuando conoces y amas tu cuerpo, cuando tu alma sana las heridas del pasado, cuando te amas y te aceptas totalmente tal como eres, ganas en salud, en felicidad, en conciencia. Entonces quizás ya no importa si deseas o no tener hijos, si están o no están en tus planes, si vienen o no vienen.  No traerás a nadie al mundo para sentirte feliz o realizada. No te importará lo que nadie opine o piense. Eres libre. Eres tú, perfecta en ti misma.

Pero si los hijos llegan, si tu vientre fértil se habita por una vida nueva, y tu cuerpo se abre llegado el momento para dar a luz, bañada en oxitocina, poderosa y amante como nunca, entonces nada ni nadie tendrá que decirte qué hacer o qué no hacer con tu cría que acaba de nacer.

Profunda y conscientemente, lo sabrás.

Y pienso en cuánta falta nos hace amarnos primero para amar a los demás, como decía laTorá: “Ama al prójimo como a ti mismo”, si uno no se ama, no se valora, es difícil poder mostrar amor a los demás…

Y pienso en mi cuerpo… en mi relación con él. Y en otra mujeres y en lo que hacen para cambiarlo y en cómo nos afecta haber crecido ya en la era del culto al cuerpo, cambiando las Nancys  y las barriguitas con formas normales a Barbies con formas imposibles. Siendo nietas de mujeres que pasaron hambre  por necesidad, pero hijas de mujeres que empezaron a pasar hambre por gusto. Viendo como las dietas de adelgazamiento pasaben de ser una herramienta para mejorar la salud a una obsesión en forma de tortura al cuerpo.

Fuimos las primeras en oír hablar de  los trastornos de alimentación (anorexia, bulimia, comedores compulsivos, etc) cuando éramos niñas entrando en la adolescencia (aún recuerdo el capítulo de la serie Fama donde una de las protagonsitas vomitaba despues de comer en su obsesión por no engordar. Lo que me pareció algo extraño luego se convirtió en algo que por desgracia viví de cerca en mi entorno).

En la adolescencia creo que la mayoría estamos obsesionados o descontentos con nuestro cuerpo. Es la época de descubrir la influencia que tenemos en el otro sexo, de “querer gustar” y la verdad, con 14 o 15 años pocos te preguntan por tu interior, a esas edades si eres guapa ligas y si no, no. Tan sencillo como eso.

Si a eso le sumamos que es la edad de tener ídolos a los que querer parecerse y que esos ídolos suelen ser “famosos” del mundo del espectáculo y/o la moda, que parecen escogidos por catálogo en vez de por sus cualidades, que toda la información que nos rodea nos presenta como modelo de éxito a seguir el de mujeres guapas y delgadas ( y no hablo sólo de la publicidad y la moda… porque ¿cuántas presentadoras de telediario conoces “gordas” y “feas”?), que desde niñas el adjetivo que más se nos dice es “qué guapa”, en vez de “qué lista” o “qué inquieta”… pues tenemos el cocktail servido… Crecemos con una imagen de cómo debemos ser para ser feliz totalmente distorsionada, basada en algo que en muchas ocasiones no podemos controlar: nuestra genética.

Y comparo las “top-models” de ahora con las de otras épocas:

Yo no he sido nunca la típica niña muy guapa, sobre todo desde que con  8 ó 9 años empecé a usar gafas… con lo que suponían las gafas de entonces… que no había por dónde cogerlas… feas a rabiar… (¿véis?  otra vez catalogando las cosas por la apariencia estética…), soñaba con tener un pelo rizado pero mi pelo se resistía por muchos moldeados que me hiciera que solo conseguían maltratarlo… y mi gran maritirio… mis cartucheras… como diría mi hermana: “las Palou (mi apellido materno), somos culonas”.

