¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

Hoy hemos desayunado con este titular de la entrevista a Samanta  Villar :

Samanta Villar- calidad de vida

Y como cada 2 x 3 surge el mismo debate de si ser madre es esa etapa idílica de realización completa para la mujer o una trampa de “veteasaberquién” ( para unos el patriarcado, para otros el capitalismo, la religión, o  cualquier grupo o estamento con poder e intereses) para engañarnos y someternos ( aún más) y cumplir nuestra función reproductora.

Como en todo debate hay gente en los extremos y otros, la mayoría, deambulando entre ambos, a veces más inclinados hacia uno u otro, dependiendo de la propia experiencia, de la propia vivencia.

Dejando a un lado que en el titular se busca llamar la atención y que, evidentemente, vende más uno polémico que sencillamente decir: “ser madre es agotador”, a mí me llama la atención la elección de los términos que hace Samanta en sus declaraciones.

¿Qué es la calidad de vida?

Quizás esa sería la primera pregunta a plantearnos. En mi caso necesito definir qué es exactamente la calidad de vida para evaluar si yo también la he perdido o no, que a lo mejor en mi caso estoy peor que antes y la oxitocina me tiene engañada…o el patriarcado.

Me pongo a buscar y encuentro que el término “calidad de vida” es (copio) :

un concepto  propio de la sociología, pero también forma parte del debate político o de las conversaciones cotidianas. Se entiende por calidad de vida el nivel de ingresos y comodidades de una persona, una familia o un colectivo. Esta definición es meramente orientativa, ya que la idea de calidad de vida está llena de matices”.

Leyendo eso es evidente que tener a cualquier persona dependiente a tu cargo hace que tu calidad de vida baje… algo así como la renta per cápita de un país con una tasa alta de desempleados.  Si yo ganaba 2000€ al mes  y estaba sola y ahora gano lo mismo  (suponiendo que sea de las afortunadas que siguen ganando su sueldo después, claro) y tengo 2 hijos a mi cargo… pues sí, evidentemente he perdido calidad de vida. Ahora tengo más gastos, menos dinero para mí y además menos tiempo para intentar ganar más dinero y alcanzar mi status anterior. Decididamente he perdido calidad de vida.

Pero ¿es esto así en realidad? ¿Realmente nuestra calidad de vida la medimos con una ecuación de ingresos y personas a repartir? ¿Será eso de lo que hablaba Samanta Villar en su entrevista?

Dejando a  un lado el sarcasmo, todos entendemos que la calidad de vida engloba muchas más cosas aparte del dinero, aunque es evidentemente una parte fundamental ya que otros conceptos asociados a ese concepto se consiguen con dinero:  ( sistema sanitario, educación, seguridad, vivienda, alimento, electricidad, ropa, etc…)
Esta es otra definición del concepto “calidad de vida” mucho más completa:

La calidad es el grado de bondad de las cosas en general. La calidad de vida designa las condiciones en que vive una persona que hacen que su existencia sea placentera y digna de ser vivida, o la llenen de aflicción. Es un concepto extremadamente subjetivo y muy vinculado a la sociedad en que el individuo existe y se desarrolla. En un ambiente rural, sin adelantos técnicos, donde las personas viven una vida más de acuerdo con la naturaleza y alejados del progreso, sentirán satisfechas sus necesidades con menores recursos materiales. En las modernas sociedades urbanas, un individuo se sentirá insatisfecho y con poca calidad de vida si no puede acceder a las innovaciones tecnológicas que lo dejan relegado del mundo globalizado y competitivo.

Hace no tanto tiempo tener hijos era la única forma de asegurarse la calidad de vida en el futuro. En una sociedad sin pensiones, ni seguridad social, eran los propios descendientes a los que se cuidaba en su primera etapa, los encargados después, de cuidarnos cuando no nos valiéramos por nosotros mismos. De ahí que en muchas culturas no poder tener hijos fuera una especie de lacra o maldición. En cierto sentido te hacía depender de la caridad de los demás miembros de tu familia o tu tribu.

Hoy no tenemos hijos para que nos mantengan el día de mañana, aunque no sé yo las vueltas que dará el mundo todavía… Pero es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El concepto calidad de vida es moldeado por la sociedad en la que se vive, por la situación social, política y económica. Y sobre todo es moldeado por nuestras propias creencias y expectativas.

Si yo me enfrento a la maternidad sin tener en cuenta que, ante todo, tener hijos no es un derecho ni una opción que se pueda hacer poniendo el foco en el interés del adulto, entonces de seguro mi reacción ante la situación me va a desbordar.

Ser madre ( padres)  es sobre todo un trabajo muy ingrato en nuestra sociedad. Los niños no son valorados por lo que son, se nos presentan como otro objeto de consumo más que tiene que cumplir unas expectativas para el consumidor.  Los bebés tienen que dormir mucho, solos, comer cuando les toca y sobre todo, no llorar. Tienen que dejar a sus padres tiempo de volver a sus productivas vidas cuanto antes, por supuesto, sin hacernos sentir culpables con su llanto al quedarse con extraños. Tienen que agradecernos que les hayamos tenido porque somos la causa de su existencia, y como tal, supeditados a nuestros deseos. Tienen que obedecer nuestras normas, por supuesto sin rechistar. Todo acto de queja se considera rebeldía máxima y, por tanto, merecedora de un castigo ejemplar.

Expectativas versus realidad

En ese contexto es normal que todas nos sintamos morir cuando comprobamos que expectativa y realidad chocan estrepitosamente.

Resulta que mi maravilloso bebé, tan bonito, me reclama más de lo que soy capaz de dar. Resulta que no sé por qué me siento incapaz de responder a sus demandas sin sentir que se me chupa la sangre. Resulta que he pasado de ser la persona que era a convertirme en un satélite que gira alrededor de las necesidades de un ser que ni siquiera habla. Necesidades tan poco excitantes como comer, estar limpio o sentirse seguro en brazos.  Resulta que yo puedo pasarme 21 días viviendo en la calle como una sin techo, fumando porros o trabajado en una mina  pero me resulta difícil aceptar mi nuevo rol de madre.

