Partos programados

Partos programados

Vas a llevar a tu hijo al colegio, con tu pequeño en brazos, a la teta y no puedes evitar oír la conversación que tienen otras madres cerca de ti.

“Esto de los partos programados es una maravilla. Vas ahí ya el día que te dicen. ¡Es el futuro!”

Son madres, como tú. Viven en tu barrio. Tienen más o menos tu mismo nivel socioeconómico. Probablemente el mismo nivel educativo. Son mujeres de tu misma edad. Han vivido en la misma época que tú. Se han enfrentado a prácticamente las mismas experiencias. Nacieron y se criaron más o menos en el mismo entorno social y cultural.
Son como tú.

Pero tú oyes esa frase y algo se te revuelve por dentro.
Miras a tu bebé y lo abrazas. Recuerda quizás, la cicatriz de tu primera cesárea y lloras. Quizás lloras sólo por dentro, sólo para ti, pero lloras.

EN ese momento lloras por ti, por tu parto que no fue, por tu cicatriz que es algo más que una línea marcada en tu cuerpo. Lloras por todo lo que lloraste después. Lloras porque te sentiste culpable mucho tiempo. Y tonta. Te sentiste tonta por creerlo todo. Por no preguntar más. Por no investigar más. Por no buscar más.  Lloras porque recuerdas el dolor y la impotencia  de tener que  atender a un bebé con un cuerpo dolorido y convaleciente. Porque en vez de sentirte fuerte, poderosa y protectora, te sentías vulnerable y débil.

Lloras con miedo recordando lo que has oído tantas veces :  “como fue cesárea, no te va a subir la leche”. Lloras porque un día, decidiste mirar tu herida y saber la verdad. Lloras porque recuerdas la rabia e ira que sentiste cuando ibas desentrañando la gran madeja de mentiras que nos han contado sobre nosotros, sobre nuestros cuerpos, sobre si podemos o no parir, sobre las ventajas de no sufrir el parto. Lloras porque te sentiste estafada. Lloras porque lo que te robaron nunca lo recuperarás.

LLoras todo eso otra vez y respiras hondo mientras piensas en aquel bebé,  en tu primer hijo. Ahora un niño alegre, risueño, cariñoso y feliz. Piensas en todo aquello que no te pudieron quitar. Piensas en que todo ese llanto fue el combustible que alimentó  tu fuerza para no dejar que te robaran más, para no ceder ni claudicar en el resto de decisiones sobre tu hijo y cómo criarlo.

Te quitaron tu parto sí, te rajaron sí, os separaron sí, pero una vez que lo abrazaste se quedó en el lugar de donde no debieron llevárselo nunca. Recuerdas esas horas interminables de teta y abrazos. Recuerdas  que el tiempo pasaba mirándole dormir en tu pecho, acariciándole, cantándole y contándole…


Recuerdas a la gente que te decía: “¿otra vez?”, “¿Es que siempre lo tienes que llevar en brazos?” “¿por qué no lo dejas dormir en su cuna?” Y recuerdas que tú les mirabas con pena:
Pobre gente… no saben, no entienden. No se dan cuenta del placer que sentís, de la paz que te da saber que está ahí, contigo, en tus brazos, calmándose y colmándose  con tu cuerpo.


Curaste esa herida  a base de amor y cariño. A veces aún duele, como hoy. Pero ya no duele igual. Ya no te duele tanto la tuya. Te duelen, a veces, las otras. Te duele que se siga haciendo ese daño que tú viviste a personas que ni siquiera son conscientes de ello.

Cuántas veces has contado cómo tú te despediste del hospital regalando bombones: “Qué atentos fueron conmigo, y qué amables”, decías.

Y ahora escuchas a esas mujeres y te duele su ignorancia. Te duele su inocencia. Te duele su credulidad. Te duele su desconexión. Te duele su dolor. Ese que quizás ella nunca sientan ni lloren. Porque sabes que un dolor que no se siente ni se llora nunca se cura.

© nohemi hervadaY miras sus ojos y ellas te miran y saludan con la mirada, sonríen mirando a tu bebé. Y tú  abrazas a tu bebé y les sonríes. Y deseas que tu sonrisa les hable. Y besas la cabecita de tu bebé, este que te regaló con su llegada una de las vivencias más increíbles de tu vida. Ese ser que te devolvió la fe en ti misma. Ese que te dijo sin hablar: “mamá tú puedes, nosotros podemos”.  Y vuelves a mirar a esa madre, a punto de tener a su bebé, que aún no sabe lo que de verdad necesita saber y le devuelves otro tipo de mirada.

La miras con complicidad y con cariño. Esa madre eras tú. La miras intentando que en ti vea otro tipo de reflejo. Que grabe en su memoria la imagen de una madre feliz abrazando a su bebé. La miras y confías en algo que está más allá de lo que nos cuentan y de lo que creemos. Confías en la fuerza que tendrá el momento en que esa madre mire a su bebé a los ojos y se abracen. Confías en que, como tú, sea como sea ese momento, sea en el primer minuto, en la primera hora, o en el primer día… que sepa, en ese momento, que ese bebé ya está, por fin, en casa.

PD: Dedicado a mi hijo mayor y a todo lo que pasó después de ese 21 de febrero

Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

El parto más feliz con el final más triste

El parto más feliz con el final más triste

Faro tormentaHay cosas que no deberían pasar.
Pero cuando pasan sólo nos queda llorar, aceptarlas e incorporarlas a nuestra vida.
Sentir la muerte de un hijo en el vientre es algo desgarrador, brutalmente desgarrador, devastador, desolador…
Hoy, otra vez, como tantas demasiadas veces, he sabido de otra preciosa criatura que no pudo seguir viviendo.
Hoy la vida me ha regalado la oportunidad de escuchar a una madre contar cómo fue. Y digo regalado porque pocas cosas hay más generosas que una madre compartiendo su dolor con tanto amor.
Viví un duelo en primera persona y todos los duelos que he conocido después en cierto modo reabren mi herida. Hoy he llorado por M. y por M. y por mí y por Altair.
He llorado de tristeza y de pena, y también de regocijo al escucharla relatar su parto. Sólo cuando alguien te cuenta los efectos de un parto natural incluso en esas circunstancias entiendes lo que de verdad tiene ese proceso de mágico, de fuerte, de poderoso, de sublime.
Odio que algunas mujeres tengamos nuestro parto más feliz con el final más triste. Pero me alegro, al menos, cuando nos quedamos solas con nuestro vacío, nuestro dolor, nuestra pena y nuestra impotencia y nuestra rabia, podamos recordar que fuimos poderosas, que nos sentimos eufóricas incluso mientras recibíamos esos cuerpos cálidos a pesar de estar sin vida.
Sentir su calor mientras se va disipando, del mismo modo que habríamos querido alargar la despedida su primer y último aliento.
Sentir que ese momento fue íntimo, privado, respetado y precioso.
Sentir que nuestro cuerpo proveía el camino para ese viaje sin retorno, de la forma en que siempre han de empezarse los caminos.
Sentir que por muy pequeño que sea ese cuerpo, a pesar de su fragilidad y blandura… era el de un ser que nos dejará una huella eterna.
Sentir que hay personas que como faros en la tormenta arrojan luz hasta en la noche más oscura.
Escribo llorando.
Porque hay dolores que nos duelen a todos.
Porque hay dolores que nos son viejos conocidos.
Porque hay dolores que nunca se lloran del todo.

