Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

Pediatras que recomiendan galletas y matronas que recomiendan colgonas

Pediatras que recomiendan galletas y matronas que recomiendan colgonas

¿Os habéis fijado cuántos spots publicitarios incluyen la frase “Recomendado por… “ o “Avalado por…”, seguido de algún título profesional relacionado con la salud: matronas, pediatras, asociación de matronas, AEP, etc.?

En un mundo en el que lo que avala la ciencia es considerado como digno de más fe que el misterio de la Trinidad para algunos creyentes, conseguir que una bata blanca ponga su sello a tu producto es garantía de credibilidad…. ¿ o no?

Pensar que todos los profesionales de la salud y la medicina están bien formados e informados de todo asunto del que opinan y recomiendan, que son intachables y libres de sospecha es tan “naïf” como decir que todos los banqueros son honrados.
En todas partes cuecen habas, que dirían nuestras abuelas,  y en un sector tan goloso como la salud, diría que aún más.

Si añadimos a la preocupación de la población en general por la salud, el hecho de tener hijos, tenemos unas cuantas industrias: la de la alimentación infantil, la farmacéutica y la de la puericultura, frotándose las manos viendo ante sí a un montón de individuos dispuestos a comprar lo mejor para sus retoños si les  aseguran  “adecuada y científicamente” su necesidad y conveniencia. Así que  podemos estar seguros  de que, detrás de cada producto o marca con la suficiente cantidad de dinero para pagarlo,  encontraremos un profesional avalándolo.

Y como muestra, nos encontramos  en un país con una tasa de obesidad infantil alarmante, marcas de galletas para niños avaladas por la Asociación Española de Pediatría  y con experta nutricionista incluida en su web ( aunque sea un producto alto en azúcar y harinas refinadas, procesado y de dudoso poder nutritivo).

Pincha en la imagen para leer el análisis del producto

Pincha en la imagen para leer el análisis del producto

 

Yogures “especiales” para bebés que a pesar de ser totalmente innecesarios se “recetan” en consultas de pediatría

Pincha en la imagen para leer un informe del producto

 

 

Aunque no es tan extraña esta “alianza” entre industria de alimentación infantil  y la AEP si miramos quién financia la mayoría de las Becas que otorgan cada año.

Becas AEP 2015

Imagen tomada de la web de la AEP: PIncha para ir al enlace original

Asociaciones de matronas que recomiendan mochilas que cualquier experto en porteo y ergonomía desaconsejaría por postura del bebé, por forma de cargar el peso para el adulto, por materiales utilizados, etc..

Mochila Recomendada por la Asociación Nacional de Matronas Españolas

 

Este punto me toca especialmente porque vivo en carne propia el “descrédito” de mi trabajo como Formadora de Asesoras de Porteo  y divulgadora de la importancia del contacto, por parte de miembros de este colectivo. Es curioso que leyéndome el Códido Deontológico de las matronas españolas  encuentro este punto:

Fragmento del texto del Código Deontológico de las matronas españolas. Pincha para ver el texto completo en su web.

 

No entiendo cómo sin formación específica en porteo ni experiencia, una asociación profesional recomienda un producto que  los  especialistas en ese campo desaconsejamos. Ya ni entro a mencionar que está fuera de su ámbito profesional de actuación, como recoge su propio código.  (He de decir que individualmente muchas profesionales de este colectivo se están formando con nosotras para asesorar con conocimiento de causa).

Estos son, desgraciadamente, solo algunos ejemplos de lo que se cuece en nuestro mundo. Como si una vez obtenido un título te convirtieras en una especie de Midas de la Credibilidad que convierta en oro, digo en “ergonómico” o en “necesario” o en “beneficioso”… todo lo que tocas, o avalas o recomiendas.
Y si las propias asociaciones profesionales actúan así, imaginad a título individual… Cuando la nómina te la paga directamente una marca entonces resulta que te preguntan sobre alimentación infantil del recién nacido y te quedas tan ancho dando consejos sobre biberones

¡Toma ya con la “normalización de lo artificial” !

Pediatras dando consejos de alimentación infantil

te recomiendo que te busques un amante por si algún día tu pareja no tiene ganas...

Esta es de traca… es como si te recomiendo que te busques un amante por si alguna vez tu pareja no tiene ganas por cualquier motivo

 

El Código de Comercialización de sustitutos de la leche materna se lo pasan por el forro, para variar. Porque al final lo extraño es que lo cumplan.

Imagen del Catálogo 2015 de la marca

 

Y algunas vemos estos “consejos” justo debajo del nombre de una Comadrona, colaboradora de la marca.. Y una vez repuestas del “cabreo inicial”, nos toca  ir con paños  calientes  al comentar la noticia, para que no salgan candidatas a enarbolar la bandera de  #TeCreesMejorMadreQueYo?

Y no, no me creo mejor madre que la mayoría. Pero sí me creo mucho más profesional que quien amparándose en un título, una profesión de prestigio, un status o una posición de autoridad relativa, abusa  y traspasa sus competencias y se vende. Y lo que es peor, pone en riesgo la salud de bebés y niños.
Y me creo mejor profesional porque cuando critico  malas praxis, empiezo por  mi propio sector.

  • SI una madre me dice que una asesora de porteo le recomienda un fular elástico con un bebé que ha nacido prematuro, le digo que cambie de asesora de porteo.
  • Si una madre me dice que una asesora de porteo le recomienda portear con una fular y una cruz envuelta a una semana de haber tenido cesárea le digo que cambie de asesora de porteo.
  • Si una madre me dice que una asesora de porteo le ha recomendado el portabebés X porque es el “mejor” sin hacerle más de 3 preguntas, le digo que cambie de asesora de porteo.
  • Si una madre me dice que una asesora de lactancia le ha dicho “lo que tiene que hacer” , le digo que cambie de asesora de lactancia
  • Si una candidata a alumna me dice que se ha formado como asesora de porteo en un fin de semana,  que si le convalido esa parte en mi formación, le digo que no. Nadie se forma como asesora de porteo en un fin de semana, ni en dos.
  • Si alguien me dice que quiere formarse conmigo como asesora de lactancia, sin asistir  durante  muchos meses a un grupo de lactancia, le digo que no. Nadie se forma como asesora de lactancia sin muchísimas horas de práctica con madres y bebés.

Y una vez limpiada la casa por dentro… pues la limpio por fuera, por lo que…

  • Si una madre me dice que su ginecólogo le dice que tendrá cesárea porque ya tuvo una, le digo que cambie de ginecólogo
  • Si una madre me dice que su pediatra le dice que tiene que darle com 4 meses la fruta al bebé, le digo que si se va a tener en cuenta para alimentar a su bebé a su pediatra, que cambie de pediatra
  • Si una madre me dice que su matrona no formada en porteo  le da consejos sobre porteo, le digo que busque una asesora de porteo: (una buena, para no pasar por los puntos del principio)

Y así “ad infinitum”.
¿Por qué escribo este post?
Pues aparte de porque me lo pide el cuerpo cuando veo ciertas cosas… lo escribo para 2 grupos diferentes de lectores:

  1. Si eres un profesional de alguno de los sectores que he mencionado, recuerda que  tu “título”  te da una responsabilidad. Que en su día seguramente aceptaste un código deontológico y que muchas personas confían en ti por lo que representas. Solo te pido, te pedimos,  que estés a la altura y dejes egos y otros intereses  poco nobles al margen cuando trabajas.
  2. Si eres madre o padre, como yo, recuerda, recordemos que hay una responsabilidad que no debemos delegar en nadie. Somos responsables de las acciones y decisiones que tomamos para con nuestros hijos. Podemos y debemos pedir información a los profesionales porque para eso están, información completa,  y en base a eso y a nuestras propias capacidades, decidir. Recordemos que un profesional está cualificado para su ámbito de competencia, no para cualquier otro. Ser experto en un campo no le valida para que su opinión en otros sea más válida que la tuya propia.

Sueño, como diría Luther King, con el día en que ambos grupos sepamos cuál es nuestra responsabilidad, y la asumamos de forma que prime lo que debe primar.

9 años después

9 años después

Hoy hace 9 años empezó un viaje que aún continúa.
Hoy hace 9 años debió ser el día más feliz de mi vida y aunque ver y abrazar a mi hijo fue algo indescriptible, no fue el día más feliz de mi vida ni de lejos.
Tardé varios años en recordar  mi parto sin llorar de pena, de rabia, de frustración, de dolor, de impotencia.
Este aniversario de mi maternidad llega en medio de una polémica absurda. Con seres despreciables que se empeñan en negar lo que algunas hemos vivido y sufrido. Y lo hemos sufrido como el peor de los sufrimientos: el evitable.

Yo tenía derecho a que me informaran, tenía derecho a que me atendieran profesionales libres de prejuicios y de intereses personales. Incluso libres de sus propios miedos.
Yo tenía derecho a parir a mi hijo. Tenía derecho a acoger su cuerpo, a ser la primera en recibirle y darle un abrazo. Tenía derecho a que sus ojos miraran los míos y a asegurarle que todo iba a ir bien. Tenía derecho a disfrutar de ese momento y a darle a mi bebé el Continuum que merece y que ambos necesitábamos.
Tenía derecho a ser respetada, a no ser mutilada, a que me hablaran como a una adulta y no como a un cuerpo sobre una camilla fría con el que se hace lo que se quiere. Tenía derecho a gritar que me entregaran a mi hijo y no lo tuvieran en esa maldita cuna. Tenía derecho a todo eso. Ambos lo teníamos. Y nos lo robaron.

