¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

¿Se pierde calidad de vida al tener hijos?

Hoy hemos desayunado con este titular de la entrevista a Samanta  Villar :

Samanta Villar- calidad de vida

Y como cada 2 x 3 surge el mismo debate de si ser madre es esa etapa idílica de realización completa para la mujer o una trampa de “veteasaberquién” ( para unos el patriarcado, para otros el capitalismo, la religión, o  cualquier grupo o estamento con poder e intereses) para engañarnos y someternos ( aún más) y cumplir nuestra función reproductora.

Como en todo debate hay gente en los extremos y otros, la mayoría, deambulando entre ambos, a veces más inclinados hacia uno u otro, dependiendo de la propia experiencia, de la propia vivencia.

Dejando a un lado que en el titular se busca llamar la atención y que, evidentemente, vende más uno polémico que sencillamente decir: “ser madre es agotador”, a mí me llama la atención la elección de los términos que hace Samanta en sus declaraciones.

¿Qué es la calidad de vida?

Quizás esa sería la primera pregunta a plantearnos. En mi caso necesito definir qué es exactamente la calidad de vida para evaluar si yo también la he perdido o no, que a lo mejor en mi caso estoy peor que antes y la oxitocina me tiene engañada…o el patriarcado.

Me pongo a buscar y encuentro que el término “calidad de vida” es (copio) :

un concepto  propio de la sociología, pero también forma parte del debate político o de las conversaciones cotidianas. Se entiende por calidad de vida el nivel de ingresos y comodidades de una persona, una familia o un colectivo. Esta definición es meramente orientativa, ya que la idea de calidad de vida está llena de matices”.

Leyendo eso es evidente que tener a cualquier persona dependiente a tu cargo hace que tu calidad de vida baje… algo así como la renta per cápita de un país con una tasa alta de desempleados.  Si yo ganaba 2000€ al mes  y estaba sola y ahora gano lo mismo  (suponiendo que sea de las afortunadas que siguen ganando su sueldo después, claro) y tengo 2 hijos a mi cargo… pues sí, evidentemente he perdido calidad de vida. Ahora tengo más gastos, menos dinero para mí y además menos tiempo para intentar ganar más dinero y alcanzar mi status anterior. Decididamente he perdido calidad de vida.

Pero ¿es esto así en realidad? ¿Realmente nuestra calidad de vida la medimos con una ecuación de ingresos y personas a repartir? ¿Será eso de lo que hablaba Samanta Villar en su entrevista?

Dejando a  un lado el sarcasmo, todos entendemos que la calidad de vida engloba muchas más cosas aparte del dinero, aunque es evidentemente una parte fundamental ya que otros conceptos asociados a ese concepto se consiguen con dinero:  ( sistema sanitario, educación, seguridad, vivienda, alimento, electricidad, ropa, etc…)
Esta es otra definición del concepto “calidad de vida” mucho más completa:

La calidad es el grado de bondad de las cosas en general. La calidad de vida designa las condiciones en que vive una persona que hacen que su existencia sea placentera y digna de ser vivida, o la llenen de aflicción. Es un concepto extremadamente subjetivo y muy vinculado a la sociedad en que el individuo existe y se desarrolla. En un ambiente rural, sin adelantos técnicos, donde las personas viven una vida más de acuerdo con la naturaleza y alejados del progreso, sentirán satisfechas sus necesidades con menores recursos materiales. En las modernas sociedades urbanas, un individuo se sentirá insatisfecho y con poca calidad de vida si no puede acceder a las innovaciones tecnológicas que lo dejan relegado del mundo globalizado y competitivo.

Hace no tanto tiempo tener hijos era la única forma de asegurarse la calidad de vida en el futuro. En una sociedad sin pensiones, ni seguridad social, eran los propios descendientes a los que se cuidaba en su primera etapa, los encargados después, de cuidarnos cuando no nos valiéramos por nosotros mismos. De ahí que en muchas culturas no poder tener hijos fuera una especie de lacra o maldición. En cierto sentido te hacía depender de la caridad de los demás miembros de tu familia o tu tribu.

Hoy no tenemos hijos para que nos mantengan el día de mañana, aunque no sé yo las vueltas que dará el mundo todavía… Pero es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El concepto calidad de vida es moldeado por la sociedad en la que se vive, por la situación social, política y económica. Y sobre todo es moldeado por nuestras propias creencias y expectativas.

Si yo me enfrento a la maternidad sin tener en cuenta que, ante todo, tener hijos no es un derecho ni una opción que se pueda hacer poniendo el foco en el interés del adulto, entonces de seguro mi reacción ante la situación me va a desbordar.

Ser madre ( padres)  es sobre todo un trabajo muy ingrato en nuestra sociedad. Los niños no son valorados por lo que son, se nos presentan como otro objeto de consumo más que tiene que cumplir unas expectativas para el consumidor.  Los bebés tienen que dormir mucho, solos, comer cuando les toca y sobre todo, no llorar. Tienen que dejar a sus padres tiempo de volver a sus productivas vidas cuanto antes, por supuesto, sin hacernos sentir culpables con su llanto al quedarse con extraños. Tienen que agradecernos que les hayamos tenido porque somos la causa de su existencia, y como tal, supeditados a nuestros deseos. Tienen que obedecer nuestras normas, por supuesto sin rechistar. Todo acto de queja se considera rebeldía máxima y, por tanto, merecedora de un castigo ejemplar.

Expectativas versus realidad

En ese contexto es normal que todas nos sintamos morir cuando comprobamos que expectativa y realidad chocan estrepitosamente.

Resulta que mi maravilloso bebé, tan bonito, me reclama más de lo que soy capaz de dar. Resulta que no sé por qué me siento incapaz de responder a sus demandas sin sentir que se me chupa la sangre. Resulta que he pasado de ser la persona que era a convertirme en un satélite que gira alrededor de las necesidades de un ser que ni siquiera habla. Necesidades tan poco excitantes como comer, estar limpio o sentirse seguro en brazos.  Resulta que yo puedo pasarme 21 días viviendo en la calle como una sin techo, fumando porros o trabajado en una mina  pero me resulta difícil aceptar mi nuevo rol de madre.

Mafalda. madreQuizás, y digo quizás porque yo no tengo las respuestas a cada situación particular, esté en que todo lo anterior lo considero valioso porque es mi trabajo, me realiza profesionalmente y sobre todo, me aporta dinero y reconocimiento. Pero ser madre no aporta ni lo uno ni lo otro. Y quizás porque todos los demás contratos de nuestra vida son temporales, con claúsula de salida (hasta inventamos el divorcio que anula la promesa de “hasta que la muerte nos separe”), menos este.
Somos mujeres educadas para SER ALGO en la vida. Por supuesto, ese “algo” se refiere a  algo más que ser madre. Nos ha tocado ser la generación que tiene claro que puede ser lo que quiera sin haber encontrado la fórmula para no renunciar a  nada, incluso a lo que  no sea tan productivo desde el punto económico y social.  En lugar de encontrar el modo de conciliar nos salimos por la tangente criticando a las que no concilian, bien porque trabajan y no cuidan, bien porque cuidan y no trabajan ( entendiendo “trabajo” como remunerado).

 

  • Nos criaron para no ser esclavas de los hijos, pero no nos explicaron que cuando te enamoras de tu bebé ( que no es sólo el hecho de tenerlo), el único lugar en el que quieres estar es al alcance de su mirada.
  • Nos criaron para correr y alcanzar nuestras metas profesionales, pero no nos explicaron que en esta carrera podemos tomarnos tiempos para hacer otras cosas, que a veces, nos interesarán más otras cosas.
  • Nos criaron para no sentirnos explotadas en casa, pero no nos explicaron que a la mayoría nos siguen explotando fuera de ella.
  • Nos criaron para saber que teníamos todos los derechos, pero no nos explicaron que algunos de esos derechos eran sólo deseos.
  • Ser madre no es un derecho, no es tampoco una obligación y nunca  ha de ser un castigo.
  • Ser madre debería ser una elección, como no serlo, tomada sabiendo todo lo que implica participar en la vida de otro ser humano a ese nivel.
  • Nadie influye más en la persona que somos que nuestra madre.
  • Nada nos deja tanta huella como la actitud de nuestra madre hacia nosotros.
  • Nada nos marca tanto como lo que nuestra madre siente que hemos sido para ella en su vida.

Quizás, y solo quizás, la mayor muestra de madurez  y altruismo de una mujer que es madre, sea tragarnos las palabras dichas en pleno agotamiento físico, mental y emocional y no arrojarlas a nuestros hijos como si ellos fueran los culpables de nuestra falta de conocimiento de la situación que hemos decidido vivir.  Porque, de hecho, no lo son.

Yo también a veces he deseado irme de mi vida un rato.
Yo también me siento sobrepasada y defraudada como mujer trabajadora con hijos por una sociedad  a la que aporto lo más valioso y no me da nada a cambio sino ostracismo social y profesional.
Yo también me siento sola con una carga que a veces se me hace muy pesada.
Pero yo soy la adulta, yo soy ahora la madre.