Dedicado a M. M. JI.V. y a su familia

9 años después

9 años después

Hoy hace 9 años empezó un viaje que aún continúa.
Hoy hace 9 años debió ser el día más feliz de mi vida y aunque ver y abrazar a mi hijo fue algo indescriptible, no fue el día más feliz de mi vida ni de lejos.
Tardé varios años en recordar  mi parto sin llorar de pena, de rabia, de frustración, de dolor, de impotencia.
Este aniversario de mi maternidad llega en medio de una polémica absurda. Con seres despreciables que se empeñan en negar lo que algunas hemos vivido y sufrido. Y lo hemos sufrido como el peor de los sufrimientos: el evitable.

Yo tenía derecho a que me informaran, tenía derecho a que me atendieran profesionales libres de prejuicios y de intereses personales. Incluso libres de sus propios miedos.
Yo tenía derecho a parir a mi hijo. Tenía derecho a acoger su cuerpo, a ser la primera en recibirle y darle un abrazo. Tenía derecho a que sus ojos miraran los míos y a asegurarle que todo iba a ir bien. Tenía derecho a disfrutar de ese momento y a darle a mi bebé el Continuum que merece y que ambos necesitábamos.
Tenía derecho a ser respetada, a no ser mutilada, a que me hablaran como a una adulta y no como a un cuerpo sobre una camilla fría con el que se hace lo que se quiere. Tenía derecho a gritar que me entregaran a mi hijo y no lo tuvieran en esa maldita cuna. Tenía derecho a todo eso. Ambos lo teníamos. Y nos lo robaron.

Nos lo robaron con la peor arma: el miedo.
Miedo que algunos afirman que somos otras quienes infundimos en las madres.
No señores y señores caza brujas, que no son sino caza libertades, el miedo lo dan ustedes. Dan miedo porque nos recuerdan prácticas siniestras, y no hablo de ingerir o no placenta, sino que hablo de asustar, amedrentar, coartar, abusar e imponer sus ideas. Esas prácticas más propias de la Edad Media. Usan ustedes argumentos que parecen sacados de una novela de Ken Follet más que de la evidencia científica.
Se empeñan en restringir y en controlar, cuando ese “control” lo único que ha hecho es perpetuar el mal trato y el maltrato. Se empeñan en decir que la violencia obstétrica no existe, y eso a pesar de los miles de testimonios de mujeres que referimos las  vejaciones sufridas y las secuelas con las que tuvimos que aprender a convivir.

A algunas su “profesionalidad” nos costó la salud mental, la salud física, nuestra capacidad reproductora… incluso nuestro matrimonio.

  • ¿Saben ustedes cuántas mujeres han sufrido en su vida personal las repercusiones de su trato?
  • ¿Y se atreven a negar que existe violencia obstétrica sistematizada?
  • ¿Ustedes son los “responsables de la salud de la mujer” y ni siquiera nos escuchan?
  • ¿Nos toman por idiotas?
  • ¿En un país donde la propia SEGO se jacta con viñetas del maltrato y de la falta de respeto a las mujeres y a nuestra sexualidad?
  • ¿Han ustedes, por casualidad, escuchado a las mujeres contar sus vivencias durante el embarazo, parto y puerperio?
  • ¿Quieren que les cuente yo lo que me dijo mi tocólogo cuando le dije que tras el parto, por la episiotomía, sentía dolor con el coito?
  • ¿Quieren que les cuente el papel de la matrona en mi parto?
  • ¿Y en mi posparto inmediato?
  • ¿Quien ustedes oírlo?
  •  ¿Saben ustedes lo que es un shock por estrés post traumático derivado de maltrato durante el parto?
  • ¿Se han molestado acaso en entender por qué las mujeres estamos decidiendo que queremos a otras personas cerca de nosotras en estos procesos?

    Me temo que no.
    Son ustedes tan soberbios y tan arrogantes que prefieren tildarnos a todas de estúpidas.
    Y siguen creyendo que el problema está fuera, donde sea, pero fuera. Sean las doulas, las asesoras de maternidad, las madres de los grupos de apoyo o las sacerdotisas de la luna.

A mí me da igual  si tienen ustedes un ego débil. Eso se lo deberían trabajar ustedes como crean, en terapia  de grupo o individual, lo que no pueden ustedes es echarnos su mierda al resto. No a las madres.

Porque ¿saben?, si un fontanero me hace una chapuza, tiene arreglo. Me costará dinero y tiempo, pero tiene arreglo. Siempre se puede poner otra cañería y pintar las paredes, pero si ustedes la cagan en un parto, si la cagan al tratar a una madre embarazada con poco respeto o metiéndole miedo, si la cagan arruinando una lactancia con sus nulos o erróneos consejos, si la cagan ustedes en esos momentos, no hay arreglo posible.

Si ustedes contribuyen a añadir miedo y estrés a una mujer embarazada que tiene  que sentir confianza para que su cuerpo se abra, no son ustedes la mejor opción para esa mujer. Si no entienden lo que implica el estrés para una mujer y su bebé me importa un bledo sus 6 o 7 años de carrera, no se han enterado de nada.

Y esa actitud de “qué me van a enseñar a mi” es más  propia de aquellos que les han robado el trabajo que de una profesional que asiste un parto.
Están ustedes  olvidando la etimología de la palabra “comadrona”, que viene de “comadre”, con la madre. Están ustedes luchando contra nosotras. Y créanme, lo van a pagar.

Yo hoy debería estar celebrando que hace 9 años que nació mi hijo, y lo que tengo cada 22 de febrero es el recuerdo de un pánico atroz y una sensación de fracaso y de impotencia horrible. Una sensación de haberle fallado a mi hijo que a pesar de todo el trabajo que he hecho con ello, sigue ahí.
Eso no se lo voy a perdonar a ustedes como colectivo hasta que no vea que su actitud es realmente de autocrítica, y de cambio de actitud.
Y no sólo como colectivo no lo están haciendo, sino que encima se empeñan en enarbolar una bandera que no es suya.