Mafalda. madreQuizás, y digo quizás porque yo no tengo las respuestas a cada situación particular, esté en que todo lo anterior lo considero valioso porque es mi trabajo, me realiza profesionalmente y sobre todo, me aporta dinero y reconocimiento. Pero ser madre no aporta ni lo uno ni lo otro. Y quizás porque todos los demás contratos de nuestra vida son temporales, con claúsula de salida (hasta inventamos el divorcio que anula la promesa de “hasta que la muerte nos separe”), menos este.
Somos mujeres educadas para SER ALGO en la vida. Por supuesto, ese “algo” se refiere a  algo más que ser madre. Nos ha tocado ser la generación que tiene claro que puede ser lo que quiera sin haber encontrado la fórmula para no renunciar a  nada, incluso a lo que  no sea tan productivo desde el punto económico y social.  En lugar de encontrar el modo de conciliar nos salimos por la tangente criticando a las que no concilian, bien porque trabajan y no cuidan, bien porque cuidan y no trabajan ( entendiendo “trabajo” como remunerado).

 

  • Nos criaron para no ser esclavas de los hijos, pero no nos explicaron que cuando te enamoras de tu bebé ( que no es sólo el hecho de tenerlo), el único lugar en el que quieres estar es al alcance de su mirada.
  • Nos criaron para correr y alcanzar nuestras metas profesionales, pero no nos explicaron que en esta carrera podemos tomarnos tiempos para hacer otras cosas, que a veces, nos interesarán más otras cosas.
  • Nos criaron para no sentirnos explotadas en casa, pero no nos explicaron que a la mayoría nos siguen explotando fuera de ella.
  • Nos criaron para saber que teníamos todos los derechos, pero no nos explicaron que algunos de esos derechos eran sólo deseos.
  • Ser madre no es un derecho, no es tampoco una obligación y nunca  ha de ser un castigo.
  • Ser madre debería ser una elección, como no serlo, tomada sabiendo todo lo que implica participar en la vida de otro ser humano a ese nivel.
  • Nadie influye más en la persona que somos que nuestra madre.
  • Nada nos deja tanta huella como la actitud de nuestra madre hacia nosotros.
  • Nada nos marca tanto como lo que nuestra madre siente que hemos sido para ella en su vida.

Quizás, y solo quizás, la mayor muestra de madurez  y altruismo de una mujer que es madre, sea tragarnos las palabras dichas en pleno agotamiento físico, mental y emocional y no arrojarlas a nuestros hijos como si ellos fueran los culpables de nuestra falta de conocimiento de la situación que hemos decidido vivir.  Porque, de hecho, no lo son.

Yo también a veces he deseado irme de mi vida un rato.
Yo también me siento sobrepasada y defraudada como mujer trabajadora con hijos por una sociedad  a la que aporto lo más valioso y no me da nada a cambio sino ostracismo social y profesional.
Yo también me siento sola con una carga que a veces se me hace muy pesada.
Pero yo soy la adulta, yo soy ahora la madre.

Y para acabar retomando la idea inicial del post, mi calidad de vida ahora es bastante mejor que antes de ser madre. Así que va a ser que no, que  la calidad de vida no se pierde por tener hijos,  igual que no se pierde por casarse o divorciarse, sino por cómo afronta cada uno sus  vivencias.
Y, por supuesto, la felicidad de una mujer no la da ser madre o no serlo. Ni siquiera desear algo y conseguirlo o no desearlo y aprender a vivir con ello. LA felicidad, imagino, es aprender a saborear los buenos momentos, no esperar que los demás sean responsables de hacernos felices y no culparles de nuestras frustraciones. Al final, creo, todo es cuestión de ACTITUD.

¿ Qué es lo mejor?

¿ Qué es lo mejor?

“No aspires a hacerlo un poco mejor, aspira a hacer lo óptimo”

Esa frase es una de las que siempre tengo en mente la hacer mi trabajo,  una de las que más utilizo, adaptándola, cuando hablo con las familias o cuando imparto formación.
Las madres ( y padres) queremos lo mejor para nuestros hijos. Nos pasamos la maternidad creyendo que nuestra misión en la vida es buscar lo mejor y dárselo. Así, cuando encontramos a alguien experto en una de las materias relacionadas con el cuidado de nuestros peques, siempre le preguntamos lo mismo:

  • ¿Qué es mejor para él?
  • ¿Cuál es el mejor portabebés?
  • ¿El mejor nudo?
  • ¿El mejor pañal?
  • ¿La mejor forma de amamantar?
  • ¿El mejor biberón?
  • ¿La mejor guardería?
  • ¿La mejor pediatra?

Hasta el infinito…

¿Qué pasa cuando crecen?

Crecerán nuestros bebés y crecerá nuestra experiencia, pero no siempre nuestra confianza y seguiremos preguntando :

-¿Cuál es el mejor cole, el mejor dentista, la mejor actividad extraescolar, el mejor hotel para irnos de vacaciones, etc.?

No es malo pregunta, lo mal es que seguimos preguntando mal.

Cuestión de Responsabilidad

Seguimos sin entender que pedirle a otro que nos dé la respuesta a cuál es la mejor mochila o el mejor biberón o la mejor forma de dormir a nuestro hijo, lo que en realidad evidencia es nuestra falta de responsabilidad.
No quiero decir que los padres que preguntamos somos irresponsables, sino que  al preguntar así, estamos dejando de ejercer nuestro trabajo principal que es tomar decisiones y asumir responsabilidades.

  • No es lo mismo preguntar las diferencias entre sistemas de porteo y decidir, que preguntar qué  mochila es mejor
  • No es lo mismo preguntar las consecuencias de utilizar un sistema de crianza y otro y decidir, que preguntar qué es mejor hacer.
  • No es lo mismo indagar cómo se trata a los bebés en las guarderías de la zona para ver cuáles casan con nuestra propia filosofía y decidir, que preguntar a otro cuál es la mejor.

Porque cuando alguien cataloga algo de “mejor” invariablemente está usando su propia escala de valores, su propia medida. Y juzga en base a ellas y a sus propias circunstancias, a sus propias vivencias y creencias.
No conozco dos familias que piensen igual en todo ni que tengan las mismas necesidades, del mismo modo que no conozco dos bebés iguales, aunque tengan el mismo peso, talla  y edad.
Delegar la toma de decisiones, que va intrínsecamente ligado a  ser el adulto responsable de un menor, en otra persona, por mucho que esa persona sepa de la materia, es irresponsable.
No quiero decir que la formación y la experiencia no sirva de nada, ni quiero decir que los profesionales no hagamos nuestro trabajo. Quiero decir que una cosa es ofrecer información objetiva y  otra cosa es decidir por el caso particular.

Yo puedo saber mucho de porteo, pero si una madre me pregunta qué portabebés es el mejor y yo le doy una respuesta tipo “este portabebés”, no sólo estoy demostrando muy poca profesionalidad, sino que estoy cosificando  a ese bebé y su familia al no tener en cuenta ninguna de sus características particulares.
No hay un portabebés mejor porque hay tantas realidades como personas y  hay tantas dinámicas familiares, culturales, sociales, físicas y emocionales que sería imposible que todas coincidieran en una sola respuesta.