Y para acabar retomando la idea inicial del post, mi calidad de vida ahora es bastante mejor que antes de ser madre. Así que va a ser que no, que  la calidad de vida no se pierde por tener hijos,  igual que no se pierde por casarse o divorciarse, sino por cómo afronta cada uno sus  vivencias.
Y, por supuesto, la felicidad de una mujer no la da ser madre o no serlo. Ni siquiera desear algo y conseguirlo o no desearlo y aprender a vivir con ello. LA felicidad, imagino, es aprender a saborear los buenos momentos, no esperar que los demás sean responsables de hacernos felices y no culparles de nuestras frustraciones. Al final, creo, todo es cuestión de ACTITUD.

Concédete no ser perfecta

Concédete no ser perfecta

Este post está dedicado a ti que me escribes llorando porque te sientes sola.

  • A ti que has leído uno de mis artículos y te ves más reflejada de lo que te gustaría.
  • A ti que cada día te levantas con la sensación de estar más cansada que la noche anterior.
  • A ti que miras a tu precioso bebé sintiéndote culpable por no estar siempre agradecida de tenerle.
  • A ti que te sientes frustrada por no hacer “nada más que criar” a tu hijo.
  • A ti que te sientes sola, cuando estás sola, y sola las pocas veces que estás acompañada.
  • A ti que ya no hablas con tus amigas porque ellas, sin hijos, no entienden lo que te pasa.
  • A ti que no quieres que te digan que “no es para tanto”, sino que te escuchen.
  • A ti que lloras porque tu casa te parece un desastre al que no quieres invitar a nadie.
  • A ti que te parece que te has vuelto poco más que invisible.
  • A ti que  para desahogarte sólo has podido escribir un mensaje a una desconocida de internet porque crees que te va a entender mejor que tu propio entorno.
  • A ti que ya no puedes calmar el llanto de tu bebé porque ahora quieres llorar tú.
  • A ti que crees que estás  fallando como madre
  • A ti que te parece que no haces nada bien.
  • A ti que te han hecho creer que como ahora no traes un sueldo, lo que haces por la familia no cuenta tanto.
  • A ti que se te cae tu mundo encima.
  • A ti, te escribo, para decirte que sí, que no eres tú sola, que esa tristeza y angustia y desesperación y cansancio y frustración y soledad me son comunes. Me gustaría decirte que todo lo que sientes es real, que hay motivos, que criar no es como nos contaron… y ése es el problema.
  • Que no nos lo contaron.
  • Que nos mintieron o sencillamente callaron viviendo la misma soledad que hoy vives tú y que he vivido yo.
  • Que crecimos creyendo que hay que ser feliz siendo madre, cuando este es un mundo inhóspito para las madres y sus hijos.
  • Que nos lanzaron al ruedo de la violencia sin más armas que nuestro amor por nuestros hijos y, a veces, eso no basta.
  • Que nos educaron para ser independientes y no necesitar a nadie y es mentira.
  • Que nuestra fortaleza  como mujeres no está en ser piezas aisladas perfectas
  • grupo de mujeresQue podemos ser fuertes a pesar de nuestras miserias  e incongruencias cuando nos sentimos acompañadas y comprendidas.
  • Que  somos  mucho más fuertes cuando sumamos juntas nuestras propias debilidades, cuando nos sentimos parte de un entramado mayor.
  • Que si queremos disfrutar criando, tenemos que empezar por permitirnos sentir la tristeza, pero también el placer. Tenemos que buscar nuestro placer.
  • Tenemos que aprender a permitirnos no ser perfectas, sin irnos al extremo de hacer bandera de ello.
  • Tenemos que recuperar la confianza en el grupo, en nuestro género, en nuestra tribu.
  • Somos las tejedoras de la vida y eso va de unir, de pequeños nudos, de puntadas a veces invisibles.

Recuerda querida amiga que en una gran red, de esas capaces de soportar toneladas, todos los hilos cuentan, todas las puntadas, todos los zurcidos. No hay un hilo más importante que otro, porque todos están donde deben estar.

Cada hilo, cada puntada, cada nudo, cada zurcido…
tus historias tristes y las mías
junto con todas nuestras alegrías…
esa es la trama de la vida.
Historias que contar a nuestros hijos e hijas.
Para que no les pille, desprevenidos,
la maternidad, la paternidad… la vida.

inscripción asesora scontinuum

El duelo de las que acompañamos madres

El duelo de las que acompañamos madres

Recuerdo el dia que me enteré que mi bebé no estaba vivo. Nada más salir de la consulta de la tocóloga, llorando y aún intentando asimilar lo que estaba pasando, vi a un par de madres sentadas en la sala de espera, acariciándose sus ya enormes barrigas y decidí ponerme mis gafas de sol para que no vieran  en mi rostro la cara de la muerte. Esas muertes que siempre les pasa a otras.

He comentado muchas veces con compañeras y alumnas  esta reacción mía en un momento en el que debía estar aún en estado de shock.  Parece una reacción extraña sacar algo de lucidez y preocuparse de otras personas, de extrañas, cuando en realidad tu cabeza sólo gira alrededor de esas tres odiosas palabras que te aplastan cada vez un poco más hacia abajo, hasta que sólo quieres desaparecer entre el polvo del suelo.

No es una reacción tan extraña cuando tu trabajo es como el mío.

Ser asesora de maternidad, Asesora Continuum, no es lo que hago, ES LO QUE SOY. Va más allá de la empatía natural de una persona hacia otra en su misma situación.
Ser madre, a muchas personas ( no a todas), les hace empatizar con  otras madres con las que comparten intereses y experiencias.

Dedicarte al acompañamiento  y/o asesoramiento maternal es ampliar tu radar emocional, es ser consciente de muchas necesidades, de las que te son familiares y de otras desconocidas, es comprender que cada situación personal es un complejo entramado único al que hay que acercarse con mucha capacidad de escucha, con una enorme dosis de respeto y con una gran capacidad de autocontrol para amarrar el ego y las ganas de juzgar.

Cuando esa es tu forma de vivir tu trabajo y de repente vives en primera persona eso que antes sólo habías leído y escuchado (que no oído), entonces tu duelo es un duelo peculiar.

Hacer un duelo acompañando la vida

dueloSeguramente sabréis o hayáis leído que una madre que ha perdido a su bebé quiera evitar, durante algún tiempo al menos, todo el contacto que pueda con embarazadas, bebés y niños. Este es un comportamiento totalmente normal, nada patológico y no tiene que ver con ninguna emoción indeseable. Esa madre no se ha convertido en una mala persona, ni se ha vuelto huraña ni  envidiosa: sencillamente aún llora por su no-maternidad y en determinados momentos resulta insoportable ver de cerca las sí-maternidades del resto del mundo.
En este contexto, les decimos a las madres que no se angustien, que a medida que vayan incorporando a su nueva vida aspectos de su vida anterior, se irán asentando las emociones. Volver a salir de casa al cabo de unos días, ocuparse de las tareas cotidianas al cabo de un tiempo, volver al trabajo llegado el momento,  son pasos que indican movimiento, movimiento que poco a poco nos traerá el equilibrio a medida que aumente la confianza y, como consecuencia, la velocidad necesaria.
Pero cuando tu rutina y tu trabajo incluye la convivencia diaria con madres, muchas sienten que en vez de un paso adelante se les obliga a dar un salto al vacío.
No sé si las que no estéis en esta situación podéis imaginar el torbellino de emociones de enfrentarte a trabajar  con madres, con padres, con familias llenas de vida, con bebés que besar, acariciar y nutrir, cuando tú, en ese aspecto, te sientes llena de muerte,   con un cuerpo que aún te demanda ese otro cuerpo al que besar, acariciar y nutrir y sólo puedes darle vacío y lágrimas.

Antes os decía que al comentar mi reacción al perder a Altair y mi vuelta al “trabajo” relativamente precoz, algunas personas me preguntaban que cómo pude hacerlo sin derrumbarme. Ante todo quiero dejar claro que no hay reacciones correctas y reacciones incorrectas, sólo hay emociones, todas válidas -incluidas las que calificamos de negativas- y distintas posibilidades  para afrontarlas.

En mi caso no me suponía sufrimiento añadido estar rodeada de madres embarazadas, madres puérperas, bebés y niños.  No todas lo viven igual. Para algunas supone demasiado  que todo gire en torno a palabras, cosas y actividades que  recuerdan la realidad no deseada. Todo está bien, no hay un ritmo único ni un proceso único. No hay una forma válida ni una medida estándar. Lo importante es darse el tiempo que se necesita, escucharse y no añadirse más carga de culpa. juicio o remordimiento. Debemos recordar que ahora nosotras somos “ellas” y  permitirnos ser dolientes un poco más de tiempo si es necesario.
No voy a negaros que en alguna ocasión lloré escuchando algún relato de parto o mirando a los ojos a alguna madre en la que veía compasión hacia mí y mi situación, pero la mayoría de las veces, el rodearme de vida me hacía sentir aún más gratitud por  el enorme privilegio que tenemos y a menudo damos por sentado.

El mejor bálsamo junto con el tiempo

El amor ha sido siempre lo que me ha mantenido a flote cuando mi barco zozobraba. Tener un ancla no te evita los zarandeos que te dan las olas, pero te mantiene alrededor de tu centro, evita que te pierdas.  No creo que haya mayor ancla a la vida que sentir amor: amor por los hijos, los nacidos y los que no lo lograron, amor por las personas que te rodean, amor por mi trabajo y amor por mí misma y mi propia capacidad de sentir amor.