Mi cuerpo no es suyo, mi parto no era suyo, mi responsabilidad no es suya.

Si les molesta que las mujeres acudan a otros lugares a por información pregúntense por qué lo hacen. Si quieren ustedes denunciar mala praxis, vayan al juzgado y  pongan un nombre y un apellido, no pueden hacer demagogia demonizando a todo un colectivo. Si lo que quieren ustedes es tener el status que creen merecen y no tienen, creo que se han equivocado de enemigo.
Aprovecho para reiterar mi cariño a las y los profesionales  que dentro de su colectivo sienten como sentimos las madres y sienten la misma vergüenza que nosotras al leer su penoso Informe Doulas. Profesionales que sienten vergüenza al ser representados por “personajes siniestros” propios de otros tiempos.
Yo hoy voy a intentar recordar  que un 22 de febrero de hace 9 años empecé un camino.
Que Mimos y Teta y Asesoras Continuum fueron mi forma de devolverle al mundo la ayuda que necesité para sobreponerme a la violencia que sufrimos mi hijo y yo. Que me siento orgullosa de haber creado y dirigir un programa de formación de asesoras de maternidad por el que han pasado mujeres de todos los perfiles, incluidas médicos,  matronas y enfermeras. Que me aseguro que mis alumnas entiendan que nuestro trabajo es hacer que las familias estén mejor que antes de contactar con nosotras. Y eso sin asistir partos ni hacer terapia que no es cosa nuestra.

Hoy le agradezco a mi hijo que empezara este camino conmigo, que a pesar de no haberle dado el mejor comienzo, me ayudó a entender lo que supone el contacto, el porteo y la lactancia.
Que me dejara compensar de algún modo ese mal comienzo.

Y le agradezco haber entrado en un mundo lleno de mujeres sabias, que me ayudaron a sanar y de las que aprendí sobre todo el respeto. Respeto a mí misma, a mi cuerpo, a mi maternidad,  a mi sexualidad y respeto a los demás.
Gracias Iker. Mi hijo y mi maestro.

Si Semmelweis resucitara…

Si Semmelweis resucitara…

He sido una niña educada para cuestionar las verdades absolutas. En el colegio e instituto debatí con profesores por no creerme “porque sí” teorías propugnadas como leyes.
Me he pasado la vida de estudiante observando cómo se usa el miedo para convencer más que la razón. Si no crees lo que la mayoría “culta” te dice que creas eres un estúpido y te arriesgas a ser tratado como tal. Así se consigue un pensamiento único, ridiculizando al que se sale del redil.
Hace falta mucha seguridad en ti mismo para levantarte con 13 años y discutirle al catedrático de ética del instituto.
Y si eres catedrático necesitas algo más que tu palabra para convencer que tienes la verdad más allá de tu rol de autoridad.

El catedrático de mi instituto falló. Lo único que hizo fue intentar ridiculizarme en mitad de la clase. Y digo “intentar” porque con su respuesta burlona lo que consiguió fue retratarse a los ojos de todos mis compañeros.

Ignaz Philip SemmelweissEsto no es nuevo. En algunos sectores los cambios no son bien venidos. Ni siquiera en el ámbito que debería estar más abierto a la innovación y experimentación, como sería la medicina. Que se lo digan a Semmelweis.


Ignaz Semmelweis
, fue un obstetra húngaro que a mediados del siglo XIX, precediendo los hallazgos de Pasteur y Lister, logró descubrir la naturaleza infecciosa de la fiebre puerperal, logrando controlar su aparición con una simple medida de antisepsia. Debió luchar con la reticencia de sus colegas que no aceptaron sus observaciones que, por primera vez en la historia, fueron apoyadas con datos estadístico


Os animo a leer toda la historia aquí antes de proseguir, os aseguro que no lo vais a lamentar.

 

 

 

Semmelweis es un extraordinario ejemplo de observación metódica, raciocinio y reflexión, es el resultado de uno de los más auténticos casos de compromiso personal con la vocación de médico. Lo que hoy nos parece tan evidente u obvio, representó en su momento un cambio de visión asimilado por pocos. Luvo que avanzar en medio de incomprensiones y de dificultades.

La importancia del aporte de Semmelweis a la obstetricia y medicina en general no ha sido aún superado siquiera por los avances de las nuevas tecnologías genéticas de los últimos años del siglo XX. La historia ha valorado a este médico húngaro de modo justo después de su muerte. Su vida fue la de un hombre que luchó con entereza y sin vacilación por sus ideales y convicciones.

Hoy he leído el Informe Doulas del Consejo General de Enfermería y me ha parecido volver, ya no a la Viena del S XIX,  con los contemporáneos del Dr. Semmelweis, más preocupados en no perder su status y en  tener razón que en la salud de las mujeres, sino a Salem (Massachussets), donde la histeria colectiva vivió su máximo apogeo.

O si me apuras a la Edad Media, donde todo el que era sospechoso de “salirse” de la norma era tildado de hereje sin necesidad de aportar pruebas en su contra.
La Historia de la humanidad ha visto cómo la ignorancia y el odio, sobre todo cuando van de la mano del poder ha anulado, el raciocinio, la verdad y por supuesto la libertad.

Deberíamos avergonzarnos de lo que como sociedad hicimos con Galileo Galilei, con Miguel Servet  con William Tyndale y con el propio Semmelweis.
Pero no, del mismo modo que los poderes de ese tiempo fueron testigos y ejecutores de la verdad, la razón y  la libertad, nuestro primer mundo, parece que en vez de avanzar y estar por mérito propio en el S XXI, va hacia atrás.

Y observamos cómo un sector que debería ser el más sensible de la medicina porque es el que rodea el principio de la vida, se convierte en el más violento. Y observamos cómo aquéllas personas en quienes confiamos para aportarnos seguridad y tranquilidad en este proceso, son quienes peor nos tratan.

Violencia obstétrica

Algunos hemos huido de un sistema de violencia obstétrica institucionalizada ( y no lo digo yo, lo reconoce la OMS), con cicatrices en el cuerpo y en el alma.
Con un dolor profundo por haber sido violadas, robadas, ninguneadas y maltratadas con la connivencia de quienes juraron cuidar, proteger y no dañar a sus pacientes.
Y todo ese dolor, todo ese sufrimiento hoy ha sido pisoteado por un puñado de impresentables que en vez de hacer autocrítica de su trabajo, han decidido ir a por la libertad de las mujeres.
Porque no nos engañemos, esto no va de doulas, esto va, una vez más, de violencia contra la mujer.

Informe doulas

Hoy leo un informe que me quieren hacer creer que les ha llevado 3 años hacer y es una recopilación de pantallazos  que cualquier   alumnos de bachillerato se avergonzaría de presentar como trabajo de investigación.