¿Es malo preguntar a profesionales?

Entonces, ¿de qué sirve nuestra formación y experiencia?,¿significa esto que no podemos responder a las familias que nos consultan?
NO. Significa que precisamente nuestra formación y experiencia sirven para explicarle a las familias que la meta no es encontrar “el mejor” nada, sino aspirar a lo óptimo en cada caso.
Suelo decirle a las familias que mi trabajo tanto en el porteo, como en la lactancia, y la crianza, es explicarles “lo óptimo”, lo que el bebé o niño necesita y espera y que es su trabajo aspirar a ello, teniendo en cuenta que cada familia llegará al punto que pueda y quiera.
Si yo te digo que “esto es lo mejor”, te quedas aquí, en este punto. Si te digo qué es lo óptimo a lo que aspirar, llegarás mucho más lejos. Porque la maternidad no es algo estático, no son metas concretas que alcanzar, es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.

[Tweet ” La maternidad no son metas concretas que alcanzar. Es un camino, un constante movimiento, aprendizaje y cambio.”]

El término “mejor”

Hace muchos años desterré de mi vocabulario el concepto “mejor” y nunca me oiréis decir “la lactancia es lo mejor”, o “este portabebés es el mejor”.

Si una madre me llega dando lactancia mixta no presupongo que lo mejor es que intente la lactancia exclusiva, porque si algo sé es que muchas veces lo óptimo en esa díada madre-bebé es el equilibrio que la lactancia mixta permite a esa madre, la red de seguridad que la madre necesita para poder amamantar de forma segura.

Por supuesto en otros casos sí  será lo óptimo recuperar la lactancia exclusiva, pero no siempre sabemos qué caso es cada cual de primeras. No lo sé yo y muchas veces no lo sabe tampoco la propia madre.

La necesidad de juzgar, de etiquetar, de medir y evaluar es muy difícil de eliminar de nuestra vida. Sobre todo del rol de madre sometido constantemente a juicio, el propio y el de casi todos los demás. Ese estar constantemente en la palestra, teniendo que demostrar lo buenas madres que somos tiene como único resultado madres cada vez más inseguras, más frustradas, más infelices. Hasta el punto de irnos al extremo  de hacer apología de ser mala madre, por muy envuelto en humor que lo hagamos,  como si de ese modo reivindicáramos nuestro derecho a no tener que cumplir los objetivos de todo el que se cree con derecho a imponérnoslos. Si entramos en el juego de poner etiquetas: “mejor, buena, mala…” estamos jugando al mismo indecente juego.
Un juego en el que todas perdemos. Tanto, que lo siguiente es llegar a sentirnos arrepentidas, ya no de ser madres, sino de tener hijos, que parece lo mismo pero no lo es.

Quizás si dejamos de poner la medida fuera, si dejamos de preguntar a otros, si dejamos de buscar “la mejor forma” de ser y estar en este y otros roles.  Si empezamos a preguntar con inteligencia y a pensar por nosotras mismas con la información obtenida. Si dejamos de leer libros y miramos más a nuestros hijos y les escuchamos un poco más, con más atención, nos daremos cuenta que muchas de las respuestas no las tienen otros, sino nosotros mismos, nosotras y nuestros hijos.
Mis alumnas siempre me oyen decir que cuando una asesora recibe una pregunta se sabe el tipo de profesional que es por la respuesta:

Una profesional mediocre responde siempre a las preguntas que le hacen.
Una profesional responsable y bien formada no responde, hace más preguntas.

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Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

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La Maternidad sin Tabúes- mi libro

La Maternidad sin Tabúes- mi libro

Este Blog lleva ya unos 8 años abierto. Tiene más de 1000 entradas, la mayoría de ellos de contenido propio. Ha ido creciendo y cambiando, como yo misma, al ritmo de mi propia maternidad. Cuando lo empecé aún no existía Madresfera, ni las Malas Madres ni las Madres cabreadas ni todos esos movimientos de la blogosfera maternal. Eso hizo que fuera relativamente fácil que las personas interesadas en los temas que escribía llegaran al blog y me leyeran. Cientos de suscriptores que leían cada cosa que se publicaba, que comentaban y compartían.

Hoy tenemos tanta cantidad de información disponible para leer que ya casi no leemos. Como cuando vas a un buffet libre y hay tanta oferta que te sirves de 30 platos diferentes, de los cuales algunos ni llegas a probar.  Eso ocurre hoy con toda la información que nos bombardea. A veces no pasamos del título y, si lo hacemos, en vez de leer escaneamos.

Que haya tanta  cantidad de información disponible  ha facilitado que temas que antes era difícil encontrar ahora estén disponibles para casi todo el mundo. Eso es bueno.
Pero  que haya tanta cantidad de información disponible también hace que sea muy difícil filtrar la información buena de la información basura. Eso no es tan bueno.

Como en el buffet, no todo lo que tiene buena pinta es sano y nutritivo. Platos  que nos entran por los ojos pero contienen exceso de  grasa o azúcar, que consiguen calmar el ansia de tragar pero aportan poco a nuestro organismo.  Así pasa con el exceso de información y canales que nos rodean. No todos aportan contenido original, provechoso o bien escrito. A veces contienen directamente basura disfrazada de comida u opiniones disfrazadas de evidencia.

Triunfan los blogs maternales que nos cuentan peripecias de madres  más o menos divertidas o que nos explican cómo decorar las habitaciones de nuestros peques ( los míos usan su cuarto sólo como almacén de juguetes,  menos mal que no me esmeré mucho en prepararlo) o aquéllos que nos nos enseñan qué complementos usar para ser una madre pluscuamperfecta o pluscuaimperfecta, que se lleva ahora más.

Por supuesto tienen su espacio y su público visto cómo triunfan, pero  a algunas no nos aportan demasiado. Es como esas tartas de fondant tan monísimas y vistosas que cuando las vas a comer te decepcionan porque a ti realmente no te gusta la pasta de azúcar, sino un simple bizcocho esponjoso con nata.