Sin duda es un desafío dar ese paso de volver a escuchar historias de madres cuando aún tienes ganas de llorar a cada instante. Pero si eres capaz de darlo, si consigues ampliar ese radar y ver más allá de tu dolor, verás que muchas veces, créeme que muchas más de lo que piensas, recibes más de lo que das. Ese es otro de los milagros de nuestro trabajo: cuando ofreces confianza y sostén, recibes confianza y sostén de vuelta.

Al final del día, al final del camino, no es que no te duela tu dolor,  pero pesa algo menos y ahora en el lugar de esa carga pesada, ahora hay más empatía y más sabiduría para seguir caminando y seguir acompañando

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PD: Dedicado a todas las mujeres que se sienten identificadas al leer mis palabras. En especial a L.O.

(Imágenes  CC0 Public Domain)

El placer de ser tía

El placer de ser tía

¿Eres médico, abogado, informático, asesor de alguna materia?
¿Te has visto alguna vez acosado a preguntas profesionales en las reuniones familiares ?

Yo, como vivo  muy lejos de casi toda mi familia, no me he visto en esa situación. Pero sí me ha pasado con conocidos o desconocidos que se enteran de a qué te dedicas y a pesar de estar disfrutando de tu tiempo libre te conviertes en una especie de Google+Wikipedia viviente.
EN general no me molesta, aunque lanzo un mensaje así general para recordarnos a todos que este tipo de profesionales viven de cobrar su trabajo, es decir, que si tenemos alguna consulta, no aprovechemos a nuestros familiares y/o amigos para que trabajen gratis para nosotros 😉

EL caso es que en un tema como el de la maternidad y paternidad, donde todo el mundo parece saber más que los padres, y en el que algunas elecciones levantan tantas ampollas, mi opción personal es no hablar si no me preguntan. Si respeto profundamente a todos los padres y su capacidad y autonomía, mucho más si son de mi familia, aunque a veces suela pasar al revés, ya sabéis, aquéllo de : “la confianza da asco”.

El caso es que el año pasado me entero que voy a tener un sobrino y vivo su  gestación y su nacimiento en la distancia. Y dejo mi papel de Asesora Continuum, y me dedico a ser la tía emocionada por la llegada de un bebé a la familia.
Y toca demostrar lo que les explico a mis alumnas sobre cómo “asesorar a la familia”, y toca hacer saber que estamos ahí si nos necesitan, pero sin inmiscuirnos. Toca  ejercer un equilibrio delicado entre lo que te gustaría decir y lo que debes decir. Y lo más importante: toca confiar en la capacidad de los padres, por muy primerizos que sean, en que van a encontrar la forma de criar a su hijo que ellos decidan.

Y de ese modo, te aguantas las ganas de preguntar si toma teta  o no, si le cogen en brazos cuando llora o no, si duerme en el cuarto o no…  Y confías en que ese pequeño ser va a ser el maestro que necesitan para mostrarles a sus padres lo que necesita.

Y no siempre pasa, pero en este caso, un día resulta que esos padres tan primerizos como yo lo fui, con los mismos miedos y las mismas ganas de hacerlo bien, un día te empiezan a hacer preguntas. Quizás porque confían en ti y en tu trabajo, pero sobre todo porque les has respetado y al final, esa es la mejor carta de recomendación.

Y en ese clima de respeto mutuo y de cariño te van preguntando sobre la teta, sobre los gases, sobre los brazos, sobre comida, sobre el tacatá  y sobre tantas cosas.

teta

Mi sobrino criado con Mimos y Teta

Y aquí toca de nuevo recordar que mi trabajo como asesora es el de hacer sentir a los padres que ellos pueden obtener las respuestas a la mayoría de las dudas simplemente observando a su hijo y con sentido común.

Recordarles que sigan cuestionando la mayoría de lo que se da por sentado en torno a los consejos de crianza.

Hacerles ver que ellos son quienes mejor conocen a su hijo y quienes irán encontrando la forma de actuar desde el respeto a sus necesidades.

Que no se trata de lo que “crea Fulanito o Menganita”, por mucho que sepan o crean saber del tema. Porque la realidad es que casi no hay verdades absolutas salvo unas pocas.
Ybebé en brazos sobre todo, toca recordarme que en esa familia no soy la Directora de Asesoras Continuum, ni soy una bloguera más o menos reconocida ni una experta en nada:  Soy una tía orgullosa.

Orgullosa de mi hermano, de su mujer y de esa preciosidad de sobrino que me permitió hacer algo que ya casi nunca hago: volver a sentir el placer de abrazar a un bebé, de portearlo sobre mi cuerpo y de dormirlo en mis brazos.

He vuelto de un viaje llena de alegría por muchos motivos

Nuestra historia familiar no fue demasiado idílica así que en el rol de padre nunca o casi nunca tuvimos un referente.
He escrito mucho sobre lo que supone ser madre, pero me consta que ser padre en estas circunstancias no es muy fácil tampoco. Los mismos miedos, las mismas inseguridades y preocupaciones, la falta de experiencia y modelos válidos…
Pero al final miraba a mi familia a través del objetivo de mi cámara y veía lo que debería verse siempre, sobre todo cuando  hay un bebé o un niño en la imagen: amor.

padres

  • Me ha emocionado ver a mi hermano convertido en padre.

familia

 

  • Me ha emocionado ver a mi hermano pequeño, al “nano” de la familia hecho un hombre y  disfrutando de sus sobrinos

tío y sobrino

 

  • Me he emocionado viendo amor a mi alrededor

 

amor

  •  Me ha encantado practicar el arte de la fotografía teniéndoles a todos ellos de modelos

bebé

 

  •  He disfrutado de la desconexión con lo virtual y de la conexión con mi gente.

familia

  •  Y he disfrutado muuuuucho de  esto que entenderán sólo los alicantinos

coca de mollitas

 

PD: Gracias a mi familia que me ha permitido compartir con vosotros estos momentos en forma de imágenes. Gracias Silvia y Rubén, Alberto y Corina <3

Por qué molesta la lactancia

Por qué molesta la lactancia

Una vez le pregunté a una conocida que se había quedado casi ciega cómo fue el proceso de adaptación a su nueva situación. Me comentó de las dificultades a las que se tuvo que enfrentar, la frustración de no saber desenvolverse por sí misma, el miedo a no ser capaz de ser independiente de nuevo, el no poder superar la tristeza y la rabia de saber que había cosas que ya no podría hacer.

Hacer el duelo de lo que tenías y ya no tienes no es fácil. Decir adiós a tus capacidades, a tus deseos,a tus ilusiones, a tus expectativas. A saber que partir de ese momento toda tu vida estará en cierto modo mediatizada por tu realidad.

En el caso de esta mujer el proceso de aprendizaje que hizo con la fundación de la ONCE le fue dando herramientas para adaptarse a su nueva situación de una forma acompañada, comprendida y poco paternalista.

Hoy he recordado a esta mujer.

Hoy un “señor” me ha dejado en la Página de Facebook Mimos y Teta un comentario bastante soez al hilo de mi publicación con motivo de la SMLM 2015.

Copié el texto que escribí hace un año con motivo de esta celebración. En él cuento lo que ha supuesto para mi la lactancia a nivel personal y profesional como asesora de lactancia. Relato entre otras cosas cómo he vivido de cerca las lactancias frustradas y cuánto he aprendido de ellas. El respeto que me inspiran todas las madres y cómo he ido aprendiendo a no juzgar y mucho menos a culpabilizar. El texto se llama “Mi título de Lactancia”.

En ese contexto ver un mensaje en el que un hombre dice textualmente:

“¡Que soba dais con la puta teta, coño!!!”

EN principio me cabrea mucho por varios motivos.

  • Primero porque no soporto la mala educación y la grosería, sobre todo si es gratuita.
  • Segundo porque no entiendo que alguien venga a mi fan page, dedicada como su nombre indica a hablar entre otras cosas de lactancia, a criticar la lactancia.
  • Tercero porque estoy un poco cansada de la gente que se dedica a criticar desde el desconocimiento, la ignorancia o la frustración.

HE decidido responderle y al final increpado por algún que otro comentario donde le reprochaban su actitud y su vocabulario ha aparecido el verdadero motivo de ese comentario:

Copio textualemtne:

  “Yo soy consciente de maternidad y paternidad….yo también soy padre. 
Mi mujer lloró mucho por NO PODER amamantar a la criatura, por Eso estoy un poco cansado de tantas chorradas que escribís sobre la teta…. Mi hijo tiene dos añitos y se alimenta muy, muy bien!!!

Me imaginaba que los tiros iban por ahí porque la otra opción es la de los psicópatas anormales que creen que la teta es solo para el uso del macho y su satisfacción sexual. De esos ni comento porque ya se retratan solitos. Pero este caso me sonaba más a eso.

Es evidente que en ese hogar hay un duelo. Pero como en el caso de la mujer que os comentaba, en lugar de asumir la situación, la única respuesta al dolor que conoces es atacar a quienes sí han podido.

 

Es como si todos los invidentes del mundo se dedicaran a criticar los museos de arte y el cine, y a los fotógrafos por reivindicar el arte y la belleza de las imágenes cuando ellos no las pueden disfrutar.