Nos lo robaron con la peor arma: el miedo.
Miedo que algunos afirman que somos otras quienes infundimos en las madres.
No señores y señores caza brujas, que no son sino caza libertades, el miedo lo dan ustedes. Dan miedo porque nos recuerdan prácticas siniestras, y no hablo de ingerir o no placenta, sino que hablo de asustar, amedrentar, coartar, abusar e imponer sus ideas. Esas prácticas más propias de la Edad Media. Usan ustedes argumentos que parecen sacados de una novela de Ken Follet más que de la evidencia científica.
Se empeñan en restringir y en controlar, cuando ese “control” lo único que ha hecho es perpetuar el mal trato y el maltrato. Se empeñan en decir que la violencia obstétrica no existe, y eso a pesar de los miles de testimonios de mujeres que referimos las  vejaciones sufridas y las secuelas con las que tuvimos que aprender a convivir.

A algunas su “profesionalidad” nos costó la salud mental, la salud física, nuestra capacidad reproductora… incluso nuestro matrimonio.

  • ¿Saben ustedes cuántas mujeres han sufrido en su vida personal las repercusiones de su trato?
  • ¿Y se atreven a negar que existe violencia obstétrica sistematizada?
  • ¿Ustedes son los “responsables de la salud de la mujer” y ni siquiera nos escuchan?
  • ¿Nos toman por idiotas?
  • ¿En un país donde la propia SEGO se jacta con viñetas del maltrato y de la falta de respeto a las mujeres y a nuestra sexualidad?
  • ¿Han ustedes, por casualidad, escuchado a las mujeres contar sus vivencias durante el embarazo, parto y puerperio?
  • ¿Quieren que les cuente yo lo que me dijo mi tocólogo cuando le dije que tras el parto, por la episiotomía, sentía dolor con el coito?
  • ¿Quieren que les cuente el papel de la matrona en mi parto?
  • ¿Y en mi posparto inmediato?
  • ¿Quien ustedes oírlo?
  •  ¿Saben ustedes lo que es un shock por estrés post traumático derivado de maltrato durante el parto?
  • ¿Se han molestado acaso en entender por qué las mujeres estamos decidiendo que queremos a otras personas cerca de nosotras en estos procesos?

    Me temo que no.
    Son ustedes tan soberbios y tan arrogantes que prefieren tildarnos a todas de estúpidas.
    Y siguen creyendo que el problema está fuera, donde sea, pero fuera. Sean las doulas, las asesoras de maternidad, las madres de los grupos de apoyo o las sacerdotisas de la luna.

A mí me da igual  si tienen ustedes un ego débil. Eso se lo deberían trabajar ustedes como crean, en terapia  de grupo o individual, lo que no pueden ustedes es echarnos su mierda al resto. No a las madres.

Porque ¿saben?, si un fontanero me hace una chapuza, tiene arreglo. Me costará dinero y tiempo, pero tiene arreglo. Siempre se puede poner otra cañería y pintar las paredes, pero si ustedes la cagan en un parto, si la cagan al tratar a una madre embarazada con poco respeto o metiéndole miedo, si la cagan arruinando una lactancia con sus nulos o erróneos consejos, si la cagan ustedes en esos momentos, no hay arreglo posible.

Si ustedes contribuyen a añadir miedo y estrés a una mujer embarazada que tiene  que sentir confianza para que su cuerpo se abra, no son ustedes la mejor opción para esa mujer. Si no entienden lo que implica el estrés para una mujer y su bebé me importa un bledo sus 6 o 7 años de carrera, no se han enterado de nada.

Y esa actitud de “qué me van a enseñar a mi” es más  propia de aquellos que les han robado el trabajo que de una profesional que asiste un parto.
Están ustedes  olvidando la etimología de la palabra “comadrona”, que viene de “comadre”, con la madre. Están ustedes luchando contra nosotras. Y créanme, lo van a pagar.

Yo hoy debería estar celebrando que hace 9 años que nació mi hijo, y lo que tengo cada 22 de febrero es el recuerdo de un pánico atroz y una sensación de fracaso y de impotencia horrible. Una sensación de haberle fallado a mi hijo que a pesar de todo el trabajo que he hecho con ello, sigue ahí.
Eso no se lo voy a perdonar a ustedes como colectivo hasta que no vea que su actitud es realmente de autocrítica, y de cambio de actitud.
Y no sólo como colectivo no lo están haciendo, sino que encima se empeñan en enarbolar una bandera que no es suya.

Mi cuerpo no es suyo, mi parto no era suyo, mi responsabilidad no es suya.

Si les molesta que las mujeres acudan a otros lugares a por información pregúntense por qué lo hacen. Si quieren ustedes denunciar mala praxis, vayan al juzgado y  pongan un nombre y un apellido, no pueden hacer demagogia demonizando a todo un colectivo. Si lo que quieren ustedes es tener el status que creen merecen y no tienen, creo que se han equivocado de enemigo.
Aprovecho para reiterar mi cariño a las y los profesionales  que dentro de su colectivo sienten como sentimos las madres y sienten la misma vergüenza que nosotras al leer su penoso Informe Doulas. Profesionales que sienten vergüenza al ser representados por “personajes siniestros” propios de otros tiempos.
Yo hoy voy a intentar recordar  que un 22 de febrero de hace 9 años empecé un camino.
Que Mimos y Teta y Asesoras Continuum fueron mi forma de devolverle al mundo la ayuda que necesité para sobreponerme a la violencia que sufrimos mi hijo y yo. Que me siento orgullosa de haber creado y dirigir un programa de formación de asesoras de maternidad por el que han pasado mujeres de todos los perfiles, incluidas médicos,  matronas y enfermeras. Que me aseguro que mis alumnas entiendan que nuestro trabajo es hacer que las familias estén mejor que antes de contactar con nosotras. Y eso sin asistir partos ni hacer terapia que no es cosa nuestra.

Hoy le agradezco a mi hijo que empezara este camino conmigo, que a pesar de no haberle dado el mejor comienzo, me ayudó a entender lo que supone el contacto, el porteo y la lactancia.
Que me dejara compensar de algún modo ese mal comienzo.

Y le agradezco haber entrado en un mundo lleno de mujeres sabias, que me ayudaron a sanar y de las que aprendí sobre todo el respeto. Respeto a mí misma, a mi cuerpo, a mi maternidad,  a mi sexualidad y respeto a los demás.
Gracias Iker. Mi hijo y mi maestro.

Si Semmelweis resucitara…

Si Semmelweis resucitara…

He sido una niña educada para cuestionar las verdades absolutas. En el colegio e instituto debatí con profesores por no creerme “porque sí” teorías propugnadas como leyes.
Me he pasado la vida de estudiante observando cómo se usa el miedo para convencer más que la razón. Si no crees lo que la mayoría “culta” te dice que creas eres un estúpido y te arriesgas a ser tratado como tal. Así se consigue un pensamiento único, ridiculizando al que se sale del redil.
Hace falta mucha seguridad en ti mismo para levantarte con 13 años y discutirle al catedrático de ética del instituto.
Y si eres catedrático necesitas algo más que tu palabra para convencer que tienes la verdad más allá de tu rol de autoridad.

El catedrático de mi instituto falló. Lo único que hizo fue intentar ridiculizarme en mitad de la clase. Y digo “intentar” porque con su respuesta burlona lo que consiguió fue retratarse a los ojos de todos mis compañeros.

Ignaz Philip SemmelweissEsto no es nuevo. En algunos sectores los cambios no son bien venidos. Ni siquiera en el ámbito que debería estar más abierto a la innovación y experimentación, como sería la medicina. Que se lo digan a Semmelweis.


Ignaz Semmelweis
, fue un obstetra húngaro que a mediados del siglo XIX, precediendo los hallazgos de Pasteur y Lister, logró descubrir la naturaleza infecciosa de la fiebre puerperal, logrando controlar su aparición con una simple medida de antisepsia. Debió luchar con la reticencia de sus colegas que no aceptaron sus observaciones que, por primera vez en la historia, fueron apoyadas con datos estadístico


Os animo a leer toda la historia aquí antes de proseguir, os aseguro que no lo vais a lamentar.

 

 

 

Semmelweis es un extraordinario ejemplo de observación metódica, raciocinio y reflexión, es el resultado de uno de los más auténticos casos de compromiso personal con la vocación de médico. Lo que hoy nos parece tan evidente u obvio, representó en su momento un cambio de visión asimilado por pocos. Luvo que avanzar en medio de incomprensiones y de dificultades.

La importancia del aporte de Semmelweis a la obstetricia y medicina en general no ha sido aún superado siquiera por los avances de las nuevas tecnologías genéticas de los últimos años del siglo XX. La historia ha valorado a este médico húngaro de modo justo después de su muerte. Su vida fue la de un hombre que luchó con entereza y sin vacilación por sus ideales y convicciones.

Hoy he leído el Informe Doulas del Consejo General de Enfermería y me ha parecido volver, ya no a la Viena del S XIX,  con los contemporáneos del Dr. Semmelweis, más preocupados en no perder su status y en  tener razón que en la salud de las mujeres, sino a Salem (Massachussets), donde la histeria colectiva vivió su máximo apogeo.

O si me apuras a la Edad Media, donde todo el que era sospechoso de “salirse” de la norma era tildado de hereje sin necesidad de aportar pruebas en su contra.
La Historia de la humanidad ha visto cómo la ignorancia y el odio, sobre todo cuando van de la mano del poder ha anulado, el raciocinio, la verdad y por supuesto la libertad.

Deberíamos avergonzarnos de lo que como sociedad hicimos con Galileo Galilei, con Miguel Servet  con William Tyndale y con el propio Semmelweis.
Pero no, del mismo modo que los poderes de ese tiempo fueron testigos y ejecutores de la verdad, la razón y  la libertad, nuestro primer mundo, parece que en vez de avanzar y estar por mérito propio en el S XXI, va hacia atrás.