Portada1Por otro lado están los blogs “Google Maps”, aquéllos que prometen llevarte a donde quieres,  a ser posible escritos por expertos que nos enseñan a ser madres y nos dirigen todo aspecto de esta etapa. No hace falta que lo escriban madres, para qué, si la maternidad cada vez  está más subcontratada.  Cualquiera con algún título profesional cuyo ámbito de trabajo afecte a madres o niños os propondrá una “guía maestra” para criar hijos. Psicólogas conductistas, pediatras mediáticos, nutricionistas fashion, ex deportistas ex drogadictos, coachs de todos los colores, famosas de más o menos categoría… todos estos nos llevarán de la mano por el maravilloso mundo de sentirnos completamente inútiles sin sus consejos.
En este terreno no parece muy inteligente publicar un libro que plantea más preguntas que  respuestas, sin el aval de un título “oficial” para hablar de maternidad, más el que me otorgan mis propios hijos. Con textos que, además, han sido ya en gran parte, publicados antes en mis blogs.  Pero a pesar de todo, quería publicar este  libro.
He tardado porque llevo años posponiendo lo importante para hacer lo urgente.
He tardado porque me cuesta mucho escribir y no compartir lo que escribo.
He tardado porque en algún momento pensé que quién iba a pagar por leerme cuando puede leerme a diario gratis en mis blogs y redes.

Pero decidí publicarlo y aquí está.
Porque es algo más que una recopilación revisada de algunos de los textos que he escrito en estos años.
Porque es la prueba tangible de que cuando quieres comunicarte, lo que tienes que hacer es lanzar tus palabras al mundo.
Porque es un sueño cumplido desde que empecé a escribir.
Porque me gustaría que las madres de una vez miráramos más para adentro al ser madres y menos hacia fuera, hacia lo que hacen otras.
Porque empoderar la maternidad es respetarla y no tratarla como una etapa idiotizante de la vida de las mujeres.

Yo quería un libro que recogiera la forma en la que yo vivo ciertos temas. Una recopilación de temas incómodos pero necesarios.
Una colección de historias que nos parecen “de otros” hasta que empiezas a leer y te das cuenta de que también hay parte de ti en ellos.

Este libro habla de las lactancias que no se logran, de las madres que no tienen tribu, de los miedos que nos paralizan, de los desencuentros con la pareja cuando llegan los hijos, del deseo sexual o la falta de él de las madres y sus parejas, de las violencias que sufrimos y no vemos, de las medallas que otros se cuelgan y son nuestras, de las renuncias al ser madre, del miedo a quedarnos solas por no negociar con el amor a nuestros hijos, de la competencia entre mujeres y madres, de cómo cargamos a nuestros hijos con nuestras mochilas sin ser conscientes de ello siquiera,  de las dinámicas familiares tóxicas que arrastramos, de abortos, del dolor de no parirlos o del dolor de parirlos no vivos.

He escrito sobre los temas que quiero hablar con mis hijos, de los que hablaría con mis hermanas y cuñadas, con las madres que me escriben…
He escrito porque no puedo no escribir.
Ojalá este trozo de mí   y de muchas otras madres, escrito, como comento en la introducción, con sangre, sudor y leche, te remueva.

Sólo desde ese lugar podemos avanzar y soñar con más Maternidades sin tabúes.

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El duelo de las que acompañamos madres

El duelo de las que acompañamos madres

Recuerdo el dia que me enteré que mi bebé no estaba vivo. Nada más salir de la consulta de la tocóloga, llorando y aún intentando asimilar lo que estaba pasando, vi a un par de madres sentadas en la sala de espera, acariciándose sus ya enormes barrigas y decidí ponerme mis gafas de sol para que no vieran  en mi rostro la cara de la muerte. Esas muertes que siempre les pasa a otras.

He comentado muchas veces con compañeras y alumnas  esta reacción mía en un momento en el que debía estar aún en estado de shock.  Parece una reacción extraña sacar algo de lucidez y preocuparse de otras personas, de extrañas, cuando en realidad tu cabeza sólo gira alrededor de esas tres odiosas palabras que te aplastan cada vez un poco más hacia abajo, hasta que sólo quieres desaparecer entre el polvo del suelo.

No es una reacción tan extraña cuando tu trabajo es como el mío.

Ser asesora de maternidad, Asesora Continuum, no es lo que hago, ES LO QUE SOY. Va más allá de la empatía natural de una persona hacia otra en su misma situación.
Ser madre, a muchas personas ( no a todas), les hace empatizar con  otras madres con las que comparten intereses y experiencias.

Dedicarte al acompañamiento  y/o asesoramiento maternal es ampliar tu radar emocional, es ser consciente de muchas necesidades, de las que te son familiares y de otras desconocidas, es comprender que cada situación personal es un complejo entramado único al que hay que acercarse con mucha capacidad de escucha, con una enorme dosis de respeto y con una gran capacidad de autocontrol para amarrar el ego y las ganas de juzgar.

Cuando esa es tu forma de vivir tu trabajo y de repente vives en primera persona eso que antes sólo habías leído y escuchado (que no oído), entonces tu duelo es un duelo peculiar.

Hacer un duelo acompañando la vida

dueloSeguramente sabréis o hayáis leído que una madre que ha perdido a su bebé quiera evitar, durante algún tiempo al menos, todo el contacto que pueda con embarazadas, bebés y niños. Este es un comportamiento totalmente normal, nada patológico y no tiene que ver con ninguna emoción indeseable. Esa madre no se ha convertido en una mala persona, ni se ha vuelto huraña ni  envidiosa: sencillamente aún llora por su no-maternidad y en determinados momentos resulta insoportable ver de cerca las sí-maternidades del resto del mundo.
En este contexto, les decimos a las madres que no se angustien, que a medida que vayan incorporando a su nueva vida aspectos de su vida anterior, se irán asentando las emociones. Volver a salir de casa al cabo de unos días, ocuparse de las tareas cotidianas al cabo de un tiempo, volver al trabajo llegado el momento,  son pasos que indican movimiento, movimiento que poco a poco nos traerá el equilibrio a medida que aumente la confianza y, como consecuencia, la velocidad necesaria.
Pero cuando tu rutina y tu trabajo incluye la convivencia diaria con madres, muchas sienten que en vez de un paso adelante se les obliga a dar un salto al vacío.
No sé si las que no estéis en esta situación podéis imaginar el torbellino de emociones de enfrentarte a trabajar  con madres, con padres, con familias llenas de vida, con bebés que besar, acariciar y nutrir, cuando tú, en ese aspecto, te sientes llena de muerte,   con un cuerpo que aún te demanda ese otro cuerpo al que besar, acariciar y nutrir y sólo puedes darle vacío y lágrimas.

Antes os decía que al comentar mi reacción al perder a Altair y mi vuelta al “trabajo” relativamente precoz, algunas personas me preguntaban que cómo pude hacerlo sin derrumbarme. Ante todo quiero dejar claro que no hay reacciones correctas y reacciones incorrectas, sólo hay emociones, todas válidas -incluidas las que calificamos de negativas- y distintas posibilidades  para afrontarlas.