 

AFP/AFP - José Pedro González, visitante ciego del Museo del Prado de 56 años, toca una reproducción de 'La fragua de Vulcano', uno de los cuadros más famosos de Diego Velázquez, en Madrid el 18 de junio de 2015

AFP/AFP – José Pedro González, visitante ciego del Museo del Prado de 56 años, toca una reproducción de ‘La fragua de Vulcano’, uno de los cuadros más famosos de Diego Velázquez, en Madrid el 18 de junio de 2015

 

Estimado Sr. siento mucho lo que le sucedió a su mujer.
Parte de mi trabajo es precisamente evitar que eso le pase a más mujeres. Pero ¿sabe? la solución no es matar al mensajero.

Aceptar la realidad: el duelo

La solución es primero aceptar que se quiso y no se pudo.
Si les apetece a ustedes pueden reflexionar o buscar el por qué, aunque no es imprescindible. Aquí no se trata de buscar culpables sino de buscar soluciones.

Esa lactancia frustrada ya no se va a recuperar, igual que mi amiga la vista. Pero igual que ella es feliz paseando cogida a su acompañante mientras este le describe cómo es la puesta de sol, muchas mujeres con lactancias frustradas en vez de odiar “la teta” y/o a quienes la dan y la disfrutan, viven mirando hacia adelante con paz y esperanza.

Conozco muchas mujeres cuyas maternidades posteriores han sido sanadoras y conozco algunas que decidieron precisamente sanar su herida no atacando al resto de mujeres, sino precisamente apoyándolas.

Asesorarte

No le hace usted ningún favor a su mujer llamando “puta teta” al hecho de amamantar, porque de hecho era algo que ella deseaba, criticándolo así, critica su propia ilusión y aumenta su frustración.

Si me permite un consejo, mírela y dígale cuánto siente lo que pasó y cuánto le habría gustado haber podido hacer algo para evitar lo que pasó. Y usted mismo analice con quién está enfadado.

Disculpe que le haya tachado de impresentable, ahora sé que es la frustración la que hablaba.

Sólo recordarle que no es sano quedarse anclado ahí. Sobre todo porque si le molesta tanto ver lactancias felices va usted a sufrir mucho lo que le queda de vida, así que mejor aprenda a “ver” con nuevos ojos su realidad y a vivir feliz.

Moraleja:

 “Si me molesta tu felicidad es porque me recuerda que no soy feliz.

Gracias por recordarme también que la felicidad depende de mi actitud, no de mis circunstancias”

PD: Dedicado a A. que me enseñó a ver de otro modo

 

Texto originalmente publicado en mi muro personal de Facebook

asesoras de porteo

Madres desbordadas ¿malas madres?

Madres desbordadas ¿malas madres?

Mi abuela paterna fue “sólo” madre.
Mi abuela materna fue madre de familia numerosa pero no crió a sus hijas mayores.
Mi madre fue mujer trabajadora primero,  y madre de familia numerosa, prácticamente sola, después.
Su “conciliación laboral y familiar” pasó porque su hija mayor se encargara de los pequeños y de gran parte de tareas de la casa mientras ella trabajaba.
Yo hoy soy heredera de todas esas dinámicas con las que he crecido y voy aprendiendo a compaginar mis “creencias”  sobre la vida familiar y los hijos con mis conocimientos sobre las necesidades de los bebés y niños y con mis deseos como mujer adulta de tener mis propios espacios fuera del rol de madre.

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Ser madre hoy

Creo que tenemos el papel más difícil en generaciones. Porque tenemos más información y eso en vez de convertirse en lo que debería ser, una herramienta para saber cómo hacer las cosas de forma más sabia y eficaz, se ha convertido por el contrario, en un arma para culpabilizarnos (aún más si cabe).

Resulta que nos han dicho qué debemos hacer pero nos han dejado solas, sin armas, en la arena.

Nosotras hemos cambiado nuestra mentalidad para no arrojar una carga innecesaria sobre nuestros hijos pero, en la mayoría de los casos, no han cambiado nuestras parejas, ni ha cambiado  la sociedad que nos sigue haciendo escoger entre lo que debe ser y entre lo que puede ser.

Somos la infantería de esta guerra. Las más expuestas, las que arriesgan su cuerpo, sus energías, su vida, en una batalla en la que otros, desde sus lugares estratégicamente seguros y confortables, al final se colgarán las medallas del éxito.

Madres desbordadas-malas madres

 

Y la realidad es que ser madre de varios hijos, criarlos, es decir: proveerles el cuerpo, contacto y atención que merecen, educarlos, cuidar el entorno en el que viven, nutrirles de forma adecuada, ofrecerles un ambiente sano y estimulante, seguro, confortable, limpio…hacer todo eso y hacerlo sola es misión imposible.
Incluso en los casos en que la pareja no “ayuda” sino que se involucra y comparte este trabajo sin fin, es muy difícil hacerlo sin dejar cadáveres por el camino.

Uno de los “cadáveres” habituales, del que hablaba en este post para el blog Asesoras Continuum, es convertir a los hijos mayores en una especie de franquicia nuestra.

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hermano mayor

Pinchad en la imagen para leer el post completo

Sobre todo en el caso de familias monoparentales, o donde el padre está ausente física o emocionalmente, es fácil encontrar a los hijos mayores asumiendo cargas que no les corresponden.
En algunos casos los hijos mayores no solo se convierten en nuestros “ayudantes” o en los “encargados” de las tareas logísticas del cuidado de los hijos pequeños y la casa, a veces, y lo que es peor, se convierten en nuestro sostén emocional.

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Culpa No, responsabilidad SÍ

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Las madres no lo hacemos por gusto, por supuesto, es normal que cuando hay varios hijos, incluidos bebés o niños pequeños que nos reclaman todo el tiempo, prioricemos ese trabajo por delante de otros y busquemos el modo de conseguir acabar el día sin desfallecer ni volvernos locas.
Cuando no hay más adultos que nos ayuden a asumir todo el trabajo y/ o que nos sirvan de desahogo y de apoyo es fácil hacer de nuestro hijo o hija mayor nuestro “amigo y confidente”.
Ese es un fallo enorme porque estamos invirtiendo los roles. Ellos aún son niños que nos necesitan a nosotros para completar su desarrollo hasta alcanzar su madurez emocional.

Este post no es para que creamos que le hemos amargado la vida a nuestro(s) hijo(s) sino para que nos paremos a pensar en qué patrones tóxicos estamos perpetuando sin darnos cuenta y para que busquemos otra forma de gestionar nuestra realidad difícil.

No es cuestión de culpabilizarnos, pero sí de asumir responsabilidades.

Si eres madre de familia numerosa analiza el día a día de tu vida y del trabajo que hace cada uno en la familia.

  • ¿Es el hermano mayor el “encargado” de cuidar a su(s) hermano(s)? ¿Puede decir “no”? y si es así ¿Cómo reaccionamos a su negativa a hacerse cargo de su hermano?
  • ¿Tiene edad de cuidarse solo? ¿Le dejarías solo en casa?
    Si no es así, no es lógico que además de no encargarnos de él le pidamos que él cuide de alguien aún más pequeño.
  • ¿Colaboran todos en la casa (si tienen edad para ello) ocupándose de sus propias cosas: cama, recoger sus juguetes, poner y quitar la mesa, colocar su ropa, poner la ropa sucia en el cesto etc? ¿ o por el contrario unos se encargan de hacerle esas tareas a otros?
    En una familia la meta es que todos lleguen a ser autónomos, no que haya uno que le haga el trabajo al resto.
  • Al hablar para pedir ayuda a tu(s) hijo(s) mayor(es) ¿Qué expresiones  usas?
    No  es lo mismo decir: “Vigila a tu hermano” que “¿me puedes hacer un favor y mirar a tu hermano mientras yo hago tal o cual cosa y me avisas si me necesita?” En el primer caso le imponemos la orden de asumir el rol de cuidador, en la segunda dejamos claro que el rol es nuestro y le pedimos que nos ayude, porque necesitamos hacer otra cosa, manteniendo nosotros la responsabilidad final sobre el pequeño.
  • ¿Perpetuamos situaciones de injusticia y desigualdad no solo por orden sino por género?
    Por ejemplo:  la hermana mayor es la única que aprende a cocinar,  a hacer la compra o planchar y/o el hijo mayor se convierte en el policía social de sus hermanas pequeñas.

Estos son solo algunos ejemplos para observar qué dinámica estamos creando en nuestro hogar.
Por supuesto no es lo mismo que nuestro hijo mayor tenga 4 años, 9 o 15, pero en cualquier caso el objetivo es

  • Que todos nuestros hijos que crecen en un hogar con hermanos vivan la experiencia como les corresponde. Desde el rol de hijos, no de padres sustitutos.
  • Que aprendan que criar hijos es un trabajo agotador pero gratificante.
  • Que nuestro cansancio no es por tenerlos a ellos sino por criar sin tribu
  • Que sepan que su colaboración nos es de gran ayuda pero que no es su trabajo ni su responsabilidad preocuparse por ellos ni por nosotros
  • Que se den cuenta que mamá no es perfecta ni pretende serlo, pero que cuando se da cuenta de que algo no se ha hecho bien pide disculpas e intenta rectificar (Gran lección de vida esa)
  • Que se sientan queridos, valorados, respetados y apreciados en su individualidad.
  • Que no crezcan creyendo que nuestro amor hacia ellos depende del “trabajo” que realizan para nosotros
  • Que entiendan que el amor se demuestra con acciones y que quieran contribuir a aligerarnos la carga por eso, porque nos aman, no porque se sientan obligados
  • Que si algún día deciden ser padres y madres disfruten de y con sus hijos, de estar tiempo con ellos disfrutando y que lo hayan aprendido de nosotras.

