¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

¿Hasta qué edad es beneficioso el Piel con Piel?

Cada vez es más conocido que el contacto piel con piel es fundamental para el desarrollo de los bebés, especialmente cuando nacen antes de término  (prematuros) o tienen alguna patología y/o necesidad especial.
Hoy sabemos que además del cocktail hormonal que se segrega piel con piel, la sensación de seguridad y contención que le da a los bebés estar pegados al cuerpo de su madre (principalmente), su padre u otra figura de apego, es beneficiosa para casi todo aspecto de su vida.
Como asesora de maternidad recomiendo el piel con piel a todos los padres en casi cualquier circunstancia. Es muy satisfactorio cómo luego los padres refieren que notan mejoría en sus bebés tras practicarlo, bien sea a nivel físico y/o emocional.

Problemas de lactancia, molestias digestivas, dermatitis, febrícula,  hipo, problemas respiratorios, irritabilidad y un largo etcétera de situaciones en los que esta sencilla práctica funciona casi milagrosamente o ayuda a regular el estrés del bebé lo que sin duda, contribuye a minimizar las consecuencias de la dolencia.

Beneficioso ¿hasta cuándo?

Es frecuente que los padres me pregunten que hasta cuándo pueden practicar el piel con piel con sus hijos. Mi respuesta:  mientras ambas partes quieran.

No hay una edad límite para beneficiarse del contacto piel con piel.

Como ocurre con el masaje, puede cambiar la forma de aplicarlo,
pero no hay fecha de caducidad para disfrutar de todos los beneficios que implica el piel con piel.

Si nuestro hijo o hija es ya más mayorcito y no nos es cómodo (o él/ella no quiere) ponerse sobre nuestro pecho, podemos acostarnos juntos abrazados  solo con ropa interior mientras, por ejemplo, leemos un cuento o disfrutamos juntos de una película.

 

¿Y en la edad adulta?

¿Funcionará también el piel con piel en adultos igual que con los bebés y niños?

El oro día en una consulta a unos padres recientes les explicaba la termoregulación que se consigue con el piel con piel y me preguntaron si funcionaría también con adultos. Mi respuesta: ¿por qué no?
Es evidente que los adultos a veces ponemos otra carga de consciencia y conciencia cuando tocamos a otra persona o nos tocan. Pero dejando a un lado eso, siempre que un cuerpo toca a otro cuerpo se genera una reacción.

Creo firmemente que a no ser que la persona nos genere un rechazo por algún motivo,  tener contacto piel con piel en las condiciones adecuadas, seguirá generando hormonas placenteras que nos ayuden a controlar el estrés y a proporcionarnos placer. Y controlar el estrés al final es la meta del equilibrio en biología. La mayoría de nuestros desórdenes son dieta o indirectamente relacionados con el estrés, con lo que cualquier cosa que contribuya a reducirlo y mantenerlo en los niveles adecuados será beneficiosa.
Vuelvo a usar el masaje como ejemplo porque quizás es la única práctica relacionada con el contacto cuerpo a cuerpo que nuestra sociedad mantiene como “habitual” fuera de las relaciones sexuales.
Yo soy masajista y aunque conozco formas de masaje que implican utensilios, nada es equiparable al tacto de la piel humana. EL quiromasaje (masaje con las manos) es una técnica que no solo aporta beneficios al cuerpo y la mente, sino placer.

¿Quién no ha disfrutado alguna vez de un masaje relajante y se ha sentido como transportado a otro lugar?
¿Hay acaso algún medio más efectivo para entrar en calor cuando hay frío?

Escena de "El Santo" en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

ola Escena de “El Santo” en la que ella le desnuda y le da calor con su propio cuerpo tras caer a un río helado

 

Así que mi conclusión en este post es que disfrutemos de todos los beneficios y del placer que nos da el contacto. Todo el tiempo que queramos, con aquéllos que queremos.
Siempre hablamos de los beneficios que obtienen nuestros hijos del contacto, pero seguro que vosotros, como yo, sabéis, que el beneficio es mutuo al estar en contacto estrecho con ellos…
Y si no, os animo a ver la película La Belle Verte  sobre todo a partir del minuto 28.

 

Dominancia Estrogénica

 

En los últimos 40 años, hemos visto un aumento dramático en las enfermedades relacionadas con la mujer, nunca antes vistas en la historia. Actualmente, vemos que la edad de la pubertad (menarca) ha disminuido de manera importante (hasta 10 años), la endometriosis afectando un 15% de la población, el síndrome premenstrual (SPM) afectando hasta 50%, fibromas uterinos hasta un 25% de mujeres entre 35-50 y cáncer de mama afectando un 10% de las mujeres. Al ver estos datos generales, ciertamente hace pensar que ser una mujer en el siglo 21 es ciertamente una “profesión” de alto riesgo.

Imagínense teniendo endometriosis, SPM y enfermedad fibroquística de mama de joven, progresando a fibromas uterinos, histerectomía, terapia de reemplazo hormonal inadecuada y ultimadamente cáncer de mama conforme avanza en la edad hasta la menopausia. El hecho de emprender este “viaje” pone la piel chinita a cualquier mujer. La pregunta radica en saber los factores o factor que pudieran estar provocando este incremento tan importante en estas enfermedades relacionadas con la mujer.

Existe mucha evidencia científica que apunta hacia un desbalance en diferentes hormonas de la mujer como causa de base de estas patologías, que parecen diferentes pero están relacionadas entre sí, en la mayoría de los casos. Desde luego que la genética y otras condiciones ambientales y circunstanciales pueden influir en la aparición de cualquiera de estas condiciones.

Desde hace mucho tiempo a la fecha, le hemos restado importancia al balance hormonal en la mujer. Comúnmente se nos venden ideas o creencias que los desbalances hormonales se corrigen dando hormonas. Esto no siempre es el caso, aunque las compañías farmacéuticas quieran convencernos de lo contrario. Muchas veces es cuestión de detenernos a examinar diferentes desbalances hormonales que pudieran estar ocurriendo en el cuerpo de cada quién.

Ahora cada vez más se conoce acerca de una condición denominada dominancia estrogénica, responsable de la gran mayoría de estas anormalidades antes mencionadas. Las 2 principales hormonas del ciclo de la mujer son los estrógenos y las progesterona. Una hormona se contrapone a la otra (son antagonistas). Mientras los estrógenos favorecen proliferación celular, la progesterona la controla, etc. Se necesitan estas dos hormonas en perfecto balance para tener una integridad en los tejidos, principalmente los dependientes de estas hormonas o los que tienen receptores para ellas. Cuando ocurre un desbalance entre estas dos hormonas es cuando ocurren los problemas. Si existe un predominio de estrógenos sobre la progesterona, habrá mayor estimulación de los tejidos con receptores para estrógenos y por lo tanto, mayor crecimiento o proliferación celular. Tal es el caso en el cáncer de mama, endometriosis, cáncer de endometrio, enfermedad fibroquística de mama, fibromas uterinos, por nombrar algunos. Todas estas condiciones crecen bajo estímulo de estrógenos; si no hay suficiente progesterona para contraregular al estrógeno, ocurre crecimiento anormal.

En resumidas cuentas, si existe un exceso relativo de estrógenos (uso de anticonceptivos, terapia de reemplazo hormonal con estrógenos, exposición a estrógenos ambientales, etc) o una disminución relativa de los niveles de progesterona (trastornos anovulatorios, hipotiroidismo, dieta deficiente, estrés crónico, etc), ocurre la dominancia estrogénica.

Se estima que la incidencia de esta condición en el occidente es cerca del 50% en mujeres mayores de 35 años.

Algunos de los comentarios comunes escuchados en las mujeres en relación con esta condición se muestran a continuación:

Mis pechos están inflamados y están creciendo
No me caben mis anillos en mis dedos
Estoy más impaciente que nunca
La gente me dice que estoy bien “mandona”
Tengo cólicos como si fuera jovencita
A veces no tolero mi regla o me llega de manera irregular
Me asusta cuando veo coágulos grandes en mi menstruación
Tengo síndrome premenstrual
Cuando me abrazan me duele el pecho
Tengo fibromas o miomas
Tengo endometriosis
No quepo en mis zapatos
Tengo quistes en mis pechos
Me siento cansada todo el tiempo

Si se siente familiarizada con algunos de estos enunciados pudiera estar teniendo esta condición.