Y observamos cómo un sector que debería ser el más sensible de la medicina porque es el que rodea el principio de la vida, se convierte en el más violento. Y observamos cómo aquéllas personas en quienes confiamos para aportarnos seguridad y tranquilidad en este proceso, son quienes peor nos tratan.

Violencia obstétrica

Algunos hemos huido de un sistema de violencia obstétrica institucionalizada ( y no lo digo yo, lo reconoce la OMS), con cicatrices en el cuerpo y en el alma.
Con un dolor profundo por haber sido violadas, robadas, ninguneadas y maltratadas con la connivencia de quienes juraron cuidar, proteger y no dañar a sus pacientes.
Y todo ese dolor, todo ese sufrimiento hoy ha sido pisoteado por un puñado de impresentables que en vez de hacer autocrítica de su trabajo, han decidido ir a por la libertad de las mujeres.
Porque no nos engañemos, esto no va de doulas, esto va, una vez más, de violencia contra la mujer.

Informe doulas

Hoy leo un informe que me quieren hacer creer que les ha llevado 3 años hacer y es una recopilación de pantallazos  que cualquier   alumnos de bachillerato se avergonzaría de presentar como trabajo de investigación.

Recortes de frases de vete a saber quién, un texto plagado de errores ortográficos y de sintaxis, (ni siquiera han escrito bien su propia página web) con un contenido tan surrealista que no sé si merece la pena comentar.
Y lo que me avergüenza es que se organiza una rueda de prensa y se llenan los medios de titulares amarillos, sin verificar ni contrastar la información.

Crecí creyendo que la información era un arma poderosa, que la libertad de expresión garantizaba la pluralidad y la posibilidad de oír todas las versiones de la historia. Y en estas últimas semanas lo que observo es que la prensa se ha idiotizado como el resto del sistema.
Periodistas que  son más portavoces que periodistas, noticias que buscan el morbo, no la verdad. TV que no quiere informar sino desinformar y buscar el titular más impactante para lograr el minuto de oro. Da igual si por el camino mezclamos churras con merinas, y somos cómplices de cazas de brujas sin sentido.

El trasfondo de esta caza de brujas

Creo que todo esto tiene un sentido.
Lo estamos haciendo bien.
Las mujeres estamos decidiendo. Estamos demostrando que El Parto es Nuestro. No es de los gines, ni de las matronas,ni de las doulas, ni de nadie más: es nuestro. y desde el momento en que hemos empezado a decir “NO” hemos generado una corriente. Una corriente de rechazo, una corriente de relaciones reaccionarias, una corriente de miedo.

Miedo

Tienen miedo de perder el poder. Tienen miedo de que nos demos cuenta que el parto en nuestro mundo no es más arriesgado que ir a comprar el pan. Que en realidad  en un parto sólo hay 2 personas imprescindibles, y no son ninguno de ellos.
En el parto los importantes, los protagonistas, los necesarios, los imprescindibles son el bebé y su madre.

Y cuando las mujeres nos estamos dando cuenta de forma masiva, cuando las mujeres hemos empezado a contarnos nuestras historias de parto y hemos reconocido nuestro poder, y ejercemos nuestro derecho a estar con quienes queramos, hay todo un sistema viejo, podrido, nauseabundo, basado en el miedo y la dominación, que se rebela.
Se rebela atacando y atacan intentando meter más miedo:

  • Que si canibalismo
  • que si dejamos al padre fuera
  • que si nuestros hijos pueden morir….
  • que si quienes elegimos para acompañarnos son intrusas

Queridos señores y señoras del Consejo de Enfermería:

Captura de pantalla 2015-02-16 19.46.16Ustedes solitos van a lograr que en este país, a la hora de parir las mujeres empiecen a plantearse ya o contar con una matrona respetuosa, sino parir solas.

No sé si han pensado ustedes que su sistema de amenazar y seguir metiendo miedo no les va a funcionar como ustedes piensan.

Yo veo la cara de las mujeres de estas imágenes, y os juro por dios que si tuviera que parir otra vez, antes que ponerme en esas manos elegiría parir sin asistencia. Esto es lo que van a conseguir.

Están ustedes haciendo que perdamos la poca fe que nos queda en el sistema de salud. Están ustedes consiguiendo que una profesión que nos inspiraba respeto ahora nos inspire vergüenza y asco.

Y no hablo sólo por mi. Pienso en mis queridas amigas colegas suyas de profesión. Pienso en las lágrimas que les he visto derramar durante su residencia contando cómo han tenido que ver esa sistematización de la violencia a la mujer y al recién nacido.  Y pienso en su vergüenza hoy al ver cómo un órgano que dice representarles nos ha despertado con un trabajo tan chapucero y denigrante.

Y pienso en la violencia que destila este “trabajo”.Reflejo de la otra, la real que hemos sufrido a mayoría de mujeres de nuestro país en sus manos.
Violencia que vimos todos los españoles cuando las cámaras de un programa de tv entraron en los paritarios de España.

Se retratan

Su campaña de difamación contra las doulas al final es una campaña de desprestigio hacia ustedes mismos.
Como dice el dicho:

“Lo que dice Pablito de Juanito, dice más de Pablito que de Juanito”
“Lo que dicen las matronas de las acompañantes de las mujeres,
dice más de las matronas que de las  acompañantes de las mujeres”

Su actuación me dice que son ustedes unos impresentables, que no son profesionales, ni serios, ni exhaustivos, que no merecen el cargo que llevan, que insultan ustedes nuestra inteligencia, que atacan nuestra libertad nuestro honor y nuestro pundonor. Que se ríen de nuestro maltrato, de nuestro dolor, de nuestra experiencia personal y colectiva. No merecen ustedes trabajar con mujeres, no merecen trabajar con personas, no merecen trabajar con embarazadas ni con bebés.
Cojan un diccionario, lean algo de antropología y sepan qué es el canibalismo. Porque parece mentira que sean de un colectivo que transfunde sangre de unas personas a otras como práctica habitual y se asusten tanto porque algunas mujeres decidan ingerir parte de su placenta. Aparte de todos quedan ustedes como pacatos e ignorantes.

Y sí, me da igual si las mujeres que ahora están al lado de otras mujeres en este proceso antes eran monitoras de esquí o scorts de lujo. DA IGUAL.
Si les molesta que las escojan para acompañarlas, háganselo mirar. ¿Qé tipo de complejo tienen ustedes? ¿Quieren atendernos el parto o quieren que las adoptemos como “muy mejores amigas”? Destila un problema psicológico esa necesidad de estar en todos lados. Deberían hacérselo mirar.
Métanse ustedes en sus asuntos.

Estudien neurobiología del embarazo y del parto, aprendan que a las embarazadas les afectan más cosas que el  coger kilos o tener la tensión alta. Aprendan RESPETO. Quizás tendrían que meterse en alguna de las sectas que critican a ver si así aprenden  al menos a escuchar.
Porque al parcer para ustedes secta es sinónimo de escucha y respeto. ¡Me autodenomino sectaria desde ya!

Recuerden a Semmelweis: y ahora posiciónense. Porque en este tema, como en casi todos los importantes de verdad no valen las medias tintas:

O TRABAJAN POR EL RESPETO A LA MUJER O CONTRA ÉL

La verdadera razón por la que se critica a las doulas y asesoras de maternidad

La verdadera razón por la que se critica a las doulas y asesoras de maternidad

Igual cuando lees declaraciones contra las doulas y asesoras de maternidad por parte de colectivos, como asociaciones de matronas, de profesionales a título individual, o de personajes que no tienen nada que ver en esta historia pero que no dudan en hablar como si tuvieran una opinión que interesara a alguien más que a sí mismos, piensas que lo que les pasa es una de estas cosas:

