Partos programados

Partos programados

Vas a llevar a tu hijo al colegio, con tu pequeño en brazos, a la teta y no puedes evitar oír la conversación que tienen otras madres cerca de ti.

“Esto de los partos programados es una maravilla. Vas ahí ya el día que te dicen. ¡Es el futuro!”

Son madres, como tú. Viven en tu barrio. Tienen más o menos tu mismo nivel socioeconómico. Probablemente el mismo nivel educativo. Son mujeres de tu misma edad. Han vivido en la misma época que tú. Se han enfrentado a prácticamente las mismas experiencias. Nacieron y se criaron más o menos en el mismo entorno social y cultural.
Son como tú.

Pero tú oyes esa frase y algo se te revuelve por dentro.
Miras a tu bebé y lo abrazas. Recuerda quizás, la cicatriz de tu primera cesárea y lloras. Quizás lloras sólo por dentro, sólo para ti, pero lloras.

EN ese momento lloras por ti, por tu parto que no fue, por tu cicatriz que es algo más que una línea marcada en tu cuerpo. Lloras por todo lo que lloraste después. Lloras porque te sentiste culpable mucho tiempo. Y tonta. Te sentiste tonta por creerlo todo. Por no preguntar más. Por no investigar más. Por no buscar más.  Lloras porque recuerdas el dolor y la impotencia  de tener que  atender a un bebé con un cuerpo dolorido y convaleciente. Porque en vez de sentirte fuerte, poderosa y protectora, te sentías vulnerable y débil.

Lloras con miedo recordando lo que has oído tantas veces :  “como fue cesárea, no te va a subir la leche”. Lloras porque un día, decidiste mirar tu herida y saber la verdad. Lloras porque recuerdas la rabia e ira que sentiste cuando ibas desentrañando la gran madeja de mentiras que nos han contado sobre nosotros, sobre nuestros cuerpos, sobre si podemos o no parir, sobre las ventajas de no sufrir el parto. Lloras porque te sentiste estafada. Lloras porque lo que te robaron nunca lo recuperarás.

LLoras todo eso otra vez y respiras hondo mientras piensas en aquel bebé,  en tu primer hijo. Ahora un niño alegre, risueño, cariñoso y feliz. Piensas en todo aquello que no te pudieron quitar. Piensas en que todo ese llanto fue el combustible que alimentó  tu fuerza para no dejar que te robaran más, para no ceder ni claudicar en el resto de decisiones sobre tu hijo y cómo criarlo.

Te quitaron tu parto sí, te rajaron sí, os separaron sí, pero una vez que lo abrazaste se quedó en el lugar de donde no debieron llevárselo nunca. Recuerdas esas horas interminables de teta y abrazos. Recuerdas  que el tiempo pasaba mirándole dormir en tu pecho, acariciándole, cantándole y contándole…


Recuerdas a la gente que te decía: “¿otra vez?”, “¿Es que siempre lo tienes que llevar en brazos?” “¿por qué no lo dejas dormir en su cuna?” Y recuerdas que tú les mirabas con pena:
Pobre gente… no saben, no entienden. No se dan cuenta del placer que sentís, de la paz que te da saber que está ahí, contigo, en tus brazos, calmándose y colmándose  con tu cuerpo.


Curaste esa herida  a base de amor y cariño. A veces aún duele, como hoy. Pero ya no duele igual. Ya no te duele tanto la tuya. Te duelen, a veces, las otras. Te duele que se siga haciendo ese daño que tú viviste a personas que ni siquiera son conscientes de ello.

Cuántas veces has contado cómo tú te despediste del hospital regalando bombones: “Qué atentos fueron conmigo, y qué amables”, decías.

Y ahora escuchas a esas mujeres y te duele su ignorancia. Te duele su inocencia. Te duele su credulidad. Te duele su desconexión. Te duele su dolor. Ese que quizás ella nunca sientan ni lloren. Porque sabes que un dolor que no se siente ni se llora nunca se cura.

© nohemi hervadaY miras sus ojos y ellas te miran y saludan con la mirada, sonríen mirando a tu bebé. Y tú  abrazas a tu bebé y les sonríes. Y deseas que tu sonrisa les hable. Y besas la cabecita de tu bebé, este que te regaló con su llegada una de las vivencias más increíbles de tu vida. Ese ser que te devolvió la fe en ti misma. Ese que te dijo sin hablar: “mamá tú puedes, nosotros podemos”.  Y vuelves a mirar a esa madre, a punto de tener a su bebé, que aún no sabe lo que de verdad necesita saber y le devuelves otro tipo de mirada.