Hace 100 años, la mujer promedio comenzaba a menstruar a los 16 años, se embarazaba a más temprana edad y más veces y lactaba más. En total, la mujer experimentaba su ciclo menstrual entre 100 y 200 veces en su vida. La mujer moderna empieza su pubertad a los 12, casi no lacta, tiene menos hijos y tiene de 350-400 veces su ciclo menstrual durante su vida. Esto implica mayor exposición a niveles de estrógenos a lo largo de la vida. Por algo se han relacionado a la lactancia, a los embarazos, a la edad tardía de la primera menstruación, con una disminución de la incidencia de algunos cánceres estrógeno-dependientes, como el de mama y endometrio. La menstruación incesante ha sido relacionada con un aumento en la incidencia de varias condiciones patológicas incluyendo infertilidad, cáncer, fibromas, anemia, migrañas, cambios de estado de ánimo, dolor abdominal, retención de líquidos, endometriosis, enfermedad fibroquística, etc. !Qué diferencias hace un siglo!

CAUSAS DE DOMINANCIA ESTROGENICA
Nuestro cuerpo debe de funcionar en perfecto balance. Con el advenimiento de la sociedad moderna industrializada, hemos estado expuestos a una gran variedad sustancias que actúan como estrógenos en el cuerpo, denominadas xenoestrógenos. No es el objetivo de este escrito detallar las funciones hormonales, pero si numerar las causas más comunes de dominancia estrogénica, por si se sienten familiarizadas con alguna de ellas. A continuación se enumeran las 12 causas más frecuentes:

1. Animales criados y alimentados comercialmente.
Se les administra hormonas tipo estrógenos y de crecimiento
Se lleva 60 libras de grano o pastura para producir 1 libra de res comestible
Solo se lleva 1 libra de alimento para producir 1 libra de pescado comestible
Ahora se lleva 6 semanas para que una gallina crezca en su totalidad vs 4 meses en 1940
La mitad de todo el consumo de antibióticos es utilizado para el ganado

2. Frutas y verduras cosechadas comercialmente
Aproximadamente 5 billones de libras de pesticidas, herbicidas, fungicidas y otros biocidas son agregados a los alimentos cada año, y estos actúan como estrógenos dentro del cuerpo
Pesticidas prohibidos en USA como el DDT, son utilizados en otros países libremente

3. Exposición a xenoestrógenos
Cuando un embrión femenino se desarrolla dentro del vientre, se producen de 500,000 a 800,000 folículos
Estos folículos son extremadamente sensibles a los tóxicos ambientales
La mujer pudiera no tener signos o síntomas hasta la pubertad
Otros petroquímicos encontrados en cremas, lociones, shampoos, perfumes, sprays para pelo, etc., pueden tener xenoestrógenos

4. Solventes industriales
Metanol, acetaldehidos, etilen-glicol, acetona (encontrados en cosméticos, productos de limpieza y del hogar
Entran a la cuerpo a través de la piel y se almacenan en la grasa o la mielina (tejido que recubre los nervios)

5. Terapia de reemplazo hormonal (TRH)
No se recomienda recibir estrógenos sin su contraparte de progesterona
El medicamento más utilizado en las últimas décadas en USA es el Premarin
El riesgo de enfermedades estrógeno-dependientes aumenta con el uso de este medicamento

6. Sobreproducción de estrógenos
Tumores o quistes de ovario

7. Estrés
Es estrés causa fatiga de la glándula suprarrenal y disminución de progesterona
El sustrato para producir las hormonas de respuesta al estrés (adrenalina y noradrenalina) es la progesterona
El estrés también favorece el desarrollo de otras condiciones y de resistencia a la insulina (causa importante de múltiples enfermedades como la diabetes y la cardiopatía)
Después de varios años con este ciclo, la fatiga suprarrenal conlleva a desbalances en los carbohidratos, desbalances hormonales y fatiga crónica

8. Obesidad
La grasa tiene una enzima para convertir las hormonas suprarrenales a estrógenos
Entre más grasa se consuma, mayor conversión a estrógenos
En la población occidental, el consumo es mucho mayor y el grado de síntomas menopáusicos es mayor
Las plantas tienen arriba de 5000 esteroles que tienen efectos progestágenos (favorables)

9. Enfermedades hepáticas
La patología hepática dificulta el rompimiento y metabolismo de los estrógenos, por lo que se acumulan en el cuerpo

10. Deficiencia de vitamina B6 y magnesio
Son necesarios para la neutralización de los estrógenos en el hígado

11. Aumento del consumo de azúcares, comida rápida y procesada
A su vez conlleva a la disminución de magnesio
Favorece la resistencia a la insulina
Alto consumo de estos en la sociedad actual (occidental)

12. Aumento del consumo de café (cafeína)
El consumo de cafeína de cualquier fuente ha sido relacionada con niveles elevados de estrógenos
Las mujeres que consumen 4-5 tazas al día tienen 70% más estrógenos durante la fase folicular temprana que las que consumen 1 taza

TRATAMIENTO DE REDUCCIÓN DE ESTRÓGENOS
1. Progesterona Natural
El cuerpo produce normalmente alrededor de 20 mgs de progesterona al día
Las dosis varían ampliamente en cada individuo
Se recomienda realizar pruebas hormonales antes de iniciar tratamiento

2. Ajustes en la dieta
Evitar glotonería y falta de ejercicio
Evitar exceso de grasas animales en la dieta
Procurar dieta orgánica, de granos enteros, no procesados
Aumento de fibra, disminuir alcohol, cafeína y tabaco

3. Café y Té
Tomar más de 2 tazas al día de café aumenta el estradiol (estrógeno potente), sobretodo durante la fase folicular temprana
Tomar de 4 a 5 tazas al día, produce 70% más de estrógeno que las que toman 1 al día
Asociada a fatiga suprarrenal y disminución de progesterona
Café + azúcar = acidez interna – extracción de calcio y magnesio del hueso = Osteoporosis

4. Desintoxicación
El hígado es el principal órgano encargado de “limpiar” los estrógenos
Flavoniodes, antioxidantes (Vit. E y C), silymarina (milk thistle)
Cafeína, alcohol y medicamentos interfieren con los procesos de desintoxicación

5. Mantener el peso ideal
El exceso de grasa favorece la conversión de androstenodiona a estrona por medio de la enzima aromatasa
Por retroalimentación negativa, la estrona ordena a la pituitaria a no liberar gonadotropinas, por ende, la progesterona disminuye
Mayor grasa – mayor testosterona
Exceso de calorías = radicales libres (daño celular)

6. Ejercicio
Por cada hora empleada en ejercicio, se aumentan 2 horas la espectativa de vida
Disminuye significativamente el riesgo de cáncer de mama y otras patologías

7. Suplementos nutricionales
Vitaminas A, C, E, Selenio, Magnesio, B12, ácido fólico
Cromo, calcio
Bioflavonoides
Acidos grasos omega-3
Aceite boraja, primavera
Di-indolylmetano (DIM)
Isoflavonas y extractos

8. Reducir la carga de xenoestrógenos
Herbicidas, pesticidas, fungicidas
Cosméticos tóxicos y otros químicos del hogar
Polish para uñas
Suavizantes, perfúmenes petroquímicos
Agua filtrada
Recipientes de plástico tienen muchas dioxinas (xenoestrógeno potente)
Optar por comida orgánica al máximo posible
No calentar en microondas recipientes de plástico
Radiación

9. Reducción del estrés
Es la principal causa de disminución de la progesterona y dominancia estrogénica consecuente
10. Suplementar con pregnenolona y DHEA
Son precursores de progesterona, estrógenos y andrógenos
Se fortifica la función suprarrenal

CONCLUSION

La dominancia estrogénica es una condición común en el occidente y es causa de una gran variedad de patologías y condiciones femeninas muy frecuentes. Existen condiciones de vida y ambientales que están a nuestro alcance el poder controlarlas o minimizarlas. Lo importante es tener la conciencia de salud preventiva más que terapéutica.

Dr. Luis Carlos Páez Lobeira
Publicado originalmente en www.nacerycrecer.com.mx

La Química del Amor

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. En cambio, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social.