Recortes de frases de vete a saber quién, un texto plagado de errores ortográficos y de sintaxis, (ni siquiera han escrito bien su propia página web) con un contenido tan surrealista que no sé si merece la pena comentar.
Y lo que me avergüenza es que se organiza una rueda de prensa y se llenan los medios de titulares amarillos, sin verificar ni contrastar la información.

Crecí creyendo que la información era un arma poderosa, que la libertad de expresión garantizaba la pluralidad y la posibilidad de oír todas las versiones de la historia. Y en estas últimas semanas lo que observo es que la prensa se ha idiotizado como el resto del sistema.
Periodistas que  son más portavoces que periodistas, noticias que buscan el morbo, no la verdad. TV que no quiere informar sino desinformar y buscar el titular más impactante para lograr el minuto de oro. Da igual si por el camino mezclamos churras con merinas, y somos cómplices de cazas de brujas sin sentido.

El trasfondo de esta caza de brujas

Creo que todo esto tiene un sentido.
Lo estamos haciendo bien.
Las mujeres estamos decidiendo. Estamos demostrando que El Parto es Nuestro. No es de los gines, ni de las matronas,ni de las doulas, ni de nadie más: es nuestro. y desde el momento en que hemos empezado a decir “NO” hemos generado una corriente. Una corriente de rechazo, una corriente de relaciones reaccionarias, una corriente de miedo.

Miedo

Tienen miedo de perder el poder. Tienen miedo de que nos demos cuenta que el parto en nuestro mundo no es más arriesgado que ir a comprar el pan. Que en realidad  en un parto sólo hay 2 personas imprescindibles, y no son ninguno de ellos.
En el parto los importantes, los protagonistas, los necesarios, los imprescindibles son el bebé y su madre.

Y cuando las mujeres nos estamos dando cuenta de forma masiva, cuando las mujeres hemos empezado a contarnos nuestras historias de parto y hemos reconocido nuestro poder, y ejercemos nuestro derecho a estar con quienes queramos, hay todo un sistema viejo, podrido, nauseabundo, basado en el miedo y la dominación, que se rebela.
Se rebela atacando y atacan intentando meter más miedo:

  • Que si canibalismo
  • que si dejamos al padre fuera
  • que si nuestros hijos pueden morir….
  • que si quienes elegimos para acompañarnos son intrusas

Queridos señores y señoras del Consejo de Enfermería:

Captura de pantalla 2015-02-16 19.46.16Ustedes solitos van a lograr que en este país, a la hora de parir las mujeres empiecen a plantearse ya o contar con una matrona respetuosa, sino parir solas.

No sé si han pensado ustedes que su sistema de amenazar y seguir metiendo miedo no les va a funcionar como ustedes piensan.

Yo veo la cara de las mujeres de estas imágenes, y os juro por dios que si tuviera que parir otra vez, antes que ponerme en esas manos elegiría parir sin asistencia. Esto es lo que van a conseguir.

Están ustedes haciendo que perdamos la poca fe que nos queda en el sistema de salud. Están ustedes consiguiendo que una profesión que nos inspiraba respeto ahora nos inspire vergüenza y asco.

Y no hablo sólo por mi. Pienso en mis queridas amigas colegas suyas de profesión. Pienso en las lágrimas que les he visto derramar durante su residencia contando cómo han tenido que ver esa sistematización de la violencia a la mujer y al recién nacido.  Y pienso en su vergüenza hoy al ver cómo un órgano que dice representarles nos ha despertado con un trabajo tan chapucero y denigrante.

Y pienso en la violencia que destila este “trabajo”.Reflejo de la otra, la real que hemos sufrido a mayoría de mujeres de nuestro país en sus manos.
Violencia que vimos todos los españoles cuando las cámaras de un programa de tv entraron en los paritarios de España.

Se retratan

Su campaña de difamación contra las doulas al final es una campaña de desprestigio hacia ustedes mismos.
Como dice el dicho:

“Lo que dice Pablito de Juanito, dice más de Pablito que de Juanito”
“Lo que dicen las matronas de las acompañantes de las mujeres,
dice más de las matronas que de las  acompañantes de las mujeres”

Su actuación me dice que son ustedes unos impresentables, que no son profesionales, ni serios, ni exhaustivos, que no merecen el cargo que llevan, que insultan ustedes nuestra inteligencia, que atacan nuestra libertad nuestro honor y nuestro pundonor. Que se ríen de nuestro maltrato, de nuestro dolor, de nuestra experiencia personal y colectiva. No merecen ustedes trabajar con mujeres, no merecen trabajar con personas, no merecen trabajar con embarazadas ni con bebés.
Cojan un diccionario, lean algo de antropología y sepan qué es el canibalismo. Porque parece mentira que sean de un colectivo que transfunde sangre de unas personas a otras como práctica habitual y se asusten tanto porque algunas mujeres decidan ingerir parte de su placenta. Aparte de todos quedan ustedes como pacatos e ignorantes.

Y sí, me da igual si las mujeres que ahora están al lado de otras mujeres en este proceso antes eran monitoras de esquí o scorts de lujo. DA IGUAL.
Si les molesta que las escojan para acompañarlas, háganselo mirar. ¿Qé tipo de complejo tienen ustedes? ¿Quieren atendernos el parto o quieren que las adoptemos como “muy mejores amigas”? Destila un problema psicológico esa necesidad de estar en todos lados. Deberían hacérselo mirar.
Métanse ustedes en sus asuntos.

Estudien neurobiología del embarazo y del parto, aprendan que a las embarazadas les afectan más cosas que el  coger kilos o tener la tensión alta. Aprendan RESPETO. Quizás tendrían que meterse en alguna de las sectas que critican a ver si así aprenden  al menos a escuchar.
Porque al parcer para ustedes secta es sinónimo de escucha y respeto. ¡Me autodenomino sectaria desde ya!