La miras con complicidad y con cariño. Esa madre eras tú. La miras intentando que en ti vea otro tipo de reflejo. Que grabe en su memoria la imagen de una madre feliz abrazando a su bebé. La miras y confías en algo que está más allá de lo que nos cuentan y de lo que creemos. Confías en la fuerza que tendrá el momento en que esa madre mire a su bebé a los ojos y se abracen. Confías en que, como tú, sea como sea ese momento, sea en el primer minuto, en la primera hora, o en el primer día… que sepa, en ese momento, que ese bebé ya está, por fin, en casa.

PD: Dedicado a mi hijo mayor y a todo lo que pasó después de ese 21 de febrero

Esos duelos se podían evitar

Esos duelos se podían evitar

Hace poco leí que el sufrimiento vivido no te hace mejor persona, que se queda dentro de ti y te acompaña para siempre.
Yo, que intento ser optimista, tengo mi propia versión de este asunto. Imagino que es la versión que me cuento a mí misma para hacer más llevaderos mis propios procesos dolorosos.
No digo que el sufrimiento “per sé” sea bueno, o que te convierta en mejor persona. Pero puede ser una oportunidad, como otras en las que vivimos crisis vitales, de crecimiento, de madurez, de autoconocimiento y de desarrollo de cualidades nuevas o de potenciar las que ya poseíamos.

Pero es eso: una oportunidad. Hay quien la aprovecha y quien no. Hay quien intenta aprender algo, alguna lección de vida para seguir sin amargura el camino de la vida, y hay quien se instala en la amargura (queriendo o no) y ve cómo su vida se transforma, sí, pero en algo más gris y más oscuro.

Con esto quiero decir que los duelos no son algo “apetecible”, pero que una vez vividos, lo que nos queda es intentar que hayan servido de algo. Para mí, un agravante cruel del dolor, es que haya sido en vano. Quizás por eso ahora hago lo que hago.

Viví un duelo muy duro y difícil, sin saber que lo era, por un parto robado.
Sufrí en mis propias carnes el dolor, la angustia, la culpa, la rabia, la tristeza de sentirme engañada, manipulada, violada, ultrajada y rajada.
Lloré días y meses y años un dolor que era invisible e ininteligible para la mayoría de quienes me rodeaban.
Lloré sola, y lo peor, me sentí sola en mi dolor  aun estando acompañada.

Con el tiempo supe que fui víctima de violencia obstétrica. Sí, esa que algunos dicen que no existe. Esa que otros quieren igualar al resto de violencias. Como si fuera igual que te roben una experiencia vital única e irrepetible para ti y para tu hijo o que te roben el bolso de un tirón.

Sufrí violencia de manos de personas en  las que inocentemente confié.

  • Confié en ellas por su rol, por su profesión, por su “amabilidad”, porque trabajaban ” por mi bien”.
  • Confié en ellas porque era una mujer inteligente que sabía que los profesionales sanitarios saben mucho y están todos actualizados con la evidencia científica.
  • Confié en ellas porque no tenía nadie más en quien confiar.
  • Confié en ellas porque nadie me dijo que en quien debía confiar para parir era en mi misma, en mi cuerpo y en mi hijo.
  • Porque nadie me explicó que la que paría era yo.
  • Porque nadie me dijo que muchas veces, los profesionales anteponen sus propias creencias y miedos a la verdad.
  • Nadie me dio opciones.
  • Nadie me explicó lo que de verdad necesitaba saber.
  • Nadie me contó nada de lo que de verdad necesitaba para parir.
  • Nadie.

Miento. Alguien sí inclinó un poco la balanza. Una mujer que conocí, madre de 5 hijos me dijo que a los 2 últimos los tuvo ella sola en casa, con su marido.

Me contaba por qué tomo esa decisión, y cómo fue la experiencia. Yo la escuchaba con una mezcla de fascinación y curiosidad. Lejos de asustarme, fue la única persona que me dijo claramente que las mujeres parimos solas. Que el resto están para los “por si acaso”. Pero que parir es cosa nuestra.
Ese relato me animó a buscar información sobre el parto natural. Encontré poco o nada. Era inexperta en el uso de internet y no había todo el caudal de información que hay hoy en día. Yo no buscaba parir sola, pero quería un parto sin epidural. Esa era toda la información que yo tenía de lo que era un parto natural: sin epidural.