 

science parentingLa capacidad para amar es uno de los dones que la naturaleza nos ha concedido. El amor propicia que en nuestro cerebro se precipiten armoniosas cantidades de sustancias químicas, gracias a las cuales nos sentimos bien, abiertos, creativos, fuertes y muy contentos. Cuando amamos intensamente, vivimos con la misma intensidad. Si nuestro amor no es pleno, nuestra vida tampoco lo será.

Cuando permites a tu hijo que te ame en paz, se ponen en marcha en su cerebro una serie de maravillosas sustancias químicas. A pesar de que el amor sea un concepto difícil de explicar en términos neurocientíficos, los investigadores piensan que genera una gran cantidad de sustancias estimulantes positivas: ciertos opioides, oxitocina y prolactina, a las que llamaremos sustancias clave de la vinculación afectiva.

Al parecer, las relaciones cálidas nacen de ciertos procesos protagonizados por los opioides que tienen lugar en el cerebro. Se sabe que los mamíferos prefieren pasar más tiempo en compañía de aquellos en cuya presencia han experimentado secreciones cerebrales de oxitocina y opioides. Los opioides, en combinación con la oxitocina y otras sustancias producidas de manera natural por el cuerpo, son posiblemente los productos clave en los estados de bienestar o de satisfacción intensa. Su acumulación, cuando se activan en el cerebro, afecta a la percepción, de manera que te hacen sentir que todo va bien en el mundo.

Amar en paz también conlleva que tu flujo de conciencia, pensamientos y sentimientos te transporten a un mundo interior agradable, como consecuencia de la actuación de los opioides en el cerebro.

Asimismo, es también posible que las mejores cualidades humanas -generosidad, compasión y apertura hacia los demás- estén generadas por la acción de los opioides. Incluso, hay personas ennuestra vida que activan los opioides en nuestro cerebro o, por decirlo con una metáfora, provocan que salga el sol. La mera presencia o recuerdo de estas personas nos ayuda a recuperarnos en momentos de lucha y sufrimiento. El caudal de opioides y oxitocina liberado por el amor pacífico también contribuye a reducir en gran medida nuestros sentimientos negativos y, en especial, la soledad, el aislamiento, la negatividad y el enfado.

Fuerza psicológica

Cuando más cálidas, incondicionales, constantes y físicamente afectivas sean tus relaciones con tu hijo,´más abundantes serán las secreciones de opioides, oxitocina y prolactina en su cerebro. Y cuando recuerde tu cálida presencia se sentirá a salvo. Al poco tiempo, vuestro vínculo permitirá a tu hijo desarrollar fuerza psicológica. Los investigadores han descubierto que la fuerza psicológica está relacionada con la presencia de opioides en el cerebro.

Esto significará que tu hijo crecerá con la capacidad de:

  • Pensar en situaciones de tensión y tranquilizarse-
  • Tener confianza en sus capacidaes sociales, así como calidez y gentileza.
  • Transformar la adversidad en oportunidad.
  • Responder a los estímulos de los demás pensando en lo que se dice en lugar de enfadarse o marcharse.
  • Tender a la resolución de los conflictos y no a la culpabilidad.

La abundancia de opioides y oxitocina en el cerebro son la piedra angular en la que se sustenta nuestra salud emocional y el factor que favorecerá nuestra capacidad para tener éxito en cualquier actividad que desarrollemos en nuestra vida. Cuando los investigadores dedicados al cerebro dieron a un grupo de animales pequeños pequeñas dosis de opioides y a otro una determinada sustancia inhibidora de opioides, resultó que los del primer grupo salieron victoriosos al competir con los del segundo.

En el mundo

La ciencia de las relaciones materno o paterno-filiales firmes y amables nos enseña mucho acerca de las atrocidades que tienen lugar en el mundo. A partir de diversas investigaciones con mamíferos, sabemos que los opioides y la oxitocina son sustancias que tienen mucho poder a la hora de anular la agresividad. “No tener deseos de luchar”, ya sea en el entorno físico o en el del lenguaje, reviste una importancia capital no sólo en la esfera familiar, tiene también implicaciones en el modo en que nuestros hijos se comportarán cuando sean adultos y en los efectos que su conducta tendrá en el mundo que habiten.

En el mundo, la falta de amor conduce a la falta de autoestima y de confianza social. Si el niño no se siente querido o no confía en la constancia del amor que sus padres sienten por él, su salud psicológica se tornará vulnerable. El miedo a la pérdida del amor materno o paterno llegá a ser tan terrible que, a veces, dispara las reacciones de huida o lucha en el cerebro reptil del niño.

La investigación demuestra que la activación escasa del lóbulo frontal izquierdo del niño es consecuencia de haber tenido un padre irresponsable. El niño cuyos padres sean irresponsables en lo emocional y que, en consecuencia, posea un lóbulo frontal izquierdo que apenas se pone en marcha, tiene más posibilidades de albergar sentimientos negativos hacia sí mismos y hacia los demás, y, en ese caso, no querrá acercarse a sus padres para darles cariño ni tampoco a sus compañeros en busca de amistad, pues tendrá demasiado miedo al rechazo. Una actitud ante el mundo como ésta puede continuar durante la madurez.

El futuro

Si tu hijo aprende a amar en paz, en su madurez será capaz de:

  • Elegir a sus parejas con fortuna, pues se acercará a las personas que le traten bien y se alejará de las que no.
  • Desarrollar y mantener relaciones íntimas satisfactorias a largo plazo.
  • Disponer de recursos para ser tierno, gentil, compasivo y apasionado.
  • Escuchar, calmar, confortar y ayudar a los demás en lo relativo a las emociones.
  • Ser espontáneo a la hora de darse a la persona que ama
  • Ser amoroso y sexual al mismo tiempo.
  • Alimentar sus relaciones íntimas con cumplidos, aprecio y sorpresas agradables, y compartir con generosidad sus pensaientos y sentimientos íntimos aún cuando le parezca dificil hacerlo.

 

margot sunderland

Margot Sutherland
Autora de La ciencia de ser padres
Fuente: www.holisitika.net

 

Amor de madre, ¿sólo química?

Las hormonas mandan en el cariño que las parturientas tienen por sus hijos,
pero factores sociales como la pobreza extrema pueden alterar ese proceso biológico.

Las madres quieren a sus hijos. Pero ¿por qué a veces resulta que ese absoluto no lo es tanto, como demuestra el fenómeno, universal y atemporal, de los abandonos? ¿De qué está hecho el vínculo madre-hijo? Los científicos le prestan cada vez más atención. Están averiguando cómo se establece, qué papel juega en el desarrollo y si deja huellas en el futuro adulto. Y ¿qué pasa con los padres? De fondo está el debate eterno de cuánto en nuestro comportamiento es biológico y cuánto cultural. La respuesta es: mucho más de lo que creemos -y esto vale para lo biológico y para lo cultural-.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. Hace tres años el grupo de Paul Zak, director del Centro para Estudios Neuroeconómicos, en California (EE UU), vio que si rociaba con oxitocina a varios voluntarios, éstos se volvían mucho más dispuestos a confiar su dinero a un extraño. Y funcionaba sólo entre personas, no cuando se trataba de invertir por ordenador. También es reciente el hallazgo de que el distinto comportamiento familiar de dos especies de roedores, por lo demás muy similares, se debe a la oxitocina y a otra hormona similar, la vasopresina. La especie que vive en llano crea relaciones monógamas largas para cuidar a las crías, mientras que en la de montaña hay mucha promiscuidad y los machos pasan de la prole. Las primeras tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina que las de montaña.

Es decir, que “la oxitocina es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo”, ha declarado Zek, cuyo trabajo ha publicado Nature. Los opiáceos, por su parte, son los encargados de mantener la conducta y de hacernos en cierto modo adictos al afecto. Varios trabajos han demostrado que los ratones sin receptores de opiáceos no muestran preferencia por sus madres. Y al contrario, cuando a crías de rata sanas se las separa de sus madres son los opiáceos y la oxitocina lo que calma su ansiedad.

Pero, volviendo al vínculo materno-filial, ¿en qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. Así que el amor materno empieza a fraguarse muy pronto, a base de hormonas. No en vano la Organización Mundial de la Salud recomienda hoy que el recién nacido sano y su madre estén juntos -la observación del bebé “no justifica la separación”, dice la OMS-, y que la lactancia sea “inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de partos”.