Recuerden a Semmelweis: y ahora posiciónense. Porque en este tema, como en casi todos los importantes de verdad no valen las medias tintas:

O TRABAJAN POR EL RESPETO A LA MUJER O CONTRA ÉL

Semana Mundial del Parto Respetado- Las Palmas 2014

Semana Mundial del Parto Respetado- Las Palmas 2014

Yo también fui Sara Carbonero

Yo también fui Sara Carbonero

La gran portada será el día que una famosa dé a luz en la Ruber sin que la rajen…
Su estadística es alucinante — me siento decepcionada.
Ese fue mi comentario ayer en mi muro de Facebook.
A raíz del mismo surgió un debate, sobre juicios, derechos, libertades, decisiones, miedos, elecciones, intereses, mentiras, estadísticas, duelos, riesgos, leyes,… en fin, todo lo que conlleva este tipo de discusiones  hablando de cosas que nos marcan tanto.
Hubo quien leyó en mis palabras un juicio a Sara Carbonero, como en su día lo hubo a Shakira por su también cesarea.
El lenguaje escrito es muy limitado y  nuestro mensaje siempre está condicionado por nuestros propios prejuicios o pre-juicios, sobre quien lo envía y  sobre el tema en cuestión y cómo nos afecta. Los mensajes nunca son asépticos. El mío evidentemente tampoco.
Eso no quiere decir que mi mensaje fuera una crítica hacia la mujer que tiene un hijo por cesarea. Primero porque no conozco el caso particular y las circunstancias , y segundo porque aunque fuera el caso no soy yo juez sobre las decisiones personales de cada cual.
La semana pasada precisamente escribí sobre los abortos, tema sobre el cual tengo una opinión muy definida y muy clara pero que no expresé porque de hecho mi opinión no importa. Es mía y es válida para mí y mis circunstancias. Más aún, para mis circunstancias de ahora… porque si algo sé hoy,  es cuánto puede cambiar una persona sus principios más arraigados.
El caso es que yo hablaba precisamente de no juzgar, porque qué sabemos nosotros la carga de la mochila de cada cual.

Mi trabajo como asesora de maternidad es contribuir a dar herramientas para gestionar lo que se está viviendo, o dar información para decidir con mayor libertad, porque sin información veraz y completa ninguna decisión es ni será libre nunca. Mi trabajo nunca es juzgar ni decidir.

 

Así que leer en  mis palabras un juicio es sacar de contexto lo que realmente quería expresar.
Mi decepción no me la causa Sara Carbonero, entre otras cosas porque no tengo ninguna relación con ella como para que me afecte su vida, más allá de entender que como personaje seguido por los medios sus acciones tienen repercusión y contribuyen, lo quiera ella o no, lo desee ella o no, lo busque ella o no, a elaborar una conciencia colectiva y unas creencias. En este caso la de que parir no es tan fácil, cuando una mujer joven, sana, culta y con  medios no lo consigue. Pero como digo, si Sara no quiere enarbolar ninguna bandera ni ser ejemplo de nada, no se la voy a colocar yo.
Las creencias colectivas las construimos entre todos, pero la responsabilidad última debería ser individual. Reitero que, además, esta debería asumirse por una decisión propia y no influenciada por terceros con intereses ajenos al tema u ocultos al protagonista.
En ese sentido me sentí decepcionada. No con Sara Carbonero, sino con una institución, o con todas las que abusan de su rol de autoridad para ejercer una autoridad que se extralimita.
Yo de un obstetra (y de cualquier otro profesional) quiero que deje sus propios prejuicios, miedos e intereses a un lado, que me dé toda la información, y todas las opciones y me deje decidir. Porque es mi derecho. Porque es mi responsabilidad y porque tendré que vivir con ella toda mi vida. Con las consecuencias, con las heridas, con las cicatrices, con todo lo que conlleve.
Precisamente la remoción que causa este tema entre las propias mujeres es prueba de que no nos deja indiferentes. Leemos a otras y nos duele lo que entendemos, sea lo expresado o no, porque hay una herida. Si la herida fue inevitable duele, y si no lo fue, si fue totalmente arbitraria e injustificada duele más, porque añadimos culpa al proceso. Culpa por no saber, por dejarnos hacer, por no pedir, por callar, por asentir, por lo que sea…
Culpa porque hay un duelo y todos los duelos traen un momento de culparnos a nosotros mismos. Y de ahí mi comentario.
Dejemos de culparnos a nosotras y a otras. Empecemos a culpar a quienes no cumplieron su primer papel. A los que usan el miedo como herramienta, la omisión de informacion como as en la manga para que acabemos implorándoles que hagan lo que ellos quieren como si fuera lo necesario para salvarnos, a nosotras y a nuestros bebés. A esos que frivolizan una intervención de cirugía mayor innecesaria sin advertir de todos los riesgos que conlleva, para la madre, para el bebé, para la lactancia, para la familia, para la sociedad.
no a la violencia obstétrica
Y puedo hablar así porque yo también fui Sara Carbonero. Yo también fui primeriza que fue a una clínica privada y salí rajada. Confié en que “ellos sabían lo que era mejor”, confié y me engañaron. Y me robaron algo que nunca pude recuperar: mi parto y más aún, mi derecho a decidir.
Fijáos que en mi comentario no mencioné la palabra “cesarea”, ni mencioné “nombres”. Porque aunque iba por la Ruber y por este caso  concreto, lo cierto es que lo raro en esas clínicas es encontrar una mujer que sale sin rajar.   Las episiotomías que en muchas clínicas siguen siendo rutinarias también las incluyo. Por eso mi comentario fue que el titular sería que se diera a luz sin rajar. No  sé si las famosas que se me nombraron  y que no fueron cesarea tuvieron o no episiotomía… pero me la juego a que más de la mitad. Y aunque en esos casos puntuales no fuera así, las estadisticas no nos las inventamos las “locas del parto”.
Solo deseo que esta madre reciente, rajada y dolorida, como lo fui yo, tome conciencia de qué le ha pasado, que se pregunte por qué, a ella y al equipo médico que la ha atendido, que obtenga respuestas. Y que a partir de ahí haga lo que necesite para ser feliz. Ojalá las respuestas sean que sí, que era lo mejor. Yo no lo sé, y a mi no me importa, pero a ella sí debería. Porque eso va a condicionarle muchísimo en su vida.  A ella y a su bebé, queramos verlo o no.  Porque eso daría para otro tema.
Para algunas esa raja (fuera en el abdòmen o en el periné) es una herida que nos causó mucho dolor y sufrimiento. Por eso nos permitimos sentirnos mal cada vez que se comete otro abuso de poder sobre nuestros cuerpos. Por eso criticamos a los ginesaurios y sus sistema de violencia obstétrica. Por eso todas soñamos con el día en que todas las Saras Carbonero de nuestro país salgan en el Hola presumiendo de ser las protagonistas del nacimiento de sus hijos.
sara carbonero

Y a todas las Saras Carbonero, famosas o anónimas que sufran por no tener lo que ellas y sus bebés merecían les deseo la fuerza y sabiduría de transformar ese dolor en otra cosa. Ojalá ninguna por dolernos nuestra herida la neguemos, o acabemos nunca justificándola.

 

Violencia obstétrica

Violencia obstétrica

HOy es el Dia Internacional contra la Violencia de Género.
Y muchas personas se están movilizando para concienciar de que esta violencia es algo más que dar una paliza a una mujer.

La violencia obstétrica también es violencia de género, como el maltrato infantil, como casi todo lo que nos rodea que contribuye a quitar dignidad y autoridad a un ser y a tratarle sin respeto de su persona,  de su libertad de decidir, de sus derechos, incluído el derecho a ser diferente o a tomar  sus propias decisiones, aunque no sean las más populares.