  • Nadie me explicó de libertad de movimientos, de poca luz, de no activar mi neocortex, de la oxitocina y cómo se libera o se inhibe.
  • Nadie me informó de los riesgos de una inducción.
  • Nadie me ofreció alternativas.
  • Nadie me preguntó si tenía miedo.
  • Nadie me preguntó si quería una segunda opinión.
  • Nadie me dijo nada.

Y yo, tan inteligente, tan confiada, les creí. Y me olvidé de ese relato de esa mujer de apariencia frágil y tímida que parió con la fuerza de todas las mujeres antes que ella.

Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta ahogarme decenas de veces. Lloré abrazada a mi hijo. Por mi dolor y por el suyo. Pero aprendí a vivir con ello. Y saqué ganas y fuerzas para contribuir a visibilizar es violencia que sufrí, y a intentar evitarla en la medida de lo posible.
Viví mi duelo. Pero fue un duelo evitable.

Años después sufrí un aborto espontáneo de mi segundo bebé. Este dolor nadie pudo evitármelo. Pero una vez más hubo sufrimiento añadido a mi dolor. Sufrimiento evitable.

  • No recibí toda la información.
  • Nadie me dijo que podía no ir al hospital.
  • Nadie me avisó que en el hospital me iban a tratar como una loca por pedir el cuerpo de mi criatura.
  • Nadie me informó que los profesionales en los que debía “confiar” me iban a decir cosas como : “lo que le hemos extraído no es un cuerpo de un bebé. Es como un tumor y tenemos que analizarlo”.
  • Nadie me ofreció una segunda ecografía para mi tranquilidad futura y no martizarme durante mucho tiempo con la idea de que hubiera habido un error o un fallo de aquél maldito ecógrafo que no oía latido.
  • Nadie formó a todos esos profesionales del nacimiento para no tratarme como un caso más, para entender que para ellos era un legrado más y para mí el parto de mi bebé muerto.
  • Nadie hizo nada para evitar que desde el administrativo de admisión a la última celadora del hospital se ahorraran sus comentarios estúpidos hacia mi posibilidad de tener más, o al hecho de tener un hijo ya. ç

 

Recuerdo cada palabra, cada mirada y cada gesto de todos los profesionales con bata que metieron la pata conmigo hasta el fondo. El dolor que me causaron sí fue evitable.

De mis duelos, como dije antes, decidí sacar algo constructivo. Resolví transformar mi dolor en fuerza y determinación. Es algo egoísta, lo sé. Pero es mejor que tener un ego que pase por encima del respeto a la autonomía y las decisiones de las madres.

Pasé años oyendo ( leyendo) , casi a diario, testimonios de mujeres relatando sus duelos. Duelos evitables, como el mío.  Mujeres que como yo, confiaron en otros, porque no sabían, o no recordaban, o las convencieron, de que no confiaran en ellas mismas.

 

Imagen utiliza por el Sindicato de Enfermería. Imagen que refleja el incumplimiento de las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/atencionParto.htm

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

 

Ahora trabajo no sólo haciendo divulgación y asesoramiento sobre estos temas. También imparto formación a mujeres. Les explico todo esto que os cuento y mucho más. Manejamos evidencia científica. Sí, esa que no nos dieron quienes debían hacerlo. Intentamos restaurar la cadena de poder y confianza entre mujeres que un día perdimos. EL día que dejamos de confiar en nuestro poder. El día que nos creímos que teníamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestro poder.

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Yo trabajo para que ninguna mujer tenga que renunciar a nada. Queremos la seguridad que nos da la medicina, y la ciencia y la evidencia. Y queremos a profesionales actualizados, no a personas que excusándose en su rol pretenden imponer sus propias creencias y miedos. Pero sobre todo queremos seguir confiando en nosotras mismas, en nuestro poder y nuestra capacidad.

 

Cuando mi hija me pregunte sobre el sexo, quiero explicárselo con brillo en los ojos. No con miedo o vergüenza. Quiero hablarle de intimidad y conexión y deseo y placer y entrega y éxtasis. No le pondré un vídeo de una violación.

Cuando mi hija me pregunte sobre partos, quiero hacer lo mismo.

  • No permitiré que su información sobre el tema sean los videos  y las explicaciones que aún hoy se dan  en las clases de preparación maternal de demasiados centros de nuestro país.
  • No voy a hablarle de fórceps, ventosas, episotomías, anestesia, frío, luces y mujeres tumbadas en posición de indefensión total.
  • No voy a hablarle de que “otros sacan a tu bebé”
  • No voy a decirle que luego “te lo dan” o “te lo enseñan”como si fuera de ellos y no suyo.
  • Voy a contarle cómo nació ella. Cómo su madre la parió sola.