La mayoría admite hoy que hay un periodo sensible inmediatamente después del parto, en el que el recién nacido está tan receptivo al olfato y al tacto que, colocado sobre el cuerpo de su madre, puede llegar él solo al pezón y empezar a chupar. En cuanto a la madre, para ella el bebé es una máquina de producir sonidos, caricias y olores que disparan su neuroquímica del amor. Basta que el bebé chupe los pezones para que ella produzca oxitocina y prolactina. Y el pequeño no sólo busca comida. Harry Harlow -para muchos un torturador de animales- demostró en los sesenta que los bebés de mono prefieren madres falsas de cálido paño incapaces de alimentarlos a otras con biberón hechas de alambre.

“El recién nacido es un mamífero que necesita el contacto con la madre que lo acaba de parir. Tiene que sentir su olor, su tacto, escuchar su voz”, dice Gema Magdaleno, matrona del hospital La Paz, en Madrid. “Lo antinatural es separarles. La madre y el hijo son dos desconocidos que necesitan reconocerse, es algo muy animal. En ese primer momento comienza la impronta”. En La Paz están empezando a implantar el método piel con piel cuando el niño nace sin problemas: tras una inspección rápida el bebé sano es colocado desnudo junto a su madre y suben juntos a la habitación en la misma cama. “Las madres están mucho más satisfechas. Y en los recién nacidos hay síntomas físicos clarísimos: no lloran, respiran más tranquilos, buscan la mirada de su madre, tienen movimientos más armónicos y comienzan antes a mamar. Lo raro es que a estas alturas haya que explicar algo obvio”, dice Magdaleno.

No siempre fue tan obvio. Con la medicalización de los partos -que trajo un gran descenso en la mortalidad infantil- también se impuso el uso de nidos, y pareció olvidarse un comportamiento madre-hijo que millones de años de evolución han seleccionado para promover la supervivencia de una cría que nace muy inmadura. Ha habido que redescubrir la importancia del contacto para que métodos como el piel con piel se vayan imponiendo con mayor o menor rapidez.

En España parece que con menor. “En muchos hospitales españoles aún se tarda mucho en poner a los hijos con sus madres”, dice Ibone Olza, psiquiatra infantil del hospital Puerta de Hierro y miembro de la campaña Que no os separen (www.quenoosseparen.info) que promueve el piel con piel, también en prematuros.

El problema es más grave con los niños que no nacen sanos, y que quedan ingresados cuando “no han llegado aún a hilvanar los sentimientos padre-madre-hijo”, explica Carmen Pallás, jefa del Servicio de Neonatología del hospital 12 de Octubre. Sólo 8 de 83 unidades neonatales españolas dejan entrar libremente a los padres, dice Pallás: “La mayoría restringen las visitas de forma drástica, en algunos casos impidiendo cualquier tipo de contacto a lo largo de todo el ingreso. La relación padres-niño puede verse seriamente distorsionada en estos casos”. En el 12 de Octubre hay voluntarios, a menudo personal del propio hospital, que practican el piel con piel con bebés que, por distintos motivos, no pueden ser visitados por sus padres. Los beneficios de esta práctica se consideran probados.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el vínculo no puede establecerse en el nacimiento? ¿Qué pasa en las cesáreas? ¿En los niños adoptados? “El momento en torno al parto es una oportunidad muy buena, pero lo bonito es que hay muchas más. Los padres de niños adoptados establecen vínculos muy intensos con sus hijos”, responde Olza. “Los niños tienen una plasticidad enorme. Incluso si traen secuelas, su capacidad de superación cuando tienen unos padres que los quieren es maravillosa”.

Eso que muchos niños con secuelas deben superar es la muesca cerebral de la indiferencia. Un estudio hace tres años descubrió que niños que habían pasado sus primeros años en orfanatos de la Rumania de Ceausescu respondían con menos oxitocina de lo normal a sus madres adoptivas. También se ha visto que los niños que no han podido establecer vínculo alguno con un cuidador tienen a menudo síntomas propios del autismo. Y es que hoy se sabe que la explosión bioquímica del apego moldea el cerebro y deja su firma en la vida adulta.

“En la última década el estudio del desarrollo del cerebro ha dado evidencias incuestionables sobre la importancia de los afectos y la formación del vínculo del recién nacido”, explicó la neurobióloga chilena Eugenia Moneta en una reciente charla en el hospital del Niño Jesús, en Madrid. “El desarrollo del cerebro depende de interacciones externas, en particular las relaciones de afecto con los cuidadores. Estos aspectos afectivos moldean las redes neuronales”. Pero esta experta recuerda también que, al margen de cuándo empiece, el apego se construye toda la vida.

Hasta aquí, el inmenso poder de la biología. Pero entonces, ¿por qué a veces falla? En la Comunidad de Madrid (CAM), cada año entre 30 y 40 madres dan sus bebés en adopción tras parirlos en hospitales -se llaman renuncias hospitalarias-. Y anualmente se dan unos tres abandonos en la calle, que se sepa. En la Comunidad Autónoma de Madrid dicen que estos datos no han variado en los últimos años. En Cataluña hubo 54 renuncias hospitalarias en 2007, 57 en 2006 y 43 en 2005; un bebé fue encontrado en la calle en ese periodo. Cada comunidad tiene sus datos. Y no parece que el fenómeno aumente sino más bien al contrario.

En cualquier caso el abandono no es algo nuevo, a pesar de que varias ciudades europeas han instalado buzones-bebé. La antropóloga estadounidense Sarah Blaffer Hrdy habla en El pasado, presente y futuro de la familia humana de miles de niños abandonados en instituciones de París en torno a 1780. Investigadores del Instituto de Economía y Geografía (IEG) del CSIC dicen que Madrid no era muy distinto. En 1812 entraron en la inclusa madrileña 1.800 niños abandonados, y murieron todos. “A lo largo del primer tercio del siglo XX esa cifra se mantuvo entre 1.300 y 1.500 niños cada año, de los que morían el 62%”, explica la doctoranda del Instituto de Economía y Geografía Bárbara Revuelta.

¿Qué pasó en esa época con el instinto maternal? Datos como los anteriores han hecho que muchos nieguen su existencia, y devuelvan el peso a la sociedad. “La maternidad entraña una decisión, no es exclusivamente biológica. Empieza con una aceptación, un deseo, de cuidar un niño”, ha dicho otra antropóloga, Nancy Scheper-Hughes, que estudió una localidad brasileña muy pobre donde las madres dejaban morir a algunos de sus hijos.

Antropólogos, trabajadores sociales e historiadores identifican elementos comunes en los abandonos: falta de recursos y, sobre todo, de apoyo del entorno social o familiar. ¿Va a resultar al final que el entorno social gana la partida a la biología? Blaffer Hrdy no se resigna a ello, y compara a los humanos con los tamarinos. En estos primates los machos son indispensables para cuidar la prole, hasta el punto de que cuando no están disponibles la madre puede abandonar las crías. Lo social, entonces, se integra en la biología: la madre sabe que si trata de cuidar sola a las crías ella misma morirá, algo fatal para la evolución, que no selecciona esa conducta.

MÓNICA SALOMONE

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Amor/madre/solo/quimica/elpepusoc/20080713elpepisoc_1/Tes

La Química del Apego

LA QUÍMICA DEL APEGO

Por Linda F. Palmer, autora de Baby Matters.

Los bebés humanos nacen desamparados, necesitan ser totalmente protegidos y cuidados. Afortunadamente, nacen con todas las herramientas e instrucciones necesarias para lograr ese cuidado y para llegar a ser una parte amada y amante de su familia y de su sociedad. Las interacciones neurales y hormonales que se establecen entre los padres y el bebé para asistirles en este proceso son de las más poderosas de la naturaleza. Las señales hormonales son claras y contundentes y nuestros instintos nos proveen de las respuestas apropiadas. Si no se esfuerzan en evitar e ignorar tales impulsos, los padres seguirán de forma natural el consejo de sus neuronas y hormonas, nutriendo a sus bebés y manteniéndose en contacto físico con ellos.