Disfrutar con los hijos

 

Querida madre desbordada como yo,
sola como yo

imperfecta como yo,
desquiciada por momentos como yo,
 perfeccionista como yo,
histérica a ratos como yo,
inconsecuente entre lo que piensas y lo que haces como yo,
frustrada por no conseguir que las cosas salgan siempre como quieres como yo,
soñando con tener unas vacaciones sin niños aunque no lo confieses delante de ellos ( o sí) como yo,
envidiosa de las madres perfectas como yo,
celosa (a ratos) de las que tienen hijos perfectos como yo…
Mala madre y Buena madre COMO YO
Querida compañera… como una vez leí a una madre imperfecta… recuerda que:

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

Las renuncias de las madres-Nohemi Hervada

 

 

PD: Dedicado a Inma y a todas las madres desbordadas, solas, imperfectas, desquiciadas, perfeccionistas, histéricas, inconsecuentes, frustradas, soñadoras, envidiosas, celosas, a todas las Buenas y Malas madres a la vez.
Imagen destacada ©BadMoms 
Film

 

Entrevista a Aitana Oliva, madre de acogida: “Mi objetivo es que estos niños puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Entrevista a Aitana Oliva, madre de acogida: “Mi objetivo es que estos niños puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Aitana  contactó conmigo para saber si podía ayudarla a ella y a su familia a afrontar la separación de su bebé de acogida.

Me explicó la situación y le respondí que no tenía experiencia en esas situaciones, pero que lógicamente esa separación iba a signifcar un duelo, y que todos los duelos tienen cosas en común, por lo que algunos consejos  y pautas serían aplicables también a su proceso de despedida definitiva del bebé en acogida.
A partir de esa conversación y de algunas otras me di cuenta de que este tema nunca había sido abordado en el blog. Me ofrecí a colaborar con ella si decidía hacer algo para mejorar o hacer más llevaderos estos procesos a las familias, teniendo en cuenta mi experiencia en las necesidades de los bebés por un lado, mi experiencia en porteo, masaje y contacto como elementos favorecedores del vínculo por otro y mi experiencia en duelo.
Durante esas conversaciones le propuse a Aitana que escribiera lo que sentía. La escritura es una excelente forma de ayudarnos a afrontar situaciones difíciles y dolorosas, puede ser parte también de los rituales de despedida. Aceptó y fuimos más allá pensando en hacer una entrevista para dar a conocer la realidad de esos niños y sus familias de acogida.

Quiero agradecerle a Aitana su generosidad.
Su generosidad para contarnos su vivencia con ilusión a pesar de que me consta ha sido difícil poner en palabras algunas de las intensas emociones que ha vivido esto años, y que aún siente.
No me canso de decir que la mayoría de lo que sé la he aprendido de personas generosas como ella que en algún momento de sus vidas compartieron conmigo su intimidad. Mujeres  ( y algún hombre) que me permitieron acompañarles y escuchar sus vivencias, sus emociones, sus experiencias…
Hoy le agradezco  a Aitana que haya querido compartir su historia  con el resto del mundo. Sé que es una entrevista larga y que no es un formato que suele gustar en blogs, pero no sobra ni una coma, ni un punto, ni un párrafo.
Te pido que la leas, que escuches la voz de esta madre de acogida a través de sus palabras… y que nos ayudes compartiéndola.
Gracias Aitana, a ti y a esas maravillosas criaturas que pasaron por tu vida y que te han ido convirtiendo en la maravillosa persona y madre de acogida que eres hoy.

 

ENTREVISTA

  • ¿Quién eres?, cuéntanos algo de ti

Soy una mujer de 38 años, sin hijos. Profesionalmente no me dedico a nada relacionado con los niños, no obstante me encantan y me parece que son un gran ejemplo a seguir.

Soy una persona normal y corriente, con mis propios proyectos, inquietudes, ideales y sentimientos.

Hace unos 4 años y pico, a través de un anuncio de la televisión de la Comunidad de Madrid, conocí la existencia de este programa. Me informé de si en Canarias existía algo parecido y empecé a hacer los trámites para ser familia de acogida.

 

  • ¿Qué es ser familia/madre de acogida?

Para mí, ser familia de acogida es dedicarte, en cuerpo y alma, al menor acogido. Generalmente estos menores tienen una historia de vida difícil, con carencias a todos los niveles.

 

MAdre de acogida

 

 

  • ¿Hay un límite de edad de los niños para ser acogidos (por pequeños o por grandes)?

Hay niños de todas las edades susceptibles de ser acogidos. Hay madres que, desde que están embarazadas, tienen claro que sus condiciones personales imposibilitan la atención que precisa su hijo y los ceden voluntariamente en adopción, o son los propios servicios sociales los que deciden la retirada de los menores de su familia biológica, así son declarados menores en desamparo y pasan a familias de acogida o a centros de menores hasta que su situación familiar se estabilice o se establezca otra medida para ellos. A los 18 años ya no son considerados legalmente menores lo que implica que este servicio de acogimiento familiar se extingue al cumplir la mayoría de edad, no obstante, si el menor y la familia acogente están de acuerdo, la convivencia continua.

Los menores institucionalizados reciben apoyo de la administración hasta los 21 años. Desde la Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias estamos trabajando para que los menores acogidos que cumplan 18 años en familias de acogida y, bilateralmente, decidan continuar conviviendo, reciban ayudas de la administración.

 

  • ¿Se requiere algo especial para ser familia/madre de acogida?

Para ser familia de acogida lo principal es estar convencido de querer serlo. Hay un servicio del Gobierno de Canarias que ofrece un curso informativo a aquellas personas interesadas. Cuando se conocen en profundidad los detalles y lo que conlleva el acogimiento de un menor, se rellena y se registra la solicitud. Posteriormente, una comisión multidisciplinar de técnicos (psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc), hace una valoración de la familia para declarar su idoneidad/no idoneidad. Una vez recibida la idoneidad, la familia pasa a formar parte del banco de familias de acogida y a estar disponible para que un menor, varios menores, grupos de hermanos, etc, se inserten en su familia como un miembro más.

Los acogimientos pueden ser de diferentes tipos: acogimiento de urgencia, acogimiento simple, acogimiento permanente, acogimiento profesionalizado… Además, cada familia puede elegir el número de menores a acoger, el rango de edad, y otras características.

 

  • ¿Por qué te/os decidisteis a participar en este programa?

Madre de acogida Se me parte el alma al pensar en un niño sin familia. Me siento socialmente responsable de contribuir, con mi granito de arena, a evitar que ésto suceda.

Hay muchos niños pasando momentos difíciles, cerca de nuestras casas, que no pueden estar con sus familias biológicas.

Desafortunadamente, no puedo cuidar de todos ellos pero, al menos, pretendo que, aquellos que pasen por mis manos, puedan conocer la infancia como un periodo feliz, de calor familiar, seguridad, amor incondicional y atención individualizada.

Los niños de ahora son los adultos del futuro y creo que, entre todos, podemos construir una sociedad más amable, más solidaria, un mundo mejor. Una infancia sana es fundamental para llegar a ser un adulto completo, sin carencias, resiliente, altruista, feliz.

 

  • ¿Cuántos niños has tenido de acogida, qué edades tenían y cuánto tiempo?

Ya han pasado por mis manos cuatro bebés.

La primera fue una niñita prematura, la acogimos cuando le dieron el alta hospitalaria, con un mes de edad y 2,5 kg de peso, era preciosa y creció, durante los 3 meses que la tuvimos, a velocidad de vértigo.

La segunda fue otra niñita de 10 días, todavía con su cordoncito umbilical, nos ocupamos de ella durante casi 5 meses, fue una delicia y una alegría.

Al poco tiempo nos avisaron para acoger a un bebé, tenía casi 6 meses, fue una urgencia, cuando se encontró otra medida más estable para él se fue de nuestra casa, sólo estuvo 2 meses, era un bebé muy tranquilo y glotón, aprendió a gatear con nosotros y a reirse a carcajadas.

Por último, tuvimos, durante 16 meses a un bebé que llegó con 5 meses, está muy reciente su despedida y me cuesta mucho trabajo hablar de él, tengo la herida todavía abierta.

  • ¿Cómo se enfrenta una madre de acogida al momento de la separación definitiva?

Yo sólo puedo hablar de mi experiencia personal y de lo que he sentido en cada una de las despedidas de mis cuatro maravillosos bebés.

Madre de acogida

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Mi compromiso como familia de acogida es el de involucrarme durante un periodo máximo de 6 meses en el cuidado de un menor entre 0 y 3 años. Soy familia de acogida de urgencia y pueden avisarme en cualquier momento de que hay un niño que, en ese momento, necesita de mí.

Los primeros tres bebés que llegaron a mis manos estuvieron, el que más, 5 meses conmigo. La separación siempre es dura. Mi vida gira en torno a ellos durante ese tiempo, día y noche, entre biberones, pañales, colechando y porteándolos, allá donde voy yo vienen ellos conmigo. Dejo mi vida personal de lado y entro en el mundo bebé de forma inmediata. Mis amigas, que a veces se pierden con tanto bebé, me preguntan si estoy en fase “yanomami” (ya no mami) para poder contar conmigo.