Y sí, sí tuve matronas en casa a las que contraté para que me asistieran si hiciera falta, porque contemplaba los “por si acaso”. Pero como no hubo tales “por si acaso”, a mi hija la parí yo. En quien confiaba era en mi y en ella.
Trabajo para que todas las mujeres, y todas las hijas del mundo sepan que “si yo pude, ellas pueden”. Y para que “la foto de los nacimientos” sea como esta :

Parto de Mencía

 

No, como otras pretenden, robándole el protagonismo a quien lo merece.
Los brazos que han de sostener al bebé, son los de su madre, no lo olvidemos.

 

Sueño con que un día  en que las matronas de este país, y los Sindicatos de enfermería, en vez de hacer campaña contra otros colectivos, trabajen para que El Parto es Nuestro no tenga que publicar textos como este:

“EL parto normal suspende su primer examen”


Y mientras sueño, trabajo por lograrlo, No pierdo el tiempo dando golpes al aire en la dirección equivocada.

9 años después

9 años después

Hoy hace 9 años empezó un viaje que aún continúa.
Hoy hace 9 años debió ser el día más feliz de mi vida y aunque ver y abrazar a mi hijo fue algo indescriptible, no fue el día más feliz de mi vida ni de lejos.
Tardé varios años en recordar  mi parto sin llorar de pena, de rabia, de frustración, de dolor, de impotencia.
Este aniversario de mi maternidad llega en medio de una polémica absurda. Con seres despreciables que se empeñan en negar lo que algunas hemos vivido y sufrido. Y lo hemos sufrido como el peor de los sufrimientos: el evitable.

Yo tenía derecho a que me informaran, tenía derecho a que me atendieran profesionales libres de prejuicios y de intereses personales. Incluso libres de sus propios miedos.
Yo tenía derecho a parir a mi hijo. Tenía derecho a acoger su cuerpo, a ser la primera en recibirle y darle un abrazo. Tenía derecho a que sus ojos miraran los míos y a asegurarle que todo iba a ir bien. Tenía derecho a disfrutar de ese momento y a darle a mi bebé el Continuum que merece y que ambos necesitábamos.
Tenía derecho a ser respetada, a no ser mutilada, a que me hablaran como a una adulta y no como a un cuerpo sobre una camilla fría con el que se hace lo que se quiere. Tenía derecho a gritar que me entregaran a mi hijo y no lo tuvieran en esa maldita cuna. Tenía derecho a todo eso. Ambos lo teníamos. Y nos lo robaron.

Nos lo robaron con la peor arma: el miedo.
Miedo que algunos afirman que somos otras quienes infundimos en las madres.
No señores y señores caza brujas, que no son sino caza libertades, el miedo lo dan ustedes. Dan miedo porque nos recuerdan prácticas siniestras, y no hablo de ingerir o no placenta, sino que hablo de asustar, amedrentar, coartar, abusar e imponer sus ideas. Esas prácticas más propias de la Edad Media. Usan ustedes argumentos que parecen sacados de una novela de Ken Follet más que de la evidencia científica.
Se empeñan en restringir y en controlar, cuando ese “control” lo único que ha hecho es perpetuar el mal trato y el maltrato. Se empeñan en decir que la violencia obstétrica no existe, y eso a pesar de los miles de testimonios de mujeres que referimos las  vejaciones sufridas y las secuelas con las que tuvimos que aprender a convivir.

A algunas su “profesionalidad” nos costó la salud mental, la salud física, nuestra capacidad reproductora… incluso nuestro matrimonio.

  • ¿Saben ustedes cuántas mujeres han sufrido en su vida personal las repercusiones de su trato?
  • ¿Y se atreven a negar que existe violencia obstétrica sistematizada?
  • ¿Ustedes son los “responsables de la salud de la mujer” y ni siquiera nos escuchan?
  • ¿Nos toman por idiotas?
  • ¿En un país donde la propia SEGO se jacta con viñetas del maltrato y de la falta de respeto a las mujeres y a nuestra sexualidad?
  • ¿Han ustedes, por casualidad, escuchado a las mujeres contar sus vivencias durante el embarazo, parto y puerperio?
  • ¿Quieren que les cuente yo lo que me dijo mi tocólogo cuando le dije que tras el parto, por la episiotomía, sentía dolor con el coito?
  • ¿Quieren que les cuente el papel de la matrona en mi parto?
  • ¿Y en mi posparto inmediato?
  • ¿Quien ustedes oírlo?
  •  ¿Saben ustedes lo que es un shock por estrés post traumático derivado de maltrato durante el parto?
  • ¿Se han molestado acaso en entender por qué las mujeres estamos decidiendo que queremos a otras personas cerca de nosotras en estos procesos?