Una vez nacido, los sistemas de control hormonal del bebé y la sinapsis cerebral comienzan a organizarse permanentemente según sus experiencias con las interacciones humanas. Las sendas y los receptores cerebrales innecesarios son eliminados, mientras que los más apropiados al ambiente dado son priorizados.

Oxitocina: una hormona para la vinculación.

La oxitocina es un mensajero químico liberado en el cerebro principalmente en respuesta al contacto social, pero su liberación es especialmente acusada en el contacto piel con piel. Además de proveer beneficios para la salud, esta sustancia, semejante a una hormona promueve el modelo de vinculación y crea el deseo de un ulterior contacto con los individuos que incitan su liberación. Cuando el proceso es ininterrrumpido, la oxitocina es una de las principales herramientas de la naturaleza para “crear” a una madre. El número de receptores de oxitocina, elevados por los altos niveles de estrógeno (“hormona femenina”) durante el embarazo, se multiplica radicalmente cerca del final del mismo. Esto hace a la nueva madre muy sensible a la presencia de oxitocina. Estos receptores se incrementan en la parte de su cerebro que promueve la conducta maternal.

La primera aparición importante de la oxitocina se da durante el trabajo de parto. Si es necesaria una cesárea, consentir que igualmente se desarrolle el trabajo de parto, permite la segregación de cierta cantidad de esta hormona vinculante (y ayuda a asegurar una explosión final de anticuerpos para el bebé por la placenta). El paso ulterior a través del canal de parto, eleva los niveles de oxitocina tanto en la madre como en le bebé. Los niveles altos de oxitocina provocan que la madre se familiarice con el olor único de su recién nacido, y a la vez se sienta atraída por dicho olor, prefiriéndolo al de cualquier otro. El bebé a su vez, tiene la impronta de la madre, adquiriendo de ella el sosiego y la reducción del dolor. Cuando el bebé nace, está impregnado del olor del líquido amniótico. Esto le ayuda a encontrar el pezón materno, que tiene un olor similar aunque ligeramente diferente. En los días posteriores al nacimiento, el bebé se siente confortado por el olor del líquido amniótico del que está impregnado. Gradualmente a lo largo de los días siguientes, el bebé comienza a preferir el olor del pecho de su madre, y este hecho no está relacionado con la comida. De hecho, los bebés alimentados con fórmula se sienten más atraídos ( en tests de laboratorio) por el olor del pecho de su madre que por el de la fórmula, incluso dos semanas después del nacimiento. La oxitocina ayuda a la instauración de la lactancia materna a través de su influencia en la conducta maternal y de la estimulación de la subida de la leche. Poner al bebé al pecho durante la primera hora tras el nacimiento, hace que la oxitocina se eleve a niveles excepcionales tanto en la madre como en el bebé. Las madres que posponen este encuentro pierden parte de esa alta aportación hormonal segregada inmediatamente después del nacimiento. La poderosa impronta inicial en madre y bebé se da principalmente para que sean capaces de encontrarse y reconocerse en las horas y días posteriores al nacimiento.

Aún perdiendo esa ocasión inicial, todavía queda una oportunidad vital para el establecimiento del apego y el amor materno filial. Tras el alumbramiento, y como consecuencia de lactar y tener en brazos al bebé. La madre continua produciendo niveles elevados de oxitocina y esos niveles están basados en la cantidad de contacto físico. Esta condición hormonal proporciona una sensación de calma y bienestar. Los niveles de oxitocina son más altos en las madres que dan lactancia materna exclusiva que en aquellas que dan lactancia mixta.

Bajo la influencia de la oxitocina, las uniones nerviosas de ciertas áreas del cerebro materno sufren una reorganización a consecuencia de la cual los comportamientos maternales se refuerzan. La oxitocina segregada gracias al contacto continuado con el bebé provoca en la madre un mayor sentido maternal, que se muestre más dispuesta a complacer a los demás, más sensible a los sentimientos de otros y que sepa reconocer señales no verbales más fácilmente. La lactancia continuada realza este efecto. Con la oxitocina alta, las prioridades de la madre se alteran y su cerebro no le envía señales para cuidar su aspecto físico al objeto de emparejarse y procrear. Ahora que el bebé ha sido creado, su prioridad es él. También se ha demostrado que la oxitocina alta en las mujeres promueve su preferencia por cualquier varón que se encuentre alrededor durante su segregación (una buena razón para el padre para mantenerse cerca durante y después del parto). Los niveles altos de oxitocina en la madre, padre o el bebé también promueven una reducción de la tensión arterial, de las pulsaciones cardiacas y ciertas clases de reparaciones arteriales, reduciendo el riesgo de enfermedades cardíacas.

Aunque el bebé segrega si propia oxitocina en respuesta a la lactancia, la madre también se la transfiere a través de su leche. Esta provisión sirve para promover la cercanía y relajación continua en madre y bebé. En los bebés alimentados con leche artificial, la liberación de oxitocina es más variable pero definitivamente más alta en un bebé al que se le da el biberón en brazos que en el que toma el biberón apoyado en algún sitio, sin brazos.

El contacto corporal continuado padres-bebé durante la alimentación del bebé y en cualquier otra ocasión, eleva el nivel de oxitocina en el niño y reduce la respuesta de las hormonas de estrés. Múltiples estudios psicológicos han demostrado que dependiendo de las prácticas de los padres, el resultado (un nivel alto o bajo de oxitocina) controlará la organización permanente del centro neurálgico de regulación del estrés en el cerebro del bebé, causante de las características de personalidad segura (para altos niveles de oxitocina) o insegura (para bajos niveles de oxitocina) en la adolescencia y la edad adulta. Las características de una personalidad insegura pueden incluir un comportamiento anti social, agresividad, dificultad en formar lazos duraderos con una pareja, enfermedades mentales y un pobre manejo del estrés. Cuando un bebé no recibe cuidados sensibles y en consecuencia no segrega una producción de oxitocina regular, el estrés resultante deriva en elevados niveles de la hormona de estrés llamada cortisol. Las elevaciones crónicas de cortisol en los niños y los ajustes hormonales y funcionales que las acompañan, se muestran en los estudios bioquímicos asociadas con cambios cerebrales permanentes que conducen a una sensibilidad elevada al estrés a durante toda la vida, así como a una tensión arterial alta y elevadas pulsaciones cardiacas. Las madres también se benefician de la reducción de los efectos del estrés que proporciona la oxitocina y las mujeres que amamantan producen significativamente menos hormona de estrés que las que alimentan con leche artificial.

Tampoco los padres son excluidos de la ecuación de la oxitocina. Se ha demostrado que los niveles de oxitocina del padre se elevan hacia el final del embarazo de su pareja. Cuando el padre pasa bastante tiempo con el bebé, la oxitocina le anima a involucrarse en el cuidado continuado del mismo, en un ciclo perpetuo. La oxitocina en el padre también aumenta su interés en el contacto físico (no necesariamente sexual) con la madre. Así la naturaleza proporciona una vía al padre para mostrarse más interesado en ser una parte dedicada y satisfecha del cuadro familiar a través de su implicación con el bebé. Con todos estos poderes, la oxitocina sólo una más de la lista de muchas sustancias químicas que la naturaleza utiliza para asegurar que el bebé encuentre el amor y cuidados que necesita.

Vasopresina y protección

Aunque está presente y activa en el proceso de vinculación de madre e hijo, la vasopresina juega un papel mucho mayor en el padre. Esta hormona promueve la reorganización cerebral hacia conductas paternales cuando el varón está cohabitando con la mujer embarazada. El padre se vuelca más en su pareja y muestra conductas de protección. Liberada en respuesta a la proximidad y el tacto, la vasopresina promueve la vinculación entre padre y madre, ayuda al padre a reconocer y enlazarse con su bebé y le hace desear más ser parte de la familia, que estar solo. Se ha ganado la reputación de la “hormona de la monogamia”. La Dra. Theresa Crenshaw, autora de “La alquimia del amor y la lujuria”, dice: “La testosterona quiere irse de ronda, la vasopresina quiere quedarse en casa”. También describe la vasopresina como la atenuadora del deseo sexual del hombre. La vasopresina refuerza la inclinación protectora del padre hacia su pareja y el bebé promovida por la testosterona, pero atempera su agresividad, tornándole más razonable y menos extremista. Al promover el pensamiento más racional y menos caprichoso, esta hormona induce un papel sensible paternal, proporcionando estabilidad así como actitud de vigilancia.