  • No saben leer (ni escuchar).
    Porque yo no sé cuántas veces hemos explicado, por activa y por pasiva, que nuestro trabajo no es el de una matrona. Hasta matronas se lo han explicado a sus propias colegas. y ni por esas.
    EL año pasado en un curso con Nils y Jill Bergman nos gozamos todo un ejemplo de matronas empeñadas en no ver más allá de sus narices, cuando otras matronas les explicaban qué trabajo de las doulas, kangaroulas y asesoras de maternidad ellas no hacían. Dio igual. Ellas erre que erre. Y la mayoría de nosotras, incluidos los Bergman, allí flipando en colores al ver cómo algunas reconocían que ellas no hacen nuestro trabajo, pero que no querían que lo hiciéramos nosotras.
    Al más puro estilo perro del hortelano. Lope de Vega estaría orgulloso.
  • Tienen miedo por su trabajo
    Que sí, que hay crisis, que las plazas de matronas cada vez son más escasas, y pensar en trabajar de forma autónoma es muy duro… Que se lo digan  a las valientes que se han salido del paraguas de “papá administración” y trabajan ofreciendo sus servicios de forma atractiva para que las familias las contraten.
    Estas que nos critican ante el miedo responden  quejándose y atacándonos, de modo que no sólo no consiguen crear más puestos de trabajo desde la administración, sino que, una vez más, intentan que nadie más trabaje por su cuenta. “¿Qué se habrán creído estas listas, intituladas? ¿Que les va a ir mejor que a mi que he estudiado 5 años? Quemémoslas en la hoguera por atreverse a sugerir “ritos” peligrosos como un masaje, acupuntura, cantar o poner incienso. ¿Cómo va a ser eso equiparable a tumbar a una mujer en una sala fría y luminosa, atarla a la cama, ponerle un cable, engancharla a un monitor, cogerle una vía, y sobre todo decirle cómo y cuándo tiene que pujar, y decirle que no chille?”
    Todo esto por supuesto no tiene nada de ritual, salvo en el sentido de que se repite parto tras parto en la mayoría de los hospitales, que se maltrata y ningunea a la mujer de forma sistemática y en grupo, que se le hacen cosas sin explicarle ni pedirle consentimiento, que a veces se hacen maniobras prohibidas por Ley que luego por supuesto, no reflejará el historial médico.
    No sé cuál de las 2 opciones me parece a mí un ritual peligroso, la verdad. Con la Ley española en la mano, lo punible es lo segundo.
  • Les preocupa la salud de las mujeres y los bebés
    Claro, claro, claro.
    Léase el comentario del punto anterior… así para empezar.
    Y luego sigan por aquí:
    Alguien que no respeta el deseo de una mujer de parir con quien quiera a su lado, no sabe mucho de cómo funciona el estrés en el parto. Y si una profesional del parto no sabe eso… no sé si me merece la pena seguir por ahí.
    Y podemos seguir con la No formación en lactancia. O con las que han hecho un curso y saben que “la lactancia es buenísima, es lo mejor” y no saben cómo diagnosticar un frenillo o cómo ayudar si hay un problema por mal agarre o un pezón invertido. Vamos que te dice que des teta, pero como no te salga bien a ti sola, búscate la vida. Eso  o te quedas con lo de: “bueno, mujer al menos lo intentaste. Y tampoco pasa nada por criar con biberón”: Porque claro la opción de : “vamos a buscar a una asesora de lactancia ” es tabú. No vaya  a hacer algún rito peligroso como ayudarte a que tu bebé mame bien y sin que te duela. Porque ya se sabe que las brujas de toda la vida de Dios, tienen esa habilidad que despliegan justo antes del canibalismo.
    A mí una matrona cariñosísima en mi primer parto me dio 2 pezoneras. Fue todo  lo que supo decirme sobre ese tema. Y al día siguiente con heridas en el pecho, otro matrón encantador me mandó ponerme crema. Le dije que qué crema y me respondió:
    -“La que tengas tú de hidratante de la cara”.
    Mejor no os cuento cómo me fue ¿no?.
    Bueno sí. Os cuento que afortunadamente sólo estuve en la clínica 1 día y medio tras el parto y pude ir a buscar ayuda con alguien que sí sabía de lactancia y llegué a tiempo sin dar ningún biberón ni arriesgarme a la confusión tetina-pezón, etc.
  • Les preocupa la “legalidad”
    Si todos los españoles miráramos tanto por las arcas del estado como este colectivo, España no estaría en crisis.
    Yo soy autónoma y pago mis impuestos y emito mis facturas.
    ¿Que hay asesoras y doulas que trabajan sin hacerlo? Pues mira, cada una que haga lo que crea, que me parece que hacienda ya tiene sus propios inspectores. A mí, las matronas me pidieron el dinero de mi parto “en efectivo mejor que por banco”, y no me hicieron factura y no puse el grito en el cielo.
    Podría contaros de matronas que te invitan a dar talleres de porteo pero no te dejan que des tu tarjeta “porque no es ético”, dicen, mientras su sala está llena de propaganda de empresas de recogida de células del cordón, y otras varias. O de las que tras verte 2 veces deciden que ahora los dan ellas  (que ya se lo saben todo muy bien ) y de paso les venden ellas los fulares si surge la ocasión (en dinero B imagino, porque no sé cómo van a facturar una venta dentro del sistema público de salud).

 

Podría tirarme un día entero comentando ejemplos de este tipo, pero ¿para qué?. Quienes  sabéis la verdad no lo necesitáis, y quienes necesitarían leerlo, no lo van a hacer o si lo hacen lo que harán es criticarme, o criticar al colectivo “intruso”. Cualquier cosa antes que mirarse el ombligo y pensar en qué está pasando en nuestro país en el mundo de la maternidad. Por qué cada vez hay más mujeres demandando el trabajo de acompañamiento y/o asesoramiento  maternal fuera del ámbito de la sanidad pública.

Pero eso supondría un ejercicio de autocrítica, y para eso hace falta humildad y verse con los ojos de los demás, no con los propios. Ese ejercicio lo han hecho muchos profesionales que a día de hoy colaboran con asesoras y con doulas. 
No tienen miedo porque saben que su trabajo es insustituible. No tienen miedo porque confían en las madres, en sus derechos y capacidades.

Y ahí está el quid del asunto. Ese es el verdadero motivo por el que se seguirá criticando a doulas y asesoras:

SEGUIMOS NEGANDO A LA MUJER LA CAPACIDAD DE DECIDIR SOBRE SÍ MISMA, SU CUERPO Y SUS PROCESOS

Hemos confundido la asistencia garantizada con la asistencia obligada. 
Cuando leo panfletos como ese lo que creo es que pretenden que quieren defender a las mujeres y a sus hijos y realmente  lo que quieren es seguir tutorizando un proceso íntimo, personal y familiar,  que no es médico. Hemos pasado del paternalismo del obstetra al paternalismo de la matrona. No se qué es peor.

Y ahora voy a escribir no como asesora, sino como mujer y madre. Por nuestros derechos.

  • Tenemos derecho como usuarias del sistema público de salud a beneficiarnos de todos los servicios que esta provee, y tenemos derecho  a decidir cuándo queremos y cuándo no usarlos.
  • Tenemos derecho a que se nos informe de todo lo implicado en cada aspecto del proceso
  • Tenemos derecho a pedir una segunda opinión
  • Tenemos derecho a negarnos a un tratamiento sugerido
  • Tenemos derecho a elegir cómo vivir nuestros embarazos
  • Tenemos derecho a elegir con quién vivirlo
  • Tenemos derecho  a escoger una opción diferente a la mayoritaria
  • Tenemos derecho a que se respeten nuestras  decisiones.
  • Tenemos derecho a mezclar nuestras creencias personales, científicas, religiosas, espirituales o astrales con nuestras vivencia: así que si queremos ingerir placenta,o no, enterrarla o no, o rezar al humo del incienso de la sala o al Cristo del Gran Poder, o a la Pachamama, o bendecir a Isaac Asimov, no tenemos por qué justificarnos, ante nadie, y menos ante alguien que está contratado para atender la parte sanitaria del proceso.
  • Tenemos derecho a que en nuestro parto nos acompañe todo el que nosotras queramos: pareja, hijo(s), amiga, madre, doula, asesora continuum o un notario si nos apetece.
  • Tenemos derecho a que no se nos trate como a pelotas de ping pong que van y vienen entre 2 colectivos enfrentados . Aunque el enfrentamiento lo vea sólo una de las dos partes. Las madres no somos moneda de cambio en luchas profesionales.
  • Tenemos derecho a que nos asista en nuestro parto  matronas muy bien formadas y empoderadas, que saben cuál es su trabajo, que no se sienten amenazadas indebidamente y que saben cuál es el límite en sus atribuciones profesionales.
  • Tenemos derecho a que nos informe de otros profesionales que sepan solucionarnos un problema o aconsejaron ante ua situación que ellas no sepan resolver.

Y como somos adultos plenamente responsables aceptamos las consecuencias de nuestras decisiones.
Así que perdona que no te dé las gracias por intentar pensar y decidir por mi.
Si te preocupa mi salud haz tu trabajo bien, y déjame a mí el resto de asuntos de mi vida.
Si te preocupa tu futuro ten mentalidad emprendedora y no mentalidad de funcionario, o al menos no conmigo y no con mi cuerpo.

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Relato de Parto: Mely

Relato de Parto: Mely

Desde el 6 de mayo del 2009 te disfrutamos entre nosotr@s…

Gracias Universo, gracias Madre Naturaleza, gracias Milagro de la Vida…

Desde hace unos años, contrastando experiencias que me contaban madres que habían parido en casa y madres que habían parido en hospitales, había decidido que quería parir en casa.

Cuando nos quedamos embarazad@s y supimos que, por cuestiones laborales, te daríamos a luz en Gran Canaria, comenzó nuestra búsqueda. En Granada (donde antes vivía) conocía a un grupo de matronas muy apañadas llamadas las Ocean Matronas, pero aquí no conocíamos a nadie que atendiera un parto domiciliario.

Por una de esas fortunas y “causalidades” de la vida, nuestra acupuntora, Adelina, que sería nuestra doula, nos dio una revista llamada +Q9meses y ahí contactamos con Laura y Olga: nuestras matronas o el arte de la invisibilidad… las lié en cierto modo y nos vieron tantas ganas y tan desamparad@s y al mismo tiempo decidid@s a parir en casa sin miedos, que accedieron a acompañarnos en nuestro parto.

Yo había leído tanto sobre el parto. Parecía que estaba estudiando para parir. Sabía (y he comprobado) que mi cuerpo tenía la sabiduría milenaria para parir de forma natural, pero vivimos en una civilización que nos enseña a tener un cuerpo, y sobre todo, un útero, tan rígidos, que quería que mi parto fuera una mezcla de información e intuición. Y así fue.

Así que empecemos el relato…

Mi embarazo fue fantástico y muy saludable hasta el último mes, en el que me pre-ocuparon (qué gran palabra, cuando hay que ocuparse y no pre-ocuparse) porque decían que mi criatura era demasiado pequeña… Por suerte mis matronas decían que la naturaleza es sabia y que para mí, midiendo algo más de metro y medio, era mejor no albergar en mi cuerpo a un cuerpecito muy grande. Pedí al Universo que nacieras san@ y fuerte y con un peso que nos permitiera tenerte en casa y que no te separaran de mí…

No importaba lo grande que fueras, porque sabía que serías una gran gran persona y que tenías mucha fuerza, lo sentía en tus movimientos.