Desde que, el servicio de menores, avisa de que el acogimiento está llegando a su fin, el nudo en el estómago es inevitable. Los bebés no entienden lo que pasa, pero no me cabe duda de que, aunque no dominan el lenguaje oral, perciben el estado emocional que conlleva esa fase. Así que siempre les cuento lo que está pasando y lo que va a pasar próximamente. Ya me empiezo a despedir de ellos.

vacíoEs inevitable que se te pase por la cabeza, en los últimos días, que es la última vez que vas al parque con él, el último baño, el último cambio de pañal, etc. Mi familia se implica mucho, compartimos mucho tiempo con ellos, y lo pasan muy mal cuando se van. Soy consciente de que ellos no han elegido ser familia de acogida y que, por mi elección personal, les ha tocado serlo. Esta cuestión ha hecho que me plantee muchas cosas como distanciarme de mi familia mientras se esté desarrollando un acogimiento, pero no soy capaz de hacerlo, además no sería justo ni para el bebé ni para ellos.

Os podreis imaginar la dureza de la situación cuando vuelves a casa sin él, encuentras vacío, un vacío tan grande que se requiere tiempo para recuperarse emocionalmente.

..

El caso del último bebé fue diferente al resto, se trataba de un caso complicado, por la presencia de su familia biológica y su interés por recuperar la tutela del pequeño. Lo que iba a ser un acogimiento de pocos meses, se convirtió en casi un año y medio de convivencia, desde los 5 meses hasta los casi 2 años de edad. Lo vi aprender a darse la vuelta en la cama, lo vi gatear, caminar y correr, había empezado a hablar y a llamarme. El hecho de pensar que tendría que separarme de él me desgarraba. Realmente no podía imaginarme la vida sin él. Mi vida había estado paralizada durante un año y medio y me dediqué a él en exclusiva, exactamente igual que lo haría con mi hijo.

madre de acogida

  • ¿Hacéis algún tipo de ritual de despedida?

libro de vidaOtra vez sólo puedo referirme a mi caso personal.

Cuando la despedida se acerca, intento racionalizar la experiencia e intento que, la noticia de que va a tener una familia definitiva, sea motivo de celebración. Lo solemos celebrar con mi familia, aunque es una celebración agridulce.
Además, les preparo una maletita para que se la lleve su nueva familia con sus cosas personales, algún juguete al que tenga especial cariño, algunas mudas de ropa, sus biberones, etc.
Lo más significativo para mí es el libro de vida que les preparo, en ese libro cuento cómo han transcurrido los meses de nuestro camino en común, cuento los avances, coloco fotografías y otros recuerdos, es como un diario que relata el día a día con ellos. Además, la nueva familia se lleva, en formato digital, todas las fotos y videos que le hemos hecho al bebé (que no son pocos) con la intención de que ellos mismos conozcan a su hijo los meses previos a la adopción.

Cuando se van, lo primero que hago es recoger cualquier artículo que me recuerde a ellos, cambio el mobiliario de lugar y dejo fluir el sentimiento de vacío que siento, esa tristeza profunda, ese saber que ya nunca voy a volver a tenerlo entre mis brazos.

 

  • ¿Preparas al niño de algún modo?

Madre de acogida

 

En el último y más duro de los 4 acogimientos, la Administración pública junto con la organización colaboradora, creyeron conveniente realizar un periodo de adaptación con la nueva familia antes de llevárselo definitivamente. El bebé, con casi dos años, se sentía muy apegado a mí, su figura de referencia. Este periodo duró 48 horas, el primer día el bebé pasó la tarde con sus padres y volvió a dormir a casa, y el día siguiente, lo recogieron por la mañana y hasta la noche no lo volvimos a ver, sólo para darle la cena y dormir. El tercer día, por la mañana, se fue para siempre y no he vuelto a tener noticias de él. Está siendo muy duro.

Con los 3 primeros bebés no hubo periodo de adaptación, en cuestión de una hora, los bebés se fueron con su nueva familia, totalmente desconocida para ellos.

 

  • ¿Sigues teniendo contacto con él/ellos?

De los cuatro niños a los que he acogido, a día de hoy, tengo contacto con la mitad de ellos. Al tercer bebé, sólo lo tuvimos un par de meses y lo desviaron a otra familia de acogida con la que tuvimos relación un tiempo. Con las familias adoptivas de las dos primeras niñitas tenemos muy buena relación, los consideramos y nos consideran parte de la familia. Es complicado de llevar el pensar que mantener contacto con el bebé depende exclusivamente de la familia a la que se vaya, además, me consta que los técnicos del servicio de adopción recomiendan a las familias adoptivas que corten vínculos con los acogentes. Con mi pequeñín, que se fue hace un mes y medio, no tengo ninguna relación a día de hoy. No te imaginas el dolor que me causa y el alivio que sería que su familia me dijera que está bien, que está adaptado, que es feliz.

 

  • Cuando hay hijos propios ¿cómo viven estos la “partida” del bebé acogido?

En mi caso no tengo hijos y no puedo contestar a esta pregunta en primera persona pero creo que los niños tienen la capacidad de adaptación mucho más desarrollada que los adultos, por lo tanto pienso que los hijos de las familias acogentes se adaptarán rápidamente a la vida sin el niño acogido.

 

  • ¿La familia que adopta qué relación suele tener con vosotros?

Con las dos familias que han adoptado a mis niñitas tenemos una relación preciosa, ellos se sientes agradecidos por habernos dedicado, durante meses, al cuidado de sus hijas. Y nosotros, muy agradecidos por permitirnos seguir en contacto con ellos y poder ver lo felices que están y cómo se desarrollan y crecen las niñas.

 

  • ¿Eres consciente de que hay un duelo?

A día de hoy soy consciente del duelo que hay que pasar cada vez que se va un niño.

Resulta difícil llamarlo así porque generalmente se relaciona la palabra “duelo” con muerte, no obstante, el vacío que se siente es similar. Por fortuna, racionalmente, es más fácil de llevar que un duelo por fallecimiento. Cuando llega el momento de la separación sabes que ya ha finalizado tu labor, te sientes orgullosa de lo bien que lo has hecho y tienes la satisfacción de haber dado lo mejor de ti, también sabes que está con una familia que lo va a cuidar bien (cuando se va a adopción suelen ser familias que llevan una media de 8 años esperando para adoptar un bebé, así que los reciben con mucho amor). Esta parte racional no quita que emocionalmente te quedes destrozada y que tengas que pasar un duelo, un duelo que a veces tarda muchos meses en pasar y que te va dejando cicatrices en el corazón.

 

  • ¿Qué te resulta más difícil?

maletaPara mí, lo más difícil del acogimiento, es la fase de la despedida. Lo más difícil empieza en el momento en el que te avisan, con una llamada telefónica, de que se le está buscando familia. Son muy duros los últimos días con el bebé y es muy duro cuando se va y dejas de tenerlo en tus brazos, cuando tienes que recoger sus cosas de la casa, cuando no lo oyes corretear, cuando no lo oyes llamarte y sabes que ya se acabó. Cuando pasan unos días, noto cómo se va alejando la sensación de estar con él, su olor, su tacto, la sensación de llevarlo en brazos, de dormir con él, se va alejando de mi memoria, de mis sentidos, y eso duele mucho. Duele tanto que a día de hoy, un mes y medio después, todavía me duele mucho, todavía no soy capaz de ver sus fotos y sigo soñando casi a diario con que sigue conmigo.

Lidiar con la Administración tampoco me resulta fácil, a pesar de tener los mismos intereses. Siento que no se consideran seriamente las opiniones de las familias acogentes y que no se valora la labor social que hacemos. Noto falta de empatía y de colaboración. También creo que la Administración debería sensibilizar a las familias que van a adoptar a nuestros niños y explicarles que nosotros no hacemos esto por dinero, que nos implicamos emocionalmente con sus hijos tanto como con los nuestros y que no somos de piedra. Es muy difícil admitir que la familia a la que se va no quiere mantener contacto con nosotros. Creo que esta parte es la más dura y que podría tener solución si la Administración se lo propusiera.

No me cabe duda de que lo más importante para cualquier familia de acogida es que, cuando llega la hora de separarse del menor, el niño no sufra, que no viva la separación como un nuevo abandono y que la transición sea lo más suave y fluida posible. Me consta que cualquier niño se va a adaptar, con mayor o menos velocidad, a su nueva familia, sea como sea esa transición, pero también me consta que si no se hace bien ese proceso el niño puede vivirlo de forma traumática, y, aunque en el momento no se desvelen las consecuencias, cuando llegue a la adolescencia y a la adultez podrán aparecerle secuelas de aquella separación. En esta última fase del acogimiento, la actuación de la Administración debería ser impecable y no lo es. Ésto es lo que más nos preocupa a las familias.

Secundariamente también noto que no se nos cuida, muchas familias coincidimos en un sentimiento de desazón y desamparo cuando nuestros niños se van. Hay familias que acaban tan insatisfechas que no vuelven a acoger. Deberían cuidarnos y conseguir la fidelización de las familias al programa de acogimiento y la incorporación de nuevas familias. Debería ser una experiencia satisfactoria en todas las fases, incluyendo la de separación.