    Me temo que no.
    Son ustedes tan soberbios y tan arrogantes que prefieren tildarnos a todas de estúpidas.
    Y siguen creyendo que el problema está fuera, donde sea, pero fuera. Sean las doulas, las asesoras de maternidad, las madres de los grupos de apoyo o las sacerdotisas de la luna.

A mí me da igual  si tienen ustedes un ego débil. Eso se lo deberían trabajar ustedes como crean, en terapia  de grupo o individual, lo que no pueden ustedes es echarnos su mierda al resto. No a las madres.

Porque ¿saben?, si un fontanero me hace una chapuza, tiene arreglo. Me costará dinero y tiempo, pero tiene arreglo. Siempre se puede poner otra cañería y pintar las paredes, pero si ustedes la cagan en un parto, si la cagan al tratar a una madre embarazada con poco respeto o metiéndole miedo, si la cagan arruinando una lactancia con sus nulos o erróneos consejos, si la cagan ustedes en esos momentos, no hay arreglo posible.

Si ustedes contribuyen a añadir miedo y estrés a una mujer embarazada que tiene  que sentir confianza para que su cuerpo se abra, no son ustedes la mejor opción para esa mujer. Si no entienden lo que implica el estrés para una mujer y su bebé me importa un bledo sus 6 o 7 años de carrera, no se han enterado de nada.

Y esa actitud de “qué me van a enseñar a mi” es más  propia de aquellos que les han robado el trabajo que de una profesional que asiste un parto.
Están ustedes  olvidando la etimología de la palabra “comadrona”, que viene de “comadre”, con la madre. Están ustedes luchando contra nosotras. Y créanme, lo van a pagar.

Yo hoy debería estar celebrando que hace 9 años que nació mi hijo, y lo que tengo cada 22 de febrero es el recuerdo de un pánico atroz y una sensación de fracaso y de impotencia horrible. Una sensación de haberle fallado a mi hijo que a pesar de todo el trabajo que he hecho con ello, sigue ahí.
Eso no se lo voy a perdonar a ustedes como colectivo hasta que no vea que su actitud es realmente de autocrítica, y de cambio de actitud.
Y no sólo como colectivo no lo están haciendo, sino que encima se empeñan en enarbolar una bandera que no es suya.

Mi cuerpo no es suyo, mi parto no era suyo, mi responsabilidad no es suya.

Si les molesta que las mujeres acudan a otros lugares a por información pregúntense por qué lo hacen. Si quieren ustedes denunciar mala praxis, vayan al juzgado y  pongan un nombre y un apellido, no pueden hacer demagogia demonizando a todo un colectivo. Si lo que quieren ustedes es tener el status que creen merecen y no tienen, creo que se han equivocado de enemigo.
Aprovecho para reiterar mi cariño a las y los profesionales  que dentro de su colectivo sienten como sentimos las madres y sienten la misma vergüenza que nosotras al leer su penoso Informe Doulas. Profesionales que sienten vergüenza al ser representados por “personajes siniestros” propios de otros tiempos.
Yo hoy voy a intentar recordar  que un 22 de febrero de hace 9 años empecé un camino.
Que Mimos y Teta y Asesoras Continuum fueron mi forma de devolverle al mundo la ayuda que necesité para sobreponerme a la violencia que sufrimos mi hijo y yo. Que me siento orgullosa de haber creado y dirigir un programa de formación de asesoras de maternidad por el que han pasado mujeres de todos los perfiles, incluidas médicos,  matronas y enfermeras. Que me aseguro que mis alumnas entiendan que nuestro trabajo es hacer que las familias estén mejor que antes de contactar con nosotras. Y eso sin asistir partos ni hacer terapia que no es cosa nuestra.

Hoy le agradezco a mi hijo que empezara este camino conmigo, que a pesar de no haberle dado el mejor comienzo, me ayudó a entender lo que supone el contacto, el porteo y la lactancia.
Que me dejara compensar de algún modo ese mal comienzo.

Y le agradezco haber entrado en un mundo lleno de mujeres sabias, que me ayudaron a sanar y de las que aprendí sobre todo el respeto. Respeto a mí misma, a mi cuerpo, a mi maternidad,  a mi sexualidad y respeto a los demás.
Gracias Iker. Mi hijo y mi maestro.

Asesora de Maternidad: qué es y qué no es

Asesora de Maternidad: qué es y qué no es

¿Sabes qué es una Asesora de Maternidad o una Asesora Maternal?