Foto del último día del curso 8º EGB, yo con mis "supergafas"

Todas mis amigas parecían tener cuerpos perfectos, delgadas, sin gafas, con piernas perfectas, y yo era, en ese marco:  la chica con carácter, la extrovertida, la amiga de tod@s… Cuando en un grupo de adolescentes ves que los chicos te tratan como a un colega más, que te cuentan sus cosas, que te dicen qué amiga tuya les gusta, que los profesores te tienen en bastante estima porque te ven inteligente, que no lista, pues una debería sentirse contenta… Pero no…  porque tú no quieres ser la colega de todos… quieres ser el motivo por el que suspiran los chicos, quieres que te alaben menos tus méritos escolares y  ser más la envidia de tus compañeras por “estar buena”… Porque a ti no te queda bien el  vaquero  que te marca el culo  y acabas atando un jersey a tu cintura  para taparlo y porque sufres cuando llega el verano y todos van a la playa en grupo… tú no quieres verte en bikini delante del tribunal de la juventud  en plena efervescencia sexual, fijándose en quién es más guapa o está “más buena”.

Y  de lo que no eres consciente en ese momento es que ese tribunal existe pero que no es tan severo como el otro que te acompaña siempre: tú misma.

De ese modo crece una con sus complejos… que por otro lado disimula muy bien con una personalidad fuerte y segura en otros campos de la vida… Nadie diría que Nohemí tiene complejos… si parece que se va a comer el mundo… y sí… Nohemí en muchos aspectos se comió el mundo… pero seguía sin ir a la playa en grupo… y adorando el invierno y sus ropas largas y abrigos y botas y odiando el verano con su destape natural…

Y una no es consciente de cuánto influye todo eso en la persona adulta en la que te conviertes…

Y una llega a ser una mujer joven, con más madurez, independiente, guapa (¿por qué no decirlo?) porque con el tiempo aprendes a sacar lo mejor de ti y a destacarlo, porque gracias a Dios las lentillas se convierten en un artículo accesible, porque te das cuenta que tu melena lisa  y cargada es preciosa si la aceptas como es en vez de quemarla intentando cambiarla, y sobre todo, porque vas viendo que con los años quien te quiere te ve como un todo y no sólo como un cuerpo… y si has cultivado otras cosas aparte del físico, en conjunto eres una persona atractiva, y vas ganando seguridad… Pero en el fondo… a la hora de desnudarse… sigues soñando con otro cuerpo… Porque el tuyo, cuando lo miras, sólo te muestra lo que no te gusta… Te sigue sin bastar ser una mujer joven y sana y con un cuerpo más o menos armónico.. quieres el cuerpo perfecto!!!!! Y en el fondo sigues siendo la adolescente acomplejada que no quería ir a la playa…

Os parecerá broma pero recuerdo una vez, ya casada, que iba a la playa con mi marido y al llegar le dije que nos fuéramos, casi llorando… no quería estar allí, no quería destaparme en público… a ese punto llegan los complejos… a truncarte la vida normal.

Pero llegó algo que cambió todo…. FUI MADRE… Y sin esperarlo ese proceso me cambió…  De pronto esos 6 u 8 kilos de más que tanto me amargaron durante años pasaron a ser 30 kilos de más durante el embarazo de mi hijo…  Si lo pensáis sería como para caer en una depresión grave no?? dados mis antecedentes digo… Pues no, resulta que de algún modo, ser madre me reconcilió con mi cuerpo…

Embarazada de Iker

Quizás porque ese cuerpo que me parecía tan imperfecto hasta entonces demostró que era perfecto, con algo de esencia divina, capaz de crear, albergar, y mantener la vida de un ser único.Y dejó de importarme si estaba gorda o no, si mi culo y celulitis habían crecido, si mis pechos estaban caídos… porque mi cuerpo me dió el mejor regalo: la capacidad de ser madre

Y ante el asombro de mis amigos de años no me daba vergüenza ir a la playa y aunque a la hora de comprar ropa sigo maldiciendo mis cartucheras… es algo momentáneo… porque lo que de verdad me ha hecho madurar no es ser independiente, ni tener un trabajo fantástico, ni siquiera un marido excepcional que siempre me dijo cuánto le gustaba como era… al final ha sido SER MADRE. Y darme cuenta que eso es mucho más que una fachada exterior.