Violencia es cada vez que nos tratan como si no estuviéramos, cuando nos ignoran, cuando nos aniñan, cuando deciden por nosotras, cuando nos cosifican, cuando nos mutilan, cuando nos amenazan, cuando nos chantajean, cuando nos ningunean, cuando se burlan de nosotras, cuando nos arrebatan a nuestros hijos, cuando nos niegan la información,… la lista es inmensa 🙁


YO TAMBIÉN fui una niña maltratada física y psicológicamente,   una mujer profesional maltratada por mobing laboral, y una mujer maltratada por la violencia obstétrica.

y YO TAMBIÉN he sido a mi vez maltratadora de otros.

Así que sé lo que cuesta romper el círculo en el que estamos inmersos. A día de hoy aún me cuesta no reaccionar con violencia ante ciertas situaciones.

No es una excusa, NUNCA HAY EXCUSA.

Y solo hay 2 opciones:

ACEPTARLO Y CAMBIAR
o
NO HACERLO 

 

Así que empecemos a identificar todas las causas para trabajar y evitar las consecuencias.

 

 

 

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Sí me meto, porque sí me importa 

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? ” NO A LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA”

Eso siempre le pasa a otras…¿ o no? 

 

“Acompañando en la distancia”- Relato del parto de Abel, por Eva

“Acompañando en la distancia”- Relato del parto de Abel, por Eva

Conocí a Eva y a Héctor cuando estaban embarazados de su primera hija. Vinieron a uno de los talleres que doy en los Centros de Salud, en los que les explico a los padres las “Necesidades Afectivas del Bebé ” y les hablo del porteo.
Antes de nacer Keren ya la esperaban con sus fulares preparados y sabiendo qué tipo de recibimiento querían para ella.

Tras el parto, nos vimos primero para solucionar algún pequeño problema de mal agarre, y luego los 3 fueron asiduos del grupo de lactancia.
Son de esas familias que las ves disfrutar con la crianza de sus hijos. Los recuerdo casi siempre sonriendo, a los 3.

PAra su segundo embarazo, se habían mudado ya a Madrid y podríamos pensar que su conexión con el grupo se rompió… pero no.
Este post lo escribo para recordar algo que repito a menudo: “Podemos acompañar aún en la distancia” . Tenemos muchos canales de comunicación, que si bien no pueden igualar a la perfección la presencia y el contacto directo, sí pueden cumplir su papel cuando estos no son posibles.

Eva me solía mantener al día con su embarazo sobre todo por Wahts Ap. Sobre todo al final, cuando parece que la Fecha Probable de parto se aproxima y a todo el entorno le entra prisa porque el bebé salga.

Hay que entender que por muy convencidas que estemos las mujeres del proceso normal de unparto, y por mucha confianza que tengamos en que todo irá bien, si no hay complicaciones, el miedo siempre asoma. Muchas veces son los miedos de los demás, de familia o de profesionales. Distinguir entre actuar con respeto al proceso normal y ser negligente a veces no es sencillo para mucho del personal sanitario que rodea el embarazo y parto.

En estos casos es cuando las parejas suelen recurrir a otras fuentes, para preguntar, para poder hablar con tranquilidad. No para que les digamos qué hacer, sino para reafirmarse en lo que ellos quieren.

Así cuando parecía que este parto “se retrasaba”… simplemente el recordarles que la FPP es una estadística… que tan normal es nacer en la semana 38 como en la 42, que la semana 40 es simplemente la media entre esos 2 puntos… Pues ese dato REAL, puede hacer mucho para reafirmar la confianza… incluso si se da por Whats Ap…
Y  Abel nació… cuando él quiso…
Os copio el relato escrito por la propia Eva… disfrutadlo tanto como lo disfruté yo 🙂

 

 

“El 27 de Abril nació mi segundo hijo, Abel. También tengo una niña preciosa de tres años y medio que se llama Keren. Ambos partos han sido momentazos en mí vida. Mi boda y sus nacimientos, sin duda son los mejores regalos que me ha dado Dios.

Mi hija Keren nació en Las Palmas, de donde también es mi marido Héctor. Pero Abel ha nacido en Madrid. Nos mudamos aquí hace ya tres años. Keren tenía apenas unos meses cuando llegamos. Así que aunque no era mi primer parto todo era igual de novedoso.

No conocíamos el hospital, ni el funcionamiento de éste. Nosotros queríamos, igual que en el caso de Keren, un parto respetado y lo más natural posible. Keren se retrasó 10 días con respecto a la fecha probable de parto, así que aunque me habían dicho que era probable que Abel llegara antes de tiempo yo tenía claro que no sería así.

Una semana antes de ponerme de parto, en una revisión con la tocóloga, ésta me dijo que si en 5 días no me ponía de parto habría que provocármelo. Lo curioso fue la forma en que me lo comentó: “¿qué día y a qué hora te apetece tener a tu bebé?”, “¿Perdona?” le dije. No podía salir de mi asombro. ¡¡Como si estuviéramos hablando de pedir cita para la peluquería!!! Me quedé atónita y ella debió darse cuenta porque rápidamente me dijo: “Es lo más normal del mundo y tú niño no correrá ningún riesgo.” Me dio un montón de hojas que debía firmar para dar mi consentimiento y volvió a insistir en guardarme una cita en el calendario para dar a luz. Me sentí tan furiosa e impotente que me levanté con mi montón de hojas, le dije que lo hablaría con mi marido y me fui.

Al salir, mi marido y mi hija me esperaban. Me eché a llorar. Parecía que el mensaje, entre líneas, de la doctora era “si no eres capaz de parir ya lo haremos nosotros por ti”. Cuando se lo conté a Héctor hecha un mar de lágrimas, él no dejaba de repetir “tú no te preocupes que el niño sabe cuándo tiene que salir y si no está preparado, pues no lo está y punto.” Yo pensaba igual, además no había ningún riesgo. Nada que indicara que él o yo estuviéramos sufriendo por haber llegado a la semana 40. Pero me sentí tan vulnerable.

Decidimos esperar a que nuestro niño, nuestro Abel, estuviera listo para salir. La noche del 26, justo la noche antes del día en que supuestamente debieran haberme provocado el parto, rompí aguas. Eran las 4 de la madrugada. No tenía contracciones y las aguas eran claras. Avisé a mi marido, me duché y volvimos a la cama a dormir. Si, a dormir. Estaba muy tranquila. Por la mañana avisé a mis padres para que vinieran a casa a quedarse con Keren. Preparé todo lo necesario, comí un pequeño tentempié y nos fuimos al hospital sobre las dos de la tarde. Seguía sin tener contracciones. Abel se movía con normalidad.