 

  • ¿Crees que es positivo para el bebé que se ha vinculado con una madre de acogida romper todo lazo con ella?

El principal objetivo del acogimiento es que los niños vuelvan a incorporarse con sus familias biológicas, si ésto no sucediera, opino que, lo ideal para el bebe/niño sería quedarse, para el resto de su vida, con la familia de acogida, con la que ha creado un vínculo y con la que se siente seguro. Por ley no funciona así.

He estado leyendo algo sobre el tema y entiendo que una separación brusca del niño con su figura de referencia puede ser traumático y tener repercusiones en su vida adulta.

Supongo que, el apego profundo que se produce en los primeros años de vida con la principal figura de referencia, debe ser roto cuando se produce una adopción para que el niño pueda vincularse a otra persona, aunque no creo que lo más acertado sea una separación brusca. Pienso que esa confianza en su nueva familia tiene que ser construida paso a paso. Desgraciadamente, también soy consciente, de que los recursos de la Administración son limitados y los periodos de adaptación extremadamente cortos.

 

  • ¿Crees que es bueno que el niño mantenga contacto con su madre de acogida?

Por supuesto que sí.

Creo que cuanta más gente quiera a un niño va a ser mejor para él.

madre de acogida 

  • ¿Recibís algún tipo de apoyo psicológico?

El programa de acogimiento cuenta con psicólogos para atender a las familias de acogida, durante el acogimiento o tras su finalización. Mi experiencia personal indica que los recursos son insuficientes y que no se satisfacen las necesidades de apoyo a las familias.

 

  • ¿Grupos de apoyo o similar?

Actualmente no contamos con grupos de apoyo en el programa de acogimiento familiar del Gobierno de Canarias. Hace unos meses, en la Asociación de Familias de Acogida en Ajena de Canarias (www.asfaca.es), surgió la idea de crear grupos de apoyo entre familias y solicitar a la Administración ayuda profesionalizada para dirigir estos grupos. Se está trabajando en ello.

 

  • ¿Qué cambiarías del proceso?

Bufff, muchas cosas cambiaría y eso que yo sólo conozco una pequeña parte de la realidad del acogimiento familiar. Voy a enumerar los principales puntos e intentar resumirlos.

  • Los periodos de adaptación de los niños cuando salen en adopción, deberían personalizarse, deberían contar con las familias de acogida para idear el plan de acoplamiento y permitir que la familia de acogida esté presente en el mismo, si así lo desea. Además, bajo mi punto de vista, los bebés, independientemente de la edad que tengan, también necesitan unos días de adaptación con su nueva familia, actualmente la entrega se hace en una hora.
  • Los periodos de adaptación deberían ser más pausados, y no pretender que en dos días, un niño de casi dos años, que ha convivido con la familia de acogida por casi un año y medio, esté adaptado a una nueva familia. Pienso que dedicar más tiempo a esta fase del acogimiento por parte de los técnicos del Gobierno de Canarias y de Aldeas Infantiles, si procede, aseguraría que la pérdida que sufren los niños al cambiar de familia, al romper con las familias que ellos consideran propias, no sea traumático. Actualmente me duele mucho pensar que mis niños hayan vivido ese cambio como otro abandono más en sus vidas.
  • Se podría mejorar la asignación de los niños con las familias. Hay muchas familias que tienen la idoneidad para un tipo de acogimiento y les asignan niños destinados, previsiblemente, a otro tipo de acogimiento. Este punto también va relacionado con las prolongaciones excesivas de los acogimientos. Mi último caso pasó de ser una urgencia, de una duración máxima de 6 meses, a una convivencia de 16 meses.
  • Las visitas con la familia biológica. Este tema es bastante delicado. Es un derecho de los niños y de sus familias el tener contacto y las familias de acogida estamos dispuestas a facilitarlo aunque tengamos que invertir nuestro tiempo en ello, además de los nervios que supone dejarlo en el punto de encuentro. El problema surge cuando el niño no se queda bien con su familia. El caso de mi último acogimiento fue así. Mi bebé nunca se quedó tranquilo con su familia biológica, a veces se pasaba prácticamente la hora entera llorando. Sus padres desaparecieron durante un periodo de 6 meses y a la vuelta se restablecieron las visitas con ellos, lo que supuso nuevamente un suplicio para el menor. Creo que los técnicos deberían prestar más atención al interés superior del menor, hay casos en los que es obvio que las visitas no le sientan bien. Si necesitan orden judicial para interrumpir las visitas sería cuestión de solicitarla.
  • Cuidar a las familias de acogida creo que es uno de los temas cruciales para fidelizar a las familias que hacen esta labor social, las familias de acogida necesitan apoyo. Este es el principal objetivo de ASFACA, Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias.
  • La formación continua a las familias de acogida creo que sería un punto relevante a tratar por parte de la Administración. Yo llevo más de 3 años en este programa y nunca me han avisado para asistir a cursos, charlas, talleres, etc.
  • La Administración podría organizar la información que van a necesitar las familias que se incorporan al programa, de tal forma que sepan los trámites que tienen que gestionar.
  • Agilizar los procesos y solucionar lo antes posible los casos de menores en desamparo. La mayoría de los procesos van muy despacio.

 

  • ¿Qué le dirías ahora a ese bebé si pudieras?

Le diría que siempre va a estar en mi corazón, que me ha llenado de amor, que nunca lo olvidaré aunque no podamos vernos, que ha sido un regalo para mí poder compartir mi vida con él durante este tiempo, que siempre podrá contar conmigo, que somos su familia….

 

  • ¿Qué le dirías cuando tenga edad para comprender su historia?

Yo, desde el principio, desde que los cojo por primera vez les explico la historia de su vida, por lo tanto, ya crecería sabiendo que ha pasado en su vida y lo normalizaría. Estos niñitos tienen muchas familias que los quieren; la biológica, la de acogida y la definitiva.

 

  • ¿Qué le dirías a los padres que adoptan?

Les diría que no nieguen a sus hijos el conocer su historia, que no les nieguen el amor de toda la gente que los quiere.

Con respecto al acogimiento les diría que se pusieran en el lugar de las familias de acogida, que empatizaran con ellas e hicieran una pequeña reflexión. Ellos tienen la capacidad de que pasemos un duelo mucho más llevadero.

 

  • ¿Qué nos dirías al resto que desconocemos esta realidad?

Aunque hay muchas cosas para mejorar en el programa de acogimiento familiar en ajena de Gobierno de Canarias, la realidad es que el mejor lugar para que un niño se desarrolle de forma integral es una familia.

La vida no nos trata a todos igual y, desgraciadamente, hay muchos menores tutelados por el Gobierno de Canarias, más de la mitad está en centros.

Desde aquí aprovecho para animar a la gente a acoger. Es una experiencia inolvidable y gratificante.

A pesar del sacrificio que conlleva, el amor dado y recibido compensa todo con creces.

Llevo casi 4 años en el programa y no tengo idea de salirme de él, pienso que eso dice mucho.

 

Quiero agradecer la oportunidad de hacer esta entrevista. Ojalá que sirva para dar a conocer la realidad del acogimiento familiar y divulgar el programa del Gobierno de Canarias.

Para recibir información sobre acogimiento familiar pueden llamar al 012 o ponerse en contacto con la Asociación de Familias Acogentes en Ajena de Canarias. www.asfaca.es

Aitana Oliva
Madre de acogida 

Ser Madre: perder libertad, ganar muchas otras cosas

Ser Madre: perder libertad, ganar muchas otras cosas

Seguramente hoy has mandado una felicitación a tu madre o a todas las madres que conoces.
Seguramente estos días te has dado cuenta que la publicidad iba toda de madres. TV y medios llenos de anuncios alabando las virtudes de las mamás.
Seguramente has recibido el regalo que tus niños  han elaborado  para ti.
Seguramente alguno de los tuyos ha recorrido estos días las tiendas para encontrar algo especial y no caer en la supina estupidez de regalar un electrodoméstico.
Seguramente hoy toca comida familiar alrededor de esa persona inigualablemente importante en vuestra vida:  mamá.
Seguramente eres de los que crees que no hace falta un día especial para demostrar el amor y el aprecio pero te gusta la idea de que haya al menos un día señalado que sirva de homenaje.

©NOhemiHervadaYo no he mandado ninguna felicitación.
Mis hijos no saben qué día es hoy.
Pero hoy quiero hacer un homenaje  a las madres. No por ser el primer domingo de Mayo, sino porque es domingo, porque estoy sentada en mi sofá con un café que saboreo y porque estos días me apetece escribir y así es como suelo hacerlo.

.Estas últimas semanas  he pensado mucho en el precio que pago por ser madre.