Uniendo el concepto “asesorar” con “maternidad” está claro ¿no? O al menos la idea general es evidente…
O quizás no.
Hace tiempo leí un artículo en esas webs que tanto visitamos los padres primerizos y en ella se describe esta figura de este modo:

“(…) Las asesoras de maternidad no son las enfermeras ni las doctoras que ayudan a la paciente a dar a luz o la apoyan en el trabajo de parto, su trabajo es orientar a las futuras mamás en todo lo que implica tener un bebé, prepararse para ese momento pero teniendo todo lo necesario para que la familia se vaya alistando con las cosas que serán necesarias para el bienestar de ese pequeño y de la mamá(…)”

 

Y dije: ¡qué bien!
Porque yo, que he acuñado el término Asesora Continuum para designar el perfil de Asesora de Maternidad que orienta a los padres en todo lo relacionado con la espera, llegada y crianza del bebé desde el punto de vista “continuum” o de respeto a las necesidades y ritmos del bebé, y que ofrezco formación para serlo, estoy convencida de que cuanta más gente conozca esta figura, dentro y fuera del ámbito de la llamada crianza con apego, más familias se beneficiarán.

Pero claro, al seguir leyendo, me encuentro con que para la mayoría de la gente, o al menos para quienes publican ese artículo,  “prepararse …con todo lo necesario… para el beneficio del pequeño y de la mamá” , son cosas como estas:

alistar su habitación, ordenar la casa para que cuando estén ahí se sientan cómodos,organizar un baby shower, entre otras funciones. (…)
por ejemplo si se trata de decorar la habitación del bebé, ellas las acompañan a tiendas a buscar lo necesario y bajo un mismo concepto proceden a decorar al gusto de la mamá y el papá la habitación de ese bebé que viene en camino, (…) en lo que tiene que ver con el baby shower, las asesoras de maternidad organizan el evento dependiendo de los gustos de la mamá, el número de personas que asistirán y ven desde la comida, los juegos y la decoración del espacio a celebrarse esa gran ocasión.

Y entonces me imagino a una copia de  Jennifer Lopez en la película “Planes de Boda”,  como una eficiente Wedding Planner,con una carpeta en la mano y un móvil en el otro…

Así igual que una organizadora de bodas te ayuda con la elección de la tarta de boda y el diseño de las  invitaciones, la Asesora de Maternidad se encargará del color de las paredes de la habitación del bebé, de ayudaros a decidir la ropa con la que ir al hospital o de la lista  de regalos que entregar a los familiares y amigos.

Perpetuando de este modo la idea de que las necesidades del bebé y de la madre se suplen con cosas que comprar, y de que una madre puérpera y un bebé lo que necesitan es un baby shower fabuloso, muy al estilo americano. Estilo que, por cierto,  pregona la separación madre-bebé y no facilita precisamente la lactancia y el apego.Bebé feliz

Y yo pienso en esas mujeres que han crecido con la idea romántica y falsa del príncipe azul que la salvará y la hará feliz por siempre. Y que sueña planeando su boda y todos los detalles: el traje, el peinado, el lugar, los invitados… hasta la música y el menú. Pero que ha dedicado poco tiempo o ninguno a pensar en cómo será la vida después del día de la fiesta. Que apenas se ha interesado por conocer sus verdaderas necesidades emocionales y lo que realmente quiere de una pareja. Que no ha aprendido a estar feliz sola, consigo misma, siendo completa, y que espera a ese otro para sentirse realizada.
Del mismo modo, las madres soñamos la maternidad con esa idea idílica de sentirse feliz y plena, recibiendo al bebé de los anuncios. Ese que come, sonríe y duerme, siempre a sus horas, sin exigir ni demandar.

Foto de ©Cristiana Gasparotto

Foto de Cristiana Gasparotto

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Nadie nos contó lo que supone el día a día de un bebé en cuanto a demanda de disponibilidad por nuestra parte, nadie nos dijo que amamantar es mucho más que ofrecer la teta.

Nadie nos alertó de que nos cuidáramos de quienes, con el pretexto de nuestro bien, ejercerían violencia contra nosotras y nuestros cuerpos. Violando de ese modo un momento sagrado y dejando secuelas en el cuerpo y en el alma. Heridas y secuelas que nos hicieron  enfrentarnos a ese bebé con más lágrimas que sonrisas.

Nadie nos dijo que nos quedaríamos tan solas, tan juzgadas, tan sin recursos válidos. Porque lo que traíamos hasta la fecha en la mochila no suele servir, salvo para añadir carga.