Al llegar al hospital comprobaron que la bolsa estuviera rota y para mi sorpresa la matrona me dijo: “La bolsa no está rota”. “¡Claro que está rota!”, debió pensar mi hijo porque de repente empecé a chorrear y la chica sólo pudo decir “Puede que me haya equivocado porque definitivamente lo está.” Me pasaron a la sala donde iba a dar a luz. Tengo que decir que el hospital Infanta Cristina es increíblemente acogedor y muy respetuoso de nuestra intimidad como familia. Héctor estuvo conmigo desde el minuto uno.

No tenía contracciones así que mi marido empezó a hablar con Abel para animarlo. “Abel cariño, mami y papi están aquí para ayudarte, no tienes que hacerlo solo. Todo irá bien. Estamos aquí. Empieza a empujar y mami empujará contigo.” Puede que haya algún incrédulo que no lo crea, pero en unos minutos empezaron las contracciones. Fuertes, rítmicas, poderosas. Increíble. Mi marido me ayudó a ducharme varias veces. Me sostenía la mano y no dejaba de animarnos tanto a nuestro hijo como a mí. ¡Qué importante fue su papel en esas horas! Parimos los dos juntos al niño.

En todo ese tiempo la luz de la habitación se mantuvo tenue, la matrona – maravillosa desde luego – entró un par de veces para preguntarme qué tal estaba. Nada más. Cuando ya quedaba poquito para la llegada de Abel me dijo que el niño no tenía la cabeza del todo rotada, así que me hizo hacer unos movimientos mientras Héctor le hablaba a Abel y antes de que me diera cuenta la cabecita de Abel ya estaba asomando.

Fueron tres empujones llenos de fuerza y amor. Lo sentí salir de mis entrañas con tanta intensidad que solo pude llorar de la emoción cuando Héctor me lo puso en el pecho. Abel no lloró al nacer. Solo hizo un leve gemidito hasta que encontró el pecho y se enganchó. Héctor cortó el cordón mientras las lágrimas le anegaban los ojos. No dejaba de decir: “Pero que bien lo habéis hecho.” Me dieron un puntito que ni noté. Abel pesó 3,800 y midió 52 cm.

En medio de tanta emoción la matrona dijo “Habéis tenido mucha suerte”. Abel tenía un nudo en el cordón umbilical. Podía haber muerto al nacer. Pero está aquí. Dios lo cuidó desde el vientre de su madre. Y no puedo dejar de dar gracias a Dios por el milagro de la vida, especialmente en el nacimiento de mi precioso bebé que es más real que nunca.

Querían provocarme el parto, tenía un nudo en el cordón… pero él sabía cuándo era el momento de salir y entre los dos y la mano de Dios que nos protegió, nació.

Keren adora a su hermanito. Durante el parto, con sus tres añitos, entonces recién cumplidos, llamó varias veces para preguntar si mami ya había ayudado a Abel a salir. Hablé con ella entre contracciones y nada me ayudó más que oír su voz alentándome. Los niños entienden más de lo que nos creemos. Cuando llegó al hospital a ver a su hermano exclamó “Mami, ¡quiero coger a mi hermanito!” ¿Celos? Somos los mayores quiénes se los provocamos, ellos solo quieren participar del acontecimiento y amar al nuevo miembro.

No hay nada más maravilloso en el mundo que sentir nacer la vida dentro de ti y a los nueve meses parirlo así. Los partos en los hospitales deberían ser así, sin duda. La matrona no dejó entrar a nadie en la habitación hasta que Héctor cortó el cordón del niño. No había máquinas, ni perneras, ni mil médicos… Solo nosotros y ella. Parí medio sentada, como me apeteció, como lo sentí. Lavaron a Abel encima de mí, no me lo quitaron de encima ni medio segundo y cuando terminó de tomar el pecho por primera vez el papi lo pesó y midió con ayuda de la enfermera.

Todavía se me erizan los pelos cuando pienso en los partos de mis hijos.

Y desde luego, ¡quiero repetir!”

A mis queridas Tetas (Parte II)

A mis queridas Tetas (Parte II)


En el post anterior os contaba que mis tetas se merecían no 1, sino 2 post exclusivos, no solo por lo prácticas que son…

Dando teta mientras porteo a la espalda

Quedé en contaros por qué  mis anteriormente llamadas “churritetas” son aparte de prácticas, PERFECTAS ♥-♥

Y aunque podría enumerar varias cosas más creo que con estas de momento queda claro que mis tetas son:

  • Perfectas porque cumplen maravillosamente su función principal en una hembra mamífera: alimentar a mis hijos.
    No han dejado de alimentar un solo día desde hace 6 años, 6 meses y 19 días. Han sido su fuente exclusiva de alimento y bebida durante muchos meses, y continúan siendo parte fundamental de su dieta (la de ambos).
  •  Perfectas porque son una fuente de placer  para mis hijos
    Porque no solo alimentan. Mis tetas calman, y consuelan y cobijan sí. Pero hay más: mamar no solo les es necesario físicamente hablando. Mamar es placentero para el bebé y niño. Y empezar la vida sintiendo placer es algo que indudablemente deja huella. Gracias a mis tetas mis hijos saben lo que es el placer, igual  o quizás más, que cuando les beso, les abrazo y les digo que les quiero. Ahora sabemos lo importante que son las hormonas del placer en el desarrollo del propio cerebro y de la personalidad. Así que gracias a mis tetas por ello también.
  • Perfectas porque son una fuente de placer para la pareja.
    En este apartado no me explayo porque ya lo hace toda la sociedad por una.  No critico que las tetas se vean como algo “sexual” (erótico), sino que se vean EXCLUSIVAMENTE como tal. Si estando en pareja la otra persona disfruta con ellas, pues genial también. Como con el resto de la anatomía.
  •  Perfectas porque son una fuente de placer  para mi.
    Porque YO siento placer con ellas y a través de ellas.
    Y hablo de placer  sexual experimentado en pareja y también al amamantar.

 

Cierto es que eso pasa desde hace relativamente poco, que no fue así desde el principio de la lactancia. De hecho, antes de mi tercer embarazo ni siquiera con las relaciones de pareja sentía placer a través de mis pechos. Pero como en muchas otras cosas, mi tercer embarazo me reconectó con mi cuerpo al completo, incluídas mis tetas.

Sé que no todas las madres  sienten ese tipo de placer (físico) al amamantar, e imagino que de las que lo sienten, no todas lo cuentan, así que sigue sonando “raro” oír del tándem : lactancia y placer . Hasta yo, que sabéis que me callo poco, salgo hoy “del armario” para hablar de esto que se sigue considerando un tema tabú.
Porque si digo que amamantar da placer, todas pensamos en la imagen tierna  de esa madre imbuída de oxitocina, tranquila, casi adormilada, destilando amor maternal.