Hice estas afirmaciones reikianas para ayudarte en tu tránsito a esta vida…

Mi parto es placentero

Mi parto es indoloro

Mi parto es natural

Mi parto es vaginal

Mi parto es rápido

Mi parto es en casa

Mi parto es orgásmico

Mi parto me empodera

Mi parto me conecta con mis ancestras

Soy fuerte para mi parto

Mi bebé goza de buena salud

Mi bebé tiene el peso adecuado

Mi bebé se nutre sólo con mi leche

Mi bebé es fuerte

3 somos 1 con el poder del amor

El 14 de abril me hicieron “un palpo” sin explicarme por qué ni para qué, con la excusa de que se suponía que mi criatura pesaba 2 kilos en la semana 37… para decirme que tenía 1 cm de dilatación (que podía perfectamente estar así desde el comienzo de mi embarazo) y el 20% del cuello uterino borrado…

El resultado fue que empecé a sangrar hasta que el viernes 17 expulsé el tapón mucoso…

Puse a todo el equipo de parto, Adelina, Olga, Laura y a Helí, el papá, en alerta… pensé que mi bebé ya venía… y me dio terror pensar que nacieras con 2 kilos y no poder parirte en casa…

Ese día no fue el día que naciste pero empecé a notar más las contracciones “de práctica” y a partir de ahí tuvimos unas cuantas falsas alarmas, una de ellas fue muy fuerte, en la noche del 26 al 27, justo antes de que llegaran tus abuel@s matern@s desde Andalucía… pero esperaste para salir para crecer un poquito más…

Paseando por Las Palmas con mi hermana, a menos de 24 horas de dar a luz

Paseando por Las Palmas con mi hermana, a menos de 24 horas de dar a luz

El día antes de que nacieras, habíamos ido con mi familia a pasear por Las Palmas de Gran Canaria, yo notaba contracciones, pero pensaba que era una falsa alarma como las otras veces, y eso que ya estaba de 40+2…

Las contracciones se fueron haciendo más evidentes a medida que pasaba el día y yo seguía caminando, hablando, haciendo como si nada. Al regresar a casa estaban espaciadas cada 15 minutos pero eran constantes aunque bastante soportables como para que nadie se diera cuenta, porque yo seguía sin decirle nada a nadie.

Esa noche le pedí a mi madre que me hiciera un batido de fresa y melón. Hay que decir que la noche antes de tenerme a mí mi madre se comió casi medio melón. Así que, cuando se le aflojó la barriga en el proceso de parto, como era primeriza y le daba vergüenza que en el hospital se rieran de ella (detalle que dice mucho del trato que se da en general en los hospitales), pensó que era el melón que le había sentado mal, a pesar de estar ya cumplida. Yo en principio fui casi, casi, un melón.

Después de cenar el riquísimo batido, le confesé a Helí, que llevaba con contracciones todo el día, pero que ahora se estaban haciendo más presentes… Nos acostamos a las 12 sonriendo al pensar que quizás esa noche fuera la noche que tú, bebin@, vinieras a nuestros brazos. Yo dormía entre contracciones, hasta que, a las 4 de la mañana, las contracciones no me dejaron dormir más. Empecé a pensar en ellas como “ráfagas”, como dice la matrona Ina May Gaskins, como crestas de olas que tenía que subir, y en mi útero como un pétalo de una flor eternamente abriéndose, como una onda haciéndose grande al caer una gota en un lago, como un mandala circular y espiral…

Relajaba la mandíbula, descolgándola y emitiendo una “a” que al principio casi no sonaba, era casi toda aliento, hasta que se convirtió en una especie de canto que iba a más agudo conforme subía a la cresta de la ráfaga. Normalmente había como 3 notas, como una escala de 3 armónicos.

Me colgaba del fular portabebés que habíamos puesto en el techo, me columpiaba en él, me ponía en posición de oración moruna en la cama.

Fui al baño a hacer caca como unas 14 veces y vomité como unas 4.

Helí me empezó a tocar los puntos de shiatsu que le había dicho Adelina para acelerar las contracciones, uno entre el pulgar y el índice de las manos y otro como 3 dedos sobre el tobillo, en la parte externa de las piernas. Adelina finalmente no pudo estar presente en el parto porque daba un curso en la isla de La Palma, pero yo recordaba sus palabras: “No pienses en las contracciones como dolor, piensa en movimientos de tu útero para sacar a tu bebé y agárrate a los descansitos entre ellas.”

A las 7, pensamos que era hora de llamar a las matronas. Olga tenía turno en el materno y nos dijo que llamáramos a Laura, que ella vendría en cuanto saliera.

Despertamos a mis padres y a mi hermana y yo hice la broma con mi madre de que “me había sentado mal el melón”. La verdad es que el sentido del humor no me faltó en todo el parto y creo que fue una de las claves para que fuera tan rápido.

En todo momento yo te hablaba, mi peque, te decía: “Muy bien bebé, bien cariño, lo estás haciendo muy bien, eres fuerte, mamá está contigo, nos estamos ayudando, gracias…” Y eso hizo que me sintiera en plena fusión contigo.

Invoqué a todas las mujeres del mundo, recordé a mi madre, que había pasado por eso 3 veces, a mi abuela, que lo había pasado 7, a todas mis ancestras, a mi amiga Ana y su parto con fórceps, a mi amiga Tarha de la que tanto aprendí, a mi amiga Sara y su parto en casa, a mi colega Ouardia y su hijita muerta, a tantas, tantas mujeres, e invoqué su fuerza y la energía de todo el universo… Y fue maravilloso e increíble sentir que me llegaba.

Aunque Adelina no pudo estar en el parto, tenía su “tense”, una especie de electrodos que , puestos en la espalda, calmaban las contracciones. Pero, como otros datos risibles en mi parto, casi no tenía pilas y yo lo tenía al máximo porque no notaba apenas su vibración. Le cambié las pilas cuando me di cuenta pero sin bajar la intensidad y… ¡menudos calambrazos me dio! Fueron mis únicos gritos en la dilatación, así que reboleé el “tense” hacia un rincón de la habitación donde me lo encontré al día siguiente y me partí de risa recordando el momento.

Llegó el abuelo paterno a por mi familia. Empezaba a perder la conciencia del tiempo y a entrar en un estado sutil de conciencia, de meditación profunda, de otro tipo de ondas cerebrales…

Sentí el telefonillo, serían las matronas, o al menos una de ellas… Desde que llegaron, primero Laura y luego Olga, su “presencia” era como angelical, como espiritual, casi como una ausencia. Estaban sin estar.

“¿Dónde está?”, escuché que Laura preguntaba a Helí en el pasillo.

“Qué guapa estás”, me dijo Laura después de abrazarme. Fue una de las pocas frases que salió de su boca en las 3 horas que pasaron hasta que di a luz. Me preguntó si había roto aguas. “No sé”, dije, y al instante pisé un charco en el empapador sobre la cama y rectifiqué, “creo que sí”. Olí mi líquido amniótico, sin saber que así me estaba estimulando el proceso del parto. Más tarde supe que incluso chuparlo me hubiera ayudado aún más.

Calculé que serían las 8, o quizás no… Yo veía que amanecía, cada vez más luz, pensaba “es tu primer día bebé, qué momento más bonito para empezar a nacer.” Pero pensaba al mismo tiempo que quedaba mucho, pero que mucho. ¡Yo era primeriza! Y había escuchado y leído sobre partos de primerizas que duraban 12 horas, 1, 2, 3 días… El tuyo, bebin@, duraría apenas 7 horas.

Todo pasaba deprisa y como en un sueño (¡qué razón tuvo Laura al describir su primer parto como “el estado de meditación más profundo que conocía”!). Volví a vomitar y pensé que vomitar era como lo peor, por lo mal que me sentía al hacerlo, y, al mismo tiempo, lo mejor, por el alivio tan grande que me daba luego. Pensé: “¿Es éste el momento que llaman la transición? Muchas mujeres vomitan en este momento… Pero ya había vomitado tanto, que no sabía…

El fular del que me colgué y columpié al principio de las ráfagas

El fular del que me colgué y columpié al principio de las ráfagas

Laura me sugirió que me diera una ducha y a por ella fui, y de ahí en adelante me quedé desnuda, no soportaba el roce de la ropa, me sentía salvaje, instintiva, animala… Laura pidió a Helí algo para quemar, para descargar el ambiente, y encendieron una vela bajo la esencia de jazmín… qué rico olía… ese olor se mezclaría con el olor a parto, a ti, mi criatrua, y a mis entrañas, un olor que se quedó en la habitación un buen tiempo…

Me pareció escuchar a Helí pasando la aspiradora y pensé “¿qué hace este hombre haciendo eso ahora?”. Luego me enteré que era el inflador de la piscina, y que tardaba tanto en inflarla porque, con los nervios, mientras la inflaba por un lado… la desinflaba por el otro que no tenía el tapón puesto…

Escuché de nuevo el telefonillo, mezclado con mi canto en cada ráfaga. “Olga”, pensé, “eso quiere decir que son más o menos las 9,30” (ella salía del materno a las 9). Luego Helí me dijo que llegó casi de puntillas, pidiendo permiso para entrar, se cambió de ropa calmosamente y bebió agua, toda tranquilidad y serenidad como es ella.

Laura me seguía a todos lados controlando los latidos de Dafne con su Sonicaid acuático, mientras yo le preguntaba si mi bebé estaba bien “sí, todo va muy bien, perfecto”, me respondía; y Olga me echaba agua en el útero en cada contracción. Yo me rendía a cada ráfaga, me estiraba en los descansitos y los agradecía al universo. Respiraba intentando llevar el oxígeno a cada músculo tenso, resoplaba como un caballo, echaba el aire poquito a poquito como a través de una pajita para aprovecharlo todo.