En mi caso no me suponía sufrimiento añadido estar rodeada de madres embarazadas, madres puérperas, bebés y niños.  No todas lo viven igual. Para algunas supone demasiado  que todo gire en torno a palabras, cosas y actividades que  recuerdan la realidad no deseada. Todo está bien, no hay un ritmo único ni un proceso único. No hay una forma válida ni una medida estándar. Lo importante es darse el tiempo que se necesita, escucharse y no añadirse más carga de culpa. juicio o remordimiento. Debemos recordar que ahora nosotras somos “ellas” y  permitirnos ser dolientes un poco más de tiempo si es necesario.
No voy a negaros que en alguna ocasión lloré escuchando algún relato de parto o mirando a los ojos a alguna madre en la que veía compasión hacia mí y mi situación, pero la mayoría de las veces, el rodearme de vida me hacía sentir aún más gratitud por  el enorme privilegio que tenemos y a menudo damos por sentado.

El mejor bálsamo junto con el tiempo

El amor ha sido siempre lo que me ha mantenido a flote cuando mi barco zozobraba. Tener un ancla no te evita los zarandeos que te dan las olas, pero te mantiene alrededor de tu centro, evita que te pierdas.  No creo que haya mayor ancla a la vida que sentir amor: amor por los hijos, los nacidos y los que no lo lograron, amor por las personas que te rodean, amor por mi trabajo y amor por mí misma y mi propia capacidad de sentir amor.

Sin duda es un desafío dar ese paso de volver a escuchar historias de madres cuando aún tienes ganas de llorar a cada instante. Pero si eres capaz de darlo, si consigues ampliar ese radar y ver más allá de tu dolor, verás que muchas veces, créeme que muchas más de lo que piensas, recibes más de lo que das. Ese es otro de los milagros de nuestro trabajo: cuando ofreces confianza y sostén, recibes confianza y sostén de vuelta.

Al final del día, al final del camino, no es que no te duela tu dolor,  pero pesa algo menos y ahora en el lugar de esa carga pesada, ahora hay más empatía y más sabiduría para seguir caminando y seguir acompañando

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PD: Dedicado a todas las mujeres que se sienten identificadas al leer mis palabras. En especial a L.O.

(Imágenes  CC0 Public Domain)

Madres desbordadas ¿malas madres?

Madres desbordadas ¿malas madres?

Mi abuela paterna fue “sólo” madre.
Mi abuela materna fue madre de familia numerosa pero no crió a sus hijas mayores.
Mi madre fue mujer trabajadora primero,  y madre de familia numerosa, prácticamente sola, después.
Su “conciliación laboral y familiar” pasó porque su hija mayor se encargara de los pequeños y de gran parte de tareas de la casa mientras ella trabajaba.
Yo hoy soy heredera de todas esas dinámicas con las que he crecido y voy aprendiendo a compaginar mis “creencias”  sobre la vida familiar y los hijos con mis conocimientos sobre las necesidades de los bebés y niños y con mis deseos como mujer adulta de tener mis propios espacios fuera del rol de madre.

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Ser madre hoy

Creo que tenemos el papel más difícil en generaciones. Porque tenemos más información y eso en vez de convertirse en lo que debería ser, una herramienta para saber cómo hacer las cosas de forma más sabia y eficaz, se ha convertido por el contrario, en un arma para culpabilizarnos (aún más si cabe).

Resulta que nos han dicho qué debemos hacer pero nos han dejado solas, sin armas, en la arena.

Nosotras hemos cambiado nuestra mentalidad para no arrojar una carga innecesaria sobre nuestros hijos pero, en la mayoría de los casos, no han cambiado nuestras parejas, ni ha cambiado  la sociedad que nos sigue haciendo escoger entre lo que debe ser y entre lo que puede ser.

Somos la infantería de esta guerra. Las más expuestas, las que arriesgan su cuerpo, sus energías, su vida, en una batalla en la que otros, desde sus lugares estratégicamente seguros y confortables, al final se colgarán las medallas del éxito.

Madres desbordadas-malas madres

 

Y la realidad es que ser madre de varios hijos, criarlos, es decir: proveerles el cuerpo, contacto y atención que merecen, educarlos, cuidar el entorno en el que viven, nutrirles de forma adecuada, ofrecerles un ambiente sano y estimulante, seguro, confortable, limpio…hacer todo eso y hacerlo sola es misión imposible.
Incluso en los casos en que la pareja no “ayuda” sino que se involucra y comparte este trabajo sin fin, es muy difícil hacerlo sin dejar cadáveres por el camino.

Uno de los “cadáveres” habituales, del que hablaba en este post para el blog Asesoras Continuum, es convertir a los hijos mayores en una especie de franquicia nuestra.

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hermano mayor

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Sobre todo en el caso de familias monoparentales, o donde el padre está ausente física o emocionalmente, es fácil encontrar a los hijos mayores asumiendo cargas que no les corresponden.
En algunos casos los hijos mayores no solo se convierten en nuestros “ayudantes” o en los “encargados” de las tareas logísticas del cuidado de los hijos pequeños y la casa, a veces, y lo que es peor, se convierten en nuestro sostén emocional.

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Culpa No, responsabilidad SÍ

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Las madres no lo hacemos por gusto, por supuesto, es normal que cuando hay varios hijos, incluidos bebés o niños pequeños que nos reclaman todo el tiempo, prioricemos ese trabajo por delante de otros y busquemos el modo de conseguir acabar el día sin desfallecer ni volvernos locas.
Cuando no hay más adultos que nos ayuden a asumir todo el trabajo y/ o que nos sirvan de desahogo y de apoyo es fácil hacer de nuestro hijo o hija mayor nuestro “amigo y confidente”.
Ese es un fallo enorme porque estamos invirtiendo los roles. Ellos aún son niños que nos necesitan a nosotros para completar su desarrollo hasta alcanzar su madurez emocional.

Este post no es para que creamos que le hemos amargado la vida a nuestro(s) hijo(s) sino para que nos paremos a pensar en qué patrones tóxicos estamos perpetuando sin darnos cuenta y para que busquemos otra forma de gestionar nuestra realidad difícil.

No es cuestión de culpabilizarnos, pero sí de asumir responsabilidades.

Si eres madre de familia numerosa analiza el día a día de tu vida y del trabajo que hace cada uno en la familia.