Pero si digo que una madre que amamanta puede llegar a sentir tanto placer que incluso llegue al orgasmo…  es más, si afirmo no que “puede pasar”, sino que “pasa”… Pues a esperar reacciones 😉
No hace mucho hablaba con una señora de unos 70 años y me contaba cómo al amamantar a sus hijos tenía que cerrar las piernas y apretar de tanto como llegaba a excitarse. Si yo me sorprendí un poco con su sinceridad y su vivencia… imagino la cara del resto de personas si la hubieran oído, en el caso de que ella hubiera llegado a contarlo en algún momento hace 40 años , cuando se suponía que las mujeres no “debían” sentir placer ni siquiera con el sexo en sí.
Pero cada vez somos más libres para expresar estas cosas. No hace mucho mi compañera  de Una Nueva Maternidad, Irene García, escribía en Ser Mamas:

(…)La lactancia es sensual. Sólo hay que poner un bebé en las escenas de arriba. Sensual, sexy, placentera…Dar el pecho es parte de la sexualidad femenina, desde la primera toma hasta la última. Oxitocina, endorfinas, prolactina…las mismas hormonas y neurotransmisores que permiten el goce del sexo controlan tu mente y tu cuerpo cuando estás amamantando. Una parte de la sexualidad femenina que puede o no implicar a una pareja.(…)

He pensado mucho en esto en estos meses.  El diseño del cuerpo humano es perfecto, nada es casual. Todo el mundo sabe que los pezones son una zona muy erógena ( en un@s más que en otr@s, pero en general casi todo el mundo experimenta placer al estimularlos),  y me pregunto yo : ¿por qué? ¿por qué una parte del cuerpo que en principio cumple una función nutricional puede provocar ese placer?

Y me imagino que es para “regalarnos” placer mientras hacemos algo tan importante y que tanto tiempo nos demanda. Como un regalo  de la Fuente de la Vida por contribuir a dar vida y mantenerla.  Del mismo modo que comer es una necesidad básica  que disfrutamos muchísimo, amamantar es otra función básica de nuestro cuerpo de mujeres que puede producirnos  mucho placer. Aunque , como pasa con otros mecanismos placenteros, eso llegará si no hay dolor, miedos, prejuicios, ¡ ni tabúes!.

Hemos sido criadas en una cultura de desconocimiento del placer. Y hablo del placer en general, pero en particular de las sensaciones placenteras a través del tacto y la piel. Imagino que  el desconocimiento de la sexualidad humana en todos sus niveles y el miedo  a  “salirse” de la norma ha hecho que  llevemos siglos confundiendo las churras y las merinas.  Así cuando restringimos la palabra “placer” al sexual, al genital, pues nos perdemos muchas cosas importantes y necesarias para crecer con autoestima y con conocimiento del propio cuerpo, de sus ciclos y funcionamiento. No es casualidad que cuanto más pacata es una sociedad más sufren las mujeres en sus menstruaciones, partos, lactancias, puerperios  y climaterios.

Yo fui amamantada solo 3 meses, según me contaba mi madre, me quedaba con hambre y mi abuela me dio una papilla de maizena y ya no quise pecho. Sí he sido muy cogida en brazos, eso me consta, sobre todo de bebé. Pero  no sé cómo fue la vinculación de mi madre conmigo en esa etapa primera. No sé cómo vivió mi madre la llegada de su primera hija, si se sintió insegura, colmada o abrumada. Si ver a su bebé le hizo recordar consciente o inconscientemente cómo fue ella tratada de bebé. Si la “sombra” de su propia infancia planeaba en su puerperio o no. Cuando pude preguntarle no lo hice y ahora que querría no puedo.

Después, la etapa que sí recuerdo conscientemente, cuando ya no era bebé, sino una niña, está  llena con recuerdos de displacer.

No  recuerdo un masaje, ni muchos besos ( aparte los de saludar),  ni muchos abrazos ( de esos de porque sí) . Como he comentado alguna vez éramos algo “salvajes” en nuestra familia. Fuimos heredando las carencias de nuestras madres y de nuestras abuelas. (Mamá, si pudieras saber ahora cuánto entiendo tantas cosas… cómo siento que no hubieses sido más feliz, más arropada, querida y valorada de niña…).

No se puede dar lo que no se tiene… o al menos no completamente. Y aun así, teniendo en cuenta la propia mochila que cargaba mi madre, recibí cosas positivas entre tanta frustración y dolor. Pero ningún mensaje positivo sobre mi cuerpo, sobre el placer del cuerpo.

Crecí viendo a mi madre estar siempre a dieta. Una mujer muy guapa, inteligente, que mantenía a su familia prácticamente sola. Pero estaba gorda. En mi casa, esa palabra:  “gorda” ,era de las que más se oía, a veces disimulada en forma cariñosa: “gordi”, y a veces directamente como insulto: “gorda” “vaca” y otras que me cuesta hasta escribirlas a día de hoy…

¿Cómo va una madre que odia su cuerpo a transmitir a sus hijos amor y/o agradecimiento por los suyos? ¿Cómo va a enseñar a disfrutar de las sensaciones placenteras de la piel si apenas las ha vivido?

Me imagino, que se podrá en cierta medida, pero no completamente.

Curar la herida de no sentirse tocada, de asociar” tacto” solo con relaciones  sexuales  cuesta mucho, muchísimo. Y es necesario. Para hablar a nuestros hijos de sexualidad en un sentido amplio. No sólo de cómo se hacen los niños, sino de todos los aspectos implicados. Para que sean personas con menos conocimiento de geografía universal pero más de geografía propia… la física, y la emocional.
Para que cuando nuestras hijas tengan su primera menstruación no sigan diciendo : “He caído mala” . Para que sepan que sexo es mucho más que coito y sobre todo para que sepan que sus cuerpos son perfectos: sean como sean.

Yo me creía lista y espabilada y muy segura de mí misma.
He sido una niña independiente. Me hice cargo muy pronto de hermanos y casa. Me fui de casa de mis padres a  los 19. Quienes me conocían veían  a alguien “aparentemente” sin complejos…
Pero sí  tenía… ¡vaya si tenía!…  A veces la “aparente seguridad” no es sino justo lo contrario.
Gracias a mi marido supe lo que era sentirse querida, amada y deseada… pero no bastaba. Seguía con tabúes y miedos a mi propio cuerpo.
Hasta que llegó  mi tercer parto. Y di a luz algo más que a mi hija… y empecé a verme como lo que soy de verdad. Lo que somos todas: mujeres perfectas con nuestras imperfecciones.

Así que  ahora puedo decir bien alto que :

tengo un útero perfecto y relajado y unas tetas que adoro