Me sigue gustando arreglarme y maquillarme… porque me veo bien y si me veo bien soy más feliz y transmito esa felicidad a quienes me rodean. Me gusta arreglarme con gusto, con detalles que me hagan sentir guapa, a mí primero y luego a los demás.

Sé que hay mujeres que renuncian a todo aspecto estético porque piensan que es una forma de esclavitud, de perpetuar la idea de la mujer como adorno del hombre o como objeto sexual al servicio de otros.

Respeto esa forma de pensar, pero como escribió hace poco mi amiga Gemma:

Hay momentos en la vida que uno siente son importantes, así que le da cierto lugar en su pensamiento a la ropa y complementos que llevará, no creo que sea un acto frívolo, simplemente uno escoje con sumo cuidado sus ropas para ir a una boda, acto laboral, cena o presentación de una obra, ya en tiempos remotos las mujeres vestían sus mejores pieles en las celebraciones de la tribu, abalorios y pintura en sus caras y cuerpo, en el siglo XXI seguimos embelleciendo nuestros rostros con color, decorando nuestras manos y brazos, vistiendo ropas más “bonitas” que las de diario. Siento que es un acto de amor y respeto hacia los demás.

Cuando uno entiende su Ser como entidad global (espiritual, mental y física) y entiende que AHORA vive en la Tierra en forma humana, terrenal, y en consecuencia disfruta de los placeres terrenales, siempre con respeto hacia la Madre Tierra y todos los seres que la habitan, dónde está la frivolidad?

MI idea de una linda tarde de sábado no es comprando en las rebajas de un centro comercial, no vivo siguiendo la moda, ni me gasto 200 euros en una vestido, ni tan siquiera visto ropa de marca, pero me gusta embellecerme, ponerme ropa limpia, planchada y bonita para las ocasiones especiales y esmerarme un poco en ello, la belleza nos rodea por doquier, un bosque frondoso en primavera, una puesta de sol cerca del mar, un niño riendo, una mujer amamantando a su retoño, una mano amiga acariciandote el pelo, un eclipse de luna roja… las mujeres somos hermosas, a veces nos gusta “arreglarnos” fué así en el pasado, es así en nuestros tiempos y quizás será así también con nuestras hijas.

Disfrutad ahora Mujeres con conciencia, amor y respeto  que la Vida en la Tierra no es eterna

… adornar es algo intrínsecamente humano, la capacidad de ver y recrear la belleza va más allá de lo que nos quiere vender la industria de la moda y la cosmética.  A esas mujeres que oigo renegar del arreglo personal, las veo poniendo cuadros en sus paredes o disfrutando de ver un bello paisaje. Si nos gusta la belleza en lo que nos rodea igual el no querer vernos bellas (que no es lo mismo que guapas o que delgadas) quizás encierra en el fondo algo más grave, normalmente una falta de autoestima, o un confundir los conceptos.

Muchas mujeres queremos ser valiosas por el TODO, no solo por el recipiente… pero también aceptamos el recipiente que nos alberga… porque él también ha influido y sigue influyendo en cómo somos por dentro.

La cuestión final como en casi todo sería el por qué, la motivación tras nuestros actos. Yo no quería mi cuerpo porque creo que en el fondo no me quería yo. He aprendido a quererme más y a darme valor y una vez amado el contenido empecé a amar el recipiente, y como tal, a cuidarlo, a mimarlo a veces y a adornarlo. No es algo acabado, aún hay reminiscencias de toda una vida recibiendo mensajes erróneos,  con un entorno que sigue empeñándose en que olvidemos lo que es la verdadera feminidad en pro de otra cosa, pero cada vez somos más las mujeres reconciliadas con nuestros cuerpo… enseñando a nuestros hijos e hijas a quererse más y mejor.

Y quién le iba a decir a aquélla adolescente descontenta con su cuerpo que acabaría siendo “chica de calendario”   😉

Foto de Maica Luis para el Calendario Benéfico de Mamis Emprendedoras