Prolactina y Comportamiento

La prolactina se segrega en toda la gente sana durante el sueño, ayudando a mantener los órganos reproductivos y la función inmunológica. En la madre, la prolactina se libera en respuesta a la succión, promoviendo la producción láctea y las conductas maternales. La prolactina relaja a la madre y, en los primeros meses, crea una cierta fatiga durante las sesiones de lactancia, de manera que la madre no siente deseos de levantarse y hacer otras cosas. La prolactina promueve los comportamientos de cuidado del bebé y, con el tiempo, dirige la reorganización cerebral que favorece dichos comportamientos. El nivel de prolactina del padre se comienza a elevar durante el embarazo de la madre, pero la mayor parte del aumento en el varón se da después de varios días de cohabitación con el bebé. Como consecuencia de la reorganización cerebral hormonalmente orquestada durante la maternidad y paternidad, los patrones de liberación de prolactina se alteran. Se ha demostrado que los padres segregan prolactina en respuesta a las amenazas de un intruso mientras que los varones sin hijos no lo hacen. Por otro lado, las madres lactantes no liberan prolactina en respuesta a un ruido fuerte, mientras que las mujeres sin hijos sí que lo hacen. En niños y adultos sin hijos, la liberación de prolactina se relaciona con niveles de estrés, por lo que generalmente se la considera la hormona del estrés. En padres y madres se convierte en la hormona de la crianza.

Los niveles elevados de prolactina tanto en la madre lactante como en el padre comprometido provocan cierta reducción en sus niveles de testosterona, que a su vez reduce sus líbidos (pero no su función sexual). Su fertilidad también puede verse reducida durante un tiempo. Esta reducción en la actividad sexual y en la fertilidad está diseñada totalmente para el beneficio del hijo reservando para él la atención y energía de sus padres. Cuando el padre se involucra estrechamente con el bebé junto con la madre, debe darse un equilibrio entre los deseos de ambos, y la presencia de oxitocina y otras sustancias químicas proporcionan una alta vinculación e interés no sexual del uno para con el otro, lo cual sirve para retener al padre como dedicado cuidador para el niño.

Opioides y Recompensas

Los opioides (hormonas del placer) son sustancias químicas semejantes a la morfina creadas por nuestros cuerpos. Reducen la sensación de dolor y crean sentimientos de alegría. El contacto social, particularmente el contacto físico y especialmente entre los padres y el hijo, induce la segregación de opioides, creando unos sentimientos buenos y propicios al aumento de la vinculación. Pueden desarrollarse preferencias respecto al olor, el gusto, la actividad, lugares determinados, etc. a consecuencia de la segregación de opioides durante contactos placenteros, incluso eventualmente la visión de una cara amada estimula la segregación. La liberación de opioides en el cerebro infantil como una respuesta condicionada a los cálidos abrazos y besos de los padres, puede resultar efectiva para ayudar a reducir el dolor de una caída o de una decepción. Los padres “aprenden” a disfrutar de actividades beneficiosas como dar de mamar y coger en brazos a sus hijos, y los niños “aprenden” a disfrutar del contacto como ser tomado en brazos o arrullado, todo ello como respuesta a la segregación de opioides. Los bebés necesitan leche, y los opioides son la recompensa natural para ellos cuando la obtienen, especialmente en los primeros intentos. Los primeros episodios de succión organizan las conexiones nerviosas en el cerebro del recién nacido condicionándole a continuar con esa actividad. Esta es la razón por la que los bebés amamantados a veces tienen problemas si se les da el biberón en la “nursery” (una exposición temprana a los biberones crea confusión y asociación de placer tanto a las tetinas del biberón como al pecho materno). De hecho, cualquier sensación secundaria experimentada durante el arrullo, el contacto físico o la alimentación que no sea nociva, puede formar parte del apego del bebé y reconfortarle. Puede ser el calor del cuerpo de la madre, el pecho hirsuto del padre, el apacible arrullo de la abuela o el protector de la cuna.

Los niveles elevados de prolactina en los padres simulan el sistema opioide, sintiéndose altamente recompensados emocionalmente durante la vivencia de relaciones familiares íntimas y amorosas, posiblemente por encima de todo lo demás. Tal como sucede con la codeína y la morfina, puede darse cierta tolerancia a los opioides naturales, lo cual reducirá el nivel de satisfacción emocional derivada de determinadas actividades a lo largo del tiempo. Pero esto no es un problema para los padres e hijos apegados, porque los niveles elevados de oxitocina, especialmente cuando se han creado a través del contacto corporal frecuente o prolongado, de hecho inhiben la tolerancia a los opioides, protegiendo las recompensas emocionales derivadas de mantener unas relaciones familiares íntimas y amorosas. Por otro lado, el consumo de drogas opioides artificiales, reemplaza la necesidad cerebral de mantener dichas relaciones.

Una vez se ha dado este fuerte efecto opioide sobre la vinculación, una separación puede alterar emocionalmente al individuo, y al niño incluso físicamente: cuando los niveles de opioide decrecen en su cerebro puede sufrir algo parecido al síndrome de abstinencia de cocaína o heroína. Cuando los niveles de opioide bajan, uno puede sentir ganas de volver a casa para abrazar al bebé o llorar reclamando el cálido abrazo de los padres, dependiendo del punto de vista. Algunas veces las conductas alternas son útiles. Por ejemplo, chuparse el pulgar puede aliviar total o parcialmente la retirada del chupete o del pezón, incluso puede proporcionar reminiscencias opioides durante algún tiempo.

Norepinefrina y aprendizaje

El amamantamiento también produce dopamina y su subproducto: la norepinefrina (adrenalina), cuya ayuda mantiene algunos de los efectos de la vinculación temprana. Aumentan la energía y el estado de alerta así como la sensación de placer derivada del apego. La norepinefrina ayuda a organizar el sistema de control de estrés del niño, así como otros controles hormonales importantes de acuerdo con la naturaleza de las experiencias iniciales de crianza. Promueve el aprendizaje acerca del entorno, especialmente el aprendizaje a través de la memorización, que es efectuada por la oxitocina, opioides y otras influencias químicas.

Feromonas e instintos básicos

¿Cómo sabe el cuerpo del varón que debe iniciar los cambios hormonales cuando está viviendo con una mujer embarazada?. ¿Cómo puede un niño interpretar con exactitud olores de su madre que los adultos a menudo apenas detectan?. La respuesta está en las feromonas. Entre otras cosas, las feromonas son hormonas esteroides que se fabrican en nuestra piel. Nuestros cuerpos están programados instintivamente para reaccionar en consecuencia cuando detectamos dichas feromonas a nuestro alrededor. Los recién nacidos son mucho más sensibles a las feromonas que los adultos. Incapaces de responder a señales verbales o de otro tipo, aparentemente dependen de este sentido primitivo que controla gran parte del comportamiento de animales inferiores. La impronta inicial del bebé hacia los olores y feromonas no se trata tan solo de una predilección por los olores de sus padres, sino que es una forma en que la naturaleza controla la organización cerebral y las segregaciones hormonales para conseguir una adaptación óptima del bebé a su entorno. Las primeras experiencias del bebé están ligadas a capacidades superiores como el reconocimiento facial y emocional. A través de ellas el bebé probablemente aprende a percibir el nivel de estrés en sus cuidadores, así como si su madre está contenta o asustada. Parte de la angustia por separación que sufre el bebé puede estar causada por la pérdida de las señales paternas / maternas acerca de la seguridad de su entorno. Otra sensación básica a la que el bebé responde muy bien es el contacto físico y, casualmente, los olores corporales y las feromonas sólo se pueden sentir cuando las personas están físicamente muy cerca unas de otras.

Lo que el mundo necesita ahora…

Los bebés universalmente lloran cuando se les deja acostados y solos. Si nos escuchamos a nosotros mismos, nuestras neuronas y hormonas nos impulsan a una respuesta apropiada. Los bebés están diseñados para ser alimentados con frecuencia y en contacto piel con piel, para ser tomados en brazos y atender a señales faciales. Estas acciones derivan en cambios permanentes en el cerebro, resultados beneficiosos, tanto para padres como para hijos. La conducta maternal se da de forma satisfactoria para la madre cuando se siguen las señales naturales y también se consigue un papel reforzado del padre. La participación activa del padre en la crianza le anima a una ulterior involucración y crea un acuerdo entre padre y madre. La proximidad y contacto frecuente entre el bebé y sus padres puede crear una vinculación familiar poderosa con muchos beneficios a largo plazo.