Mirándolas a las dos, a Olga y a Laura, pensé que eran como dos almitas silenciosas, dos angelitos que discretamente me acompañaban sin intervenir.

Decidí darme otra ducha y le pregunté a Laura si podía llenar la bañera y quedarme ahí. “Claro, como quieras” me respondió.

Mientras, Helí, el papá, parecía una sombra veloz por el pasillo con ollas, teteras y manguera para llenar la piscina. Más tarde me contó que incluso se pegó un par de resbalones en el pasillo. El pobre controlaba al mismo tiempo el camping gas, la vitro de la cocina, la kettle y la manguera. Yo no paraba de preguntar “¿me puedo meter en la piscina?” y una de mis dos matronas decía, pacientemente, “todavía no”. “¿¡Todavía no tengo 5 cm, por Dios!?” pensaba para mí. Y con ese pensamiento, miré a Laura tras una de las ráfagas, hice el símbolo de los cuernos con la mano derecha y dije “Esto es Heavy Metal”. Laura se partía de la risa. Y lo mejor es que, no es que yo no tuviera aún 5 cm de dilatación (mis matronas-angelitas nunca me exploraron, cosa que agradezco, porque yo sólo quería moverme libremente) es que… ¡iba todo tan rápido que no daba tiempo a llenar la piscina!

Empecé a notar que la pelvis se me ponía en retroversión (recordando al mismo tiempo a Dory, la rehabilitadora de suelo pélvico del hospital Negrín) y que tenía ganas de empujar. “¿Debo empujar? ¿Es esto el expulsivo?”, pensaba. Inmediatamente, me dije que era una ilusa, que aún me quedaba mucho, pero al mismo tiempo, dejé que mi cuerpo hiciera lo que quisiera y, si quería empujar y las matronas no me decían lo contrario, que empujara. Luego me di cuenta de que en ningún momento sentí que “empujaba”, era mi útero el que hacía todo el trabajo. Era increíble cómo mi culo se iba hacia adelante en cada ráfaga.

La piscina donde di a luz…

La piscina donde di a luz…

Pregunté por enésima vez si podía meterme en la piscina. “Todavía no, falta poco” dijo Olga, creo. “¿¿¡¡Aún no tengo los 5 cm esos!!??” Y se me cruzó brevemente por la cabeza (esa cabeza que nos juega malas pasadas) si no había sido demasiado “gallita” al rechazar toda analgesia y anestesia para el parto (para colmo, Adelina y sus agujas de acupuntura no estaban y el “tense” yacía en algún rincón escondido de la habitación) y si me iba a rajar con tanto deseo de empujar y menos de 5 cm de dilatación. Desterré ese pensamiento rápidamente y volví a invocar a mis ancestras que, durante siglos, milenios, habían parido “a pelo”… como yo ahora. Me sentí muy fuerte de nuevo y muy fusionada a ellas a través del espacio y del tiempo.

Por fin, llegó Olga y me dijo que podía entrar en la piscina (para entonces, ya una de las veces me había dicho que era porque no estaba lo suficientemente llena, para mi alivio)

Fui por el pasillo como pude, no sé si incluso me vino una ráfaga en medio. Entré en la piscina y vi que el nivel del agua estaba a la mitad del indicado. Sonreí para mí. Como Laura me abanicaba y Olga seguía echándome agüita calentita en el útero en las contracciones, dije: “Me siento como la reina de Saba”. Laura sonrió y respondió: “Lo eres, lo eres”.

A partir de ahí todo fue rapidísimo. Vino una ráfaga y vi a Olga y a Laura recoger una caquita con el colador. “Mirad, qué bebé más pequeño he tenido”, dije riendo. Ellas también rieron. En la siguiente ráfaga le dije a Laura: “¡Cómo quema!”, recordando lo que me había contado ella de su primer parto. Llegó otra ráfaga (yo diría que fue la tercera desde que me metí en la piscina) un poco más fuerte que las demás en la que yo me dije “bueno, esto no ha hecho más que empezar”.

¿¿¡¡Todavía no tengo los 5 cm ésos!!?? Esto es Heavy Metal…”

De pronto, sentí como si alguien me abriera las caderas por atrás. Yo había adoptado, no recuerdo cuándo ni cómo, una postura muy cómoda, de rodillas, con las rodillas separadas y los pies juntos, sentada sobre el culo y los talones y con el tronco muy erguido y cantando mis armónicos hacia el cielo. Instintivamente, me toqué entre las piernas. “¡Una cabeza con pelo!”, dije, y grité “¡Helí!¡Helí!”. Laura dijo: “¿Quieres que venga Helí?”. “Sí”, respondí. Laura salió al pasillo: “Helí, te llama”. Él llegó rápido pensando que lo llamaba para agarrarme en las contracciones. Cuál sería su sorpresa cuando cogiendo su mano le hice tocar “la cabeza con pelo”. Yo repetía aquella frase rompiendo en carcajadas de éxtasis, de placer, de incredulidad por lo rápido que había sido todo. Me había imaginado mucho más dolor. El pobre Helí, al verme carcajearme, pensó que me había vuelto loca del dolor. No había tanto dolor. Yo, que he tenido ortodoncia, he conocido visitas al dentista peores…

El tiempo de descanso fue muy breve esta vez y papá ya no se movió de mi lado, de nuestro lado. Estaba detrás de mí, fuera de la piscina. Le miré, reí, le besé y llegó otra ráfaga. Me aguanté el clítoris hacia arriba y chillé tan agudo (el más agudo de los armónicos que había cantado) que pensé que llegarían los vecinos o la policía, y me dio igual. Laura me cogió la mano y captó mi mirada y dijo conmigo “ah, ah, ah” como si fuera un perro con la lengua fuera. Eso me ayudó mucho para destensarme, pero volví a emitir el agudo porque se me desgarraron un poquito los labios al salir tu cabecita, mi bebé, mirando hacia abajo. Te giraste sol@ y abriste los ojos mirándonos desde dentro del agua, imagen que se nos quedaría grabada para siempre. Reí a carcajadas. “No me lo puedo creer”, repetía. Éxtasis. Orgasmo.

En ese único momento me dio pánico. Sentía las piernas y los brazos de mi bebé agitándose dentro de mí. “¿Qué hago?”, pregunté. Las matronas, en una de sus poquísimas indicaciones rieron y creo que fue Laura quien dijo: “Empuja un poco más, ya está”. “Ah, pero, ¿yo he empujado?”, pensé. Una ráfaga y un chillido más y saliste hasta la cintura, una ráfaga y un chillido más y el resto de ti ya estaba fuera. Tú sobre mi pecho, llantos de alegría mezclados con risas, papá besándonos, Olga y Laura abrazándose llorando, el tiempo se detuvo… Explosión de alegría y placer. Tú no lloraste, sólo tomaste aliento y respiraste. Tú ya estabas aquí. Tú.

Después de que salieras todo fue muy rápido y como un sueño. Te tuve entre carcajadas pegadit@ a mí, te besaba sin parar, no paraba de olerte (aunque me dieron ganas de lamerte, otra vez sin saber que la ingestión del vérnix contribuye a mejorar el estado físico y anímico en el postparto)

Pregunté la hora: “Son casi las once”, me dijeron. “No me lo puedo creer”, fue mi repetitiva respuesta aún entre risotadas. 7 horas de parto. Qué bien que olías, no podía parar de olerte.

“Vamos a ver qué es, que aún no lo hemos visto”, dije refiriéndome al sexo del bebé, que habíamos decidido no saber hasta el parto… Mi mirada miope buscó en la oscuridad del cuarto (que era como un gran útero) y mi mano palpó algo que me parecieron 2 huevecilllos… “¡Es un niño!”, dije. “Hola Garoé (ese era el nombre de niño elegido)” “Bienvenido Garoé” “¿No quieres tetita, Garoé?”…

Y tú pasabas de nosotr@s y te dedicabas a mirar a tu alrededor. Seguíamos metid@s en la piscina, y, aunque habían añadido un poco más de agua caliente, al rato se empezó a enfriar.

“¿Quieres salir ya?”, me preguntó Olga o Laura, no recuerdo quién. Dije que sí y me ayudaron hasta la cama, yo seguía contigo en brazos porque seguíamos enganchad@s con el cordón y con tu placenta aún en mi interior. En la cama, alguien (¿quién?) había dispuesto primorosamente todos los cojines, almohadas y almohadones de la casa para hacerla más confortable. “Mi intuición no me ha fallado, me decía que tendría un niño”… (la de papá decía que serías una niña…)

“¡Mami, que soy una niña!” Dafne a las 3 horas de vida, aproximadamente

Te habían envuelto en dos toallas calentadas en el calientatoallas y… seguías siendo “un niño”. Cuando ya estábamos l@s tres acomodad@s en la cama, papá dijo: “A ver, que le vea la cuca”… y cuando miró tu vulva toda hinchada exclamó… “¡Mely! ¡¡Pero si esto es un chocho!!”

Las matronas rieron. ¡Ayyyyyy! ¡Pobre mía! Te besé, te pedí perdón, supliqué para mí misma que esto no te creara ningún trauma futuro. “Perdona, Dafne, esta es la madre despistada que te ha tocado”. Laura dijo: “A mí ya me había parecido que era una niña, pero no quise contradecir a una madre” Yo entonces dije que me alegraba de que fuera una niña por tanta gente que me había dicho que “Como estaba muy guapa embarazada, sería un niño”… (jodido machismo patriarcal hasta antes de nacer…)

“Perdón, Dafne(el nombre de niña elegido), perdón” “Hola Dafne” “Bienvenida Dafne” “¿No quieres tetita, Dafne?” y tú, como buena mujer guerrera, segura de su identidad de mujer, ya que tu sexo había quedado claro, entonces y sólo entonces… mamaste por primera vez, mientras yo tenía las últimas contracciones y daba los últimos empujones para expulsar la placenta… ¡Qué grande era! La vi y me dieron ganas de comérmela. Y ahí llegó Olga con su bisturí y nos dio de comer cachos de placenta… Qué rica estaba y qué bien sentaba… Sabía como a sudor limpio, como al olor de cuando hacemos el amor, como a mí… Pero de nuevo, al igual que al pensar en lamerte, “me vi desde fuera” y dejé de comer. El neocórtex me empezaba a jugar malas pasadas y a sacarme de la profundísima meditación que fue mi parto.