Yo no he tenido que renunciar, como decía en mi artículo más leído “Las Renuncias de las madres” , a una oferta de trabajo tentadora. O no exactamente.
Pero sí he renunciado a cosas. O mejor: He escogido

  • *He escogido no dormir  sin despertares
  • *He escogido pasar mi tiempo de ocio en parques
  • *He escogido ir a la playa y no echarme una siesta al sol o nadar sola mar adentro
  • *He escogido no poder planear mi agenda con antelación
  • *He escogido limitar mis viajes al máximo que mi hija pequeña tolera estar separada de mí
  • *He escogido posponer trabajos interesantes
  • *He escogido perder una relación de pareja que quería ser el primero de mis intereses
  • *He escogido perder  “amistades” que no respetaban a mis hijos
  • *He escogido cambiar novelas por cuentos
  • *He escogido las princesas y los Jedi en vez de las pelis de miedo
  • *He escogido cambiar una casa ordenada por un hogar disfrutable
  • *He escogido  disfrutar desayunos en vez de cenas como vida social
  • *He escogido montar en bici a patinar
  • *He escogido que mis hijos sepan que ellos están antes que los demás, aunque a veces el corazón duela
  • *He escogido ser feliz siendo madre
  • *He escogido ser una madre feliz
  • *He escogido todo el aprendizaje que conlleva : amar de verdad, humildad, a librarme de egos y egoísmo, consecuencia, respeto, humanidad, empatía, paciencia, perdón sin rencor, a encontrar siempre lo realmente importante…
  • *He escogido permitir equivocarme y perdonarme sin culparme
  • *He escogido dejar que ellos me enseñen las lecciones importantes que olvidé
  • *He escogido que mis hijos no sean niños obedientes
  • *He escogido que me quieran imperfecta pero veraz
  • *He escogido  reír con ellos a llorar con otros.
  • *He escogido llorar con ellos a reír con otros
  • *He escogido a mis co-madres, a esas madres y no madres que son como hermanas: mis amigas
  • *He escogido compartir esto contigo y que tengas cada día de tu vida un Feliz Día.

Si quieres hacerme un regalo compártelo con las madres y no madres, con los hijos y sus padres

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La maternidad nos cambia

La maternidad nos cambia

Debe ser que no veo Tv y por eso los debates en mi muro de Facebook me gustan cuando se hacen con respeto.

Al hilo del post que publiqué ayer sobre Carolina Cerezuela surgió un interesante intercambio de opiniones.
Que todos juzgamos o nos sentimos juzgados, eso creo que lo tenemos más o menos claro. Que juzgamos a veces sin saber que lo hacemos, de eso no sé si somos tan conscientes.

He pensado mucho en el tema de por qué nos lanzamos al juicio con tanta alegría. Imagino que no hay una única razón. Influirá  el hecho de ser criados y educados en sistemas basados constantemente en juicios: “sí-no” ,”bien-mal” ,”bueno-malo”

Ese decidir si algo cumple lo establecido o se aleja de ello y en base a eso etiquetarlo es  prácticamente la base de casi todos los sistemas de educación.

Eso y la culpa.

La culpa que nos acompaña permanentemente, sobre todo a las mujeres, y más aún a las madres.

Creo que juzgamos a los demás porque en el fondo nos juzgamos constantemente a nosotros mismos, y a veces la única forma de absolvernos es pensar que los otros están peor

Sea como fuere, hoy se escribieron  en mi muro, algunas reflexiones que quiero compartir con vosotros, al hilo de este debate eterno entre madres,  tipos de madres, formas de criar y visibilización de unas y de otras:

 

“Sabemos que la lactancia es fundamental pero también debemos recordar que ser madre dura muchos años más. Cuando mis amigas, madres de hijos de 17, 18, 20 y 21 me oyen hablar de estos temas siempre me dicen: “eso es una parte mínima”. Y conforme van creciendo mis hijas me voy dando cuenta. Lo más importante para mí es estar y estar de una manera amorosa y que eduque a la vez.”
G.L.

 “Y si en un principio pensaba todo lo contrario y al ser madre se ha dado cuenta de que le puede más su instinto materno que las convenciones sociales ¡olé por ella! No sería la primera ni la última”
P.O.

“No hay nunca dos circunstancias iguales ni tampoco hay un estándar claro de lo que es “normal”.”
V.B.

Y tras estos y muchos otros comentarios, más  a favor  o menos, de lo que yo publiqué ayer, me quedé pensando  en todos los absolutos que tenia como certeros y que se me han ido cayendo por el camino… En cómo antes era más “radical” en algunos conceptos y cómo el juicio aparecía fácilmente.
No es que ahora lo haya conseguido desechar del todo, pero ahora mis principios inamovibles son muchos menos.
Sigo creyendo que :

“Lo único “normal” es lo que necesitan los bebés…

fuera de ahí…

hay tantos factores envueltos en cómo las madres los satisfacemos….”


A  más de una nos ha pasado que ha sido la vivencia de ser madre la 
que nos ha hecho cambiar, a veces, incluso a pesar de nosotras mismas.
Yo misma ahora digo “Diego”, donde antes dije “digo”. Yo me he tragado muchas de mis ideas preconcebidas de lo que era ser madre, o de cómo me comportaría ante determinadas actitudes de mis hijos.

O lo que queda aún por cambiar a medida que nuestros hijos crecen, o que tenemos más hijos, o que nuestras circunstancias cambian. La vida es cambio, y cambiar no es malo. De hecho, es muchas veces  ese cambio lo que nos hace ser mejores.

Si La Cerezuelo escogió voluntariamente dar biberones y a pesar de eso colecha y se expresa así es que no todo está perdido,  es que el instinto materno tiene más poder del que nosotras mismas creemos.

Si os gustan este tipo de reflexiones, ya sabéis que podéis darle a Me Gusta a la fan page de Mimos y Teta y suscribiros a las publicaciones para no perdéroslas 😉

 

Y si aún no lo has hecho RT mi texto más compartido: Las Renuncias de las Madres

Carolina Cerezuela habla de su maternidad y yo me alegro

Carolina Cerezuela habla de su maternidad y yo me alegro

Hoy he leído la entrevista que publica ElComercio.es a Carolina Cerezuela y la he compartido en las redes sociales.
Mi comentario ha sido exactamente este:
Comentario sobre la entrevista a Carolina Cerezuela

Cuando comparto algo en Facebook / Twitter lo hago por diferentes motivos. A veces porque me gusta, porque estoy de acuerdo, porque me parece interesante, porque es divertido o curioso. Rara vez, si es que lo he hecho alguna, lo hago por considerarlo ejemplarizante. O al menos no en positivo.
Como ya pasara con Elsa Pataky y otras ( recuerdo el caso de Elsa porque es el que tengo más reciente en la memoria) cuando comentamos que personas conocidas como ella, declaran abiertamente que dan teta, o que colechan, o que prefieren postergar la vuelta al trabajo para disfrutar de sus hijos,  en vez de alegrarnos por cómo contribuyen a derribar clichés sobre esta forma de criar a los hijos respetando sus necesidades, aparecen voces criticando:
-“Que si qué merito tienen si tienen niñeras” ,” que  si tienen dinero para servicio doméstico y así cualquiera” ,”que si ellas pueden porque ganan una pasta trabajando solo un día con un posadito”, “que si en vez de “cueva” tienen mansiones” y similares.
La verdad es que a mí me importa bien poco lo que haga cada una en su casa mientras no haya maltrato. Y tengo claro que cada realidad es única y que cada cual hace lo que puede con lo que le ha tocado vivir. No pretendo dar lecciones ni poner ejemplos, y mucho menos de personas a las que no conozco más que de verlas en la TV. Pero seguiré compartiendo este tipo de noticias por varios motivos, porque como dije en mi muro, más allá de las circunstancias favorables de Carolina Cerezuela y su pareja, o de Elsa Pataky, o de Mayim Bialik, o de cualquier otro personaje relevante, que les permiten criar como ellos han decidido, lo que me interesa es que le dan voz a una realidad  no siempre escuchada. A una realidad mayoritariamente acallada, sobre todo entre los sectores de más influencia en los medios. Realidad que Carolina Cerezuelo deja clara en  la entrevista:

 

Fragmento de la entrevista publicada en ElComercio.es

Fragmento de la entrevista publicada en ElComercio.es

«Los niños no han nacido para llorar,

sino para crecer tranquilos y sentir que están en un entorno seguro.”

 

Captura de pantalla 2015-04-04 21.49.40En un mundo en el que mucha gente cree que la única verdad es la que sale en TV, en la misma TV en la que “periodistas” como la Sra. Quintana reniega del hecho de que seamos mamíferos, en la misma Tv en la que el Sr. EStivill  y SuperNanny aparecen como los referentes en la crianza de los hijos, en ese medio, que una  “famosa”,  con posibles, no sospechosa de ser de una secta hippie o una antisistema  o una doula caníbal, elija manifestarse así, para mí es motivo de alegría.

Si en las críticas aparece además  su talla  o su cuenta bancaria, lo que creo es que tenemos que revisarnos algunas de nuestras creencias más profundas.
Porque si consideramos que esta forma de criar a los hijos no es ninguna etiqueta (odio tener que calificar a la crianza con “natural”, “respetuosa”, “con apego” o similares), sino que ES lo que significa de verdad “CRIAR”, entonces deberíamos entender que es la opción que deberíamos escoger todos, al menos al grado que nuestras posibilidades nos lo permitan.

Y cuando personajes del mundo de la moda, del cine, de la política, o de cualquier otro con influencia mediática se definen partidarios de criar a sus hijos, están contribuyendo a derribar prejuicios y a abrir mentes.

Si en vez de criticar a quienes pueden y deciden hacerlo ( no olvidemos que hay una mayoría  que también puede  y no lo hace), sencillamente nos alegramos de que en otra familia más, los niños duermen acompañados de sus padres, en vez de llorar estivilizados en otro cuarto, dejaremos de lanzar  comentarios que destilan un tufillo  a “rancio”,  a envidia o a autocomplacencia.