  • ¿Es el hermano mayor el “encargado” de cuidar a su(s) hermano(s)? ¿Puede decir “no”? y si es así ¿Cómo reaccionamos a su negativa a hacerse cargo de su hermano?
  • ¿Tiene edad de cuidarse solo? ¿Le dejarías solo en casa?
    Si no es así, no es lógico que además de no encargarnos de él le pidamos que él cuide de alguien aún más pequeño.
  • ¿Colaboran todos en la casa (si tienen edad para ello) ocupándose de sus propias cosas: cama, recoger sus juguetes, poner y quitar la mesa, colocar su ropa, poner la ropa sucia en el cesto etc? ¿ o por el contrario unos se encargan de hacerle esas tareas a otros?
    En una familia la meta es que todos lleguen a ser autónomos, no que haya uno que le haga el trabajo al resto.
  • Al hablar para pedir ayuda a tu(s) hijo(s) mayor(es) ¿Qué expresiones  usas?
    No  es lo mismo decir: “Vigila a tu hermano” que “¿me puedes hacer un favor y mirar a tu hermano mientras yo hago tal o cual cosa y me avisas si me necesita?” En el primer caso le imponemos la orden de asumir el rol de cuidador, en la segunda dejamos claro que el rol es nuestro y le pedimos que nos ayude, porque necesitamos hacer otra cosa, manteniendo nosotros la responsabilidad final sobre el pequeño.
  • ¿Perpetuamos situaciones de injusticia y desigualdad no solo por orden sino por género?
    Por ejemplo:  la hermana mayor es la única que aprende a cocinar,  a hacer la compra o planchar y/o el hijo mayor se convierte en el policía social de sus hermanas pequeñas.

Estos son solo algunos ejemplos para observar qué dinámica estamos creando en nuestro hogar.
Por supuesto no es lo mismo que nuestro hijo mayor tenga 4 años, 9 o 15, pero en cualquier caso el objetivo es

  • Que todos nuestros hijos que crecen en un hogar con hermanos vivan la experiencia como les corresponde. Desde el rol de hijos, no de padres sustitutos.
  • Que aprendan que criar hijos es un trabajo agotador pero gratificante.
  • Que nuestro cansancio no es por tenerlos a ellos sino por criar sin tribu
  • Que sepan que su colaboración nos es de gran ayuda pero que no es su trabajo ni su responsabilidad preocuparse por ellos ni por nosotros
  • Que se den cuenta que mamá no es perfecta ni pretende serlo, pero que cuando se da cuenta de que algo no se ha hecho bien pide disculpas e intenta rectificar (Gran lección de vida esa)
  • Que se sientan queridos, valorados, respetados y apreciados en su individualidad.
  • Que no crezcan creyendo que nuestro amor hacia ellos depende del “trabajo” que realizan para nosotros
  • Que entiendan que el amor se demuestra con acciones y que quieran contribuir a aligerarnos la carga por eso, porque nos aman, no porque se sientan obligados
  • Que si algún día deciden ser padres y madres disfruten de y con sus hijos, de estar tiempo con ellos disfrutando y que lo hayan aprendido de nosotras.

Disfrutar con los hijos

 

Querida madre desbordada como yo,
sola como yo

imperfecta como yo,
desquiciada por momentos como yo,
 perfeccionista como yo,
histérica a ratos como yo,
inconsecuente entre lo que piensas y lo que haces como yo,
frustrada por no conseguir que las cosas salgan siempre como quieres como yo,
soñando con tener unas vacaciones sin niños aunque no lo confieses delante de ellos ( o sí) como yo,
envidiosa de las madres perfectas como yo,
celosa (a ratos) de las que tienen hijos perfectos como yo…
Mala madre y Buena madre COMO YO
Querida compañera… como una vez leí a una madre imperfecta… recuerda que:

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

 

 

PD: Dedicado a Inma y a todas las madres desbordadas, solas, imperfectas, desquiciadas, perfeccionistas, histéricas, inconsecuentes, frustradas, soñadoras, envidiosas, celosas, a todas las Buenas y Malas madres a la vez.
Imagen destacada ©BadMoms 
Film

 

No quiero la baja maternal

No quiero la baja maternal

No.
No quiero la baja maternal

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NO quiero la baja maternal, ni el permiso de  maternidad, ni la licencia retribuida, ni nada que se le parezca.
Entre otras cosas porque no estoy enferma, porque no necesito que me den licencia para ser la madre de mis hijos ni que nadie me lo permita.

El lenguaje que usamos delata mucho  más de nuestra actitud hacia lo nombrado de lo que pensamos.
Estamos tan acostumbrados al lenguaje peyorativo en femenino y hacia los niños que a veces no somos conscientes de lo insultante que es nuestro vocabulario del día a día, y de cómo transmitimos atributos negativos de forma inconsciente (como si no fuera bastante todo lo que tenemos que oír de forma más directa).

Si eres un zorro eres un tío listo y avispado, si eres una zorra eres una fulana ramera, o una arpía.

Si eres un niño todos los adjetivos del tipo “mimado, consentido, zalamero, listo, etc…” tienen connotaciones negativas.

Y como pocas cosas hay  más intrínsecamente femeninas que la maternidad, pues en este ámbito el lenguaje es innegablemente paternalista, sexista, violento, condescendiente e insultante. 

Por eso si ya es vergonzoso que la ley nos obligue a reincorporarnos al trabajo a las 16 semanas de haber tenido a nuestro bebé, que encima  a ese tiempo se le nombre como “baja”, “licencia” o “permiso” no hace sino acrecentar la idea colectiva de que “alguien nos hace un favor dejándonos estar ese tiempo con nuestro bebé, o lo que es peor, nos lo permite.

Ese tiempo es nuestro

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Así es.
TAn sencillo como eso: ese tiempo tras nacer nuestro bebé ES nuestro.

Nadie debería  concedernos algo que es nuestro por derecho.

Y mucho menos atribuirse mérito por ello.

 

La madre tiene el derecho a estar y criar a su bebé y el bebé el derecho y la necesidad de estar con su madre para ser criado como espera y merece.  Limitar el tiempo mínimo en el que el bebé necesita constantemente a su madre a 16 semanas demuestra una completa ignorancia de las necesidades biológicas, psicológicas y emocionales de los bebés, y no deja de ser una especie de sistema de restricción de derechos inalienables.  Y encima llamar  esa limitación antinatural  como la llamamos actualmente es una total desconsideración y falta de respeto a la madre y al bebé.
No pedimos permiso para no ir a trabajar los días libre, porque es lo normal, es nuestro tiempo libre y no deberíamos llamar al tiempo libre que tenemos tras haber nacido un hijo ni “baja” ni “licencia” ni “permiso”.