En ese contexto, seguir vendiendo a la “organizadora de la llegada del bebé” con sus globos, lazos y tarjetitas… no solo no ayuda, sino que tiende a alienar más a la madre. Superficializa la etapa más importante sin duda, de la vida de la persona que acaba de venir al mundo, y seguramente una de las más importantes de su madre, padre y demás familia.

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Las Asesoras Continuum somos asesoras de maternidad pero no te vamos a ayudar a decidir el color de las paredes del cuarto de tu bebé, ni te vamos a ayudar con la lista de invitados a la fiesta de bienvenida a casa. Nosotras te mostraremos en primer lugar que lo realmente importante para tu bebé no es el tono de verde o el papel mate o satinado… sino TÚ.  TÚ eres lo único imprescindible y con eso como base trabajaremos a tu lado para darte, desde el embarazo si lo deseas,  información, recursos y herramientas. Pero las decisiones siempre serán tuyas. Como tuyo es tu hijo.

Si esa es la Asesora de Maternidad que quieres, nosotras estamos aquí para ti. En persona siempre que sea posible, o por teléfono o videoconferencia si es tu única opción. Lo importante es que no estás sola. Las Asesoras Continuum estamos a tu disposición, para contribuir a que disfrutes tu maternidad. Para contarte eso que nosotras no supimos y nos hubiera gustado saber.♥

Formación Acompañamiento Asesoras Continuum

  PD: Mi Agradecimiento a Cristiana Gasparotto por permitirme usar su foto para el post

Violencia obstétrica

Violencia obstétrica

HOy es el Dia Internacional contra la Violencia de Género.
Y muchas personas se están movilizando para concienciar de que esta violencia es algo más que dar una paliza a una mujer.

La violencia obstétrica también es violencia de género, como el maltrato infantil, como casi todo lo que nos rodea que contribuye a quitar dignidad y autoridad a un ser y a tratarle sin respeto de su persona,  de su libertad de decidir, de sus derechos, incluído el derecho a ser diferente o a tomar  sus propias decisiones, aunque no sean las más populares.

Violencia es cada vez que nos tratan como si no estuviéramos, cuando nos ignoran, cuando nos aniñan, cuando deciden por nosotras, cuando nos cosifican, cuando nos mutilan, cuando nos amenazan, cuando nos chantajean, cuando nos ningunean, cuando se burlan de nosotras, cuando nos arrebatan a nuestros hijos, cuando nos niegan la información,… la lista es inmensa 🙁


YO TAMBIÉN fui una niña maltratada física y psicológicamente,   una mujer profesional maltratada por mobing laboral, y una mujer maltratada por la violencia obstétrica.

y YO TAMBIÉN he sido a mi vez maltratadora de otros.

Así que sé lo que cuesta romper el círculo en el que estamos inmersos. A día de hoy aún me cuesta no reaccionar con violencia ante ciertas situaciones.

No es una excusa, NUNCA HAY EXCUSA.

Y solo hay 2 opciones:

ACEPTARLO Y CAMBIAR
o
NO HACERLO 

 

Así que empecemos a identificar todas las causas para trabajar y evitar las consecuencias.

 

 

 

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Sí me meto, porque sí me importa 

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? ” NO A LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA”

Eso siempre le pasa a otras…¿ o no? 

 

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? " NO A LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA"

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? " NO A LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA"

Es viernes noche. He pasado un feliz día de playa con mi familia y unos buenos amigos. Llego a casa, nos duchamos, me acuesto con la peque, le doy teta, se duerme… se duerme el mayor, y empieza mi rato para mi. Miro el correo, leo mensajes, mails, me distraigo un poco antes de trabajar…
Y entonces me doy cuenta, es viernes,  hoy emitían otro capítulo del reallity sobre el que ya escribí la semana pasada. Programa  que se presenta así mismo con este resumen:

Cada minuto de cada día nace un niño en España, pero la historia de un nacimiento nunca se repite. “Baby Boom” va a enseñar lo que significa realmente convertirse en padres

Y leo los comentarios de amigas que relatan lo que ha sucedido, y ahora ni siquiera estoy enfadada… estoy demasiado triste.

Me enfado cuando algo es injusto. Esto no es injusto, esto es vergonzoso. Y me entristezco porque me parece increíble que no pase nada. Que gritemos y nadie oiga.  Que televisen un programa en el que se ve maltrato, abuso, chantaje, miedo, coacción, paternalismo, falta de respeto: VIOLENCIA en todas sus formas, y nadie haga nada.