Olga y Laura me dijeron que mi periné estaba intacto pero valoraron si darme o no un punto de aproximación en mi labio derecho que se había desgarrado un poco. Me consultaron y al final decidimos que sí. Aprovechando que estaba “endorfinada” (¡viva la droga natural!) me dieron el punto y salieron de la habitación, dejándonos sol@s por primera vez a l@s tres… Helí sonrió y él y Dafne se durmieron… Yo no podía, tenía las pupilas como naranjas, así que me dediqué a contemplar a mi bella familia, recién estrenada.

De izquierda a derecha, Olga, yo con Dafne en el fular 3 horas después de parir, y Laura. Sobre la mesa, el despliegue nutritivo propio tras una noche de trabajo de parto.

De izquierda a derecha, Olga, yo con Dafne en el fular 3 horas después de parir, y Laura. Sobre la mesa, el despliegue nutritivo propio tras una noche de trabajo de parto.

Las matronas entraron al rato y nos enseñaron a mí a pinzar el cordón y a Helí a cortarlo. Tras pinzarlo, salí sola por primera vez, sin Dafne dentro ni encima, fui al baño a hacer pipí y me pesé: 52k 200g. Volví cuando Helí había acabado de cortar el cordón y me puse a Dafne en el fular portabebés elástico y la arropé bien con mantitas encima. Salí de nuevo con ella colgada y me dirigí al baño, para pesarme otra vez: 55k 600g… ¡3k 400g de diferencia! Menos mal que iba a tener una criatura pequeña… Restando el peso de fular y mantitas, calculamos que Dafne pesaría unos 2k 900g. Como tod@s teníamos un hambre voraz, nos dimos un desayuno-almuerzo (eran casi las 2) de homenaje. Nos hicimos nuestras primeras fotos y, como la familia estaba a punto de llegar, las matronas se fueron.

Helí cogió a Dafne por primera vez y se quedó dormido en el sofá con ella encima, también dormida. Yo seguía sin poder dormir de puro endorfinamiento, con una sonrisa de felicidad que no me cabía en la cara y un “subidón” increíble. Lo había conseguido. Confié en mi cuerpo y en el saber impregnado en mis genes generación tras generación y había parido sin drogas, sin dolor, sin problemas, en casa; había tenido el parto que yo quería. Era todo un sueño hecho realidad. Miraba a Dafne y era una mezcla de “no me lo creo” y “te conozco de toda la vida y es como si siempre hubieras estado aquí a mi lado”…

De pronto, tocaron el timbre y Helí se despertó y dijo que él abría. “No, déjalo, tú tienes a la niña encima, voy yo”, dije.

La imagen de la nueva y feliz familia dice más que todas estas palabras…

Cuando entraron nuestras familias, no podían creer que fuera yo la que estuviera abriendo la puerta ni la energía que tenía. “¿Tú no tenías que estar acostada?”, dijeron casi regañándome. “¿Yo?, ¡pero si estoy estupendamente!”, contesté. Al ver a Helí tumbado en el sofá con Dafne encima dijeron: “¿Pero aquí, quién ha parido?”

Esa noche, con lágrimas saltadas Helí me dijo: “Gracias. Es lo más bonito que han hecho por mí.” Ya acostad@s nos sonreíamos y repetíamos: “Qué bonita es…”

Mi amiga Mayma Namar, que sabe mucho de calendario maya, me había dicho que tú habías nacido bajo el sello de Noche Magnética, y que traías contigo el poder de la abundancia… Traías tu generosidad para que nos sintiéramos tan abundantemente llen@s de amor…

La madrugada del 8 al 9 de mayo, tu tercera noche durmiendo con nosotr@s, sobre la hora de la entrada de la luna llena, me desperté y vi que tenías (por “causalidad”) las dos manos en la misma posición: el pulgar unido con el índice y el resto de los dedos extendidos, como si fueras a emitir un “om”, como un mudra de meditación…

Nuestra familia fue desde el principio muy armónica y abundantemente feliz.

Así naciste Dafne. En nuestra casa. Sin más drogas que la oxitocina y las endorfinas que mi propio cuerpo producía. Sin adrenalina. Sin prisas. Sin rellenar formularios. Sin episiotomía ni desgarro perineal. Sin siquiera exploraciones. Laura y Olga dijeron que bastaba oírme para saber que estaba en trabajo de parto. “No hacía falta decirte nada, has tenido un parto de libro”, añadieron más tarde. Había parido sin órdenes y con la seguridad que daba su compañía, sabiduría, sensibilidad y profesionalidad… en silencio…

Y su silencio fue mi mejor ayuda. Gracias por estar sin estar. Porque mis matronas me respetaron y entendieron que mi parto era mío. Igual que cada parto es de cada una de nosotras, mujeres. Sólo necesitamos darnos cuenta de que tenemos la sabiduría ancestral milenaria para tomar posesión de él.

Gracias a Mely y Helí por su generosidad al compartir su relato.

Carta de Carmen Pascual (Comadrona)

Carta de Carmen Pascual (Comadrona)

 

Mi nombre es Carmen Pascual Calle, y soy matrona.
Después de la especialidad trabajé 4 años en un hospital de Zaragoza. Allí me dí cuenta de que la mayor causa de complicaciones en el parto provenían del miedo que sentía la mujer por el desconocimiento del proceso y el desamparo al encontrarse en un medio desconocido para ella.

Cuando tomaba el relevo con las compañeras y me daban el parte, siempre había alguna mujer en situación apurada: nerviosa, con fuerte sensación dolorosa y sin progreso en la dilatación, con muchas horas de trabajo de parto. En la mayoría de los casos bastaba con sentarte a su lado, comprender su situación y hacerle ver que ibas a estar con ella para ayudarla. Esto le tranquilizaba, y junto con algunas indicaciones sencillas de cómo utilizar la respiración para relajarse era suficiente para que cambiase completamente su situación: menos sensación dolorosa, progresión en la dilatación, etc…

Viendo claro por qué les resultaba tan difícil parir a algunas mujeres, decidí después de 4 años en el hospital dedicar un esfuerzo a formar a las mujeres para que no tuvieran miedo al parto y que colaboraran con su instinto para parir y también que consideraran a los ginecólogos y matronas sus aliados, sobre todo si se complicaba el proceso.

Los años que estuve trabajando formando a los padres para que tuvieran un parto normal fueron muy fructíferos. Entonces no se aplicaba la epidural y las mujeres aprendían técnicas de relajación, posturas y otras técnicas como el masaje lumbar y sacro o la aplicación de calor para aliviar la sensación dolorosa. Tengo que decir que un porcentaje alto de mujeres tenía un parto normal, con poca sensación dolorosa, debido al grado de relajación que alcanzaban.

Un buen día, apareció por mi centro de preparación al parto una mujer gestante de su segundo hijo. Se la veía sana y fuerte y me contó su experiencia del parto del primer hijo: muchas horas de dilatación, contracciones muy dolorosas e inmovilizada en la cama con gotero de oxitocina y monitor. Ahora no quería exponerse a pasar otra vez por la misma experiencia y me expresaba su deseo de parir a este hijo en su casa.

Nunca hubiera pensado que en pleno s.XX hubiera mujeres que quisieran parir en casa ( luego me enteré que en otros países era una práctica habitual). Me llamó la atención su firmeza (su marido la apoyaba). Así comenzó mi andadura de la asistencia al parto normal en los hogares de los padres.

Éste, mi primer parto en casa (año 1985) lo dirigió totalmente la mujer. Cuando me llamaron ya estaba con 4 cm. de dilatación; expresó su deseo de meterse en la bañera (la bolsa estaba íntegra). En la bañera terminó de dilatar, saliendo para el expulsivo. Espontáneamente se colocó en cuclillas y hacía los pujos cuando tenía contracciones, progresando el niño en el canal del parto con facilidad: yo estaba muy sorprendida de ver que no ” me necesitaba”, ella estaba concentrada en su trabajo y sabía en cada momento lo que tenía que hacer. Entonces tuve en ese instante la certeza de que la mujer sabe parir y el bebé sabe nacer. Yo le escuchaba el bebé para comprobar que estaba bien y nada más, el resto lo hacía ella sola, sabedora de su capacidad natural para traer a su hijo al mundo. Cuando la cabeza empezó a ser visible en la vulva yo le sugerí que se recostara para yo poder proteger su periné y que no se rasgara ( pues me había pedido, si era posible, no cortar), y así vino al mundo Ángel. Nunca se me olvidará este parto, ni los 300 y pico que siguieron después. Gracias a todo lo que me han enseñado las mujeres y no por mérito propio puedo decir que me considero una experta en la atención del parto normal. Han sido experiencias extraordinarias .”Las mujeres y los niños enseñan cosas que no vienen en los libros” El arte de atender el parto normal lo debo a las mujeres, es como un tesoro que no me pertenece ya que lo considero como un patrimonio que ellas deben heredar.