Periodo maternal retribuido

No tengo una alternativa  que me convenza a todos lo niveles de cómo llamar a ese tiempo,  se me ocurre nombrarle como periodo maternal retribuido, a falta de que  pensemos en ello y se nos ocurra algo más acertado y que refleje más la realidad de lo que son esas semanas. Porque desde luego ninguna de esas formas habituales me convencen.
Hay aún una gran parte de la población que cree que las “bajas maternales” son una carga para los sistemas de seguridad social de los países. Yo he oído a algunos “iluminados” decir que es injusto que sus impuestos nos paguen “vacaciones” a las mujeres solo por parir. Igual el día que esa persona se jubile estará bien recordarle que su pensión sale de los impuestos de los contribuyentes que parieron aquellas mujeres a las que “él subvencionó las vacaciones”.
Fue un caso aislado, pero lamentablemente a nivel más amplio esa es la idea de fondo por la que en nuestro país ningún partido político se ha comprometido a ampliar ese periodo. Todos ven un gasto, no una inversión.
No voy a repetir que hay otros modelos que han apostado precisamente por lo contrario, por invertir en que las madres maternen durante más tiempo y en una sociedad de adultos más sanos por haber sido criados de una forma más parecida a como merecen. Pero no está de más recordar que esos modelos existen y funcionan.

Aunque claro, Spain is different y aquí lo que hacemos es “repartir lo poco que hay” en aras de la igualdad…porque ya se sabe que es mejor ser políticamente correcto que políticamente justo

 

¿Conciliación?

 

Y por eso nuestro maravilloso sistema lo que hace es que si papá quiere disfrutar de ejercer de padre es a costa de que la madre renuncie a parte de su derecho de ejercer de madre. O sea, una vez más alguien decidiendo hasta qué grado nuestro derecho es o no nuestro.
Y como siempre digo… así nos va…

Imagen destacada ©Maitena
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Ser Madre: perder libertad, ganar muchas otras cosas

Ser Madre: perder libertad, ganar muchas otras cosas

Seguramente hoy has mandado una felicitación a tu madre o a todas las madres que conoces.
Seguramente estos días te has dado cuenta que la publicidad iba toda de madres. TV y medios llenos de anuncios alabando las virtudes de las mamás.
Seguramente has recibido el regalo que tus niños  han elaborado  para ti.
Seguramente alguno de los tuyos ha recorrido estos días las tiendas para encontrar algo especial y no caer en la supina estupidez de regalar un electrodoméstico.
Seguramente hoy toca comida familiar alrededor de esa persona inigualablemente importante en vuestra vida:  mamá.
Seguramente eres de los que crees que no hace falta un día especial para demostrar el amor y el aprecio pero te gusta la idea de que haya al menos un día señalado que sirva de homenaje.

©NOhemiHervadaYo no he mandado ninguna felicitación.
Mis hijos no saben qué día es hoy.
Pero hoy quiero hacer un homenaje  a las madres. No por ser el primer domingo de Mayo, sino porque es domingo, porque estoy sentada en mi sofá con un café que saboreo y porque estos días me apetece escribir y así es como suelo hacerlo.

.Estas últimas semanas  he pensado mucho en el precio que pago por ser madre.

Yo no he tenido que renunciar, como decía en mi artículo más leído “Las Renuncias de las madres” , a una oferta de trabajo tentadora. O no exactamente.
Pero sí he renunciado a cosas. O mejor: He escogido

  • *He escogido no dormir  sin despertares
  • *He escogido pasar mi tiempo de ocio en parques
  • *He escogido ir a la playa y no echarme una siesta al sol o nadar sola mar adentro
  • *He escogido no poder planear mi agenda con antelación
  • *He escogido limitar mis viajes al máximo que mi hija pequeña tolera estar separada de mí
  • *He escogido posponer trabajos interesantes
  • *He escogido perder una relación de pareja que quería ser el primero de mis intereses
  • *He escogido perder  “amistades” que no respetaban a mis hijos
  • *He escogido cambiar novelas por cuentos
  • *He escogido las princesas y los Jedi en vez de las pelis de miedo
  • *He escogido cambiar una casa ordenada por un hogar disfrutable
  • *He escogido  disfrutar desayunos en vez de cenas como vida social
  • *He escogido montar en bici a patinar
  • *He escogido que mis hijos sepan que ellos están antes que los demás, aunque a veces el corazón duela
  • *He escogido ser feliz siendo madre
  • *He escogido ser una madre feliz
  • *He escogido todo el aprendizaje que conlleva : amar de verdad, humildad, a librarme de egos y egoísmo, consecuencia, respeto, humanidad, empatía, paciencia, perdón sin rencor, a encontrar siempre lo realmente importante…
  • *He escogido permitir equivocarme y perdonarme sin culparme
  • *He escogido dejar que ellos me enseñen las lecciones importantes que olvidé
  • *He escogido que mis hijos no sean niños obedientes
  • *He escogido que me quieran imperfecta pero veraz
  • *He escogido  reír con ellos a llorar con otros.
  • *He escogido llorar con ellos a reír con otros
  • *He escogido a mis co-madres, a esas madres y no madres que son como hermanas: mis amigas
  • *He escogido compartir esto contigo y que tengas cada día de tu vida un Feliz Día.

Si quieres hacerme un regalo compártelo con las madres y no madres, con los hijos y sus padres

Quizás te guste leer:
Vender el Alma por un Abrazo

La maternidad nos cambia

La maternidad nos cambia

Debe ser que no veo Tv y por eso los debates en mi muro de Facebook me gustan cuando se hacen con respeto.

Al hilo del post que publiqué ayer sobre Carolina Cerezuela surgió un interesante intercambio de opiniones.
Que todos juzgamos o nos sentimos juzgados, eso creo que lo tenemos más o menos claro. Que juzgamos a veces sin saber que lo hacemos, de eso no sé si somos tan conscientes.

He pensado mucho en el tema de por qué nos lanzamos al juicio con tanta alegría. Imagino que no hay una única razón. Influirá  el hecho de ser criados y educados en sistemas basados constantemente en juicios: “sí-no” ,”bien-mal” ,”bueno-malo”

Ese decidir si algo cumple lo establecido o se aleja de ello y en base a eso etiquetarlo es  prácticamente la base de casi todos los sistemas de educación.

Eso y la culpa.

La culpa que nos acompaña permanentemente, sobre todo a las mujeres, y más aún a las madres.