Me entristece recordar que durante toda esta semana hemos escrito argumentando todo lo posible y aún así he leído comentarios como estos:

-Si no queréis médicos id a parir a África

-Mucho cuidado con usar el término violencia obstétrica, es una acusación muy fuerte y tendréis que demostrarla

-Sois unas fanáiticas

-Si no fuera por el personal médico mi hijo/a no estaría vivo así que me parece muy bien que hagan las cosas como creen.

-Mucho parir en casa… y luego bien que vais al médico si hay un problema…

y algunas más que no sé si me apetece recordar.

De verdad que a veces a una se le quitan las ganas de luchar. Es como si la gente ya estuviera definida: o eres de “esas”, las fanáticas, las de la secta, las que quieren parir solas, las que egoístamente piensan  en ellas y no en sus hijos, las anti-sistema, las hippies….. etc… o eres de la gente “normal”.  Y la gente normal, las mujeres normales “paren así”, ha dicho al parecer una de las matronas del programa.

Y nos cansamos de explicar, de argumentar, de evidenciar, porque sí, porque sé más de términos ginecológicos que mi médica de cabecera, que hasta eso, nos tomamos el tiempo y las ganas de leer, de preguntar, de formarnos e informarnos para hablar con propiedad. Para dar respuestas cuando nos preguntan. Para presentar las opciones a quienes han de decidir. Incluso para defendernos cuando nos atacan…

Pero de verdad que una se cansa.

  • Me canso cuando hacen viñetas riéndose de nosotras y de su maltrato, tan interiorizado, que ni lo ven…
  • Me canso cuando otras mujeres se sienten atacadas  por denunciar esta mala ( y peligrosa, no olvidemos) praxis, y se excusan  y excusan lo que les hicieron, en vez de mirar hacia sí mismas y reconocer que también las maltrataron y lanzan su rabia interna manifiesta o no hacia otras mujeres y no hacia quienes las mal-trataron
  • Me canso del síndrome de Estocolmo colectivo de esta sociedad que acepta cualquier migaja como si fuera maná del cielo y justifica lo injustificable
  • Me canso de la hipocresía de un sistema que vende una cosa y practica otra
  • Me canso de la pasividad

Y esta noche… me he cansado de llorar.

Hace tiempo en un artículo que titulé “Parir de otra forma es posible”, comparé el parto al sexo, o mejor dicho, el conocimiento sobre el parto, con el conocimiento sobre el sexo.

Explicaba cómo  la misma función fisiológica, con los mismos órganos implicados, podría ser algo placentero o doloroso, dependiendo de cómo lo viviera el individuo,en este caso la mujer, de su conocimiento del acto en sí, de su cuerpo, de su fisiología, de si tenía o no  miedo, prejuicios, etc…

Hoy voy más allá.

Si un parto normal podemos compararlo a un coito placentero, lo que se está viendo en la TV en prime time se parece más a una violación. Con el agravante de hacerlo en grupo, y televisado.

Yo, personalmente siempre me he sentido muy incómoda con escenas de violaciones en películas. Y eso incluso sabiendo que es ficción y aunque no fueran explícitas.

Si veo a una mujer tumbada, inmovilizada, desnuda o semidesnuda, llorando (o no, que el miedo nos hace reaccionar a cada uno de diferente forma), rodeada de extraños que le dicen que se calle, que no sea tonta, que se porte bien, que se deje hacer. Atemorizándola con expresiones como: “si no te portas bien te vas a enterar”, “aquí mandamos nosotros” ,”tú a callar”,”si te quejas es peor”.  ¿Qué imagen te viene a la mente si alguien te escribe esa escena?  y eso sin mencionar que le corten en los genitales o le introduzcan dedos, la mano o instrumentos.

¿De verdad cuesta encontrar el paralelismo?

Hubo un tiempo en que ver violencia que acababa en mutilaciones y muerte era el deporte preferido del pueblo. Sociedades que avanzaron muchísimo en temas como filosofía y derecho, se recreaban con sadismo. Al parecer hemos heredado de esas sociedades algo más que el derecho romano …

¿Hasta cuándo vamos a ver, oír y callar?

¿Hasta dónde vamos a tener que llegar para que alguien haga algo?

Cuando se trata de violencia, la máxima siempre a aplicar es: “Si lo supiste y callaste, fuiste cómplice”
Mientras acabo de escribir, o más bien de vomitar este post, se ha organizado ya una marcha contra la violencia obstétrica en toda España el  Sábado, 26 de mayo de 2012
Estad atentos a la blogosfera maternal para conocer más detalles