Cuando hace un par de años nos convocaron a las matronas de Atención Primaria a un centro hospitalario de Zaragoza para comunicarnos que el departamento de partos estaba abierto y a favor del parto normal, ( Sanidad ya había publicado su comunicado de Estrategias para la asistencia al parto normal), lo primero que me sorprendió fue que no había ninguna matrona del hospital en la reunión, así que mi alegría se vuelve recelosa, pues no entiendo cómo no están presentes ellas que son las protagonistas del parto normal… Me hubiera sorprendido lo mismo si nos hubieran reunido para hablarnos de cómo aplicar un forceps, una ventosa o practicar una cesárea…técnicas que como todo el mundo sabe, son exclusivas del ginecólogo y que ellos aplican con maestría.

Cuando leo o escucho los cambios “estructurales” que algunos piensan que hay que hacer en los hospitales para llevar a cabo el plan de asistencia al parto normal, veo lo lejos que están de comprender lo que verdaderamente se necesita: lo más esencial para que se pueda dar el cambio es que primero haya un cambio en sus mentes. Que vean a la mujer capacitada para parir bien sin complicaciones y que ellos “colaboren” , respetando lo que las mujeres demanden: las que se vean capaces y quieran parir sin goteros de oxitocina, ni epidural, que les proporcionen el ambiente adecuado: libertad de movimento y la dejen ser a ella protagonista.

Las que quieran parir con epidural, etc… el mismo respeto, siendo ellos-as los que en estos casos apliquen los protocolos pertinentes.

Así que pienso que lo más importante y decisivo para que se den cambios es cambiar primero la mente ( esto es difícil para algunas personas que no quieren soltar los riendas).

Cuando uno cambia la manera de pensar respecto de algo, se ven las cosas claras y se pasa a la acción, así es fácil, fluye la creatividad y entonces se pasa a hacer cambios estructurales que no son grandes, ni complicados; lo puedo asegurar.

En las Sagradas escrituras se nos dice que “no se echa vino nuevo en odres viejos, pues de otro modo los odres revientan, el vino se derrama y los odres se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en odres nuevos, así, ambos se conservan ” (MT 9, 17). Ya pueden hacer cambios estructurales costosos y aparatosos (que no son necesarios) , que si ellos no han cambiado sus mentes, fracasarán, pues querrán meter a la mujer en una hermosa bañera con los viejos prejuicios…porque …¿quién realmente dirige el parto?: la mujer, si la dejan desplegar su potencial, junto con su bebé, ( que por cierto sabe nacer) …o los que estamos al otro lado?

Pienso en el dineral que se ahorraría en las maternidades si todos los profesionales aunáramos esfuerzos para proporcionar a las mujeres un ambiente adecuado para permitirles que su sistema hormonal trabajase bien, no se necesitarían goteros de oxitocina porque el cerebro segrega su propia oxitocina, ni se necesitaría analgesia o anestesia, porque el cerebro segrega endorfinas (su propia analgesia)

La epidural, indudablemente, es un adelanto cuando se aplica en momentos puntuales, y por supuesto, a las mujeres que la soliciten, pero tendríamos que respetar a aquellas mujeres que deseen traer al mundo a sus hijos de manera natural.

El parto dura unas horas, pero cuando la madre se va a casa con su bebé y ya se le ha pasado el efecto de la epidural, se encuentra con todos los efectos secundarios: perinés inflamados, puntos a veces infectados, sobre todo cuando se han aplicado forceps o ventosas (desde que se está aplicando la epidural de forma sistemática han aumentado considerablemente los partos instrumentales), pechos ingurgitados porque los niños están muy adormilados y no los vacían, con lo cual se abandonan muchas lactancias. Sé que hay pediatras que cuando ven a un niño muy adormilado que tiene dificultad para mamar, van al historial de la mujer para ver cómo ha sido el parto.

Y siguiendo con lo del ahorro sanitario quiero decir que en la mayoría de los casos a un parto normal, sigue un postparto normal y una lactancia satisfactoria y casi siempre prolongada: lactancia exclusiva hasta el 6º mes y siguen con lactancia algunos meses más completando con otros alimentos. Dicen los pediatras: “Da gusto con los bebés de lactancia materna, pues sólo los traen para las revisiones del niño sano.

Por todo esto me hago las siguientes preguntas:
1-¿Por qué , a diferencia de otros países donde la matrona tiene la competencia exclusiva del parto normal, en España no es competencia exclusiva de la matrona?

2-¿Por qué en vez de complementarnos y aprender unos de otros en un clima de confianza y respeto , a veces se rivaliza como si fuéramos enemigos? (hacemos bandos)

Siempre habrá mujeres que quieran parir con toda la tecnología a su servicio, y es muy respetable, pero con el mismo respeto debería tratarse a la mujer que lleva un plan de parto, pues no tendría que llevar un plan de parto por escrito, si se diera por sentado que ” es un derecho que ella tiene, si se ve capaz y quiere parir con sus propios medios”. No se le debería mirar como a un bicho raro ni mucho menos “castigarla ” por atreverse a decir ella cómo quiere parir.

Aquí , quiero hacer un inciso para aclarar que nunca se debería enfrentar a las mujeres con el hospital, o si son ellas las que muestran hostilidad hacerles ver que en el hospital están ( deberían estar) a su servicio, y si surge alguna complicación, es el sitio más seguro donde están todos los medios para hacerles frente.

La radicalidad y el fanatismo no son buenos en ningún campo, ni por parte de la mujer ni por parte del que atiende el parto, pues entonces la asistencia al parto se convierte en un campo de batalla donde cada uno ataca y se defiende como si el otro fuera su enemigo.

Creo que unos y otros deberemos aprender a ser un poco humildes y a tratarnos con respeto. El sanitario, que sepa ver el potencial de la mujer para llevar a cabo un proceso fisiológico sin complicaciones, y, la mujer, que vea en el ginecólogo y la matrona personas preparadas para darles apoyo y ayudarles en caso de complicaciones.

Así se daría un mejor servicio, pues cada mujer y cada ser humano que viene al mundo son únicos y ellos se merecen lo mejor. Por último decir que soy mujer de fé. Mi modelo es Cristo, que siendo el hijo de Dios, fue el más humilde y nos dijo: “El que quiera ser el mayor entre vosotros, el que quiera ostentar el mejor puesto, que sea el servidor de todos.” (Mt.20,26) Sólo el más humilde puede ser servicial (que no es lo mismo que servil).

El conocimiento sin humildad se convierte en despotismo. Me gusta soñar con un servicio de obstetricia en nuestros hospitales donde cada vez se atiendan más partos normales con el consiguiente ahorro de energía del personal, reparto de responsabilidades, ahorro económico y mayor bienestar y contento para todos.

¡Ojalá que no tengan que pasar muchos años para que este sueño se convierta en realidad!

 Carmen Pascual
(Comadrona)

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Fotos Taller Porteo

Fotos Taller Porteo

Taller en el grupo de Lm "Cono Sur" en el CAP "El Lasso"

Taller en el grupo de Lm “Cono Sur” del CAP El LAsso

Muchas mamás y papás se preguntan en qué consiste un Taller de Portabebés. Básicamente se trata de explicar los beneficios de llevar al bebé cerca y de enseñar de qué manera hacerlo para que sea cómoda y segura para el bebé y la persona que lo lleva.

Dependiendo de qué tipo de personas acuden al Taller la parte teórica es más o menos extensa… hay padres a los que primero hay que convencer de que coger a su bebé no es malo… desgraciadamente esa idea está muy extendida en nuestra sociedad… aunque cada vez más me encuentro con grupos de padres que ya están “convencidos” y que sólo quieren aprender a hacerlo bien…

Algunos de estos talleres se imparten en los propios Centros de Atención Primaria, gracias a las matronas. Estas profesionales de la salud tienen un papel fundamental en hacer que esta información llegue a los padres, ya que son las personas que entran en contacto con las mamás (y papás) desde el comienzo y a lo largo de todo el embarazo. Los primeros días y semanas de vida del bebé son muy especiales y ¡qué bueno es contar con toda esta información a tiempo!

Taller con embarazadas en Vecindario

Taller con embarazadas en Vecindario

En estos talleres con embarazadas me gusta explicar la importancia del “Contacto Piel con Piel” y centrarme bien en el tema de la postura correcta del recién nacido. Después pasamos a una parte práctica para que conozcan los diferentes tipos de Portabebés correctos que pueden elegir.

Cuando es un grupo de papás ya con bebés… nos centramos más en la parte práctica… para que puedan “probar”.

MOstrando el atado africano

MOstrando el atado africano

Aquí podéis ver fotos de cómo estos papás experimentan cómo es llevar a sus bebés con un fular por primera vez o cómo aprenden nudos nuevos.

Su primera vez a la espalda

Su primera vez a la espalda

... y asi de bien!!!

… y así de bien!!!

LOs papás también aprenden:

Para ser la primera vez está genial!!!

Para ser la primera vez está genial!!!

Por si hace frio fuera...

Por si hace frío fuera…

Algunas practican antes de tener al de verdad con un muñeco…

Poner el bebé a la espalda no depende de la edad del bebé… sino de la confianza y seguridad del portador…

Otras mamás con diferentes fulares:

Y mientras los demás por ahí disfrutando del buen ambiente….

Fue un rato estupendo aunque no pude dedicar a cada mamá todo el tiempo que me hubiera gustado… pero creo que sirvió para que muchos bebés y papás pasaran un buen rato y como ya he dicho… para crear algún que otro portabebeadicto más….

Gracias a Virginia que hizo las fotos… (que a mí siempre se me olvida la cámara…) por eso no sale en ninguna… ¡Un encanto de mujer y una gran profesional!

Y gracias a los papás y mamás que me dejan disfrutar tanto mientras intento trasmitirles lo poco o mucho que sé sobre estos temas.

Y sobre todo gracias a mi hijo por quien descubrí este apasionante mundo…

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