Tristemente, los últimos siglos los padres han sido animados por “expertos” (educados industrialmente) a no responder a las poderosas lecciones de crianza del bebé que les otorga su instinto.

Psicólogos, neurólogos y bioquímicos han confirmado ahora lo que instintivamente sospechábamos: Muchas de las recompensas de la paternidad se han perdido por el camino y generaciones de niños pueden haber perdido ventajas importantes para toda su vida.

Endnotes
1. T.R. Insel, “Oxytocin – a neuropeptide for affiliation: evidence from behavioral, receptor autoradiographic, and comparative studies,” Psychoneuroendocrinology 17, no. 1 (1992): 3-35.

2. H. Varendi et al., “Soothing effect of amniotic fluid smell in newborn infants,” Early Hum Dev (Estonia) 51, no. 1 (Apr 1998): 47-55.


3. R.H. Porter et al., “An assessment of the salient olfactory environment of formula-fed infants,” Physiol Behav 50, no. 5 (Nov 1991): 907-11.

4. S.S. Knox and K. Uvnas-Moberg, “Social isolation and cardiovascular disease: an atherosclerotic pathway?” Psychoneuroendocrinology 23, no. 8 (Nov 1998): 877-90.

5. M. Altemus et al., “Suppression of hypothalamic-pituitary-adrenal axis responses to stress in lactating women,” J Clin Endocrinol Metab 80, no. 10 (Oct 1995): 2965-9

6. R.S. Bridges, “The role of lactogenic hormones in maternal behavior in female rats,” Acta Paediatr Suppl 397 (Jun 1994): 33-9.

7. G.L. Kovacs et al., “Oxytocin and addiction: a review,” Psychoneuroendocrinology (Hungary) 23, no. 8 (Nov 1998): 945-62.

8. G.W. Kraemer et al., “A longitudinal study of the effect of different social rearing conditions on cerebrospinal fluid norepinephrine and biogenic amine metabolites in rhesus monkeys,” Neuropsychopharmacology 2, no. 3 (Sep 1989): 175-89

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

El cerebro de las Madres-Katherine Ellison.

 

Tener un hijo supone toda una revolución para el cerebro de la mujer.
Entre otros aspectos, las madres ganan en inteligencia emocional, resisten mejor el estrés y actúan de forma más eficiente.

Katherine EllisonCuando mi hijo tenía ocho años, un día llamó a la policía porque yo le había quitado la Gameboy. En aquella época, yo estudiaba el cerebro y podía imaginar perfectamente lo que estaba sucediendo en el mío.

Mis lóbulos prefrontales, donde se sitúa el juicio, sin duda estaban reprimiendo mis deseos de estrangular a mi brioso hijo. Mis amígdalas, el centro del miedo del cerebro, es probable que también estuvieran en pleno funcionamiento, mientras oía llamar a la puerta a la policía y reflexionaba sobre mis posibilidades de acabar en la cárcel. Pero, sobre todo, estaba segura que mi nucleus acumbens estaba trabajando a todo trapo. Los estudios de los escáneres cerebrales han demostrado que este punto, importante para la motivación y las sensaciones de gratificación, se llena de energía cuando las madres oyen llorar a sus bebes y se sienten obligadas a acudir en su ayuda. Por eso se le ha considerado el centro del afecto maternal, y la razón principal por la que estaba segura de que estaba implicado es que, a pesar de lo humillante del asunto, seguía deseando que mi hijo creciera y prosperara.

De una forma que los científicos apenas empiezan a comprender, ser madre te cambia el cerebro –y a menudo lo mejora-, en parte debido a experiencias como ésta; aunque, gracias a Dios, raramente tan graves.

Desde el momento en que se concibe un bebe, las hormonas reproductoras empapan y alteran nuestra conciencia. Durante el embarazo y en le puerperio, una cascada de situaciones nuevas nos estimula y nos mantiene ocupadas. Y a medida que el niño crece, lanzándonos desafíos siempre diferentes, las más dedicadas de nosotras vamos mejorando nuestras habilidades para resolver problemas y nos convertimos no sólo en mejores madres sino en mejores amigas, esposas, hijas y empleadas.

“Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo es un revolución para el cerebro”, dice Michael Merzenich, un especialista pionero en el desarrollo del cerebro, de la Universidad de California. “Tener un hijo te cambia la vida en el sentido de que se presentan retos físicos, mentales y mecánicos: cuarenta y nueve desastres que resolver al mismo tiempo. Es una época de aprendizaje y cambios inducidos en el cerebro porque todo es muy importante… No creo que haya nada mejor que pueda hacer por su cerebro que tener un hijo.”

Esta idea del cerebro mejorado por la maternidad ha surgido a partir de una tendencia nueva y estimulante en investigación neurocientífica, tanto con humanos como con animales de laboratorio. Precisamente contrarresta la imagen dominante en los países industrializados, que evoca una madre que no puede pensar en nada más complejo que una lista de la compra o un calendario de partidos de fútbol.

En cambio, aunque muchas madres creen que han perdido células cerebrales con la placenta, esto no encaja en absoluto con la pura lógica de la evolución. En ningún momento de la vida, una mujer debería estar tan alerta y consciente como cuando está protegiendo y alimentando a un recién nacido.

Esta perspectiva empezó a interesarme poco después de tener a mi segundo hijo, en 1998, cuando leí acerca de los estudios pioneros realizados por dos neurocientíficos que trabajaban en Virginia. Craig Kinsley y Kelly Lambert, padres ambos, comparaban la función mental de las ratas hembras que nunca habían dado a luz con la de ratas que habían tenido más de un par de camadas. Enseguida se vio muy claro que las ratas madres aprendían más deprisa y recordaban con más eficacia el camino en un laberinto. Es más, la repetición de las pruebas demostró que la mejora de las madres en destreza mental les duraba toda la vida, mucho después de terminar de cuidar a sus últimas crías. Para explicar esas mejoras, que ellos mantienen que se producen tanto en humanos como en animales, Kinsley y Lambert se centraron en dos mecanismos de la maternidad que podían ser potenciadores del cerebro: las hormonas y la estimulación.

Sin lugar a dudas, la investigación de otros científicos ha confirmado el poder de las hormonas reproductoras para cambiar físicamente el cerebro, y los resultados que han obtenido deberían animar a las madres primerizas. Científicos japoneses, por ejemplo, han descubierto que la oxitocina –una hormona anteriormente asociada al parto, a la lactancia y al vínculo materno- puede ayudar también a fomentar el aprendizaje y la memoria. De forma bastante similar, la prolactina, que se ha denominado hormona paternal porque es elevada tanto en padres como en madres, parece ser la clave en la disminución de la ansiedad.

Volviendo al factor de la novedad, muchos estudios recientes han demostrado que aprender cosas nuevas estimula el cerebro: por eso los científicos instan a las personas mayores a jugar al bridge, a resolver crucigramas y a viajar. De modo que, aunque a veces nuestros hijos nos arrastren a situaciones nuevas que preferiríamos evitar –como mi encuentro con la policía-, también sirven para mantenernos alerta mentalmente, como una serie interminable de oportunidades para resolver problemas y álgebra.

Además de las hormonas y la novedad, existe una tercera vía de cambio del cerebro femenino después de que la mujer es madre, que tiene que ver con el fenómeno de la plasticidad cerebral, que hasta hace muy poco los científicos no habían detectado. Se refiere a la forma en la que nuestro cerebro se reorganiza durante toda nuestra vida, adaptándose a nuestras experiencias. Por ejemplo, a los violinistas les cambia físicamente el cerebro a medida que refinan su habilidad. Lo mismo que los taxistas londinenses, cuyo sustento depende de la agudeza de su memoria. Parece bastante claro que las madres también utilizan repetidamente circuitos específicos de sus cerebros, al motivar, controlar, alimentar, empatizar, proteger, negociar y manipular.

 Así que las hormonas, la estimulación y la experiencia son tres mecanismos poderosos que concretamente cambian el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos.