Creo que juzgamos a los demás porque en el fondo nos juzgamos constantemente a nosotros mismos, y a veces la única forma de absolvernos es pensar que los otros están peor

Sea como fuere, hoy se escribieron  en mi muro, algunas reflexiones que quiero compartir con vosotros, al hilo de este debate eterno entre madres,  tipos de madres, formas de criar y visibilización de unas y de otras:

 

“Sabemos que la lactancia es fundamental pero también debemos recordar que ser madre dura muchos años más. Cuando mis amigas, madres de hijos de 17, 18, 20 y 21 me oyen hablar de estos temas siempre me dicen: “eso es una parte mínima”. Y conforme van creciendo mis hijas me voy dando cuenta. Lo más importante para mí es estar y estar de una manera amorosa y que eduque a la vez.”
G.L.

 “Y si en un principio pensaba todo lo contrario y al ser madre se ha dado cuenta de que le puede más su instinto materno que las convenciones sociales ¡olé por ella! No sería la primera ni la última”
P.O.

“No hay nunca dos circunstancias iguales ni tampoco hay un estándar claro de lo que es “normal”.”
V.B.

Y tras estos y muchos otros comentarios, más  a favor  o menos, de lo que yo publiqué ayer, me quedé pensando  en todos los absolutos que tenia como certeros y que se me han ido cayendo por el camino… En cómo antes era más “radical” en algunos conceptos y cómo el juicio aparecía fácilmente.
No es que ahora lo haya conseguido desechar del todo, pero ahora mis principios inamovibles son muchos menos.
Sigo creyendo que :

“Lo único “normal” es lo que necesitan los bebés…

fuera de ahí…

hay tantos factores envueltos en cómo las madres los satisfacemos….”


A  más de una nos ha pasado que ha sido la vivencia de ser madre la 
que nos ha hecho cambiar, a veces, incluso a pesar de nosotras mismas.
Yo misma ahora digo “Diego”, donde antes dije “digo”. Yo me he tragado muchas de mis ideas preconcebidas de lo que era ser madre, o de cómo me comportaría ante determinadas actitudes de mis hijos.

O lo que queda aún por cambiar a medida que nuestros hijos crecen, o que tenemos más hijos, o que nuestras circunstancias cambian. La vida es cambio, y cambiar no es malo. De hecho, es muchas veces  ese cambio lo que nos hace ser mejores.

Si La Cerezuelo escogió voluntariamente dar biberones y a pesar de eso colecha y se expresa así es que no todo está perdido,  es que el instinto materno tiene más poder del que nosotras mismas creemos.

Si os gustan este tipo de reflexiones, ya sabéis que podéis darle a Me Gusta a la fan page de Mimos y Teta y suscribiros a las publicaciones para no perdéroslas 😉

 

Y si aún no lo has hecho RT mi texto más compartido: Las Renuncias de las Madres

Carolina Cerezuela habla de su maternidad y yo me alegro

Carolina Cerezuela habla de su maternidad y yo me alegro

Hoy he leído la entrevista que publica ElComercio.es a Carolina Cerezuela y la he compartido en las redes sociales.
Mi comentario ha sido exactamente este:
Comentario sobre la entrevista a Carolina Cerezuela

Cuando comparto algo en Facebook / Twitter lo hago por diferentes motivos. A veces porque me gusta, porque estoy de acuerdo, porque me parece interesante, porque es divertido o curioso. Rara vez, si es que lo he hecho alguna, lo hago por considerarlo ejemplarizante. O al menos no en positivo.
Como ya pasara con Elsa Pataky y otras ( recuerdo el caso de Elsa porque es el que tengo más reciente en la memoria) cuando comentamos que personas conocidas como ella, declaran abiertamente que dan teta, o que colechan, o que prefieren postergar la vuelta al trabajo para disfrutar de sus hijos,  en vez de alegrarnos por cómo contribuyen a derribar clichés sobre esta forma de criar a los hijos respetando sus necesidades, aparecen voces criticando:
-“Que si qué merito tienen si tienen niñeras” ,” que  si tienen dinero para servicio doméstico y así cualquiera” ,”que si ellas pueden porque ganan una pasta trabajando solo un día con un posadito”, “que si en vez de “cueva” tienen mansiones” y similares.
La verdad es que a mí me importa bien poco lo que haga cada una en su casa mientras no haya maltrato. Y tengo claro que cada realidad es única y que cada cual hace lo que puede con lo que le ha tocado vivir. No pretendo dar lecciones ni poner ejemplos, y mucho menos de personas a las que no conozco más que de verlas en la TV. Pero seguiré compartiendo este tipo de noticias por varios motivos, porque como dije en mi muro, más allá de las circunstancias favorables de Carolina Cerezuela y su pareja, o de Elsa Pataky, o de Mayim Bialik, o de cualquier otro personaje relevante, que les permiten criar como ellos han decidido, lo que me interesa es que le dan voz a una realidad  no siempre escuchada. A una realidad mayoritariamente acallada, sobre todo entre los sectores de más influencia en los medios. Realidad que Carolina Cerezuelo deja clara en  la entrevista:

 

Fragmento de la entrevista publicada en ElComercio.es

Fragmento de la entrevista publicada en ElComercio.es

«Los niños no han nacido para llorar,

sino para crecer tranquilos y sentir que están en un entorno seguro.”

 

Captura de pantalla 2015-04-04 21.49.40En un mundo en el que mucha gente cree que la única verdad es la que sale en TV, en la misma TV en la que “periodistas” como la Sra. Quintana reniega del hecho de que seamos mamíferos, en la misma Tv en la que el Sr. EStivill  y SuperNanny aparecen como los referentes en la crianza de los hijos, en ese medio, que una  “famosa”,  con posibles, no sospechosa de ser de una secta hippie o una antisistema  o una doula caníbal, elija manifestarse así, para mí es motivo de alegría.

Si en las críticas aparece además  su talla  o su cuenta bancaria, lo que creo es que tenemos que revisarnos algunas de nuestras creencias más profundas.
Porque si consideramos que esta forma de criar a los hijos no es ninguna etiqueta (odio tener que calificar a la crianza con “natural”, “respetuosa”, “con apego” o similares), sino que ES lo que significa de verdad “CRIAR”, entonces deberíamos entender que es la opción que deberíamos escoger todos, al menos al grado que nuestras posibilidades nos lo permitan.

Y cuando personajes del mundo de la moda, del cine, de la política, o de cualquier otro con influencia mediática se definen partidarios de criar a sus hijos, están contribuyendo a derribar prejuicios y a abrir mentes.

Si en vez de criticar a quienes pueden y deciden hacerlo ( no olvidemos que hay una mayoría  que también puede  y no lo hace), sencillamente nos alegramos de que en otra familia más, los niños duermen acompañados de sus padres, en vez de llorar estivilizados en otro cuarto, dejaremos de lanzar  comentarios que destilan un tufillo  a “rancio”,  a envidia o a autocomplacencia.