Pero la forma en la que se manifiestan esos cambios varía mucho en cada mujer, lo que es normal, porque las vidas de las mujeres son mucho más variables que las de las ratas hembras.

Una madre soltera que esté pluriempleada, no duerma lo suficiente y se angustie demasiado, por ejemplo, no se beneficiará tanto de su experiencia de la maternidad como una mujer con suficiente ayuda para aprovechar al máximo. Sin embargo, por lo que hemos aprendido de los estudios de ratas y monos, que comparten nuestra estructura cerebral básica y nuestras hormonas, parece claro que todas las mujeres sufren cambios y que todas tienen el potencial de cambiar para mejor. Tras revisar cientos de estudios científicos y entrevistar a decenas de neurocientíficos prominentes, científicos sociales y padres, he detectado cinco formas principales de aprovechar este potencial, apoyando la conclusión de que la maternidad puede, sin lugar a dudas, volver más lista a una mujer, definiendo “lista” como la capacidad mental que ayuda a la madre y a sus hijos a sobrevivir.

El cerebro de las madres

Las cinco categorías son: percepción, eficiencia, motivación, resistencia al estrés e inteligencia emocional. En cada uno de los grupos, hay evidencia claras de que la maternidad aporta a las mujeres más que venas varicosas y trabajo doméstico extra.

  1. En el caso de la percepción, Craig Kinsley, uno de los neurocientíficos que abrían camino en Virginia, me hizo una demostración de percepción alterada por la maternidad. Soltó un grillo vivo en una jaula de ratas que acaba de dar a luz. Ella detectó inmediatamente la presencia del insecto y, en menos que canta un gallo, lo cazó y se lo zampó. Esa actuación contrastaba con la de una rata no madre, que no vio el grillo hasta que este se le subió a la cabeza.Algo en el cerebro de esta rata madre había cambiado, y científicos canadienses aportaron luz al misterio. En experimentos con ratones, neurocientíficos de la Universidad de Calgary descubrieron que, ya desde la concepción, se forman nuevas neuronas en el bulbo olfativo de la madre, que rige su sentido del olfato.

    Otras investigaciones sugieren que tanto madres como padres también experimentan cambios en la audición después de que nazca su hijo. Ambos, en cuestión de horas, se vuelven expertos en distinguir el llanto de su propio hijo del de los demás. Incluso la visión parece cambiar. En un estudio de prueba de la percepción visual, los sujetos embarazados lo hicieron mucho mejor que los grupos de control. Todo esto tiene sentido cuando piensas en lo extravigilante que necesita ser una madre para proteger al recién nacido de los peligros, que las que no son madres ni siquiera advierten.

  2. La eficiencia es la segunda forma en que las madres se vuelven más listas, básicamente porque a menudo no tienen más remedio. Casi todas las mujeres con hijos deben hacer muchas más cosas en un tiempo limitado. Eso supone a menudo aprender y memorizar cosas nuevas más rápidamente –como las ratas-, pero los humanos también necesitamos dominar nuevas habilidades, como priorizar, inventar formas de perder menos tiempo charlando con los compañeros o sortear el tráfico con más habilidad para conseguir llegar a la guardería antes de que cierre.En todas esas tareas, la calidad de la atención es clave. Y en el caso de las madres, en general, la calidad parece aumentar, según el psiquiatra de Harvard John Ratey. Especula que los niveles del neurotransmisor dopamina, que mejora la atención y ayuda a un uso más eficaz del cerebro en situaciones moderadamente estresantes, puede ser crónicamente alto en las madres recientes. Y por una buena razón: “Cuando una madre da a luz, tiene que ser muy lista, lo más lista que pueda” dice Ratey. “Debe conocer bien el territorio y recordar cosas de sus hijos, y funcionar siempre al máximo. Tiene que desarrollar la capacidad de prestar más atención al mundo exterior.

    A menudo, las madres tienen que soportar un estrés extraordinario; pero, de nuevo, la naturaleza les echa una mano.

  3. La tercera muestra de que las mujeres se vuelven más listas cuando tienen hijos es que aumenta su resistencia natural a la presión. La forma como esto sucede parece tener algo que ver con la oxitocina, esa hormona tan maternal. Desde que los científicos dedican más atención a lo que se ha denominado “el cerebro maternal”, se han realizado muchos estudios sobre los efectos de la oxitocina. Como neurotransmisor, parece fomentar la calma, la confianza y el vínculo social; y hay indicios de que las madres, sobre todo las que tienen partos vaginales y amamantan a sus bebes, están especialmente influidas por ella.Eso no significa que las madres estén constantemente sosegadas, ni mucho menos. En el mundo animal, las madres pueden ser los seres más feroces, sobre todo cuando se trata de defender a sus crías. Y en los humanos, la motivación –una cualidad que engloba atrevimiento y ambición- es precisamente la cuarta forma en que las mujeres se vuelven más listas cuando son madres.

    En el mundo animal, los científicos han demostrado que la prolactina, que contribuye a la lactancia y sube de nivel tanto en madres como en padres, parece reducir el miedo y la ansiedad, permitiendo la asunción de más riesgos. Así, los pájaros que descienden en picado para alejar a los depredadores del nido donde crían sus pollos tienen altos niveles de prolactina.

  4. Mientras que los neurocientíficos sólo ahora comienzan a medir cómo cambia esta hormona el comportamiento humano, los científicos sociales ya han aportado varios estudios que demuestran formas en que la maternidad parece incrementar la motivación de las mujeres. La socióloga Sharon Hays, por ejemplo, ha recogido impresionantes testimonios de mujeres con ingresos bajos que han sido motivadas por la maternidad a dejar las drogas y a conseguir trabajo.Los psiquiatras dicen que la maternidad también puede incrementar la autoestima de la mujer y su asertividad, porque sencillamente la madre ha adquirido cierta práctica en ser la jefa. Sabe que, si no está a la altura del liderazgo doméstico, las consecuencias pueden ser tan graves como que un niño sea atropellado por un coche al cruzar la calle corriendo. Por eso la madre aprende –casi siempre- a asumir el control de las situaciones.

     

  5. La quinta forma en que las madres se vuelven más listas procede de la experiencia pura y simple: es la práctica diaria, a veces inmediata, que conseguimos reprimiendo nuestros peores impulsos con el fin de ayudar al hijo. Esta mezcla de conciencia de una misma, de autocontrol y empatía puede resumirse en la expresión tan de moda “inteligencia emocional”. Sus componentes que antes solían definirse como “buen carácter”, pueden contribuir a amistades y matrimonios más sólidos e incluso una mejor salud física, lo que todo ello conduce a una vida más feliz. También hay pruebas de que puede aportar un toque competitivo en el mundo laboral, especialmente en empleos con mucho contacto personal, como dirección de empresas, enseñanza, medicina y ventas. En los últimos años las empresas han pagado fortunas para la educación en inteligencia emocional. Pero las madres se someten a una formación rigurosa y gratuita.

el cerebro de las madresUna demostración gráfica de las fuerzas cerebrales que hay detrás del sentimiento maternal se vio en un estudio reciente de escáneres cerebrales dirigido por el neurocientífico Jeffrey Lorberbaum. Utilizando una tecnología que mide el flujo de la sangre como marcador de actividad en el cerebro, puso a prueba a padres que escuchaban el llanto de sus hijos. Las madres respondían con una fuerte activación del circuito emocional del cerebro más primitivo, la misma clase de respuesta de “gratificación” que resulta de los pensamientos sobre comida o sexo satisfactorio. En los padres, había poca actividad. “Un agujero negro”, como lo describió Loberbatum.

El estudio explica por qué tan a menudo las madres son la primeras en despertarse para consolar a sus bebes y por qué, incluso en un incidente como el de la Gameboy, fui capaz de recordar cuánto quiero a mi hijo. Por mucho que paguemos en servidumbre, sueño, frustración y trabajo mental intenso, estamos bien preparadas para extraer satisfacción de ello, y eso hace que la mayoría siempre intentemos mejorar. Y éste es el ingrediente principal de la inteligencia.

KATHERINE ELLISON-
Periodista de Investigación, galardonada con el premio Pulitzer.
Autora de
Inteligencia Maternal (Ed. Destino)
Extraído de la revista MENTE SANA; Noviembre 2006